
Escribe Marcela Almeida, delegada Junta Interna ATE Indec y candidata a legisladora CABA, por Izquierda Socialista/FIT Unidad
El gobierno nacional ha decretado en los últimos días la vuelta al trabajo presencial de las y los estatales. Sin haber tomado una sola medida para garantizar las condiciones sanitarias y edilicias necesarias para disminuir los riesgos, el gobierno peronista de Fernández empuja a decenas de miles de trabajadoras y trabajadores a una vuelta irresponsable que puede empujar al crecimiento exponencial de los contagios y a futuras internaciones por cuadros graves. Esto se debe a que la inmensa mayoría de las y los estatales no han completado aún sus esquemas de vacunación.
De esta manera el gobierno nacional replica el accionar irresponsable que tanto criticó por parte del gobierno de la ciudad de Buenos Aires con las vueltas a la presencialidad criminal en las escuelas. Al igual que Rodríguez Larreta el gobierno peronista de Fernández no ha invertido en casi un año y medio de pandemia en las reformas edilicias y de seguridad e higiene imprescindibles y ahora empuja la vuelta a la presencialidad como medida de marketing electoral. Busca de este modo brindar una falsa imagen de “vuelta a la normalidad” y también avala las prácticas de los empresarios que en el sector privado ya vienen aplicando estos regresos compulsivos hace meses sin que estén garantizadas las medidas sanitarias para evitar la propagación del virus.
En línea con la falta de cuidado de las y los trabajadores del Estado se encuentra la situación de atraso salarial que reina en el sector. Cómo venimos denunciando desde antes de la firma del 35% en 6 cuotas, Alberto Fernández no sólo no ha reparado la profunda pérdida de poder adquisitivo del salario del gobierno de Mauricio Macri sino que sigue profundizando la miseria salarial con paritarias por detrás de la inflación. Por eso desde el espacio que conformamos desde el mes de abril distintas juntas internas y cuerpos de delegados de ATE (interjuntas) reclamamos un aumento del 50% en una sola cuota para comenzar a recuperar lo perdido y la indexación automática para no seguir perdiendo. El próximo 19 de agosto, frente a una nueva reunión paritaria nos movilizaremos para hacer oír estos reclamos junto con el rechazo a este regreso irresponsable e improvisado a la presencialidad.
El 8 de agosto, un mes antes de su cumpleaños 66, falleció Roberto Chávez, nuestro compañero de la ciudad de Carlos Paz, Córdoba. Hacía meses había conseguido jubilarse, por lo que no pudo casi disfrutar de este beneficio. Ingresó al partido en el año 1984 en Bragado, provincia de Buenos Aires. Allí trabajaba como ferroviario en los talleres de Mechita, donde se desempeñaba como calderista. En el año ’93 fue uno más de los decenas de miles de despedidos por las privatizaciones de Menem. Fue un golpe del que intentó reponerse viniendo a vivir a Córdoba, pero nunca lo logró. Siempre recordaba con nostalgia sus pagos y su oficio en el ferrocarril, por eso, ya postrado por una grave enfermedad, nos confesaba: “Si zafo de esta me vuelvo a Bragado a formar Jubilados en Marcha”.
Fue hasta su último aliento un férreo defensor del morenismo y de nuestro partido, por eso en su despedida nos comprometimos a que, como tantas otras y otros compañeros, permanecerá entre nuestros recuerdos y seguirá marchando y luchando junto a nosotros. Querido compañero Roberto, ¡hasta el socialismo siempre!
El 31 de julio, a través de su compañera, Tere Togel, supimos del fallecimiento de Pino. Docente jubilado hace pocos años, Pino fue un gran luchador. Lo conocimos en Buenos Aires en 2011, en la heroica huelga de casi dos meses de la docencia santacruceña, cuando fue uno de los que vinieron a exigirle a Cristina y Filmus respuestas a sus reclamos. Solo recibieron gases lacrimógenos, agua y palos frente al Ministerio de Trabajo. Al regresar, pese a su indignación por la derrota, decidió ingresar a Docentes en Marcha y a Izquierda Socialista para pelear por una nueva conducción en Adosac y por un mundo socialista, siendo parte del núcleo fundador en Santa Cruz. Su casa en Pico Truncado fue el primer local partidario y el lugar donde fraternalmente hospedaba a todos los compañeros que viajaban a la provincia. Fue de esos compañeros alegres, apasionados y queribles por todos los que lo conocieron. Saludamos a Tere, a sus hijas y a los compañeros de Docentes en Marcha e Izquierda Socialista de Santa Cruz. ¡Compañero Pino, hasta el socialismo siempre!
Los yanquis se retiran al cumplirse veinte años de su invasión a Afganistán. El repliegue yanqui deja al país hundido en un desastre. Hay una guerra civil en la que los talibanes ya han tomado varias capitales provinciales y siguen avanzando. El presidente Biden culpa a Trump porque acordó con los talibanes la retirada el año pasado.
Escribe Miguel Lamas, dirigente de la UIT (CI)
En febrero de 2020, el gobierno de Trump llegó a un acuerdo con los talibanes (movimiento político religioso islámico que dirige la resistencia) para retirar a sus soldados en mayo de 2021. El actual mandatario, Joe Biden, estiró el plazo hasta el 11 de septiembre, aunque la mayor parte de las tropas ya se fueron.
El presidente afgano, Ashraf Ghani Ahmadzai, criticó a Washington por haber impulsado “la destrucción de la República” y “legitimar” a los talibanes al haber negociado directamente con ellos en los diálogos de paz.
Por su parte, el secretario de Defensa de Gran Bretaña, el principal aliado de los Estados Unidos, tachó de “podrido” el acuerdo entre los Estados Unidos y los talibanes y afirmó que su país estaba a favor de mantener tropas en Afganistán, pero que no lo haría sin los Estados Unidos.
Afganistán comparte fronteras con China, Pakistán, Irán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán. Hoy, con 38 millones de habitantes, es uno de los países más pobres del mundo. Su principal exportación es el opio, del que es el mayor productor mundial, con 328.000 hectáreas cultivadas de amapolas (para opio y heroína).
Derrota de los Estados Unidos y la OTAN
Veinte años después, y pasados los gobiernos de Bush, Obama y Trump, que mantuvieron las tropas invasoras en Afganistán, el balance no puede ser peor. Los Estados Unidos y sus aliados de la OTAN dicen haber gastado 1 billón de dólares (1 millón de millones) en mantener un enorme ejército de ocupación. Murieron 2.500 militares yanquis, “contrataron” 3.800 mercenarios y unos 1.500 de otros países de la OTAN.
Las víctimas afganas suman más de 200.000 entre combatientes y civiles. Pueblos completos fueron arrasados por los bombardeos yanquis. Dos millones setecientos mil tuvieron que migrar a Pakistán, Irán, Turquía o Europa, y otros cuatro millones debieron dejar sus casas y pueblos, siendo refugiados internos.
Trump, cuando pactó con los talibanes el retiro de las tropas yanquis, dijo que ya no tenía sentido (para los intereses de los Estados Unidos) seguir gastando dinero en Afganistán. Es decir, los Estados Unidos se retiran derrotados, sin ninguno de sus objetivos imperialistas cumplidos, como también tuvieron que irse de Irak.
¿Adónde va Afganistán?
Los talibanes capturaron este domingo otras tres capitales de provincia.
Este avance se debe, evidentemente, a la retirada yanqui. Pero hay grandes sectores populares que resisten a los talibanes por su programa ultrarreaccionario, en primer lugar de opresión extrema de la mujer. Quieren prohibir que las mujeres estudien y exigen que usen el velo, según su interpretación del Islam. Tampoco tienen un programa antiimperialista de real independencia nacional. Y están profundizando sus relaciones con el imperialismo chino.
Después de veinte años, los invasores yanquis y de la OTAN han dejado un país devastado y dividido, con millones de refugiados. Otro crimen histórico del imperialismo.
Es el pueblo trabajador afgano quien merece la solidaridad internacional para luchar por su independencia y reconstruir su país sin invasores y sin dictaduras.
Escribe Miguel Lamas, dirigente de la UIT (CI)
La invasión comenzó el 7 de octubre de 2001, a menos de un mes de los ataques terroristas en Nueva York, Pensilvania y Washington, que derribaron las Torres Gemelas y dejaron más de 3.000 muertos y heridos.
El supuesto objetivo de la invasión a Afganistán fue “combatir al terrorismo” y capturar a Osama Bin Laden, líder de la organización Al Qaeda, considerado el autor intelectual de los atentados, que estaba refugiado en Afganistán. Con esa excusa, invadió Afganistán e Irak para intentar apuntalar su dominio mundial y apropiarse del petróleo de Irak y Medio Oriente.
Pero, aunque los atentados en los Estados Unidos en 2001 fueron reales, nunca quedaron del todo claros sus orígenes. Años antes, Bin Laden había sido financiado por la CIA y los yanquis le dieron armas y entrenamiento para luchar contra la Unión Soviética en la década del ’80 (cuando la URSS invadió Afganistán). Recién en 2011, en el vecino Pakistán, un comando yanqui capturó, asesinó y arrojó al mar a Bin Laden, aunque nunca se certificó su muerte por la desaparición del cadáver.
Washington contó con el apoyo militar del Reino Unido, Canadá, Australia, Austria, Italia, Nueva Zelanda, Alemania y de otros países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). También contrató ejércitos privados de mercenarios colombianos y de otros países latinoamericanos. Entre todos, llegó a contar con más de 200.000 efectivos con apoyo de su poderosa aviación.
Pero la invasión yanqui, a pesar de los bombardeos y las masacres, un genocidio, nunca pudo quebrar la resistencia de gran parte del pueblo afgano ni consolidar su dominio. Hoy se retiran derrotados.