Sebastián Vega, de 38 años, celebra la conquista del campeonato de la Liga Nacional de básquet con la camiseta de Boca Juniors y envuelto en la bandera del orgullo disidente.
Sebastián levantó su bandera con orgullo, la misma bandera que el propio Milei vinculó con la pedofilía. También la levantó frente al machismo en el mundo del deporte al convertirse en el primer basquetbolista argentino en revelar que era homosexual, con una extensa carta en su cuenta de X.
“Es muy emocionante porque yo no pensé nunca en mi vida haberme animado hace un montón, pero creo principalmente que se puede”, afirmó Vega tras bajarse del aro, “estoy muy agradecido porque mis compañeros siempre me dejaron ser y eso me hizo sentir muy cómodo en la cancha”.
Escribe Mariano Barba
Este 2 de agosto se cumplen 65 años de una medida clave del gobierno de Fidel Castro tras la caída de Fulgencio Batista: la expropiación de las empresas norteamericanas. Fue parte del giro anticapitalista que marcó el primer año de la revolución cubana. Con el tiempo, el propio castrismo retrocedió y terminó restaurando el capitalismo en la isla.
La revolución cubana no fue un relámpago aislado en un cielo despejado. En distintos continentes se desarrollaban procesos revolucionarios. Solo diez años antes, en 1949, había triunfado la revolución china, que en sus primeros años expropió al capitalismo y realizó la reforma agraria en el país más poblado del mundo.
Cuba, entonces una semicolonia yanqui gobernada por el dictador Fulgencio Batista, atravesaba una profunda crisis económica y social. Convertida en centro de la prostitución de Centroamérica, el país fue escenario de una creciente ruptura con el régimen por parte de sectores de jóvenes burgueses y pequeñoburgueses, que se alejaban de los partidos tradicionales y se sumaban a las filas guerrilleras. Uno de esos grupos fue encabezado por el abogado Fidel Castro, cuya primera acción destacada fue el putsch del 26 de julio de 1953, que dio origen al Movimiento 26 de Julio.
Se toma el poder
En 1958, un ascenso en las luchas de campesinos y sectores de la clase media urbana engrosó las filas del castrismo y abrió un proceso revolucionario que, desde Sierra Maestra, iba liberando zonas rurales y avanzando con la reforma agraria. Ese camino se coronó el 1º de enero de 1959 en La Habana, cuando Batista huyó hacia República Dominicana, se tomaron los sindicatos, se desató una huelga general y las tropas de Fidel lideradas por Camilo Cien Fuegos entraron triunfantes a La Habana mientras que el Che Guevara tomaba la estrategica provincia de Santa Clara.
Siguiendo su plan político original, Fidel Castro formó un gobierno de “unidad nacional democrática” para normalizar el país bajo una democracia burguesa. Lo encabezó Manuel Urrutia, un liberal que representaba a sectores burgueses y terratenientes enfrentados a Batista. Su primer ministro fue Miró Cardona, también bien visto por el Departamento de Estado de Estados Unidos.
Pero el impulso revolucionario provocó un creciente enfrentamiento entre el movimiento de masas y ese gobierno, que no respondía a las necesidades populares. En ese marco, renunciaron Urrutia y su primer ministro, allanando el camino para que Fidel Castro asumiera como primer ministro y Osvaldo Dorticós como presidente.
Presionado por el movimiento obrero cubano por un lado y por el gobierno de Estados Unidos por el otro, el nuevo gobierno avanzó con medidas progresivas: completó la reforma agraria, oficializó las milicias armadas y enfrentó al imperialismo yanqui en distintos foros internacionales.
Expropian empresas imperialistas
A lo largo de 1959, bajo la presidencia del republicano Dwight Eisenhower, Estados Unidos aceleró su enfrentamiento con la revolución cubana. Redujo las compras de azúcar (el principal producto de exportación cubano) y bloqueó los intentos de Cuba por establecer acuerdos comerciales con otros países capitalistas. Ante esta situación, el gobierno cubano tomó el control de empresas industriales y comerciales extranjeras, además de tierras agrícolas y ganaderas expropiadas a terratenientes y propietarios estadounidenses. Nacieron así las “granjas del pueblo”, con nuevas relaciones laborales.
Con el Che Guevara al frente del Banco Central, en febrero de 1960 se firmó el primer acuerdo comercial con la URSS: un millón de toneladas de azúcar cubano a cambio de petróleo, ya que tanto Estados Unidos como Venezuela habían suspendido los envíos de crudo.
El petróleo soviético no quiso ser procesado por las refinerías estadounidenses en la isla, lo que llevó a que los trabajadores las tomaran, con apoyo del ejército, imponiendo así la nacionalización. A partir del 2 de agosto, esta medida se extendió a las empresas petroleras y a otras firmas norteamericanas como Standard Oil (ESSO), West Indies Company of Cuba (Texaco, Sinclair Oil, Shell), La Cubana de Electricidad, la de Teléfonos y los ingenios azucareros que controlaban el 40% de la producción nacional. Las banderas estadounidenses fueron arriadas al grito de “¡Cuba sí, yanquis no!”. Para fin de año, más del 80% de la producción industrial estaba estatizada, mientras Estados Unidos iniciaba el bloqueo económico (aún vigente) y, el 8 de enero de 1961, rompía relaciones diplomáticas con Cuba.
Con la expropiación se consolidó una revolución que adoptó medidas de carácter socialista: terminó con la propiedad privada de monopolios y terratenientes, y destinó esas riquezas a generar avances gigantescos en educación, deportes y salud. Se erradicaron el analfabetismo y la desnutrición infantil, y Cuba alcanzó un desarrollo científico ampliamente reconocido. Estos progresos también se reflejaron en el desempeño destacado de sus atletas en olimpiadas y juegos panamericanos.
Sin embargo, estos logros se produjeron al mismo tiempo que se consolidaba un régimen burocrático de partido único, monolítico y cerrado, apoyado en el ejército y carente de democracia obrera. Desde los años ‘60, el poder fue ejercido por una burocracia que, primero bajo influencia estalinista y luego siguiendo el modelo chino, avanzó hacia la restauración del capitalismo. Así, se fueron sepultando las conquistas de la revolución, hasta llegar a la actual situación de miseria extrema, sostenida mediante represión y con cientos de presos políticos.
* Referencias del artículo: sobre expropiaciones, recopilada del artículo de Mercedes Petit “Nacionalización de empresas imperialistas en Cuba”. El Socialista N° 38 26/7/2006. Y de etapas de la revolución, del artículo de Nahuel Moreno “Revolución Latinoamericana”, 1960-1962.
Escribe Mariano Barba
La victoria de la revolución cubana había generado una enorme expectativa. Dentro del trotskismo surgieron diversas interpretaciones sobre ese proceso. Algunos sectores adoptaron la lucha guerrillera como único método revolucionario y apoyaron sin críticas al gobierno castrista, como por ejemplo el ERP, la guerrilla argentina encabezada por Mario Roberto Santucho.
Una postura muy distinta fue la de Nahuel Moreno. Para 1962, en Revolución Latinoamericana - Capítulo III, Moreno analizaba el carácter empírico del castrismo: “En Cuba, lo que más sorprende es la falta de un programa por parte de los líderes revolucionarios. Los decretos del gobierno responden siempre a necesidades inmediatas y no a un plan esbozado de antemano”. Además, analizando la revolución, afirmaba: “Cuando el gobierno revolucionario nacionalizó sin titubeos prácticamente toda la industria, el comercio exterior, la tierra y el sistema bancario, a fines del ‘60, Cuba se transformó en un nuevo estado obrero, el primero de América y del mundo occidental”.
Más adelante, en Revoluciones del Siglo XX (página 34, 1984), caracterizó al régimen surgido de un partido-ejército que toma el poder: “Es normal que el partido-ejército tenga una estricta disciplina y centralización [...] transforman esta disciplina militar en disciplina política. Dentro de estos ejércitos no hay la menor democracia para discutir de política. Las orientaciones políticas se dan desde la dirección, y nadie tiene derecho a discutirlas”.
A partir del acuerdo con la burocracia de la Unión Soviética, el gobierno cubano dejó de apoyar otros procesos revolucionarios, alineándose con la política de coexistencia pacífica entre la Unión Soviética y el imperialismo. Así, en 1979, tras el triunfo de la revolución sandinista contra la dictadura de Anastasio Somoza Debayle, Fidel Castro llamó a “no hacer otra Cuba” (La Brigada Simón Bolívar, página 13, Correspondencia Internacional de Cuba, diciembre de 2024).
Sobre la restauración capitalista en Cuba, Nahuel Moreno ya advertía el 6 de mayo de 1982 en Correo Internacional: “Ante el fracaso de las reformas de 1980, Castro se ha visto obligado a hacer concesiones económicas al imperialismo”.
Posteriormente, en un artículo de la UIT-CI del 29 de noviembre de 2016, se afirmaba: “La triste realidad es que la dirección cubana, bajo el falso eslogan de ‘estamos actualizando el modelo socialista’, lleva años desmontando las conquistas de la revolución socialista de los ‘60 y consolidando una restauración capitalista a ‘la cubana’”.
Más recientemente, en la página 3 de Correspondencia Internacional (diciembre de 2024), dedicada a Cuba, Miguel Sorans y Pablo Almeida escribieron: “Nosotros afirmamos categóricamente que Cuba se ha transformado, con sus peculiaridades, en un país capitalista. En un proceso parecido a lo ocurrido en China y Vietnam, la propia burocracia estatal encabezada por el PC y su régimen político dictatorial de partido único ha restaurado el funcionamiento económico en el país”.
Escribe Miguel Angel Hernández, dirigente del PSL de Venezuela y de la UIT-CI
“Economía del genocidio”: así se titula el informe presentado el pasado 3 de julio por Francesca Albanese, relatora especial de Naciones Unidas para los Territorios Palestinos Ocupados. En él se revela la complicidad criminal con el genocidio en Gaza por parte de numerosas empresas norteamericanas, israelíes y de otros países.
Estados Unidos sanciona a Francesca Albanese, la autora del informe.
El documento ha tenido un gran impacto mediático y en las redes sociales. Ante su publicación, el gobierno ultraderechista de Donald Trump, así como el de Netanyahu, reaccionaron con particular virulencia.
Estados Unidos le impuso sanciones a Francesca Albanese, autora del informe, acusándola de llevar a cabo una “campaña de guerra política y económica” contra Estados Unidos e Israel.
A tal efecto, el secretario de Estado, Marco Rubio, dijo a través de su cuenta en la red social X que las medidas contra Albanese tienen lugar “por sus ilegítimos y vergonzosos esfuerzos para impulsar la acción del Tribunal Penal Internacional (TPI) contra funcionarios, empresas y ejecutivos estadounidenses e israelíes”.
Grandes empresas financian el genocidio en Gaza
El nombre del informe hace alusión al apoyo económico de grandes empresas transnacionales y nacionales de Israel, involucradas en el financiamiento y sostenimiento material del genocidio que Israel ejecuta en Palestina. En el mismo se presenta una lista de más de 60 empresas que apoyan el desarrollo de los asentamientos israelíes en los territorios ocupados y las acciones militares en Gaza.
Entre las empresas se encuentran las transnacionales norteamericanas de las telecomunicaciones IBM y Microsoft, que se encargan de la recolección y almacenamiento de datos biométricos de los palestinos, y de proveer tecnología en prisiones y operaciones de los cuerpos de seguridad; Amazon y Google, que ofrecen programas de gestión de grandes bases de datos para el “control de la población palestina”. Mientras tanto, Palantir ha facilitado inteligencia artificial utilizada con fines militares.
Otra empresa que sostiene la agresión israelí en Gaza, específicamente en el área militar, es la estadounidense Lockheed Martin, que ha dotado a Israel de aviones de combate F-35. A ella se unen otras 1.600 empresas del sector militar. También en el sector educativo y académico, el Massachusetts Institute of Technology (MIT) y la Fanuc Corporation, de Japón, han colaborado en el desarrollo de armas y tecnologías militares.
El programa Horizon Europe de la Comisión Europea ha facilitado la colaboración con instituciones israelíes en distintas áreas.
En cuanto al transporte de armas, el informe menciona a la gran transnacional marítima Maersk. Igualmente, empresas de maquinaria pesada como Caterpillar, Hyundai y Volvo, cuyos equipos han sido utilizados para demoler edificaciones, construir avenidas, calles y corredores de vigilancia. Estas empresas también habrían colaborado en la destrucción de tierras de cultivo y en la construcción de colonias ilegales en territorios palestinos. En esta área también ha cooperado con Israel la española Construcciones y Auxiliar de Ferrocarriles (CAF). Y en el sector turístico, Booking y Airbnb.
También se mencionan empresas en el sector de la energía como la suiza Glencore y la norteamericana Drummond, que han colaborado con carbón para el sistema eléctrico de Israel, así como también las petroleras BP y Chevron. En el sector financiero, BNP Paribas, Barclays, Allianz, BlackRock y Vanguard; en el sector alimenticio, las firmas israelíes Tnuva y Netafim, propiedad de multinacionales de China y México, respectivamente. También la israelí Mekorot, dedicada al agua, que redujo en un 22 % el suministro del líquido a Gaza como parte del brutal bloqueo al que Israel sometió a los gazatíes durante varios meses.
El informe exige rendición de cuentas a las empresas que colaboran con Israel
El informe concluye que no se trata de empresas aisladas, sino de todo un sistema, al que caracteriza como “la maquinaria corporativa que sustenta el proyecto israelí” en Palestina.
De acuerdo con el informe, este entramado empresarial, que lucra con el genocidio, es plenamente consciente de que está contribuyendo al “mantenimiento de la ocupación ilegal y a crímenes de apartheid y genocidio”. El documento agrega que “el sector corporativo ha contribuido a la creación de las condiciones para la limpieza étnica palestina”.
Deja en evidencia la máxima de que “el capital no tiene patria ni corazón”. Lo único que le interesa a los capitalistas y grandes empresarios es la ganancia, sin importar las consecuencias para los pueblos.
El documento de la relatora especial de la ONU pide “que se investigue y procese a los ejecutivos y/o entidades corporativas por su participación en la comisión de crímenes internacionales y el lavado de los ingresos provenientes de esos crímenes”. Además, exhorta a los gobiernos a “imponer sanciones y un embargo total de armas a Israel, incluidos todos los acuerdos existentes y artículos de doble uso, como tecnología y maquinaria pesada civil”.
Albanese solicita, además, “suspender o impedir todos los acuerdos comerciales y relaciones de inversión, e imponer sanciones, incluida la congelación de activos, a entidades e individuos involucrados en actividades que puedan poner en peligro a los palestinos” y “garantizar que las entidades corporativas se enfrenten a procedimientos legales por su participación en violaciones graves del derecho internacional”.
A seguir impulsando la movilización mundial en apoyo al heroico pueblo palestino
Sabemos que la ONU es un organismo promovido y financiado por el imperialismo, incapaz de condenar efectivamente a Israel y castigar a los empresarios que han colaborado con el apartheid en toda Palestina y con el genocidio en Gaza. No obstante, es importante reivindicar a la relatora independiente de las Naciones Unidas para los Territorios Palestinos Ocupados, Francesca Albanese, quien ha demostrado un compromiso inquebrantable con el pueblo palestino, enfrentando al sionismo y su intento de ejecutar una nueva limpieza étnica en Palestina. Albanese se une a las innumerables voces que se alzan desde distintos sectores contra el genocidio israelí en Gaza, y que patentizan el aislamiento creciente de Israel.
Pero también somos conscientes de que será la solidaridad internacional, y la movilización de todos los pueblos del mundo junto a la heroica resistencia palestina, lo que derrotará al sionismo israelí y posibilitará que se haga realidad la consigna que prevalece en todas las movilizaciones: “Palestina libre del río al mar”.
Desde la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores - Cuarta Internacional (UIT-CI), seguimos dando todo nuestro apoyo al heroico pueblo palestino, como parte del gran movimiento mundial de solidaridad.
Exigimos un inmediato alto el fuego, el retiro de todas las tropas israelíes y el respeto a la integridad de Gaza como parte de Palestina; así como también la inmediata liberación de todos los pasos fronterizos para garantizar el ingreso de alimentos, medicinas, combustibles y agua, y el restablecimiento inmediato de la energía eléctrica. Exigimos el retiro inmediato de las fuerzas israelíes de los Altos del Golán y de otras zonas de Siria.
Rechazamos la ilegal detención y amenaza de deportaciones de activistas que defienden la libertad de Palestina y Gaza, como ha sucedido en los Estados Unidos, Alemania, Francia, Argentina y otros países. Exigimos a todos los gobiernos que rompan relaciones políticas, diplomáticas, comerciales, culturales y académicas con Israel, en especial a los regímenes árabes y del Medio Oriente, que poco han hecho por el pueblo palestino.
¡Por una Palestina única, laica, democrática y no racista!
14/7/2025.

Escribe Miguel Lamas, dirigente de la UIT-CI
El Congreso Judío Antisionista, realizado entre el 13 y el 15 de junio en Viena con más de 500 personas de los cinco continentes, expresó su total apoyo a la lucha del pueblo palestino contra el Estado genocida de Israel. Reclamó la suspensión de Israel de su membresía en la ONU.
Entre los participantes hubo reconocidos académicos, rabinos jasídicos, jóvenes activistas, y también sobrevivientes del Holocausto y descendientes de familias perseguidas por el nazismo. Todos unidos bajo una consigna: “No en nuestro nombre”. Expresaron: “Rechazamos la pretensión del sionismo de representar al judaísmo y condenamos el colonialismo, apartheid y genocidio contra el pueblo palestino”.
El Congreso expresó su apoyo a la resistencia palestina en todas sus formas, como una lucha legítima contra un sistema colonial racista, y exigió llevar a los dirigentes israelíes ante la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad. “Quien vivió el infierno del nazismo no puede guardar silencio ante lo que hace Israel hoy en Gaza”, dijo uno de los sobrevivientes.
El Congreso no solo denunció al Estado de Israel, sino también la complicidad de las potencias occidentales: Estados Unidos, Alemania, Francia y Austria. “Vergüenza, toda la vergüenza, para los gobiernos que reprimen la solidaridad con Palestina mientras justifican el genocidio”, se proclamó en la sesión de cierre.
En una de las sesiones más aplaudidas, un rabino ultraortodoxo tomó la palabra en árabe y exclamó: “Vosotros, pueblo de Gaza, sois más valientes que los hijos de Israel en tiempos del Faraón”.
La conclusión fue clara: liberar Palestina del río al mar, no mediante la farsa de los dos Estados, sino a través de un único Estado democrático para todos sus habitantes. Para eso, se propuso crear una coalición judío-palestina e internacional, y dar respaldo intelectual, moral y logístico a las campañas de boicot.