Jun 23, 2026 Last Updated 2:06 PM, Jun 21, 2026

Izquierda Socialista

Escribe Adolfo Santos

En muchas oportunidades las elecciones burguesas nos han colocado desafíos a la izquierda revolucionaria. Desde participar o no, por tratarse de mecanismos amañados controlados por los partidos patronales, con cláusulas proscriptivas, hasta cómo actuar frente a candidatos patronales en el caso de un balotaje, como el que se definirá el 19 de noviembre próximo.

En cualquier caso, definimos que tanto la participación electoral, como el voto, representan un problema político táctico. En muchos momentos, en los partidos de izquierda han surgido debates sobre si era correcto o no participar en elecciones y también, si en circunstancias especiales, se podría votar a un candidato que no represente un programa en favor de los trabajadores. Para nosotros, si no implica ningún acuerdo o apoyo político programático y lo hacemos de manera crítica, diferenciándonos del candidato, no compromete los principios ni los objetivos estratégicos de un partido revolucionario.

La izquierda trotskista, de los tiempos de Trotsky y las corrientes actuales han empleado esta táctica de voto crítico en relación a candidaturas burguesas o de conciliación de clases. Recientemente, en algunos procesos electorales de países vecinos, nuestra corriente y otras del trotskismo, hemos adoptado este posicionamiento. En Perú, por ejemplo, los compañeros que forman parte de nuestra organización internacional (UIT-CI), llamaron a votar críticamente por Pedro Castillo contra la derechista Keiko Fujimori y en Chile nuestra corriente hermana (MST) llamó a votar a Gabriel Boric contra el ultraderechista-pinochetista José Antonio Kast, esencialmente para evitar un retroceso en algunas conquistas democráticas, aunque fueran muy restringidas.

Brasil, dos veces contra la ultraderecha

En 2018, el ultraderechista Jair Bolsonaro ganó en primera vuelta por 46% contra Fernando Haddad, el candidato del PT (en una alianza con sectores patronales) que obtuvo 29%. La CST, corriente que integra la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores Cuarta Internacional (UIT-CI), desde el PSOL, votó por Guillermo Boulos en primera vuelta. Sin embargo, a partir de un fuerte movimiento fogoneado por la Onda Verde feminista, las calles se llenaron de movilizaciones al grito de #EleNão (él no) contra las propuestas fascistoides y misóginas de Bolsonaro. En esa onda correcta y progresiva, nuestra corriente definió el voto crítico por Fernando Haddad (ex intendente de San Pablo y ex ministro de educación del gobierno Lula) y se sumó a las movilizaciones. La mayor parte de las corrientes trotskistas de Brasil y el mundo dieron el apoyo electoral a la candidatura reformista y de conciliación de clases de Fernando Haddad. Aunque no alcanzó para revertir el resultado, esa movilización consiguió 45% para Haddad, frente a los 55% de Bolsonaro.

En 2022, después de cuatro años de gobierno y 704 mil muertos durante la pandemia por el negacionismo bolsonarista, la historia se repite. En la primera vuelta Lula obtuvo 48% y Bolsonaro 43%. La CST, que no acompañó el voto a Lula como orientó el PSOL, se sumó a un frente electoral de izquierda independiente junto al PSTU y otras organizaciones de izquierda levantando la candidatura de la compañera Vera Lucia, una mujer negra, pernambucana, que se inició en la militancia como trabajadora del calzado. Sin embargo, en el balotaje, nuestra corriente definió el voto crítico a Lula que se consagró presidente con un apretado 51% contra Bolsonaro 49%.

Así explicitó nuestra corriente ese voto en su periódico: “Nosotros, de la CST, estaremos en la trinchera de los que van a decir basta a este proyecto genocida. No confiamos que el Frente Amplio de Lula/Alckmin sea una salida para la clase trabajadora y los sectores populares, pero en esta segunda vuelta, la CST llama al voto en Lula para derrotar al neofascista Bolsonaro”.

Como se puede ver en estos y tantos otros ejemplos, la definición del voto, no determina ningún apoyo político o programático a dicho candidato, es esencialmente un voto negativo. Lo hemos hecho, en determinados momentos, acompañando el temor de amplios sectores populares a perder conquistas laborales, económicas o democráticas. De cualquier forma, siempre expresamos no depositar ninguna confianza en tales candidatos. La mayor demostración de esto es que en Brasil, después del triunfo de Lula, nuestra corriente, la CST, rompió con el PSOL por haber decidido incorporarse al gobierno burgués de Lula y el PT.

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Escribe Adolfo Santos

La crisis económica y social se profundiza y el gobierno peronista continúa aplicando medidas de ajustes para cumplir sus compromisos con el Fondo Monetario. A pocos días de la segunda vuelta electoral que definirá el próximo presidente, no hay expectativas que un nuevo gobierno nos vaya a sacar de la situación de pobreza sistémica a que nos llevaron las políticas de los partidos patronales. Por eso repetimos, gane quien gane, deberemos continuar luchando para mejorar el salario, las jubilaciones, conquistar empleos de calidad, por servicios públicos eficientes, en defensa del ambiente, de los derechos de las mujeres, las disidencias y de la juventud.

No hay salida con las variantes patronales que están en disputa. Como lo hicimos durante la campaña electoral, insistimos que la única alternativa para pelear por los cambios de fondo que necesitamos es la que propone el Frente de Izquierda. Una propuesta que comienza por parar la sangría que generan los pagos sistemáticos de una deuda externa fraudulenta y destinar esos recursos a resolver los graves problemas sociales. Hace apenas una semana el ministro Massa volvió a efectuar un desembolso de 2.600 millones de dólares al organismo financiero internacional para lo cual tuvo que recurrir a nuevos endeudamientos con China, ya que no dispone de reservas propias. “Que nadie dude respecto de la capacidad de pago de los vencimientos de Argentina ante el FMI en los próximos meses”, declaró el candidato peronista Sergio Massa confirmando que continuará con esta política de entrega y de ajustes al compás del FMI.

El peronismo y Milei junto al macrismo son más ajuste. La alternativa es el programa de emergencia obrero y popular que defendemos desde el Frente de Izquierda. Proponemos suspender inmediatamente los pagos de la deuda externa y romper con el FMI. Esta medida y otras como acabar con la especulación financiera y cambiaria nacionalizando la banca y el comercio exterior, imponiendo nuevos y fuertes impuestos a los ricos y a las grandes empresas nos van a permitir disponer de los recursos necesarios para resolver los graves problemas sociales. Es la única forma de aumentar salarios y jubilaciones para que nadie gane menos que la canasta familiar, crear trabajo genuino y de calidad a través de un plan de construcción de viviendas populares que a la vez resuelva el grave déficit habitacional y aumente los presupuestos de salud y educación.

Para avanzar en ese proyecto es necesario fortalecer a los que luchan contra las políticas de ajuste del gobierno y los patrones como lo hace el sindicalismo combativo, con dirigentes anti burocráticos como los que acaban de ganar el Cuerpo de Delegados de la Unión Ferroviaria del Sarmiento, con el “Pollo” Sobrero a la cabeza. Fortalecer y sumar el movimiento de mujeres que dio la pelea contra el gobierno y la ultraderecha en el reciente Encuentro Plurinacional de Mujeres realizado en Bariloche. Unirnos alrededor de la izquierda que lucha por los derechos humanos junto al Encuentro Memoria Verdad y Justicia, que pelea en defensa del ambiente, contra el saqueo extractivista del capitalismo, que se moviliza junto a la juventud en defensa de la justa causa del pueblo palestino y que está a disposición de las luchas populares.

Ese es nuestro principal compromiso, combatir los planes de los partidos patronales, cualquiera que sea el ganador el próximo día 19 de noviembre. Aunque no sean lo mismo, ninguno de los dos representa nuestros intereses ni propone un proyecto al servicio de la clase trabajadora, de las mujeres, de la juventud, los sectores populares o por la defensa del ambiente. Como expresaron la mayoría de las intervenciones de los dirigentes del FIT Unidad después de la elección del 22 de octubre, seguiremos junto al sindicalismo combativo que integró nuestras listas y con toda la militancia del Frente de Izquierda, construyendo una fuerte alternativa al calor de las luchas y las movilizaciones contra el mayor ajuste que se prepara de la mano del FMI.

     Aumento de emergencia de salarios y jubilaciones


Trabajo genuino para todas y todos. Reestatización de las privatizadas


             Romper con el FMI y dejar de pagar la deuda externa

Nacionalización de la banca y el comercio exterior

             Para terminar con la inflación: precios máximos y congelamiento de los productos de la canasta familiar

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Escribe José Castillo

El ministro de Economía y candidato presidencial de Unión por la Patria, Sergio Massa, anunció que se apresta a llevar adelante una nueva “renegociación” del acuerdo con el FMI. No se trata de nada progresista; por el contrario, lo que se viene es más ajuste y saqueo de nuestros recursos.

Desde el mismísimo comienzo del gobierno de Alberto Fernández la renegociación de la deuda externa fue un tema siempre presente. Así, en agosto de 2020, plena pandemia, se firmó el acuerdo con los acreedores privados, que ya desde el año pasado estamos pagando. En marzo de 2022, por su parte, se aprobó el nuevo programa con el FMI, por el que el gobierno se comprometió a llevar adelante un feroz ajuste, creciente año a año. Desde fines de julio del año pasado, Sergio Massa es el encargado de ejecutarlo.

Ese es el motivo fundamental por el que nuestro país tiene una pobreza del 40% y en ascenso. La inflación descomunal sobre los productos de la canasta familiar, que pulveriza salarios y jubilaciones, es el mecanismo más perverso por el que se garantiza cumplir con las exigencias del FMI. El propio Sergio Massa lo reconoció, al explicar que la devaluación del 22% llevada adelante al día siguiente de las PASO de agosto fue realizada por exigencia del Fondo. Recordemos que ese hecho fue el desencadenante del aumento de la inflación a dos dígitos en agosto, septiembre y muy probablemente octubre.

Mientras seguimos pagando (y este mes se acaban de efectuar nuevos desembolsos) la realidad es que continuamos debiéndole al FMI los mismos 45.000 millones de capital que tomó prestados Macri (recordemos que para fugarlos con beneficios para sus amigos). A ello le tenemos que agregar que, por más renegociación con los privados que hubo en 2020, el monto total de la deuda externa siguió aumentando y hoy (sumando deuda del estado nacional, Banco Central, provincias y otros pasivos contingentes, como juicios a pagar en jurisdicciones extranjeras) ya orilla los 500.000 millones de dólares.

¿A qué vuelve el FMI?

Apenas terminado el balotaje, una delegación del FMI arribará a nuestro país. Su objetivo será realizar una nueva auditoría del cumplimiento de la metas del programa. Pero, lo más importante, antes de desembolsar los montos pendientes comprometidos (que, recordemos no son para otra cosa que para cumplir con los vencimientos con el propio Fondo), es que se procederá a renegociar todo el acuerdo. No importa que el actual gobierno peronista haya enviado al Congreso Nacional un presupuesto que ya contiene lo esencial de las medidas de ajuste. Se nos exigirá aún más. Es que el nuevo acuerdo de facilidades extendidas que se viene tendrá como requisitos avanzar con la reforma laboral (flexibilización de los convenios), la previsional (subir la edad jubilatoria y terminar con los regímenes especiales, empezando por el docente) y fiscal (menos impuestos a los ricos y más al pueblo trabajador, a la vez de desfinanciar a las provincias, de quiénes dependen la salud y la educación públicas. Además de una nueva devaluación y un fortísimo tarifazo en los servicios públicos privatizados.

Massa vuelve con lo mismo que amagaron el anterior ministro de Economía, Martín Guzmán y la propia Cristina. Que es posible renegociar un acuerdo “progre” que garantice inclusión social y redistribución de la riqueza. Con plazos más largos (a veinte años) para que no se acumulen tantos vencimientos y una tasa de interés más baja que la prohibitiva actual (que llega hasta el usurario valor de 8% anual en dólares). Nada de esto sucederá. El FMI viene por su proyecto de siempre: cobrar y ajustar, ajustar y cobrar. Gane quien gane lo primero que tendrá que resolver es su política frente a las exigencias del Fondo. Massa ya ha dicho que no piensa romper el acuerdo ni dejar de pagar la deuda. Milei fue peor aún: anunció que va a realizar un ajuste mayor aún al exigido por el FMI.

¿Cuál es la salida?

Como venimos señalando insistentemente desde Izquierda Socialista y el Frente de Izquierda Unidad: no existe ningún acuerdo “progresista” o que garantice “el crecimiento y la redistribución de la riqueza” de la mano del FMI. La única salida pasa por romper con las cadenas políticas y económicas que nos atan al Fondo, dejar de pagar ya mismo la deuda externa, y poner todos esos recursos al servicio de un plan económico de emergencia, obrero y popular, que vuelque todos los recursos para comenzar a resolver las más urgentes necesidades de salarios y jubilaciones dignas, trabajo genuino, salud y educación pública de calidad y vivienda populares para quiénes la necesiten.

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Sergio Massa viene hablando desde antes de la primera vuelta de su convocatoria, en caso de triunfar, a un “gobierno de unidad nacional”. Lo hizo dirigiéndose a Juntos por el Cambio e incluso, en el primer debate presidencial, hasta planteando que se podría incorporar algún dirigente de  La Libertad Avanza.

A medida que pasaron los días, Massa fue avanzando en precisiones. Un primer destinatario claro fue el radicalismo. No es novedad: existe una vieja e íntima relación entre el actual candidato de Unión por la Patria y figuras como el gobernador de Jujuy, el que llevó adelante la represión para garantizarle el litio a las multinacionales, Gerardo Morales. Otro guiño va dirigido hacia los sectores del peronismo que no están dentro de Unión por la Patria, principalmente al sector de Juan Schiaretti, con fuertes vínculos con los sectores patronales del agronegocio. Posteriormente, el candidato a presidente y actual ministro de Economía anunció que Roberto Lavagna, ex ministro del área durante el gobierno de Néstor Kirchner y autor del primer canje de deuda en 2005 será su “coordinador” del área económica.
Ahora Massa dio un paso más en sus precisiones sobre su gobierno de unidad nacional. Acaba de anunciar que su ministro de Economía “no será de su espacio político”. ¿Acaso es un guiño hacia Carlos Melconián, que acaba de ser “despedido” (con agradecimiento por lo servicios prestados) de la Fundación Mediterránea? Sin entrar en especulaciones definitivas, es un hecho que se tratará de alguien “bien visto” por el FMI, las patronales y el establishment financiero en general.

Que, frente a los planteos de terror del ultraderechista Milei, lo central sea oponernos para que no llegue al gobierno, y que entonces debamos plantear el voto crítico a Massa, no implica que le demos en absoluto el más mínimos apoyo y, por supuesto, desde Izquierda Socialista afirmamos que, bajo ningún aspecto participaremos de ese “gobierno de unidad nacional”. Por el contrario, gane quien gane, al día siguiente de las elecciones estaremos enfrentando en las calles el mayor ajuste que se viene.

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Escribe José Castillo

La semana pasada el gobierno nacional procedió a cancelar los tres vencimientos con el FMI del mes de octubre. Fueron 2.627 millones de dólares, abonados en parte con los restos de los Derechos Especiales de Giro (cuasi moneda del FMI) y en parte con yuanes del swap otorgado por el gobierno de China. Remarquemos que, en ambos casos, el pago implicó una baja de reservas y compromisos de devolver lo pactado en el futuro inmediato. Este lunes, por su parte, se pagaron otros 790 millones de dólares en concepto de intereses con el propio Fondo. Sumando ambos pagos, se fueron de nuestras alicaídas reservas nada más ni nada menos que 3.400 millones de dólares.

Lo peor, sin embargo, está por venir: de acá a marzo de 2024, nuestro país tiene vencimientos por otros 12.000 millones de dólares. Por eso, Sergio Massa, el candidato presidencial, está urgido a ponerse de rodillas adelante del Fondo y renegociar. La otra salida que tiene, romper cn el FMI y dejar de pagar la deuda no figura entre sus opciones posibles. Por eso anticipamos que, lo que se viene, gobierne quién gobierne, es un mayor ajuste. Contra el que habrá que salir a pelear en las calles.
             

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