Jun 19, 2026 Last Updated 8:09 PM, Jun 18, 2026

Izquierda Socialista


Escribe Pilar Barbás, dirigenta de la Juventud de Izquierda Socialista y secretaria de la Federación Universitaria Argentina.

En la nota titulada Debate. Subirse al palco de Yacobitti y las autoridades es bajarse de la independencia política, lamentablemente el primer balance que hace En Clave Roja-PTS de la masiva cuarta marcha federal es una campaña falsa contra varias agrupaciones de izquierda que participamos del acto central de la movilización. Enmarcada en los debates más generales que venimos desarrollando con el PTS, consideramos que su campaña está equivocada en varios puntos.

Antes de empezar a responder las calumnias del PTS, precisemos algo que saben y ocultan, y es que quienes estuvimos en el acto no lo hicimos fruto de ninguna negociación ni acuerdo político con la burocracia estudiantil y los rectores, sino que lo hicimos ocupando el lugar que nos ganamos por los espacios conquistados en la Federación Universitaria Argentina. Ya quisieran Yacobitti, la Franja Morada, y la Juventud Universitaria Peronista (JUP) que ante los millones que vieron la movilización la representación del movimiento estudiantil quede reducida a sus agrupaciones. Pero no, por nuestra intervención en los centros de estudiantes de todo el país le arrebatamos esa representación a esa burocracia estudiantil y desde la Juventud de Izquierda Socialista (JIS) no tenemos pensado regalársela.

En segundo lugar, consideramos que la cuarta Marcha Universitaria fue un triunfo de la política de presión y exigencia que venimos desarrollando los sectores combativos contra el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) y las conducciones burocráticas de la mesa sindical y la Federación Universitaria Argentina.

(FUA). En estos dos años de conflicto, Yacobitti y el CIN jugaron un rol cómplice de este gobierno, negociando por detrás y amenazando con descontar el sueldo a les docentes que paran, cosa que denunciamos constantemente desde la JIS junto a nuestres compañeres docentes y nodocentes. Pero el rol de la izquierda ante un gobierno de ultraderecha no se puede reducir a una actitud de aislamiento autoproclamatorio.

Nuestra política, que quedó demostrada en la masiva convocatoria del 12, es que hay que impulsar la unidad de acción en las calles contra el desfinanciamiento de la universidad, al mismo tiempo que se disputa la orientación política en cada espacio de intervención. Esto no significa perder la independencia política, tal como señala erróneamente En ClaveRoja-PTS. Hacer semejante afirmación resulta un completo ridículo poniéndola en el contexto de que en todo el país (salvo donde su divisionismo lo impide) llevamos adelante tanto listas como intervenciones en común junto a la Juventud del PTS enfrentando (justamente) a los rectores y sus agrupaciones.

Señalan que “no se puede hablar de independencia política y al mismo tiempo aparecer subordinados a un acto armado por el CIN, la FUA y las burocracias sindicales”. Continuando con su misma línea argumental, preguntamos fraternalmente ¿la izquierda no tenía que haber participado de la marcha entonces? Mismo argumento esgrimieron en el 50° Aniversario del 24 de Marzo, en el cual realizaron un acto marginal, dándole la espalda a miles que se movilizaron contra el negacionismo de Milei.

Desde la JIS, en nuestras intervenciones en cada uno de los lugares de estudio, dejamos en claro la delimitación que tenemos de los rectores, es por eso que exigimos e incitamos a profundizar el plan de lucha y desbordar a las direcciones traidoras en unidad. En lugar de pensar una perspectiva de conjunto para pelear como un polo independiente para conducir al movimiento estudiantil, el primer balance que saca En Clave Roja-PTS tras una movilización histórica es una nota en contra de las agrupaciones de izquierda, lo que deja en evidencia su política sectaria y autoproclamatoria.

Dos perspectivas de dirección del movimiento estudiantil

“¿Vinimos a administrar el conflicto junto a los rectores o a organizar una fuerza independiente para ganarlo?”, se pregunta al final de su nota En Clave Roja-PTS.

De esta afirmación se desprenden dos conclusiones. En primer lugar se pone en igualdad de condiciones a los sectores combativos de docentes, nodocentes, estudiantes que venimos dando la pelea contra el ajuste a la universidad con las burocracias que le ponen el freno a la lucha desde hace dos años, lo cual representa una grave calumnia.

En segundo lugar, se deja ver que En Clave Roja no da ninguna disputa concreta por una orientación diferente de la FUA de los radicales y peronistas. Esta política no es nada nueva, siempre estuvieron por fuera de todos los procesos de conducción del movimiento estudiantil. Incluso de la FUBA de izquierda y combativa que le arrebató a la Franja Morada la conducción en el 2001 post-argentinazo. En la actualidad, fueron electos representantes en la FUA por el voto de estudiantes que genuinamente les dieron su apoyo para disputar esos espacios. Sin embargo, ni van a las reuniones y cuando van, ni siquiera intervienen. ¿Así piensan postularse como una alternativa de dirección del movimiento estudiantil?

Por nuestro lado desde la JIS, junto a otras agrupaciones de izquierda, tenemos la política contraria. Constantemente damos la disputa en los espacios en los que les estudiantes nos eligieron, como en la FUA y la FUBA donde ponemos a disposición de las luchas nuestras secretarías interviniendo políticamente. Allí denunciamos muy claramente la responsabilidad de Yacobitti y el CIN en la situación de las universidades y peleamos porque profundicen la lucha. Al igual que lo hacemos en cada asamblea y espacio de organización, orientando al movimiento estudiantil. En calidad de representantes de ese movimiento estudiantil es que subimos a ese palco ¿le vamos a regalar la foto de la lucha en defensa de la universidad pública a Yacobitti y demás? Sería mejor defender el espacio de quienes verdaderamente le ponemos el cuerpo a la lucha contra el desfinanciamiento.

Desde la JIS, llamamos a reflexionar sobre las políticas divisionistas de En Clave Roja-PTS, que también se reflejaron en su acto en soledad del 1° de Mayo, y les invitamos a seguir construyendo la unidad de quienes luchamos día a día en defensa de la universidad pública, gratuita y de calidad, contra la motosierra del ultraderechista de Milei.

Foto de portada: A fuerza de movilización de obreros y estudiantes, huyó la caballería

Escribe Federico Novo Foti

El 29 de mayo de 1969, en medio de una huelga general nacional, los obreros cordobeses se movilizaron, derrotaron a la policía y dominaron el centro de la ciudad. Sólo la represión del ejército logró terminar de controlar la situación, el mediodía del viernes 30. Pero la dictadura del general Juan Carlos Onganía ya estaba herida de muerte.
  
El jueves 29 de mayo de 1969 la ciudad de Córdoba amaneció con un clima enrarecido. Es que la CGT 1 había convocado a un paro nacional de 24 horas para el viernes 30. Pero la CGT regional de Córdoba había decidido adelantar la convocatoria para el día previo, transformando la acción en una huelga de 36 horas. Desde las 10 de la mañana de aquel jueves, miles de obreros comenzaron a abandonar las fábricas para dirigirse al centro de la ciudad. La medida logró una adhesión del 98%, evidenciando la bronca existente entre los trabajadores por los bajos salarios y la represión de la dictadura militar encabezada por Juan Carlos Onganía.

Los manifestantes, a los que se fueron sumando cada vez más estudiantes, se encolumnaron y ocuparon un área de 150 manzanas, donde comenzaron a hostigar a la policía. Para el mediodía, hora de inicio formal de la huelga, los enfrentamientos ya eran generalizados. Vecinos se sumaron a las barricadas improvisadas y, a fuerza de pedradas, hicieron huir a la Caballería. La Guardia de Infantería utilizó armas de fuego y asesinaron al obrero del Smata, Máximo Mena y al estudiante de arquitectura, Daniel Castellanos. Lejos de apaciguarse los ánimos, los enfrentamientos recrudecieron y la policía debió replegarse. El centro de la ciudad había quedado en manos de los manifestantes.2

Recién pasadas las 17 horas, cuando la movilización comenzaba a debilitarse, entraron en acción las tropas del ejército. Su objetivo era recuperar el dominio del centro de la ciudad. Casi sin enfrentamientos masivos, los manifestantes fueron obligados a retirarse a los barrios, donde continuaron con ataques a puestos policiales. Para el mediodía del viernes 30 el ejército tenía controlada la situación. El saldo de la represión fue de 6 muertos, 51 heridos y 300 arrestados. Entre estos últimos estaban, Raimundo Ongaro, secretario general de la CGT de los Argentinos, Elpidio Torres, secretario general del Smata y Agustín Tosco secretario general de Luz y Fuerza, uno de los principales dirigentes de aquellas jornadas.

El Cordobazo fue una insurrección espontánea, protagonizada por obreros y estudiantes, provocada por el odio a la dictadura militar de Onganía. Fue la máxima expresión de la unidad en las manifestaciones callejeras de obreros y estudiantes. El régimen militar quedó herido de muerte y nunca se pudo recuperar de aquel golpe.
 
Antecedentes del Cordobazo

El Cordobazo no fue un rayo en cielo sereno. Desde 1966 el país estaba gobernado por la dictadura militar de Onganía. Pero la represión y la miseria habían comenzado a provocar un creciente malestar entre los obreros y sectores populares. 

El movimiento obrero comenzó a recuperarse después de años de estancamiento. Durante 1968 se dieron tres luchas obreras importantes: la de los petroleros de YPF en Ensenada, la de los gráficos de Fabril Financiera en Barracas y la de Citroën, también en la ciudad de Buenos Aires. Fueron tres luchas largas y con mucha fuerza en la base, que organizó piquetes y se enfrentó a los “carneros”. Si bien fueron derrotadas por responsabilidad de la burocracia sindical, el ascenso no se interrumpió y se trasladó a las provincias. Desde comienzos de 1969, fueron saliendo a la lucha los metalúrgicos, Luz y Fuerza, Smata, estatales y docentes.

Entre tanto, el estudiantado del interior también había comenzado a luchar. En marzo de 1969 hubo conflictos estudiantiles en Tucumán y Rosario. A mediados de mayo se movilizaron los estudiantes correntinos en contra de la privatización del comedor universitario y fueron duramente reprimidos. El estudiante de Medicina Juan José Cabral cayó asesinado por la policía. Esto generó una inmediata movilización en Rosario que dio origen al Rosariazo, donde fue asesinado otro estudiante de Económicas, Adolfo Ramón Bello. El 16 de mayo los estudiantes comenzaron a movilizarse y enfrentar en las calles a la policía hasta derrotarla. El 21 de mayo se sumaron sectores del movimiento obrero, día en que fue asesinado el joven metalúrgico Luis Blanco.

En ese escenario de ebullición, la CGT se vio obligada a convocar a un paro nacional de 24 horas para el 30 de mayo. Pero fue en Córdoba donde se dio el punto más alto de la lucha. Allí, en la segunda ciudad del país por población y peso industrial, creció el malestar por los bajos salarios y la represión entre un movimiento obrero joven y altamente calificado (metalúrgico y automotor), con una burocracia relativamente más débil, y un estudiantado de tradición combativa, concentrado en pensiones y casas estudiantiles en el Barrio Clínicas, que se venía movilizando en solidaridad con los estudiantes tucumanos, correntinos y rosarinos.
 
Lecciones del Cordobazo

El Cordobazo marcó el inicio de un nuevo ascenso de la lucha de clases en el país. Si bien la dictadura militar cayó herida de muerte, el imperialismo y los partidos patronales, con el líder radical Ricardo Balbín y Juan Domingo Perón, aún en el exilio, se jugaron a salvar al régimen capitalista forjando el “Gran Acuerdo Nacional” (GAN), que permitió el llamado a elecciones y el regreso de Perón al poder en 1973 con el objetivo de contener las luchas. Pese a todo, el ascenso continuó y en esta etapa se fortalecieron sectores antiburocráticos del movimiento obrero, cuya máxima expresión fueron los sindicatos combativos de la FIAT (Sitrac y Sitram).3 Este proceso perduró hasta el golpe de estado genocida del 24 de marzo de 1976.

Esto dejó importantes enseñanzas. Por un lado, puso en evidencia la fuerza del movimiento obrero cuando sale a la lucha. En aquella oportunidad, encabezando al movimiento estudiantil y sectores populares, logró barrer con la dictadura. Pero, por otro lado, expuso el problema de las conducciones políticas y sindicales. Si aquella movilización triunfante que derrotó a la dictadura de Onganía no terminó con el régimen capitalista fue porque la mayoría de los trabajadores eran conducidos por el peronismo, un movimiento patronal que se jugó a lograr la “estabilidad” burguesa del país, y por una dirigencia sindical burocrática y traidora, aliada incondicional de esos patrones.

Hoy, bajo el gobierno ultraderechista de Javier Milei y su plan motosierra, con el ajuste de los gobernadores (incluidos los peronistas) y la traición de la CGT se vuelve a demostrar que el peronismo no va más. La salida es con el Frente de Izquierda Unidad. Desde Izquierda Socialista en el FITU seguimos bregando por una nueva dirección sindical y política independiente de los patrones y los burócratas, que impulse un plan obrero y popular en la pelea por un gobierno de las y los trabajadores y el socialismo.

1. Por entonces la burocracia de la CGT estaba dividida en dos alas. La CGT “Azopardo” de Augusto Vandor (colaboracionista con la dictadura) y la CGT “de los Argentinos” de Raimundo Ongaro (unida a la oposición patronal a la dictadura).
2. Mercedes Petit.. “Dos días que conmovieron a la Argentina” en Revista de América Nº 4, junio de 1975. Disponible en www.nahuelmoreno.org
3. Ver R. de Titto. Historia del PST. CEHuS, Buenos Aires, 2016.

El dirigente trotskista argentino Nahuel Moreno, quien por entonces orientaba el Partido Revolucionario de los Trabajadores – La Verdad (PRT-LV), buscó sacar conclusiones del Cordobazo al calor de la intervención en los acontecimientos y en la pelea por construir un partido socialista revolucionario. En la compilación de textos “Después del Cordobazo”, editada por primera vez en enero de 1971, puede leerse: “Lo que ha ocurrido en Rosario, y principalmente en Córdoba, tiene un nombre muy claro, ha sido una semi insurrección […] Tanto en Rosario como en Córdoba hemos presenciado el encuentro de los obreros y estudiantes con las fuerzas represivas, como la derrota de éstas. Uno de los principales brazos armados del régimen, la policía, fue puesta en retirada por las fuerzas populares. […] En Córdoba el ejército intervino violentamente, originando una situación semiinsurreccional, de lucha civil, aunque por falta de dirección no fue respondida en la misma forma por el movimiento obrero y estudiantil. Hubiera sido suficiente que los trabajadores se hubieran armado para responder al fuego del ejército para que la guerra civil y la insurrección hubieran sido un hecho […] Lo que faltó tanto en Córdoba como en Rosario fue un partido revolucionario que supiera organizar a las masas para la insurrección. Si ese partido hubiera existido, hubiéramos logrado armas para los obreros y estudiantes, así como hubiera sabido elaborar un plan insurreccional para golpear a las fuerzas de la reacción en sus puntos neurálgicos”. 1

1. Nahuel Moreno. Después del Cordobazo, Ediciones El Socialista, Buenos Aires, 2013. Disponible en www.nahuelmoreno.org 

Foto de portada: La rebelión obrera y popular exige la renuncia del presidente boliviano


Escribe Miguel Lamas, dirigente de la UIT-CI

La Paz, sede del gobierno de Bolivia, se encuentra cercada por los bloqueos de caminos impulsados por la Central Obrera Boliviana (COB), sindicatos campesinos, organizaciones de pueblos indígenas originarios, vecinos y gremiales, entre otros sectores.
 
En los últimos días, el gobierno respondió con una brutal represión policial y militar para intentar romper los bloqueos y aplastar la movilización. Ya hubo cuatro muertos, más de cien heridos y decenas de detenidos. Además, pesa una orden de captura contra Mario Argollo, principal dirigente de la COB. 

Sin embargo, lejos de retroceder, la movilización continúa creciendo. La medida de lucha exige hoy la renuncia del presidente Rodrigo Paz y acorrala a un gobierno derechista al servicio de la oligarquía terrateniente y de las empresas multinacionales. Los bloqueos se profundizan en La Paz, se extienden a nivel nacional y nuevos sectores siguen incorporándose a la lucha.

El presidente Rodrigo Paz solicitó apoyo diplomático internacional y recibió el respaldo de Donald Trump, Benjamín Netanyahu, Javier Milei y distintos gobiernos latinoamericanos de derecha. Incluso se pronunciaron contra la COB y las movilizaciones populares. Trump sostiene a Paz y a estos gobiernos como piezas funcionales al saqueo de las riquezas del país y a la defensa de los intereses de las multinacionales estadounidenses. Por eso la rebelión popular en Bolivia pone en riesgo esos intereses.

Una de las principales mentiras del gobierno es afirmar que todas las movilizaciones responden a órdenes de Evo Morales. Esto es falso. Aunque Morales declaró su apoyo a las protestas y participan sectores campesinos del Chapare vinculados al evismo, la enorme mayoría de las marchas y bloqueos surgieron y continúan de manera independiente, sin responder políticamente al expresidente ni levantar sus consignas.

Por supuesto, Evo Morales intenta recuperar protagonismo político, pero eso no significa que las protestas tengan ese objetivo. Hay que recordar que tanto su gobierno, entre 2006 y 2019, como el de Luis Arce, entre 2020 y 2025, terminaron acordando con la oligarquía del agronegocio y con las multinacionales, consolidando sus privilegios y grandes propiedades. Esa política, que se presentó con un falso discurso “socialista”, aunque nada tenía que ver con el socialismo, preparó la crisis actual, profundizada luego por las medidas de Rodrigo Paz.

El actual gobierno pretende quitarles tierras a pequeños campesinos y a comunidades indígenas para entregarlas a la oligarquía terrateniente. Al mismo tiempo, redujo los presupuestos de salud y educación públicas con el objetivo de avanzar en su privatización. También permitió un aumento de más del 50% en los productos básicos de la canasta familiar, mientras rechaza cualquier recomposición salarial que compense esa pérdida.

Paz ganó las elecciones de octubre pasado con falsas promesas y gracias a una ley electoral profundamente restrictiva, que impide la legalización de partidos populares. El nuevo partido impulsado por Evo Morales tampoco pudo legalizarse. Incluso la propia Central Obrera Boliviana votó en su último congreso la necesidad de construir una alternativa política de las y los trabajadores, pero tampoco pudo obtener reconocimiento legal. Paz se presentó entonces con un falso discurso “anti derecha”, que rápidamente quedó desenmascarado por su política de ajuste y represión.

Desde el Partido de los Trabajadores, del cual es integrante  Alternativa Revolucionaria del Pueblo Trabajador, sección boliviana de la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores - Cuarta Internacional, se llama a profundizar la lucha hasta derrotar al gobierno derechista y al régimen de la oligarquía terrateniente y las transnacionales.

Proponen la conformación de un gobierno transitorio encabezado por la COB y las organizaciones en lucha, que convoque a elecciones libres, legalice los partidos populares y abra el camino a una salida obrera, campesina, indígena y popular. Sostienen que son necesarios cambios revolucionarios para terminar con la pobreza creciente del pueblo trabajador, con el dominio de la oligarquía del agronegocio y con el saqueo de las multinacionales sobre las riquezas del país.

Foto de portada: Concentración en la Cancillería reclamando la liberación de las y los secuestrados

Durante la noche del 29 de abril, Israel interceptó 21 embarcaciones en cercanías de Grecia, secuestró en una cárcel flotante a 180 participantes de la Flotilla Global Sumud, entre los que estuvieron Mónica Schlotthauer y Ezequiel Peressini de Izquierda Socialista, y mantuvo retenidos durante diez días a los dirigentes Saif Abukeshek y Thiago Ávila. Buscaban quebrar la organización y evitar que nuevas embarcaciones se sumaran a la iniciativa. Sin embargo, pese a la represión, Israel no pudo cantar victoria. La liberación de todos los tripulantes y, en particular la de Saif y Thiago fue tomada como un triunfo y permitió que la Flotilla continúe navegando hacia Gaza desde el puerto de Marmaris, en Turquía.

Durante un operativo naval de 35 horas que comenzó el lunes 18 en las aguas de protección y salvamento de Chipre, las fuerzas de ocupación del Estado sionista volvieron a interceptar las 50 embarcaciones que continuaban navegando. El 19 de mayo, ya en aguas internacionales, finalizó la operación con el secuestro de la embarcación Sirius, de la Flotilla Global Sumud, y del barco Lina, de la Flotilla de la Libertad, cuando se encontraban a tan solo 150 kilómetros de Gaza.

Las interceptaciones fueron ilegales, un verdadero acto de piratería ejecutado en aguas de otros países o bajo la complicidad de sus gobiernos y de la Unión Europea. Además, fueron extremadamente violentas: varios barcos fueron hundidos y las fuerzas israelíes utilizaron armas de fuego contra las embarcaciones, cañones de agua a presión y hasta colisionaron un buque militar contra el pequeño velero Sirius, poniendo en riesgo la vida de sus tripulantes.

Acto frente a la Cancillería argentina

Como parte de las movilizaciones llevadas a cabo en diferentes ciudades del mundo, el Comité Argentino de Solidaridad con el Pueblo Palestino convocó, junto a la delegación local de la Flotilla Global Sumud, a un acto frente a la Cancillería.

El reclamo central fue exigir la inmediata liberación y el retorno seguro de Ramiro Giganti, Lautaro Rivara, María Victoria Pi de la Serra y María Elena Lavenas, de nacionalidad argentina secuestrados por Israel y trasladados forzosamente, junto a 428 activistas de decenas de países, al puerto de Ashdod para luego ser encarcelados.

El acto contó con la presencia de familiares y amigos de los activistas secuestrados. La madre de Ramiro exigió entre lágrimas: “Devuelvan a mi hijo”. Compañeras y compañeros de la agencia de noticias Nodal informaron también sobre la situación del convoy terrestre que permanece paralizado en Libia y del que participan Paula Giménez y Lucas Aguilera de nuestro país. Además, se expresó la solidaridad con Nicolás Cortez, quien aguarda rescate en el puerto de Chipre.

La diputada bonaerense Mónica Schlotthauer, única diputada que integró la Flotilla, envió su saludo al acto y el Frente de Izquierda Unidad estuvo presente. Los coordinadores de la Flotilla Global Sumud, Ezequiel Peressini, de Izquierda Socialista y la UIT-CI, y Celeste Fierro, del MST, junto a Pablo Giachello, del Partido Obrero, e Iara Salerno, del PTS, denunciaron el rol criminal y colaboracionista del gobierno de Javier Milei con el genocida Benjamín Netanyahu.

Además, ratificaron que la unidad internacionalista en apoyo al pueblo palestino continuará luchando por la libertad de las y los más de 9.500 presos políticos palestinos y por una Palestina libre, del río al mar.

Corresponsal










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