Escribe Nicolás Núñez, Ambiente en Lucha (Izquierda Socialista e independientes)
En los últimos días se viralizaron imágenes de especies muy particulares, provenientes del fondo del mar argentino, a la altura de Mar del Plata. Batatita, la estrella de mar culona, la langosta drag y otros personajes similares llenaron las redes sociales acompañados de una reivindicación del Conicet y de la ciencia argentina.
Sin embargo, el nombre de la expedición revela un trasfondo más complejo: Talud Continental IV. Las tres exploraciones anteriores (I, II y III) se habían hecho con infraestructura nacional. Esta cuarta expedición sólo fue posible gracias al apoyo del Instituto Oceanográfico Schmidt, con base en Estados Unidos. A pesar de ello, los 27 científicos y científicas que integraron la tripulación del buque Falkor Too se formaron en la educación superior pública argentina y muchos hoy trabajan en universidades nacionales. Lejos está, entonces, de tratarse de un producto exclusivo de la “inversión privada”, como intentaron hacer creer algunos referentes libertarios.
La realidad es que la motosierra de Javier Milei, sumada a un ajuste prolongado sobre el sistema científico argentino durante los últimos gobiernos, destruyó la capacidad del país para recolectar soberanamente información sobre las profundidades de su propio territorio. Esto plantea un interrogante: ¿el Instituto Schmidt podría apropiarse de parte de las muestras recolectadas? ¿Tiene la capacidad de realizar un mapeo detallado de nuestro fondo marítimo? De ser así, podría incluso aportar información estratégica para avanzar con la explotación de combustibles fósiles.
Pese a esta situación, los libertarios salieron a instalar que se trataba de una campaña británica para generar empatía con las especies del fondo del mar y frenar la explotación offshore. Un argumento ridículo que incluso acusó al kirchnerismo de estar detrás de esa maniobra. Pero lo cierto es que fue el Frente de Todos, durante su gestión, quien promovió el desembarco de multinacionales en el Mar Argentino. El entonces ministro de Ambiente, Juan Cabandié, habilitó el ingreso de YPF, Equinor y Shell sin contar con estudios serios de impacto ambiental y desoyendo el masivo rechazo popular.
Tras analizar los resultados de la exploración sísmica autorizada por el gobierno peronista, la empresa Equinor decidió pausar el proyecto por considerar que la inversión no garantizaba rentabilidad. Hoy, tanto los libertarios como los kirchneristas insisten en que YPF retome la exploración, bajo la misma lógica que se aplica en Vaca Muerta: que el Estado subsidie las ganancias de las petroleras y de los accionistas privados. Con dinero público, buscan avanzar sobre el conjunto de la biodiversidad que habita el mar Argentino y sobre los servicios ecosistémicos que este brinda.
No se trata solo de batatita y sus compañeros submarinos. Está en juego el futuro de las actuales fuentes laborales e ingresos de la costa argentina (como la pesca y el turismo), el derecho del pueblo a disfrutar del mar, y la necesidad de evitar una catástrofe ambiental en nombre de un negocio ruinoso. También está en juego la defensa de la ciencia: necesitamos derrotar la motosierra de Milei sobre el sistema científico nacional. Solo así nuestras investigadoras e investigadores podrán contar con salarios dignos y con los recursos necesarios para trabajar al servicio del interés colectivo.
Escribe Federico Novo Foti
El 6 de agosto de 1945, Estados Unidos lanzó la bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima. Tres días después, arrojó otra sobre Nagasaki. Miles murieron calcinados o tras una lenta agonía por la radiación. Harry Truman, presidente yanqui, dijo que era la única forma de terminar la guerra.
A fines de julio y comienzos de agosto de 1945, en la localidad alemana de Potsdam, la antigua capital prusiana, se encontraban los líderes de las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial en Europa: el presidente norteamericano, Harry S. Truman; el primer ministro británico, Winston Churchill (reemplazado por el laborista Clement Attlee); y Iósif Stalin, de la URSS. Tras las rendiciones italiana y alemana a comienzos de mayo, “los tres grandes” definían las reparaciones de guerra y el reparto del mundo de posguerra, y garantizaban la reconstrucción y un nuevo orden capitalista gracias a la traición de Stalin.1 La guerra continuó en el Pacífico, ya que Japón aún no había capitulado.
Un día antes de iniciada la Conferencia de Potsdam, Truman recibió el mensaje: “el niño nació bien”. El telegrama en clave no se refería a un tierno acontecimiento, sino a que el “Proyecto Manhattan”, dirigido por el físico Robert Oppenheimer en Los Álamos (Nuevo México), había logrado su objetivo: crear la bomba atómica.2 La noticia llenó de optimismo a Truman, quien vio en la bomba atómica un instrumento clave para volcar las negociaciones a su favor y consolidar la hegemonía imperialista estadounidense.
Destructor de mundos
El 6 de agosto, a solo cuatro días de finalizada la conferencia, a las 8:15 de la mañana, Estados Unidos lanzó la bomba atómica sobre Hiroshima, que contaba con 250 mil habitantes. Era la primera vez en la historia que se lanzaba una bomba atómica. La ciudad fue devastada.
La explosión generó una bola de fuego que, en el hipocentro (área de impacto de la bomba), alcanzó una temperatura de 4 mil grados centígrados. El efecto del calor provocó inmediatamente una onda expansiva que derribó todo a su paso. En diez segundos, el viento feroz ya había avanzado casi cuatro kilómetros a la redonda. A medida que la onda expansiva se debilitaba, una succión de aire y una presión inversa se generaron desde el hipocentro: el viento se revirtió y empezó a soplar a la misma velocidad, pero ahora hacia el centro. No quedó nada en pie en un radio de tres kilómetros. Todos los hogares sufrieron daños severos hasta seis kilómetros de distancia. Después de veinte o treinta minutos, comenzó a caer una espesa “lluvia negra” en un área de 30 kilómetros a la redonda, que contenía hollín y polvo radiactivo.
Cerca de 150 mil personas murieron por efecto de la bomba, entre los afectados instantáneamente y quienes fallecieron en las semanas o meses siguientes producto de la radiación. Todos los que estaban en un radio de 1,2 kilómetros del hipocentro perecieron calcinados. A dos kilómetros de distancia, las quemaduras alcanzaban el 100% de la piel, que se desprendía en tiras. Los que se encontraban hasta a cuatro kilómetros del hipocentro sufrieron severas quemaduras en las partes del cuerpo expuestas al aire.
Miles de personas ingresaron al área al día siguiente en busca de heridos o de familiares desaparecidos: muchos murieron posteriormente, tras padecer horribles malformaciones en la piel. Aún para 1960 se observaban efectos residuales, especialmente leucemia, cáncer de tiroides, mama y pulmón. Las mujeres embarazadas expuestas a la radiación sufrieron abortos espontáneos y, en una tasa desproporcionadamente alta, dieron a luz niños con diversas discapacidades.
Tres días después, el 9 de agosto, Estados Unidos lanzó una segunda bomba atómica sobre la ciudad de Nagasaki. Los resultados fueron igualmente devastadores. Las cifras oficiales hablan de más de 250 mil asesinados en ambos bombardeos. El 15 de agosto el emperador japonés Hirohito anunció la rendición.
Años después, Robert Oppenheimer, el padre de la bomba atómica, convertido en un abierto opositor a la carrera armamentista, recordó con cierta amargura que, tras la detonación exitosa en Nuevo México, pensó: “me he convertido en la muerte, el destructor de mundos”.3
Superar el capitalismo decadente
La propaganda del imperialismo yanqui afirma que debieron tirar las bombas para finalizar la Segunda Guerra Mundial. Se trata de una mentira insostenible. Hacía ya tres meses que se habían producido las rendiciones italiana y alemana en Europa. Mientras se desarrollaba la Conferencia de Potsdam, Japón negociaba su rendición en los mismos términos que Italia y Alemania para dar fin a la guerra por vía diplomática. La realidad es que el imperialismo yanqui necesitaba mostrarles a los pueblos del mundo, en particular a la URSS, que contaba con un arma que lo hacía invencible, para reforzar su hegemonía en el nuevo orden capitalista de la posguerra.
El capitalismo, en su fase de decadencia y degeneración, se transformó en el siglo XX en imperialismo, y dio lugar a todo tipo de fenómenos aberrantes. El fascismo y el nazismo fueron una brutal expresión de ello, así como las horrorosas bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki, y la carrera armamentística que provocaron. Hoy, en pleno siglo XXI, en el marco de la crisis de dominación del imperialismo estadounidense, a pesar de los tratados de no proliferación, crece el armamentismo a escala global.4 La barbarie capitalista condena a millones a la pobreza e indigencia en todo el mundo, promueve el ascenso de la ultraderecha de Donald Trump, Giorgia Meloni o Javier Milei, y el genocidio atroz de Israel contra el pueblo palestino.
Un mundo sin estas atrocidades, que pueda aplicar los avances de la ciencia y la técnica para usos pacíficos, sólo será viable si desaparece la fuente de esta barbarie: el sistema capitalista, mediante la conquista de gobiernos de trabajadoras y trabajadores que luchen por un mundo socialista.
1. Ver El Socialista Nº 608, 10/07/2025. Disponible en www.izquierdasocialista.org.ar
2. Ver la película multipremiada “Oppenheimer” (2023), dirigida por Christopher Nolan.
3. Ben Platts-Mills. “Quién fue Robert Oppenheimer” en BBC Future, 15/07/2023. Disponible en www.bbc.com
4. Ver Correspondencia Internacional. Edición Especial, Abril 2024. Disponible en www.uit-ci.org
Escribe Federico Novo Foti
En los años y décadas siguientes a Hiroshima y Nagasaki, se aceleró la carrera armamentista, encabezada por Estados Unidos y la URSS, dominada por la burocracia estalinista, a la que los trotskistas llamamos “estado obrero burocratizado”. A comienzos de la década de 1980, el dirigente trotskista Nahuel Moreno, a raíz de los peligros que implicaba el desarrollo del armamento nuclear y su fuerza destructiva en manos del imperialismo y la burocracia, actualizó la predicción alternativa definida por el marxismo revolucionario desde comienzos del siglo XX: “socialismo o barbarie”.
“A pesar de todos los triunfos revolucionarios la humanidad está al borde del precipicio. El marxismo, el trotskismo, señalaron que bajo el régimen imperialista y aún bajo el de la propia burocracia [estalinista], de no superarse la crisis de dirección del proletariado, estaba planteada para la humanidad la caída en la barbarie, en un nuevo régimen de esclavitud como continuación del régimen imperialista. Sólo el socialismo le permitiría superar el mundo de la necesidad y entrar en el mundo de la libertad”.
“Los colosales medios de destrucción desarrollados por el imperialismo y los estados obreros burocráticos hacen que el peligro que enfrenta la humanidad haya cambiado. Ya no se trata de la caída en un nuevo régimen esclavista, bárbaro, sino de algo mucho más grave: la posibilidad de que el globo terráqueo se transforme en un desierto sin vida o con una vida degradada debido a la degeneración genética provocada por los nuevos armamentos”.
“La única forma de evitarlo es liquidar las fronteras nacionales, el dominio imperialista y la propiedad privada capitalista. [Para lograrlo] no hay otro método que la movilización permanente del proletariado mundial y la unificación de sus luchas con este claro objetivo. [...] Ya no es barbarie o socialismo, sino holocausto o trotskismo”.1
Izquierda Socialista y la UIT-CI sostienen en la actualidad el rechazo al aumento creciente de los presupuestos militares de las potencias imperialistas y al uso irresponsable de la energía nuclear por parte de los monopolios transnacionales que la controlan. El peligro nuclear continúa, y en definitiva, la alternativa sigue siendo socialismo o catástrofe capitalista.
1. Nahuel Moreno. “Actualización del Programa de Transición”. Tesis XL, Ediciones El Socialista, Buenos Aires, 2020. Disponible en www.nahuelmoreno.org
Escribe Miguel Lamas, dirigente de la UIT (CI)
Los invasores sionistas no solo siguen bombardeando, ahora matan de hambre a la población de la Franja de Gaza. Prohibieron el ingreso de alimentos y montaron una trampa: habilitaron un punto de distribución para luego asesinar a mil palestinos desarmados que fueron a buscar comida. Esta masacre generó un enorme repudio mundial. Incluso países imperialistas europeos que han armado a Israel (como Gran Bretaña, Francia y España) exigieron un cese del fuego.
A casi 22 meses de la profundización del genocidio contra Gaza, Israel ya asesinó a más de 60 mil personas, entre ellas 20 mil niños. Ahora, el gobierno local advierte que 40 mil bebés y 60 mil niños podrían morir en cuestión de días por falta de alimentos. Israel, con el respaldo de Estados Unidos y de Donald Trump, su principal aliado, afirmó que los 2 millones de palestinos que viven en Gaza deberían ser desplazados a Egipto o Líbano.
Israel estado invasor, colonizador y genocida
Israel fue fundado en 1948 como un instrumento directo del imperialismo británico y norteamericano para dominar Medio Oriente y sus riquezas naturales, en primer lugar los hidrocarburos. Fue creado sobre la Palestina histórica, mediante la expulsión, el asesinato de su población originaria, y el asentamiento de judíos de distintos países bajo una ideología sionista que sostiene que esa región es “territorio judío”.
Los judíos migrantes al actual Israel no descendían de los habitantes originarios de esa región en más del 90%. Solo una minoría dvivía históricamente en Palestina, conviviendo pacíficamente con el resto de su población islámica, cristiana o de otras creencias.
A los migrantes traídos por el Estado de Israel les entregaron tierras robadas a los palestinos expulsados, además de otras facilidades para establecerse. Ese Estado invasor atacó a todos los países árabes vecinos en distintos momentos. Actualmente, además de bombardear Gaza y Cisjordania (los territorios donde quedaron confinados los palestinos), está agrediendo militarmente a Líbano y Siria, y hace un mes bombardeó Irán.
La catástrofe actual en Gaza
Agencias de la ONU advierten que “la mayoría de los edificios están destruidos, muchos hospitales han tenido que cerrar y los alimentos escasean: la situación en la Franja de Gaza es catastrófica”. En ese mismo sentido, la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) detalló el 22 de julio que “el 87,8% del territorio de la Franja de Gaza se encuentra actualmente bajo orden de evacuación o dentro de las zonas militares restringidas de Israel. La población se encuentra ahora hacinada en el 12 por ciento de la Franja de Gaza”.
El organismo también señaló que “el conflicto incesante, el colapso de los servicios esenciales y las graves limitaciones a la entrega y distribución de la asistencia humanitaria por la ONU han llevado a condiciones de seguridad alimentaria catastróficas para cientos de miles de personas en toda la Franja de Gaza”.
Crece solidaridad internacional con Palestina
La presión internacional sobre Israel va en aumento. Veintiocho países, entre ellos Francia, Italia, Japón, España y Gran Bretaña, exigen el fin de la guerra. Estos países, en especial los europeos de la OTAN, apoyaron con armas a Israel. Que sus gobiernos condenen ahora el genocidio es un cambio que, en parte, resulta hipócrita, porque no rompen relaciones con Israel ni bloquean todo envío de armas. Pero, al mismo tiempo, responde a la inmensa solidaridad popular en cada país que los obliga a emitir declaraciones contra Israel. Ahora vuelven a hablar de “los dos Estados”, la mentira histórica que pretendió someter al pueblo palestino sin devolverle sus tierras ni otorgarle nunca un Estado independiente.
Lo fundamental de la solidaridad son las masivas movilizaciones que se produjeron en decenas de países. En Europa, en Ámsterdam marcharon 150 mil personas, en Bruselas 100 mil, y también hubo enormes multitudes en decenas de ciudades de España, Francia e Italia. Todas exigieron el cese del envío de armas y la ruptura total con Israel. Recientemente, se realizó una enorme marcha en Jordania contra el gobierno por su complicidad con Israel, y también hubo movilizaciones en Líbano, Turquía y Yemen (es el único gobierno árabe que apoya activamente al pueblo de Gaza).
Desde Italia, organizaciones solidarias con Palestina enviaron un barco con alimentos y medicamentos, pero Israel impidió su llegada a Gaza.
Por otra parte, hubo manifestaciones en Tel Aviv de ciudadanos israelíes que denunciaron la masacre de niños en Gaza y reclamaron un cese del fuego. En Viena se realizó un Congreso Judío Internacional Antisionista que se solidarizó con el pueblo palestino y se pronunció por la desaparición del Estado genocida de Israel.
Desde la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores-Cuarta Internacional somos parte de este gran movimiento mundial de solidaridad.
Exigimos un alto el fuego inmediato, el retiro de todas las tropas israelíes de Gaza, la apertura de todos los pasos fronterizos para garantizar el ingreso de alimentos, medicinas, combustibles y agua, y el restablecimiento inmediato de la energía eléctrica. También reclamamos el retiro inmediato de las fuerzas israelíes de los Altos del Golán, de Cisjordania y de otras zonas de Siria.
Exigimos que se prohíba el suministro de armamento a Israel. Y exigimos a todos los gobiernos que rompan relaciones políticas, diplomáticas, comerciales, culturales y académicas con Israel, en especial a los regímenes árabes y de Medio Oriente, que poco han hecho por el pueblo palestino.
¡Por una Palestina única, del río hasta el mar, laica, democrática y no racista!

Escribe Mercedes de Mendieta, diputada nacional Izquierda Socialista FIT Unidad
Desde la bancada del Frente de Izquierda en el Congreso Nacional presentamos un proyecto en rechazo al anuncio de la visita a nuestro país del asesino y genocida Benjamín Netanyahu, primer ministro del Estado sionista de Israel y principal responsable del exterminio sobre el pueblo palestino, llamando a realizar una gran campaña para impedir su ingreso a nuestro territorio.
En un momento en que se profundiza el genocidio sobre la población gazatí, utilizando el hambre como un arma de guerra (con lo que expertos señalan como una hambruna catastrófica, la más minuciosamente planificada desde la Segunda Guerra Mundial) y en el que crece el repudio mundial con movilizaciones masivas en todo el mundo, no podemos permitir que Javier Milei comprometa a nuestro país en la complicidad del genocidio.
Son desgarradoras las imágenes de niñas y niños que mueren todos los días a causa del hambre, mientras el ejército israelí y mercenarios ligados a Estados Unidos asesinaron a más de mil personas en centros de ayuda humanitaria. Hoy Gaza es un verdadero campo de exterminio a cielo abierto. Pero mientras los gobiernos del mundo son cómplices, por abajo y en las calles crece un movimiento mundial de repudio que exige el fin del bloqueo a la ayuda humanitaria. Este fin de semana, en Sidney, Australia, más de 100 mil personas se movilizaron contra el genocidio. Incluso crecen las movilizaciones en Tel Aviv. Salieron a la luz las declaraciones de Avraham Burg, expresidente del Parlamento israelí, quien declaró: “Me pregunto si Israel sigue mereciendo su existencia”.
Rechazamos que el gobierno ultraderechista de Milei (que viene de abrazarse con el asesino de Netanyahu semanas atrás) ponga en peligro al pueblo argentino al aportar a un gobierno genocida y criminal. No olvidemos que el primer ministro sionista tiene vigentes órdenes de captura emitidas el 21 de noviembre de 2024 por parte de la Corte Penal Internacional, que lo acusa de crímenes de guerra y de lesa humanidad en Gaza, de la que Argentina forma parte.
En la declaración también exigimos la necesidad de que Argentina rompa relaciones diplomáticas, comerciales y de cualquier tipo con el Estado de Israel, ya que es responsable de la ocupación, de la política de exterminio y del apartheid que se está sufriendo hoy en la Franja de Gaza. Es fundamental que los países rompan relaciones con el Estado genocida de Israel y dejemos aislada la política de apartheid de Netanyahu.
Seguiremos peleando por una Palestina libre del río al mar, llamando a impulsar una campaña para evitar que el mandatario genocida pise nuestro país e impulsando, junto al comité de apoyo al pueblo palestino, una gran movilización el 9 de agosto desde Aysa hasta Plaza de Mayo para decir: ¡No en nuestro nombre! ¡Netanyahu no puede ingresar en nuestro país! ¡Fuera Mekorot! Argentina está con Gaza.