Jul 29, 2026 Last Updated 6:01 PM, Jul 29, 2026

A 90 años del inicio de la Guerra Civil Española

Foto de portada: Milicias obreras y campesinas se organizaron en contra del golpe

Escribe Federico Novo Foti
 
En julio de 1936 se levantó un sector fascista del ejército español encabezado por Francisco Franco. Las masas respondieron al intento de golpe con la insurrección obrera y campesina. Pero la traición de las direcciones mayoritarias del movimiento obrero (socialistas, anarquistas y comunistas) frenaron la revolución y permitieron la recuperación de los militares fascistas dando inicio a la guerra civil española. 
 
El 17 de julio de 1936 el ejército español tomó el control del protectorado de Marruecos. Al día siguiente el comandante general de Canarias, general Francisco Franco, transmitió por radio un manifiesto llamando al alzamiento a las guarniciones militares del país. Aquel manifiesto afirmaba que las “huelgas revolucionarias de todo orden paralizan la vida de la nación”. La proclama terminaba llamando a derrocar al gobierno y a una “guerra sin cuartel” para imponer el orden.1

 La noticia del intento de golpe de estado fue recibida por el presidente de la república, Manuel Azaña (Izquierda Republicana), el mismo 17 de julio. Pero el gobierno no la divulgó hasta el 18, cuando emitió un comunicado que concluía: “El gobierno habla de nuevo para confirmar la absoluta tranquilidad de toda la península, el gobierno reconoce los ofrecimientos de las organizaciones obreras y aunque los agradece, declara que la mejor ayuda que se puede dar al gobierno es garantizar la normalidad de la vida cotidiana, para dar un nuevo ejemplo de serenidad y confianza en los medios de la fuerza militar del estado. Gracias a las medidas de previsión aprobadas por las autoridades, puede considerarse que ha sido disuelto un amplio movimiento de agresión contra la República; no ha encontrado apoyo en la península y sólo ha logrado partidarios en un sector del ejército de Marruecos”.2

 Pero la realidad era bastante diferente. En aquellas regiones donde el gobierno había impuesto sus llamados a mantener el orden, el alzamiento militar había triunfado, como en Zaragoza, Oviedo, Cádiz, Córdoba, Granada y Sevilla. Pero en aquellas otras regiones donde desobedecieron al gobierno, las y los trabajadores y campesinos se armaron, organizaron milicias que asestaron duras derrotas al ejército. Para el 20 de julio, las grandes ciudades peninsulares, como Madrid, Barcelona, Valencia o Bilbao, estaban en manos de las masas insurrectas. 

 El golpe militar había intentado terminar con el gobierno electo en febrero de ese año, liquidar el régimen republicano y el ascenso obrero y campesino. La insurrección de las masas había casi derrotado la intentona golpista. Pero la pasividad del gobierno republicano y la traición de las direcciones mayoritarias del movimiento obrero permitieron la recuperación de los militares fascistas dando inicio a la guerra civil española.
 
Revolución y contrarrevolución

A comienzos de la década de 1930 España era uno de los países más pobres y atrasados de Europa. En las regiones vasca y catalana había cierto desarrollo de la industria (metalúrgica y textil) y en Asturias de la minería. Pero la población vivía mayoritariamente en el campo. Unos cuantos miles de latifundistas y la poderosa Iglesia Católica poseían la mayor parte de las tierras. Millones de campesinos vivían en condiciones de extrema pobreza.

 Por entonces el rey Alfonso XIII y la Iglesia eran las figuras salientes del atrasado régimen capitalista español. Así, el odio creciente de las masas se fue transformando en lucha y en las elecciones municipales de 1931 dio el triunfo a los partidos republicanos y anticlericales. Como resultado, Alfonso XIII debió abdicar, cayendo la monarquía y estableciéndose la Segunda República.

 Desde un comienzo los partidos republicanos patronales en el gobierno y las direcciones de las centrales obreras UGT (socialista) y CNT (anarquista) intentaron sostener un equilibrio imposible entre las demandas de las masas y el mantenimiento del sistema capitalista atrasado. Mientras que la oligarquía terrateniente y la burguesía consintieron inicialmente la proclamación de la República con la expectativa de que terminara con la movilización obrera y campesina. Pero con avances y retrocesos, el ascenso revolucionario se mantuvo y se fue profundizando. Así por ejemplo en 1934 sucedió la insurrección de los mineros de Asturias3, que fue aplastada con un saldo de casi 2.000 muertos y 30.000 detenidos.

 A fines de 1935 el mayoritario partido socialista, un partido liberal burgués y el pequeño partido comunista (que contaba con el prestigio de la URSS y el apoyo de la burocracia soviética) formaron el Frente Popular. La creación del Frente Popular llevaba a cabo la orientación de conciliación de clases (unidad obrero-patronal) impuesta por la Tercera Internacional dominada por José Stalin.

El Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), un partido de izquierda centrista que había estado alineado en la oposición a la burocracia estalinista junto a León Trotsky, rompió con éste y apoyó el programa liberal burgués del Frente Popular. Los anarquistas evitaron realizar una fuerte campaña contra las elecciones y el 16 de febrero de 1936 el Frente Popular ganó con el voto mayoritario de obreros y campesinos.

 El gobierno del Frente Popular intentó en vano, una vez más, conciliar los intereses de las clases en lucha. Pero el enfrentamiento se fue agudizando día a día con oleadas de huelgas y ocupaciones de tierras. Entretanto, la reacción monárquica y la oficialidad fascista, encabezada por Franco, comenzaron a conspirar. En junio, Azaña rechazó el pedido del dirigente de la izquierda socialdemócrata Francisco Largo Caballero de armar a obreros y campesinos y aplastar a los conspiradores.
 
La guerra civil

 El anunciado intento de golpe del 18 de julio fue aplastado por la insurrección de obreros y campesinos en la mayor parte del territorio español. Ante la parálisis del gobierno republicano, las masas se armaron y organizaron milicias, cuestionaron los poderes tradicionales desalojando a los curas de las iglesias, crearon comités para resolver los principales problemas sociales, ocuparon tierras y fábricas.

El gobierno republicano, mientras tanto, pretendía combatir al fascismo sin cuestionar la propiedad privada y temía a las masas, sus comités y milicias. En septiembre de 1936 Largo Caballero asumió la presidencia con la intención de frenar el proceso revolucionario, restaurando las instituciones del estado burgués. Para lograrlo, apeló a la cooptación. En Cataluña ingresaron al gobierno burgués del Frente Popular tanto la CNT (anarquista) como el POUM. Su dirigente, Andreu Nin, asumió como ministro de Justicia.

 Poco a poco el partido comunista fue cumpliendo un papel cada vez más importante. Usando el prestigio de la URSS y el envío a cuentagotas de armas, el comunista Juan Negrín pasó a encabezar el gobierno en 1937. Su labor se orientaría a liquidar toda oposición en el campo republicano. La GPU (policía secreta de Stalin) persiguió a las y los revolucionarios, Nin fue una de sus víctimas.

 La traición de las direcciones socialista, anarquista y comunista a la revolución condenó la lucha contra el fascismo. Finalmente, con el apoyo activo de Benito Mussolini y Adolf Hitler y ante la pasividad de los gobiernos de Francia e Inglaterra, Franco se impuso en todo el país. El costo de esa traición fueron las cuatro décadas de fascismo franquista.

1. Francisco Franco. Manifiesto de Las Palmas, 18/07/1936. Disponible en la web.
2. Citado en “Revolución y contrarrevolución en el Estado Español. 1936-1937” en Suplemento de Lucha Internacionalista Nº 204, septiembre de 2025. Disponible en www.luchainternacionalista.org
3. María Luisa Carnelli. U. H. P. Mineros de Asturias. Buena Vista Editora, Córdoba, 2025.
4. Pierre Broué y Emile Témine. La revolución y la guerra de España. FCE, México, 1962. Disponible en www.marxismo.org

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