Escribe Guido Poletti
Son datos oficiales: durante el gobierno de Milei ya cerraron 21 mil empresas y se perdieron más de 300 mil puestos de trabajo en blanco. Los ministros Federico Sturzenegger y Luis Caputo afirman, sin ningún pudor, que si bien se perdieron algunos empleos “se crearon otros tantos”. Una afirmación falsa. Los propios datos oficiales del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), que mide el número de trabajadores que realizan aportes al sistema jubilatorio, indican que hay 192.400 trabajadoras y trabajadores menos registrados. Si a esto se suma la caída del empleo público (en la administración central, los organismos descentralizados y las empresas públicas) y lo ocurrido en las provincias, la cifra total supera los 300 mil puestos de trabajo perdidos.
Fate no es un caso aislado. Corre un serio peligro de cierre la Granja Tres Arroyos, de Concepción del Uruguay, una de las empresas avícolas más grandes del país. También está el caso de SKF, en Tortuguitas, con décadas de trayectoria en la producción de rulemanes, que emplea a 150 operarios y ya anunció que relocalizará su planta en Brasil.
Whirlpool pasó de inaugurar una planta de lavarropas en Fátima en 2022 a cerrarla en noviembre de 2025. No fue por problemas tecnológicos ni de obsolescencia: allí se producía el lavarropas de carga frontal más moderno del mundo. La empresa decidió importar desde Brasil y despidió a la totalidad de sus trabajadoras y trabajadores.
Frente a esta verdadera tierra arrasada, que lejos de revertirse tiende a profundizarse, decimos con claridad: hay que defender los puestos de trabajo. Es urgente un plan de emergencia que prohíba las suspensiones y los despidos y que plantee la estatización de toda fábrica que cierre, para que continúe produciendo bajo gestión de sus trabajadoras y trabajadores. Al mismo tiempo, es necesario dejar de pagar la deuda externa y romper con el FMI, para financiar así un gran plan de obras públicas que genere miles de puestos de trabajo genuinos.










