Escribe Nicolás Núñez, referente de Ambiente en Lucha (Izquierda Socialista e independientes)
La última semana, del 3 al 6 de julio, trajo los días más calurosos desde que la humanidad tiene registro. Incendios, sequías, inundaciones y olas de calor fatales fueron parte de un panorama global que la destrucción ambiental capitalista sólo propone profundizar.
El dato lo otorgó Copernicus, el sistema de observación planetaria de la Unión Europea. Junio se había colocado medio grado por encima de la media de 1991-2020, y batiendo el récord anterior que databa de 2019. Previamente, a lo largo de mayo los periodistas especializados intentaron llamar la atención sobre un dato que no lograba filtrarse hacia los grandes medios, que la temperatura promedio de los mares estaba en niveles insólitamente elevados. Mientras intentaban buscar una explicación certera, el mundo científico alertaba sobre lo que sobrevendrá a continuación: tormentas y eventos climáticos extremos con una violencia furibunda. Luego, consecutivamente la semana pasada se dieron los días terrestres más calurosos jamás registrados cuando el verano en el hemisferio norte recién terminaba de comenzar. La temporada 2023 de catástrofes ambientales había abierto sus puertas.
En efecto, y haciendo un listado parcial podemos enumerar los incendios forestales que en Canadá consumieron el equivalente a un Portugal entero reducido a cenizas y provocaron una humareda que tornó naranja los cielos de ciudades de los Estados Unidos; la ola de calor en México con más de un centenar de fallecimientos; las inundaciones en Italia que produjeron más de una decena de muertos y trece mil personas desplazadas de sus hogares; las inundaciones en Zaragoza ,Estado Español que dieron lugar a la imagen dantesca de automóviles siendo arrastrados por la corriente con sus conductores subidos a los techos para no quedar sumergidos; Pakistán, otra vez, las violentas lluvias de la semana pasada dejaron un saldo provisorio de 76 muertes, incluidos 28 niños, mientras que en la India, el más lluvioso día de julio jamás registrado terminó dando lugar a inundaciones que destruyeron la infraestructura de barrios enteros. Mientras tanto, los pilares de los centenarios templos budistas del Himalaya veían seriamente comprometida su existencia por los desplazamientos de tierra generados por caudales de agua bajando por las laderas de la cordillera. En el otro extremo geográfico, Montevideo comenzó a obtener sólo agua salada de sus canillas debido a la combinación de sequía, calentamiento global, y políticas de saqueo capitalista del agua.
La realidad biofísica del planeta pareciera obstinada en no querer contentarse con las promesas de reducciones de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y los planes de transición energética de los gobiernos y multinacionales. Y ofrece, más bien, las consecuencias lógicamente previstas, matemáticamente calculadas, alertadas, de los impactos del calentamiento global impulsado por la lógica de acumulación de ganancias del sistema capitalista. La llegada del fenómeno “El Niño” (que tiende a generar procesos estacionales de una más elevada temperatura y aumentar las posibilidades de lluvias intensas), combinada con el proceso de aumento de la temperatura global fruto de la acumulación de GEI en la atmósfera, resultan ser las explicaciones que generan mayor consenso entre los especialistas.
Tenemos que prepararnos para que estos fenómenos sigan multiplicándose. Las emisiones depositadas en la atmósfera por la industria capitalista tienen ya de por sí el efecto de continuar el proceso alcista de la temperatura global. Porque, como señaló el último informe del Panel Intergubernamental sobre el cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), la infraestructura de combustibles fósiles ya desplegada basta para superar el límite previamente propuesto del 1,5° de aumento de la media global comparada con la previa al comienzo de la era industrial; y porque, como lo demuestran en su escala en nuestro país el gobierno peronista y la oposición patronal de Juntos por el Cambio, el plan de los partidos capitalistas es seguir abriendo más y más pozos de explotación hidrocarburífera para sostener las ganancias de las multinacionales del gas y el petróleo.
Al mismo tiempo, hay que señalar que es posible otro camino, de mitigación y freno de las consecuencias más dramáticas de la crisis climática. Pero éste implica pelear tanto por detener las iniciativas de ampliación de la frontera extractivista, dado que en cada una de esas pulseadas podemos recortar la acumulación de GEI; como así también pelear por la salida de fondo: por gobiernos de la clase trabajadora, las comunidades y la izquierda que tomen en sus manos los bienes comunes y la producción en su conjunto para planificar una transición en armonía con la naturaleza y al servicio de las mayorías populares. Cada temporada de eventos climáticos extremos sigue ratificando que la alternativa es socialismo o catástrofe.
Viernes 14 de julio a las 18.30 en La esquina rebelde – Gallo 769, CABA
Dirigente histórico del campesinado peruano, referente de la izquierda revolucionaria latinoamericana
Organiza: Comisión de homenaje a Hugo Blanco - Adherentes: Marabunta, Hilo Rojo, Colectivo Reagrupando, Poder Popular, Colectivo Contrahegemonía Web, Colectivo Editorial Herramienta – Fundación Pluma – Emancipación Sur corriente Política de Izquierda, MULCS (Movimiento por la Unidad Latinoamericana y el Cambio Social), Colectivo Fragua, PTS, LSR, Izquierda Socialista

Escribe Miguel Lamas, dirigente de la UIT (CI)
El asesinato del jóven Nahel de 17 años por un disparo de la policía, el 27 de junio, provocó grandes protestas en toda Francia que ya llevan dos semanas. Muestran el descontento por la violencia policial racista contra los jóvenes, ya que no fue un caso aislado, así como el malestar general del pueblo trabajador ante un Estado capitalista que destruye sus derechos y reprime las protestas.
El estallido de indignación, que ya lleva dos semanas, se originó por el asesinato policial del joven Nahel, ocurrido en Nanterre en las afueras de París. Trabajaba de repartidor, le dispararon por no haber acatado una órden policial de detener su automóvil en un control de tránsito. Los días subsiguientes hubo grandes marchas, la primera convocada por la madre de Nahel, ella misma con una pancarta que decía “La policía mata”.
La madre de Nahel, y su padre ausente, son de origen argelino, aunque Nahel nació en Francia. Y esto es una característica de millones de trabajadores y trabajadoras de los barrios más pobres, ser nacidos o hijos de argelinos o africanos de otras ex colonias francesas que migraron a Francia para sobrevivir, después de que sus países fueron saqueados por el imperialismo francés, y ahora son mano de obra barata y precarizada. La policía ejerce la violencia racista contra ellos, siempre los considera “sospechosos”. En el caso de Nahel su único delito fue desobedecer la órden policial, probablemente porque sabía que generalmente los detienen sin causa. Casos así, de asesinatos policiales, hubo centenares en los últimos años.
Los violentos enfrentamientos entre los que denunciaban a la policía y la represión policial, protagonizados por jóvenes, muchos de ellos adolescentes, dejaron en la primera semana, según el Ministerio del Interior, 3.200 detenidos, más de 700 agentes heridos, 250 comisarías y policías atacados, unos 5.000 vehículos incendiados, 10.000 contenedores de basura quemados y casi 1.000 edificios dañados. Miles de jóvenes fueron detenidos y centenares procesados e incluso ya hay decenas de condenados.
La crisis francesa
Recordemos que Francia ha sido uno de los puntos más sobresalientes de la lucha de clases mundial y europea, con sus gigantescas movilizaciones y huelga contra la reforma jubilatoria del presidente Macron. La lucha duró varios meses a comienzos de año y tuvo la característica de ser centralmente de la clase trabajador pero con activa participación de otros sectores sociales, en particular la juventud estudiantil. Y también hubo represión y graves enfrentamientos con la policía.
Aunque en las actuales movilizaciones los protagonistas son jóvenes de los sectores más pobres, tienen relación con las anteriores ya que expresan el profundo descontento y rebeldía del pueblo trabajador fuertemente afectado por la crisis económica capitalista. Los jóvenes hijos e hijas de la clase trabajadora ven a sus abuelos perjudicados en las jubilaciones, a sus padres muchas veces con trabajos precarios, y ellos mismos se sienten condenados a la marginalidad social, a no tener trabajos estables y a ser reprimidos por la policía incluso sin causa. Además, los que sí tienen trabajo enfrentan el aumento del costo de la vida sin aumentos salariales.
La burocracia sindical, que desgastó y frenó las movilizaciones de principios de año contra la reforma jubilatoria, impidiendo derrotar la reforma o echar al gobierno de Macron, ahora no dice casi nada.
La represión
El gobierno de Macron, con apoyo de sectores de ultraderecha y el poder judicial, está utilizando duras medidas represivas. En tiempo record centenares de jóvenes fueron condenados de cuatro a dieciocho meses de cárcel sin pruebas de delitos, por tener el rostro cubierto o por haber estado cerca de zonas de saqueos. Muchos de los acusados llegan al tribunal con heridas y moretones visibles, después de haber sido golpeados por la policía.
Por su parte, dos sindicatos de policía, entre ellos el mayoritario Alliance, controlados por la ultraderecha, llamaron en un comunicado al “combate” contra las “hordas salvajes” que protagonizaron los disturbios. También hubo manifestaciones de grupos neofascistas, bajo la mirada cómplice policial, que atacaron a los jóvenes manifestantes al grito de “Francia para los franceses”, expresando el desprecio a inmigrantes y sus hijos, incluso desconociendo la nacionalidad francesa de esos jóvenes.
Esta violencia policial contra el pueblo pobre y racista no es nueva. Se dio contra el movimiento de los “chalecos amarillos” en el 2018. En junio del 2022 hubo grandes movilizaciones juveniles contra la violencia policial y el racismo del Estado.
Por una alternativa de lucha del pueblo trabajador
La rebelión de los jóvenes más pobres es muy profunda y plantea nuevamente, como se planteó hace pocos meses con la gran lucha por las jubilaciones, la crisis del régimen y el sistema capitalista y la necesidad de echar a Macron y discutir la perspectiva de un gobierno del pueblo trabajador desde sus organizaciones de base.
En ese camino hoy es fundamental unificar la lucha de los trabajadores, trabajadoras y jóvenes, exigir a la Intersindical (que agrupa a las centrales obreras) salir nuevamente a enfrentar al gobierno de Macron con un programa unificado, que incluya la exigencia de justicia para Nahel, liberación y amnistía para los presos por las protestas, servicios públicos para los barrios populares y los reclamos de la clase trabajadora, contra la ley de jubilaciones, por aumentos salariales acordes a la inflación.
En un reciente comunicado la Red por la Huelga General (formada desde sectores de base de varias centrales sindicales durante las luchas de comienzos de año) expresó: “La Red por la Huelga General rechaza la lógica de que los sindicatos solo deben preocuparse por las jubilaciones y los salarios, y no por lo que les ocurre a los jóvenes y a los trabajadores en los barrios donde vivimos. Para exigir justicia y verdad para Nahel y todos los heridos, mutilados y asesinados por la policía, en los barrios y en las manifestaciones, debemos utilizar toda nuestra fuerza y nuestros medios de acción más fuertes, en particular la huelga”.
La entidad sionista y genocida de Israel lanzó el ataque más mortífero contra la Cisjordania ocupada en veinte años. Hasta ahora un saldo de 12 palestinos muertos y 120 heridos. Los bombardeos e incursiones de las fuerzas de seguridad israelíes en Cisjordania y el campo de refugiados de Jenin comenzaron la madrugada del pasado lunes con numerosos efectivos y vehículos blindados, tomando los techos de varias viviendas donde colocaron francotiradores. Israel también lanzó por lo menos diez ataques aéreos con aviones no tripulados.
Ante el ataque israelí, unos 4.000 palestinos huyeron de Jenin y otros miles se refugiaron en los hospitales de la localidad.
Junto a las tropas israelíes, entraron en la ciudad numerosas retroexcavadoras destruyendo viviendas de palestinos, dejando escombros en las vías, obstaculizando el tránsito, lo cual dificulta el acceso a la localidad de las ambulancias y servicios de emergencia para evacuar a los heridos.
Mientras las fuerzas israelíes atacaron indiscriminadamente a los palestinos en Jenin, cientos de manifestantes se movilizaban en otras localidades en apoyo a la resistencia palestina, como fue el caso de Hebrón.
Después de dos días de intensos enfrentamientos con la resistencia palestina, y de violentos bombardeos, la agresión sionista concluyó en las primeras horas del 5 de julio. Ante el retiro de las unidades blindadas israelíes, miles de palestinos salieron a festejar y a repudiar el violento ataque sionista. Luego de concluida la redada en Jenin, aviones sionistas bombardearon la Franja de Gaza.
Desde la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores-Cuarta Internacional (UIT-CI) repudiamos este nuevo ataque sionista y damos toda nuestra solidaridad al heroico pueblo palestino. Seguimos reclamando por una Palestina laica, democrática y no racista.
Por UIT-CI, 5 de julio 2023
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