Escribe Suyai Vila
En el marco del 38° Encuentro Plurinacional de Mujeres y Disidencias en Corrientes, desde Isadora–Mujeres en Lucha y Disidencias en Lucha impulsamos una campaña nacional para exigir que el niño M vuelva con su mamá, Alexandra Sabio, víctima de violencia institucional y violencia vicaria.
El 20 de agosto, un operativo policial inédito irrumpió en el Jardín de Infantes N° 65: seis efectivos armados golpearon a Alexandra y se llevaron a M para entregarlo a su progenitor, Claude Staicos, secretario de Prensa del gobernador de Neuquén, Rolando Figueroa. Desde entonces, Alexandra denuncia que no sabe dónde está su hijo y que se le niega todo contacto.
Este caso expone cómo el poder político y judicial se articula para castigar a las madres protectoras y garantizar impunidad a los agresores. La justicia neuquina, lejos de proteger a las infancias, avaló un procedimiento violento dentro de un espacio escolar y criminalizó a Alexandra, reforzando así la persecución contra quienes se atreven a denunciar la violencia machista.
En Corrientes, miles de mujeres y disidencias nos reunimos para debatir y organizar la lucha contra la violencia patriarcal y el ajuste. En ese marco, levantamos la voz por M y por todas las infancias utilizadas como herramientas de disciplinamiento. La campaña que llevamos adelante exige la restitución inmediata de M con su mamá y la absolución de Alexandra. El Encuentro Plurinacional vuelve a ser el espacio donde las luchas se entrelazan y se potencian.
Desde Isadora y Disidencias en Lucha reafirmamos que la fuerza organizada de mujeres y disidencias puede torcer la impunidad patriarcal y política.
Lunes 1 de diciembre a las 16
Avenida Rivadavia 1841 • Anexo A • Sala 1
Desde el Frente de Izquierda – Unidad convocamos a la audiencia pública “En defensa de los derechos de mujeres y disidencias”, que se realizará el lunes 1 de diciembre a las 16 hs en el Anexo A – Sala 1 del Congreso Nacional
Completá el formulario para participar https://forms.gle/GgX2VPPCEiBWaUSBA
Las mujeres y disidencias estamos siendo atacadas por la reacción patriarcal que impulsa el gobierno contra nuestros derechos⚠️ Todo esto se enmarca en un discurso negacionista y de odio que envalentona a violentos y abusadores. Las cifras son alarmantes: 208 femicidios y transfemicidios en Argentina al 30 de octubre de 2025 (Observatorio Ahora que sí nos ven).
Por eso, invitamos a referentas de la lucha feminista y transfeminista, y a organizaciones políticas y sociales, a sumarse a esta audiencia pública para debatir los desafíos del movimiento frente al gobierno de Milei y sus cómplices.
Escribe Federico Novo Foti
La detención de los delegados del soviet de San Petersburgo en 1905 marcó el cierre del primer gran intento de poder obrero en Rusia. Aquel “ensayo general” anticipó las revoluciones triunfantes de 1917.
Era la tarde del 3 de diciembre de 1905 cuando el ruido de las botas y los sables de los destacamentos de cosacos, gendarmes y policías enviados por el zar Nicolás II anunció a los delegados obreros, reunidos en el salón de planta baja, que el edificio de la Sociedad Libre de Economía, sede del soviet (consejo) de San Petersburgo, estaba rodeado. La tensión se apoderó del lugar. Desde un balcón, León Trotsky gritó a los delegados: “¡Camaradas, no presenten resistencia!” y ordenó que inutilizaran sus pistolas antes de entregarlas a la policía.1
La suerte del soviet, organismo obrero democrático surgido al calor de la primera revolución rusa, estaba echada. Soldados y policías irrumpieron en el edificio y ocuparon sus corredores. De entre ellos se adelantó un oficial y comenzó a leer la orden de arresto. Serían detenidos los 262 delegados presentes. Así llegaban a su fin los 52 días del soviet de delegados obreros de San Petersburgo y comenzaba a declinar la primera revolución rusa.
La revolución de 1905 y el surgimiento de los soviets
A comienzos del siglo XX, el atrasado imperio ruso estaba gobernado por la férrea autocracia de los zares. Tenía una población de 150 millones de personas, en su abrumadora mayoría campesinos pobres. Las principales ciudades, la capital San Petersburgo y Moscú, concentraban a 3 millones de habitantes, entre ellos un proletariado industrial con varios centenares de miles de obreros.
La revolución estalló el 9 de enero de 1905, tras el “Domingo Sangriento”. El 3 de enero había comenzado una huelga en la fábrica metalúrgica Putilov de San Petersburgo por el despido de cuatro obreros. A los pocos días había 150 mil trabajadores en huelga. El domingo, una inmensa manifestación de obreros y sus familias, encabezados por el cura Gueorgui Gapón, se dirigió pacíficamente al Palacio de Invierno, residencia de los zares. Llevaban retratos del zar, a quien rogaban “justicia y protección”. Pedían amnistía, libertades públicas, separación de la Iglesia y el Estado, ocho horas de trabajo, aumento salarial, cesión progresiva de la tierra al pueblo y, fundamentalmente, una Asamblea Constituyente elegida por sufragio universal. Pero el zar ordenó reprimir a los manifestantes, dejando centenares de muertos y miles de heridos.
La respuesta fue una oleada de huelgas y levantamientos campesinos que sacudieron al imperio. En junio se amotinaron la Marina y el Ejército, agobiados por el esfuerzo de la guerra ruso-japonesa.2 En octubre, los ferroviarios abandonaron sus puestos de trabajo y desencadenaron una nueva oleada huelguística. Se sumaron metalúrgicos, textiles, médicos e incluso las bailarinas de los ballets imperiales. El campo ardió con sublevaciones en más de un tercio del país. También se sumaron estudiantes y profesores universitarios.
Al calor de la huelga, el 13 de octubre se reunieron en el Instituto Tecnológico de San Petersburgo unos 30 delegados de fábricas que lanzaron un llamado a huelga general y a elegir delegados (uno cada 500 obreros) en todas las fábricas. El 17 de octubre, el soviet eligió su Comité Ejecutivo, entre cuyos miembros destacaba Trotsky, joven dirigente del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (Posdr), quien se convertiría en su portavoz y principal dirigente.3 Así surgía el primer soviet de delegados obreros, un organismo que llegó a representar a más de la mitad de los obreros de San Petersburgo (unos 200 mil) y que impulsó la formación de soviets en ciudades como Moscú y Kiev. El nuevo organismo orientó el último tramo revolucionario. En él actuaban democrática y unitariamente los partidos obreros (el POSDR y los socialrevolucionarios), los delegados sin partido, sindicatos y también profesionales como médicos y abogados. El soviet adquirió una enorme autoridad: sus órdenes e instrucciones eran obedecidas por las masas revolucionarias. Era denominado popularmente “el gobierno proletario”.
Movido por el temor, Nicolás II y su ministro Serguei Witte publicaron el “Manifiesto de Octubre”, que prometía convocar a una Duma nacional, un parlamento muy restringido. Lenin lo definió como “una caricatura de representación popular”. Los enfrentamientos continuaron y el 1° de noviembre el soviet convocó una nueva huelga general. En muchas fábricas, apoyados por el soviet, se impusieron las ocho horas de trabajo. Los pueblos oprimidos se levantaron. Estudiantes polacos quemaban retratos del zar y libros en ruso, exigiendo que la enseñanza dependiera del soviet. También se organizó una liga de los pueblos musulmanes.
Ensayo general de la revolución
Sin embargo, no existió un organismo que coordinara a los 58 soviets constituidos durante la ola de huelgas, y la revolución comenzó a decaer bajo los golpes de la contrarrevolución. Las revueltas agrarias no se generalizaron ni lograron quebrar al ejército, integrado mayoritariamente por soldados campesinos. El gobierno entendió que había llegado el momento de atacar de frente al soviet, deteniendo a Trotsky y a los “diputados obreros”. La insurrección de Moscú, del 9 al 17 de diciembre, fue uno de los últimos desafíos al zarismo.
En los meses siguientes, los 52 dirigentes del soviet detenidos (uno fue fusilado) fueron trasladados de prisión en prisión. El 19 de septiembre de 1906 comenzó el juicio contra ellos. Trotsky vio en el proceso judicial la oportunidad de denunciar al zarismo y en su alegato defendió el derecho de las masas a la insurrección, definiendo al soviet como “el órgano de autogobierno de las masas revolucionarias”.4 El veredicto del tribunal fue la absolución de todos los miembros, excepto quince de ellos, entre los que estaba Trotsky, quienes fueron sentenciados a perder sus derechos civiles y al destierro perpetuo en Siberia.5
La primera revolución rusa fue derrotada. Pero fue un “ensayo general” para los acontecimientos posteriores. Doce años después, tras un período de reacción y en medio de los sufrimientos de la Primera Guerra Mundial, en febrero de 1917 una nueva insurrección, esta vez triunfante, acabó con el zarismo. En octubre triunfó el primer gobierno obrero y campesino de la historia, encabezado por los soviets y el Partido Bolchevique.
1. Isaac Deutscher. Trotsky, el profeta armado. Ediciones Era, México, 1966.
2. El hecho quedó inmortalizado en la película El acorazado Potemkin (1925) de Sergei Eisenstein.
3. Jean-Jacques Marie. Trotsky. Revolucionario sin fronteras. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2006.
4. León Trotsky. 1905. CEIP, Buenos Aires, 2006.
5. Sobre su fuga de Siberia ver León Trotsky. La fuga de Siberia en un trineo de renos. Siglo XXI, Buenos Aires, 2022.
En la revolución de 1905 Trotsky desplegó su condición de gran orador y dirigente de masas. En los días de su detención se esforzó por sacar conclusiones de la experiencia revolucionaria, en tanto existía entre los marxistas rusos del Posdr un importante debate sobre el carácter de la revolución rusa.
El sector reformista (los mencheviques), encabezado por Jorge Plejanov y Yuli Martov, sostenía que la burguesía liberal encabezaría una revolución burguesa, que abriría una etapa histórica de libertades republicanas y desarrollo capitalista. De modo que los trabajadores y campesinos debían colaborar con la burguesía para que accediese al gobierno. En un futuro indefinido, se abriría la etapa de la transformación socialista.
El sector revolucionario (los bolcheviques), encabezado por Lenin, compartía la definición de que la revolución contra el zar sería democrático-burguesa. Pero rechazaba de plano que la burguesía liberal rusa pudiera encabezarla. Para Lenin, las tareas centrales eran la revolución agraria, junto con las libertades políticas, el mejoramiento de las condiciones de vida de los obreros, y extender el fuego revolucionario al resto de Europa. Para lograrlas, proponía una “dictadura democrática de obreros y campesinos”, en la cual no definía qué clase la encabezaría. Sería una etapa o período rápido y convulsivo, de avance hacia la revolución socialista en Rusia y Europa.
Con la experiencia de la revolución de 1905, Trotsky delineó una posición conocida como “la revolución permanente”. Según él, la lucha por la democracia burguesa en Rusia enfrentaba a los obreros y campesinos, tanto a la monarquía zarista como a la burguesía liberal, que se unirían a los terratenientes, la burocracia y los nobles para no perder sus privilegios. Y sacaba una conclusión determinante: la única clase capaz de encabezar la revolución democrático-burguesa y transformar las condiciones de vida en el campo, eran los trabajadores de las ciudades, acaudillando a los campesinos pobres. No habría dos etapas, sino una sola: los obreros, al tomar el poder, introducirían desde un comienzo la lucha por sus demandas contra la patronal, transformando esa revolución democrático-burguesa en socialista, es decir, “permanente”.1 El triunfo de octubre de 1917 confirmó el enfoque de Trotsky, al cual se había sumado Lenin en abril de 1917. Desde entonces, enriquecida por la experiencia de otras revoluciones, la teoría programa de la revolución permanente es una guía invaluable para la acción de los partidos revolucionarios.
1. León Trotsky. Resultados y perspectivas. El Yunque, Buenos Aires, 1975 y Nahuel Moreno. Escuela de cuadros: Argentina 1984. Ediciones Crux, Buenos Aires, 1992. Disponible en nahuelmoreno.org
Escribe MST, sección de la UIT-CI en Chile
El triunfo electoral de la ultraderecha y la derecha en las elecciones del domingo 16 de noviembre, arrasando en el Congreso y como gran favorita para ganar la segunda vuelta presidencial, han encendido las alarmas dentro y fuera del país. A seis años de una histórica rebelión popular, estos resultados parecen contradecir el profundo malestar social en el país de ese momento. Sin embargo, es la continuación de ese malestar la clave desde la que hay que leer los resultados en las urnas, y las posibilidades que se abren en un futuro próximo.
Un giro electoral categórico
Los resultados no dejan dudas del giro electoral hacia la derecha. El 85% del padrón acudió a las urnas, marcando una jornada con la más alta participación desde principios de los años ‘90. De estos 13,5 millones de votantes, sólo el 3,74% dejó en blanco o anuló su voto. El resto apoyó a una de las ocho candidaturas presidenciales que se presentaron en la papeleta. El 70,3% apoyo a alguno de los cuatro candidatos opositores (derecha) al actual gobierno de Boric, y el 29,97% a candidaturas de centro izquierda o izquierda.
En las derechas, el vencedor es el ultraderechista José Antonio Kast con 23,92% de los votos; desde la otra vereda la candidata comunista del gobierno de Boric, Jeannette Jara, avanzó con el 26,85% de los sufragios. En términos numéricos, resulta difícil remontar estos resultados para la segunda vuelta, contabilizando que la derecha y ultraderecha más dura (Kast, Kayser y Matthei) logran 51%, y una gran parte de la votación de Parisi irá hacia este mismo sector.
En las votaciones parlamentarias los resultados fueron igual de claros. Las derechas se hacen con el control total de la Cámara de Diputados y Diputadas, puesto que controlarán 90 de 155 escaños. Los pactos de derecha más el PDG ya tienen el 59% para aprobar las leyes simples, leyes orgánicas (78 votos) y reformas a la Constitución (89 votos). En el Senado, la derecha será mayoría, pero por un margen mucho menor. Por lo tanto, estamos ante el mayor triunfo electoral parlamentario en la historia de la derecha.
Descalabro del gobierno de Boric, y caída de la derecha tradicional
La jornada de votación expresó dos hechos de primera importancia en la política nacional. El primero es el descalabro de las listas del gobierno de Boric, que iban desde la ex Concertación hasta el Partido Comunista y el Frente Amplio. Los resultados presidenciales de su candidata se enmarcan en los peores desde el retorno a la democracia, puesto que ni siquiera pudo alcanzar el tercio histórico de votación para su sector. A nivel parlamentario el retroceso es brutal, quedando con apenas 41% de los escaños en la Cámara Baja (64 parlamentarios), sumidos en la completa irrelevancia para empujar o detener leyes.
Desde la otra vereda, la derecha tradicional que durante décadas dominó a la oposición e incluso gobernó en dos oportunidades desde la salida de la dictadura de Pinochet, obtuvo los peores resultados desde 1990. Su candidata presidencial, Evelyn Matthei, quedó en quinto lugar con apenas el 12,6% de los votos, y en términos parlamentarios quedaron atrás de las bancadas de la ultraderecha (34 escaños contra los 42 de la ultraderecha). De hecho, incluso por detrás de las bancadas del actual gobierno.
El avance de la ultraderecha se da producto de la masiva ruptura electoral con los partidos del gobierno de Boric, pero también con los de la derecha tradicional. Los viejos partidos que administraron el país hasta hoy son los grandes perdedores de la jornada, que marcó el impulso de una fuerza política que busca canalizar el descontento social hacia programas ultra neoliberales y conservadores.
Las razones de fondo que explican este giro electoral
¿Cómo se pudo canalizar el masivo descontento social de 2019 hacia la actual votación para la ultraderecha? No es una casualidad. Las razones que provocaron el estallido social, tales como la profunda desigualdad social, la corrupción de las instituciones del Estado, los desamparos ante problemáticas sociales siguen totalmente presente. Incluso muchas de ellas se han profundizado con los años.
El gobierno de Boric, como lo hicieron sus antecesores de la Concertación y la derecha tradicional, no sólo no dio ninguna respuesta a esos problemas, sino que se dedicó a administrar un modelo económico que obliga a millones de familias trabajadores a endeudarse para poder llegar a fin de mes, con derechos sociales casi totalmente privatizados. Todos los datos muestran que, a seis años del estallido, los trabajos son más precarios, la vida es más cara, y las dificultades diarias para “las personas de a pie” se multiplican.
Boric no sólo insistió en defender “la política de los acuerdos” de los gobiernos de los treinta años, sino que reivindico lo que hizo el gobierno de Piñera durante la rebelión popular tildándolo de “gran demócrata”, y vociferando que su propio gobierno tiene entre sus grandes triunfos “normalizar al país” de la violencia de las movilizaciones.
Apoyo la grosera campaña mediática de que Chile se hunde en una ola de delincuencia, totalmente orquestada por la derecha. Mientras las cifras de delitos reales son cientos de veces menores a las de la sensación de peligro que tienen las personas, utilizó ese temor para desviar la mirada de los problemas sociales más urgentes, aprobando junto a la derecha una batería de leyes represivas y de impunidad a Carabineros, llegando incluso a militarizar durante toda su administración al territorio Mapuche sosteniendo que era para terminar con “el terrorismo en el sur”.
La ultraderecha no sólo supo aprovechar el descontento social provocado por el gobierno de Boric y sus partidos, sino que se mostró como la opción más radical de una forma de gobernar que el mismo gobierno actual viene aplicando hace años. Sencillamente, Boric y la derecha tradicional allanaron el camino que hoy recorre tranquilamente Kast y sus huestes. El monstruo ultra conservador que se yergue en el horizonte próximo, fue creado en las fauces de un modelo económico y político podrido, defendido a ultranza por los partidos del gobierno y sus aliados de la derecha.
La contradictoria debilidad del nuevo gobierno
No es un secreto que los millones de votos que se volcaron contra el gobierno apoyando a la ultraderecha son la viva expresión de descontento social contenido. Mayoritariamente, están muy lejos de expresar giros sociales hacia programas ultra conservadores y ultra neoliberales. La historia del último gobierno de Piñera, que canalizó el odio a la ex Concertación, pero que dos años después fue víctima de ese mismo rencor social durante la rebelión popular de 2019, está demasiado cerca como para olvidarla. Kast lo sabe, todas y todos los políticos y empresarios del país lo saben… y lo dicen.
La coyuntura que abre el triunfo electoral de la ultraderecha no es un cheque en blanco. Las mismas necesidades sociales que empujaron la ruptura con el gobierno de Boric, no sólo no serán resueltas por Kast, sino que serán profundizadas por un recorte fiscal brutal en derechos sociales, sumado a los intentos por aumentar las ganancias empresariales liquidando derechos laborales y democráticos. Marcando una contradicción insalvable que hará de la “luna de miel” con el gobierno de Kast una cuenta regresiva desde el primer día.
A esto debemos sumar la debilidad profunda del actual bloque de partidos en el gobierno, y próxima oposición parlamentaria, rechazados masivamente en estas elecciones y que jugarán un rol absolutamente irrelevante en las cámaras del Congreso. Su capacidad de detener movilizaciones contra Kast para defender el régimen capitalista chileno no sólo es menor que ayer, sino que debe ser la más crítica desde hace más de treinta años.
A organizar la resistencia contra Kast desde los sindicatos y los territorios
La única oposición posible al nuevo gobierno de ultraderecha será desde las movilizaciones, y del nivel de organización dependerá cerrar el paso o no a los ataques de Kast. Los datos electorales del domingo 16 de noviembre son lo bastante claros como para entender que la urgencia en estas tareas no puede esperar un minuto más.
La oposición se medirá por cuantas organizaciones sociales, sindicales, ecologistas, territoriales y políticas entremos en un camino de unidad que nos permita coordinar luchas, y defendernos como un solo puño ante las arremetidas de la ultraderecha. Mientras antes se funde un frente nacional contra el nuevo gobierno, mientras más rápido propague esa oposición y la estimule, y cuanto antes logre un programa unitario, mayores serán las posibilidades de derrotar a Kast.
La lista Izquierda Ecologista Popular Animalista y Humanista, es una expresión clara de esa necesidad de unidad. Alcanzó casi 300 mil votos en las elecciones, y fue el único sector que de forma unitaria enfrentó las elecciones. No se trata de reproducir esta iniciativa, sino de asumir este camino abierto entre todas las fuerzas transformadoras que nos presentamos a elecciones, que luchamos en los sindicatos y territorios, para fortalecer una oposición amplia y coordinada, democrática y anticapitalista contra Kast, las derechas y la falsa izquierda del gobierno de Boric y sus partidos.
19/11/2025
Último momento
Al cierre de esta edición, las y los militantes del MST, sección chilena de la UIT-CI, realizaron un plenario en el que definieron el llamado a votar críticamente a Jeannette Jara en contra de la ultraderecha de Kast, Káiser y Mathei, mientras continúan profundizando la construcción de una alternativa política consecuentemente anticapitalista y unitaria para enfrentar al doble discurso y los pactos de Jara, el PC y sus aliados concertacionistas.