Jun 25, 2026 Last Updated 4:58 PM, Jun 24, 2026

Izquierda Socialista

El gobierno intenta convencer, increíblemente, de que los datos económicos son optimistas. Incluso hace propaganda de que bajó la pobreza en el tercer trimestre del año pasado. Pero la realidad la comprueba cualquier trabajador o trabajadora yendo al supermercado: todo sube, y mucho, principalmente los alimentos y otros bienes de la canasta familiar. El propio gobierno peronista de Alberto Fernández ya no puede disimularlo, y no le queda otra cosa que reconocer que la inflación de marzo “va a volver a dar mal”, con números terroríficos cercanos al 6%. La burocracia sindical de la CGT y las CTA, por su parte, se dedica a reuniones del consejo económico y social, donde garantizan acuerdos salariales a la baja, a cambio de promesas empresarias de “no incrementar los precios”, que obviamente nunca se cumplen.  

Esta es la realidad. Con salarios, jubilaciones y montos de los planes sociales totalmente pulverizados. Con una cada vez mayor porción de la clase trabajadora que ya no puede sobrevivir ni con changas. Por eso son cada vez más grandes las protestas de las organizaciones de desocupados combativos, que reciben como respuesta que no hay más planes, que estos se encuentran congelados. El por qué es muy simple: el gobierno tiene que cumplir con el ajuste exigido por el FMI.  

Mientras el gobierno ajusta, la oposición patronal reclama represión. Empezó Javier Milei, que hasta creó un “movimiento antipiquetero”, con el objetivo directo de prohibir las acciones de las organizaciones de desocupados. Lo siguió Juntos por el Cambio, reclamando que se le saquen los planes a los que protestan y acampan. Esta agitación reaccionaria y de derecha, poniendo en cuestión algo tan elemental como el derecho a la protesta, le es funcional al gobierno, con un ministro de Desarrollo Social, Juan Zabaleta, que afirma que “no negociará con gente en la calle”, en una retroalimentación realmente perversa entre oficialismo y oposición patronal.  

Cristina Fernández, por su parte, sigue haciendo malabares para zafar de quedar pegada con el ajuste. Ahora le regaló a Alberto Fernández el libro “Conversaciones en el quinto piso”, de Juan Carlos Torre, donde este explica como testigo privilegiado el desastre en que terminó el gobierno de Alfonsín, justamente por seguir las recomendaciones e implementar los planes de ajuste exigidos por el Fondo. ¡Como si el peronismo kirchnerista no tuviera nada que ver! Cuando Máximo y todo su sector votaron la fórmula de reajuste a las jubilaciones que está haciendo que éstas pierdan sistemáticamente contra la inflación, y la propia Cristina avaló el año pasado cada uno de los pagos al FMI. Ahora, por si faltaran más demostraciones, presentan un proyecto de dudoso curso, donde plantean cobrar un impuesto a los capitales fugados (¡pidiendo apoyo para esto a Estados Unidos!), con el objetivo de recaudar para…pagarle al propio FMI.

¿Qué demuestra todo esto? Una profunda crisis política en el gobierno peronista. Que se expresa en la interna entre Alberto y Cristina, pero también en los movimientos de otros dirigentes que buscan despegarse y tener juego propio, como Massa y la mayoría de los gobernadores.

Por otro lado, los propios economistas del establishment y las patronales que apoyaron la firma del acuerdo con el Fondo, ahora dicen que este no resolverá nada, y que la crisis se seguirá profundizando. Por eso la multiplicación de “planes alternativos” por parte de dirigentes políticos y economistas pro-patronales, compitiendo entre ellos por ver quién presenta un mayor ajuste. Dolarización, promesas de terminar “inmediatamente con la inflación”, son algunos de los espejitos de colores que esconden lo que todos estos programas tienen en común: más ajuste, despidos de decenas de miles de trabajadores estatales, flexibilización laboral reventando derechos ganados durante décadas por la clase trabajadora, jubilaciones llevadas al extremo de la miseria liquidando cualquier régimen especial (como el docente) y extendiendo la edad jubilatoria, privatización y saqueo de nuestras riquezas.

Tenemos que ser claros: por supuesto que no va el plan de ajuste del gobierno del Frente de Todos pactado con el FMI y hay que salir a enfrentarlo ya mismo. Ni la oposición discursiva de Cristina y el kirchnerismo, que dice que “hubiera negociado de otra manera” sin romper con el Fondo. Pero tampoco son salida para el pueblo trabajador las propuestas que sale a vender la oposición patronal, sea de Juntos por el Cambio o de Milei y Espert.

Efectivamente, hace falta un programa alternativo. Pero tiene que ser obrero y popular, como el que plantea la izquierda. Que proponga en primera fila resolver las más urgentes necesidades populares: aumentos de emergencia de salarios, jubilaciones y planes sociales. Que ataque el flagelo del desempleo, creando trabajo genuino con un gran plan de construcción de viviendas que resuelva a la vez el drama del déficit habitacional. Es posible llevar a cabo todas estas cuestiones si se deja de pagar la deuda externa y se rompe el acuerdo con el FMI. ¡Ahí están las medidas de un verdadero plan alternativo al servicio de la clase trabajadora! Que vaya a fondo contra la carestía, con precios máximos que se cumplan, bajo pena de sanciones severísimas a las patronales especuladoras. Nacionalizando la banca y el comercio exterior para terminar con la bicicleta financiera y la fuga de capitales. Oponiendo a los tarifazos exigidos por el Fondo y a las superganancias de las privatizadas, la exigencia de su reestatización y puesta en funcionamiento bajo gestión de trabajadores y usuarios.

Estas son algunas medidas, las principales, del programa económico que hace falta. Para hacerlas realidad hay que postular, contra el peronismo gobernante y la oposición patronal, una alternativa política para que efectivamente gobiernen los trabajadores. Esto es lo que venimos construyendo y fortaleciendo desde hace más de diez años con el Frente de Izquierda Unidad. Desde Izquierda Socialista te invitamos a sumarte para que esta propuesta siga creciendo de cara a los desafíos que se vienen.

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Escribe Juan Carlos Giordano, diputado nacional electo Izquierda Socialista/FIT Unidad
 
Senadoras y senadores que responden a Cristina Fernández de Kirchner presentaron un proyecto de ley titulado “Fondo Nacional para la cancelación de la deuda con el Fondo Monetario Internacional”. Más allá de las dudas sobre si se puede aprobar o no, o si es una típica jugada kirchnerista para simular que combaten a los evasores, el debate se debe centrar en si hay que recaudar tocando a los de arriba para pagarle al FMI, o para combatir el hambre, la pobreza y los tremendos males sociales, como sostenemos desde el Frente de Izquierda Unidad.
 
La noticia del proyecto cayó bien en las filas peronistas kirchneristas. Da la idea de que el kirchnerismo le ha declarado la guerra a los especuladores y evasores para que paguen ellos la deuda contraída por Macri. Pero consideramos incorrecto que se diga que hay que tomar medidas excepcionales para seguir engordando al FMI, no para combatir el hambre, los bajos salarios, construir miles de viviendas populares para dar trabajo genuino o terminar con décadas de postración como venimos sosteniendo desde Izquierda Socialista y el Frente de Izquierda Unidad.

Supongamos que el proyecto se apruebe. ¿Quién sale beneficiado? El FMI. Lo dicen los mismos redactores del proyecto. Hernán Arbizu, quien trabajó para el Morgan y el Citi como facilitador de negocios privados para los evasores, lo ratificó: “Es todo ganancia para el Fondo Monetario” (Página12, 4/8).

Es que estamos hablando de “un fondo para pagarle al Fondo”. Lo dice la ley, “sus recursos serán exclusivamente destinados a este fin”. ¿Dónde está lo progre? ¿Dónde está la “pateada de tablero” kirchnerista como dicen algunos?
Los redactores del proyecto deberían explicar sus contrasentidos. Si en los fundamentos dicen que “a la deuda externa la toman unos pocos y se beneficia una minoría” y que “de los 44.500 millones de dólares desembolsados por el FMI durante el gobierno de Mauricio Macri no quedó un solo dólar en la Argentina” ¿por qué en vez de convalidar el pacto con el FMI, como lo hace este proyecto, no llaman a enfrentarlo?

El kirchnerismo nunca se opuso a pactar con el Fondo Monetario, solo criticó que había que firmarlo bajo otras formas. Tampoco cuestionó los pagos de la deuda. Ahora, y después que el pacto fue ratificado en el Congreso, sale con este proyecto para recaudar, dicen, 20.000 millones de dólares, para a renglón seguido mandárselos a las arcas del FMI.

No es cierto que si esto se lograra se podría pagar la deuda y a su vez atender las urgentes necesidades populares. Esto nunca ocurrió en la vida del país, ni con los anteriores acuerdos, ni con el actual.  

El gobierno denuncia un hecho cierto. Hay más de 400.000 millones de dólares fugados en el exterior (el equivalente a un PBI anual -Producto Bruto Interno-). Son de empresas y capitalistas que esconden sus ganancias y fortunas en paraísos fiscales para no pagar impuestos. Es decir, se llevan las riquezas que le roban al pueblo trabajador, mientras le hacen pagar el IVA del 21%, uno de los más onerosos e injustos del mundo.

Esos paraísos fiscales son patrocinados centralmente por Estados Unidos, Gran Bretaña y otras potencias a quienes se les pide apoyo (ver recuadro). Esto no es ninguna novedad, viene ocurriendo desde siempre con todos los gobiernos. Nos preguntamos: ¿por qué el kirchnerismo en los doce años que gobernó, cuando tenía mayorías parlamentarias, no impuso la política que ahora señala el proyecto? ¿Por qué ante la denuncia más reciente del Pandora Papers (2021) -donde se descubrió que muchos empresarios argentinos evadieron-, el gobierno no les incautó los bienes y empresas que tienen en Argentina para cobrarles lo que deben? El gobierno del Frente de Todos no lo hizo y Cristina nunca lo propuso. Tampoco lo dice el actual proyecto. Estos sectores siguen en la impunidad. Por otra parte, se van millones de dólares con el comercio exterior manejado por grandes multinacionales y la fuga al no existir la nacionalización de la banca.

Atajándose a las críticas de que es una jugada política, el diputado Carlos Heller y dueño del Banco Credicoop, dijo: “Aprobar esta ley no va a ser fácil. Pero el debate dejará claro quiénes están protegiendo a los que no han pagado los impuestos”. Es decir, aunque no se apruebe (algo muy probable), el proyecto le sirve al gobierno y al kirchnerismo en particular como bandera para posar de “nacional y popular” diciendo, en todo caso, que “quiso hacerlo pero no lo dejan”. Lo mismo hizo con el anuncio de la “expropiación” de Vicentín, que nunca llevó a cabo. O las actuales promesas de la “guerra contra la inflación”, sin que el kirchnerismo proponga nada alternativo.

La única política para decirle no al FMI y a los pagos de la deuda, es la del Frente de Izquierda Unidad. Con proyectos parlamentarios y fundamentalmente con marchas y actos políticos en todo este tiempo. Lo mismo hizo el FIT Unidad con el único proyecto que se presentó para atacar de verdad las ganancias de las grandes empresas, bancos, multinacionales y terratenientes, no con el aporte voluntario e insuficiente que propuso el gobierno y se terminó votando.

Desconocer el endeudamiento de Macri, decirle no al pacto con el FMI y a todo pago de deuda externa, junto a combatir a los evasores expropiándoles sus bienes, nacionalizando la banca y el comercio exterior, entre otras medidas de fondo, son parte de un plan económico alternativo, obrero y popular, que postulamos desde el FIT Unidad, para terminar de raíz con el hambre y la dependencia.

Los fundamentos del proyecto reivindican un momento “crucial”, cuando “el presidente Néstor Kirchner en el año 2006 conjuntamente con el presidente Lula da Silva de la República Federativa de Brasil cancelaron la totalidad de la deuda de ambas naciones con el FMI”. Se dice que de esa forma y “fruto de exitosas políticas de desendeudamiento”, Argentina salió adelante. No fue así. El kirchnerismo se benefició con el no pago que impuso el Argentinazo, la mega-devaluación y el ajuste previo de Duhalde y los altos precios de las materias primas. Lo que hizo Néstor Kirchner fue reanudar los pagos de una deuda usurera cuando estaba planteado hacer todo lo contrario para liberarnos de verdad.

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“Ha venido siendo una posición recurrente en los comunicados del G20, de la OCDE y hasta del FMI, la necesidad de combatir este tipo de prácticas”, dice el proyecto kirchnerista. Quieren hacer creer que estos países y organismos usureros y explotadores ahora son “buenos”, lo mismo dice el ministro Guzmán. Nada que ver. El estado yanqui Delaware, por ejemplo, donde viven 800.000 personas, hay radicadas 850.000 empresas que evaden. Si bien las sociedades offshore se registran en las Islas Caimán o Maldivas, la cuenta de sus activos está en Miami o en Nueva York. El 70% de los bienes no declarados de argentinos están en Estados Unidos. Pedirle colaboración al FMI y al embajador yanqui en Argentina como hizo Cristina, para que se pueda llevar a cabo este proyecto, es como poner al lobo al cuidado de las ovejas.

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Escribe Guido Poletti

Mientras Cristina y el kirchnerismo disparan misiles mediáticos contra Alberto Fernández y sus ministros, y éste tímidamente le contesta a través de su vocera Gabriela Cerruti, crece en dirigentes peronistas, tanto de uno como de otro sector de la interna, la frase: “pero de todas formas hay que apoyar al gobierno para que no vuelva la derecha”. Lo vimos incluso en los discursos de los sectores “críticos” al acuerdo con el FMI, que, tras explicar que iban a votar en contra, enseguida aclaraban que eso se trataba de una diferencia “menor” dentro del Frente de Todos y que lo importante era permanecer unidos “para que no vuelva la derecha”.

Todo esto refleja que las diferencias al interior del peronismo gobernante son producto de su interna por los cargos (donde por supuesto, hasta ahora) nadie renuncia, y de que en el caso del kirchnerismo lo que hay es un intento de zafar de pagar los costos del ajuste que impone el acuerdo con el FMI. Sin embargo, queremos debatir con compañeras o compañeros que se preguntan si, efectivamente, a pesar de que el gobierno de Fernández los viene defraudando, todavía hay que apoyarlo ante el riesgo de la vuelta del macrismo.

Recordemos que, ya en 2019, el peronismo proclamaba lo mismo: votarlos a ellos para “terminar con el ajuste de Macri”. Y sumaban la frase: “tenemos que volver para ser mejores”.

Tenemos que preguntarnos qué pasó. El que mejor lo graficó fue el humorista y simpatizante del kirchnerismo Dady Brieva quien afirmó: “volvimos al pedo”. Efectivamente, si hoy hay riesgo de que “vuelva la derecha” es porque la política del Frente de Todos no se diferenció, más allá del discurso, de la que venía ejecutando el macrismo. Más aún, el gobierno de Alberto Fernández es hoy el principal ejecutor de las exigencias del FMI. Nunca apareció la famosa “heladera llena”, que se prometía en 2019.

Apoyar a un gobierno que ya lleva dos años ajustando, haciendo que caiga el poder adquisitivo de los salarios y jubilaciones, y que ahora sólo tiene para ofrecer en la perspectiva un mayor ajuste aún para cumplir con las exigencias del Fondo Monetario, es un camino sin salida para los trabajadores. Significa, en los hechos, negarse a luchar contra las consecuencias del ajuste. Las consecuencias de esta política ya las podemos ver en el accionar de la burocracia sindical, que, justamente con esta excusa, se niega a romper su pacto con el gobierno y deja correr los acuerdos salariales a la baja.

Por eso insistimos: hoy la única pelea “contra la derecha” es enfrentar el plan del Fondo Monetario y a sus ejecutores. Es apoyar todas y cada una de las luchas, para que triunfen y derroten el ajuste. Y, por sobre todas las cosas, es postular un programa alternativo de verdad, obrero y popular, en las antípodas tanto del programa del FMI que hoy ejecuta el gobierno, como de los planteos de la oposición patronal, de “mayores ajustes y reformas estructurales”, también negociadas con el Fondo. Solo el Frente de Izquierda Unidad plantea algo diferente: romper con el FMI, suspender inmediatamente los pagos de deuda externa y, con todos esos recursos, volcarlos a resolver las más urgentes necesidades del pueblo trabajador: salario, empleo, educación, salud y vivienda. Construir y fortalecer esa alternativa política, hoy encarnada en el FIT Unidad, es el único camino para, de verdad, enfrentar todas las políticas de derecha, propatronales y antiobreras, vengan del lugar que vengan.

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