Escribe Federico Novo Foti
El 1° de mayo de 1890 se reunieron unos tres mil trabajadores y trabajadoras en el Prado Español, en Recoleta, en la ciudad de Buenos Aires. Los presentes eran mayoritariamente inmigrantes que daban los primeros pasos del movimiento obrero en la Argentina. Desde aquella primera jornada, el Día Internacional de las y los trabajadores vivió las alternativas de la lucha de clases y de la política de las direcciones mayoritarias del movimiento obrero en nuestro país.
El 1° de mayo de 1909, un acto anarquista en Plaza Lorea (hoy parte de Plaza Congreso) fue reprimido por orden del jefe de Policía, Ramón Falcón. La muerte de ocho obreros desencadenó una huelga general que exigió su renuncia. Seis meses después, el joven obrero anarquista Simón Radowitzky hizo justicia por mano propia y asesinó a Falcón. Esa noche se desató otra brutal represión bajo el estado de sitio, con cientos de detenidos, torturados y deportados por la Ley de Residencia.
En las décadas de 1920 y 1930, el avance de las direcciones reformistas en el movimiento obrero, primero los sindicalistas y socialdemócratas del Partido Socialista y después los estalinistas del Partido Comunista, fue transformando el 1° de mayo en una jornada “democrática”, de apoyo a gobiernos o sectores patronales considerados “progresistas”.
Finalmente, en 1947, Juan Domingo Perón impuso la “Fiesta del Trabajo”, un día de festejo, bailes, desfiles y hasta la elección de la “reina del trabajo”. Así buscó transformar la jornada del 1° de mayo en un día festivo o de descanso.
Pero las históricas banderas de lucha del 1° de mayo siguen vigentes. El plan motosierra de Javier Milei y el FMI, que cuenta con la complicidad del peronismo, busca profundizar el saqueo, la precarización y la explotación laboral, liquidando conquistas históricas. Sin embargo, el movimiento obrero no ha sido derrotado y sigue dando pelea, como lo muestran las luchas de las y los trabajadores de FATE, la docencia y el Hospital Garrahan.
Este 1° de mayo, en el acto unitario de Plaza de Mayo y en todo el país, volveremos a gritar: abajo el plan motosierra de Milei y el FMI; plata para salario, jubilaciones y trabajo, no para el FMI; que la crisis la paguen los capitalistas; por un gobierno de trabajadores y trabajadoras; por el socialismo mundial.
Foto de portada: 1. Festejos en las calles de Budapest, Hungria ante la derrota electoral de Orbán 2. Orbán y Milei, marzo 2026

Escribe Miguel Lamas
En las recientes elecciones en Hungría, después de 16 años de gobierno, fue aplastante la derrota que sufrió el representante de la extrema derecha, el facho Viktor Orbán.
Orbán contó con el apoyo internacional de Donald Trump, Vladimir Putin, Benjamín Netanyahu y referentes de la ultraderecha europea, como Santiago Abascal (Vox), Giorgia Meloni, que gobierna Italia, Marine Le Pen en Francia y sectores neonazis de Alemania, además de Javier Milei. Su derrota es una derrota para todos ellos y tiene repercusión internacional.
Poco después de publicado el escrutinio, las calles de Budapest y de otras ciudades se llenaron de gente, sobre todo de jóvenes. Decenas de miles celebraron con entusiasmo el fin del régimen de Orbán. Medios independientes hablaron del “fin del gobierno arbitrario” y del “derrocamiento del orden de Orbán”.
Tras 16 años en el poder, Fidesz, el partido de Orbán, fue arrasado. La oposición, encabezada por Tisza, obtuvo una mayoría de dos tercios. Hubo una participación muy alta para la tradición electoral húngara, cercana al 80%. Se expresó un “voto castigo” contra Orbán, más allá de que muchos votantes no tengan claro qué hará el nuevo gobierno.
Repercusión internacional
El gobierno húngaro de Orbán apoyó públicamente los ataques a Gaza por parte de Israel y Estados Unidos, así como las agresiones contra Irán y el Líbano. También manifestó su respaldo a la invasión de Rusia a Ucrania. Orbán fue el único representante de países europeos que visitó a Netanyahu después de que la Corte Penal Internacional emitiera, el 21 de noviembre de 2024, órdenes de arresto por sus crímenes en Gaza.
El presidente Donald Trump hizo todo lo posible para ayudar a su aliado Orbán. Incluso envió a su vicepresidente a Budapest, la capital de Hungría, en plena campaña electoral. Pero esto terminó jugando en su contra. El rechazo a Trump en ese país contribuyó a profundizar la derrota de Orbán. Un verdadero boomerang.
Repudio popular nacional
La política económica implementada por Orbán favoreció al gran capital nacional e imperialista, como las automotrices alemanas, y a su base en la clase media alta. En cambio, la mayoría de la población húngara empeoró en los últimos años. A la alta inflación se sumaron el deterioro de la infraestructura pública, de la sanidad y de la educación, así como un descontento generalizado por la corrupción y los casos de enriquecimiento ilícito, donde “el 75% de los contratos gubernamentales fue a compañías asociadas a los amigos de Orbán” (Clarín, 13/4).
Durante 16 años, el primer ministro aplicó además políticas xenófobas y racistas contra extranjeros y minorías nacionales, especialmente los romaníes, comunidades originarias de la India que habitan en Hungría y Europa oriental desde hace generaciones. También impulsó políticas machistas, misóginas y anti LGBT, represión contra opositores de izquierda y ataques a los derechos sindicales. Todo esto generó un fuerte perjuicio para las mayorías populares y un creciente repudio electoral.
A prepararse para enfrentar al que ganó
El nuevo primer ministro, Péter Magyar, logró imponerse como principal opositor de Orbán, a pesar de haber formado parte de su entorno hasta hace dos años. Magyar proviene de una familia burguesa de Budapest y se define como “conservador”. Su victoria se explica, en gran parte, por la retirada de otros partidos opositores. Su objetivo es alinearse más con el imperialismo de la Unión Europea y menos con Trump y Putin.
Se produjo un recambio burgués liberal. Desde la izquierda, no se le da apoyo político al nuevo gobierno. Por el contrario, el pueblo trabajador y la juventud deberán enfrentarlo para conquistar cambios sociales y económicos reales. Esto no niega que la derrota de la ultraderecha en Hungría y de sus aliados sea un hecho positivo para las y los trabajadores del mundo.
Millones celebraron el resultado en distintos países. Si a esto se suma la caída de la popularidad de Trump en Estados Unidos, de Milei en Argentina o de José Antonio Kast en Chile, queda claro que los pueblos están dispuestos a pasarle factura a estos personajes ultraderechistas.

Escribe Miguel Lamas
Mientras se habla de “cese del fuego” con Irán y Líbano, continúan los ataques por parte de Estados Unidos e Israel. En Irán, hasta el sábado pasado, hubo al menos 3.468 muertos en las casi seis semanas de agresión imperialista. Además, los combates han causado la muerte de casi 2.300 personas en Líbano, mientras Israel afirmó que quiere que se retire toda la población del sur de ese país. Por su parte, más de 750 palestinos han sido asesinados en Gaza a manos de las milicias israelíes desde que entró en vigor el alto el fuego en octubre pasado.
Estados Unidos e Israel, pese a sus ataques genocidas que incluyen a miles de niñas, niños y mujeres, no han logrado su objetivo de dominar totalmente a estos países de Medio Oriente y sus riquezas naturales, en primer lugar, los hidrocarburos. La resistencia contra ese dominio imperialista continúa en la región.
Aunque se habló de desbloquear el estrecho de Ormuz y terminar con la guerra, esto hasta ahora no se ha concretado. El ejército de Estados Unidos amplió la semana pasada su bloqueo a los barcos que entran y salen de los puertos iraníes y declaró que perseguirá a cualquier embarcación que ayude a Irán, independientemente de su ubicación en alta mar o de su bandera. Irán anunció, por su parte, que mantendrá el bloqueo del estrecho.
Ahora se habla de nuevas negociaciones a realizarse en Pakistán. Sin embargo, la agresión imperialista puede continuar.
Donald Trump enfrenta en Estados Unidos un fuerte repudio popular por esta guerra contra Irán y Medio Oriente. Israel, por su parte, afirma que no detendrá sus agresiones contra Líbano e Irán. Desde Izquierda Socialista y la UIT-CI llamamos a los pueblos del mundo a repudiarlas.
Millones salieron a las a las calles en EE.UU el sábado 28 de marzo. Fueron miles de concentraciones en ciudades importantes, suburbios y pequeños pueblos bajo el lema “No Kings” para protestar contra las políticas del presidente Donald Trump, el alto costo de vida y la guerra contra Irán. En recientes encuestas nacionales dos tercios de los encuestados rechazaron la gestión del presidente en cuanto a la inflación y al conflicto con Irán.
Escribe María Meza, dirigenta de Izquierda Socialista de Tierra del Fuego
En Tierra del Fuego 140 trabajadores están resistiendo la política de industricidio de Milei y de los propios empresarios, hoy reconvertidos a meros importadores de productos extranjeros, a costa del desempleo de los trabajadores.
Las textiles casi desaparecieron, las electrónicas dejaron sin trabajo a cientos de contratados y trabajadores a tiempo discontinuo, y ahora la empresa Aires del Sur pide la quiebra y no paga los salarios adeudados.
El reciente Decreto 252/26 del 16 de abril de este año, firmado por Milei extiende la exención de impuestos a la importación en todo el país, lo que aumenta el peligro de pérdida de trabajo al resto de las provincias y elimina de hecho el subrégimen de promoción industrial de Tierra del Fuego, lo que implica directamente la pérdida de todo el parque industrial. No solo se pierden empleos, están sacando la posibilidad de seguir habitando la isla, con la entrega total de nuestra soberanía.
Así como en FATE en provincia de Buenos Aires, los trabajadores de Aires del Sur mantienen ocupada la planta desde marzo, realizan actos en la puerta llamando a la solidaridad de todos, juntan fondos para sostener a las familias. Impulsan un proyecto de expropiación de la fábrica ante la legislatura provincial para que sea puesta a funcionar por sus trabajadores.
El 29 de abril la UOM de Río Grande realiza un acto en apoyo a Aires del sur. Desde Izquierda Socialista convocamos a asistir masivamente al mismo. Llamamos a la UOM a transformarlo en un gran acto de unidad de todos los sectores en defensa del trabajo y el salario en la isla en Tierra del Fuego Antártida e Islas del Atlántico Sur. Estamos convencidos que la unidad en la lucha es la forma de enfrentar y derrotar los planes del gobierno de Milei, Estados Unidos y sus cómplices.