Jun 22, 2026 Last Updated 2:06 PM, Jun 21, 2026

Izquierda Socialista

Escribe José Castillo

Esta afirmación de Cristina en su discurso es una confesión en sí misma. De que, entonces, era mentira que se estaba “recomponiendo” el haber de los jubilados. No se hizo ni se hará, porque “no se puede” si se paga la deuda. Blanco sobre negro, la plata que debería ir para mejorar los haberes de los que trabajaron toda una vida y ahora reciben pensiones de pobreza no está porque se usa para engrosar los bolsillos de los pulpos acreedores. 

Solo una pequeña corrección a la afirmación de Cristina: es la deuda generada en la dictadura y agrandada por todos los gobiernos posteriores, incluyendo el de ella misma. Los Kirchner asumieron debiendo 190.000 millones de dólares, pagaron 200.000 en efectivo y se fueron debiendo 240.000. Desde ahí, por supuesto, Macri pegó el salto y le agregó 150.000 millones. Pero la responsabilidad es de ambos. Y la actual le corresponde al que decide pagar una deuda que reconoce como fraudulenta y para eso posterga a nuestros jubilados.

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Escribe Guido Poletti

El pasado sábado 27 de febrero hubo una de esas típicas marchas, o banderazos, donde preponderan consignas reaccionarias de diverso tipo. Esta en particular trató de montarse sobre la justa indignación ante el escándalo del “vacunatorio vip”. 

Pero lo “novedoso” es que un grupo de denominados Jóvenes Republicanos, vinculados al partido de Patricia Bullrich dentro de Juntos por el Cambio, colocó bolsas negras que simulaban cadáveres con diversos nombres (hasta había uno que decía “Estela Carlotto”) en medio de la Plaza de Mayo. 

El hecho en sí mismo es horroroso, demostrando el más absoluto desprecio ante la propia historia argentina de las últimas décadas, donde las bolsas de cadáveres remiten directamente a las desapariciones durante la dictadura genocida. 

Lo peor fue que muchos políticos de la oposición patronal de Cambiemos, aun después de conocido este hecho, le restaron importancia y siguieron saludando la marcha. Así lo hicieron el propio Mauricio Macri, Patricia Bullrich y Fernando Iglesias, entre otros. 

Desde Izquierda Socialista en el Frente de Izquierda Unidad repudiamos totalmente la exposición de las bolsas negras como una auténtica apología del genocidio y el bochornoso apoyo de los dirigentes de Juntos por el Cambio.

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Escribe Claudio Funes

El 4 de marzo, el presidente Alberto Fernández, junto con el gobernador Gerardo Zamora, inauguró en la ciudad de La Banda, Santiago del Estero, el estadio más caro del país en la provincia con mayor pobreza infantil.

El presidente manifestó que  la construcción del estadio “genera igualdad. ¿Quién ha dicho que en el interior del país no hay derecho a tener un estadio de esa naturaleza? ¿Por qué eso podemos disfrutarlo los porteños y no un santiagueño?”

Se trata de un estadio que costó más de 1.500 millones de pesos, de nivel europeo, enclavado en una provincia con 49% de pobres.

En Santiago el 40% de la población no tiene agua potable, 80% no posee cloacas, el 50% de los santiagueños trabajan en negro. Es la provincia con los salarios públicos más bajos. En semejante contexto, el estadio es una obra que debemos repudiar.

Gerardo Zamora, radical kirchnerista, gobernó la provincia entre 2005 y 2013, fue senador por Santiago desde 2013 hasta 2017. Jamás se ocupó de resolver las necesidades básicas del pueblo trabajador y de los  sectores populares, pero sí construyó el autódromo internacional de Río Hondo. Ahora, con el nuevo estadio, no otorgará ningún derecho al pueblo santiagueño, que continuará sin cloacas, sin agua potable y con salarios de miseria.

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Escribe Miguel Lamas

La crisis de las vacunas es mundial por estar en manos de algunas multinacionales las patentes, que así llegan en cantidades ínfimas a los países semicoloniales y en general al pueblo trabajador y pobre. Paraguay recibió 4.000 vacunas y sigue esperando, no se sabe hasta cuándo, un millón más procedentes de Rusia y otros 4,3 millones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que no está enviando prácticamente a ninguno de los países a los que había prometido.

Y ahora Paraguay es el primero en rebelarse contra este desastre.

El pueblo trabajador, médicos, enfermeras y la juventud salieron a las calles denunciando el mal manejo de la pandemia por parte del gobierno, la faltante de vacunas y la crisis sanitaria en general, con faltas de suministros y los hospitales colapsados. Denunciando la corrupción del gobierno, que robó millones fraguando gastos de tapabocas y otros insumos. Los sectores populares exigen ¡fuera Mario Abdo Benítez!, presidente de Paraguay.

A dos horas del inicio de la protesta del viernes, los manifestantes, unos 10.000, fueron expulsados con gases lacrimógenos y balas de goma por la policía antidisturbios, lo que derivó en una batalla campal en pleno centro de la capital paraguaya, que terminó con un muerto y veinte heridos. Los enfrentamientos concluyeron con una escena insólita, los policías antidisturbios levantaron banderas blancas en son de paz tras quedarse sin municiones.

Renunció el ministro de Salud, Julio Mazzoleni. El presidente anunció este sábado cambios en cuatro ministerios de su gabinete, “en aras de la pacificación”. Y prometió “todo el esfuerzo posible para suministrar medicamentos”. Pero pocos le creen.

Entre tanto, las dos fuerzas políticas de la oposición, el Partido Liberal y el Frente Guasu, han anunciado propuestas de juicio político. El arzobispo de Asunción, Edmundo Valenzuela, pidió “cesar las hostilidades”.

En la calle, miles de manifestantes piden la renuncia de Benítez, derechista, hijo de un alto funcionario de la dictadura de Stroessner.

La lucha del pueblo trabajador paraguayo muestra el camino, solo con la movilización y la unidad se pueden imponer soluciones de urgencia, responsabilizando a los gobiernos capitalistas cómplices de este desastre y exigiendo un alto presupuesto para salud pública que paguen multinacionales, grandes capitalistas y oligarcas. Además, hay que exigir la producción masiva de vacunas por parte de un acuerdo de países latinoamericanos sobre la base de desconocer las patentes.

Escribe Adolfo Santos

La pandemia ha generado una verdadera calamidad humanitaria. Nos acercamos a los 3 millones de muertos, cerca de 120 millones de infectados y anuncian la aparición de nuevas cepas de Covid-19 más agresivas. No hay solución mágica para salir de esta crisis, necesitamos urgentemente de la liberación de las patentes para iniciar una vacunación masiva y combatir este flagelo.

Ante esa catástrofe, un puñado de multinacionales farmacéuticas y laboratorios están privando a millones del derecho esencial a curarse al imposibilitar, protegidos por la existencia de las patentes, la producción a gran escala de las vacunas. El capitalismo generó esta pandemia y es el mismo capitalismo imperialista el que impide la cura masiva merced a las patentes que aseguran a las empresas la exclusividad para producir y vender lo que es el resultado del conocimiento científico y técnico acumulado durante décadas por investigaciones en universidades, hospitales e institutos de todo el planeta y financiadas con presupuestos públicos. Se trata de la apropiación privada por parte de las multinacionales de descubrimientos e inventos que son patrimonio de la humanidad.

La pandemia, también, demostró el fracaso de la organización capitalista de la salud pública. Todos los países, aún los más desarrollados, se han visto desbordados después de haber recortado absurdamente los presupuestos de ese sector.

Es inadmisible que, en medio de una pandemia, sea el CEO de una multinacional farmacéutica el que determine cuánto se va a producir, a qué precio y a quién se le va a vender. Peor aún, que esas mismas empresas exijan a los gobiernos, incluido el de Argentina del Frente de Todos, la promulgación de leyes que le aseguren una política de confidencialidad de los contratos en cuanto a precios y pagos, el secreto de los procedimientos de fabricación, la extraterritorialidad jurídica y la inimputabilidad por efectos indeseados.

Fortalecer la campaña por el fin de las patentes

Desde Izquierda Socialista y el FIT-Unidad, nos oponemos a esas medidas que protegen a los grandes empresarios a costa de la salud de la humanidad, por eso votamos contra el proyecto de ley para proteger las multinacionales farmacéuticas presentado por el gobierno de Alberto Fernández. Ante una crisis humanitaria como la que ha generado la pandemia, defendemos la libre cooperación internacional en función de las necesidades sociales de los pueblos del mundo, sin patentes, que permita que la vacuna se produzca masivamente para llegar a todos y todas sin distinción.

La lucha contra las patentes tiene antecedentes. Nelson Mandela, desde el gobierno sudafricano, promulgó una ley en 1997 que suspendía las patentes para poder producir medicación anti SIDA. En el cambio de siglo, el ministro de Salud de Brasil, José Serra, desconoció las patentes que limitaban la producción de remedios contra el SIDA. En 2001 hizo lo mismo el acérrimo defensor de las patentes, Estados Unidos, acompañado por Canadá. Fue en ocasión de la llamada crisis del ántrax que ambos países suspendieron la patente de la Bayer alemana para poder producir ciprofloxacina el remedio necesario para combatir esa infección mortal.

Saludamos las distintas campañas que vienen impulsando diferentes organizaciones, como por ejemplo -y entre otras- Médicos Sin Fronteras, para que “no haya patentes médicas y que las vacunas, medicamentos y diagnósticos para el Covid-19 lleguen a todas las personas”. India y Sudáfrica, apoyadas por 99 países -con el rechazo de los países imperialistas- han reclamado ante la Organización Mundial de Comercio que se aplicara el inciso que permite la quiebra de patentes en caso de catástrofe humanitaria. Es tal la magnitud de la crisis humanitaria que se está instalando por causa de la vigencia de las patentes que el mismo secretario general de la Organización Mundial de la Salud Tedros Ghebreyesus se ha pronunciado en rueda de prensa en el mismo sentido hace pocos días.

Nos sumamos a esas voces y exigimos que los gobiernos dejen de ser cómplices de las multinacionales y exijan la inmediata exención de patentes, de métodos de diagnóstico, tratamientos y vacunas mientras dure la pandemia. Desde Izquierda Socialista hemos asumido la campaña internacional lanzada por la UIT-CI (Unidad Internacional de las y los Trabajadores-Cuarta Internacional) contra las patentes. En plazas, barrios y locales de trabajo hemos recogido miles de firmas que respaldan esta imprescindible petición. Además, junto al FIT-Unidad nos hemos posicionado en el mismo sentido mediante una extensa declaración pública.  

El gobierno peronista de Alberto Fernández, en sintonía con los antecedentes históricos mencionados, debe suspender la vigencia de patentes e impulsar la producción nacional de vacunas e insumos, como lo expresa el proyecto de ley presentado por nuestro compañero Juan Carlos Giordano, diputado por Izquierda Socialista en el FIT-Unidad.

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