“La CGT mira para otro lado, se acomoda, negocia y deja pasar cada ataque”
Rubén “Pollo” Sobrero, secretario general Unión Ferroviaria Oeste: “Estamos ante una voracidad creciente de las lacras empresarias que pretenden llevarnos a la esclavitud, a la desprotección absoluta, a un régimen donde el trabajo vale menos que la ganancia y donde la vida del obrero es apenas un costo a recortar. Y mientras tanto la CGT mira para otro lado, se acomoda, negocia y deja pasar cada ataque. Por eso también es clave lo que pasó con la reelección de la Bordó en varios sindicatos, porque muestra que hay sectores que no están dispuestos a entregar derechos ni a aceptar este país diseñado solo para los patrones”.
“Es importante que la Multicolor haya vuelto a ganar Ademys, para poner el sindicato una vez más al servicio de la lucha”
Soledad Mosquera, secretaria general de Ademys: “En educación ya existe esta reforma de hecho, con salarios que no alcanzan, contratos a término y derechos recortados. Si además pretenden declarar la esencialidad para limitar la huelga, está claro que el objetivo es uno solo: disciplinar y callar a quienes defienden la escuela pública. Por eso es tan importante que la Multicolor haya vuelto a ganar Ademys, para poner el sindicato una vez más al servicio de la lucha contra la reforma laboral y educativa y asegurar que la docencia cuente con una herramienta real para enfrentar este ajuste”.
“La reforma laboral es una guerra contra la clase trabajadora”

Mónica Schlotthauer, delegada ferroviaria y diputada bonaerense Izquierda Socialista: “La reforma laboral no solo recorta derechos, viene por nuestras organizaciones: amenaza los convenios, la representación y el derecho a asamblea. Es una guerra contra la clase trabajadora organizada, y tenemos que explicarlo a fondo y pelear desde cada lugar de trabajo”.
“Es la tarea: ampliar, concientizar y hacer sentir esta pelea como propia de toda la clase trabajadora”
Enrique Gandolfo, secretario general CTA Bahía Blanca: “La reforma no se frena sólo con quienes tenemos convenio, sino junto a los millones que viven en la precarización. Esa es la tarea: ampliar, concientizar y hacer sentir esta pelea como propia de toda la clase trabajadora”.
“El peronismo de Axel Kicillof aplicó techos salariales y priorizó pagar la deuda antes que la educación”
Olga Ortigoza, delegada docente y concejala de La Matanza: “La reforma laboral es parte de la avanzada del gobierno ultraderechista, sostenida por la burocracia sindical y años de precarización. En docencia ya vemos el retroceso de derechos y el avance privatizador, y en la provincia de Buenos Aires también lo sufrimos: el peronismo de Axel Kicillof aplicó techos salariales y priorizó pagar la deuda antes que la educación. Por eso necesitamos frenar esta reforma e impulsar una defensa firme de la escuela pública, gratuita, laica y con perspectiva de género”.
“Necesitamos una nueva realidad sindical, democrática y combativa”

Sergio Villalba, chofer de la línea 46: “Nos hablan de modernización, pero lo que viene es un ajuste que nos quita estabilidad y termina de legalizar la precarización que ya vivimos: jornadas extendidas, vacaciones fraccionadas, salarios de miseria y vueltas en negro. Por eso necesitamos una nueva realidad sindical, democrática y combativa, para defender nuestros derechos como trabajadores del transporte”.
“Somos parte de un frente por la soberanía, por el salario y por la defensa de cada puesto de trabajo”
Mariano Moreno, secretario general del Centro de Patrones y Oficiales Fluviales, de Pesca y de Cabotaje Marítimo: “Argentina, octava geografía del mundo, no puede entregarse a los designios de unos pocos que pretenden saquearla. Debe pensar en industria, en formación y en trabajo digno como motor de un futuro mejor. Somos parte de un frente por la soberanía, por el salario y por la defensa de cada puesto de trabajo, y vamos a seguir estando en la calle para sostenerlo”.
Escribe Atilio Salusso
La imaginación derechista no tiene límites. En una columna firmada por Víctor Beker (Economista, ex director de Estadísticas del Indec, aparecida en Clarín del 21/10/25), el autor reproduce lo dicho por el profesor de Harvard, Richard Freeman, afirmando que “los robots se convertirán en mejores sustitutos de los humanos en las actividades laborales. Hoy puede imaginarse un futuro en el cual casi toda la producción esté en manos de robots, manejados por IA (inteligencia artificial)”. Y se vanagloria diciendo que “el éxito del capitalismo consiste en que ha logrado niveles de productividad nunca vistos, a tal punto que cada vez más el trabajo es menos necesario”.
Beker reflexiona sobre esto para llamar a “legislar en función de la modernización laboral”. Cita de ejemplo al Premio Nobel de Economía, Wassily Leontief, cuando refiere a que “el papel de los seres humanos como factores más importantes de la producción queda disminuido de la misma forma en que lo fue inicialmente el papel de los caballos en la producción agrícola, para luego ser eliminados por la introducción de los tractores”.
Estos aduladores de las supuestas bondades del capitalismo en plena decadencia, con sus evidentes secuelas extremas de explotación, desempleo, salarios miserables y destrucción ambiental, inventan un mundo sin clase obrera manejado por robots y la inteligencia artificial. Pero se olvidan que la riqueza mundial no la generan los grandes capitales ni los robots, sino el pueblo trabajador. Lo probó la pandemia, la producción mundial cayó porque millones no podían ir a trabajar.
Al final, Beker no puede terminar su ecuación sin formularse la pregunta: ¿qué hacer con los que queden sin trabajo? No se le ocurre mejor idea que proponer la receta del impresentable Elon Musk, darles “un ingreso básico universal que asegure un umbral mínimo de subsistencia”, es decir, un ingreso de indigencia para miles de millones de personas. Gracias, Beker: preferimos seguir luchando para terminar con este sistema capitalista y reemplazarlo por el socialismo.

Escribe José Castillo
Javier Milei es un mentiroso serial. Insiste en que los salarios crecieron, que las jubilaciones aumentaron “en dólares”, que la economía sube “como pedo de buzo”. Su mentira mayor es afirmar que “sacó a 10 millones de personas de la pobreza”.
Los últimos números disponibles son lapidarios. La actividad industrial cayó 4,8% en lo que va del año, según el Informe de Producción Industrial (IPI) del Indec. La CAME informó que las ventas minoristas de las pymes se desplomaron 9,1% en noviembre respecto del mismo mes del año anterior. El consumo masivo y popular es el que arrastra hacia abajo este indicador: alimentos y bebidas cayó 5,9%, artículos de perfumería y tocador 17%.
Las consecuencias de este derrumbe pegan de lleno en el empleo. Desde que comenzó el gobierno de Milei cerraron 14 mil empresas y se perdieron 270 mil puestos de trabajo formales. A eso se suman los más de 54 mil despedidos del Estado y los incontables puestos que desaparecieron producto de la recesión en el empleo no registrado.
Salarios y jubilaciones de indigencia
Al flagelo creciente del desempleo se suma la realidad de salarios de hambre que se pulverizan mes a mes, hundiendo en la pobreza y la indigencia a millones. Todas y todos: trabajadores formales con convenio, tercerizados, no registrados, estatales o privados. Nadie quedó por encima de la suba de precios. Ni hablar de las y los jubilados, condenados a ingresos de indigencia.
Se suma un fenómeno que estalla en estos meses: la enorme masa de endeudados que sobrevivió pagando la comida en cuotas y que ahora no puede afrontar los pagos de tarjetas de crédito o préstamos bancarios, o directamente debió recurrir a usureros.
¿Se redujo la pobreza?
La mentira más sádica del gobierno es repetir que “sacó a millones de la pobreza”. Se basa en los datos del Indec, que indican que en el segundo trimestre de 2025 la pobreza fue de 31,6%. Ese número (uno de cada tres, y mucho más elevado en mujeres, infancias y adolescencias) ya es terrible. El informe de la UCA, con una metodología similar (pobreza medida solo por ingresos), señalaba que para el tercer trimestre la cifra ya ascendía a 36,3%.
El Presidente sostiene que bajó la pobreza comparando con el índice del Indec del primer semestre de 2024, que marcó 52,9%. Ese número reflejaba el brutal ajuste y la megadevaluación con que el gobierno inauguró su mandato. Milei se lo atribuyó a la “herencia recibida”, desligándose de toda responsabilidad. Usando ese dato excepcional comenzó a instalar su tesis de la “baja de la pobreza”.
Esto es falso. Las canastas con las que se mide pobreza e indigencia no contemplan el impacto real de los tarifazos, del incremento en servicios públicos, ni el precio de los medicamentos que dejaron de ser gratuitos para las y los jubilados. Es un hecho que se paga mucho más en luz, gas, agua y transporte desde que gobierna La Libertad Avanza.
Un dato decisivo que muestra la imposibilidad de la “baja de la pobreza” que pregona Milei es la continuidad de la caída en el consumo popular mencionada al inicio de esta nota. Si las familias tienen menos dinero en el bolsillo, si cae la compra de productos esenciales, no puede haber disminución real de la pobreza.
A esto hay que sumar que es incorrecto medir la pobreza solo por ingresos. Existe otro concepto fundamental: la pobreza multidimensional. ¿Qué pasa con el acceso a vivienda digna, salud y educación pública? Ningún indicador oficial refleja el aumento de la gente que vive en situación de calle, el deterioro en el acceso a la salud o las dificultades crecientes en el sistema educativo.
Por todo esto, sobran razones para salir a luchar contra la motosierra de Milei, Donald Trump y el FMI, avalada y acompañada por los gobernadores. Hay que exigir a la CGT que convoque a un paro nacional y a un plan de lucha. Y plantear con fuerza, ante el pueblo trabajador, que existe una alternativa: la que proponemos desde Izquierda Socialista y el FIT Unidad. Dejar de pagar la deuda externa, romper con el Fondo y destinar todos los recursos a resolver las urgencias populares: salarios y jubilaciones dignas, empleo genuino, vivienda, salud y educación.

Escribe José Castillo
El ministro de Economía, Luis Caputo, anunció con bombos y platillos el lanzamiento de un nuevo bono de endeudamiento externo. Técnicamente se trata de un título denominado Bonar29, a cinco años, con una tasa nominal del 6,5%. En realidad, esa tasa es mentirosa: dependerá de lo que “ofrezcan” en la subasta los pulpos especuladores. Es un secreto a voces que el gobierno terminará aceptando una tasa real de entre el 9 y el 10%, pero en dólares. Una ganancia que no existe en ningún mercado del planeta.
¿Para qué será este nuevo endeudamiento? ¿Acaso significa recaudar fondos para obra pública, salud o educación? Nada de eso. El propio ministro fue cristalino respecto del destino de los fondos: se aplicarán íntegramente a pagar una parte (ni siquiera la totalidad, porque no alcanza) del vencimiento de deuda externa con acreedores privados del 9 de enero, que exige nada menos que 4.300 millones de dólares. Y este monto es apenas una fracción de los más de 20 mil millones que vencerán en 2026 y 2027, es decir, durante todo el gobierno nacional.
Caputo vuelve así a las andadas. Repite exactamente lo que hizo en 2016 y 2017, cuando fue funcionario de Macri y actuó como “experto” en deuda, tras su paso por el JP Morgan y el Deutsche Bank. Entonces, mediante diversas operaciones, incrementó la deuda en un monto cercano a los 100 mil millones de dólares, que sin excepción terminaron alimentando la fuga de capitales de empresarios y especuladores cercanos a él y al macrismo. La máxima expresión de esa fiesta especulativa fue su lanzamiento del bono a ¡100 años!
Recordemos que todo ese ciclo terminó en abril de 2018, cuando el gobierno de entonces recurrió al FMI, que aportó otros 45 mil millones para sostener ese esquema de endeudamiento.
Este fue el “currículum” por el cual Javier Milei calificó en su momento a Caputo como “el Messi de las finanzas”. Y el ministro no lo defraudó: en estos dos años fue artífice no sólo de la motosierra y el superajuste, sino también del nuevo ciclo de endeudamiento con el FMI y de un sinnúmero de operaciones de deuda interna (Bonos y Letras) que significaron millones para los buitres especuladores. Ahora el ministro suma el regreso a la colocación de deuda externa clásica con este nuevo bono.
Nada de esto es gratis. Se agrega un nuevo ladrillo a la construcción de la mayor estafa y la mayor corrupción del último medio siglo: la deuda externa ilegal, inmoral, ilegítima y fraudulenta, generada por la dictadura militar y luego reconocida e incrementada por todos los gobiernos. Caputo integra, junto a José Alfredo Martínez de Hoz, Domingo Cavallo y Federico Sturzenegger, un lugar privilegiado entre los responsables de esta estafa histórica.
Por todo esto, es más importante que nunca insistir en la necesidad de dejar de pagar la deuda externa y romper con el FMI, para terminar con esta sangría y volcar nuestros recursos y riqueza a resolver las urgentes necesidades populares.

Escribe José Castillo
El ministro de Economía, Luis Caputo, anunció una nueva baja de las retenciones a las exportaciones agrícolas. Así, las retenciones a la soja se reducen del 26 al 24%; las de subproductos de soja, de 24,5 al 22,5%; trigo y cebada, de 9,5 al 7,5%; maíz y sorgo, de 9,5 al 8,5%; y girasol, de 5,5 al 4,5%. Todo esto implica un costo fiscal (es decir, menores recursos que resigna el Estado nacional) por 700 millones de dólares, que pasarán a manos de pulpos como las transnacionales Bunge, ADM y Cargill (Estados Unidos), Cofco (China) o Dreyfuss (Francia). Con esta rebaja, las retenciones agropecuarias se ubican en su nivel más bajo de los últimos diecinueve años.
Las asociaciones patronales agrarias (Sociedad Rural, Coninagro, Confederaciones Rurales Argentinas) “agradecieron”, pero exigieron más: la derogación de todas las retenciones. El gobierno dijo estar de acuerdo y señaló que esta reducción forma parte de lo que llaman su “plan permanente de reducción de derechos de exportación”.
No sólo el comercio exterior está totalmente extranjerizado y concentrado en un puñado de monopolios, sino que además gozan de todos los privilegios habidos y por haber. A eso hay que sumar los puertos privados y la inminente privatización de la Hidrovía del Paraná.
Frente a semejante entrega, hay que hacer exactamente lo contrario: más y no menos impuestos a los ricos y privilegiados. Se hace más urgente que nunca lo que desde siempre planteamos desde Izquierda Socialista y el Frente de Izquierda Unidad: hay que nacionalizar el comercio exterior, creando un organismo estatal que centralice todas las operaciones de importación y exportación, tal como lo hizo el IAPI en la década del ‘40; reestatizar los puertos; y garantizar el control estatal (nacional y de las provincias involucradas) sobre la traza del río Paraná. Sólo así, todas las divisas que genere el comercio exterior podrán ser apropiadas por el Estado y destinadas a resolver las más urgentes necesidades populares.