Oct 30, 2026 Last Updated 4:04 PM, Oct 30, 2026

Izquierda Socialista

Federico Novo Foti

El 1º de octubre de 1946 el tribunal internacional que sesionó en Núremberg (Alemania) dio su veredicto final. Culminaba así un proceso judicial iniciado en noviembre de 1945 en el que terminarían condenados algunos de los principales líderes nazis por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. El 16 de octubre diez de ellos fueron ahorcados. La derrota nazi-fascista fue un enorme triunfo democrático.

El 20 de noviembre de 1945 comenzó a sesionar en el Palacio de Justicia de la ciudad de Núremberg el Tribunal Militar Internacional que tendría la tarea de juzgar a 22 líderes nazis en el juicio principal y a otros 160 altos funcionarios del régimen nazi en juicios paralelos que duraron hasta 1949. El tribunal de los “juicios de Núremberg” estaba integrado por ocho jueces, representantes de Estados Unidos, Inglaterra, Francia y la Unión Soviética, las potencias aliadas, recientes vencedoras en la Segunda Guerra Mundial.[1]  

La elección de Núremberg, en la región bávara de Alemania, no era caprichosa. La ciudad tenía un enorme simbolismo, ya que el nazismo había celebrado allí anualmente sus congresos y, en su apogeo, había realizado sus más grandes actos y movilizaciones. En 1935, Adolf Hitler había anunciado las “leyes de Núremberg”, que habían legalizado la discriminación y persecución contra la población judía alemana.    

En el proceso judicial los jefes nazis fueron juzgados por crímenes contra la paz, crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y, en algunos casos, por conspiración para cometer esos crímenes. 

A lo largo de poco más de los 10 meses que duró el juicio principal testificaron 240 sobrevivientes de los campos de concentración y exterminio. Se leyeron 300 mil declaraciones juradas de otros testigos. Se presentaron cerca de 3 mil toneladas de documentos del ejército nazi, como el “Protocolo de la Conferencia de Wannsee”, sobre ejecuciones masivas y la “solución final de la cuestión judía”.[2]  Se exhibieron 7.300 metros de películas, como “Campos de concentración nazis”, filmada por los aliados tras la liberación de los campos alemanes de Buchenwald y Bergen-Belsen. Así por primera vez se hicieron visibles las topadoras arrojando miles de cadáveres desnudos en zanjones o los prisioneros que apenas conservaban aspecto humano, las cámaras de gas y las chimeneas humeantes. La maquinaria de persecución y exterminio nazi quedó retratada en toda su espantosa dimensión.

De los principales acusados, doce fueron condenados a pena de muerte, entre ellos, Joachim von Ribbentrop, ministro de Relaciones Exteriores, y Martin Bormann, secretario privado de Hitler (sentenciado en ausencia). El día previo a su ejecución logró suicidarse con veneno Hermann Goering, ministro de Aviación. Tres líderes nazis fueron condenados a cadena perpetua, entre ellos Rudolph Hess, principal dirigente del Partido Nazi. Cuatro funcionarios fueron condenados a 10 y 20 años de prisión y tres fueron absueltos.

Adolf Hitler no llegó a ser castigado porque se había suicidado en su búnker a comienzos de mayo de 1945, cuando era inminente la caída de Berlín y de su régimen atroz. Lo mismo había hecho su ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, quien se suicidó junto a su esposa, luego de envenenar sus seis pequeños hijos.[3] 

Un enorme triunfo democrático

En la Segunda Guerra Mundial, el aplastamiento del fascismo y el nazismo se logró gracias a la heroica resistencia de las masas, la acción del Ejército Rojo y de los ejércitos estadounidense e inglés. El punto de inflexión había sido el triunfo soviético en Stalingrado en 1943. Luego, en poco más de dos años, Adolf Hitler y Benito Mussolini fueron derrotados. La toma de la ciudad de Berlín por el Ejército Rojo, en mayo de 1945, marcó el fin de la guerra en Europa y la derrota definitiva del nazi-fascismo. Una inmensa victoria democrática de las masas.

Consumado el triunfo, los gobiernos de las tres potencias imperialistas vencedoras (Estados Unidos, Inglaterra y Francia) y la Unión Soviética negociaron la ocupación de Alemania. La burocracia que conducía la Unión Soviética, encabezada por José Stalin, había comenzado a pactar desde 1943 con Estados Unidos e Inglaterra una división territorial de la Europa de posguerra, con “esferas de influencia”, cuyo objetivo debía ser la reconstrucción capitalista de gran parte del continente.[4] 

Entre tanto, las masas europeas, protagonistas de aquella enorme victoria, expresaban sus profundas aspiraciones democráticas. En muchísimos casos, la resistencia misma persiguió y castigó a los responsables de las atrocidades nazis y a quienes colaboraron con ellos. Hubo tribunales populares y fusilamientos sumarios. El más célebre y conocido fue el del propio Mussolini, capturado por los partisanos italianos cuando intentaba huir disfrazado de oficial alemán, en abril de 1945.[5] 

El castigo a los máximos responsables del nazismo fue, entonces, una decisión política prácticamente ineludible, discutida y pactada por las potencias aliadas como parte de sus negociaciones para la reconstrucción capitalista de la Europa de posguerra. Que esos monstruos hayan muerto ahorcados, y otros miles de condenados, fueron grandes conquistas democráticas impuestas por la victoria de las masas que aplastaron a la bestia fascista. Pero fueron logros parciales que no impidieron la política de “desnazificación”, que impulsaron Estados Unidos, Inglaterra y Francia junto con el gobierno de Alemania Federal. Así, miles de nazis pudieron huir impunes, gracias a la ayuda directa de los servicios de inteligencia estadounidenses y del Vaticano, que protegieron y permitieron su radicación en América del Sur o, incluso, en Estados Unidos en lo que se conoce como “ruta de las ratas”.

Los crímenes de genocidio no prescriben

Las condenas y castigo limitados a los líderes y funcionarios del régimen nazi no pueden esconder que los juicios de Núremberg establecieron de manera pública e internacional la condena jurídica a los crímenes de lesa humanidad y el genocidio nazi. También, el reconocimiento de las responsabilidades individuales que caben a los altos mandos políticos y militares en el ejercicio de sus funciones y que las órdenes de un superior (obediencia debida) no exime de responsabilidad ante los crímenes de Estado.

A pesar de la complicidad de los gobiernos, para 1950 ya habían sido condenados otros 6 mil nazis y fascistas en Estados Unidos, Inglaterra y Francia por la fuerza del reclamo de familiares y sobrevivientes. Muchos más fueron condenados en los países de Europa oriental y la Unión Soviética. En Alemania Federal, desde 1950, se continuó persiguiendo a los criminales nazis y se fueron ampliando los plazos de prescripción. Hasta que en 1968 se reconoció a nivel internacional que los crímenes de lesa humanidad no prescriben.

En nuestro país la lucha contra el genocidio perpetrado por la última dictadura militar se ha inspirado en la lucha heroica contra el nazi-fascismo. El reclamo sostenido de juicio y castigo a los genocidas logró derrotar las leyes de impunidad de Raúl Alfonsín (Punto Final y Obediencia Debida), así como los indultos de Carlos Menem. Hoy, a pesar del gobierno ultraderechista y negacionista de Javier Milei y Victoria Villarruel, nuevas generaciones se incorporan a la pelea. Así, junto a la consigna “¡Son 30.000! Fue genocidio” se sigue escuchando en las calles una advertencia que nos recuerda a aquel juicio de hace 80 años: “¡Como a los nazis les va a pasar, adonde vayan los iremos a buscar!”.

[1] Ver El Socialista Nº 604, 07/05/2025. Disponible en www.izquierdasocialista.org.ar Ver película “Núremberg: el juicio del siglo” (2025), dirigida por James Vanderbilt.
[2] Disponible en www.museodelholocausto.org.ar
[3] Ver El Socialista. Op. Cit. Ver la película “La caída” (2004), dirigida por Oliver Hirschbiegel.
[4] Ver El Socialista Nº 608, 10/07/2025. Disponible en www.izquierdasocialista.org.ar
[5] Ver El Socialista Nº 602, 1/04/2025. Disponible en www.izquierdasocialista.org.ar

Prensa UIT-CI
 
En Alemania, el domingo 20 hubo elecciones en Berlín, la capital, y ganó la izquierda. La alianza Die Linke (La Izquierda, en alemán) encabezada por la turca-alemana Elif Eralp, será alcaldesa de Berlín. El triunfo fue contundente, subió 14 puntos respecto al 2022, llegando al 25,7% de los votos, derrotando a la Unión Demócrata Cristiana (CDU) del canciller Friedrich Merz, que gobernaba. La CDU cayó de 28,8 % al 18,8%, los Verdes lograron 14,3%, la ultraderechista AfD (Alternativa para Alemania) con 16,3%, y la SPD (socialdemocracia) cayó al 12,1%.
La prensa mundial puso el centro de la noticia en el triunfo electoral de la ultraderecha en el estado de Pomerania, en el noroeste alemán, que fue el otro estado en donde hubo elecciones. El avance de la ultraderecha neonazi es una parte de la realidad. La otra es que la elección en Berlín muestra que existen sectores de la clase obrera, las mujeres y la juventud que buscan opciones políticas a la izquierda.

El gran derrotado es el gobierno del canciller Friedrich Merz

El propio Merz calificó de “desastre” la derrota del domingo de la Unión Demócrata Cristiana (CDU). Perdió el gobierno en Berlín y en el estado nororiental de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, no superó por primera vez el umbral del 5% necesario para entrar en el Parlamento regional. Su peor derrota en unas elecciones regionales desde su fundación en 1945.

La extrema derecha de Alternativa para Alemania (AfD) quedó en primer ​lugar, en Pomerania. Logró subir 21% en relación a la elección anterior, llegando al 38,1%. Es la segunda vez en un mes, que la AfD se situaba a la cabeza de una elección regional. Quince días antes había ganado en Sajonia-Anhalt. Pero en este caso no estuvo cerca de alcanzar la mayoría. La socialdemocracia (SPD) llegó segunda con el 35,5 % y podrá pactar con otras fuerzas seguir en el gobierno.

Estos resultados eran los esperados por las encuestas. Son la expresión de la crisis económica y social del capitalismo alemán y del desprestigio creciente del gobierno de la Unión Demócrata Cristiana (CDU). Sólo el 13 % de los alemanes está satisfecho con la actuación del canciller, el nivel más bajo registrado por cualquier canciller en la historia reciente. Un gobierno totalmente en crisis que puede no terminar su mandato.

Contundente triunfo de la izquierda en Berlín

El crecimiento electoral de la ultraderecha no significa un camino seguro y rápido para el gobierno. Pero es preocupante, en especial para la clase trabajadora y la juventud alemana y de Europa.

En Alemania la crisis política es tan grande que, opuesto al voto a la ultraderecha, en Berlín la izquierda logró una importante victoria electoral.

Triunfó como candidata a alcaldesa la turca-alemana Elif Eralp, representando a Die Linke. Desconocida hasta hace unos meses, esta hija de sindicalistas turcos nació en Múnich y orientó su carrera como jurista hacia la defensa de los derechos humanos, en particular los de las y los migrantes.

Elif Eralp tiene 45 años y es diputada de izquierda desde el 2021. Algunas de sus propuestas de campaña fueron “la expropiación de viviendas a fondos de inversión o la creación de una red de cantinas públicas que ofrezcen almuerzos completos a tres euros en las llamadas Kiezkantinen: comedores de barrio con comida caliente” (La Razón, Estado español, 27/8/2026).

Al saber de su victoria, Eralp prometió seguir adelante con la nacionalización de las empresas de vivienda y “expulsar la especulación de Berlín”.

Die Linke, es una alianza de centroizquierda integrada por exintegrantes del Partido Comunista, maoístas, grupos trotskistas e independientes. En las elecciones nacionales de legisladores de febrero de 2025, logró el 8,5% obteniendo una importante bancada de 64 diputados. Entonces ya Die Linke había logrado un 19,9% en Berlín.

Lo destacable es que en la juventud, obtuvo el 25% y dentro de ella mayoría de votos de las mujeres que repudian los ataques de la ultraderecha a sus conquistas y las de las disidencias sexuales. También Die Linke tuvo el apoyo de la juventud que enfrenta la represión apoyando a Palestina.

El avance de la ultraderecha neonazi

El avance electoral de la ultraderecha alemana, expresa, como ha ocurrido con Trump, Meloni, Le Pen o los Milei, Kats y de la Espriella en Latinoamérica, un equivocado voto castigo de un sector popular harto de los viejos partidos capitalistas tradicionales que ya han gobernado y llevado a la crisis social, a la caída del nivel de vida de millones. En el caso de Alemania, en especial, se trata de una expresión neonazi de la ultraderecha. Creciendo en un voto mayoritario en el Este de Alemania, que representan los territorios de la ex República Democrática Alemana (RDA) que desde 1945 a 1989 fue gobernada bajo el estalinismo y han quedado como los “estados pobres”.

La reunificación, luego de la caída del Muro de Berlín, y las promesas de “igualdad social” con las y los alemanes del oeste nunca fueron cumplidas. Millones, en su lógico odio al estalinismo, creyeron en que el capitalismo les iba traer prosperidad, pero fue lo opuesto. Todas las empresas estatales se privatizaron en escasos cuatro años y se perdieron el 70% de los puestos de trabajo. Regiones enteras se hundieron en el declive económico.¹

La crisis del capitalismo alemán detrás de la crisis política

En Alemania la política de los diversos gobiernos capitalistas liberales o socialdemócratas, ante la crisis económica, ha sido responder con sus políticas de recortes sociales y caída del nivel de vida de las masas. Esta es la causa que explica la profundidad del creciente descreimiento en los partidos y dirigentes burgueses tradicionales y el avance electoral de la ultraderecha.

La economía de Alemania está en declive y ha entrado en recesión desde 2023. La Volkswagen empresa emblemática del capitalismo alemán, por ejemplo, anunció que podrían desaparecer 100 mil puestos de trabajo hasta 2030.

Lo que le espera a la clase trabajadora y a la juventud son más recortes en cuestiones sociales como educación, salud y jubilaciones, más flexibilidad laboral y el aumento del presupuesto militar. La única salida para el pueblo trabajador y la juventud, para derrotar estos planes de ajustes sociales y a la ultraderecha, es lograr avanzar, con nuevos dirigentes sindicales y políticos, en la movilización en las calles.

21/9/2026
1. Ver nota Alemania: El significado del primer triunfo de la ultraderecha, por Miguel Sorans, dirigente de Izquierda Socialista, Argentina, y de la UIT-CI, 11/9/2026, en uit-ci.org

Foto de portada: Sofia Leonidakis diputada de Die Linke, entrevistando a Juan Orengo 

Juan Orengo delegado de sección Mercedes Benz, ciudad de Bremen

Reproducimos nota enviada, desde Bremen, por un delegado de la empresa Mercedes Benz.

El lunes 21 de septiembre, organizadas por el Sindicato IGmetall, se realizaron cerca de 300 concentraciones en toda Alemania. La convocatoria tenía el objetivo de mostrar el rechazo a los planes de recortes, despidos y aumento de la productividad que la patronal automotriz viene exigiendo y en parte ya está implementando. Estas concentraciones contaron con la participación de más de 150 mil personas a nivel nacional. En Bremen hubo dos concentraciones; una con la participación de los trabajadores de Mercedes Benz y otra en la que participaron las empresas subsidiarias que lógicamente también se ven perjudicadas por estos planes de recortes. En el caso de Mercedes Benz la concentración empezó al comienzo del turno tarde paralizando la actividad de la fábrica el tiempo que duró la concentración.

Además de los trabajadores del sector automotriz participaron otras empresas en conflicto, Comités de empresa y partidos políticos de izquierda, entre ellos Die Linke, que se acercaron a dar su solidaridad. Por otro lado, en este mes comienzan las negociaciones del convenio metalúrgico, con lo cual estas concentraciones sirvieron también como punto de partida para la lucha por el convenio del metal.

Si bien todavía estamos muy lejos de alcanzar un grado de movilización y lucha como requiere la situación, sí podemos decir que se han comenzado a dar los primeros pasos de una larga lucha, sindical y política, que los trabajadores tenemos por delante.

Adolfo Santos, dirigente de Izquierda Socialista/FIT Unidad

La “Operación Furia Épica”, el brutal ataque militar con el que las fuerzas armadas de los Estados Unidos e Israel pretendían la rendición incondicional de Irán, no alcanzó sus objetivos. Lo que sería una batalla de pocos días, va a entrar en el octavo mes de conflicto sin solución de continuidad. Ahora, surgió un nuevo problema que aumenta la crisis en la región: el control de los hutíes del estrecho Bab el-Mandeb, en Yemen, que enlaza el mar Rojo con el golfo de Adén rumbo al océano Índico.

Las pretensiones de controlar Irán y sus riquezas por parte de Donald Trump chocaron con la resistencia de un pueblo que, a pesar de su gobierno, se ha unido en defensa de su soberanía. Peor aún, el conflicto se extendió a varios países, agravando la situación en una región altamente explosiva. En su defensa, Irán ya atacó a Kuwait, Bahréin y Jordania, aliados de los Estados Unidos en el golfo Pérsico y en la madrugada del sábado 19 de septiembre, los enfrentamientos escalaron a otro nivel. Un depósito de la petrolera estatal saudita Aramco, ubicado cerca del aeropuerto internacional de Riad, capital de Arabia Saudita, explotó como parte de una serie de ataques de los hutíes, aliados del régimen iraní.

Trump dejó sin apoyo a Arabia Saudita

La toma por parte de los hutíes de posiciones estratégicas con vistas al estrecho de Bab el–Mandeb asestó a Arabia Saudita su golpe más grave en Yemen en años y dejó al descubierto fallas de inteligencia, el colapso de sus aliados yemeníes y los límites de la protección estadounidense. “El colapso de las fuerzas respaldadas por Arabia Saudita les dejó a los hutíes un nuevo botín, además del territorio: un importante arsenal de armamento avanzado suministrado por Estados Unidos y Arabia Saudita y abandonado durante la retirada” (La Nación, Argentina, 16/9/2926). Los desastres políticos y militares sufridos por Donald Trump, en Irán y Medio Oriente, han contribuido a perder el control de dos pasos marítimos clave para la economía mundial capitalista.

Encima el imperialismo, de la mano de Trump, muestra su debilidad al dejar sin apoyo militar, frente al avance de los hutíes, a su aliado el monarca el asesino Mohamed Bin Salmán, de Arabia Saudita. Trascendió que el monarca “llamó a la Casa Blanca hasta en dos ocasiones (…) para reclamar una mayor implicación estadounidense frente a los hutíes y las milicias proiraníes en Irak que, con sus ataques, han paralizado el tránsito a través del oleoducto Este-Oeste. Sin éxito: Trump no solo no ha atendido sus ruegos, sino que ha optado por ponerse completamente de perfil. Como si no fuese con él” (El País, 20/9/2026).

 ¿Quiénes son los hutíes?

En los últimos meses los hutíes adquirieron notoriedad al controlar una amplia franja del Mar Rojo y por tanto el estrecho Bab el-Mandeb, un paso estratégico por el que transita una parte importante del comercio marítimo mundial desde el Golfo de Adén, rumbo a Europa y los Estados Unidos. Desde esa posición, respaldan militarmente a Irán contra los ataques de Trump e Israel y profundizan la crisis de suministro y el precio del petróleo. Los hutíes, son un movimiento político y militar que se fueron consolidando desde los años 90 cuando el país unificó los dos sectores territoriales en que estaba dividido: la República Árabe de Yemen (Yemen del Norte) y Yemen del Sur y pasaron a formar lo que hoy se conoce como la República de Yemen.

Sin embargo, el grupo ganó fuerza en 2004 cuando el clérigo Hussein Badreddin al Houthi, líder de la minoría musulmana chiita del país fuera asesinado. Sus seguidores, pasaron a denominarse hutíes en honor al dirigente asesinado y se levantaron en armas contra el gobierno encabezado por Alí Abdalá Salé, representante de la mayoría suní, acusando al régimen de corrupto y de llevar a cabo una violenta opresión contra los chiitas. En 2011, el grupo se sumó a la llamada Primavera Árabe y participó en las masivas protestas que forzaron a Salé a entregar el poder a su segundo, Abdrabbuh Mansour Hadi quién en 2015 se vio obligado a huir a Arabia Saudita donde instaló el Consejo de Liderazgo Presidencial, gobierno yemení reconocido por organismos internacionales como la ONU, la Unión Europea, Estados Unidos y la mayoría de países árabes.

Aunque no son reconocidos como el gobierno oficial de Yemen, los hutíes controlan la capital, Saná, donde vive la mayoría de la población yemení y gran parte del norte del país donde recauda impuestos, administra instituciones y dispone de un arsenal que incluye drones y misiles de largo alcance. Se trata de una región estratégica, no solo porque por ahí transita el 12% del comercio mundial y millones de barriles de petróleo al día, sino porque se encuentran uno de los principales yacimientos de gas y petróleo del mundo a la que la política expansionista del imperialismo empuja a la crisis y el caos.

Los ataques de Trump y el sionismo contra Irán aceleraron la reacción de los hutíes que anunciaron un “embargo marítimo” contra Arabia Saudí y reanudaron los ataques con drones y misiles contra aeropuertos, instalaciones petroleras y buques cisterna saudíes e israelíes en el mar Rojo.

Los hutíes se referencian como parte del "eje de resistencia" liderado por Irán junto con Hamás y Hezbolá y contra Israel, EE.UU. y Occidente. Por lo tanto, tienen flagrantes contradicciones. Tienen el carácter positivo de resistir a los ataques del imperialismo y el sionismo, pero mantienen regímenes dictatoriales y represivos. En los territorios yemeníes controlados por los hutíes, las mujeres enfrentan restricciones severas a sus derechos. Sufren la aplicación del "Mahram", el tutor masculino obligatorio y no pueden viajar solas entre gobernaciones yemeníes ni salir del país sin la autorización escrita aprobada. "Están luchando contra los imperialistas, contra los enemigos de la nación del Islam. Eso resonó bien en su base", explicó Hisham al Omeisy, experto en Yemen del Instituto Europeo de la Paz, para explicar el apoyo a las acciones de los rebeldes yemeníes. Es algo que también reivindican activistas palestinos, incluidas mujeres, en relación al papel de Hamas contra el genocidio sionista, aunque repudian el carácter patriarcal y represivo de estos grupos.

Las pretensiones expansionistas del imperialismo y sus aliados para dominar el mundo de la que Donald Trump es la principal expresión, se vienen chocando con la resistencia de los pueblos que luchan en defensa de sus derechos y soberanías con las armas que tiene a su alcance. No apoyamos políticamente al gobierno yemenista de los hutíes como tampoco a Hamás, Hezbolá o al régimen iraní. Por el contrario, somos rigurosamente críticos, sin embargo, nos ubicamos en la misma trinchera de resistencia y enfrentamiento contra las agresiones del imperialismo trumpista como del genocidio sionista.

22/9/2026

 

Conducen:
Mercedes Trimarchi y Mercedes de Mendieta

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