Mar 04, 2026 Last Updated 9:12 PM, Mar 3, 2026

En el reciente plebiscito constitucional en Chile, la mayoría del electorado (62%) decidió rechazar la nueva propuesta, contra solo un 37% que votó por aprobar. Este resultado golpeó a un amplio sector del pueblo trabajador y la juventud que ha sido la vanguardia de la lucha de la rebelión popular de 2019 hasta hoy.
Reproducimos a continuación la declaración del Movimiento Socialista de las y los Trabajadores (sección chilena de la UIT-CI).

 

Chile: Triunfo del rechazo, un balance de la derrota y cómo creemos debe seguir la lucha

Escribe Movimiento Socialista de las, los y les Trabajadores, sección chilena de la UIT-CI

La mayoría del país (62%) decidió rechazar la nueva propuesta constitucional, contra sólo un 37% que votó aprobar. Un resultado que golpeó a un amplio sector de compañeres, compañeras y compañeros que han sido lo mejor de la lucha de la rebelión popular de 2019 hasta hoy. La confusión impera, porque no cabe ninguna duda de que ayer ganaron los grandes empresarios, la derecha y el pinochetismo más recalcitrante. Entendemos y compartimos la decepción de cientos de miles.

Hoy hay una tarea fundamental: entender qué pasó, las verdaderas razones de la derrota y cuáles serán sus consecuencias para el pueblo y la clase obrera. La vieja y nefasta tradición de culpar al pueblo por “ignorante y facho”, de nada nos sirve. Ahora más que nunca debemos fortalecernos con las conclusiones correctas para retomar la lucha, porque sigue siendo urgente.

Las verdaderas razones de la derrota electoral.

Parece absolutamente contradictorio que el mismo pueblo que encabezó una de las rebeliones populares más importante del último tiempo, que votó con un 80% por cambiar la constitución, que hizo ganar en mayoría a candidates independientes para la convención, use ahora esa mayoría para negarse a cambiar la constitución. Pero no lo es.

Esta derrota comenzó a gestarse el 15 de noviembre de 2019, cuando la derecha, la ex concertación y el Frente Amplio, firmaron el Acuerdo por la Paz para salvar al gobierno de Piñera, y desviar la fuerza de la movilización al institucional camino de un proceso constituyente absolutamente condicionado por el empresariado, para que no fuese ni libre ni soberano. No sólo eso, sino que ese acuerdo permitió golpear a los más combativo de la movilización, transformándolos en presos y presas políticas, o reprimiéndolos brutalmente, garantizándole impunidad a Carabineros para esta tarea. Y así fue hasta hoy.

Con el 80% de apruebo en el primer plebiscito, y con una mayoritaria votación a las y los independientes, la clase trabajadora y el pueblo creyó constituir una institución que se opusiera a los corruptos de siempre, pero eso no ocurrió. Por eso luego vino la decepción y la ruptura de millones con el proceso constituyente. La convención constitucional dejó gobernar tranquilamente a Piñera, nada hizo frente a la pérdida de puestos de trabajo y el crecimiento de la pobreza, nada hizo por las y los presos políticos o contra milicos y pacos que reprimieron. Fue otro parlamento más, alejado totalmente de las demandas inmediatas de quienes habían protagonizado la rebelión popular, tal como querían la derecha, la ex concertación y los que hoy componen el actual gobierno.

En esa misma convención constitucional, y tras bambalinas, la mayoría de los “independientes” cedió el control a los partidos, que dejaron fuera del nuevo texto constitucional demandas tan importantes como la nacionalización de las riquezas naturales. Entre forcejeos y maniobras, se dio a luz a una nueva constitución que, aunque con avances democráticos, dejó intacto el modelo económico que ha causado la desigualdad profunda en el país. Por esto el entusiasmo popular con la nueva propuesta se mostró en los apruebazos pero no despertó la simpatía obrera y popular, y cundió la confusión frente a una propuesta que no tomaba las principales demandas por las que salimos a las calles.

Por su parte, otra decepción preparaba el escenario de ayer. La llegada del nuevo gobierno, con el Partido Comunista y el Frente Amplio a la cabeza, ha sido una gran decepción para millones. Frente a la profunda crisis económica que vivimos millones de familias trabajadoras, Boric y su gobierno se niegan a las medidas más básicas para evitar el descalabro. Nada hace ante la inflación, nada hace contra los sueldos de miseria, niega toda ayuda estatal directa y deja intacto los beneficios de los grandes empresarios. Lo que sí ha entregado, a manos llenas, es represión contra el pueblo Mapuche y chileno, y un sinfín de promesas vacías. Por eso millones usaron el voto del plebiscito para castigar a este gobierno.

Más criminal aún fue su actuar en la campaña. Mientras miles trataban de enfrentar, con escuálidos recursos, al pinochetismo del rechazo, Boric y sus partidos firmaron con febril apuro un acuerdo para reformar la nueva constitución en beneficio del empresariado. ¡Negociaba, descaradamente y públicamente, la nueva constitución con el rechazo!, sosteniendo que había que hacer una “constitución de todos”.

Ni que decir de las direcciones de las principales organizaciones sindicales, estudiantiles y populares del país, dirigidas por estos mismos partidos, y que han cumplido un papel nefasto en aumentar la desilusión. La CUT que nada ha hecho por las familias trabajadoras en estos duros momentos, o el Colegio de Profesores, que sólo se limita a palabras de buena crianza para exigir demandas, la CONFECH que lleva años ausente y ahora está totalmente sometida al nuevo gobierno contra el estudiantado, apenas hicieron campaña. Preguntamos: ¿Cuántos actos, y actividades, convocaron con trabajadoras y trabajadores, con el estudiantado, estas organizaciones?

La campaña de la derecha y el rechazo, el veneno de las mentiras y el miedo, recorrió tranquilamente las brechas de desilusión abiertas por quienes hoy dirigen el gobierno, que encabezaron el apruebo, que negociaron con la derecha en la convención, y que durante la rebelión popular salvaron a Piñera. Esta es su derrota. Millones de trabajadores y trabajadoras, estudiantes, mujeres, disidencias y hermanas y hermanos de pueblos originarios, votaron expresando esta confusión, o directamente castigando las medias tintas y los engaños de este gobierno que prometió cambiar las cosas.

Cabe, sin embargo, agregar otro punto no menos importante. Apruebo Dignidad y los viejos partidos han logrado conducir todo el proceso político hasta hoy, porque no hemos logrado construir una alternativa política para les las y los millones que luchamos durante la rebelión popular. Que luche contra la inflación y los sueldos de miseria, por las demandas más sentidas por la clase trabajadora y el pueblo, o que nos permitiera (en su momento) enfrentar las maniobras y engaños en la convención, así como haber empujado un apruebo contra la constitución de Pinochet. Sin esa dirección, como ha quedado claro, todo esfuerzo puede ser en vano.

Usaran esta derrota para seguir atacando al pueblo y la clase trabajadora.

Hoy el triunfo del rechazo le permite seguir empujando a la derecha a un gobierno que ya tendió todos los puentes con los jefes del pinochetismo. No tocando a Piñera ni a los oficiales que impusieron el terror en la rebelión popular, militarizando Wallmapu y reprimiendo movilizaciones, y sobre todo comprometiéndose a un acuerdo nacional para construir la “constitución de todos”. Eso fue, es y será, el gobierno de Boric el PC y el FA.

Ni bien ganaron, y en medio de pequeñas celebraciones que no entusiasmaron a sus propios votantes, los dirigentes del rechazo salieron a tomar la propuesta hecha por el mismo Boric. Ambos bandos, hace mucho tiempo, habían acordado, de espaldas al pueblo, que cualquiera de las dos opciones que gane, debía conducir a un nuevo camino de reformas, pero ahora dirigida totalmente por el corrupto parlamento.

¡Un nuevo proceso constituyente! Les prometió Boric, ¡Hay que hacerle cambios a la constitución del 80’! responde la derecha. Ambos bandos saben que necesitan seguir alimentando las esperanzas en que los cambios “responsables” sólo los pueden dar ellos mismos, encerrados en el congreso. Y para eso se proponen instalar un escenario de reformas que tranquilicen a millones de familias trabajadoras que ven caer su nivel de vida a diario, producto de la crisis económica. El caldo de cultivo del descontento social crece, y el coyuntural triunfo del rechazo no les hace olvidar esta situación.

Tome el nombre que sea, lo que quieren es un nuevo acuerdo nacional para liquidar cualquier vestigio de la rebelión popular de 2019, y seguir descargando el peso de la crisis económica sobre las espaldas del pueblo trabajador. Por eso es urgente sacar las conclusiones sobre la derrota del apruebo este 4 de septiembre, y ordenar nuestras filas para enfrentar nuevos ataques de este gobierno y sus aliados de la oposición de derecha.

Debemos enfrentarlos a todos.

¿Entonces por qué era importante aprobar? Porque el triunfo del rechazo fortalecería, y así lo hizo, a los sectores más reaccionarios del país. Así lo entendimos miles que nos volcamos a los principales actos, o a empujar con nuestras propias fuerzas la campaña. Quienes no sólo buscamos el voto, denunciamos las maniobras del gobierno de Boric, impulsamos llamados a luchar contra la inflación y los sueldos de miseria, y a solidarizar activamente con todas las luchas.

Por esto es fundamental fortalecer esa unidad que se dio entre quienes impulsamos en las calles la lucha contra el pinochetismo y el rechazo. Su triunfo electoral sólo significa más sufrimiento para millones de familias trabajadoras producto de la crisis económica que nos obligan a pagar, mientras los ricos son cada día más ricos.

Necesitamos reagruparnos, unificar luchas, abrir diálogos fraternos, actuar juntes juntas y juntos contra todos quienes quieren usar el triunfo del rechazo para seguir golpeando a la clase trabajadora y el pueblo. Ya vendrán tiempos para lamentarse por la derrota recién pasada, hoy son tiempos de retomar los caminos abiertos por la rebelión popular de 2019.

Por un plan de lucha nacional contra la inflación y los sueldos de miseria.
Contra la militarización de Wallmapu, la represión, y por la libertad de nuestras y nuestros presos.
Contra las negociaciones entre el rechazo y el gobierno de Boric para imponer un falso proceso constituyente, dirigido por los corruptos de siempre.
A unirnos en la lucha, a retomar las calles, a construir juntes juntas y juntos una alternativa política para les las y los que luchamos.
Para que gobiernen les las y los trabajadores y los pueblos en Chile y el mundo.

Comité Ejecutivo MST.
5/09/2022.



Una nueva edición con temas de la actualidad mundial

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También se encuentran publicadas versiones en inglés, francés y portugués

 

Presentación

Esta nueva edición de Correspondencia Internacional está dedicada al agravamiento de la crisis global del sistema capitalista-imperialista que ha provocado la invasión de Putin y Rusia a Ucrania.

Y a sus consecuencias nefastas sobre las masas con aumento de los precios de la energía, de los alimentos, aumento de la desigualdad social o más gastos en armamentos. Todo esto está produciendo una nueva y vertiginosa caída del nivel de vida de los pueblos del mundo.

Otra expresión de la profundización de la crisis es la ola extrema de calor de Europa que muestra los avances de la destrucción ambiental capitalista. Ya se han quemado más de 500 mil hectáreas de bosques (ver página 33). El río Po, el mayor de Italia, se seca por la falta de lluvias y de nevadas en el invierno. Italia está experimentando la peor sequía en 70 años También la guerra en Ucrania afecta el cambio climático. Alemania y Austria, por ejemplo ampliarán la producción de carbón, aumentando de paso la generación de CO2, por los cortes de suministro de gas por parte de Rusia.


El hambre no deja de crecer. A esto hay que sumarle la crisis migratoria por guerras y hambre. Pero los pueblos del mundo están respondiendo a esta contraofensiva capitalista con huelgas obreras y rebeliones populares como se han dado, por ejemplo, en Sri Lanka, en Ecuador, Panamá o las huelgas obreras en Europa. Dedicamos en esta nueva edición, espacio a estas luchas y rebeliones. Como también a la resistencia del pueblo ucraniano contra la invasión criminal de Putin; y a la lucha de las mujeres de los Estados Unidos y del mundo por el derecho al aborto.

Desde estas páginas impulsamos y apoyamos esas rebeliones y luchas de los pueblos en el mundo para “Que la crisis no la paguen las y los trabajadores. Que la paguen los capitalistas”.

Escribe Movimiento Socialista de las, los y les Trabajadores, sección chilena de la UIT-CI

5/09/2022. La mayoría del país (62%) decidió rechazar la nueva propuesta constitucional, contra sólo un 37% que votó aprobar. Un resultado que golpeó a un amplio sector de compañeres, compañeras y compañeros que han sido lo mejor de la lucha de la rebelión popular de 2019 hasta hoy. La confusión impera, porque no cabe ninguna duda de que ayer ganaron los grandes empresarios, la derecha y el pinochetismo más recalcitrante. Entendemos y compartimos la decepción de cientos de miles.

Hoy hay una tarea fundamental: entender qué pasó, las verdaderas razones de la derrota y cuáles serán sus consecuencias para el pueblo y la clase obrera. La vieja y nefasta tradición de culpar al pueblo por “ignorante y facho”, de nada nos sirve. Ahora más que nunca debemos fortalecernos con las conclusiones correctas para retomar la lucha, porque sigue siendo urgente.

Las verdaderas razones de la derrota electoral.

Parece absolutamente contradictorio que el mismo pueblo que encabezó una de las rebeliones populares más importante del último tiempo, que votó con un 80% por cambiar la constitución, que hizo ganar en mayoría a candidates independientes para la convención, use ahora esa mayoría para negarse a cambiar la constitución. Pero no lo es.

Esta derrota comenzó a gestarse el 15 de noviembre de 2019, cuando la derecha, la ex concertación y el Frente Amplio, firmaron el Acuerdo por la Paz para salvar al gobierno de Piñera, y desviar la fuerza de la movilización al institucional camino de un proceso constituyente absolutamente condicionado por el empresariado, para que no fuese ni libre ni soberano. No sólo eso, sino que ese acuerdo permitió golpear a los más combativo de la movilización, transformándolos en presos y presas políticas, o reprimiéndolos brutalmente, garantizándole impunidad a Carabineros para esta tarea. Y así fue hasta hoy.

Con el 80% de apruebo en el primer plebiscito, y con una mayoritaria votación a las y los independientes, la clase trabajadora y el pueblo creyó constituir una institución que se opusiera a los corruptos de siempre, pero eso no ocurrió. Por eso luego vino la decepción y la ruptura de millones con el proceso constituyente. La convención constitucional dejó gobernar tranquilamente a Piñera, nada hizo frente a la pérdida de puestos de trabajo y el crecimiento de la pobreza, nada hizo por las y los presos políticos o contra milicos y pacos que reprimieron. Fue otro parlamento más, alejado totalmente de las demandas inmediatas de quienes habían protagonizado la rebelión popular, tal como querían la derecha, la ex concertación y los que hoy componen el actual gobierno.

En esa misma convención constitucional, y tras bambalinas, la mayoría de los “independientes” cedió el control a los partidos, que dejaron fuera del nuevo texto constitucional demandas tan importantes como la nacionalización de las riquezas naturales. Entre forcejeos y maniobras, se dio a luz a una nueva constitución que, aunque con avances democráticos, dejó intacto el modelo económico que ha causado la desigualdad profunda en el país. Por esto el entusiasmo popular con la nueva propuesta se mostró en los apruebazos pero no despertó la simpatía obrera y popular, y cundió la confusión frente a una propuesta que no tomaba las principales demandas por las que salimos a las calles.

Por su parte, otra decepción preparaba el escenario de ayer. La llegada del nuevo gobierno, con el Partido Comunista y el Frente Amplio a la cabeza, ha sido una gran decepción para millones. Frente a la profunda crisis económica que vivimos millones de familias trabajadoras, Boric y su gobierno se niegan a las medidas más básicas para evitar el descalabro. Nada hace ante la inflación, nada hace contra los sueldos de miseria, niega toda ayuda estatal directa y deja intacto los beneficios de los grandes empresarios. Lo que sí ha entregado, a manos llenas, es represión contra el pueblo Mapuche y chileno, y un sinfín de promesas vacías. Por eso millones usaron el voto del plebiscito para castigar a este gobierno.

Más criminal aún fue su actuar en la campaña. Mientras miles trataban de enfrentar, con escuálidos recursos, al pinochetismo del rechazo, Boric y sus partidos firmaron con febril apuro un acuerdo para reformar la nueva constitución en beneficio del empresariado. ¡Negociaba, descaradamente y públicamente, la nueva constitución con el rechazo!, sosteniendo que había que hacer una “constitución de todos”.

Ni que decir de las direcciones de las principales organizaciones sindicales, estudiantiles y populares del país, dirigidas por estos mismos partidos, y que han cumplido un papel nefasto en aumentar la desilusión. La CUT que nada ha hecho por las familias trabajadoras en estos duros momentos, o el Colegio de Profesores, que sólo se limita a palabras de buena crianza para exigir demandas, la CONFECH que lleva años ausente y ahora está totalmente sometida al nuevo gobierno contra el estudiantado, apenas hicieron campaña. Preguntamos: ¿Cuántos actos, y actividades, convocaron con trabajadoras y trabajadores, con el estudiantado, estas organizaciones?

La campaña de la derecha y el rechazo, el veneno de las mentiras y el miedo, recorrió tranquilamente las brechas de desilusión abiertas por quienes hoy dirigen el gobierno, que encabezaron el apruebo, que negociaron con la derecha en la convención, y que durante la rebelión popular salvaron a Piñera. Esta es su derrota. Millones de trabajadores y trabajadoras, estudiantes, mujeres, disidencias y hermanas y hermanos de pueblos originarios, votaron expresando esta confusión, o directamente castigando las medias tintas y los engaños de este gobierno que prometió cambiar las cosas.

Cabe, sin embargo, agregar otro punto no menos importante. Apruebo Dignidad y los viejos partidos han logrado conducir todo el proceso político hasta hoy, porque no hemos logrado construir una alternativa política para les las y los millones que luchamos durante la rebelión popular. Que luche contra la inflación y los sueldos de miseria, por las demandas más sentidas por la clase trabajadora y el pueblo, o que nos permitiera (en su momento) enfrentar las maniobras y engaños en la convención, así como haber empujado un apruebo contra la constitución de Pinochet. Sin esa dirección, como ha quedado claro, todo esfuerzo puede ser en vano.

Usaran esta derrota para seguir atacando al pueblo y la clase trabajadora.

Hoy el triunfo del rechazo le permite seguir empujando a la derecha a un gobierno que ya tendió todos los puentes con los jefes del pinochetismo. No tocando a Piñera ni a los oficiales que impusieron el terror en la rebelión popular, militarizando Wallmapu y reprimiendo movilizaciones, y sobre todo comprometiéndose a un acuerdo nacional para construir la “constitución de todos”. Eso fue, es y será, el gobierno de Boric el PC y el FA.

Ni bien ganaron, y en medio de pequeñas celebraciones que no entusiasmaron a sus propios votantes, los dirigentes del rechazo salieron a tomar la propuesta hecha por el mismo Boric. Ambos bandos, hace mucho tiempo, habían acordado, de espaldas al pueblo, que cualquiera de las dos opciones que gane, debía conducir a un nuevo camino de reformas, pero ahora dirigida totalmente por el corrupto parlamento.

¡Un nuevo proceso constituyente! Les prometió Boric, ¡Hay que hacerle cambios a la constitución del 80’! responde la derecha. Ambos bandos saben que necesitan seguir alimentando las esperanzas en que los cambios “responsables” sólo los pueden dar ellos mismos, encerrados en el congreso. Y para eso se proponen instalar un escenario de reformas que tranquilicen a millones de familias trabajadoras que ven caer su nivel de vida a diario, producto de la crisis económica. El caldo de cultivo del descontento social crece, y el coyuntural triunfo del rechazo no les hace olvidar esta situación.

Tome el nombre que sea, lo que quieren es un nuevo acuerdo nacional para liquidar cualquier vestigio de la rebelión popular de 2019, y seguir descargando el peso de la crisis económica sobre las espaldas del pueblo trabajador. Por eso es urgente sacar las conclusiones sobre la derrota del apruebo este 4 de septiembre, y ordenar nuestras filas para enfrentar nuevos ataques de este gobierno y sus aliados de la oposición de derecha.

Debemos enfrentarlos a todos.

¿Entonces por qué era importante aprobar? Porque el triunfo del rechazo fortalecería, y así lo hizo, a los sectores más reaccionarios del país. Así lo entendimos miles que nos volcamos a los principales actos, o a empujar con nuestras propias fuerzas la campaña. Quienes no sólo buscamos el voto, denunciamos las maniobras del gobierno de Boric, impulsamos llamados a luchar contra la inflación y los sueldos de miseria, y a solidarizar activamente con todas las luchas.

Por esto es fundamental fortalecer esa unidad que se dio entre quienes impulsamos en las calles la lucha contra el pinochetismo y el rechazo. Su triunfo electoral sólo significa más sufrimiento para millones de familias trabajadoras producto de la crisis económica que nos obligan a pagar, mientras los ricos son cada día más ricos.

Necesitamos reagruparnos, unificar luchas, abrir diálogos fraternos, actuar juntes juntas y juntos contra todos quienes quieren usar el triunfo del rechazo para seguir golpeando a la clase trabajadora y el pueblo. Ya vendrán tiempos para lamentarse por la derrota recién pasada, hoy son tiempos de retomar los caminos abiertos por la rebelión popular de 2019.

Por un plan de lucha nacional contra la inflación y los sueldos de miseria.
Contra la militarización de Wallmapu, la represión, y por la libertad de nuestras y nuestros presos.
Contra las negociaciones entre el rechazo y el gobierno de Boric para imponer un falso proceso constituyente, dirigido por los corruptos de siempre.
A unirnos en la lucha, a retomar las calles, a construir juntes juntas y juntos una alternativa política para les las y los que luchamos.
Para que gobiernen les las y los trabajadores y los pueblos en Chile y el mundo.

Comité Ejecutivo MST.

Escribe Luis Covas

El último presidente de la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) falleció en el Hospital Central de Moscú a los 91 años. Gorbachov encabezó la ex URSS como Secretario General del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética (1985-1991). El 25 de diciembre de 1991 renunció a su cargo y disolvió a la URSS. Representó al último jefe de la burocracia traidora que había iniciado Stalin en los años 20.

Gorbachov impulsó el proceso de restauración capitalista, desde los 80. Para ello lanzó la “glásnost” (transparencia) y la “perestroika” (reformas) con las cuales empezó a privatizar la economía.

Entre 1989 y 1991 en la Unión Soviética y Europa del Este las movilizaciones obreras y populares derrotaron a las dictaduras burocráticas de partido único, que se autodenominaban “el socialismo real”. Cuyo símbolo fue la caída del Muro de Berlín en 1989. Fueron grandes triunfos de las masas, que se sacaron de encima los regímenes “comunistas” represivos. En la URSS esta dictadura se había impuesto desde la década del veinte, cuando la burocracia encabezada por Stalin aplastó al sector revolucionario y opositor que encabezaba León Trotsky. Al mismo tiempo, esas victorias por falta de una dirección socialista revolucionaria no impidieron el avance y consolidación de la restauración capitalista, puesta en marcha por la misma burocracia derrotada, con Gorbachov a la cabeza.

León Trotsky desde la década del treinta alertó sobre el inevitable vuelco a la restauración y la entrega al imperialismo de los burócratas, si se mantenían durante un tiempo prolongado en el poder. Llamaba a tirar abajo a esa casta encabezada por Stalin y a retomar el camino revolucionario, como única salida para salvar a la URSS.

“El pronóstico político tiene un carácter alternativo: o la burocracia se transforma cada vez más en órgano de la burguesía mundial dentro del Estado Obrero, derriba las nuevas formas de propiedad y vuelve el país al capitalismo; o la clase obrera aplasta a la burocracia y abre el camino hacia el socialismo” (Programa de Transición, pagina 33, Ediciones El Socialista, 2020).

La restauración capitalista en Rusia y la ex URSS no ha hecho más que agudizar los padecimientos de las masas. Ahora Rusia imperialista, bajo el mando de Putin, invadió Ucrania. La clase obrera rusa, los pueblos de la ex URSS y de todo el mundo tienen planteada la tarea de impulsar la movilización obrera y popular para realizar una revolución social que liquide a los estados capitalistas e imponga gobiernos de las y los trabajadores que construyan un verdadero Socialismo sobre nuevas bases y con democracia obrera y popular.

30/08/2022


Escribe Miguel Lamas, dirigente de la UIT-CI
 
En medio de la crisis capitalista mundial y sus graves consecuencias para los pueblos trabajadores, a quienes los gobiernos intentan descargarles todo el peso, se multiplican las huelgas en Europa y Estados Unidos. Y la clase trabajadora de Gran Bretaña está realizando las mayores huelgas en muchas décadas.

Gran Bretaña, uno de los países imperialistas más importantes, está en su peor crisis desde la Segunda Guerra Mundial. La inflación podría llegar al 13% este año. Esto, aunque visto desde Argentina parezca poco, es gravísimo en Gran Bretaña con salarios semi congelados. El salario real es el más bajo en muchas décadas. Pero eso no es todo. El Sistema Nacional de Salud está cada vez peor, con bajos salarios y falta de personal. El congelamiento y reducción de la inversión desde 2010 hizo que tenga hoy uno de los más bajos números de camas hospitalarias por persona de un país desarrollado, algo que se sufrió con desatención a pacientes durante la pandemia. Y el aumento de los precios de la electricidad y gas (en manos de empresas privadas) supera el 80%. Y el de la nafta superó el 40%.

A esto se añade la crisis política. El primer ministro conservador Boris Johnson renunció en junio y recién el 5 de septiembre se nombrará a quien lo reemplace, que sería otro conservador nombrado por el Parlamento, con planes de bajar aún más el gasto público. Desde ya, ante esto crece el repudio popular y cualquier nuevo primer ministro no tendrá casi ningún apoyo.

Uno de los medios de prensa más importantes, el derechista “Daily Telegraph” señala en la nota de su columnista Allister Heath: “Nuestro asombrosamente acelerado declive es trágico y, sin embargo, no sorprende. Estamos cerca del desenlace, del punto final, de un cuarto de siglo de fracaso político, intelectual y moral del cual la mayoría de nuestra clase política es cómplice”.

Esto lo dicen medios de prensa conservadores, por tanto partidarios del modelo económico liberal conservador capitalista que consolidó Margareth Thatcher. La profunda crisis de hoy tiene su origen, efectivamente, hace muchos años, aunque hoy esté agravada por la pandemia y la guerra de Ucrania. Por ejemplo, la crisis del agua tiene que ver directamente con la privatización de la empresa del agua y la falta de obras. La crisis de salud pública, por la baja de su presupuesto.

Thatcher atacó los derechos laborales, privatizó gran parte de las empresas públicas y restringió el derecho de huelga. Una huelga general sería hoy ilegal en Gran Bretaña. Y cada huelga parcial solo se puede convocar después de un largo proceso que termina en una votación secreta de los afiliados al sindicato, para aprobar o no la huelga.

El Partido Laborista que gobernó entre 1997 y el 2007 con Tony Blair, totalmente subordinado al gran capital, estuvo muy lejos de la clase obrera que lo fundó desde sus sindicatos hace un siglo, y mantuvo la misma política capitalista.

Estallan las huelgas

Decenas de miles de trabajadores y trabajadoras están en huelga, encabezados por las 40.000 del RMT en el sector ferroviario, que ya hicieron varias en los últimos meses, y los miles de trabajadores y trabajadoras de los autobuses, el metro, Correos, y el sindicato Unite de estibadores en el Puerto de Felixstowe. Antes pararon trabajadores de líneas aéreas cancelando miles de vuelos. También hay huelgas en fábricas, sectores de salud y educación. Todos reclaman aumentos salariales acordes a la inflación.

El secretario general del sindicato ferroviario RMT, Mick Lynch, advirtió que el descontento actual puede terminar en una huelga general de facto (la última fue en 1927). “Es algo que decidirá la central de trabajadores. Pero lo que vamos a ver en educación, salud, transporte y el sector privado es acción sincronizada de huelga”.

Está planteada la posibilidad de una  huelga general, aunque la ley no la permita. Esto puede abrir una nueva perspectiva para el movimiento obrero británico. Como en muchos países del mundo, las y los trabajadores ven que ninguno de los partidos capitalistas les da soluciones. Se plantea la necesidad de conquistar un gobierno del pueblo trabajador.

Desde la UIT-CI llamamos a la solidaridad con la lucha de trabajadoras y trabajadores británicos para que triunfen y seguir su ejemplo en Europa y en el mundo.

Nuestro semanario. En el que te acercamos el reflejo de las luchas del movimiento obrero, las mujeres y la juventud, además un análisis de los principales hechos de la realidad nacional e internacional.

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