Tres docentes murieron en un accidente de tránsito ocurrido el lunes pasado en la ruta nacional 34, en la localidad de La Banda. La tragedia habría sido consecuencia de una densa humareda que tapaba la visibilidad en la ruta, por lo que se produjo un choque en cadena.
Pero esto, que aparentemente parece una noticia policial, desnuda algo mucho más profundo: las precarias condiciones de trabajo de los docentes de la provincia. Diariamente, son muchísimos los maestros y profesores que tienen que recorrer distancias como las que hacían todos los días estas docentes: 120 kilómetros o más. Para ello tenían que recurrir a cualquier método para abaratar costos. Lo común es juntarse tres o cuatro y alquilar un remís trucho que les cobraba por el viaje alrededor de 300 pesos. Esta vez les costó la vida.
Así trabajan los docentes que cobran uno de los salarios más bajos del país. Una auténtica vergüenza.
La inmensa bronca y ruptura con el gobierno de millones de trabajadores por el brutal ajuste que está llevando adelante Macri bajo las órdenes del FMI ya está extendiéndose también a amplios sectores populares y de clase media. Y esto a su vez tiene fuerte impacto en sectores políticos, incluso entre integrantes de Cambiemos.
En la última semana un grueso sector del radicalismo encabezado por Ricardo Alfonsín, el hijo del ex presidente, empezó a hablar de romper con Cambiemos y unirse a Lavagna. Y otro sector, aparentemente mayoritario, encabezado por el dirigente Enrique Nosiglia, exigió cambios en la política económica para no perder su base electoral en la clase media. También hay entre los radicales quienes exigen más participación en la dirección del gobierno. E incluso reclaman que un radical, como Lousteau, sea candidato a vice junto a Macri en las próximas elecciones
Frente a esta situación, el jefe de Gabinete Marcos Peña intentó minimizar la crisis, diciendo: “Cualquier hombre o mujer del radicalismo, o la Coalición Cívica, puede ser la persona que acompañe a Macri como candidato a vice […] El radicalismo es parte del gobierno”.
En el mismo momento comenzaron a correr rumores de que dentro de Cambiemos algunos proponen que, ante la caída del presidente en las encuestas, el lugar lo ocupe la gobernadora Vidal, que tiene mejor imagen que Macri. Vidal, por otra parte, está enojada porque el gobierno nacional le mandó menos dinero que el prometido a la provincia de Buenos Aires.
La gobernadora bonaerense y Horacio Rodríguez Larreta –el jefe de Gobierno de la Ciudad– no están tan mal como Macri en las encuestas, aunque tampoco les da garantías de poder ganar. Pero como las elecciones en la Capital y la provincia se van a dar en forma simultánea con las nacionales, la caída de los votos de Macri los afectaría a ellos también. Y ese es otro factor de tensiones y desacuerdos en Cambiemos.
Hay que agregar a este cuadro la bancarrota de los candidatos del gobierno en las elecciones provinciales de Neuquén y Río Negro.
Por más que Peña y Dujovne traten de minimizar la crisis, está golpeando fuerte sobre Macri y sus aliados.
Escribe Gastón Cruyff
El insólito episodio solo puede comprenderse bajo el tinte de la campaña electoral y la retórica de la ministra de Seguridad contra los migrantes, sobre todo de los países de América latina o de los más pobres del mundo. La selección pakistaní de futsal venía al país a participar del Mundial de Misiones 2019, pero fue deportada cuando arribó a Ezeiza por “cuestiones de seguridad nacional”. Incomprensible. Nadie del gobierno brindó un argumento de por qué se los expulsó del país. Un funcionario de la selección asiática dijo que fue “un error de la embajada de la Argentina en Pakistán, que no había subido el detalle de los visados de nuestro lado del sistema”. La selección no tendrá reemplazante en el mundial por el corto tiempo en que sucedió todo. El contraste con la selección de Estados Unidos no puede ser mayor, ya que participará del mundial reemplazando a Canadá, que no vendrá. Aquí no hubo problemas de visado ni nada que se le parezca.
No fue el único papelón de Bullrich en estas semanas. En pocos días también detuvo a una pareja de artistas plásticos de Chile, acusándolos de “terroristas” y de tener una “bomba casera”, cuando era un elemento de su exhibición. La selección colombiana de BMX (bicicletas) fue demorada varias horas en Mendoza para “verificar su pasado judicial” y porque vinieron a “vender sus bicicletas”. Sería cómico si no fuera un hecho real.
Escribe Gabriel Massa
Un tercio de los argentinos están hundidos en la pobreza. Siguen los tarifazos y este invierno el gas costará casi el doble que el año pasado, con una inflación que continúa creciendo. Mientras, los salarios, las jubilaciones y el empleo siguen cayendo en picada. Parece una locura que el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, diga que “lo peor de la crisis ya pasó”.
“Esta mañana lo escuché a Peña [el jefe de gabinete de Macri] en la radio y decía que está todo fantástico, maravilloso, y no es cierto, no es verdad, tienen que admitir y poner los puntos sobre las cosas que no funcionaron”. Lo dijo Mirta Legrand. A la diva, autodefinida como de Cambiemos y amiga de Macri, nadie puede acusarla de opositora. Pero ella, igual que millones que votaron por Macri, no puede dejar de reconocer el desastre que sigue produciendo su política de entrega al FMI y los buitres.
Nada menos que un 75% de la población está en contra de esa política según una encuesta publicada por La Nación.
La primera razón de que son tan pocos los que creen que “lo peor de la crisis ya pasó” es que la caída de la economía y del empleo y la incesante subida de los precios y los tarifazos golpean a esa amplia mayoría, compuesta por trabajadores ocupados y desocupados, amas de casa, jubilados, cuentapropistas y pequeños comerciantes.
El capitalismo de los saqueadores está hundiendo a la Argentina
Pero detrás de esa realidad que sufrimos la mayoría de la población hay dos cuestiones de fondo: el saqueo de los banqueros, los fondos buitres y las multinacionales avanza como nunca y ramas enteras que han sido centrales en la economía capitalista se están hundiendo.
Del saqueo que promueve y facilita el gobierno de Cambiemos hay datos evidentes, como que en 2018 hubo fuga de capitales por 30.000 millones de dólares y en los próximos tres años hay 150.000 millones de dólares de vencimientos de la deuda externa. Mientras las concesionarias de los servicios públicos como Edenor y Edesur siguen ganando a manos llenas con los tarifazos (reafirmando su política, Macri nombró en febrero en la Secretaría de Recursos Renovables y Mercado eléctrico a su amigo Juan Garade, ex CEO de Edenor), las petroleras como Shell y Exxon reciben inmensos subsidios. Al mismo tiempo las multinacionales mineras como Barrick Gold se llevan el oro y el litio prácticamente sin pagar un centavo de impuestos, y los fondos de inversión con sus pools de siembra se han apoderado del principal negocio del país, la exportación de soja.
Del derrumbe de ramas claves de la economía hay un dato catastrófico: entre febrero de 2018 y febrero de 2019 la producción industrial cayó 8,5 por ciento. Dentro de esta caída general se destaca la producción automotriz, que ha bajado a menos de la mitad. De las doce empresas que están en el país solo cuatro tienen un nivel de producción que les permite mantenerse. A esto hay que agregar una caída de 49% de la producción de televisores y electrónica, 50% en siderurgia, 59,5% en maquinaria agrícola y 69,4% en la fabricación de motocicletas.Y por supuesto que los patrones y el gobierno descargan la crisis sobre los trabajadores con cierres, despidos, suspensiones, recortes y baja salarial.
Aspirina o solucionesde fondo
Como bien dijo en el Congreso nuestra diputada Mónica Schlotthauer, frente a este desastre del capitalismo la propuesta de Kicillof, Lavagna y otros dirigentes peronistas, de “renegociar con el FMI” o retrotraer las tarifas sin tocar a las concesionarias de servicios y las grandes empresas, es como querer curar un cáncer con una aspirina.
Lo que esta situación requiere son medidas de fondo, como venimos proponiendo desde Izquierda Socialista y el Frente de Izquierda, empezando por la ruptura con el FMI y el no pago de la fraudulenta deuda externa contraída por todos los corruptos gobiernos capitalistas. Junto con ello es fundamental la reestatización de todos los servicios privatizados y la estatización de la banca, las finanzas y el comercio exterior y los recursos naturales bajo control de los trabajadores. Con todos esos recursos, lanzar un gran plan de obras públicas que garantice trabajo para todos, con salarios que cubran la canasta y el 82% móvil para los jubilados. Y para aplicar ese plan, que gobiernen los que nunca gobernaron, los trabajadores y la izquierda.
Con un gobierno como el de Cambiemos o del peronismo, y sin medidas de fondo como las que propone la izquierda, “lo peor de la crisis” que Dujovne dice que ya pasó seguirá estando por delante. Con la política que propone la izquierda podemos evitar esta catástrofe.
Escribe Guido Poletti
La marcha de la semana pasada fue una expresión patética de la crisis en la que está inmersa la burocracia sindical en todas sus alas. Esto es producto de la tregua que le viene dando al gobierno para dejar pasar el ajuste, lo que provoca un fuerte cuestionamiento de la base trabajadora. Y también de la propia crisis del peronismo, con la que se encuentran alineados en sus diferentes proyectos.
Una imagen vale más que mil palabras. El jueves pasado estaba convocada una jornada de protesta de la CGT, a la que adherían las CTA, la Corriente Federal y el moyanismo. Fue un aquelarre por donde se lo mire. La actual cúpula de la CGT, Daer y Acuña, más preocupados por no pelearse con el gobierno que otra cosa, trataron de hacer lo imposible: que “no se notara mucho”. Para eso convocaron a marchar desde Once hasta la 9 de Julio, con un final donde no hablaría nadie ni se leería documento alguno. Peor aún, ni escenario habría, ante el temor de que el repudio popular repitiera las escenas del “robo del atril” de marzo de 2017. Para desdibujar más aún el reclamo, lo plantearon como una marcha “multisectorial”, donde los reclamos obreros aparecían mezclados con otros de diversas patronales.
Moyano, la Corriente Federal y las CTA convocaron en otro lado, mayoritariamente en el Congreso, supuestamente para hacer un discurso donde se le pondría fecha a un paro general. Cosa que no ocurrió.
La escena de columnas de diversos gremios, compuestas en su mayoría por el aparato burocrático, “deambulando” por el centro de la ciudad, con distintas convocatorias en distintos horarios, en una jornada donde no había paro, fue la imagen del día. Así se vio a la Uocra, al Smata, a Camioneros, a Comercio, que nunca terminaron de juntarse en una columna común.
Todo esto contrastó, sin duda, con el planteo claro, sencillo y directo del plenario del sindicalismo combativo: juntarse en el Obelisco, marchar a Plaza de Mayo y ahí montar un acto exigiendo un paro nacional y plan de lucha contra el ajuste. Así de sencillo. Tanto que hasta los medios de comunicación, ante el vacío dejado por la burocracia, terminaron transmitiendo en vivo lo que se decía desde el palco del sindicalismo combativo en Plaza de Mayo.
Se refleja, entonces, la profundísima crisis en que se encuentra sumida la burocracia sindical de todo pelaje. Que se encuentra profundamente cuestionada en la base: no enfrenta el ajuste y lo deja pasar, no apoya las luchas que se dan, las aísla. Esta ha sido su política a lo largo del gobierno de Macri. Y en esto reflejan la crisis en que se encuentran sumidos los proyectos políticos patronales a los que responden sus distintas alas. Siendo más concreto: la propia crisis del peronismo.
Por un lado tenemos a Daer y Acuña, “lo que quedó” de lo que en su momento fue el triunvirato de conducción de la CGT. Claramente fueron y son los que más hicieron para garantizarle la paz social al gobierno. Son parte del sector los que hoy reciben los 13.000 millones de pesos, supuestamente para las obras sociales de manos de Macri. Los que, luego de cada paro general convocado ante la presión de las bases, hicieron lo imposible para que no hubiera continuidad. El propio Daer, días pasados, insistió con que “no hay consenso en el movimiento obrero para un paro”, como si hubiera consultado a alguien. Hoy muchos de sus dirigentes se referencian en los distintos candidatos del peronismo federal, principalmente en Massa o Roberto Lavagna.
Por fuera de esto están Moyano y la Corriente Federal. Posando de más “combativo”, este sector también aportó a la tregua. Para citar un solo ejemplo: cuando se discutía en el Congreso nada más ni nada menos que el presupuesto de ajuste para 2019, se jugaron a fondo a desmovilizar, vaciando la convocatoria o cualquier llamado a paro, “canjeándola” por una misa en Luján. Lo mismo vale para las CTA, que a lo largo de estos años, dividieron y desmovilizaron todas las luchas en los gremios en los que les toca dirigir, como docentes y estatales en particular. En todos estos casos, Moyano, Corriente Federal y CTA, subordinaron totalmente la pelea contra el ajuste al objetivo electoral del kirchnerismo de “hay 2019”.
La burocracia sindical en sus distintas variantes, en síntesis, llamó y llama a no pelear, planteando hoy a cambio reemplazarlo por “votar” a alguna de las variantes de los candidatos patronales del peronismo.
Nada podemos esperar los trabajadores de estos burócratas. La única salida pasa por construir una nueva dirección sindical y política para la clase trabajadora, democrática y combativa, como lo venimos realizando desde el sindicalismo combativo y el Frente de Izquierda.
- Daer: “No tenemos logística para ir a Plaza de Mayo”.
- Yasky: “Este año no es buen momento para hacer un paro”.
- Caló: “El paro siempre está a la vuelta de la esquina. Solo hay que encontrar la esquina”.
- Paro en feriado: “La Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte ha resuelto no prestar servicio el 1º de mayo en conmemoración de los mártires de Chicago”.