Jan 22, 2021 Last Updated 7:01 PM, Jan 20, 2021

Aniversario: 31-3-1914 se abría la gran tienda Harrods en Buenos Aires: Inglaterra, un imperio decadente

El vocero imperialista pretende dar “lecciones” a los argentinosLa revista The Economist en su última edición recuerda la inauguración de la sucursal de Harrods en Florida y Córdoba en 1914. Con profunda soberbia afirma que un siglo después Argentina es “una ruina” plagada de corruptos, por no tener en cuenta que “los buenos gobiernos importan”. Mucho más es una ruina decadente y corrupta el imperio británico

Escribe: Mercedes Petit

Desde las páginas de El Socialista en forma permanente criticamos al gobierno peronista de los Kirchner, así como a los anteriores. Los hacemos responsables por el hecho de que los trabajadores y el pueblo vienen empeorando en sus condiciones de vida. Hemos demostrado que la supuesta “década ganada” es todo lo contrario. Desde esa trinchera, podemos definir que el artículo “La parábola de Argentina” es una insolente ficción del vocero imperialista. Cínicamente, oculta dos cosas. En primer lugar, que los gobiernos argentinos de estos 100 años han tenido y tienen como uno de sus principales defectos haber sido lacayos serviles del imperio británico primero y luego del yanqui. En segundo lugar, que la falta del progreso de Argentina es incomparablemente menor que el derrumbe de Inglaterra, imperio decadente por excelencia.

Fuimos una semicolonia inglesa

Los ingleses merodeaban el Río de la Plata desde mucho antes de 1810. Aunque pocos ingleses lo saben, y no se enseña en sus escuelas, fueron derrotados en dos intentos de invasión, en 1806 y 1807. Desde la independencia tuvieron sus primeros gobiernos amigos, que comenzaron a facilitarle sus negocios, como fue el caso de Bernardino Rivadavia*.

Pero hasta 1880 la Argentina fue avanzando en su desarrollo capitalista independiente. Fue ese periodo el que sentó las bases del posterior progreso, que tuvo su máxima expresión en los inicios del siglo XX.

A partir de 1880, la burguesía argentina y sus gobiernos permitieron la creciente penetración del imperialismo británico, que se apoderó de los ferrocarriles (y riquísimas tierras aledañas a las vías), la producción y exportación de las carnes, y los principales bancos y compañías financieras.

En 1930, a partir del golpe militar de Uriburu, y los gobiernos corruptos de la “década infame” nos transformamos directamente en una semicolonia británica. La Argentina era la “joya más preciada” de la corona. La decadencia creciente de Inglaterra a partir de la segunda guerra mundial y de la lucha de los pueblos de sus ex colonias, dio lugar a que a partir de 1955 pasáramos a ser semicolonia del imperialismo yanqui. Si la Argentina se fue estancando y retrocediendo en su desarrollo fue porque hasta ahora no hemos logrado conquistar “buenos gobiernos” formados por los trabajadores y el pueblo y capaces de romper con la dominación imperialista y con las burguesías que les sirven.

Nostalgia de Pinochet

El artículo apunta a que estarían preocupados por un eventual “peligro de totalitarismo”. Sin embargo, hace 30 años que en Argentina se suceden, con más o menos dificultades, gobiernos surgidos de elecciones. Y nada apunta a cambiar esa dinámica. Pero el artículo recuerda con nostalgia a los “generales de Chile” que “avanzaron” en la década del 70. ¿Eso no fue un totalitarismo genocida? Y se permiten criticar la educación pública argentina, que por lo menos existe y se sostiene, albergando numerosos estudiantes universitarios latinoamericanos. Chile es uno de los casos más tremendos de falta de acceso a la educación de todos los niveles para los sectores populares. No olvidemos que Pinochet fue un incondicional agente del imperialismo inglés.

¿Por casa cómo andamos?

Si la lección de Argentina es que “los buenos gobiernos importan”, ¿qué aprendimos de los gobiernos británicos? Recordemos a la tristemente célebre Margaret Thatcher, que fue la avanzada de las privatizaciones, la represión al movimiento obrero y la liquidación de conquistas históricas del pueblo británico.

Los gobiernos ingleses han acompañado al de Estados Unidos en todas sus invasiones a los pueblos árabes, como los casos recientes de Irak y Afganistán. Y siguen sosteniendo una monarquía holgazana y multimillonaria, que gasta sin control el dinero que le saca a un pueblo cada vez más empobrecido. Los índices de desempleo y deterioro de los servicios públicos son crecientes, y el país se ha visto sacudido desde hace años por movilizaciones de jóvenes sin futuro, a los que se fueron sumando trabajadores de la educación y la salud.

Aunque la soberbia del artículo lo oculte, la decadencia del imperio ingles es infinitamente superior a lo que pueda sufrir Argentina y su pueblo. Si hace 100 años era la primera potencia económica mundial, ahora está en el sexto lugar (detrás de Estados Unidos, China, Japón, Alemania y Francia) y seguirá cayendo. En 2011 el jefe del Foreign Office, el canciller Jeremy Browne alertaba sobre “el declive inevitable” de Inglaterra (Sunday Times, 6/11/2011).

¿Quiénes son los mayores corruptos?

Siendo la más antigua y extendida potencia capitalista del mundo, es posible que los ingleses conserven aun el mayor récord de corrupción en todos los terrenos.

Un temprano informe de 1761 del Archivo General de Indias** decía que “de todos los delincuentes dedicados al tráfico de contrabando [...] los peores son los ingleses”.

Durante siglos los ingleses corrompieron todo tipo de funcionarios y empresarios, desde la China a América, de la India a Egipto y toda Africa, para satisfacer sus intereses comerciales y para saquear las riquezas económicas y culturales de otros pueblos. ¿Qué mayor monumento al saqueo y la corrupción que el British Museum, donde se exhiben impúdicamente muchas de las más grandes obras del pasado de la humanidad robadas por ellos?

Pero más actual, es un secreto a voces que Londres es actualmente uno de los mayores “paraísos fiscales” del mundo, el colmo de la corrupción económico-financiera.

Un “buen gobierno” expulsaría a los imperialistas

Un gobierno patronal y proimperialista como el de Cristina Kirchner mantiene el carácter semicolonial del país, lo que impide retomar una senda de desarrollo económico y social. El cinismo de The Economist no le hace ese reconocimiento, cuando debería darle las gracias. Desde Izquierda Socialista sostenemos que hay que romper con el imperialismo, no solo con el yanqui, sino también con el inglés, que mantiene la usurpación de nuestras islas Malvinas, y expropiar todas sus posesiones en el país, apoyándose en la movilización antiimperialista de los trabajadores y el pueblo. Esa sería la mejor “lección” a sacar de esas páginas.

 

* Para ampliar datos históricos sobre la penetración británica, véase Método de interpretación de la historia argentina, por Nahuel Moreno, El Socialista, 2012, y La joya más preciada, por Ricardo de Titto, El Ateneo, 2008.

** Citado por Nahuelo Moreno, citando a H.S.Ferns: Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX.


Harrods no es inglés

Lo que no señala el artículo de The Economist es que hace rato que Harrods de Londres no es ingles.

Harrods, fundadas en 1849 en Londres, fue un símbolo de lo very british (muy británico), con sucursales en las grandes capitales de la época: Paris y Berlín. El 31 de marzo de 1914 se instaló en la muy cosmopolita y moderna Buenos Aires, que ya tenía el primer subterráneo de América Latina.

Hace 30 años, en medio de la crisis que vivía Inglaterra en aquella década thatcherista, Harrods fue adquirida por un magnate egipcio, Mohamed Al-Fayed. Por esas paradojas de la historia, se hizo conocer en el mundo cuando su hijo Dodi murió en un oscuro y dudoso accidente de tránsito en Paris, junto a “Lady D”, la princesa Diana. En 2010 fue adquirida por la familia real de Qatar.

En el fútbol les viene pasado algo parecido. Son varios los principales y más tradicionales clubes que ya no pertenecen a empresarios ingleses. En 2003, el magnate ruso Roman Abramovich adquirió al Chelsea. En 2005, el estadounidense Malcolm Glazer adquirió un club emblemático, el Manchester United. En 2010 el Liverpool fue vendido a Fenway Sports Group, una firma estadounidense propietaria de los Medias Rojas de Boston. El jeque Mansour bin Zayed Al-Nahyan se adueñó del Manchester City.


También los hinchas ingleses aman a Messi

Los ingleses inventaron el fútbol. Se dice que cuando vinieron a invadir en 1806, las tropas se jugaron un picadito en la zona de Luján. Pero la decadencia afecta también a su deporte favorito. Su única copa, de locales en 1966, fue un escándalo dominado por las actuaciones indefendibles de los árbitros. El mayor bochorno fue la final contra Alemania, cuando les dieron un gol inexistente y así lograron la copa. Desde entonces se denunció el hecho, y 30 años después la prestigiosa universidad de Oxford certificó que no existió el gol. En los cuartos de final, cuando dejaron afuera a la selección argentina, el árbitro dispuso la expulsión sin ningún fundamento de Rattin.

Hoy la mediocre selección inglesa hace esfuerzos por clasificar en un mundial. Por eso al pueblo ingles le gusta ver jugar a Messi, como lo tiene que reconocer The Economist. Como antes los hinchas del Tottenham, del norte de Londres, pidieron por su ídolo Ardiles en los 80. Luego de la guerra de Malvinas, cantaban un cantito que era lo opuesto a la soberbia imperialista: “Quédense con las Malvinas, pero que vuelva Ardiles”. Con él habían ganado dos campeonatos de la Liga inglesa. En 1982 Ardiles se fue a jugar a Francia; un primo suyo había muerto en la guerra por la recuperación de nuestras islas.

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