Foto de portada: “Sin pan y sin trabajo” cuadro de De La Carcova. Una realidad de hace 130 años que hoy se repite

José Castillo
Mientras los endeudados que no pueden pagar ya son un récord, el gobierno no solo los abandona, sino que los señala como responsables por falta de “educación financiera”.
Son 20,9 millones de personas tuvieron que sacar créditos para el consumo. Que quede claro. No fueron “a comprar televisores para el mundial” ni especularon con que “las cuotas se iban a licuar por la inflación”. Fueron trabajadoras y trabajadores que, ante la imposibilidad de cubrir lo mínimo, como la comida, los artículos de limpieza o tocador o los útiles escolares, pagaron con tarjeta y luego no pudieron abonar el total a fin de mes, refinanciando la deuda. O recurrieron a los “préstamos” ofrecidos por Mercado Pago u otras fintech.
De todos ellos, 5,9 millones ya están en mora, lo que quiere decir que se atrasaron en el pago y entonces les empezaron a correr intereses punitorios infernales, multiplicándose rápidamente la deuda. ¿Deben porque compraron “televisores” o “se fueron de viaje al exterior”? ¡No! 2,4 millones, más de un tercio, dejaron de pagar una deuda que era menor a un salario mínimo, 383.000 pesos. Ese monto fue el que comenzó a crecer y ahora deben más de 1.500.000 pesos o más.
El auténtico motivo, la plata no alcanza
El proceso en el tiempo es clarísimo. Los deudores en mora se duplicaron en los últimos dos años. Eso quiere decir que este fenómeno se profundizó cuando comenzó la motosierra de Javier Milei y los salarios y jubilaciones se derrumbaron, cuando decenas de miles de empleados públicos fueron echados, cuando luego la ola llegó al sector privado y así llegamos a hoy con un total de 350.000 puestos de trabajo menos, cuando el dinero desapareció de los barrios populares y con ello las changas y, por último, cuando ya no rindieron ni siquiera los trabajos de las aplicaciones. Ahí, cada vez más familias trabajadoras tuvieron que recurrir al endeudamiento.
Si tomamos los salarios, vemos el punto de partida de este drama. Entre noviembre de 2023 y marzo de 2024, en solo cuatro meses, el salario privado registrado ya había perdido un 14% y las jubilaciones casi un 40%. Ahí arrancó todo. Las familias primero se comieron los ahorros. Las personas que tenían un pequeño colchón, como un plazo fijo, se redujeron de 4,8 millones a 2,6 millones. Luego empezaron a endeudarse.
Es obvio que el fenómeno del endeudamiento no empezó con este gobierno. De hecho, los salarios y las jubilaciones estuvieron cayendo durante todo el gobierno de Alberto Fernández, Cristina Fernández de Kirchner y Sergio Massa. Pero con Milei fue el derrumbe total.
Luego apareció el momento en que ya no se podían pagar las deudas. La mora se duplicó, justamente, entre julio de 2024 y julio de 2026. Los bancos empezaron a cobrar tasas usurarias por refinanciar o a ofrecer “préstamos para pagar préstamos” que multiplicaban indiscriminadamente la deuda. Acá los más miserables fueron las fintech, con Marcos Galperin a la cabeza. Pasaron de 0,5 millones a 9 millones de deudores. Contradiciendo lo que dijo el gobierno, los números no mienten. Los créditos con las casas de electrodomésticos se achicaron. Mercado Pago cobra tasas que duplican la deuda en menos de nueve meses. O sea, los no bancarizados, los que están afuera del sistema, son los más perjudicados.
Bancos y fintech, una vez que el deudor ha caído en mora, no se limitan a “anularle la tarjeta” o ponerlo en el Veraz, lo que ya de por sí impide conseguir otro crédito formal en ningún lado. Empiezan, vía estudios de abogados, a acosarlo con llamadas telefónicas a toda hora, incluso a familiares o a sus propios patrones.
De la deuda a la violencia
Luego se llega al último escalón, el prestamista informal, el usurero de barrio, muchas veces vinculado a actividades delictivas como el narco, la trata o el juego clandestino. Ahí la cosa se pone directamente dramática. Prestan en efectivo, con las tasas más altas del mercado. Evidentemente, lo hacen a gente desesperada, que ya perdió todas las otras posibilidades. Y después viene el “apriete” para cobrar, las amenazas y las agresiones físicas a los deudores o sus familias. Se llega a exigir como parte de pago hasta la propia casa. En los barrios populares ya hay patotas que recorren amedrentando a aquellos que no pueden pagar.
No es una “cuestión entre privados”
El gobierno es responsable. Milei y su ajuste generaron esta situación con la caída de los ingresos. También al permitir que bancos y fintech, sin ningún control, cobren las tasas abusivas que hoy existen. Que el gobierno se lave las manos frente a este drama es equivalente al delito de “abandono de persona”, más aún cuando es quien causó este daño.
Por eso, la salida es la que proponemos desde Izquierda Socialista y el Frente de Izquierda Unidad. Hay que condonar todas las deudas del pueblo trabajador que esté por debajo de la línea de pobreza. Y refinanciar el resto con tasas subsidiadas y a varios años, de modo que la cuota no afecte la canasta familiar. Los bancos, las fintech y los usureros son los que deben pagar la crisis, no el pueblo trabajador.










