Escribe Diego Martínez
El ranking de los supermillonarios argentinos lo lidera Marcos Galperín, titular de Mercado Libre, que ostenta la friolera de 6.100 millones de dólares como consecuencia de haber sumado a su patrimonio 4.000 millones de dólares en el último año. Mercado Libre es la empresa que más se valorizó en Latinoamérica en los últimos doce meses.
Galperín tiene un vínculo estrecho con Macri y en su gobierno hizo jugosos negocios, pero también fue favorecido por el actual gobierno peronista, que impulsó en el Congreso nacional la aprobación de la Ley de Economía del Conocimiento, sucesora de la ley de software sancionada por el gobierno peronista kirchnerista, que le permitió realizar descuentos de 70% en las contribuciones patronales y el impuesto a las ganancias.
Sectores reaccionarios acusan al gobierno de “subsidiar a los pobres” pero la realidad demuestra que se subsidia mucho más a los ricos. Durante la cuarentena del año pasado se destinó muchísimo más dinero para subsidiar los gastos de las grandes empresas que lo que se destinó en ayuda social a los más necesitados.
El segundo supermillonario argentino es Paolo Rocca, con 3.700 millones de dólares, titular de Techint, grupo empresario que tiene inversiones en más de cien países. A través de su brazo petrolero, Tecpetrol, que opera en Vaca Muerta, recibió en 2019 subsidios por 700 millones de dólares de parte del Estado argentino. El Grupo Techint tiene sede legal en Luxemburgo, paraíso fiscal donde sus ganancias están exentas de cualquier impuesto. Pese a estas enormes ventajas y a las fabulosas ganancias que Rocca y Techint siguieron generando aun en la pandemia, el empresario italoargentino el año pasado fue noticia por despedir a 1.500 trabajadores en el momento de mayor impacto social de la cuarentena. Una actitud miserable digna de su clase.
A Rocca lo sigue Gregorio Perez Companc, con 2.400 millones de dólares. Goyo es dueño de la alimentaria Molinos, rubro en el que se registran los mayores índices de aumentos de precios de la economía pese a tratarse de bienes de primerísima necesidad. Continúa en la lista Alberto Roemmers, representante de la industria farmacéutica que gana cifras astronómicas en la pandemia. Completa el listado Eduardo Eurnekian, de Corporación América, que tiene intereses que van de los aeropuertos a cultivos bajo riego.
No figuran otros megamillonarios argentinos, como el zar del petróleo Alejandro Bulgheroni, que posee una fortuna de 3.300 millones y se radicó en Uruguay, donde paga menos impuestos, y Hugo Sigman, titular del Grupo Insud, que está involucrado en el fabuloso negocio de la producción de vacunas, fabricando 24 millones de dosis que se fugan del país. Seguramente tendrá un lugar destacado en el ranking de 2022 como ya lo tuvo en 2020, año en el que acreditó, junto con su esposa Silvia Gold, un patrimonio personal de 2.000 millones de dólares.
Al igual que en el resto del mundo, en la Argentina unos pocos concentran una fortuna cada vez más escandalosa mientras la mayoría de la población se hunde en la pobreza, el 42% no llega a satisfacer sus necesidades básicas. Los cinco supermillonarios argentinos suman unos 15.700 millones de dólares, una cifra que permitiría otorgar un ingreso familiar de emergencia de 56.000 pesos para los 19 millones de pobres que hay en el país. Vergonzoso.
Escribe Miguel Lamas
El banquero liberal derechista Guillermo Lasso ganó en segunda vuelta con 4,4 millones de votos contra 4 millones del correísta Andrés Arauz y con 1,8 millones de votos nulos y en blanco a los que llamó la Confederación Nacional Indígena de Ecuador (Conaie). El voto por Lasso no expresa un apoyo popular a sus propuestas sino que predomina un voto castigo a la centroizquierda.
Rafael Correa gobernó entre 2007 y 2017. Fue parte, junto con Lenín Moreno, de los gobiernos de conciliación de clases, del doble discurso de los Lula, Chávez-Maduro, los Kirchner o Evo Morales. De los gobiernos “nacionales y populares” o del “socialismo del siglo XXI”, un falso socialismo que traicionó las expectativas populares. Rafael Correa, con una gran corrupción, hizo acuerdos con multinacionales chinas y otras para explotar la minería metálica y el petróleo provocando depredación ambiental, del agua, los bosques y de la economía agraria campesina indígena. Reprimió y criminalizó al movimiento indígena.
En 2017 Correa, temiendo perder, renunció a su reelección y nombró candidato a Lenín Moreno, su ex vicepresidente. Moreno logró ganarle por poco al mismo Guillermo Lasso. Poco después Moreno rompió con Correa tratando de despegarse de su herencia política.
Pero el intento de Lenín Moreno de descargar la crisis económica sobre el pueblo trabajador, con un acuerdo con el FMI, provocó en octubre de 2019 un gran levantamiento popular liderado por la Conaie. Miles de indígenas ocuparon el centro de Quito una semana, enfrentaron a la policía, hicieron escapar al presidente a Guayaquil y finalmente lo obligaron a anular el acuerdo con el FMI y el aumento de las naftas que formaba parte de esos convenios.
Las elecciones de 2021
Correa está radicado en Bélgica escapando de juicios por corrupción en Ecuador y nombró como candidato a Andrés Arauz, de 36 años, ex director del Banco Central.
La importante novedad de la primera vuelta, realizada el 7 de febrero, fue que se presentó el movimiento Pachakuti, creación de la Conaie, con la candidatura de Yaku Pérez y un programa contra la minería metálica, en defensa del agua, los bosques y la agricultura campesina.
La primera vuelta terminó con 32% de votos por Arauz y un virtual empate entre Lasso y Yaku Pérez, con 20% cada uno. Lasso superó a Pérez, según el tribunal electoral, por poquísimos votos. Yaku Pérez denunció fraude y exigió el recuento de votos. Pero el correísmo y Lasso se unieron para impedirlo.
Este fraude permitió que Lasso pase a segunda vuelta en lugar de Yaku Pérez. Arauz temía perder con Yaku Pérez y creía que le iba a ganar a Lasso.
Ante la segunda vuelta, Jaime Vargas, presidente de la Conaie, se vendió y pactó el apoyo a Arauz. Pero la respuesta de las bases de la Conaie fue contundente, se reunió un ampliado con más de mil delegados y destituyó a Vargas, proclamando el voto nulo en las elecciones, al igual que lo habían hecho Yaku Pérez y organizaciones sindicales obreras y estudiantiles. Eso hizo que el voto nulo y blanco llegara a 18 por ciento.
Igualmente, Lasso logró sumar una importante cantidad de votos indígenas y populares que, más que apoyo a sus propuestas, fueron un voto castigo para el correísmo.
El gobierno de Lasso y el pueblo trabajador e indígena
Lasso, banquero multimillonario, que ganó millones durante la pandemia mientras el pueblo pasaba hambre, propone la “apertura a la inversión extranjera”, acordar con el Fondo Monetario Internacional (FMI), priorizar la minería metálica y la extracción de recursos naturales con las multinacionales, flexibilización laboral para obreros y magisterio… Es decir, las medidas que el pueblo trabajador ecuatoriano viene enfrentando desde hace décadas y, en particular, con el levantamiento indígena popular de 2019.
Pero el nuevo gobierno patronal y proyanqui nace muy débil, en crisis económica, pandemia y en minoría parlamentaria. Una mayoría relativa tiene la centroizquierda correísta y la segunda bancada es Pachakuti.
Pero, más allá del Parlamento y de las cantidades de diputados, es el pueblo indígena y trabajador ecuatoriano el que va a enfrentar a Lasso y su programa de ajuste. Y, particularmente, su organización más importante, la Conaie.
Pachakuti con la Conaie y sus organizaciones de base, junto con las organizaciones como el Frente Unitario de los Trabajadores, la Unión Nacional de Educadores y organizaciones estudiantiles son hoy opositoras e independientes tanto del nuevo gobierno, como también del correísmo. Es fundamental que se unan para enfrentar la política del gobierno de Lasso y levantar un programa económico de emergencia al servicio de las mayorías trabajadoras del campo y la ciudad.
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Después de un 2020 cruzado por innumerables luchas ambientales en nuestro país, entramos a un 2021 donde la lucha ambiental no se detiene (y los conflictos para enfrentarlos tampoco).
Todo esto no es simplemente una particularidad de nuestro país. Somos parte de un inmenso movimiento mundial de lucha por el ambiente, que empezó a masificarse en 2019 a partir de las huelgas por el clima.
Nuestro continente latinoamericano, a su vez, ya venía de una larga serie de conflictos, en particular contra el saqueo de los recursos y la contaminación consiguiente. En este marco, nuestro país tiene un largo recorrido de peleas contra la megaminería, prácticamente desde su instalación en los comienzos del gobierno kirchnerista. A ello también debemos sumarle las luchas en defensa del bosque nativo y contra las multinacionales como Monsanto en Córdoba. O los diversos conflictos contra los basurales y las fábricas contaminantes en las zonas industriales del conurbano. En el último período fue ganando importancia la defensa de los humedales, en riesgo por el avance de la frontera sojera y los incendios (causados por el calentamiento global, pero también intencionalmente).
El año pasado, se sumó un nuevo tema, el proyecto de instalación de megafactorías porcinas en nuestro país, que dio lugar a las movilizaciones con la consigna “no al acuerdo porcino”. Y nunca debemos olvidar el siempre presente repudio de numerosas comunidades a la extracción de gas y petróleo por métodos no convencionales (fracking) en Vaca Muerta.
Todas estas luchas, con sus distintas dinámicas, fueron generando un creciente activismo ambientalista. Donde se mezclan y entrecruzan los viejos luchadores de las peleas de años anteriores con una nueva generación, mayoritariamente juvenil, que ingresa a la lucha al calor del crecimiento del movimiento ambientalista a escala internacional.
Ambiente en Lucha, conformado por compañerxs de Izquierda Socialista más independientes, nace el año pasado al calor de esta realidad, siendo parte de estas peleas, con un programa anticapitalista, que plantea que no hay salida para la crisis ambiental planetaria sin terminar con el capitalismo. Y que, en nuestros países, la depredación ambiental está íntimamente ligada al saqueo de nuestros recursos, para cumplir con los pagos de la usuraria deuda externa. Hacemos unidad de acción con todos aquellos, que más allá de sus diferentes perspectivas y programas, quieran salir a pelear por la defensa de nuestro ambiente y contra el saqueo.
En el camino transitado durante el año pasado, fue quedando claro, para un sector importante del activismo ambiental, el doble discurso del gobierno de Alberto Fernández y Cristina. Que por más que hagan discursos demagógicos sobre el tema, sigue adelante y tiene como políticas prioritarias avanzar con la instalación de las megafactorías de cerdos y con la explotación de Vaca Muerta. Que apoyaron y apoyan todos los proyectos megamineros provinciales, empezando por el de Chubut. Que hace la vista gorda frente a todas las violaciones a la legislación ambiental que realizan empresas transnacionales y locales, terratenientes y monopolios de exportación de soja. Un gobierno, el del Frente de Todos, que al igual que los provinciales de distinto signo político, no le importa en absoluto el ambiente y sigue priorizando la depredación. Destinanod incluso recursos írrisorios para atender desastres como los incendios de bosques en la Patagonia.
Entramos a 2021. Con una agenda de luchas internacionales en las que ya estamos participando y seguiremos haciéndolo, ya que somos parte de un movimiento mundial. Pero también sabemos que tenemos que darle continuidad a las peleas en curso. Dentro de ellas tiene un destaque prioritario la enémisa intención del gobierno peronista de Arcione de permitir la instalación de la megaminería en Chubut. Pero también tenemos que seguir peleando para rechazar el acuerdo porcino. Y continuamos defendiendo los humedales. A lo que ahora se agrega el debate por la Hidrovía del Paraná. Sabemos que tenemos muchas otras peleas, a lo largo y ancho del país, en todos los lugares donde estamos presentes como Ambiente en Lucha. Luchas viejas que se reactivan y nuevas que aparecen. Seguiremos siendo parte de todas ellas, dando nuestro apoyo incondicional para que triunfen.
También sabemos que en el movimiento ambientalista hay muchos debates. Fraternalmente queremos intervenir en algunos de ellos. El primero, obviamente, tiene que ver con el horizonte de la propia militancia ambientalista. Que para nosotros tiene que ser claramente antiimperialista, anticapitalista y socialista. Porque el capitalismo imperialista es el principal responsable de que hoy esté en riesgo la propia vida sobre el planeta, nuestra casa común. La segunda discusión es en relación a las causas por las que se somete al saqueo y la destrucción de las riquezas y el ambiente de nuestro país. Desde Ambiente En Lucha insistimos en el lugar preponderante que tiene en esto el pago de la deuda externa. Los gobiernos (el de los Kirchner en su momento, luego el macrismo y ahora el actual de Alberto Fernández) están dispuestas a destruir lo que haya que destruir, y entregar al saqueo todas y cada una de nuestros recursos, renovables o no, con el objetivo de obtener divisas para cumplir con los pagos a los buitres acreedores de la deuda externa. Esto vale para el fracking de Vaca Muerta, para la megaminería, para el acuerdo porcino, para la extensión de la frontera, y para la entrega de los ríos a costa de la flora y fauna y el acceso vedado de la población a su disfrute.
También queremos plantear la discusión de la relación que existe entre el desastre ambiental y la pandemia del coronavirus. Porque la búsqueda insaciable de ganancias es uno de los motivos por los que se extienden enfermedades (vía la zoonosis, el traspaso de virus de origen animal a los seres humanos). Y también por las que, una vez extendidas, no se avanza en las soluciones. Por eso queremos discutir la importancia de la campaña por la eliminación a escala mundial de las patentes medicinales, detentadas en muchísimos casos por multinacionales y laboratorios que son los mismos que participan de la depredación ambiental.
Un tema importante es como pelear. Con unidad, sostenemos. Por eso fuimos impulsores y somos defensores de la Coordinadora de Basta de Falsas Soluciones. Al mismo tiempo que promovemos la unidad para pelear con cualquier otra organización que, en su lugar, esté honestamente al servicio de ganar las luchas.
Te invitamos a leer esta publicación. A comentarla, discutirla y hacerla circular entre tus compañerxs y entre los activistas de la lucha ambiental. Y, por sobre todo, te invitamos a sumarte a Ambiente en Lucha. Porque este año, sin duda, necesitaremos fortalecer más que nunca esta herramienta al servicio de las peleas en curso y las que se vienen.
Escribe Pilar Barbás, dirigente de la Juventud de Izquierda Socialista y de Ambiente en Lucha
El año 2020 fue clave en nuestro país para la organización de un movimiento ambiental que mundialmente está en ascenso.
En medio de la pandemia, el gobierno de Alberto Fernandez junto al canciller Solá, quisieron impulsar un acuerdo con China, para la instalación de megafabricas porcinas en nuestro país.
Esto desató un ascenso de las movilizaciones del movimiento ambientalista para frenarlo. Es ahí, donde volvimos a confluir con espacios con los que históricamente nos encontramos en las calles, agrupaciones ambientalistas, sociales y políticas, y con un activismo juvenil con una dinámica muy interesante, que sale a luchar contra la destrucción de nuestro planeta. Que tiene en vista claramente el doble discurso de Alberto Fernandez, que es un gran impulsor de políticas de depredación de nuestro ambiente. Con un discurso que se apropia de las medidas ambientalistas, pero que la práctica las impulsa. Como es el acuerdo porcino, el fracking y el apoyo al proyecto de zonificación de Arcioni en Chubut.
Así, desde Ambiente en Lucha dimos una pelea para que se armara a nivel plurinacional la coordinadora Basta de Falsas Soluciones (BFS), con un programa claro que denuncia a los responsables del extractivismo en nuestro país, y que une a luchadores en todo el territorio para unificar y visibilizar las luchas.
En lo que va del 2021 las luchas ambientales siguen en agenda. Desde principio de año la pelea contra el proyecto de zonificación impulsado por Arcioni y el gobierno nacional es una pulseada clave. El proyecto todavía no es aprobado por la movilización permanente del pueblo chubutense, organizado en asambleas, y la organización nacional que se le da con la coordinadora BFS. En un primer momento la movilización masiva del 4 de febrero y luego el 5 de marzo frenaron por el momento el tratamiento del proyecto.
En el mes de Marzo tuvimos, en lo que ya es un auténtico “calendario ambiental”, tanto de la Huelga Mundial por el Clima el 19 de marzo como 22 de marzo Día mundial por el Agua.
Fueron dos fechas claves en la pelea estrategia contra este gobierno que sostiene un modelo extractivista que lo único que tiene para ofrecerle a nuestro país es más destrucción y catástrofe.
Por eso desde Ambiente en Lucha, nos parece fundamental para todas las peleas que se nos vienen, por el freno total del acuerdo porcino con China, por una ley de humedales, contra el fracking y los proyectos de megaminería, contra las quemas de nuestros bosques nativos a servicio de las especulaciones inmobiliarias, la organización plurinacional que golpee con un solo puño.
Esta es la tarea fundamental que nos damos como parte de la coordinadora Basta de Falsas Soluciones, para que cada vez sea más amplia, y sea una referencia de lucha para todo el movimiento ambientalista en nuestro país.