En la Seccional Oeste de la Unión Ferroviaria se realizó una importante reunión de Rúben "Pollo" Sobrero con los choferes que integran la Lista Roja de la UTA. La burocracia sindical hoy dividida en dos listas propatronales que encabezan Roberto Fernández y Miguel Bustinduy quiere realizar las elecciones nacional de la UTA el 1 y 2 de diciembre proscribiendo a la Lista Roja. Para esto cuentan con el aval de los funcionarios corruptos del Ministerio de Trabajo que quieren proscribir a la Lista Roja que presentó miles de avales de choferes de todo el país. Luego de un rico intercambio de opiniones sobre la realidad del movimiento obrero y la situación política, se acordó en la necesidad de unir y fortalecer al sindicalismo combativo y realizar una nueva reunión este viernes 18/11 a las 18hs en la Seccional Oeste de la Unión Ferroviaria (Constitución 218, Haedo). El objetivo es preparar una nueva movilización para la semana que viene por la oficialización de la Lista Roja en la UTA.

Escribe José Castillo, dirigente de Izquierda Socialista/FIT Unidad
El ex presidente Mauricio Macri afirmó el lunes pasado en TN que Alemania podría estar entre los candidatos a ganar la próxima Copa del Mundo porque representa “una raza superior”. Un planteo escandaloso sacado de un puro arsenal nazista. Si hay alguien superior, quiere decir que hay razas inferiores. Como alguien dijo, le faltó decir “heil”.
Macri tardó un día para intentar subsanar la barbaridad, cuando la ola de repudios era imparable. “Tuve una frase desacertada que remite a las peores pesadillas de la humanidad”, dijo. Evitó mencionar la palabra nazismo pero tildó de “pesadilla” al holocausto, que asesinó en campos de concentración a millones de judíos mostrando hasta dónde puede llegar la barbarie capitalista.
La afirmación racista de la existencia de una raza superior, blanca, rubia, europea, con estereotipos que coinciden con los de la clase capitalista empresaria, es una de las más repudiables expresiones reaccionarias. Las patronales la utilizan para fortalecer sus demandas de superganancias e ir contra la clase trabajadora: “el problema es que los ´negros´ son vagos, “planeros”, no quieren trabajar, tienen muchos hijos, se emborrachan o drogan”, frente a las supuestas virtudes de los “blancos”, exitosos y millonarios. Como Macri, que se benefició con la última dictadura militar al ser estatizada la deuda privada de su grupo Sevel por Domingo Felipe Cavallo. Por eso el negacionismo de los desaparecidos de todo el elenco macrista.
Las luchas populares en todo el planeta fueron arrojando las frases racistas al basurero de la historia. Lo dicho por Macri daría lugar incluso a una sanción penal en la propia Alemania actual. Sin embargo, en la derecha argentina se insiste en utilizarlas. Lo hacen constantemente los “halcones” de PRO y también la ultraderecha explícita de los liber-fachos Milei y Espert.
En 2013, el entonces asesor estrella de PRO, Jaime Durán Barba, se despachó con que “Hitler era un tipo espectacular”. En 2014, el intendente de Vicente López, Jorge Macri, primo de Mauricio, anunció la realización de una charla promovida por el municipio titulada: “las dos Evas”, dedicada a Eva Perón y a Eva Braun, la esposa de Hitler. En 2016, durante la presidencia de Macri, el entonces jefe de gabinete Marcos Peña organizó una reunión con las juventudes políticas, incluyendo dentro de ellas a la del partido nazi Bandera Vecinal, de Alejandro Biondini. En 2017, el entonces ministro de Educación Esteban Bullrich, realizó una horrorosa banalización del holocausto cuando visitó la Casa Ana Frank en Ámsterdam y sostuvo que el genocidio se dio “por culpa de una dirigencia que no fue capaz de unirse y llevar la paz al mundo”, exculpando al nazismo. Más cerca en el tiempo, Macri usó expresiones como “veneno social” y “personas envilecidas”, expresiones explícitas que aparecen en Mi Lucha de Hitler. Y no debemos olvidar la expresión de funcionarios macristas en 2017, llamando a constituir una “Gestapo” para terminar con los sindicatos. Hechos similares se pueden encontrar en los actos de Milei, como la alabanza a la ultraderecha franquista española, o la negación del genocidio en nuestro país.
La frase de Macri es repudiable y no fue pronunciada inocentemente. Busca dar un guiño hacia un sector de su electorado, fortaleciendo el racismo, los sentimientos anti-obreros y anti-populares, ganando espacio para la política que plantea Juntos por el Cambio: un ajuste como el que aplicó en 2015 pero “más rápido”. Para el cual, sabe que tendrá que “ponerse el casco ante las piedras”, como dijo recientemente, vaticinando que está dispuesto a llevarlo adelante no importa la represión que sea necesaria.
Desde Izquierda Socialista en el Frente de Izquierda Unidad repudiamos enérgicamente a Macri, a sus políticas y a sus dichos aberrantes. Y decimos que el hecho de que estas expresiones se fortalezcan, no está separado de la bronca y desencanto que genera el actual gobierno peronista con sus políticas de ajuste, hambre y sometimiento al FMI. Para enfrentar de verdad estos intentos, discursivos y programáticas, es necesario fortalecer a los únicos que venimos postulando otra alternativa política al servicio del pueblo trabajador contra todos los gobiernos capitalistas, sean de centroderecha o supuestamente “nacionales y populares”, con la unidad de la izquierda que es el FIT Unidad.
¡Condenamos el atentado de Taksim! ¡No permitamos que se cree el clima de miedo!
Por Partido por la democracia Obrera (IDP), sección turca de la UIT-CI
14/11/2022. Condenamos el atentado con bomba en la calle Taksim Istiklal, Estambul, como un brutal acto de terrorismo. Hay 6 muertos y decenas de heridos. Ofrecemos nuestras condolencias a quienes perdieron a sus seres queridos y deseamos una pronta recuperación a los heridos.
Tales ataques crearán una atmósfera de opresión similar a la que experimentaron los pueblos del país en 2015-16 y dañarán la unidad y la lucha del pueblo trabajador.
Además, las prácticas gubernamentales de «prohibición de publicación» y restricción de acceso a Internet, que no tienen otro propósito que arrastrar a la sociedad a una atmósfera de miedo, y que usurpan la libertad de información del público, deben terminar de inmediato. Y antes de la prohibición, el gobierno tiene que explicar por qué no pudo evitar este ataque con toda la inteligencia disponible.
El deber principal del gobierno debe ser proteger la seguridad de la vida de sus ciudadanos. Sin embargo, la política exterior aventurera y agresiva del gobierno hace que el país esté abierto a este tipo de ataques, como lo hemos experimentado en el pasado.
Al mismo tiempo, como vimos en 2015-16, el gobierno no llevó a cabo una investigación efectiva sobre los perpetradores de los ataques terroristas y los verdaderos perpetradores no fueron llevados ante la justicia. Para evitar que se ejecute un proceso similar en el ataque de Taksim, el proceso debe ejecutarse de manera transparente sin restringir la libertad de información del público. De lo contrario, la responsabilidad política del ambiente de presión y miedo que se levantará en la sociedad seguirá estando en el actual gobierno.
El gobierno peronista del Frente de Todos sigue inmerso en una crisis política cada día más profunda. Pasó el discurso de Cristina en la UOM, donde los metalúrgicosla recibieron al grito de “queremos el aumento”. También el de Máximo, cuestionando cualquier postulación presidencial de Alberto Fernández. La respuesta de Aníbal Fernández, ahora defensor acérrimo de Alberto, apuntó a los Kirchner: “parece que no formaran parte de la gestión”. A todo esto se le pueden agregar las marchas y contramarchas sobre suspender o mantener las PASO. La mayoría del peronismo parecía estar a favor de lo primero, pero ahora se estaría desinflando aceleradamente. ¿Qué hay detrás de todo esto? Un desbande, con un peronismo kirchnerista casi consagrado a garantizar su retiro a la provincia de Buenos Aires tras una cada vez más posible derrota presidencial el año próximo.
Toda esta crisis no sale de la nada. Es la manifestación más palpable de la bronca popular que crece, ante una realidad, el peronismo gobernante es responsable, en todas sus variantes, de más ajuste (aunque la vocera Gabriela Cerruti se niegue a usar esta palabra y la reemplace por “orden fiscal”), pérdida del poder adquisitivo de salarios y jubilaciones y sometimiento al FMI.
La del peronismo no es la única crisis, la oposición patronal de Juntos por el Cambio vive una similar. En su caso, una pelea a dentelladas por los cargos en un todos contra todos. Un sector de PRO contra otro, PRO contra radicales, halcones de PRO y un sector de los radicales contra palomas de PRO y otro sector radical; la propia interna de la UCR; Carrió metiendo la cuchara y amenazando con “presentarse ella”, y un largo etcétera. La forma en que se expresan esas peleas no es más educada que en el oficialismo. “Conmigo no se jode, la próxima te rompo la cara”, fue el saludo de Patricia Bullrich a un funcionario de Rodríguez Larreta en el acto de presentación del nuevo libro de Macri. Pero las diferencias en Juntos por el Cambio se acaban cuando se habla de programa: ahí todos coinciden en que hay que repetir el ajuste antipopular que realizaron en 2015, pero “más rápido”. Una propuesta antiobrera solo superada por los liberfachos de Milei, que directamente proponen un gobierno al estilo Bolsonaro.
El pueblo trabajador mira todas estas internas con una mezcla de bronca e indiferencia. Lo que realmente preocupa es la continuidad de la inflación, que ya está anualizada al 100% y mucho más alta aún para los alimentos. Un símbolo: el kilo de pan a 500 pesos. Frente a esto, los reajustes salariales corren claramente por detrás, perdiendo frente a la carestía de vida. En la inmensa mayoría de los casos quedan por debajo de la inflación, y encima son otorgados en cuotas.
Ante esta realidad lo auspicioso es que, después del ejemplo de la lucha de los trabajadores del Neumático agrupados en el Sutna, cada vez más sectores del pueblo trabajador responden saliendo a pelear. Los médicos, residentes, enfermeras y concurrentes han provocado una auténtica rebelión contra los salarios de miseria y la precarización laboral. También pelean los docentes en varias provincias. Marcharon y pararon los ferroviarios del Sarmiento. También se produjo la marcha de los autoconvocados de Luz y Fuerza Capital. Estas y otras luchas se dan mientras, por contraposición, las burocracias de la CGT y las CTA siguen firmando paritarias a la baja y apoyando vergonzosamente al gobierno.
El clamor por aumentos de salarios y jubilaciones que equiparen a la inflación real, y que sean reajustados mensualmente según el costo de vida, debe ir acompañado de la exigencia a la burocracia de que abandone su pacto con el gobierno y llame a un paro nacional y un plan de lucha contra el ajuste en curso. Esto es lo que estamos planteando desde el sindicalismo combativo, al que hay que apoyar y fortalecer con el fin de postularlo como una nueva dirección democrática y combativa para la clase trabajadora.
Pero a la vez, la pelea por aumento salarial debe ser parte de algo más amplio, un plan económico obrero y popular que arranque de suspender los pagos de la deuda externa, rompa con el FMI y destine todos los recursos a resolver las más urgentes necesidades de salarios y jubilaciones dignas, trabajo genuino, salud, educación y vivienda.
Desde Izquierda Socialista estamos convencidos de que hay que resolver el problema de fondo, construir una nueva alternativa política, porque el peronismo, como explicamos más arriba, ya no va más. Es incapaz de resolver ninguno de los problemas del pueblo trabajador. Esta es la salida de fondo que venimos planteando desde el Frente de Izquierda Unidad, llamando a impulsar una fórmula presidencial única para las elecciones del año que viene, por un gobierno de las y los trabajadores y una Argentina socialista.

Escribe José Castillo
Ya estamos a punto de conocer la inflación de octubre. Rondará el 7%, acercándonos al valor anual de 100%. Los precios de la canasta familiar, se sabe, crecieron más aún. Es un secreto a voces que las grandes empresas de consumo masivo aplican abusivos aumentos, pero el gobierno solo inventa programas inocuos mientras deja que siga la carestía.
La vicepresidenta Cristina Fernández ya oficia de comentarista, como si ella no tuviera nada que ver con el gobierno y como si no hubiera sido quien respaldó el ascenso a Sergio Massa a superministro (respaldo que sigue sosteniendo cada vez que se le pregunta). Sin embargo, critica a las grandes empresas de consumo masivo (alimenticias, de tocador y de limpieza) por provocar aumentos desmedidos. Ahora el propio ministro Massa mandó a “investigar” los costos de quince fabricantes de esos productos, y le pidió a las grandes cadenas de hiper y supermercados (cómplices también en la carestía) que rechacen mercaderías con subas mayores al 4% mensual. El secretario de Comercio Matías Tombolini habla de “veinte o treinta grandes compañías formadoras de precios que representan el 65% del consumo masivo”. O sea, todo el mundo sabe de qué se trata esta suba desmedida de precios y quiénes son los ganadores.
Parecería una comedia, sino fuera por cómo afecta trágicamente al bolsillo del pueblo trabajador. Es que desde hace años, los distintos gobiernos vienen amagando con controles de precios que no son tales. Recordemos que durante la presidencia de Cristina, en 2014, se inauguró “precios cuidados”. Un acuerdo que, con idas y vueltas, aún existe. Se agrandó la lista de productos, luego se achicó, se volvió a agrandar y otra vez a achicar. Lo que jamás se hizo fue sancionar a nadie por incumplimiento. Las empresas hicieron de todo: desde hacer desaparecer distintos productos de las góndolas, cambiándolos por otros iguales con algún pequeño cambio (un clásico, los yogures con “más fruta” que reemplazaban al inexistente de precios cuidados), hasta aprovechar cada “vencimiento del acuerdo” para aplicar aumentos por arriba de la inflación.
Hace un año atrás, el entonces secretario de Comercio Roberto Feletti aplicó un “congelamiento” sobre 1.200 productos que nunca existió, ya que nadie lo controló.
Anuncios sobran. Hace un mes atrás el gobierno hablaba de un congelamiento por cuatro meses de una serie de bienes esenciales que tendrían los precios impresos en el envase. Por supuesto, nunca pasó del anuncio.
La nueva figurita se llama ahora “precios justos”. Se habla de congelar por 120 días entre 1.200 y 1.500 productos básicos de marcas líderes. A cambio se les ofrecerá a las empresas acceso preferencial al dólar oficial (a 166 pesos).
Nos animamos a anticipar cómo va a terminar todo esto. “Precios justos”, como todas sus variantes anteriores, va a fracasar. No es muy difícil adivinar el porqué: el hoy vigente “precios cuidados” tiene un cumplimiento de apenas el 50%, según datos del propio gobierno (¡uno de cada dos productos no está en la góndola!). Mientras tanto, el referente de La Cámpora, Andrés “Cuervo” Larroque da como gran línea que la gente no compre si los precios son altos, como si ello fuera posible cuando el kilo de pan acaba de alcanzar el valor récord de 500 pesos.
Las patronales y los economistas y periodistas del establishment dicen que estos fracasos se están debiendo a que “los controles de precios nunca funcionaron”. No es así: los controles de precios sí que funcionan, y protegen el bolsillo popular, si se los hace cumplir. En nuestro país contamos con la Ley de Abastecimiento, que permite multar, clausurar, encarcelar y hasta expropiar a quien viole una disposición legal sobre precios, acapare, o provoque desabastecimiento. El problema es que nunca se la aplica. Ningún empresario fue siquiera multado por haber violado alguno de todos estos acuerdos. Es que los gobiernos, este y el anterior, son socios de los negocios de estas patronales. Incluso les autorizan aumento cuando se trata de precios regulados, como en el caso de las empresas de medicina prepaga, o cuando hay una empresa del estado en condiciones de determinar un precio, como hace YPF subiendo “primero” los combustibles, para cubrir a las transnacionales que luego la siguen.
Desde Izquierda Socialista y el Frente de Izquierda Unidad exigimos un auténtico congelamiento y control de precios de todos los productos de la canasta familiar, con fuertes sanciones para quiénes lo violen. Esto, más un aumento de salarios de emergencia para que nadie gane menos que el valor de la canasta familiar, ajustado mensualmente por inflación, son las medidas más urgentes para defender el bolsillo del pueblo trabajador.