
José Castillo
El ministro de Economía, Luis Caputo, anunció con bombos y platillos el lanzamiento de un nuevo plan de créditos hipotecarios. Lo que parecería, a primera vista, una buena noticia que debería permitir el acceso a la vivienda a miles de familias que hoy no la poseen vino, como era de esperar, con trampa.
Empecemos por el principio. ¿Quién financia el programa? El Fondo de Garantía del Anses, o sea, la plata de las y los jubilados, que proviene de la estatización de las AFJP y tiene como objetivo legal proteger el pago de las jubilaciones ante crisis económicas.
El gobierno usará hasta 2 billones de pesos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad del Anses para reactivar los préstamos hipotecarios. Lo hará ofreciendo ese monto a los bancos, por medio de plazos fijos, en licitaciones sucesivas de 200 mil millones de pesos cada una, con dos opciones para las entidades bancarias. Depósitos a un año, con un rendimiento mínimo de UVA más 2,5%, y depósitos a cinco años, con una tasa mínima de UVA más 4,5% (recordemos que UVA quiere decir la tasa de inflación del período). Con esa plata, los bancos ofrecerán créditos a una tasa superior, UVA más 7,5%. O sea, de movida, un negocio con plata de los jubilados y ganancias aseguradas para los bancos.
Pero la otra parte del asunto es quiénes podrán acceder a esos créditos. Evidentemente, no serán los sectores populares. Veamos. Para acceder hay que tener primero el 25% del valor total de la vivienda a adquirir. Con el ejemplo de un departamento de 100 mil dólares, habría que tener ahorrados 25 mil dólares. Pero, además, demostrar ingresos en blanco por 3.400.000 pesos mensuales y estar dispuesto a pagar una cuota de 800 mil pesos por mes durante un plazo mínimo de 15 años.
No es esto lo que necesita el pueblo trabajador. Para resolver el déficit habitacional, de aproximadamente 6 millones de unidades, hay que lanzar un plan de construcción de viviendas populares, financiado no con la plata del Anses, sino con lo que se ahorre por suspender los pagos de la deuda externa. Con cuotas preferenciales y accesibles para las y los jubilados y el pueblo trabajador.










