Jul 22, 2026 Last Updated 2:02 PM, Jul 21, 2026

Izquierda Socialista

Escribe Rosario Kairuz, dirigenta de la Juventud de Izquierda Socialista UBA

Del 20 al 24 de abril se realizaron las elecciones en las 13 facultades de la UBA, que tuvieron una baja histórica en la participación estudiantil y se desarrollaron en medio del paro, lo que favoreció a las agrupaciones ligadas a Emiliano Yacobitti.

Desde que el Consejo Superior, con acuerdo de radicales y peronistas, fijó la fecha de las elecciones a principios del cuatrimestre y en medio del conflicto universitario, denunciamos que esta era una maniobra para favorecer a las agrupaciones ligadas al Rectorado. Lejos de poner el foco en el conflicto que afecta sobre todo a los salarios de docentes y nodocentes, buscan mantener sus conducciones para elegir a Emiliano Yacobitti como próximo rector de la UBA.

El resultado fueron unas elecciones vaciadas de participación, donde primó el discurso de centro de servicios. En un contexto en el que la crisis económica golpea de lleno a lxs estudiantes universitarios, y donde la mayoría de las agrupaciones, tanto radicales como peronistas, giraron su campaña en torno a esos puntos, se explica que gran parte del estudiantado haya elegido esas opciones. La realidad nacional, marcada por el gobierno de Javier Milei, la crisis económica y el escándalo de Manuel Adorni, no pudo verse reflejada en opciones de real oposición al gobierno. De igual manera, queremos alertar que, aunque se hayan elegido estas conducciones burocráticas, esto no significa un cheque en blanco por parte del movimiento estudiantil.

Los radicales mantuvieron las conducciones de los siete centros de estudiantes que ya dirigían y también la de su aliado, el MLI, en Ingeniería. Además, La UES, sus aliados en la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA), le ganó el Centro de Estudiantes de Ciencias Sociales (CECSo) a La 15, frente compuesto por La Mella, La Cámpora y el Movimiento Evita, entre otras variantes peronistas. Otro triunfo del radicalismo fue en Veterinaria, donde su agrupación aliada, AFV, ganó el centro de estudiantes que dirigía el Partido Obrero desde hacía casi 26 años.

Por su parte, el peronismo sostuvo tres de sus cuatro conducciones en Filosofía y Letras, FADU y Exactas. También avanzó en Ingeniería, donde obtuvo la minoría en el Consejo Directivo, y en Derecho y Psicología, donde quedó más cerca de las conducciones radicales. Con un discurso centrado principalmente en los centros de servicios y, en facultades como Filosofía y Letras, más corrido hacia posiciones favorables a la lucha, crecieron como oposición a los radicales. En Sociales, la crisis del peronismo, las listas divididas en carreras y el acuerdo de La Mella con los radicales en el Consejo Superior le costaron la conducción del centro de estudiantes.

Un dato relevante es que en todas las facultades hubo menor participación que en 2024, por lo que el caudal de votos en todas las instancias fue mucho menor.

La agrupación de Javier Milei no logra hacer pie en la UBA 

Otro dato significativo fue que los libertarios no hicieron buenas elecciones. En Ingeniería, donde en 2024 estuvieron cerca de conquistar la minoría del Consejo Directivo, este año quedaron muy por debajo. En Económicas y Medicina, donde sus agrupaciones tienen años de inserción, obtuvieron el 7 y el 5 por ciento respectivamente. En Sociales, donde se presentaron por primera vez, quedaron en el 3 por ciento. Es un buen signo que no puedan hacer pie las agrupaciones que defienden abiertamente la privatización de la UBA y se oponen al paro docente.

Cuál fue el rol de la izquierda en estas elecciones: PASO del FITU que no ayuda a la organización del movimiento estudiantil 

Desde el primer día en que se conoció el calendario electoral, dejamos en claro la importancia de conformar listas unitarias de la izquierda y los sectores combativos para postularnos como una referencia del activismo en defensa de la universidad pública. Era una oportunidad para mostrarnos como una oposición coherente e independiente del Rectorado y los decanatos, y conquistar nuevamente centros de estudiantes y consejeres al servicio de la pelea por el presupuesto.

Lamentablemente, el PO, PTS y el MST persiguieron objetivos opuestos. En plena crisis presupuestaria, priorizaron medirse por separado y ver qué podía conquistar cada agrupación sin un frente, en lugar de construir una alternativa de conducción frente a radicales y peronistas en medio del conflicto universitario.

El resultado de esta división está a la vista: el PO perdió el centro de estudiantes de Veterinaria y retrocedió en Farmacia, donde el PTS se presentó por primera vez en una lista distinta. En Medicina también se retrocedió debido a la división de la izquierda en dos listas.

Asimismo, incluso en facultades donde la izquierda creció, el divisionismo impidió conquistar representaciones, como ocurrió en Derecho. En Exactas, la división dispersó los votos de una izquierda que tenía condiciones para fortalecerse en una facultad que sigue de paro por tiempo indeterminado.
El balance tiene que ser que la unidad de la izquierda debe estar por encima de cualquier rédito político para nuestras organizaciones.

Nosotrxs nos presentamos en los frentes unitarios de Filosofía y Letras, Ciencias Sociales y Exactas.

En Filosofía y Letras, la Lista 4, conformada por el Frente de Izquierda y de Trabajadores Unidad (FITU), se consolidó como segunda fuerza y principal oposición frente a El Colectivo (La Mella-La Cámpora), alcanzando el 27 por ciento y sosteniendo cuatro de las cinco vocalías que tenía el frente. 
En Sociales, la Lista 17 (PTS - PO - Izquierda Socialista) hizo una elección de más del 8 por ciento para el centro de estudiantes y conquistó una secretaría. En Exactas, la Lista 4, el frente unitario que conformamos junto al PTS y al MST, alcanzó el 8,4 por ciento y conquistó una vocalía del Centro de Estudiantes de Ciencias Exactas y Naturales, que será puesta a disposición de la lucha.

Los desafíos de la izquierda post elecciones 

La explicación del retroceso de la izquierda tiene que ver con un conflicto universitario en el que todavía no se involucra el movimiento estudiantil, combinado con su propia división.

Como dijimos anteriormente, los resultados no son un cheque en blanco para las conducciones burocráticas radicales y peronistas. Ante el incumplimiento de la ley de presupuesto universitario, apostamos a que el movimiento estudiantil pueda desbordar a estas conducciones y tomar en sus manos un plan de lucha. Desde la JIS pondremos a disposición nuestras representaciones en los centros de estudiantes para estar en la vanguardia del conflicto universitario y llamamos a las otras fuerzas del Frente de Izquierda a actuar en unidad para construir un polo independiente y combativo en defensa de la universidad.

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Escribe Rosario Kairuz, dirigenta de la Juventud de Izquierda Socialista UBA

Capítulo aparte merece la política sectaria, misógina y anti FIT Unidad impulsada por ¡Ya Basta! - Nuevo MAS en toda la UBA. No es nuevo que se presenten solos en la mayoría de las facultades. Incluso, en algunos casos, lo hicieron de manera llamativa en espacios donde prácticamente no tienen desarrollo como agrupación, por ejemplo en Ciencias Exactas.

Este año, además, el nivel de violencia política contra las fuerzas que integramos el Frente de Izquierda Unidad escaló especialmente en la Facultad de Filosofía y Letras. La política de extrema autoproclamación y las agresiones hacia militantes de otras organizaciones trotskistas no pueden seguir teniendo lugar.

Cualquier partido que se reivindique revolucionario y de izquierda no puede sostener prácticas que reproducen discursos de odio similares a los impulsados por sectores de ultraderecha en nuestro país. Llamamos a la reflexión a las y los militantes honestos que forman parte de esa organización y a romper con los métodos que vienen sosteniendo desde hace años.


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Escribe Mercedes Trimarchi, diputada electa en CABA por Izquierda Socialista en el FIT/Unidad 

La ratificación de la condena a Juan Darthés por el abuso sexual cometido contra Thelma Fardin trasciende ampliamente el plano estrictamente judicial. No se trata únicamente de una resolución de tribunales, sino de un acontecimiento con profundas implicancias políticas, sociales y culturales, que repercute de manera directa en la vida de miles de víctimas y se inscribe en la trayectoria reciente del movimiento feminista. Este fallo adquiere aún mayor relevancia en un escenario atravesado por el avance de sectores de ultraderecha conservadora, que buscan cuestionar y revertir derechos conquistados como parte de una ofensiva cultural más amplia. En particular en nuestro país, donde el gobierno impulsa discursos que ponen en duda a las víctimas, instalando la idea de supuestas “falsas denuncias” en casos de violencia de género y abuso.

La justicia federal de Brasil confirmó la responsabilidad penal de Darthés en el juicio por violación contra Fardin, dejando firme la pena de seis años de prisión. El Tribunal Regional Federal de São Paulo, mediante una decisión respaldada por cinco magistrados, emitió un pronunciamiento categórico que no solo reconoce la denuncia de la actriz, sino que también interpela al conjunto de las víctimas de violencia sexual. El tribunal estableció un criterio clave: el eje del análisis debe situarse en la conducta del agresor, en su condición de adulto y en la asimetría de poder existente, más que en exigir pruebas de resistencia por parte de la víctima. En esa línea, la sentencia reafirma un principio fundamental: sin consentimiento, toda relación sexual constituye abuso o violación.

Este fallo también pone en primer plano la valentía de Thelma Fardin, que sostuvo su denuncia durante años frente a presiones, exposición pública y un proceso judicial largo y desgastante. Su decisión siempre estuvo respaldada por una trama colectiva de acompañamiento, en la que el movimiento feminista jugó un rol decisivo, transformando el dolor en organización y la denuncia en una causa política más amplia. Esa fuerza colectiva es la que permitió romper el cerco de la impunidad y torcer un destino que, durante mucho tiempo, parecía escrito de antemano para las víctimas. Y es también la que hoy cobra especial importancia frente al avance del gobierno de Javier Milei, que insiste en desacreditar las denuncias por violencia de género bajo el argumento de las “falsas denuncias”, alimentando un clima de sospecha y desprotección.

En ese contexto, la condena firme a Juan Darthés no solo representa un acto de justicia, sino también una herramienta para seguir dando la pelea. Porque reafirma que las víctimas dicen la verdad, que denunciar vale la pena y que, frente a los intentos de retroceso, la organización y la lucha feminista siguen siendo el camino para defender y profundizar cada una de las conquistas logradas.
 


Escribe Mercedes Trimarchi, diputada electa en CABA por Izquierda Socialista en el FIT/UNidad 

El caso del entrenador Diego Guacci se remonta a 2021, cuando cinco futbolistas de la selección argentina lo denunciaron ante la FIFA por situaciones de acoso sexual, abuso psicológico y hostigamiento ocurridas durante su paso por clubes y selecciones juveniles. Sin embargo, tras un proceso que se extendió por aproximadamente un año, el organismo internacional decidió archivar la causa al considerar que las pruebas resultaban “insuficientes” para aplicar una sanción. Esta decisión consolidó un escenario de impunidad institucional y fue fuertemente cuestionada por las denunciantes, que señalaron la falta de escucha, acompañamiento y protección dentro de las estructuras del fútbol. En las últimas semanas, al menos tres futbolistas más hicieron públicos sus testimonios, elevando a ocho el número de denunciantes. Estas nuevas voces no sólo amplían la magnitud del caso, sino que refuerzan la existencia de un patrón sostenido de abuso, violencia y hostigamiento a lo largo del tiempo.

En este contexto, no resulta casual que Guacci se ubique entre quienes impulsan el endurecimiento de penas por “falsas denuncias” en casos de violencia de género. El proyecto promovido por la senadora Carolina Losada (con el respaldo de Patricia Bullrich) ya cuenta con dictamen en la Comisión de Justicia y Asuntos Penales del Senado. Lejos de proteger a las víctimas, este tipo de iniciativas refuerza un clima de sospecha y desalienta las denuncias, beneficiando a quienes ejercen violencia. La irrupción de nuevas denuncias vuelve a poner en evidencia la urgencia de terminar con la impunidad de la que gozan abusadores y violentos. También deja al descubierto el sentido político de la campaña sobre las “falsas denuncias”, promovida desde el gobierno, que busca sembrar miedo, desacreditar a las víctimas y garantizar el silencio. Pero ese intento no pasa sin respuesta. El movimiento feminista ha demostrado una y otra vez su capacidad de organización y lucha, conquistando derechos y rompiendo pactos de silencio. Porque frente a cada intento de retroceso, la respuesta es colectiva. Como lo expresa una consigna que ya es bandera: “Si soplan fuerte, levantarán olas. Sabemos ser marea.”
  

Escribe Federico Novo Foti

Entre mayo y junio de 1936 se produjo una oleada huelguística en toda Francia. León Trotsky anunció: “la revolución francesa ha comenzado”. Pero las conducciones reformistas de los partidos socialista y comunista, que dirigían a las y los trabajadores y gobernaban junto con un sector de la burguesía francesa con el Frente Popular, desmovilizaron a la clase trabajadora. Se lograron grandes conquistas económicas y sociales, pero el capitalismo imperialista salvó su dominio del país.

En mayo de 1936 comenzó una oleada huelguística en Francia. El detonante fue el despido de dos obreros, el 11 de mayo, de la fábrica de aviones Breguet en la región de Le Havre, por haber asistido a los actos del 1º de Mayo. En respuesta las y los trabajadores pararon la producción, ocuparon la planta y eligieron un comité de fábrica votado en asamblea. En sólo una noche lograron las reincorporaciones. Pero el movimiento huelguístico no se detuvo. Pronto se extendió a Toulouse y Courbevoie. El 24 de mayo más de 600 mil personas participaron de la manifestación para conmemorar la Comuna de París.[i] El 28 de mayo, las y los trabajadores de la planta de Renault en Billancourt dejaron de trabajar. En los días siguientes quedaría paralizada toda la actividad industrial en la región parisina. Para comienzos de junio cerca de dos millones de obreros de 12 mil empresas se encontraban en huelga, con más de dos tercios de ellas ocupadas. Todas las capas de la clase trabajadora del país, desde los talleres a las fábricas, en cada gremio y en los barrios se sumaron a la lucha por sus reivindicaciones.

En la huelga general con ocupaciones de fábrica surgió una nueva generación de activistas y dirigentes obreros que crearon comités de fábrica para el control de la propiedad y administración. El 10 de junio delegados metalúrgicos de 700 fábricas votaron que de no aceptarse inmediatamente sus reclamos (salario mínimo, reconocimiento de delegados y semana de 40 horas) exigirían al gobierno la nacionalización de las empresas y su puesta en funcionamiento bajo control obrero. La burguesía francesa, “las 200 familias” que dominaban el país, reconoció en aquella demanda una amenaza al orden capitalista y entró en pánico.

El revolucionario ruso León Trotsky, perseguido y exiliado por el estalinismo, seguía los acontecimientos por la radio desde una aldea al sur de Noruega: “Las palabras ‘revolución francesa’ pueden parecer exageradas. ¡Pero no! No es una exageración. Es precisamente así que nace la revolución. En general, no pueden nacer de otro modo. La revolución francesa ha comenzado.”[ii]

La lucha contra el fascismo y el Frente Popular

En la década del treinta, Francia y casi toda Europa estaban convulsionadas por el crecimiento del fascismo y por el ascenso de las luchas obreras, en medio de la crisis económica del capitalismo mundial. Ya desde 1922 el fascista Benito Mussolini gobernaba Italia. En 1933 Adolf Hitler había accedido al poder en Alemania. Aquellas derrotas fueron favorecidas por la política equivocada y traidora que imponía José Stalin a los poderosos partidos comunistas: el rechazo a la unidad de acción obrera en la lucha contra el fascismo, poniendo un signo igual entre éste y la socialdemocracia, a la cual llamaba “socialfascistas”.

El 6 febrero de 1934 la liga de los fascistas y realistas franceses realizó un alzamiento en París. La huelga general del 12 de febrero fue la respuesta obrera al desafío fascista. Trotsky calificó la asonada fascista de “primer ensayo general del bandidaje fascista” y, mientras denunciaba la política capituladora de la socialdemocracia y divisionista del estalinismo, planteaba la necesidad de la unidad de acción obrera contra el fascismo y llamaba a constituir milicias para responder a los golpes fascistas.[iii] Finalmente, bajo la presión de las luchas obreras los dirigentes socialistas y comunistas se vieron obligados a unirse contra los fascistas.

Pero el Partido Comunista transformó el paso positivo de la unidad de los obreros comunistas y socialistas para enfrentar al fascismo en la trampa suicida del “Frente Popular”: la unidad política permanente de los dirigentes reformistas y burocráticos con sectores burgueses “democráticos”. En julio-agosto de 1935 el Séptimo (y último) Congreso de la III Internacional Comunista proclamó esa política de conciliación con la burguesía como ley universal y permanente para todos los partidos comunistas del mundo.

El 14 de julio de 1935 con una imponente manifestación que cantó La Marsellesa y la Internacional se proclamó el Frente Popular (Rassemblement Populaire), integrado por los socialistas (León Blum), comunistas (Maurice Thorez) y el Partido Radical Socialista (Eduardo Daladier), un partido de la burguesía democrática, apoyados por la conducción burocrática de la Confederación General del Trabajo (CGT).

El 26 de abril y 3 de mayo se realizaron las elecciones, triunfando el Frente Popular con casi el 60% de los votos. Dentro de la coalición ganadora los candidatos del PC casi duplicaron sus anteriores votaciones (1,5 millones de votos). Pero sus dirigentes favorecieron en los cargos a los socialistas, que a su vez pretendían ceder posiciones ante los burgueses radicales, que habían retrocedido en su caudal electoral. Pero la presión obrera obligó a que el socialista León Blum fuera elegido primer ministro.

El Frente Popular salvó al capitalismo

Entretanto, a finales de mayo estalló la huelga general. Días después, Trotsky afirmaba que “los días de febrero de 1934 marcaron la primera ofensiva seria de la contrarrevolución unificada. Los días de mayo-junio de 1936 son el signo de la primera ola poderosa de la revolución proletaria” y llamaba a la unificación de todos los comités de fábrica, a los que consideraba embriones de poder obrero.[iv]

Sin embargo, a pesar de no haber asumido formalmente el gobierno, los líderes del Frente Popular se ocuparon de las negociaciones con la burguesía y los dirigentes sindicales burocráticos (socialistas y comunistas) para detener el movimiento huelguístico que amenazaba el orden capitalista. El 4 de junio, adelantando la fecha prevista, León Blum asumió como primer ministro y días más tarde se reunieron en el Palacio de Matignon los negociadores del gobierno y la burguesía, junto a la cúpula de la CGT, donde firmaron los “Acuerdos de Matignon” en los que la burguesía se comprometía a otorgar importantes concesiones frente a la perspectiva de perderlo todo.

Sin una dirección alternativa que les señalara con audacia el camino de apoderarse del poder, las y los trabajadores se conformaron con las importantes concesiones que otorgó la aterrorizada burguesía francesa. Se lograron históricas conquistas como la semana de 40 horas, aumento de salarios, la firma de convenios colectivos, las vacaciones anuales pagas de un mes y el compromiso (nunca cumplido) de un plan de obras públicas para enfrentar la desocupación. Sin embargo, por seguir a los dirigentes traidores del Frente Popular, las y los trabajadores franceses se fueron desmovilizando y dieron una sobrevida al capitalismo imperialista francés. Esa pasividad facilitó también en 1940 que los ejércitos de Hitler ocuparon Francia. A lo que siguieron cinco años de tremendos sufrimientos y resistencia.

En los años y décadas siguientes, los ataques permanentes de la burguesía francesa y sus gobiernos obligaron a la clase trabajadora a defender parte de aquellas conquistas logradas en 1936. Ese es el caso del llamado “Mayo Francés” de 1968, las movilizaciones contra el “Plan Juppé” de 1995 o, más recientemente, las rebeliones de los “chalecos amarillos” de 2018 y las de 2023 y 2025. Sigue aún pendiente la tarea de lograr una nueva dirección política y sindical que permita que esa gran combatividad, que surge desde abajo y desbordando a las direcciones reformistas tradicionales, pueda terminar derrotando a los gobiernos capitalistas y logrando gobiernos de la clase trabajadora y los sectores populares que abran el camino del socialismo con democracia para el pueblo trabajador.


[i] Ver El Socialista Nº 187, 14/04/2011
[ii] L. Trotsky. ¿Adónde va Francia? Fundación F. Engels, Septiembre, 2006.
[iii] L. Trotsky. “Francia es ahora la clave de la situación” en The Militant, 31 de marzo de 1934.
[iv] L. Trotsky. ¿Adónde va Francia? Op. Cit.

 

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