Escribe Federico Novo Foti
Hace treinta y tres años cayó el muro que dividió Berlín por décadas. Fue una victoria de las masas que inició el camino hacia la unificación alemana y provocó el derrumbe de la burocracia estalinista. Gobiernos y analistas burgueses anunciaron el triunfo del capitalismo sobre el socialismo. Pero los socialistas revolucionarios tenemos otra mirada.
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, en la Conferencia de Potsdam de 1945, José Stalin (líder de la burocracia soviética), Franklin Roosevelt (presidente de Estados Unidos) y Winston Churchill (primer ministro británico) pactaron la ocupación y división de Alemania, como parte de los acuerdos en los que definieron “esferas de influencia” en Europa y el mundo para estabilizar el dominio capitalista imperialista. La partición alemana serviría también para dividir al otrora poderoso movimiento obrero alemán.
En 1949 se creó la República Federal Alemana (RFA) en la región occidental y más desarrollada, sostenida por el imperialismo yanqui y los millones de dólares del Plan Marshall para su reconstrucción. En la zona oriental, la República Democrática Alemana (RDA), apoyada por la burocracia estalinista de la URSS. Berlín, la antigua capital alemana, situada en el centro de la RDA, quedó igualmente ocupada y dividida.
La RDA estaba gobernada por una dictadura de partido único (Partido Socialista Unificado) a imagen y semejanza de la dictadura estalinista de la URSS. La expropiación y eliminación de la burguesía y la planificación estatal de la economía permitieron mejoras como el pleno empleo, acceso a educación y salud. Pero la división del país y la opresión pesaban sobre su población. En 1953 fueron duramente reprimidas las huelgas obreras de Berlín oriental. Para 1961 se estima que dos millones de personas habían huido del país. Como respuesta, en la madrugada del 13 de agosto de 1961, el gobierno de la RDA comenzó a construir un muro con intención de aislar definitivamente los dos lados de la ciudad de Berlín. La llamaron barrera de “contención antifascista”. El muro de hormigón alcanzaría los 155 kilómetros de largo (45 kilómetros dentro de la ciudad). Separó familias, amigos y vecinos. 239 personas fueron asesinadas a manos de la Stasi, el siniestro servicio secreto de la RDA, al intentar cruzar.
La caída del Muro de Berlín
La noche del 9 de noviembre de 1989, tras los anuncios del gobierno de la RDA sobre el otorgamiento de permisos para visitar Berlín occidental, miles de personas se movilizaron hacia el muro. Sorpresivamente, la multitud comenzó a demolerlo con picos, martillos y palas, ante la mirada desconcertada de los soldados. Tras veintiocho años caía el muro que había separado a la ciudad y representaba el símbolo máximo de la división alemana. Miles de personas de ambos lados se reunieron para festejar, abrazarse y besarse.
La caída del Muro de Berlín derrumbó a la burocracia estalinista del PSU e inició el camino hacia la unificación del país en 1990. En aquel entonces el hecho causó una enorme sorpresa mundial. Algunos analistas lo presentaron como una jugada magistral del capitalismo imperialista, encabezado por el presidente yanqui, Ronald Reagan, junto al Papa Juan Pablo II y la complicidad del líder soviético, Mijaíl Gorbachov. El politólogo yanqui Francis Fukuyama afirmó que la caída del muro era el triunfo definitivo del capitalismo sobre el socialismo y pronosticó progreso permanente para la humanidad.
Un triunfo de las masas con un alto costo
Desde Izquierda Socialista y la UIT-CI damos otra explicación. Ninguno de los supuestos ideólogos de la caída del muro, ni el viejo dictador de la RDA, Erich Honecker, lo planificaron. Al contrario, a todos les convenía mantener la división alemana y los acuerdos de finales de la guerra, incluido el compromiso de la URSS a limitar su dominio a los países de Europa oriental y colaborar en evitar o controlar las revoluciones en el resto del mundo.
Lo cierto es que en la década de 1980 las burocracias gobernantes en los países del “socialismo real” (donde se había expropiado a la burguesía y tenían regímenes totalitarios) profundizaron sus negociaciones con el imperialismo y la apertura al capitalismo. La falta de libertades y la caída en los niveles de vida alentaron entre las masas un ascenso de las luchas. Estalló la revolución polaca, con el surgimiento del sindicato Solidaridad. Las huelgas mineras sacudieron a la URSS. En junio de 1989, la dictadura del Partido Comunista chino aplastó la revolución en la Plaza Tiananmen. Pero las masas no se detuvieron.
En 1989 la RDA tenía su economía semiparalizada y crecía el éxodo de población a Hungría y Checoslovaquia. A mediados de año comenzaron fuertes movilizaciones populares. En octubre, el gobierno intentó calmar los ánimos con algunos cambios. Destituyeron a Honecker e impusieron a Egon Krenz. Pero las movilizaciones continuaron. El 4 de noviembre medio millón de personas se concentraron en la Alexanderplatz, la gran plaza del centro de Berlín. Los anuncios del 9 de noviembre precipitaron los acontecimientos.
La caída del Muro de Berlín fue un enorme triunfo del pueblo alemán que no sólo abrió el camino a la unificación alemana, sino que aceleró el derrumbe del aparato estalinista mundial que mantenía encorsetado el movimiento de masas por su acuerdo con el imperialismo. Fue una revolución política triunfante. Pero al mismo tiempo tuvo grandes limitaciones. La ausencia de una alternativa socialista revolucionaria que encabezara las movilizaciones no permitió que se enfrentara el proceso de restauración capitalista iniciado. Se instaló la confusión y la ilusión en las bondades del capitalismo. El retroceso respecto a la expropiación de la burguesía y la planificación estatal fortaleció a la naciente potencia imperialista alemana unificada.
Los trabajadores y el pueblo alemán continúan haciendo su experiencia con el capitalismo. Lejos de obtener el progreso anhelado, desde 2008 viven la crisis económica mundial y los planes de ajuste de sus gobiernos. Este año, tras la pandemia, la invasión de Rusia a Ucrania trajo de nuevo el temor de la guerra en Europa y la posibilidad de vivir una crisis energética que afecte a millones. Pero los trabajadores y los pueblos de Alemania y el mundo siguen luchando. Protagonizan heroicas rebeliones y revoluciones que cuestionan el sistema capitalista en el siglo XXI. En ellas, contra las direcciones reformistas o de falso socialismo, sigue planteada la gran tarea de construir una alternativa socialista revolucionaria capaz de conducir a las masas a lograr un gobierno de trabajadoras y trabajadores que avance hacia un verdadero socialismo con democracia para el pueblo trabajador.
Escribe Federico Novo Foti
Con la caída del Muro de Berlín y el derrumbe del aparato estalinista los gobiernos capitalistas y sus voceros anunciaron el “fin de la utopía socialista”. Sin embargo, lo que resulta una utopía es progresar y tener un futuro bajo el capitalismo, que sólo trae hambre, pobreza, pandemias, guerras y destrucción ambiental.
La izquierda estalinista y reformista (PC, PS y otros) concluyó que el hundimiento del estalinismo había sido producido por “exceso de estatismo” y lanzó la política del “socialismo de mercado”. La vieja y fracasada idea de construir el socialismo en unidad con grandes capitalistas y multinacionales. La dictadura capitalista del PC chino se presentó como el modelo a seguir. Así por ejemplo en Venezuela, Maduro aplica un brutal ajuste capitalista e impuso un régimen totalitario con el nombre de “socialismo del siglo XXI”.
La realidad es que el socialismo no fracasó. Las que fracasaron fueron las dictaduras de partido único y la utopía reaccionaria del “socialismo en un solo país”, sin extenderlo al resto del mundo. Fracasan y pierden apoyo popular los gobiernos de “falso socialismo”, como el de Maduro, Ortega, Castillo o Boric, porque no rompen con el capitalismo.
Por eso desde Izquierda Socialista y la UIT-CI decimos que no va más el sistema capitalista y en cada lucha alentamos a construir un partido revolucionario que pelee por un verdadero socialismo. Contra los partidos del “falso socialismo” y tomando la tradición revolucionaria de Lenin y Trotsky, luchamos por conquistar gobiernos de trabajadoras y trabajadores que expropien a las multinacionales y grandes capitalistas e impongan una economía estatal planificada que termine con la pobreza, la destrucción ambiental y todos los males capitalistas. Que pelee por extender la revolución a todos los países para terminar con el capitalismo que es un sistema mundial. Un socialismo con plena democracia para el pueblo trabajador, que dé la iniciativa a trabajadoras y trabajadores y no a siniestras dictaduras de partido único.
El miércoles 2 de noviembre Izquierda Socialista participó de la marcha en CABA convocada por el Comité Argentino de Solidaridad por el fin de la Ocupación de Haití.
Además, como parte de la campaña que impulsa la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores-Cuarta Internacional (UIT-CI) en solidaridad con el pueblo haitiano y contra la intervención imperialista en ese país, la UIT-CI organizó un Foro Internacional denominado “¡No a la intervención imperialista en Haití!”, con la participación de dirigentes y activistas de Haití, Brasil, Chile, Argentina y República Dominicana.
El diputado nacional electo Juan Carlos Giordano, de Izquierda Socialista FIT Unidad, destacó la importancia de la marcha realizada ese día a la embajada estadounidense en Buenos Aires para rechazar la intervención imperialista en Haití y recordó que, durante los gobiernos del kirchnerismo, militares argentinos participaron en la ocupación de ese país a través de la Minustah.
En la marcha participaron organizaciones populares y de izquierda argentinas, encabezados por la histórica luchadora por los derechos humanos Nora Cortiñas.
Por otra parte, durante el Foro Internacional hicieron uso de la palabra dirigentes de varios países quienes denunciaron la violenta represión que sufre la población haitiana. Entre otros intervinieron Mario Maisonneuvre, dirigente del Movimiento Socialista de Trabajadores Haitianos-Red de Organizaciones Populares de la Zona Oeste (MSTH-Rozo), y Bárbara Sinedino, dirigente sindical docente y de la Corriente Socialista de los Trabajadores (CST), desde Brasil.
La diáspora haitiana participó desde República Dominicana y Chile. Roudy Joseph, del colectivo Haitianos RD y Jackson Fils, del Movimiento Socialista de las y los Trabajadores de Chile, respectivamente. Ingrid Luciano, del Movimiento Socialista de Trabajadoras y Trabajadores de República Dominicana, quien moderó la actividad, también enfatizó la importancia de oponerse a la invasión de Haití.
Para cerrar el foro, se leyó un extracto de la declaración de la UIT-CI apoyando la autodeterminación del pueblo haitiano y que se logre un gobierno de las y los trabajadores y el pueblo para salir de la crisis, y que la campaña continuará en cada uno de los países en los que está presente la corriente internacional.
(Lea esta nota completa y declaración de la UIT-CI en uit-ci.org)
El sábado 5 realizamos una reunión de mujeres de la UIT-CI en la que participó Fatemah, una compañera de Irán, quien comentó acerca de la lucha que están llevando adelante las mujeres y el pueblo iraní contra el régimen dictatorial. Seguimos en campaña de solidaridad con las mujeres y el pueblo de Irán.
Mercedes De Mendieta y Juan Carlos Giordano se reunieron con Paula Cortés, de la Federación de Entidades Argentino Palestinas, y Maren Montovani, quien integra el Secretariado Internacional del Comité Nacional Palestino de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS); coordinadora de relaciones internacionales de la Campaña Palestina contra el Muro del Apartheid y de la Coalición para la Defensa de la Tierra y la Red de Movimientos Sociales Palestinos. La reunión se centró en la importancia de acompañar la lucha contra el muro del Apartheid del estado sionista al pueblo palestino. Y la denuncia sobre los convenios que se vienen firmando entre los gobiernos provinciales de Argentina, el Consejo Federal de Inversiones y la empresa Mekorot (empresa de agua israelí, soporte del sistema de apartheid).