Sep 25, 2020 Last Updated 4:44 PM, Sep 24, 2020

Desde hace días, una misión del FMI está recorriendo las oficinas del Ministerio de Hacienda y del Banco Central. El Fondo Monetario está inspeccionando si efectivamente se empezó a cumplir con el mayor ajuste pactado con Macri por 500.000 millones de pesos. Es el ajuste que el gobierno nacional está acordando con los gobernadores y quiere plasmar en el presupuesto 2019. Esta “inspección” del FMI es la más clara demostración de lo que venimos diciendo desde nuestro partido y el Frente de Izquierda: los trabajadores son los señalados para que paguen la crisis capitalista, mientras la plata se sigue yendo para salvar a los especuladores y a los usureros de la deuda. La Argentina, con el pacto con el FMI, sigue dando pasos en una de las mayores entregas y saqueo del país, avanzando en la dependencia y semicolonización a manos de banqueros y multinacionales.

Lo que le “preocupa” al FMI no es la suba del dólar o que la inflación supere el 32% pulverizando salarios, jubilaciones y planes sociales, sino si se avanza en los despidos, los ataques a las jubilaciones, la paralización de la obra pública, la quita de los convenios colectivos y que se siga achicando el gasto social para destinar esos recursos a garantizar los pagos de la deuda. Las consecuencias son claras. “El ajuste mata”, dicen miles de docentes después de las muertes evitables de dos trabajadores de la educación en Moreno culpa de que las escuelas se caen a pedazos, mientras siguen las declaraciones de empresarios mafiosos corruptos que traficaron con la obra pública.

La otra cara de todo esto es el crecimiento de la protesta obrera y popular mientras se desarrollaba la misión del FMI. La represión contra los trabajadores del Astillero Río Santiago de este martes, a quienes les quitaron conquistas de años plasmadas en su convenio colectivo, ha generado una marcha de repudio masiva el día posterior en La Plata. Vidal y Macri usaron el aparato represivo no “para combatir el narcotráfico”, como dicen, sino para tirar gases y balas de goma contra trabajadores que defienden su salario. También la Prefectura reprimió a los trabajadores despedidos de Tandanor. Los docentes bonaerenses están en medio de una auténtica rebelión junto a estudiantes y padres reclamando que se hagan las obras en las escuelas. También luchan los profesores universitarios, que ya van por su tercera semana de paro, apoyados por los estudiantes. Se está peleando contra los despidos en Fabricaciones Militares. En Córdoba se dio la multitudinaria movilización de los trabajadores de Luz y Fuerza contra el cambio del convenio colectivo y el intento de privatización de la empresa de energía EPEC, ataques ordenados por el gobierno peronista de Schiaretti, lo que lleva a ratificar, como lo venimos denunciando desde la izquierda, que la oposición patronal donde gobierna aplica el mismo ajuste nacional.

A todo esto, lo repudiable y vergonzoso, mientras los trabajadores luchan a brazo partido contra el ajuste, es el rol traidor de la cúpula de la CGT que se reunió con el gobierno prometiéndole no solo que ni siquiera iba a haber una marchita ante la nueva visita del FMI sino que se entrevistarían con esos chupasangres. Lo graficó el diario La Nación en una crónica: “Cara a cara, en una charla guiada por la cordialidad y en la que no hubo contrapuntos ni momentos de tensión, el triunvirato de la CGT se reunió durante 90 minutos con el jefe de la misión del FMI Roberto Cardarelli”. Recordemos que cuando vino Lagarde, la CGT le envió una carta para pedirle una reunión.

Por otro lado, hubo un acto del sector sindical que responde a Hugo Moyano denominado “Multisectorial del 21F”, fecha que ya nadie recuerda porque fue puesta en virtud de la marcha que se hizo en febrero y después no le dieron ningún tipo de continuidad. En ese acto habló Moyano pero no se refirió a ninguna lucha en curso ni mencionó la palabra paro general. Moyano viene de sacarse una foto con Cristina Kirchner, más preocupado por zafar ambos de sus causas judiciales que de apoyar a los trabajadores.

En contraste con esto, la mesa nacional del sindicalismo combativo surgida del plenario nacional de Lanús de junio pasado, se reunió y emitió una nueva declaración dándole el apoyo a todas las luchas y denunciando la actitud de la burocracia sindical, exigiendo una vez más que la CGT rompa la tregua con el gobierno y llame a un paro de 36 horas con movilización a Plaza de Mayo junto a las CTA, como primer paso de un plan de lucha nacional para derrotar al ajuste de Macri y el FMI. Por su parte, el Pollo Sobrero viajó a Córdoba para dar el apoyo a los trabajadores de Luz y Fuerza, entre tantas actividades y plenarios que se harán en las próximas semanas. Y el Frente de Izquierda hizo un acto en repudio a la visita del FMI frente al Banco Central el pasado viernes 17. Las consignas para luchar son claras: abajo el ajuste de Macri, el FMI y los gobernadores, paro de 36 horas y no pago de la deuda externa.

 

Escribe Graciela Calderón, secretaria adjunta de Suteba La Matanza

El 2 de agosto murieron la docente Sandra Calamano y el auxiliar Rubén Rodríguez, de la escuela primaria N° 49 de Moreno. Sandra estaba a cargo de la escuela porque el director está de licencia porque recibió dos tiros en la puerta del establecimiento. ¿Fue un accidente o consecuencia del brutal ajuste de Macri y Vidal?

La escuela explotó cuando Sandra y Rubén prendieron la luz donde preparaban desayunos. La falta de control de las válvulas de gas permitió que las garrafas perdieran y por eso estalló la instalación. Ya habían presentado este año ocho reclamos por el olor a gas. El día anterior Sandra esperó a un gasista, que cerró la llave del gas de la cocina y les dijo que volvería a la mañana. Durante la noche el escape de gas se condensó y la voladura les quitó la vida. Minutos después debían ingresar centenares de niños, es espeluznante imaginar lo que hubiese sucedido.
 
Estalla la bronca en toda la provincia

La indignación en las escuelas, a medida que se conocían las muertes, fue inmediata. Sabíamos que podía ocurrir en cualquiera de los 12.000 establecimientos bonaerenses. Todos tienen problemas de infraestructura, algunos “menores”, como faltantes de vidrios, puertas, paredes húmedas, baños clausurados, pérdidas de agua, aulas en mal estado. Otros graves, como pérdida de gas, estufas sin funcionar, pozos negros rebasados, cortocircuitos, cables pelados o paredes electrificadas.

Vidal, con su vergonzoso silencio, agigantó la bronca. La reacción multitudinaria en Moreno se generalizó a toda la provincia y a gran parte del país. El jueves hubo marchas con antorchas en decenas de distritos. El viernes pararon docentes bonaerenses y Ademys en Capital, marchando a la Casa de la Provincia. Sólo la inacción de Ctera evitó que el paro nacional retumbara en todo el país.

Las marchas distritales fueron a jefaturas y consejos escolares. Asambleas con docentes y padres impusieron relevamientos, actas y suspensión de clases en casi mil escuelas bonaerenses. En muchas, aunque parezca increíble, inspectores y directivos presionaron a los docentes a que sigan dando clases. En los distritos multicolores y autoconvocatorias como José C. Paz o Malvinas Argentinas, enormes movilizaciones de docentes y padres impusieron la suspensión e inmediata asistencia del consejo a las escuelas para comenzar los arreglos. ¡Pero la política de Vidal es que los gasistas cierren las llaves de gas y se retomen las clases! Es fundamental que docentes y padres nos pongamos firmes para que no se quede ningún niño, auxiliar ni docente en las escuelas hasta que estén en condiciones. ¡No podemos arriesgarnos a nuevas muertes!
 
Vidal, Macri y su ajuste, los responsables

Vidal rompió su silencio para justificar no haberse acercado a la escuela o a los familiares de Sandra y Rubén porque “estaban utilizando políticamente sus muertes”. ¡Caradura! culpó a los consejos escolares de la explosión por no invertir el presupuesto municipal. Pero sus mentiras tienen patas muy cortas.

Los municipios deben invertir el 50% de los gastos en infraestructura y la provincia el otro 50%. En febrero se planifican las obras a realizar. Se iban a licitar en abril, luego en mayo, ahora en septiembre. Las obras no se inician porque Vidal no depositó su parte y si arrancan las obras y no paga, se paran y se tienen que suspender las clases. Vidal no deposita porque paralizar estas obras es parte del acuerdo entre Macri, el FMI y los gobernadores. Los municipios sólo “gastan” en arreglos menores y, en general, también se quedan con su tajada. Es la unión de la “vieja” política del PJ y la “nueva” política de Cambiemos.

El estilo de humilde campesina con el que Vidal se dirige a las cámaras de TV choca con los hechos. Su director de infraestructura escolar Mateo Nicholson fue grabado cuando solicitaba le inflen el precio de la compra de cocinas para justificar fondos millonarios. ¡Y el Consejo Escolar de Moreno está intervenido desde 2018 por Sebastián Nasif, puesto a dedo por Vidal, quien no sólo no invirtió en nada y explotó la escuela 49, sino que fue filmado robándose cajas de documentación!

Es necesario acabar con el ajuste de Vidal y que se declare la emergencia educativa provincial. Que la plata salga de los pagos de la deuda externa, los subsidios a la educación privada y a los curas. Que se suspendan las clases en las escuelas hasta que estén en óptimas condiciones edilicias. Para eso los Suteba Multicolores y los Autoconvocados llamamos a movilizarnos a La Plata el jueves 16 de agosto y exigimos al Frente de Unidad Docente que se sume y llame al plan de lucha. ¡Basta de jugar con la vida de docentes, auxiliares y alumnos! 

Hace apenas tres semanas el ministro Aranguren había anunciado que no se aumentarían los combustibles durante los próximos dos meses. Pero empezó junio y otra vez las petroleras subieron los precios. El incremento de 5%, llevó la nafta premium de 29,98 a 31,48 pesos y el gasoil de 26,47 a 27,66. Y ya anticipan otro aumento mayor aún para el mes próximo.


Desde el mes de octubre pasado, en que el ministro de Energía y ex Ceo de Shell Juan José Aranguren “liberó” los precios de los combustibles, los monopolios petroleros y gasíferos empezaron a subirlos indiscriminadamente, a veces con apenas semanas de diferencia entre un incremento y otro. Estas empresas, que se beneficiaron con el kirchnerismo con subsidios y precios mínimos garantizados para el petróleo cuando éste bajaba a nivel internacional, lo siguieron haciendo con el macrismo, ahora con un “hombre suyo” directamente al frente del Ministerio de Energía. Hay que terminar con este robo. La única salida pasa por rescindir todas las concesiones, reestatizando el negocio petrolífero y gasífero, haciendo de YPF una gran empresa estatal que realice la exploración, la extracción, el refinamiento y la comercialización, gestionadas por sus propios trabajadores.
J.C.

Escribe José Castillo

Después del aumento de las tarifas del gas y la electricidad de abril, mayo comienza con las subas del agua y el transporte. Macri quiere hacernos creer que el problema son los “altos impuestos”. Pero la gran tajada se la llevan las privatizadas, que siguen sumando superganancias.

En estos dos años de gobierno de Macri las tarifas del gas aumentaron hasta 1.300%, las eléctricas casi 1.500% de promedio y el servicio de agua corriente cerca de 1.000%. Sólo para comparar, el salario mínimo está en 9.500 pesos, la jubilación mínima en 7.600 y la mitad de los trabajadores cobran sueldos por debajo de los 11.000 pesos. Esta es la realidad que hace que cada vez más familias tengan que destinar hasta un 15% de sus ingresos simplemente para pagar facturas de servicios o el transporte.

El objeto de estos descomunales tarifazos -que no han terminado, ya que habrá una nueva suba del gas en octubre/noviembre- es ajustar el gasto público reduciendo los subsidios que el Estado le otorga a las empresas privatizadas. Así, en estos dos años, esos subsidios se achicaron en 90.000 millones de pesos. Claro que esto no se reflejó en un descenso del déficit fiscal (lo que gasta de más el Estado en comparación con lo que recauda) ya que esos “menores gastos” fueron más que compensados con el aumento de lo que se paga en conceptos de intereses de deuda externa.

El gobierno de Macri comenzó diciendo que los subsidios eran un escándalo, ya que les permitían a los ricos “calentar las piletas de natación en invierno”. Claro que en vez de ponerle altos impuestos por ese derroche o cobrarles tasas diferenciales, lo que se hizo fue lanzar estos feroces tarifazos, que hacen que hoy los servicios esenciales como la calefacción o la luz pasen a ser un lujo.

Mientras tanto, las empresas de servicios públicos privatizadas nunca perdieron. En la época del peronismo menemista ganaron con las altísimas tarifas dolarizadas. Luego de 2001, cuando se congelaron o subieron por debajo de la inflación, siguieron embolsándose millonadas a través de los subsidios que les otorgaba el peronismo kirchnerista. Ahora Macri y Aranguren achican esos subsidios, pero a cambio les otorgan tarifas astronómicas. En síntesis, las empresas siempre ganan, mientras a cambio brindan servicios horribles. Como ejemplo recordemos a los continuos apagones de las empresas de electricidad, o que sigue sin invertirse en la red de gas natural, con millones de argentinos, justamente los más pobres, dependiendo de la garrafa, un servicio aún más caro.

Ante el crecimiento de la bronca por tarifas que ya son impagables, ahora el gobierno sale a buscar cambiar el eje del debate, diciendo que el problema son “los altos impuestos” que componen la boleta. Y planteando que parte de esos impuestos son provinciales, tirándoles así el “paquete” a los gobernadores. La realidad es que el impuesto que mayor peso tiene en las facturas es justamente el IVA, el único que Macri no quiere tocar.

Pero no debemos confundirnos: el problema central del alto costo de las tarifas no son los impuestos, sino los valores que se les garantizan a las empresas privatizadas para que sigan con sus negocios a costa de todos los usuarios.

Desde Izquierda Socialista somos claros: hay que retrotraer y suspender inmediatamente estos tarifazos, planteando una salida de fondo: la reestatización de todas las privatizadas y su puesta en funcionamiento bajo la gestión de sus trabajadores y usuarios.

Las imágenes valen más que mil palabras. Los trabajadores del subte fueron reprimidos, sus delegados detenidos y están con amenazas de desafuero. La UTA, mientras tanto, tras haber firmado una paritaria por el 15% en cuotas, no solo no los apoya, sino que los criminaliza, denunciándolos como “no representativos” de sus compañeros. Hace un par de días tuvimos otra represión, a los despedidos de Cresta Roja, y antes, a los trabajadores del INTI. Más atrás en el tiempo también habían sido reprimidos los mineros de Río Turbio, que finalmente consiguieron la reincorporación de 160 compañeros. Todos estos hechos son una síntesis de a dónde nos quiere llevar el pacto de Macri con el FMI y su ajuste.

Están dispuestos a hacerlo pasar a toda costa, con “mano dura”, incluso con palazos, balas de goma y gas pimienta. Para ello cuentan con la complicidad de buena parte de la burocracia sindical.

Al ajuste que ya se venía dando con los tarifazos y la inflación ahora se le sumó el alza de precios de estos días, con remarcaciones desaforadas por todas partes. Ya cualquier trabajador sabe que aceptar el techo salarial de 15% es resignarse a perder una porción importante de su poder adquisitivo. Y todo esto antes de que se firme el acuerdo con el Fondo, que nadie duda significará un mayor ajuste. Esto alimenta la bronca. La imagen del gobierno está en su peor momento, como lo pudieron comprobar los propios funcionarios de Cambiemos en sus “timbreos” del fin de semana pasado, donde fueron repudiados, verificándose lo que ya señalaban todas las encuestas: que la inmensa mayoría está en contra de cualquier acuerdo con el FMI.

En los lugares de trabajo crece el debate acerca de qué hacer para enfrentar todo esto. Mientras tanto se siguen dando duras luchas, como la de los docentes de Neuquén, que llevan un mes y medio de paro; o el resto de la docencia, que este miércoles 23 realizará una marcha federal a Plaza de Mayo, o el ya mencionado de los compañeros del subte. Frente a esta realidad, el rol de la mayoría de la directiva de la CGT le sigue salvando las papas al gobierno. En estos días, el triunviro Héctor Daer llegó a decir: “No descartamos el paro, pero por ahora no es el momento”.

¡Increíble! ¿Cómo que ahora no es el momento? Si con la inflación pulverizando salarios y jubilaciones, con trabajadores reprimidos y presos, con un plan de ajuste del FMI en puerta “no es el momento”, ¿cuándo va a ser? Lo concreto es que continúan buscando excusas para ganar tiempo y no hacer nada: la burocracia de la CGT se reúne y convoca a otra reunión, que a la vez llama a una ronda de consultas con la Iglesia y los empresarios. La clásica “calesita” para justificar su inmovilismo. La oposición peronista en sus diversas versiones, por su parte, sigue desojando la margarita en su reacomodamiento con la mirada en 2019. Así algunos se reúnen con Macri e incluso le dan la razón en que “el gobierno tiene la potestad en decidir sobre las tarifas”, como Schiaretti y Urtubey. Otros, más vivos, viendo cómo crece el repudio al macrismo, se radicalizan en sus discursos. Pero ninguno plantea una sola medida para salir a enfrentar ahora el ajuste. Todos, en nombre de la “gobernabilidad”, se juegan a sostener a Macri y, en todo caso, apuntar sus expectativas a las elecciones de 2019.

Desde el peronismo kirchnerista es de donde se escuchan planteos altisonantes contra el FMI y las políticas de ajuste de Macri. Lo mismo desde la CTA y la Corriente Federal de la CGT. Hace unos días Pablo Moyano planteó que “es necesario un paro antes del mundial”. Pero hasta el día de hoy todo queda en palabras. De nuevo, es un planteo “para llevarlo a una reunión de la directiva de la CGT”. Nadie lo concreta ni se plantea organizarlo. Como lo escuchamos reclamado a gritos por los compañeros del subte, de ATEN y tantos otros.

Es necesario salir ya mismo a enfrentar el ajuste. Hay que conformar un gran movimiento nacional, obrero y popular contra el pacto Macri-FMI y por el no pago de la deuda. Para llevarlo adelante desde el Frente de Izquierda hemos tenido la iniciativa de lanzar una campaña con una declaración unificada que reproducimos en las páginas de este periódico, y un petitorio para firmar masivamente, planteando salir con todo a las calles, poniendo mesas donde expliquemos las consecuencias del pacto, y terminando con actos en todo el país. Reclamando, como también lo hace el sindicalismo combativo, que se convoque ya mismo a un paro nacional y a un plan de lucha para derrotar el ajuste y el pacto Macri-FMI. Es la tarea urgente de estos día

 

 
 
 
 
 
 

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