
José Castillo, dirigente de Izquierda Socialista/FIT Unidad
El gobierno de Milei se “timbeó” más de 1.000 millones de dólares de las reservas del Banco Central. Lo hizo especulando con el oro depositado en el organismo. Todo mientras los funcionarios siguen negándose a informar donde están los lingotes que sacaron del país en 2024.
Se trata de un informe oficial de la Auditoría General de la Nación, basada en el propio balance del Banco Central del año 2025. Las autoridades del organismo, presidida por Santiago Bausili (ex socio del ministro de Economía Luis “Toto” Caputo), realizaron operaciones especulativas con las reservas de oro del organismo, provocando una pérdida (récord) de 1.023 millones de dólares. El monto se compone de 960,2 millones de dólares que aparece en el balance en el rubro “operaciones con instrumentos derivados”, bajo el título “resultados negativos por opciones” (más 62,8 millones de dólares) por “primas de opciones”.
Las mentiras de Bausili
Inmediatamente publicado el informe, la conducción del Banco Central salió a desmentirlo diciendo que “el Banco Central de la República Argentina (BCRA) informa que, durante el ejercicio 2025, su posición en oro arrojó un resultado neto positivo de 2.505 millones de dólares”. Y diciendo que los números negativos subrayados por el informe de la Auditoría son “costos administrativos” por cobertura. “Como contratar un seguro contra incendios”, dijo increíblemente el viceministro de Economía José Luis Daza.
Vamos a explicar la mentira: el llamado “resultado positivo” de 2.505 millones de dólares no es más que el revalúo contable de las toneladas de oro físico que tiene en su poder el Banco Central. O sea, el BCRA posee una parte de sus reservas en ese metal, y obviamente el valor cambia con la cotización internacional; si el oro sube, aumenta el patrimonio del Banco. A lo largo del año 2025, la cotización de la onza troy de oro pasó de 2.689 a 4.407 dólares, una suba del 63%. Eso provocó que el oro propiedad del BCRA valiera 2.505 millones más cotizados en dólares. Es una simple ganancia contable, por los mismos lingotes.
Pero el informe de la Auditoría está hablando de otra cosa. Las autoridades del Banco Central realizaron operaciones especulativas con ese oro (las explicaremos en detalle más abajo) y los famosos “genios de las finanzas” (como se autodenominan Bausili y Caputo), perdieron en esa timba 960 millones de dólares, además de pagar “costos administrativos” por esas operaciones por otros 62 millones. Encima, por si todo esto no fuera poco, se trató de operaciones oscuras, nunca informadas, y con la absoluta certeza de que parte del oro del BCRA fue sacado del país y está con paradero desconocido. Un auténtico escándalo, que ya dio lugar a que el ministro de Economía Caputo, el presidente del Banco Central Bausili y el superintendente de entidades financieras y cambiarias Ernesto Curutchet, hayan sido denunciados penalmente.
¿Cómo fue la timba?
La maniobra especulativa que realizó la conducción del BCRA con el oro es lo que se conoce técnicamente como “contratos de derivados”. También llamadas “opciones” consisten en contratar con otra entidad (en la práctica uno de los grandes buitres financieros internacionales) un derecho a comprar o vender un activo (en este caso el oro) a un precio fijado de antemano, más allá de lo que pase en el futuro con su cotización.
Hay dos tipos de estas operaciones. La primera se llama “put”: el BCRA se asegura de vender su oro a un precio mínimo en una fecha determinada, aunque en el mercado valga menos. Por ejemplo: recordemos que a comienzos de 2025 la onza cotizaba a 2.650. Si el Banco Central compra un “put” a 2.400, se asegura que, si el oro cae por debajo de ese monto, igual cobrará ese importe, cubriéndose de esa eventual baja.
El segundo se llama “call”. Es exactamente al revés. Acá el BCRA vende una opción (también a un buitre especulador), en este caso un papel donde se obliga a que si el oro supera determinado valor (por ejemplo, 2.800 dólares) igual deberá pagarlo a esa cotización, o sea se pierde cobrar la suba.
¿Qué hizo el Banco Central? Una operación llamada “collar” que es realizar las dos operaciones a la vez. O sea, comprar un “put” y pagarlo vendiendo un “call”. Pero los “Messi de las finanzas” erraron en la especulación: se cubrieron de la eventual baja del oro, pero no tomaron en cuenta la suba que iba a tener en el año. Así, el “put” que pagaron no les sirvió para nada, porque el oro no bajó a ese mínimo, pero el “call” les ocasionó una pérdida total: tuvieron que regalar el equivalente a un oro a 4.407, cobrando apenas 3.000 dólares por onza.
¿Bausili y Caputo no sabían que el oro iba a tener semejante suba en 2025 y “se vieron sorprendidos ante un evento imprevisto”? Difícil, muy difícil. Bastaba seguir a cualquier asesor financiero el año pasado para saber que una de las grandes inversiones del año era el oro, que “volaba” en su cotización hacia arriba. Uno de los más cercanos asesores del presidente Milei, el bróker Miguel Boggiano, constantemente recomendaba desde su empresa Carta Financiera; que se “invirtiera en oro”, afirmando que era la mejor opción del año. ¿Todo el mundo financiero lo sabía menos Caputo y Bausili, que apostaron a la baja? ¿O lo hicieron para garantizarle una superganancia al buitre financiero que está del otro lado de la operación, que encima no sabemos quien es, ya que la operación nunca fue informada? ¿O hay algo más que no estamos viendo?
La pregunta repetida: ¿dónde está el oro?
Todo esto está rodeado de otra historia, también muy oscura. Hace dos años, a mediados de 2024, se descubrió que, secretamente, el Banco Central estaba sacando lingotes del BCRA y trasladándolos a algún destino desconocido en el exterior. Lo denunció Sergio Palazzo, secretario general de la Asociación Bancaria y diputado nacional. La alerta la pusieron trabajadores bancarios que vieron la maniobra. Nunca quedó claro si el oro estaba en Nueva York, en Londres o en Basilea.
El gobierno primero no respondió a la denuncia, después el presidente del BCRA Santiago Bausili lo terminó reconociendo en una reunión ante senadores. Explicó que era para “sacarle rendimiento a ese oro”, ya que si se lo dejaba durmiendo en las arcas del Banco Central no rendía nada: “es como guardar dólares abajo del colchón”. ¿Qué tiene para decir ahora, que salió a la luz que esas operaciones para obtener rendimientos terminaron con una perdida de 1.023 millones de dólares?
La Auditoría General de la Nación informó también que se encuentra en pleno proceso de investigación el traslado y destino del oro al exterior. Esto revela que el propio presidente del BCRA mintió meses atrás cuando, en la misma reunión en el Senado, ante la queja por el secretismo de la operación del movimiento del oro, había respondido que ésta se encontraba debidamente auditada.
Tampoco se sabe si, además de la timba que ocasionó la pérdida que hoy se relata, no hubo otras operaciones con el oro. Se sospecha, por ejemplo, que se lo haya puesto de garantía para asegurar a los pulpos acreedores los pagos de deuda (en particular en nuevos créditos que se negociaron con bancos, llamados REPO, tomados para cumplir con los últimos vencimientos con bonistas privados y el FMI).
¿Qué significa el monto perdido?
Todo este escándalo y el despilfarro de dólares no son dos pesos. Pongámoslo en números. 1.023 millones de dólares equivalen a 3.563.078 jubilaciones mínimas, a casi 2 años del presupuesto del Conicet, 5 años del de la Cnea, 17 años del INTI, 5 años del INTA, más del 60% de los fondos adicionales necesarios para cumplir la Ley de Financiamiento Universitario en 2027. El cumplimiento de la emergencia en discapacidad requiere 150 millones de dólares mensuales, por lo que lo perdido por el BCRA alcanzaría para cubrir más de 6 meses de ese monto.
El gobierno tiene aprobado en el Senado un proyecto de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, que le da más facultades aún a los funcionarios para hacer maniobras como las de este escándalo. Permite colocar todas las reservas como garantías de los pagos de deuda. Razón de más para oponerse, planteando una auténtica alternativa, la única que le sirve a las y los trabajadores: la nacionalización de la banca, para que, junto al cese de los pagos de deuda externa y la ruptura con el FMI, permita que los recursos no se destinen más a la timba financiera, sino a resolver los reales y más urgentes problemas populares.










