Sep 24, 2020 Last Updated 4:44 PM, Sep 24, 2020

Escribe Juan Carlos Giordano, diputado nacional electo Izquierda Socialista/FIT-Unidad

 

El presidente del bloque del Frente de Todos en Diputados, Máximo Kirchner, dijo recientemente en una sesión parlamentaria: “Hicieron zoom desde sus casas mientras les piden a los trabajadores que vayan a producir a riesgo de enfermarse”. El hijo de la vicepresidenta reflejaba así su molestia por una reunión que había tenido la cúpula de la CGT con la crema de los empresarios nucleados en AEA (Asociación Empresarial Argentina), entre ellos, de cuerpo presente, Paolo Rocca (Techint), Magnetto (Clarín) y Marcos Galperín (Mercado Libre). Carlos Acuña, el segundo de Daer en la CGT, le salió al cruce: “Este muchacho no laburó en toda su vida y nos va a venir a decir a nosotros cómo tenemos que manejar la CGT”.

¿Cuál fue el motivo del enojo de Máximo Kirchner? ¿Que la CGT se reúne con grandes empresarios? ¿Que deja en banda a los trabajadores y debe delinear un plan de lucha? ¿Que hay que desplazar a esos burócratas para reemplazarlos por dirigentes combativos? Nada de eso. Su reproche a los burócratas de la CGT fue porque luego de esa reunión emitieron un documento conjunto diciendo que hubo “muchas décadas de mal desempeño económico en el país”, incluyendo los doce años de gobierno peronista kirchnerista. Por eso saltó Máximo y le recordó a Daer que compare la cantidad de afiliados que tenía su gremio en aquellos años para que vea la diferencia respecto de otros gobiernos. De esa forma, el dirigente de La Cámpora intenta encubrir que en esa década ganaron los bancos, las multinacionales, los grandes empresarios y el FMI (cuando Néstor Kirchner le pagó de contado 10.000 millones de dólares de deuda diciendo que de esa manera el país se iba a liberar), no los trabajadores.

Máximo eleva la voz contra Daer y la CGT criticando la reunión que mantuvieron con esos empresarios. Pero son los mismos empresarios que, junto con Daer, se sacaron la foto el 9 de julio en Olivos con el presidente de Máximo Kirchner, Alberto Fernández. Foto que le valió críticas de Hebe de Bonafini y de Cristina. Pero ya antes Máximo Kirchner había hecho lo propio reuniéndose con otros empresarios junto a Sergio Massa. ¿De qué están hablando?

Tal vez algún trabajador vea bien las declaraciones de Máximo contra la CGT, que deja pasar el ajuste, los despidos y la entrega del país, pero alertamos que se trata de otro doble discurso de este sector del peronismo. Esta misma CGT es la que pactó con la UIA la rebaja salarial de 25% a los trabajadores, de la mano del gobierno de Alberto Fernández, que Máximo Kirchner integra y nunca dijo nada.

La careta se le cae a Máximo Kirchner cuando dice que, en cambio, ve con buenos ojos a Hugo Yasky, de la CTA. Yasky dice que no hay que luchar porque enfrentar al gobierno de Fernández es “hacerle el juego a la derecha”. Yasky es quien anunció un impuesto a la riqueza y lo archivó. Es parte de la burocracia autotitulada “progre” y de “centroizquierda” que no mueve un dedo por ningún conflicto, al contrario, apoya al gobierno con un discurso contra el “neoliberalismo” de Macri y a favor de un “capitalismo productivo”, del que también habla el presidente.

También Máximo Kirchner estaría haciendo buenas migas con el camionero Pablo Moyano, por la importancia de la “logística”, dicen. Y hasta con la burocracia de la Uatre, gremio de los trabajadores rurales, por el rol que tiene en el sector agroindustrial, también dicen. Todo en miras a juegos entre políticos patronales peronistas y burócratas sindicales del mismo palo.

Les recordamos a los trabajadores que simpaticen con las denuncias de Máximo Kirchner que el peronismo kirchnerista gobernó en sus doce años con el apoyo de la CGT de entonces, cuando la presidió Hugo Moyano primero, luego el tándem Moyano-Barrionuevo y, posteriormente, el triunvirato Moyano-Barrionuevo-Caló. Era la propia Cristina Kirchner quien visitaba la sede de la Unión Ferroviaria nacional y se ponía la gorra de la Lista Verde del burócrata José Pedraza, el que mandó a matar a Mariano Ferreyra y avaló el remate de los ferrocarriles en los años ’90 bajo otro gobierno peronista, el de Carlos Menem.

A las nuevas generaciones de trabajadores les decimos que el kirchnerismo atacó a los trabajadores. Por eso hubo paros generales contra los bajos salarios, el impuesto a las ganancias que pagaron, y pagan, millones de trabajadores, y la pobreza. Fue bajo el kirchnerismo que al Pollo Sobrero lo metieron preso por las calumnias de Aníbal Fernández, que lo acusó de quemar trenes. A los trabajadores del Indec que denunciaban a la patota de Guillermo Moreno los difamaban diciendo que actuaban “con los bonistas de la deuda”. Cristina Kirchner trató de vagos a los docentes y de “destituyentes” y “golpistas” a los paros que hizo la CGT Moyano cuando rompió con su gobierno y terminó apoyando a Macri.

Máximo Kirchner coquetea con distintos sectores de la burocracia sindical que se van cobijando bajo los distintos gobiernos de turno al calor de sus privilegios y obras sociales millonarias, a cambio de obtener apoyo y la entrega de las luchas. Es el viejo juego de esta burocracia, que es parte del movimiento patronal peronista, que pregonó históricamente que “los sindicatos son de Perón”, usurpando esas herramientas de lucha de los trabajadores.    

Máximo Kirchner hace gala del frecuente doble discurso al que nos tienen acostumbrados los políticos patronales del peronismo. Desde la izquierda les proponemos a los trabajadores seguir luchando contra las patronales y el gobierno por aumento de salario, contra los despidos y el ajuste en curso. Enfrentar el pacto UIA-CGT-gobierno. Repudiar a todos los dirigentes cómplices, tanto de la CGT como de las CTA, y sumarse al sindicalismo combativo que lucha y no se vende. Postular medidas de fondo, con un inmediato impuesto a las grandes riquezas y el no pago de la deuda, lo opuesto a lo que hace el gobierno de Alberto Fernández, Cristina Kirchner y el diputado Máximo Kirchner. Para ello llamamos a fortalecer al Frente de Izquierda Unidad y a que se sumen a Izquierda Socialista.

 

 

Escribe Atilio Salusso

El informe y el cierre del plenario en la conferencia del día sábado por parte de Izquierda Socialista en la UIT-CI estuvieron a cargo de nuestro compañero Juan Carlos Giordano, diputado nacional electo, quien remarcó inicialmente las importantes coincidencias que se manifestaron en las distintas charlas para tener en cuenta a la hora de avanzar en políticas unitarias, no sin antes contestar a algunas polémicas.

Los debates

Antes de Giordano habló Gabriel Solano, del Partido Obrero, quien se centró en explicar sus razones sobre la “marginalidad de la izquierda revolucionaria” en Latinoamérica. Adujo que obedece a la política claudicante del resto de la izquierda, exceptuando al  PO, centralmente por no responder bien a los golpes de Estado y al nacionalismo burgués. Giordano contestó que, sobre este tema, Izquierda Socialista tiene una visión opuesta. Primero, y si es por responder bien a los golpes y cómo se enfrenta al chavismo, el ejemplo hay que buscarlo en Venezuela, donde el clasismo nucleado en lo que hoy es el Partido Socialismo y Libertad (PSL) estuvo en la primera fila en la derrota del golpe de 2002. Y si la izquierda revolucionaria no es más fuerte es por el rol de los aparatos de conciliación de clases y contrarrevolucionarios. “Solano no nombró a quienes llevaron a la derrota a enormes procesos revolucionarios, como el Partido Comunista y Allende en Chile, con la política de la ‘vía pacífica al socialismo’, o el papel del castrismo, que años después de la revolución cubana el mismo Fidel Castro aseguró que ‘no va más otra Cuba en Nicaragua’, bajo la nefasta teoría estalinista del socialismo en un solo país”.

Hace años que venimos batallando contra la influencia de la conciliación de clases que impuso el peronismo en la Argentina desde el ’45, haciendo creer a la clase obrera que un movimiento patronal puede liberarla. Y en estos años vimos a los gobiernos del doble discurso, como el de Lula y el PT, o los que surgieron de procesos revolucionarios, como el kirchnerismo tras el Argentinazo, el chavismo pos-Caracazo en Venezuela, o el MAS tras las guerras del gas y el agua en Bolivia, que generaron enormes ilusiones en las masas –a pesar de nuestros alertas– y terminaron llevándolas al fracaso. Todos fueron una traba para avanzar. Por eso llamamos a seguir enfrentando estas políticas, como lo hace el FIT en la Argentina, el PSL en Venezuela, y como lo estamos impulsando con distintas variantes en cada país. Negar estos hechos, como hace el PO, es buscar atajos o culpar sin fundamentos a las corrientes que venimos dando una pelea denodada contra estos aparatos solo por el hecho de querer dar a entender que solo el PO es revolucionario.

Lo mismo pasa con el debate sobre el FIT, donde el PO dice que es “una excepción”, porque en la Argentina está el Partido Obrero, y donde no está el PO hay frentes claudicantes. Giordano respondió que el FIT no es patrimonio del PO sino “un gran avance por la unidad de la izquierda lograda entre los compañeros del PO, el PTS, Izquierda Socialista y el MST. Siempre hemos considerado al FIT como una entidad superior que ninguno de los partidos que lo integramos por sí solo podría haber logrado. Y que hubo otros frentes de izquierda anteriores al FIT, de los cuales el PO no participó”.

Por otra parte, sobre lo que dijo Alejandro Bodart (MST-LIS), de que hay que estar abiertos a “movimientos amplios”, Giordano recordó que en honor a esa política equivocada de “amplitud” el MST llegó a acuerdos con dirigentes políticos patronales como Luis Juez (que terminó siendo embajador de Macri) y Pino Solanas (ahora embajador del peronismo), se disolvió en el chavismo ingresando al partido de gobierno, PSUV, y apoyó políticamente a Syriza, que llevó a una catástrofe a los trabajadores y a la juventud en Grecia, mientras nosotros construíamos al Frente de Izquierda.

Unir a los revolucionarios

Giordano resaltó las importantes coincidencias entre las fuerzas convocantes (por ejemplo, en considerar que el capitalismo no va más, postular un programa económico obrero y popular y valorar la enorme rebelión en los Estados Unidos), para desde allí avanzar en la tarea estratégica por fortalecer una nueva dirección sindical y política, en la Argentina y en el mundo. Una tarea que se ha demostrado difícil, pero que es indispensable, necesaria y urgente, recordando a Trotsky cuando decía que “el problema no es que hay un capitalismo fuerte o que no da la relación de fuerzas para destruirlo, sino en que hay que dotar a la clase obrera de una dirección revolucionaria para llevarla al triunfo”. Y que para ello “hay que despojarse de todo sectarismo, oportunismo y autoproclamación y apostar a la unidad de los revolucionarios”.

Giordano finalizó reafirmando el planteo de Izquierda Socialista y la UIT-CI: “Impulsar un movimiento de unidad entre todas las organizaciones que hemos sido parte de esta conferencia para hacer las campañas internacionales, jornadas en apoyo a la rebelión en Estados Unidos, contra la criminalización de la protesta y el no pago de la deuda. Unidad para seguir fortaleciendo al sindicalismo combativo y al FIT con su programa de independencia de clase. Y fundamentalmente, la unidad de los revolucionarios, sean trotskistas o no, bajo un programa mínimo revolucionario para empujar por la salida obrera y socialista. Para ello aportamos, como bien dijo nuestra compañera Priscilla de Panamá, todo nuestro esfuerzo y nuestra política poniendo para ello a nuestras secciones en Latinoamérica y el Caribe, la Unión Europea, Estados Unidos y Turquía como parte de la UIT-CI, que surgió en el año 1997 y fue avanzando con la fusión de distintas corrientes que se reivindican continuadoras de León Trotsky y nuestro maestro, Nahuel Moreno. Somos parte del movimiento trotskista nacional e internacional que durante décadas bregamos por la construcción de la Cuarta Internacional. Ponemos modestamente toda nuestra militancia en la Argentina y en otros países para fortalecer ese camino por lograr una nueva dirección revolucionaria que pelee por un gobierno de los trabajadores y el socialismo en la Argentina y en el mundo”.

Ver las intervenciones de Giordano en el Plenario general: https://youtu.be/U-DsQtpNmIw

Este miércoles 22 de julio a las 11hs nos movilizamos desde Congreso a la Casa de la Provincia de Buenos Aires (Callao 237). La convocatoria es del sindicalismo combativo y sera acompañada por la izquierda.

Juan Carlos Giordano, diputado nacional electo por Izquierda Socialista en el FIT-UNIDAD, señaló: “Hace más de 80 días que Facundo Castro está desaparecido. Y desapareció luego que fuera interceptado por la bonaerense de Berni y Kicillof. Tanto la madre de Facundo como su abogado vienen denunciando el encubrimiento policial y han aportado pruebas suficientes que involucran a esta mal llamada “fuerza de seguridad”. Esta marcha es para acompañar el reclamo de sus familiares por aparición con vida ya. Denunciando que la Bonaerense y el gobierno son los responsables. Y junto a ello decimos castigo a los autores materiales y políticos de todos los casos de gatillo fácil que se han acrecentado en plena cuarentena”.

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Escribe Juan Carlos Giordano, diputado nacional electo Izquierda Socialista/FIT Unidad

El presidente Alberto Fernández dijo la semana pasada en la reunión anual de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa que “no hay opción al capitalismo, pero se fue degradando y llegó la hora de ponerlo en su verdadera dimensión”. Y agregó: “El capitalismo debe revisar esas cosas, porque cuando empezó a tener más importancia el gerente financiero que el de producción el sistema empezó a ser menos noble”.

Es la segunda vez que Fernández hace referencia al tema. Da la idea de que habría un “capitalismo productivo” bueno, y otro malo, el “capitalismo financiero”. Lo mismo dicen cada tanto el papa Francisco y otros voceros del establishment mundial. ¿Es cierto que habría un capitalismo favorable para el pueblo trabajador?

Desde Izquierda Socialista consideramos que el capitalismo es uno solo, y es sinónimo de hambre, pobreza, desigualdad social y destrucción del planeta. Entonces, la pregunta que le hacemos a Fernández es ¿dónde está el capitalismo “bueno” que aumenta los salarios, otorga el 82% móvil a las jubilaciones, reabre miles de fábricas, da trabajo genuino y asegura un futuro digno? Este “paraíso capitalista” no existe en los Estados Unidos, China, la Unión Europea, Rusia, Venezuela ni en la Argentina.

El capitalismo está destruyendo a la humanidad

El sistema capitalista mundial degrada a la clase trabajadora y a la naturaleza. Nuestro máximo dirigente, Nahuel Moreno, decía: “A partir de fines del siglo XIX, con el surgimiento de los monopolios, el capitalismo comenzó a transformarse en su etapa imperialista. Y desde 1914 la existencia de la burguesía (dueña de los medios de producción y de cambio) y de los estados burgueses y sus fronteras nacionales se transformaron en un tapón absoluto para el crecimiento. Las fuerzas productivas dejaron de crecer. La Primera Guerra Mundial, con su secuela de millones de muertos (una sangrienta y fabulosa destrucción de fuerzas productivas), fue una expresión monstruosa de la decadencia del capitalismo” (Visión marxista de la sociedad, pág. 15, Ediciones El Socialista, 2008).

Es que el sistema capitalista tiene como eje la ganancia para un puñado de millonarios, grupos económicos, bancos y terratenientes. Y en su decadencia apela cada vez más despiadadamente a su vieja receta de descargar planes de superexplotación y saqueo sobre millones. Lo vemos ahora en plena pandemia, y lo vimos antes, desde las crisis capitalistas anteriores, y en especial la del pico de 2008, que ya había sido comparada con la depresión del ’29. En 2008 se salvó con miles de millones de dólares al Citibank y a General Motors. Ahora se hace lo mismo con las grandes empresas y multinacionales. ¿Por qué no se salva a los sistemas de salud? Porque la esencia del capitalismo es otra.

Es más, el capitalismo se ha transformado en una amenaza para la humanidad. Doscientos cincuenta científicos anunciaron que en 2050 peligrará la especie humana a causa del cambio climático contaminante producido por las multinacionales y el agronegocio. No solo no hay un “capitalismo productivo”, sino que han aumentado las fuerzas destructivas, como el armamentismo. Para combatir el cambio climático, por ejemplo, se requeriría erradicar la actual tecnología de producción de energía y obtener otra no contaminante, lo que implicaría un costo de 240.000 millones de dólares al año, menos de la mitad de lo que gastan los Estados Unidos en armamento, seguidos por China, India, Francia y Rusia. Y está claro que el desarrollo de la ciencia, en vez de traer beneficios a las masas del mundo, está provocando más empobrecimiento y crisis humanitarias.

¿Cómo actúa el capitalismo ante las crisis? Lo más lógico sería abrir fábricas y construir viviendas, escuelas y hospitales para reactivar la economía. Nada de eso ocurre ni ocurrirá. Precisamente porque desde fines de los años ’60 el capitalismo es más parasitario que nunca. Siempre trató de superar las caídas de sus ganancias con inversiones especulativas o capitales golondrina. Detrás de las subas y caídas del precio del petróleo o de la soja, por ejemplo, se esconden enormes maniobras financieras en función de las ganancias capitalistas, no de la producción. Eso es el capitalismo.

Hay que reemplazar al capitalismo por el socialismo

Cuando cayó el muro de Berlín en 1989 los políticos capitalistas pregonaron el “triunfo del capitalismo” y que con la “globalización” capitalista nos íbamos a salvar. Pasaron treinta y un años y el capitalismo está mostrando su verdadero rostro. También se decía que los países del Primer Mundo eran un ejemplo ante los denominados “bananeros” latinoamericanos. Pero si hay países capitalistas donde hay un mayor ingreso per cápita se explica por la explotación que hacen sobre nuestros pueblos vía los pagos de la deuda y una mayor dependencia y sometimiento. Todos los países son parte de un mismo capitalismo mundial que funciona para la ganancia de unos pocos, en los Estados Unidos, Europa, Asia y Latinoamérica. Esa es la cruda realidad. Jeff Bezos, de Amazon, uno de los hombres más ricos del mundo, posee una fortuna de 131.000 millones de dólares producto de la superexplotación de sus trabajadores/repartidores y de un sistema capitalista que se lo permite, no porque posea alguna inteligencia o capacidad especial.

Todo esto demuestra que no hay dos capitalismos, uno malo y otro bueno o “productivo”. Alberto Fernández lo afirma para hacer creer que los males actuales son culpa de los gobiernos “neoliberales” o de derecha y que con una mayor intervención del Estado, como pregona el peronismo, habría un cambio favorable. Pero cuando gobernaron las alternativas patronales “populares o progresistas” no se combatió a ningún capitalismo. Lula en Brasil, Néstor y Cristina Kirchner en la Argentina, Mujica en Uruguay, Correa en Ecuador, Evo en Bolivia y Chávez-Maduro en Venezuela mantuvieron los pilares capitalistas, pagaron puntualmente la deuda externa y los bancos y las multinacionales “la levantaron en pala” mientras el pueblo trabajador siguió hundido en la pobreza. Bajo todos los gobiernos, de derecha o de centroizquierda, los resultados han sido los mismos, desocupación, robo salarial, miseria creciente y destrucción del ambiente. Ocurre ahora con el republicano racista y deplorable magnate Donald Trump, como antes con el demócrata afrodescendiente Barack Obama; en los Estados Unidos gobernados por un derechista y en la China capitalista bajo la dictadura del Partido Comunista.

Llamamos a no confiar en el doble discurso de Alberto Fernández y el peronismo del Frente de Todos y a luchar por verdaderas transformaciones sociales, avanzando en el combate contra los ricos y grandes grupos económicos para poner todos los resortes de la economía al servicio de acabar con los males sociales. Esto se logrará derrotando al capitalismo y construyendo otro sistema, socialista, donde con plena democracia obrera sean los trabajadores los que diseñen un modelo económico y social distinto del actual, que solo beneficia a una minoría parasitaria que nos está llevando a desastres permanentes.

El sistema capitalista imperialista no puede regularse o reformarse. Hay que reemplazarlo. Sabemos que no es una tarea fácil, pero es la única posible. Sí es una mentira total la afirmación de Alberto Fernández de que hay un capitalismo que puede favorecer al pueblo trabajador. 

 

 

Escribe Juan Carlos Giordano, diputado electo Izquierda Socialista/FIT Unidad

 

Dirigentes peronistas que son parte, o defienden al gobierno -ya sean sindicales o políticos-, tienen un justificativo a la hora de explicar por qué Alberto Fernández no avanza contra los empresarios, los bancos y las multinacionales. Dicen que el gobierno retrocedió con el impuesto a la riqueza o la expropiación de Vicentin porque “no da la relación de fuerzas” para imponerlos. Es decir que no estarían dadas las condiciones porque del otro lado habría una fuerza contrarrestante que lo impide. ¿Quiénes serían? Los “medios hegemónicos” como Clarín, Macri, la derecha, la Justicia, etcétera. Dicen: “Si con solo anunciar el impuesto a la riqueza pusieron el grito en el cielo, ¡mirá si presentábamos el proyecto!”.

La burocracia sindical, en especial la que responde al kirchnerismo, decía lo mismo cuando gobernaba Macri, que no se podía derrotar el ajuste “porque los trabajadores habían votado a la derecha”. De esa manera fomentan una versión derrotista (que, si fuera así, nunca se podría avanzar en las transformaciones que necesita nuestro país) y esconden la verdad, que el peronismo del siglo XXI, lejos de querer combatir a los de arriba, los protege.

El gobierno no quiere

Antes de semejante afirmación deberían responder a un primer interrogante, ¿de verdad el gobierno quiere avanzar contra los de arriba y no puede? Si quisiera, ¿por qué no convoca a los trabajadores y demás sectores populares a pronunciarse y a movilizarse para imponer el impuesto a la riqueza, por ejemplo? Era de esperar que Techint, Clarín y Macri iban a estar en contra. ¿Pero el gobierno apeló a todo lo que tiene a su alcance para llamar a defender la medida?

Si bien hay medios opositores, también hay otros que apoyan furibundamente al gobierno. ¿Por qué el presidente no concurrió al oficialista canal C5N a pedir apoyo para lograrlo? La burocracia sindical de la CGT y las CTA, ligadas al gobierno, ¿por qué no hicieron asambleas virtuales llamando a los trabajadores a pronunciarse? Los movimientos sociales progobierno ¿por qué no hicieron lo mismo en cada barrio obrero y popular? Nada de eso ocurrió.

Dicen que “no dan las fuerzas” cuando las encuestas revelan que el 80% de la población está de acuerdo con ese impuesto. Hay apoyo popular, pero los diputados Máximo Kirchner, Carlos Heller y Hugo Yasky no presentaron un solo proyecto. Lo mismo pasa con Vicentin. El gobierno retrocedió con el anuncio de la expropiación después de marchas minoritarias y el fallo en contra de un juez de la pequeña ciudad de Reconquista. ¿Un juez tiene más fuerza que un gobierno? Una ridiculez. El director del Banco Nación, Claudio Lozano, reveló la verdadera razón diciendo que “nunca estuvo en los planes la expropiación”. Lo mismo podríamos decir de la deuda externa, a pesar de que una investigación del Banco Central confirmó que el endeudamiento de Macri fue para la timba financiera se terminó reconociendo. Puro doble discurso.

Hay fuerzas de sobra para imponer los cambios de fondo

No es cierto que no hay fuerza en nuestro pueblo para avanzar si un gobierno se lo propone. Esto no implica que el triunfo esté asegurado de antemano, pero para ganar una pelea hay que darla, cosa que no hace el Frente de Todos.

Sabemos que los grupos de poder siempre van a estar en contra de perder, aunque sea en parte, una porción de sus privilegios. Reconocer esto es para dar mejor la pelea, no para decir mentirosamente que “no dan” las fuerzas. ¿O acaso en el país no hubo un Cordobazo o un Argentinazo con grandes logros? ¿O acaso en el mundo no estamos viendo una gran fuerza que acorrala al racista Donald Trump, o al pueblo palestino que obligó a suspender la anexión de territorios por parte de Israel, o al pueblo chileno que el año pasado realizó gigantescas movilizaciones y ahora vuelve a la palestra con protestas contra el repudiable Piñera?

Imponer un impuesto a las grandes fortunas sería lo más lógico y necesario para volcar millones al combate de la pandemia. Pero el gobierno usa el apoyo popular que tiene para salvar las ganancias capitalistas.

El viejo peronismo del ’45 avanzó con enormes medidas sociales a pesar de las trabas y los roces con los sectores conservadores, la Iglesia y el imperialismo norteamericano. Y se negó a aceptar las recetas del FMI. Pero esa época ha quedado en el recuerdo. El peronismo que gobierna desde los años ’70 hasta hoy fue abandonando sus viejas y famosas banderas sociales –“justicia social, soberanía política e independencia económica”– para pactar con los grandes empresarios y las multinacionales. El menemismo de los años ’90 (con el apoyo de lo que luego fue el peronismo kirchnerista), lejos de tomar alguna medida contra los de arriba, usó el apoyo popular de entonces para privatizar todo, endeudarnos al doble con el FMI e inaugurar las relaciones carnales con los Estados Unidos. Y en los doce años de kirchnerismo, y con el doble discurso de Cristina Kirchner, también ganaron los bancos y las multinacionales. “Se la llevaron en pala”, decía la ex presidenta, provocando que el repudio popular y el cansancio de los trabajadores con su gobierno terminaran llevando a Macri a la Casa Rosada. Ahora el gobierno peronista de Alberto Fernández habla de gobernar para los más vulnerables mientras aplica un ajuste con rebajas salariales y jubilatorias y les otorga prebendas a los grandes capitalistas. No da ninguna pelea porque gobierna para los de arriba. Esa es la cruda realidad.

Consideramos entonces que el gobierno y sus voceros intentan confundir a los trabajadores y a los honestos luchadores que quieren un cambio de fondo con el argumento de que las fuerzas no dan para gobernar para los de abajo. Llamamos a los trabajadores a sacar conclusiones y les ofrecemos un lugar común para construir una alternativa política distinta de la del peronismo, una alternativa de los trabajadores y la unidad de la izquierda, como lo venimos haciendo desde Izquierda Socialista junto al Frente de Izquierda Unidad. Para luchar por cambios de fondo y un gobierno de trabajadores que ajuste cuentas con una minoría parasitaria patronal capitalista que nos viene gobernando de la mano de las administraciones de turno y dé paso a las transformaciones sociales necesarias para erradicar el hambre, la explotación y la entrega. 

 

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