
José Castillo
Vergonzoso. No cabe otra palabra. No hubo quórum y el DNI 70/23 sigue vigente. Fue la conclusión de varios días de “rosca” del gobierno de Milei con los gobernadores (incluyendo un viaje a Paris). En una jornada cargada de disputas políticas, negociaciones tras bambalinas e intensas presiones provinciales, la Cámara de Diputados de la Nación no logró reunir el quórum necesario para debatir el rechazo al DNU 70/23 de Javier Milei, así como los proyectos sobre emergencia en discapacidad y endeudamiento familiar. A las 14:31, cumplidos los 30 minutos de tolerancia parlamentaria, el tablero electrónico de la Presidencia de la Cámara marcó 121 diputados presentes sobre los 129 requeridos, sepultando la sesión promovida por los bloques opositores. El gobierno no sólo evitaba una reunión en la que podía salir derrotado, sino que también apostaba a “desinflar” la movilización que se estaba ya reuniendo en la Plaza del Congreso.
Las ausencias clave y la rosca de los gobernadores
La frustrada sesión expuso con nitidez quien es quien y, por sobre todo, desenmascaró una vez a la llamada “oposición dialoguista”, incluyendo a diputados que responden a varios gobernadores peronistas.
Ya se preveían de antemano algunas deserciones, pero el gobierno de Milei logró profundizar las “traiciones”, con varios ausentes de último momento. Veamos:
Del bloque de Provincias Unidas faltaron representantes claves como la cordobesa Alejandra Torres (vinculada al esquema del gobernador Martín Llaryora) y los santafesinos Gisela Scaglia y José Núñez (en el radar del radical Maximiliano Pullaro). Del bloque de los gobernadores del norte desertaron varios de los legisladores del gobernador peronista Osvaldo Jaldo y del radical Carlos Sadir.
Más escandalosa fue la ausencia de diputados y diputadas que pertenecen al propio bloque peronista de Unión por la Patria: la santiagueña Estela Mary Neder y el fueguino Pablo Tita.
El capítulo más áspero en el recinto y en los pasillos de la Cámara Baja se dio en torno a los diputados que firmaron la convocatoria a la sesión especial y posteriormente no se presentaron a sentarse en sus bancas. Uno de los casos más controvertidos fue el de la diputada jujeña Natalia Zigarán (integrante del espacio radical alineado al gobernador Sadir). Su firma figuró de manera formal en el documento que exigía a la Presidencia de la Cámara habilitar la sesión del jueves. Sin embargo, a la hora señalada, su banca permaneció vacía.
Dentro del mapa de ausencias, la situación de la delegación de Tierra del Fuego concentró la atención mediática. La inasistencia de Pablo Tita, exjefe de Gabinete del gobernador fueguino Gustavo Melella e integrante del interbloque opositor, resultó decisiva en el cálculo numérico final. En medio de una profunda crisis en la isla por la quita de incentivos tributarios y los reclamos por la Ley de Promoción Industrial, la ausencia de Tita obedeció a negociaciones de último minuto entre el gobierno fueguino y la Casa Rosada.
Como siempre, el único bloque que dijo presente al 100% fue el del Frente de Izquierda Unidad. La lección de esta sesión sin quórum fue clarísima: no podemos confiar en el parlamento, y muchos menos en los bloques patronales opositores que, como tantos otras veces, le terminaron salvando las papas al gobierno. La pelea contra la motosierra y la entrega se decidirá con la movilización y en las calles. Y, en el reciento, sólo podemos confiar en las y los diputados de la izquierda, los únicos que consecuentemente, siempre se opusieron a todas y cada una de las políticas de super-ajuste de Milei y el FMI.










