Esta será mi última comunicación oficial como director de la Oficina de Nueva York de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH).
Le escribo en un momento de gran angustia para el mundo, incluidos muchos de nuestros colegas. Una vez más, somos testigos de un genocidio que se desarrolla ante nuestros ojos, y la Organización a la que servimos parece impotente para detenerlo. Como alguien que ha investigado los derechos humanos en Palestina desde la década de 1980, vivió en Gaza como asesor de derechos humanos de la ONU en la década de 1990 y llevó a cabo varias misiones de derechos humanos en el país antes y después de esos períodos, esta situación me afecta personalmente.
También fue en estas oficinas de la ONU donde trabajé durante los genocidios contra los tutsis, los musulmanes bosnios, los yazidíes y los rohinyás. En cada caso, a medida que se asentaba el polvo sobre los horrores perpetrados contra poblaciones civiles indefensas, se hizo dolorosamente evidente que habíamos fallado en nuestro deber de cumplir con los imperativos de prevenir atrocidades masivas, proteger a los vulnerables y hacer que los perpetradores rindan cuentas. Lo mismo ha ocurrido con las sucesivas oleadas de asesinatos y persecución de palestinos a lo largo de la existencia de las Naciones Unidas.
Alto Comisionada, estamos fracasando una vez más
Como abogado de derechos humanos con más de treinta años de experiencia en este campo, soy muy consciente de que el concepto de genocidio ha sido a menudo objeto de abusos políticos. Pero la actual matanza del pueblo palestino, arraigada en una ideología colonial etnonacionalista, una continuación de décadas de persecución y limpieza sistemáticas, basadas enteramente en su condición de árabes, y junto con declaraciones explícitas de intenciones por parte de los líderes del gobierno y el ejército israelíes, no deja lugar a dudas ni debates. En Gaza, hogares, escuelas, iglesias, mezquitas e instalaciones médicas están siendo atacados sin motivo y miles de civiles están siendo masacrados. En Cisjordania, incluida la Jerusalén ocupada, las viviendas son confiscadas y reasignadas únicamente en función de la raza. Además, los pogromos violentos perpetrados por los colonos van acompañados de unidades militares israelíes. En todo el país reina el apartheid.
Este es un caso de genocidio de manual. El proyecto colonial europeo y etnonacionalista de colonización en Palestina ha entrado en su fase final, hacia la destrucción acelerada de los últimos vestigios de la vida palestina autóctona en Palestina. Lo que, es más, los gobiernos de los Estados Unidos, el Reino Unido y gran parte de Europa son totalmente cómplices de este horrible asalto. Estos gobiernos no solo se niegan a cumplir con sus obligaciones de «garantizar el cumplimiento» de las Convenciones de Ginebra, sino que arman activamente la ofensiva, brindan apoyo económico, inteligencia y encubren política y diplomáticamente las atrocidades de Israel.
De acuerdo con todo esto, los medios corporativos occidentales, cada vez más a instancias de los gobiernos, están violando completamente el artículo 20 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, deshumanizando incesantemente a los palestinos para justificar el genocidio y difundiendo propaganda de guerra y llamamientos al odio nacional, declaraciones raciales o religiosas que constituyan incitación a la discriminación, la hostilidad y la violencia. Las empresas de redes sociales con sede en Estados Unidos ahogan las voces de los activistas de derechos humanos mientras amplifican la propaganda pro-Israel. Los policías de Internet del lobby israelí y GONGOS acosan y difaman a los defensores de los derechos humanos, y las universidades y los empleadores occidentales colaboran con ellos para castigar a quienes se atreven a denunciar las atrocidades. A raíz de este genocidio, estos actores también tendrán que rendir cuentas, como fue el caso de Radio des Milles Collines en Ruanda.
En tales circunstancias, nuestra organización está más llamada que nunca a actuar de manera eficaz y basada en principios. Pero no estuvimos a la altura de ese desafío. El poder protector del Consejo de Seguridad ha sido bloqueado una vez más por la intransigencia de los Estados Unidos, el secretario general está siendo atacado por sus mezquinas protestas, y nuestros mecanismos de derechos humanos están siendo objeto de ataques calumniosos apoyados por una red organizada en línea que defiende la impunidad.
Décadas de distracción por las promesas ilusorias y en gran medida decepcionantes de Oslo han distraído a la Organización de su deber esencial de proteger el derecho internacional, los derechos humanos y la propia Carta. El mantra de la «solución de dos Estados» se ha convertido en una broma abierta en los pasillos de las Naciones Unidas, tanto por su absoluta imposibilidad en la práctica como por su total fracaso a la hora de tener en cuenta los derechos humanos inalienables del pueblo palestino. El llamado «Cuarteto» no es más que una hoja de parra para la inacción y la sumisión a un statu quo brutal. La referencia (escrita por Estados Unidos) a «acuerdos entre las propias partes» (en lugar del derecho internacional) siempre ha sido un evidente juego de manos, destinado a fortalecer el poder de Israel contra los derechos de los palestinos ocupados y desposeídos.
Señor Alto Comisionado, me incorporé a esta Organización en el decenio de 1980 porque encontré una institución basada en principios y normas que estaban decididamente del lado de los derechos humanos, incluso en los casos en que los poderosos Estados Unidos, el Reino Unido y Europa no estaban de nuestro lado. Mientras mi propio gobierno, sus instituciones subsidiarias y gran parte de los medios de comunicación norteamericanos seguían apoyando o justificando el apartheid sudafricano, la opresión israelí y los escuadrones de la muerte centroamericanos, las Naciones Unidas defendían a los pueblos oprimidos de esos países. Teníamos el derecho internacional de nuestro lado. Teníamos los derechos humanos de nuestro lado. Teníamos los principios de nuestro lado. Nuestra autoridad estaba arraigada en nuestra integridad. Pero ese ya no es el caso.
En las últimas décadas, importantes miembros de las Naciones Unidas han cedido ante el poder de Estados Unidos y el miedo al lobby israelí, abandonando estos principios y renunciando al propio derecho internacional. Hemos perdido mucho en este abandono, incluida nuestra propia credibilidad global. Pero es el pueblo palestino el que ha sufrido las mayores pérdidas a causa de nuestros fracasos. Irónicamente, la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH) fue adoptada el mismo año en que se perpetró la Nakba contra el pueblo palestino.
Al conmemorar el 75º aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, haríamos bien en abandonar el manido mito de que la DUDH nació de las atrocidades que la precedieron, y admitir que nació al mismo tiempo que uno de los genocidios más atroces del siglo XX, el de la destrucción de Palestina. En cierto modo, los autores de la Declaración prometieron derechos humanos a todos, excepto al pueblo palestino. Tampoco olvidemos que las Naciones Unidas cometieron el pecado original de facilitar el despojo del pueblo palestino al ratificar el proyecto colonial europeo que se apoderó de tierras palestinas y las entregó a los colonos. Tenemos mucho por lo que disculparnos.
Pero el camino de la expiación es claro. Tenemos mucho que aprender de la postura de principios adoptada en los últimos días en ciudades de todo el mundo, donde millones de personas se manifiestan en contra del genocidio, incluso a riesgo de ser golpeadas y detenidas. Los palestinos y sus aliados, los activistas de derechos humanos de todas las tendencias, las organizaciones cristianas y musulmanas, y las voces judías progresistas que dicen «no en nuestro nombre», están liderando el camino. Todo lo que tenemos que hacer es seguirlos.
Ayer, a pocas cuadras de aquí, la Grand Central Station de Nueva York fue completamente invadida por miles de defensores judíos de los derechos humanos, que se solidarizaron con el pueblo palestino y exigieron el fin de la tiranía israelí (muchos de los cuales corren el riesgo de ser arrestados). Al hacerlo, barrieron en un instante el argumento propagandístico de la hasbara israelí (y el viejo cliché del antisemitismo) de que Israel representa de alguna manera al pueblo judío. Este no es el caso. Y, como tal, Israel es el único responsable de sus crímenes. A este respecto, vale la pena repetir, a pesar de las calumnias del lobby israelí que las críticas a las violaciones de los derechos humanos por parte de Israel no son antisemitas, como tampoco las críticas a las violaciones saudíes son islamófobas, las críticas a las violaciones de Myanmar son anti budistas o las críticas a las violaciones indias son anti hindúes. Cuando buscan silenciarnos calumniándonos, en lugar de silenciarnos, debemos alzar la voz. Espero que esté de acuerdo, Sr. Alto Comisionado, en que esta es la esencia de decir la verdad al poder.
Pero también encuentro esperanza en todos los miembros de las Naciones Unidas que, a pesar de las enormes presiones, se han negado a comprometer los principios de derechos humanos de la Organización. Nuestros relatores especiales independientes, comisiones de investigación y expertos de los órganos creados en virtud de tratados, así como la mayoría de nuestro personal, han seguido defendiendo los derechos humanos del pueblo palestino, incluso cuando otros miembros de las Naciones Unidas (incluso al más alto nivel) se han inclinado vergonzosamente ante los poderosos. En su calidad de guardián de las normas de derechos humanos, el ACNUDH tiene el deber especial de velar por ellas. Nuestra tarea, creo, es hacer oír nuestra voz, desde el secretario general hasta el último recluta de la ONU y horizontalmente, en todo el sistema de la ONU, insistiendo en que los derechos humanos del pueblo palestino no se debatan, negocien o comprometan en ningún lugar bajo la bandera azul.
Entonces, ¿Cómo sería una posición basada en las normas de la ONU? ¿En qué estaríamos trabajando si fuéramos fieles a nuestras exhortaciones retóricas sobre los derechos humanos y la igualdad para todos, la rendición de cuentas de los delincuentes, la reparación de las víctimas, la protección de los vulnerables y el empoderamiento de los titulares de derechos, todo ello en el marco del Estado de Derecho? La respuesta, creo, es simple: si tenemos la lucidez para ver más allá de las cortinas de humo propagandísticas que distorsionan la visión de justicia a la que hemos hecho un juramento, el coraje para abandonar el miedo y la deferencia a los Estados poderosos y la voluntad de levantar la bandera de los derechos humanos y la paz. Es cierto que se trata de un proyecto a largo plazo y de un camino empinado. Pero debemos empezar ahora, a menos que nos rindamos a un horror indescriptible. Veo diez puntos clave:
Acción legítima: En primer lugar, en las Naciones Unidas debemos abandonar el paradigma fallido (y en gran medida falaz) de Oslo, su ilusoria solución de dos Estados, su Cuarteto impotente y cómplice, y la subversión del derecho internacional a los dictados de sus supuestos méritos políticos. Nuestras posiciones deben basarse inequívocamente en los derechos humanos y en el derecho internacional.
Una visión clara: Debemos dejar de fingir que se trata simplemente de un conflicto territorial o religioso entre dos partes enfrentadas y admitir la realidad de la situación, que es que un Estado con un poder desproporcionado está colonizando, persiguiendo y despojando a una población indígena por su etnia.
Un Estado único basado en los derechos humanos: Debemos apoyar el establecimiento de un Estado único, democrático y laico en toda la Palestina histórica, con igualdad de derechos para cristianos, musulmanes y judíos, y, en consecuencia, el desmantelamiento del proyecto colonialista profundamente racista y el fin del apartheid en todo el territorio.
Lucha contra el apartheid: Debemos reorientar todos los esfuerzos y recursos de la ONU a la lucha contra el apartheid, como hicimos con Sudáfrica en las décadas de 1970, 1980 y principios de la de 1990.
Retorno e indemnización: Debemos reafirmar e insistir en el derecho al retorno y a la plena indemnización para todos los palestinos y sus familias que viven actualmente en los territorios ocupados, el Líbano, Jordania, Siria y la diáspora en todo el mundo.
Verdad y justicia: Debemos exigir un proceso de justicia transicional, que aproveche al máximo las décadas de investigaciones, investigaciones e informes acumulados por la ONU, con el fin de documentar la verdad y garantizar la rendición de cuentas de todos los criminales, la compensación de todas las víctimas y la reparación de las injusticias documentadas.
Protección: Debemos insistir en el despliegue de una fuerza de protección de la ONU con recursos suficientes y un mandato firme para proteger a los civiles desde el río hasta el
Desarme: Debemos abogar por la retirada y destrucción de los arsenales masivos de armas nucleares, químicas y biológicas de Israel, evitando así que el conflicto conduzca a la destrucción total de la región y, quién sabe, más allá.
Mediación: Debemos reconocer que Estados Unidos y otras potencias occidentales no son mediadores creíbles, sino partes en el conflicto, que son cómplices de Israel en la violación de los derechos palestinos, y debemos enfrentarlos como tales.
Solidaridad: debemos abrir nuestras puertas (y las de la Secretaría General) a las legiones de defensores de los derechos humanos palestinos, israelíes, judíos, musulmanes y cristianos que se solidarizan con el pueblo de Palestina y sus derechos, y poner fin al flujo incontrolado de grupos de presión israelíes a las oficinas de los líderes de la ONU, donde abogan por la continuación de la guerra, la persecución, el apartheid y la impunidad, al tiempo que denigran a nuestros defensores de los derechos humanos por su postura de principios sobre los derechos palestinos.
Tardará años en llegar allí, y las potencias occidentales lucharán contra nosotros en cada paso del camino, por lo que tenemos que ser firmes. Debemos trabajar por un alto el fuego inmediato y el fin del asedio de Gaza, oponernos a la limpieza étnica de Gaza, Jerusalén, Cisjordania (y otros lugares), documentar el ataque genocida contra Gaza, ayudar a proporcionar a los palestinos ayuda humanitaria masiva y reconstrucción, cuidar a nuestros colegas traumatizados y sus familias, y luchar con todas sus fuerzas para garantizar que el enfoque de las oficinas políticas de las Naciones Unidas se base en principios.
El fracaso de las Naciones Unidas en Palestina hasta ahora no es razón para que nos demos por vencidos. Por el contrario, debería alentarnos a abandonar el paradigma del pasado que ha fracasado y a adoptar plenamente un curso de acción más basado en principios.
Como ACNUDH, unámonos con valentía y orgullo al movimiento contra el apartheid que está creciendo en todo el mundo, añadiendo nuestro logotipo a la bandera de la igualdad y los derechos humanos del pueblo palestino. El mundo está mirando. Todos tendremos que rendir cuentas de nuestra posición en este momento crucial de la historia. Pongámonos del lado de la justicia.
Gracias, Alto Comisionado Volker, por escuchar este último llamamiento de mi oficina. Dentro de unos días dejaré la Oficina por última vez, después de más de tres décadas de servicio. Pero no dude en ponerse en contacto conmigo si puedo ser útil en el futuro.
Le ruego acepte, señor presidente, la expresión de mis distinguidos saludos,
Craig Mokhiber
Por Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores-Cuarta Internacional
En este momento Israel esta ejecutando impunemente y con el respaldo incondicional del imperialismo norteamericano y de la Unión Europea, un genocidio brutal contra el pueblo palestino concentrado en Gaza, la cárcel a cielo abierto más grande del mundo. Al momento de escribir esta declaración ya habían sido asesinadas 8.525 personas de las cuales 3.542 son niños y niñas y 2.187 mujeres, es decir que un 68% de los asesinados son menores y mujeres, 21.500 heridos. “Gaza se ha convertido en un cementerio para miles de niños y en un infierno para todos los demás”, dijo el representante de Unicef, James Elder. Estarían muriendo 420 niños diariamente y habrían 940 desaparecidos.
Estos números aumentan constantemente con la intensificación de los bombardeos y el ingreso por tierra del ejército sionista a la franja. Mientras que en Cisjordania ocupada, el ejército israelí ha asesinado a 180 palestinos desde el pasado 7 de octubre. El Gobierno sionista ha ordenado intensificar la represión en Cisjordania tras la huelga general masiva de este miércoles 1 de noviembre, para exigir el cese inmediato de la masacre en Gaza.
Son escalofriantes y conmovedoras las imágenes de padres devastados por la pérdida de toda su familia; niños rescatados de los escombros, otros que perdieron a toda su familia; cadáveres calcinados y desmembrados producto de la intensidad de los bombardeos.
Más de 2 millones de habitantes de la franja están siendo bombardeados por cielo, mar y aire. Violando todas las leyes internacionales, Israel cortó el suministro de agua, electricidad, combustible y alimentos, sometiendo al pueblo gazatí a un suplicio inimaginable. Incluso bombardeó el paso fronterizo de Rafah con Egipto, por donde a duras penas han ingresado 94 camiones con comida e insumos médicos desde el 7 de octubre, cuando antes entraban a la franja de Gaza unos 100 camiones diarios con ayuda humanitaria.
Por otra parte, desde la noche del pasado viernes y durante la madrugada del sábado, Israel llevó a cabo los bombardeos más intensos desde que dio inicio a la operación “Espadas de Hierro”, los cuales fueron el preludio de una invasión terrestre a gran escala por el norte de Gaza. Previamente Israel había cortado las comunicaciones telefónicas y de internet, aislando a la franja del mundo exterior.
Después de cuatro intentos fallidos, el pasado viernes la ONU con el voto de 120 países, salió de la inacción que la caracteriza, y aprobó el alto el fuego para permitir el ingreso de ayuda humanitaria a Gaza, así como para exigirle a Israel que anule su orden de evacuar el norte de la franja, y el traslado de la población al sur. No obstante, Estados Unidos vetó la decisión adoptada. Esta resolución tardía de la ONU fue catalogada como “día de infamia” por parte del embajador sionista en las Naciones Unidas, Gilad Erdan.
Días antes, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, en una reunión del consejo de seguridad tuvo que reconocer que “el ataque de Hamás no surgió de la nada”, y que era el resultado de décadas de ocupación, del robo de las tierras de los palestinos, del desplazamiento forzoso y la violencia ejercida por Israel. Ante lo cual el ministro de Relaciones Exteriores israelí, Eli Cohen, así como el embajador ante la ONU, Gilad Erdan, reaccionaron airadamente y exigieron la renuncia del secretario general.
El director de la Oficina de Nueva York del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Craig Mokhiber renunció a su cargo en protesta por la incapacidad de la organización de frenar el genocidio en Gaza.
Las contradicciones en el seno de la ONU reflejan la gran crisis que se produce al interior de las instituciones del capitalismo-imperialista mundial, las cuales se agudizan en la medida que se muestran en los medios de comunicación y en las redes sociales la salvaje matanza que ejecuta el ejército sionista en Gaza, lo que a su vez está incentivando las protestas en todo el mundo. Masivas movilizaciones en Turquía y en todos los países árabes, como Jordania, Egipto, Yémen. En las principales ciudades europeas. Miles se han manifestado en Londres, Madrid, Barcelona, Roma, incluso en Alemania y Francia, países en los que miles de personas desafían la prohibición de manifestarse a favor de los palestinos.
Grandes movilizaciones en Canadá y Estados Unidos. En New York, más de 200 judíos antisionistas tomaron la emblemática estación central exigiendo el alto al fuego y con la consigna “no en nuestro nombre”. Previamente en Washington se realizó una protesta similar en la cual más de 3OO judíos tomaron oficinas del capitolio. Ambas protestas fueron convocadas por Jewish Voice for Peace, la más grande organización de judíos no sionistas de Estados Unidos. En Tel Aviv las protestas son diarias. Familiares de los rehenes en poder de Hamás, cuestionan duramente al gobierno de Netanyahu, lo responsabilizan de la situación y exigen el retorno de los rehenes. Incluso en Jerusalén se han movilizado judíos ortodoxos que se oponen al sionismo.
Expresiones de la crisis que se desarrolla en las instituciones del capitalismo mundial son las declaraciones de Philippe Lazzarini, director de la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos, (UNRWA), quien acusó a Israel de aplicar un “castigo colectivo” contra los palestinos. Otras organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional, el Consejo Noruego de Refugiados, Human Rights Watch y Médicos Sin Fronteras han denunciado que Israel comete crímenes de guerra.
Cada vez queda más en evidencia que Israel está llevando adelante un genocidio con intenciones de profundizar la limpieza étnica que ejecuta desde hace 75 años. Está avanzando en una nueva Nakba (catástrofe), como conocen los palestinos la matanza y desplazamiento de casi un millón de personas de sus tierras en 1947-48, previo al establecimiento del Estado de Israel.
Desde la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores-Cuarta Internacional (UIT-CI) decimos: ¡Alto a los bombardeos criminales a Gaza! ¡Basta de cerco genocida! Damos nuestro respaldo a la resistencia palestina pero sin darle apoyo político a Hamás, quien hoy encabeza la lucha contra el ocupante sionista, pero con quien tenemos grandes diferencias políticas en la medida que es una organización burguesa-islámica, procapitalista, que quiere reemplazar el estado de apartheid sionista por un estado teocrático islámico. La UIT-CI lucha por un estado único palestino, laico, no racista y democrático, en el territorio histórico de Palestina, a donde puedan regresar los refugiados a sus tierras, y convivan árabes, judíos, cristianos y otras religiones, o no religiosos. Asimismo denunciamos la traición de la Autoridad Nacional Palestina, dirigida por Al Fatah-OLP y Mahmoud Abbas, que ejerce labores de policía y control sobre los palestinos en Cisjordania ocupada, en acuerdo con Israel.
Para derrotar la agresión sionista apoyada por el imperialismo, hay que seguir profundizando la movilización de los pueblos del mundo. Y en esa tarea pone toda su energía la UIT-CI, en los países donde tenemos presencia. Exigiendo a todos los gobiernos ruptura de relaciones diplomáticas, económicas, comerciales y culturales con Israel. Ya el gobierno boliviano rompió relaciones con la entidad sionista; el gobierno chileno y el de Colombia llamaron a consultas a sus embajadores, ¡los pueblos de ambos países deben exigir que rompan relaciones! Que cese el envío de armas y ayuda financiera de Estados Unidos a la entidad sionista. Hay que seguir el ejemplo de los sindicatos de Bélgica que bloquearán el envío de armamento a Israel; que se retire la flota norteamericana del medio oriente.
¡Alto ya a los bombardeos criminales a Gaza! ¡Basta de cerco genocida!
¡Ruptura de relaciones con Israel!
¡Liberación de las y los presos palestinos!
¡Fuera el ejército sionista de la franja de Gaza
¡Todo el apoyo a la resistencia palestina!
1 de noviembre de 2023
Después de catalogar al FIT Unidad como “un activo tóxico para la clase obrera” y hacer un llamado, por ende, de “rechazo al voto a los partidos existentes sin excepción”, Política Obrera le dio la espalda a la única alternativa obrera y socialista el pasado 22 de Octubre, que es el Frente de Izquierda Unidad. Nada más funcional al gobierno y a la ultraderecha de Milei.
Eso sí, la Declaración de Política Obrera (26/9) se pronuncia “por la construcción de un verdadero partido de la clase obrera”, que serían ellos, y “por una movilización y organización independiente de masas para impulsar luchas y huelgas en función de una huelga general”. Desopilante.
Este martes 24 de octubre Leandro Santoro bajó su candidatura a jefe de gobierno para no enfrentar al macrismo en la ciudad de Buenos Aires en segunda vuelta, oficializando el triunfo de Jorge Macri para que el PRO gobierne cuatro años más sin siquiera llegar al 50% de los votos.
El macrismo gobierna CABA de manera ininterrumpida desde hace 16 años con la complicidad permanente del peronismo. Son centenares las leyes que primero Macri y luego Rodríguez Larreta consiguieron aprobar gracias al apoyo de la bancada peronista. Leandro Santoro se llenó la boca en la campaña pidiendo el voto para entrar al balotaje y ahora en otra vergonzosa concesión le regala el triunfo al primo de Mauricio Macri para que el PRO continúe gobernando al servicio de los grandes negocios de la especulación inmobiliaria.
Por supuesto, no se nos escapa la maniobra. La renuncia de Santoro busca ser un guiño a sectores de Juntos por el Cambio para intentar “seducirlos” y acercarlos al voto a Sergio Massa en el balotaje, en aras de un gobierno de “unidad nacional”, como viene sosteniendo el ministro de Economía y candidato a presidente de Unión por la Patria. En este caso en particular, el destinatario del mensaje no sería Jorge Macri sino los otros sectores de Juntos por el Cambio en CABA, principalmente el radicalismo de Emiliano Yacobitti y Martín Lousteau (conducidos por el “Coti” Nosiglia).
Pero independientemente de cómo termine esa negociación entre radicales porteños y Massa, lo que queda claro es el doble discurso de un candidato que se la pasó haciendo campaña “para terminar con el macrismo en la Ciudad” y que ahora se baja, regalándole a Juntos por el Cambio la única victoria que podía obtener en este momento.
Como lo sostuvimos en la campaña electoral, solo el Frente de Izquierda enfrentó y enfrenta consecuentemente las políticas privatizadoras y de ajuste macrista en la Ciudad de Buenos Aires. Queda en evidencia el doble discurso peronista que en lugar de enfrentarlo, una vez más termina pactando.
El candidato del gobierno, Sergio Massa, se impuso sorpresivamente en las elecciones generales con un verdadero batacazo. Unión por la Patria revirtió la derrota de las PASO, logrando el 36,68%. El ultraderechista Milei se estancó en el 29,9% y la gran derrotada fue la representante de Juntos por el Cambio, Patricia Bullrich, quedando afuera de la contienda (23,83%). Con estos resultados habrá balotaje entre Massa y Milei. En este marco, el Frente de Izquierda Unidad hizo una buena elección, mejorando los resultados de las PASO. Conquistó 710.000 votos y nuevas bancas obreras y socialistas que pondrá junto a toda su militancia al servicio de enfrentar el mayor ajuste, pobreza y sometimiento al FMI.
En Argentina no paran las sorpresas electorales. Las encuestadoras fracasan, por eso son convocados sociólogos, psicólogos sociales y hasta astrólogos para opinar de los resultados de las elecciones.
Así como en las PASO el hartazgo popular se canalizó a un político ultraderechista y peligroso como Milei, hoy la pregunta a responder es la siguiente, ¿cómo puede ser que haya ganado el representante de un gobierno que nos llevó a esta brutal inflación y miseria? ¿Cómo puede ser que gane el peronismo que cobijó al corrupto Insaurralde fotografiado en un yate tomando champagne mientras se conocía el mayor índice de pobreza?
Las razones son varias, pero la determinante es que millones votaron a Massa para pararle la mano a Milei. No fue un voto con expectativas en que este gobierno va a resolver algún problema de fondo, por eso no hubo entusiasmo ni fervor popular. Nadie “se olvidó” de la inflación, los salarios de pobreza o la corrupción, sino que a pesar de todo esto se votó contra Milei ante el peligro de sus propuestas reaccionarias, misóginas y delirantes. Se dio un “voto útil” a Massa contra un derechista que mientras habla “contra la casta”, se alió con el repudiable burócrata Barrionuevo, postula más privatizaciones (en las jubilaciones, salud y educación públicas, el Conicet, los ferrocarriles), la venta de órganos, la libre portación de armas y dolarizar la economía, que pulverizaría aún más los salarios y jubilaciones, entre otras propuestas. Se dio un voto contra quien reivindica el genocidio y ataca permanentemente los derechos democráticos conquistados por el pueblo trabajador y el movimiento de mujeres, con lo que eso implica en un país donde se sufrió las consecuencias aberrantes de la última dictadura militar.
Por otra parte, el gobierno peronista puso mucha plata para intentar “mostrar” que no es solo ajuste. Anuló el impuesto a las ganancias del salario, devolvió el IVA en las compras de alimentos de la canasta familiar, otorgó sumas fijas insuficientes y un pago por única vez para los que no tienen nada. Con esto posó diciendo “lo que yo te doy, te lo va a sacar Milei”. Así hizo con las placas en las estaciones ferroviarias, mostrando a cuánto se iría el boleto si ganaban Milei o Bullrich.
Todo esto aceitó el tradicional aparato peronista (que en las PASO había dejado correr el voto a Milei para que le saque votos a Bullrich) y la inestimable colaboración con la que cuenta el gobierno, de la traidora burocracia sindical de la CGT y las CTA, que militaron para alertar sobre los males que vendrían cuando no mueven un dedo para combatir los actuales. Massa también se diferenció de Alberto Fernández y no se mostró con Cristina Kirchner, proponiendo un próximo gobierno de unidad nacional con políticos patronales opositores, mostrándose como un “cambio”. Todo esto en una situación de extrema fragilidad social y política, donde el gobierno posó de ser garante de “construir en vez de destruir”, mostrando a Milei como parte de la “inestabilidad” (cuando reivindicó la suba del dólar), y llegando al triunfo que, volvemos a repetir, no es ningún cheque en blanco.
Milei se estancó y Patricia Bullrich se fue al pasto
Todas las encuestas daban un crecimiento de Milei, incluso algunas hablaban de un triunfo en primera vuelta. Nada de eso ocurrió. Milei se estancó en un 30% y retrocedió en varias provincias.
Desde su irrupción como un nuevo fenómeno electoral de ultraderecha, mostrándose como algo “nuevo” ante el desastre que provocaron los gobiernos capitalistas, fue logrando que millones lo vieran como un posible salvador. Pero ese voto se frenó ante las revelaciones de lo perjudicial que sería su plan antipopular, de llevarse a cabo. En eso aportó enormemente el Frente de Izquierda Unidad, develando el contenido nefasto de su programa, como lo hizo Myriam Bregman en los debates presidenciales y nuestra militancia.
Que Milei se haya estancado no quiere decir que desapareció el peligro. Es el político que entró al balotaje y sacó una bancada de casi cuarenta diputados nacionales y ocho senadores, al cual seguiremos combatiendo.
Por su parte, la otra candidata derechista, Patricia Bullrich de Juntos por el Cambio, se derrumbó. Fue la única fórmula presidencial que perdió votos. Una tremenda derrota de esta coalición patronal conformada por el PRO, la UCR y la Coalición Cívica, que no puede despegarse del imaginario popular por el desastre que provocó cuando gobernó con Macri de 2015 a 2019. Juntos por el Cambio pasó de ser un posible recambio electoral patronal con el triunfo que había logrado en las legislativas de 2021, con Rodríguez Larreta a la cabeza por entonces, el mismo que fue sepultado en las PASO. Ahora le tocó el turno de la debacle a Bullrich, creyendo que los triunfos en diez provincias la catapultaban al estrellato.
Todos señalan por la responsabilidad del zafarrancho a Macri, a quien algunos internamente le piden “que se exilie”. Macri vino haciendo lobby por Milei, luego se reacomodó, pero ya era tarde. Juntos está al borde del estallido, entre quienes apoyan a Milei o a Massa.
El Frente de Izquierda se consolidó haciendo una buena elección
El FIT Unidad hizo una buena elección, superando los registros de las PASO. Ante el sorpresivo triunfo de Massa esto puede haber quedado desapercibido. Pero hay que valorarlo y mucho. Es muy valioso que, en el marco de una difícil elección para la izquierda, teniendo en cuenta que entre las tres principales candidaturas patronales obtuvieron el 90,46% de los votos (97% si se suma Schiaretti), el Frente de Izquierda logró 709.932 sufragios, conquistando altos porcentajes en distritos obreros y populares, en especial en el conurbano bonaerense, o en CABA, Jujuy y en la mayoría de las provincias patagónicas (ver "Resultados del escrutinio provisorio").
El Frente de Izquierda logró otra banca al Congreso Nacional por la Provincia de Buenos Aires, con 396.221 sufragios a diputados nacionales. De esta manera el FIT Unidad llegó a la quinta banca nacional, que se sumará a las cuatro que ya tiene hasta 2025, la cual será compartida entre Christian Castillo (PTS), Néstor Pitrola (PO), nuestro compañero Juan Carlos Giordano (Izquierda Socialista) y Fernando Sacarelo del MST. También logramos una banca a legisladora en CABA, compartida entre Celeste Fierro (MST) y nuestra compañera Mercedes Trimarchi (Izquierda Socialista), junto a compañeras y compañeros del PTS y del PO. Bancas obreras y socialistas que se suman a las que ya conquistó el Frente de Izquierda en varias legislaturas provinciales.
Esta elección volvió a ratificar que hay una importante franja del pueblo trabajador, de mujeres y de la juventud consolidada en el apoyo a la única alternativa obrera y socialista que es el FIT Unidad para pelear por los cambios de fondo. El Frente de Izquierda es la expresión electoral de la fuerza que viene desde abajo con el sindicalismo combativo, como el de las y los ferroviarios del Sarmiento que lograron un triunfo contundente a tres días de las elecciones, conservando el cuerpo de delegados combativo contra la burocracia sindical; del movimiento de mujeres que dio pelea contra el gobierno y la ultraderecha en el 36° Encuentro Plurinacional de Mujeres en Bariloche, a una semana de las elecciones; del espacio que se ha ganado la izquierda en las marchas en defensa de los derechos humanos junto al Encuentro Memoria Verdad y Justicia; en el peso que tiene en la pelea ambiental contra el saqueo extractivista capitalista; ganando centros de estudiantes; o entre quienes apoyan las causas justas como la del pueblo palestino, entre otros sectores donde existe, se fortalece y seguramente irá creciendo.
Nuestro compromiso es seguir la lucha contra el mayor ajuste y el FMI
El balotaje se dirimirá entre Massa y Milei. Es una elección completamente excepcional, donde solo juegan dos alternativas patronales para dirimir quién será el nuevo presidente. Ante ello surge el interrogante: ¿Cómo hay que votar? ¿Massa y Milei son lo mismo?
Desde Izquierda Socialista venimos denunciando que los dos son políticos patronales y defensores del ajuste, de las multinacionales, los bancos y el FMI. La diferencia es que Milei es un fascista-ultraderechista, antiobrero, antiderechos, que reivindica el genocidio de la dictadura y propone privatizar la educación y la salud públicas, entre otros ataques antipopulares. Por eso hubo una reacción electoral de amplios sectores de trabajadores y populares votando a Massa contra Milei, viendo el peligro que representaría un posible gobierno de esas características.
Massa, por su parte, representa a este gobierno peronista hambreador y de entrega al FMI de Alberto y Cristina Fernández, con el apoyo incondicional de la repudiable burocracia sindical. Por eso no le damos ni le daremos apoyo político a este gobierno, ni a un posible gobierno peronista o de unidad nacional, como pregona. Y decimos que seguiremos luchando en las calles contra el mayor ajuste que se prepara. En resumen, repudiamos al ultraderechista Milei y no damos ningún apoyo o aval político a un posible gobierno de Massa.
En estos días daremos a conocer la táctica específica que adoptaremos alrededor del voto en el balotaje, postura que se terminará de debatir y de decidir en la Mesa Nacional del Frente de Izquierda Unidad entre los cuatro partidos nacionales que lo conformamos. Con el compromiso, como lo señalaron Myriam Bregman, el “Pollo” Sobrero y el resto de las figuras del Frente de Izquierda en el búnker del pasado domingo, de que el sindicalismo combativo que fue en nuestras listas y con la militancia del Frente de Izquierda vamos a estar al servicio de seguir enfrentando el mayor ajuste que se prepara de la mano del FMI, en las calles y en el Congreso, como parte de la pelea por un gobierno de las y de los trabajadores, fortaleciendo para ello con políticas unitarias, como postulamos desde Izquierda Socialista, al Frente de Izquierda Unidad, la única alternativa para lograrlo.