Escribe Federico Novo Foti
El 10 de abril de 1919 era fusilado Emiliano Zapata, quien fuera uno de los principales dirigentes, junto a Pancho Villa, de la gran revolución campesina mexicana entre 1910 y 1920. Aunque se mantuvo el sistema capitalista, se impuso una profunda reforma agraria.
Era el mediodía de aquel 10 de abril cuando Emiliano Zapata, “el caudillo del sur”, ingresó en la hacienda de San Juan Chinameca (Morelos, México). Dentro de la finca lo esperaba el coronel Jesús Guajardo, con quien Zapata buscaba un entendimiento ofreciéndole sumarse a las filas rebeldes. Días antes habían llegado a oídos de Zapata las desavenencias entre Guajardo y su jefe, el general Pablo González. Ambos habían sido enviados por el presidente mexicano Venustiano Carranza al frente del Ejército Federal para sofocar la rebelión del sur que reclamaba “tierra y libertad” y lideraba Zapata.
Con extrema desconfianza y desoyendo informes que le advertían sobre una posible traición, Zapata se encaminó a aquel encuentro junto a tres de sus lugartenientes y una escolta de diez hombres. Ya en la puerta de la finca la guardia de Guajardo hizo sonar tres veces el toque del clarín. Lo que parecía un saludo no era otra cosa que la señal para que los soldados abrieran fuego contra “el caudillo del sur” y su comitiva. La emboscada se había consumado y “Miliano” cayó asesinado junto a gran parte de su escolta.
La muerte de Emiliano Zapata dio nacimiento a la leyenda. Los rumores de que “el pobrecito” no había muerto y que regresaría se cantó en corridos y poemas, mientras que la rebelión de los pueblos del sur continuó reclamando la “tierra prometida”.1 Recién en 1920 Carranza comprendió que el sur no se rendiría y debió reconocer algunas de sus reivindicaciones.
Del “porfiriato” a la revolución
Entre 1876 y 1910 México estuvo gobernado por la dictadura de Porfirio Díaz, quien defendía los intereses de la oligarquía terrateniente y el imperialismo, apoyado en el ejército y la iglesia católica. Durante el “porfiriato” la oligarquía acrecentó latifundios a fuerza de expropiaciones y la concentración de tierras mediante el saqueo legalizado de las comunidades campesinas indígenas y mestizas. Se calcula que en este periodo 810 mil hectáreas comunales fueron transferidas a las haciendas. Para 1910 el 77,4% de la población mexicana vivía en el campo, pero el 96,9% de ellos no poseían tierras o tenían tierras marginales, por lo que millones de campesinos estaban sumidos en la miseria.2
El 26 de junio de 1910 Porfirio Díaz se hizo reelegir en su cargo. Días antes había sido detenido Francisco Madero, terrateniente e industrial, miembro de una de las diez familias más ricas del país, quien había intentado presentarse a elecciones en nombre de la democratización (no reelección y libertad de sufragio) y la modernización del país. A comienzos de octubre, Madero logró fugarse de la prisión y exiliarse en Estados Unidos. El 5 de octubre dio a conocer el “Plan de San Luis”, que exponía el descontento de un gran sector patronal con el dictador y en forma vaga e imprecisa prometía solucionar el problema de la carencia de tierra que afligía a la inmensa mayoría de la población.
En aquella proclama Madero llamaba al levantamiento armado. El campesinado pobre vio en el llamado de Madero la ocasión de recuperar sus tierras usurpadas y empezó a movilizarse masivamente. La revolución agraria se había puesto en marcha.
Ambos bandos de los explotadores se apresuraron a negociar para terminar con las revueltas. Entre el dictador y los líderes patronales maderistas pactaron la salida de Díaz. El 25 de mayo, éste renunció y partió al exilio en Francia. Madero hizo su entrada triunfal como presidente en la ciudad de México en junio de 1911. Para la burguesía, la revolución se había terminado. Pero miles y miles de campesinos habían despertado, dispuestos a recuperar la tierra. Durante casi una década tuvieron en jaque al poder burgués en el país.
La Comuna de Morelos
En el sureño Estado de Morelos se desarrolló lo más avanzado de la movilización de las masas campesinas. Al frente estaba Emiliano Zapata, comandante del Ejército Libertador del Sur. Su guerra revolucionaria contó con el apoyo sin reservas de la población. Se hicieron guerrillas y se vivieron años en lucha armada para derrotar a los ejércitos federales de los sucesivos gobiernos patronales (Porfirio Díaz, Francisco Madero, Victoriano Huerta y Carranza), manteniendo un foco revolucionario indomable.
En esa zona había muchos pueblos cuyos campesinos defendían sus tierras o buscaban recuperarlas, junto a las más modernas haciendas, que concentraba en los ingenios azucareros un numeroso proletariado agrícola. Esa fue la base social del zapatismo, campesinos pobres y obreros agrícolas.
Si en 1910 Zapata era partidario de Madero rápidamente tomó un curso independiente en su determinación de lograr una revolución que asegurara las tierras para los campesinos. En noviembre de 1911, en una reunión en Villa de Ayala, se consumó la ruptura con el gobierno burgués, al cual ya estaban enfrentando con las armas. El 28 se aprobó el “Plan de Ayala”, que denunciaba la traición de Madero y presentaba el programa de la revolución agraria.
El Plan de Ayala proclamaba la recuperación de “los terrenos, montes y aguas” usurpados por los hacendados, y la expropiación (indemnizando un tercio de su valor) de las grandes propiedades “monopolizadas en unas cuantas manos”, para repartirlas. A los patrones que se opusieron al plan, directa o indirectamente, se les expropiarían los bienes, para destinarlos a indemnizaciones de guerra y pensiones para las viudas y huérfanos de las víctimas de la lucha campesina.
Formando un gobierno local, la Comuna de Morelos, los zapatistas dictaron leyes, resolvieron sobre el reparto de tierras, el abastecimiento, educación, sanidad, y acuñaron su propia moneda. En el territorio del zapatismo existió una sociedad campesina igualitaria, impuesta y defendida por hombres y mujeres movilizados y armados. Se formó un poder local, cuya pretensión era extenderse hacia el resto del país, para derrotar al poder burgués-oligárquico, defendido por el Ejército Federal.3
Logros y tareas pendientes
La burguesía, con el apoyo del imperialismo estadounidense, fue recuperando fuerzas para desgastar y ahogar la revolución campesina. En 1915 fue derrotado el ejército revolucionario del norte, comandado por el legendario Pancho Villa, ex oficial del ejército de Madero de origen campesino. Pronto los esfuerzos del gobierno se orientaron a derrotar las rebeliones en el sur. En abril de 1919 Zapata fue asesinado. El hecho simbolizó la declinación de las fuerzas de la revolución, que finalmente se interrumpió.
De cualquier modo el país no volvería a ser el mismo. La Constitución, aprobada el 31 de enero de 1917, aún siendo burguesa, tenía disposiciones que la ubicaban entre las más avanzadas del mundo. Además de la reforma agraria, establecían derechos para los obreros, como la jornada de ocho horas diurnas, limitaciones al trabajo peligroso o insalubre para las mujeres, prohibición del trabajo infantil, un mes de lactancia, entre otros. Se definió al matrimonio como un contrato civil y a los curas como “personas que ejercen una profesión”.
Varios de esos derechos constitucionales no se aplicaron o sólo parcialmente. El movimiento nacionalista burgués mexicano tuvo períodos de auge y de duros enfrentamientos a los imperialistas ingleses y estadounidenses, en particular en la década de 1930. Pero fue retrocediendo, hundiendo al país bajo el coloniaje yanqui y a su pueblo en la miseria. En el México de la presidenta Claudia Sheinbaum, a pesar de los discursos, continúa la entrega de los bienes comunes, el ataque a las comunidades originarias, la superexplotación en las maquilas, el crecimiento de la pobreza y la miseria y el avance del crimen organizado. Por eso las banderas de Emiliano Zapata y las tareas de aquella heroica revolución siguen vigentes contra el yugo capitalista.
1. Ver Octavio Paz Solórzano. Emiliano Zapata. FCE, México, 2012.
2. Ver Fernando Mires. La rebelión permanente. Las revoluciones sociales en América Latina. Siglo XXI, México, 2001.
3. Ver Adolfo Gilly. La revolución interrumpida. El Caballito, México, 1977.
Emiliano Zapata, internacionalista
Fue el más grande dirigente de la revolución mexicana. Encabezó desde 1910 la “Comuna de Morelos”, un auténtico poder popular. Zapata también buscó la unidad de los campesinos con el movimiento obrero y tuvo una posición internacionalista. Respecto del triunfo de la primera revolución socialista en Rusia en octubre de 1917, escribió: “mucho ganaría la humana justicia, si todos los pueblos de nuestra América y todas las naciones de la vieja Europa comprendiesen que la causa del México revolucionario y la causa de la Rusia irredenta, son y representan la causa de la humanidad, el interés supremo de todos los pueblos oprimidos. Aquí como allá hay grandes señores, inhumanos, codiciosos y crueles que de padres a hijos han venido explotando hasta la tortura, a grandes masas de campesinos. Y aquí como allá, los hombres esclavizados, los hombres de conciencia dormida empiezan a despertar, a sacudirse, a agitarse, a castigar. […] Una y otra [la revolución rusa y la revolución agraria mexicana] van dirigidas contra […] la infame usurpación de la tierra, que siendo propiedad de todos, como el agua y el aire, ha sido monopolizada por unos cuantos poderosos apoyados por la fuerza de los ejércitos y la iniquidad de las leyes. No es de extrañar, por lo mismo, que el proletariado mundial aplauda y admire la Revolución Rusa, del mismo modo que otorgará toda su adhesión, su simpatía y su apoyo a esta Revolución Mexicana, al darse cabal cuenta de sus fines”. (Carta del 14/02/1918)1
1. Citado en Adolfo Gilly. Op. Cit.

Escribe Miguel Sorans, dirigente de Izquierda Socialista y de la UIT-CI
Trump había amenazado que iba a “arrasar” con Irán, que “una civilización entera va a morir esta noche”, que “van a volver a la edad de piedra” si no “abrían el p…estrecho”. El mundo esperaba expectante que iba a ocurrir, si venía una especie de hecatombe planetaria. Finalmente, el martes 7 de abril, cuando faltaba una hora, para que venciera el “ultimátum” de Trump, éste anuncia que declaraba un cese al fuego de dos semanas para abrir negociaciones. Y que lo hacía accediendo al pedido que le hizo el gobierno de Pakistán.
O sea que no hubo ningún acuerdo previo con Irán, que se mantuvo firme ante el “ultimátum”. Ni tampoco había anunciado que abría el estrecho de Ormuz. Por eso todo indica que otra vez Trump fue para atrás. Por eso es Irán y su pueblo los que están festejando victoria. Incluso Trump dijo que toma los diez puntos propuestos por Irán como una buena base.
Trump tiene una nueva contradicción. Reclama como triunfo que se abra el estrecho de Ormuz. Pero el estrecho de Ormuz siempre estuvo abierto hasta que Trump e Israel lanzaron su agresión militar el 28 de febrero. No es ninguna victoria.
Irán declaró que tomaba la tregua y abriría por dos semanas el estrecho, bajo su control y si no sufre ningún nuevo bombardeo. Por otro lado, no hay ninguna seguridad de que se cumpla este frágil “acuerdo” de cese al fuego y menos que se termine la guerra de agresión a Irán. Empezando porque nadie asegura que Israel va a sumarse y cumplir con la tregua mientras va a seguir la invasión criminal al Líbano. Todo es incierto. Por eso los pueblos del mundo deben seguir en acción apoyando a los pueblos de Irán y el Líbano.
Al cierre de la edición se anunció un cese al fuego por dos semanas. La situación sigue incierta (ver recuadro). Reproducimos una síntesis de una entrevista del 4 de abril a Miguel Sorans, dirigente de Izquierda Socialista y la UIT-CI, por su vigencia. Fue realizada por Juan Gauna en la radio La voz de los oprimidos de Gobernador Gálvez, Santa Fe.
Juan Gauna: La guerra ya lleva más de un mes. Donald Trump pensaba que era un paseo y resulta que no lo es. ¿Qué pasa en Estados Unidos, con un 70% de rechazo a la guerra?
Miguel Sorans: La agresión militar de Estados Unidos e Israel a Irán genera novedades constantes, especialmente por las idas y vueltas de Donald Trump. La guerra impacta en el capitalismo global y en el movimiento de masas. En Estados Unidos con un rechazo del 70 % que atraviesa tanto a las bases demócratas como republicanas. Este rechazo se profundiza por la crisis económica: la suba de la gasolina en Estados Unidos impulsa la inflación y encarece los productos de primera necesidad.
Por primera vez, el principal país del sistema capitalista imperialista enfrenta la inflación como problema central, algo históricamente asociado a países semicoloniales, en especial de América Latina, Asia y África. Este fenómeno nuevo genera inquietud social, agravada por la guerra.
Encima, Trump impulsa una ley para aumentar un 40% el presupuesto en defensa, planteando reducir el gasto social en salud, educación y planes. Esto preocupa incluso a sus propios legisladores en un contexto electoral, con comicios en noviembre, y alimenta el crecimiento de la oposición, porque Trump había prometido no involucrarse en nuevas guerras.
En ese marco se produjo, el 28 de marzo, una marcha récord de 8 millones de personas en Estados Unidos, más de 3.300 protestas en 50 estados, bajo las consignas No Kings (No reyes) y No a la guerra, superando la del año pasado que reunió a 7 millones.
JG: Trump hizo un discurso en el que afirmó que Irán podría volver a la Edad de Piedra. ¿Cuál es el verdadero Donald Trump, el que plantea negociar o el que amenaza con destruirlo?
MS: Como dijeron analistas de la prensa burguesa, el discurso mostró a un mandatario desorientado: volvió a cantar victoria diciendo que Irán ya estaba destruido, sin capacidad de respuesta y con su poder militar diezmado. Sin embargo, hoy se informa que ese supuesto Irán sin capacidad logró derribar a dos aviones de combate que habían penetrado en su territorio.
El presidente yanqui había reiterado que Irán no podía responder y que sus cielos estaban abiertos a incursiones de Estados Unidos e Israel, pero le bajaron un F-15 y otro avión.
Son contradicciones de una victoria que parece más bien del lado de Irán. Creían que sería un paseo de una semana, como en Venezuela, para cambiar el régimen o negociar, pero están empantanados desde hace más de un mes.
A esto se suma una crisis interna, un hecho insólito en plena guerra: echan al jefe del Ejército, el general Randy George, y ya habían desplazado a otro, mostrando un escenario de fracaso.
Entre las razones está que Irán mostró una resistencia no prevista por los servicios de inteligencia yanqui ni por el Mossad israelí. Mantiene su poderío, sigue atacando refinerías, incluso afectaron a Kuwait, y no se produjo la supuesta rebelión interna.
Desde Izquierda Socialista y la UIT-CI planteamos que no se trata de apoyar al régimen dictatorial iraní, contra el cual siempre luchamos, sino de la derrota de la agresión de Estados Unidos y el sionismo. Estamos con Irán, la nación agredida. No con su régimen teocrático. Por otro lado, los ataques han generado el efecto contrario al que planteaba Trump, millones de mujeres, jóvenes y trabajadores que odian al régimen rechazan aún más los bombardeos y la intervención imperialista.
JG: ¿Qué nos podés decir sobre el cierre del estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% del petróleo, fertilizantes y gas?
MS: El estrecho de Ormuz tiene menos de 40 kilómetros de costa a costa y su control es el punto fuerte de Irán. Por allí pasaban 20 o 21 millones de barriles por día, el 25% del gas licuado y el 25% o más del fertilizante usado en la producción agropecuaria. No haber considerado esa dependencia del petróleo es otra imprevisión de Trump y su estado mayor.
Esto profundiza la crisis económica mundial del capitalismo, en un contexto de decadencia del siglo XXI donde esta se agudiza cada vez más y la guerra le agrega más leña al fuego. Por eso, los ex aliados, los imperialismos de Europa y especialmente China, no apoyan ni quieren involucrarse.
Se configura un desorden mundial, un caos capitalista al que Trump le suma más inestabilidad, perjudicando a otras economías capitalistas como las de la Unión Europea (UE), donde pocos países producen petróleo.
Trump se muestra como gendarme, pero se debilita con cada declaración. Llegó a llamar a la OTAN “tigre de papel”, porque la UE no da apoyo total a la acción militar. Insólitamente Trump retoma una expresión de Mao Tse-tung en los años ‘60 para referirse al imperialismo, lo que evidencia la crisis de la mayor fuerza militar imperialista del mundo.
JG: ¿Quiénes se benefician con la guerra?
MS: En primer lugar, las consecuencias particulares muestran que los grandes beneficiados son las multinacionales del petróleo y la industria armamentística. Suben las acciones de Chevron y Exxon Mobil, y la industria militar produce aceleradamente municiones ante la falta de reservas en Estados Unidos.
Pero es una contradicción, porque mientras estas empresas se favorecen en la coyuntura, se genera una inflación que golpea a las y los trabajadores y a los pueblos oprimidos. Por eso los gobiernos capitalistas temen debilitarse frente al rechazo social por la caída del nivel de vida.
En Pakistán, por ejemplo, la gasolina aumentó un 50% en un país donde la mitad de la población vive bajo la línea de pobreza, generando fuertes críticas al gobierno y un escenario propicio para protestas presentes o futuras.
Lo ocurrido en las rebeliones del 2025 en Nepal e Indonesia, junto con huelgas y reclamos en Europa, muestra que las masas, la clase trabajadora, los desocupados y la juventud siguen movilizándose. La lucha de clases continúa y estos procesos agravan la situación.
Así, las multinacionales pueden hacer negocios, pero el sistema capitalista global, al estar entrelazado, produce efectos sociales, políticos y económicos que degradan la situación general.
JG: Netanyahu necesita una guerra permanente para mantenerse en el poder. Incluso ahora legalizaron la pena de muerte a palestinos acusados de terroristas. ¿Qué nos podés decir sobre ese régimen?
MS: La nueva ley sancionada es una nueva expresión de nazismo. El régimen de Israel es nazi por aplicar crímenes masivos en Gaza y contra todo el pueblo palestino. Ahora aprovechan la guerra a Irán para volver a invadir al Líbano en su proyecto colonial.
En Cisjordania llevan años de incursiones de colonos fascistas que toman tierras, destruyen casas y expulsan a familias palestinas. Ya son entre 700 y 800 mil colonos que se instalan a punta de ametralladora, crean muros y se apropian del territorio.
Frente a esto hay resistencia y rebelión. Se impone pena de muerte a los palestinos, pero no a los colonos israelíes que asesinan, lo que se presenta como una aberración jurídica casi inexistente en el mundo.
El trasfondo planteado es que Israel, como proyecto imperialista instalado en 1947, es un enclave y no un país. Entonces expulsaron a millones de familias palestinas bajo el falso argumento bíblico de “la tierra prometida”, pero ese proyecto ha fracasado porque, pese a la masacre, el pueblo palestino sigue resistiendo.
JG: La diputada Mónica Schlotthauer y Ezequiel Peressini, de Izquierda Socialista, viajarán para sumarse a la Flotilla Global Sumud y llevar solidaridad al pueblo palestino en Gaza. ¿Qué podés decirnos sobre esta nueva flotilla?
MS: Es parte del retome de la movilización en apoyo al pueblo palestino. La Flotilla es un movimiento y un agrupamiento mundial de apoyo incondicional, unitario, con participación de diversas corrientes políticas, independientes, trotskistas y ambientalistas.
Vuelven a salir el domingo 12 de abril, en el marco de este proceso de retome de la movilización, también impulsado por la condena a muerte de palestinos acusados de terroristas. En Cisjordania hubo marchas multitudinarias y en Gaza, en medio de las ruinas, miles se movilizaron contra esta ley.
La nueva Flotilla es un paso importante y hay que prepararse en Argentina, América Latina y el mundo para impulsar y construir acciones de respaldo. Este retome de la movilización tiene como próxima cita el 11 de abril, como parte de la movilización mundial para apoyar la resistencia palestina y derrotar la guerra de agresión imperialista-sionista sobre Irán y el Líbano.

Escribe Miguel Lamas, dirigente de la UIT-CI
El Parlamento israelí aprobó recientemente una ley que permite imponer la pena de muerte por horca para presos palestinos “condenados por ataques mortales” que se consideren actos de “terrorismo” o sólo por intención de “rechazar el estado de Israel”. Esto significa que cualquiera de los 12 mil palestinos ahora presos en Israel o miles que pueden ser detenidos en Gaza o Cisjordania, pueden ser “legalmente” asesinados. Y esto significa continuar e intensificar el genocidio.
Anuncian esto después de haber asesinado a más de 70 mil palestinos, incluidos más de 20 mil niñas y niños, en Gaza desde octubre del 2023. Y después de casi 80 años, desde 1948, de la fundación de Israel como Estado sionista invasor de Palestina, donde sistemáticamente se asesinaron palestinos y fueron expulsados de sus tierras y confinados en Cisjordania y Gaza, que son sólo el 22% de la Palestina anterior. Son décadas de masacre y expulsión de sus territorios a pesar que Gaza y Cisjordania, supuestamente, iban a componer el nuevo Estado Palestino.
Esta ley genocida que acaban de aprobar se aplicará específicamente a las y los palestinos y por supuesto, no se aplicaría a los militares y también civiles sionistas que hace muchas décadas asesinan palestinos.
El tramposo “plan de paz”
El supuesto “plan de paz” para Gaza, anunciado por Trump en octubre del 2025, que obligaba a las y los palestinos que liberaran a los pocos militares sionistas que tenían presos por invadirlos, hoy no se está cumpliendo en absoluto. Gaza continúa ocupada en un 50% de su territorio y siguen los ataques y matanzas. También se mantienen los bloqueos en la franja de Gaza que impide el ingreso de alimentos y medicamentos entre otros insumos de primera necesidad.
Es decir, ese plan de paz fue un fraude de Trump, aprobado por el Consejo de Seguridad de la ONU, integrado por quince países que designaron al propio Trump para dirigir ese falso “plan de paz”. El Consejo de Seguridad tiene cinco miembros permanentes con poder de veto de cualquier votación. Esos cinco miembros son Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Rusia y China. Y cuando se votó aprobando el falso “plan de paz” de Trump, fueron trece votos a favor y dos abstenciones que fueron Rusia y China. Si cualquiera de ambos estados votaba en contra, se hubiera anulado esa resolución. Por eso Rusia y China también son cómplices.
Después de más de cinco meses de ese “plan de paz”, siguieron asesinando centenares de personas en Gaza, además aumentaron la ocupación en Cisjordania, el otro territorio palestino. Y ahora también están atacando a Irán, con enorme violencia y asesinatos en el sur de Líbano, el otro país fronterizo con Israel, destruyendo decenas de miles de viviendas y expulsando de sus casas y pueblos a 600 mil habitantes.
Por Palestina libre del río al mar
Esta consigna histórica del pueblo palestino, para recuperar su país, hoy es más vigente que nunca. Significa recuperar todo el territorio Palestino y terminar con el Estado sionista genocida de Israel.
Mientras tanto, el reclamo inmediato del pueblo palestino es terminar con el genocidio y que los invasores sionistas a Gaza y Cisjordania se retiren de sus territorios. En Cisjordania hoy ya hay más de 700 mil colonos sionistas. Pero más allá de que la lucha pueda lograr un retiro parcial momentáneo de Israel, el estado sionista fue fundado por el imperialismo para colonizar la región y saquear sus riquezas, en primer lugar, el petróleo. Los sionistas son instrumento del imperialismo y van a seguir atacando a Gaza y Cisjordania y a los países árabes vecinos. El acuerdo de los “dos estados” firmado por los sionistas y la Al Fatah, que dirige la Autoridad Nacional Palestina, hace 33 años, jamás fue cumplido por Israel pese a que dejaba a los palestinos en Gaza y Cisjordania, en el 22% de su territorio histórico. Por eso fue una traición de Al Fatah firmar ese acuerdo.
Por eso la lucha histórica por “Palestina libre del río al mar”, significa lograr un estado palestino único, laico, democrático y no racista para recuperar todo el territorio histórico palestino donde puedan convivir en paz y libertad palestinos y judios que así lo deseen. Es un objetivo básico para las y los palestinos y para los demás pueblos árabes de la región.
Con una gran solidaridad popular mundial con el pueblo palestino, en julio del año pasado se realizó en Viena el Primer Congreso internacional antisionista judío, que declaró “A las atrocidades que cometen, decimos firmemente ¡No en nuestro nombre! ¡Estamos dedicados a acabar con el sionismo y estamos dedicados a la descolonización de Palestina con nuestros socios palestinos! [...] para liberar a Palestina y construir una sociedad justa e igualitaria”.
Repudiando el nuevo ataque genocida que significa la aplicación de la “pena de muerte” para palestinos y mantenemos el llamado a continuar manifestando una gran solidaridad mundial.
7/4/2026
No a la agresión imperialista contra Irán y el Líbano
Milei ¡No en nuestro nombre!