Jun 18, 2024 Last Updated 11:15 PM, Jun 15, 2024

Por Malena Zetnik

El Anteproyecto de reforma del Código Penal es un documento conocido por pocos. Sin embargo, los primeros trascendidos demuestran que lejos del supuesto “garantismo” pregonado por el kirchnerismo, el mismo propone aumentar 150 penas y atacar fuertemente a los derechos de las mujeres, demostrando nuevamente el doble discurso del gobierno de Cristina. La única miembro mujer de la comisión y diputada del Partido Socialista, la abogada María Elena Barbagelata, reconoce que la mayoría de las modificaciones atentan contra las mujeres. Incluso, en un extenso reportaje, el diario oficialista Página/12 16-03 acepta que la mayoría de las modificaciones representan un fuerte retroceso en materia de derechos de género. 

Un nuevo 8 de marzo, día internacional de las mujeres trabajadoras, nos plantea el desafío de volver a tomar las calles para plantear la grave situación de las mujeres y pelear por nuestros derechos. Este año, desde sus inicios, se ha demostrado que las políticas del gobierno K deciden encarar la crisis económica descargando los costos sobre las espaldas de las y los trabajadores. Frente a la imparable inflación que corroe rápidamente los salarios, el gobierno de Cristina propone un falso plan de “precios cuidados” y un tope para las paritarias salariales que apenas si llegan a una tercera parte de la inflación real anual.
Y está situación golpea con fuerza espacial a las mujeres que, si bien han incrementado su participación en el mercado de trabajo en los últimos diez años y hasta han superado a los varones en el promedio de años de formación en el sistema educativo, continúan con los puestos menos calificados, peor pagos y generalmente, en negro (INDEC, 2012) dificultándoseles más aun la pelea por la recuperación salarial.
Estas brechas salariales entre varones y mujeres que siguen expresándose con fuerza ante igual trabajo,  se basan en el argumento de las cargas “extras” de las mujeres como la maternidad. Esta concepción patriarcal les supone a las mujeres una doble jornada laboral que incluye el aseo de la casa y el cuidado de los hijos, y es aprovechada para una super explotación laboral, que se exacerba en momentos de crisis económica. Pero las mujeres trabajadoras resisten y salen a luchar, como lo demuestran especialmente en estos días las docentes de todo el país.
Más crisis también es más violencia contra las mujeres
Pero la crisis económica y social también golpea a las mujeres en otros aspectos. La precariedad laboral, la miserable cuota del subsidio universal por hijo y la ausencia de políticas sociales para acompañar a las mujeres frente a situaciones de violencia, las lleva muchas veces a soportar el maltrato de sus parejas para poder darle de comer a sus hijos, aunque muchas veces paguen con su vida. Asimismo, las vuelve más vulnerables a las redes de trata, negocio que sigue creciendo exponencialmente en el país. Y continúan aumentando los riesgos de vida por la interrupción voluntaria de embarazos. Pues la clandestinidad y la inflación hacen casi imposibles el acceso a un aborto en condiciones de seguridad e higiene, para la mayoría de las mujeres.
Por eso, este nuevo 8 de marzo, volvemos a las calles de todo el país a reclamar nuestros derechos. Las mujeres no vamos a pagar la crisis. Por paritarias sin techo. Basta de despidos y por trabajo digno. Basta de muerte de mujeres: aborto legal, seguro y gratuito. Declaración inmediata de emergencia nacional por violencia de género. Desmantelamiento inmediato de las redes de trata y explotación sexual.

En el creciente proceso de producción fabril, allá por 1857, las mujeres eran mayoría trabajando en la rama textil de las industrias neoyorquinas. Las interminables jornadas laborales de más de 12 horas a cambio de monedas, las hicieron sublevar. Fueron reprimidas por la policía. El calendario marcaba 8 de marzo.


En el mismo mes de 1908, más de 15 mil obreras marcharon por las calles de la misma ciudad, en demanda de mejores salarios y condiciones de vida. Un año más tarde, también en marzo, 140 mujeres murieron calcinadas en la fábrica textil donde trabajaban. Allí habían sido encerradas en forma infrahumana por la patronal para que no se sumaran a la masiva huelga de costureras.
Finalmente, fue en 1910, durante el Segundo Congreso Internacional de Mujeres Socialistas, que se estableció el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer. La propuesta de la socialista y feminista alemana Clara Zetkin, retomaba las banderas de los heroicos levantamientos de las trabajadoras contra la opresión del capital en las últimas décadas.
En 1917, las mujeres rusas, las obreras textiles, marcaron el inicio del gran proceso revolucionario del siglo XX, cuando tomaron las calles con el clamor de “Paz, pan y tierra”, en marzo de ese año -febrero para el calendario ortodoxo-, volviendo a resaltar la valentía de las mujeres en las calles.
Sin embargo, desde 1970 en el marco de masivas movilizaciones de las mujeres reclamando sus derechos, la igualdad social, el derecho al divorcio y al aborto, entre otros. Organizaciones internacionales como la Organización de las Naciones Unidas en su Conferencia Mundial del Año Internacional de la Mujer celebrada en México el 2 de julio de 1975 y, luego, muchos gobiernos nacionales, se propusieron institucionalizar la fecha convirtiendo al 8 de marzo en una jornada de festejo, cambiando las protestas por ramos de flores, descuentos en comercios y tarjetas alusivas.
Por eso, las Mujeres de Izquierda Socialista consideramos muy importante hacer memoria y recuperar el espíritu de esta fecha tan cara a la organización de las mujeres trabajadoras. Retomando las reflexiones de Alejandra Kollontay sobre el significado del 8 de marzo de 1913, decimos: “El día de la mujer es un eslabón en la larga y sólida cadena de la mujer en el movimiento obrero (…) [Las mujeres somos] una fuerza poderosa! Una fuerza con la que los poderes del mundo deben contar cuando se pone sobre la mesa el tema del coste de la vida, el seguro de maternidad, el trabajo infantil o la legislación para proteger a las trabajadoras (…) Dejad que un sentimiento alegre de servir a la causa común de la clase trabajadora y de luchar simultáneamente por la emancipación femenina inspire a las trabajadoras a unirse a la celebración del Día de la Mujer”.

Otra vez, el año comienza con una importante pelea que tiene como protagonistas mayoritarias a las mujeres. Es que en el gremio docente, la inmensa mayoría de los trabajadores son mujeres y no por casualidad, el salario inicial docente es de 3.500 pesos, uno de los más bajos del país.


Apoyado en argumentos como que “la docencia se ejerce por vocación”, “no se puede dejar a los niños sin clases” o “las maestras son irresponsables porque faltan mucho”, el gobierno de Cristina pretende imponer un aumento irrisorio frente a la galopante inflación. Reunida con los ministros de economía de las distintas provincias, acordaron un techo salarial del 25% y en cuotas. De esa manera, el salario básico llegaría a 4.500 recién en noviembre de este año, muy lejos de los 10.000 pesos en los que se estima a la canasta básica familiar.
A pesar de la traición de la burocracia de CTERA que pretenden acordar por miserias, la oposición nacional docente se organizó para seguir reclamando un salario justo: un salario básico de 8.500 pesos y un inicial igual a la canasta familiar. Por eso, el 17 de febrero casi 200 dirigentes sindicales y delegados docentes de todo el país acordaron rechazar la oferta del gobierno y resolvieron impulsar el “no inicio” de clases con paro nacional el 5 de marzo y jornadas de lucha posteriores. Con este conflicto testigo, las mujeres docentes en la lucha dan un paso adelante para todas las luchas paritarias del país que reclaman salarios dignos. ¡Fuerza compañeras!

En los últimos meses, ha comenzado un fuerte debate parlamentario para reformar el Código Civil y Comercial de la Argentina que fue sancionado hace 150 años. La reforma ya cuenta con media sanción del Senado y, sin dudas, la mano de la Iglesia se observa en más de un artículo.

Pero principalmente, los legisladores clericales se han esmerado en la reforma del artículo 19 donde se define el inicio de la vida desde la “concepción”, calificando al embrión como “persona”. Con esta modificación no solo se estaría poniendo nuevos obstáculos al derecho al aborto legal, seguro y gratuito por el que viene luchando con fuerza el movimiento de mujeres; sino que, además, entraría en colisión con los casos de abortos no punibles ya contemplados en el artículo 86 del Código Penal, el derecho a los tratamientos de fertilización in vitro y asistida, entre muchas otras consecuencias.
Este es otro nuevo ataque contra las mujeres muestra con claridad la alianza del gobierno y la Iglesia Católica. Recuperemos nuestro derecho a decidir. Separación inmediata de la Iglesia del Estado.

Isadora

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