Escribe Agustín Blanco
El miércoles 5 de noviembre se realizó el Congreso Ordinario de la CGT para elegir nuevas autoridades. Como es habitual, sin participación de las bases sindicales, se impuso una conducción encabezada por un triunvirato integrado por Jorge Sola (Seguro), Cristian Jerónimo (Vidrio) y Octavio Argüello (Camioneros). La decisión no representa una renovación sino una reorganización interna de los mismos sectores que vienen sosteniendo una política de pacto con el gobierno, como era de esperar.
La principal discusión dentro del Congreso no fue cómo enfrentar el ajuste, la reforma laboral o la caída del salario, sino si se volvía al esquema de secretario único o se mantenía el triunvirato y quiénes lo integraban. La UTA de Roberto Fernández se retiró del congreso y Barrionuevo negoció la incorporación de Carlos Acuña (Estaciones de Servicio) en la Secretaría de Turismo. Lo que quedó en evidencia es que todas las disputas y negociaciones entre las distintas alas de la burocracia sindical peronista son por puestos en la estructura de la central, están unidos por la defensa de sus privilegios y la voluntad de seguir negociando con el gobierno de ultraderecha.
Mientras tanto, las y los trabajadores enfrentamos despidos, pérdida del poder adquisitivo, topes paritarios, tarifazos y una reforma laboral que amenaza con pulverizar conquistas históricas. En ese contexto, el Congreso de la CGT no adoptó ninguna resolución de lucha. No se discutió cómo frenar el plan motosierra ni a la avanzada del FMI y el imperialismo yanqui sobre la economía nacional. Mucho menos, se abordó el proyecto de reforma laboral esclavizante de Milei que plantea eliminar las 8 horas diarias reemplazándolas por bancos de horas, pagar indemnizaciones en cuotas, fraccionar las vacaciones, imponer paritarias por productividad y permitir que parte del salario se pague en vales sin aportes ni derechos jubilatorios, entre otros derechos a quitar.
El nuevo triunvirato se propone sostener el pacto con Milei y cuidar los fondos de las obras sociales, mientras el gobierno continúa con su ofensiva contra la clase trabajadora. Gerardo Martínez, de la Uocra, sigue representando a la CGT en la Mesa del Consejo de Mayo, donde el gobierno y los partidos patronales negocian un “nuevo proyecto de país” al servicio del saqueo.
Frente a una CGT inmóvil y cómplice, el ejemplo viene desde abajo. Los trabajadores del Garrahan que vienen luchando, haciendo asambleas, llamando a distintos sectores a rodear al conflicto mostraron que se puede ganar, lograron romper el techo salarial del 1% que viene pactando la burocracia de UPCN en el sector. Luchar sirve.
Ahora, hay que convocar asambleas en cada lugar de trabajo, reuniones de activistas, coordinar sectores en conflicto para organizarnos y enfrentar a la reforma laboral que el gobierno quiere imponer en este momento. Milei miente sobre la Reforma Laboral, al decir que se crearán puestos de trabajo y mejores salarios, ya que es un ataque brutal a los Convenios Colectivos de Trabajo y que afectará aún más al sector informal.
Tenemos que reclamar a la CGT que rompa el pacto con el gobierno y prepare un paro y un plan de lucha nacional contra la reforma y la motosierra. Pero es necesario pelear también por una nueva dirección sindical, combativa y democrática, dispuesta a poner cada una de sus fuerzas al servicio de la clase trabajadora. Esa es la orientación que impulsa el sindicalismo combativo: los ferroviarios del Sarmiento, el Sutna, Ademys, ATEN Capital, Adosac (Santa Cruz) y los Suteba Multicolor, entre otros, y nuestra corriente sindical A Luchar.










