Jan 19, 2021 Last Updated 3:23 PM, Jan 16, 2021

Escribe Mariano Barba

Si hay una lucha obrera emblemática desde 2001 en adelante, es la de los ceramistas de Neuquén, que encabezados por los obreros de Zanon iniciaron las gestiones obreras para salvar su fuente de trabajo. Como toda experiencia importante del movimiento obrero, tiene entre sus gestores fundamentales a trabajadores con nombre y apellido. A finales de la década del ’90 la seccional Neuquén del sindicato Soecn era dirigida por la vieja burocracia propatronal, más amiga del empresario italiano Luigi Zanon que de los obreros. Hubo dos activistas que le salieron al cruce a esa vieja burocracia, Mario Balcaza y Miguel Ramírez. Y es justamente a Miguel a quien estamos despidiendo, lamentablemente, ya que falleció la semana pasada tras una dura lucha contra el cáncer.

Llegó a Neuquén en búsqueda de un mejor porvenir luego de partir de su provincia natal, Entre Ríos, y de trabajar en varias fábricas. A Miguel lo conocimos en la puerta de la fábrica, en el paro nacional de finales de los ’90 convocado contra Menem por el MTA. En esa oportunidad, la burocracia ceramista llamó a no parar y los obreros de Zanon decidieron parar. Desde ese momento, Miguel no se detuvo ante las amenazas de la burocracia y la patronal e inició un camino, junto a Balcaza, fundamental para tirar a la comisión interna burocrática. Por sus méritos en organizar la resistencia a la patronal y a la burocracia fue electo miembro de la nueva comisión interna antiburocrática y posteriormente integró la primera comisión directiva del sindicato combativo. Además, fue uno de los fundadores de la Agrupación Marrón. Defendió y aplicó a rajatabla la democracia sindical. No dudó en ser el organizador del campamento que derivó en la ocupación de Zanon en 2001/2002. Sus ollas populares y la administración del almacén de alimentos fueron inolvidables. También lo son las piezas que creaba como matricero para reemplazar a aquellas que se habían roto y no se conseguían.

Fue un compañero solidario, como el mejor, llevaba el apoyo de Zanon a todas las luchas del país, desde la Patagonia hasta Jujuy y Salta, mientras buscaba la solidaridad para las gestiones obreras. Muchos, en nuestro partido, fuimos aportantes de la colecta para Zanon que él encabezó en un acto en el estadio de Obras Sanitarias.

Su personalidad era extrovertida y bulliciosa, por eso se ganó como apodo “el loco Ramírez”, lo de loco porque hablaba muy fuerte, cantaba más fuerte aún y ponía los puntos sobre las íes más fuerte todavía. Con este “loco” andabas derecho o no andabas. No le gustaban las medias tintas, los entuertos ni las trampas de propios ni de ajenos. Esa personalidad lo llevó a jugar un papel fundamental en la lucha contra la burocracia, primero, y a chocar, más de una vez, con sus propios compañeros de la gestión obrera, exigiendo  limpieza en todo, en el trabajo, en la conducta, en las finanzas, en el respeto al otro trabajador, en la vida. Las reuniones amplias de Izquierda Socialista lo tenían como un animador, y en las fiestas de fin de año esperábamos que llegara con las empanadas y el pernil que preparaba junto a su compañera.

Como escribió Angélica en su Facebook: “Se nos fue Miguel, un compañerazo, un amigo, un padre, el compañero de vida de Normita”. Con este recuerdo imborrable e inmejorable despedimos a Miguel y acompañamos a Normita, a sus hijos Sergio y María Laura y a sus nietos con un fuerte ¡hasta el socialismo siempre!

Los días 4 y 5 de septiembre de 1975, ocho compañeros del PST de La Plata, partido antecesor de Izquierda Socialista, fueron secuestrados y asesinados por bandas fascistas, que actuaban al amparo del gobierno peronista de Isabel Perón. Fue la antesala del golpe de 1976. José Rusconi, quien por entonces era militante de la Juventud Socialista del PST, recuerda los hechos, continúa exigiendo justicia y reivindica su ejemplo revolucionario.

 

Escribe José “Pepe” Rusconi

 

Cuando en el mes de septiembre de 1974, el compañero Roberto “Laucha” Loscertales me propuso apoyar el conflicto de una fábrica en el barrio de Villa Elisa, me dio la posibilidad, como activista universitario, de hacer mi primera experiencia de lucha junto al movimiento obrero. Así me sumé al Partido Socialista de los Trabajadores (PST). En ese momento era imposible imaginarme qué le pasaría a “Laucha” tan sólo un año  después.

El 5 de septiembre de 1975, en horas de la mañana, estábamos en el centro platense junto a otra compañera, Patricia Claverie. Regresábamos de una actividad militante. Ambos pertenecíamos a la Juventud Socialista del PST y éramos estudiantes de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Yo, a su vez, era trabajador del Banco Nación. Caminábamos y charlábamos tranquilos. Patricia me acompañó hasta la entrada de mi trabajo y siguió rumbo a nuestro local partidario. No sabíamos nada de lo que había sucedido la noche anterior.

Esa noche, cinco compañeros y compañeras se habían dirigido hasta la planta de Petroquímica Sudamericana en Olmos (hoy Mafissa), para brindar apoyo a sus trabajadores. En Petroquímica se venía desarrollando un conflicto gremial muy importante y nuestro partido, que apoyaba esa huelga como lo hacía con todo conflicto, había organizado una colecta en la universidad para el fondo de lucha de los trabajadores. Los compañeros y compañeras que se habían dirigido a la fábrica para llevar lo recaudado eran  Roberto “Laucha” Loscertales, que había sido dirigente estudiantil en la Facultad de Ingeniería y trabajador del Astillero Río Santiago; Adriana Zaldúa, referente estudiantil de Arquitectura y trabajadora del Ministerio de Obras Públicas (MOP); Hugo Frigerio, trabajador y delegado gremial también del MOP; Ana María Guzner Lorenzo, trabajadora delegada no docente despedida de la UNLP por la “Misión Ivanissevich”; y Lidia Agostini, joven odontóloga integrante del frente de profesionales del partido. Pero nunca llegaron, porque fueron interceptados en el camino y secuestrados.

Al día siguiente, yo aún estaba trabajando cuando me llegaron las primeras noticias sobre el hecho. Al terminar la jornada, me dirigí rápidamente hacia nuestro local. Creo que fui el último en ingresar porque detrás mío se cerraron las puertas para que nadie entrara ni saliera. Un rato antes había sucedido un segundo hecho. Cuatro compañeros habían salido del local para volantear en el Ministerio de Obras Públicas, donde se iba a realizar una asamblea por lo sucedido la noche anterior. Pero tampoco llegaron al ministerio. A la vuelta del local, tres de ellos fueron obligados a ingresar a dos autos por personas armadas. Una  cuarta compañera, que se había retrasado, pudo ver la situación volviendo rápidamente al local para dar aviso. Estos compañeros eran Oscar Lucatti, trabajador del MOP; Carlos “Dicky” Povedano, trabajador de una repartición pública llamada Previsión Social; y la misma Patricia Claverie, estudiante de la Facultad de Ciencias Naturales, con la que habíamos compartido la actividad unas horas antes.

 

Las bandas fascitas durante el gobierno peronista

 

Nos quedamos encerrados en el local toda la noche como medida de seguridad. Solo ingresó un grupo de compañeros y familiares de las víctimas que habían estado haciendo infructuosamente gestiones para localizar a los secuestrados. Por la madrugada llegaron las noticias. Supimos que habían sido secuestrados por un grupo fascista que actuaba en la ciudad. Era la época de las bandas de extrema derecha, como la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), la Concentración Nacionalista Universitaria (CNU) y otras, que habían comenzado a actuar al amparo del gobierno de Perón primero y, tras su fallecimiento, de su sucesora Isabel Martínez de Perón, organizadas desde el ministerio de Bienestar Social de José López Rega.

La patronal y el imperialismo no habían tenido éxito con su proyecto de traer a Perón al país en 1973 para intentar cerrar el inmenso ascenso obrero y popular abierto con el “Cordobazo” en 1969. El “Pacto Social”, que había propuesto Perón para contener las luchas, congelando salarios y suspendiendo las negociaciones colectivas de trabajo, había fracasado. Los trabajadores seguieron reclamando ante la creciente inflación. En junio de 1975, la movilización obrera conocida como “Rodrigazo” hizo caer a Celestino Rodrigo, ministro de economía y al mismo López Rega, monje negro del gobierno, frustrando así el plan de ajuste. El gobierno peronista alentó la acción de las bandas fascistas y la represión a los activistas obreros y populares. La burguesía comenzaría a preparar el golpe de estado.

 

Una militancia al servicio de construir el partido revolucionario y por el socialismo

 

Los cuerpos de los compañeros aparecieron en La Balandra (Berisso), acribillados y mutilados. El partido organizó el velatorio, donde estuvieron los restos de casi todos ellos. Al lugar se acercaron delegaciones de obreros de diferentes fábricas y comisiones internas de la región, conmocionadas por la masacre. Algunas de las delegaciones expresaban que habían recibido la solidaridad de nuestros compañeros y del partido en sus luchas.

El PST estaba fuertemente inserto en el movimiento obrero y sus luchas. Tenía un enorme reconocimiento de los luchadores y el resto de la izquierda. Esto le valió el ensañamiento de las bandas fascistas y obligó a tomar medidas de seguridad. En mayo de 1974 ya habíamos recibido el golpe de la masacre de Pacheco. En aquel momento, Nahuel Moreno, dirigente de nuestra corriente, había llamado a la unidad de acción antifascista y a organizar la autodefensa obrera. Pero la mayoría de las organizaciones políticas desoyeron este llamado. El golpe de estado siguió ensañado con el PST, que tuvo más de cien compañeros y compañeras asesinados y detenidos desaparecidos.  

Hoy el recuerdo de los compañeros y compañeras asesinados en la Masacre de La Plata es un homenaje en su memoria. Pero también es un reconocimiento a aquellos que entregaron sus vidas en la pelea por construir un partido revolucionario que aspire al gobierno de los trabajadores y trabajadoras para terminar con la sociedad capitalista  y construir, sobre sus ruinas, el socialismo. Izquierda Socialista, orgulloso continuador  del glorioso PST, sigue exigiendo verdad y justicia para nuestros compañeros y compañeras asesinados en la masacre de La Plata. Seguimos levantando, como lo hicimos desde un primer momento, los puños bien en alto y decimos: ¡compañeras y compañeros asesinados y detenidos desaparecidos del glorioso PST! ¡Hasta el socialismo, siempre!

El 13 de agosto de 2020, falleció el compañero Esteban Lastra, víctima de la infección con Covid 19. Después de varias semanas de respiración asistida, su corazón, el mismo que lo había impulsado y sostenido en tantas batallas en defensa de la clase obrera y el socialismo, dijo basta.

El Negro Esteban, como lo llamábamos todos, se desempeñó la mayor parte de su vida como enfermero en el Hospital Narciso López de Lanús. Sus compañeros lo eligieron delegado, tarea para la que fue reelecto numerosos períodos, tal era la confianza que le tenían. Su apego al método democrático de consulta permanente a la base y su insobornable accionar gremial le ganaron ese reconocimiento. Valorado también por su solvencia profesional, trabajó muchos años en la terapia intensiva del hospital y formó parte varias veces del comité de bioética de la institución.

El Negro era además un consecuente luchador por el socialismo con activa militancia política. Fue protagonista junto a muchos de nosotros en la construcción del MAS en los 80´ y de Izquierda Socialista. A pesar de que en los últimos años se alejó de la militancia partidaria, siempre se mantuvo como un inquebrantable luchador y defensor del Trotskysmo morenista.  Fiel a la clase obrera y sus luchas, hasta sus últimos días.

Acongojados por la pérdida de tan valioso compañero, levantamos nuestros puños saludando ¡Negro Esteban, Hasta el socialismo siempre!
IZQUIERDA SOCIALISTA

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