Las trabajadoras y los trabajadores de Garbarino se vienen organizando y denuncian la falta de cobro de sus salarios y el fin de las 1.300 suspensiones sobre una planta de 4.500 trabajadores. Además, hace más de un año la patronal no realiza los aportes de las jubilaciones y las obras sociales, por lo que en la pandemia no cuentan con obra social.
Garbarino es una de las grandes firmas de venta de electrodomésticos del país. Carlos Rosales compró la empresa y comenzó a aplicar un plan de reestructuración cerrando locales y suspendiendo personal con el fin de orientarse a la venta online. El propio Rosales argumentó que Garbarino llegó a picos de facturación de 900% a 1.000% desde su llegada, pero nada de eso llegó para sus trabajadores. Hoy vuelven a correr rumores de una futura venta que genera fuerte incertidumbre sobre el futuro de 4.500 fuentes de trabajo. Ya cerraron más de treinta sucursales, entre las últimas, Merlo, Rosario y Córdoba.
Ante este escenario, la burocracia de comercio es cómplice del ajuste y los trabajadores denuncian que generan miedo entre los que se organizan para exigir el fin de las suspensiones, el cobro de los salarios adeudados y que se garantice la fuente de trabajo. Desde Izquierda Socialista apoyamos a las trabajadoras y los trabajadores autoconvocados de Garbarino para que triunfen en sus reclamos. Este viernes 14 estaremos presentes en la concentración que se realizará en la sucursal de Belgrano.
Corresponsal
Escribe Daniel Vera, docente, miembro de la Red de Sobrevivientes de Abusos Eclesiásticos de Argentina
El 30 de abril pasado fue un día histórico en la lucha por la separación de la Iglesia del Estado. En la conservadora y religiosa Catamarca se condenó a doce años de prisión efectiva al cura abusador Juan de Dios Gutiérrez, que había manipulado y abusado de una joven de 16 años.
Las desesperadas artimañas usadas para postergar y obstruir el juicio por parte de la defensa del cura dan una muestra acabada de los “recursos” de que dispone esta institución para defender y encubrir sistemáticamente los abusos de sus miembros. Recursos que salen de nuestros propios bolsillos. El gobierno nacional y los gobiernos provinciales le otorgan a la Iglesia subsidios, privilegios y exenciones de impuestos a los cuantiosos inmuebles que destinan al “mantenimiento del culto”.
En esta misma línea, el lunes comenzó en Mendoza el tercer juicio por abusos en el instituto Antonio Próvolo, un colegio católico que “albergaba” niñas y niños hipoacúsicos y con otras discapacidades. Ya fueron condenados por la misma causa dos curas, a más de cuarenta años de prisión, y el jardinero. Ahora hay nueve mujeres imputadas, entre ellas dos monjas. El albergue se transformó en un lugar de abusos. Los relatos de las niñas y los niños son terroríficos.
Estos privilegios que encubren la impunidad de la Iglesia fueron ratificados por la última dictadura militar. Mediante el “decreto ley” 21.540, firmado por Videla, el Estado debe pagar con fondos del presupuesto general “una asignación mensual vitalicia” a los miembros de la “alta jerarquía católica, apostólica y romana” que se jubilen “por razones de edad o de invalidez”. Vale aclarar que jamás hicieron un aporte. Y lo más grave en esta connivencia entre Estado e Iglesia es que ningún gobierno, desde la vuelta a la “democracia” en 1983 hasta ahora, propuso derogar este y muchísimos decretos leyes que vienen de esa época nefasta.
Hoy, las instituciones educativas católicas no solo reciben cuantiosos subsidios del Estado, que deberían estar destinados a la educación pública, sino que cuentan con una “excepcionalidad” donde el mismo Estado permite que se viole la ley al no incluir en los programas la educación sexual integral (ESI), o que se la modifique de tal modo que los contenidos desaparezcan. Contenidos que, objetivamente comprobado, colaboran para evitar el abuso de niñas y niños en las escuelas.
Por eso hoy, con la fuerza incontenible de la marea verde de las mujeres y continuando esa lucha que ellas comenzaron, es el momento oportuno para luchar contra una institución que “predica” el patriarcalismo y utiliza su poder en contra de los derechos de los más vulnerables. Debemos exigir la separación ya de la Iglesia del Estado y la quita de todos los beneficios económicos que se le otorgan a la Iglesia Católica. Que los cultos sean mantenidos por sus seguidores, no por el Estado.

Escribe Mercedes Trimarchi, diputada bonaerense (m.c.) por Izquierda Socialista/FIT Unidad
La conquista del derecho al aborto en la Argentina fortaleció la pelea en los países latinoamericanos que aún mantienen legislaciones restrictivas. Tal es el caso de Ecuador, donde se logró la despenalización cuando el embarazo es producto de una violación, y en República Dominicana, donde se lo hizo cuando la mujer corre peligro de vida. Ambos logros parciales ayudan al debate de la despenalización social y fortalecen la pelea por conquistar el derecho al aborto voluntario en todo el continente.
La Corte Constitucional de Ecuador despenalizó el aborto en todos los casos de violación y no solo cuando las víctimas son mujeres con discapacidad mental, como hasta ahora lo establecía el Código Penal ecuatoriano. Desde distintas agrupaciones feministas celebraron la noticia como una conquista social que alivia en parte la situación de vulnerabilidad de muchas niñas ecuatorianas en un contexto de crecientes abusos sexuales en el ámbito familiar. Ecuador es el segundo país sudamericano, después de Venezuela, con mayor tasa de embarazo adolescente. Las cifras: 77,3 de cada 1.000 partos corresponden a niñas y adolescentes, lo que se traduce en que cinco niñas de entre 10 y 14 años se convierten en madres diariamente.
En República Dominicana, las organizaciones feministas desde hace más de un mes se encuentran acampando frente al Palacio Nacional exigiendo que se incorporen las tres causales, peligro de vida, salud y violación en el Código Penal, para terminar con la prohibición total del aborto. Sin embargo, el Congreso, desoyéndolas y favoreciendo a los sectores antiderechos, votó a favor de una única causal, cuando peligra la vida de la mujer. Por eso, las organizaciones de mujeres dominicanas están convocando a una gran movilización unitaria el 23 de mayo por la despenalización del aborto. Sin dudas, la movilización y organización de las mujeres, de manera independiente de los gobiernos, es el único camino para lograr el aborto legal y todos nuestros derechos.
Escribe José “Pepe” Rusconi
Parece que fue ayer. La mañana del 12 de mayo de 1977 nos encontramos con Miguel en una de las diagonales de la ciudad de La Plata. Él era trabajador de Petroquímica Sudamericana, hoy Mafissa, y yo de Propulsora Siderúrgica, hoy Siderar. Ambos éramos militantes del Partido Socialista de los Trabajadores (PST).
En ese encuentro Miguel me dijo: “Anoche iba a la casa de los chicos y vi unos tipos raros en la entrada del pasillo, seguí hasta la esquina y volví, pero cuando pasé nuevamente vi que tenían armas largas y me fui”. Los chicos a quienes se refería Miguel eran Julio Matamoros, Mónica de Olazo y Alejandro Ford, que vivían en el barrio de las Mil Casas de Tolosa, en La Plata. Ellos también eran militantes del PST.
Julio, a quien le decíamos Bocha, tenía 21 años y era estudiante de derecho. Militó en la Juventud Socialista hasta que ingresó al Banco Crédito Provincial. Moniquita tenía 18 años y comenzó a militar cuando cursaba la secundaria. Alejandro, el Negro, tenía 20 años, estudió Bellas Artes y fue dirigente de la UES. Su caso fue muy resonante porque, siendo un cuadro importante, rompió con la JP para ingresar en la corriente trotskista morenista. Alejandro y Mónica eran pareja.
Por aquellos días Miguel y los chicos se reunían en un equipo que era la continuidad de otro que habían integrado conmigo y mi compañera, Pelusa. Es que, aun durante la dictadura iniciada en marzo de 1976, el PST seguía funcionando en la clandestinidad. Nos reuníamos cuidando la seguridad de todos y debatíamos la situación política, nos formábamos teóricamente y planificábamos actividades. Teníamos claro que aún hacía falta construir esa herramienta, el PST, que años antes, con el auge del peronismo y el guerrillerismo, se había ganado un lugar destacado dentro de la clase obrera y sus luchas. Pero no todo era política, también compartimos muchos momentos y se generaron grandes lazos de amistad.
Luego de que Miguel me describió lo que vio, fui hasta un teléfono público y llamé al trabajo de Julio y luego a su casa, no se había presentado a trabajar y su hermano, con la voz alterada, me dijo que no estaba y preguntó nerviosamente “quién habla”. No hacía falta más. Le dije a Miguel “los secuestraron” y dimos aviso al partido. Pasaron treinta y seis años sin saber qué había sido de ellos. En 2013 el Equipo Argentino de Antropología Forense los identificó, estaban enterrados como NN en el cementerio de Ezpeleta. Los habían fusilado frente a la comisaría de esa localidad, simulando un atentado, junto con otras dos víctimas.
Hoy, a cuarenta y cuatro años del día de su secuestro, los sigo recordando con sus sonrisas y esas tremendas ganas de cambiar esta realidad capitalista por un mundo más justo, un mundo socialista. Cuando veo a la nueva camada de jóvenes compañeros y compañeras entusiasmados en la tarea de construir el partido revolucionario me doy cuenta de que, a pesar de su muerte, no todo fue en vano. Veo en ellos los rostros de Julio, Moniquita y Alejandro. Esa es una de las razones por las que sigue valiendo la pena construir una organización revolucionaria como Izquierda Socialista.
¡Justicia por los compañeros del PST de Tolosa desaparecidos!
Julio, Mónica y Alejandro ¡hasta el socialismo siempre!
Escribe Adolfo Santos
En 1968, Francia conmovía al mundo. Aquel año, la irrupción revolucionaria de la juventud estudiantil, en estrecha unidad con la clase trabajadora, protagonizaron una colosal movilización conocida como el Mayo Francés. Fue un proceso insurreccional que no consiguió avanzar más por el nefasto papel de las direcciones reformistas.
Generalmente, tratan de minimizar los acontecimientos del Mayo Francés a una “cuestión generacional”, donde la juventud habría expresado su “natural y saludable rebeldía”. Para los socialistas revolucionarios el proceso de rebelión, detrás de las célebres consignas “prohibido prohibir” o “la imaginación al poder”, contenía un profundo cuestionamiento revolucionario al gobierno de Charles de Gaulle, a su régimen autoritario y al sistema capitalista que representaba.
El Mayo Francés no fue un hecho aislado ni mucho menos reducido a un mes determinado. Los años previos al ’68 fueron convulsionados en el mundo y de muchas luchas en Francia. En 1963 hubo una gran huelga de mineros, en 1964 fue el turno de los obreros de Renault, en 1967 pararon por un mes los trabajadores de Rhodia y en enero de 1968 se produjo un alzamiento en la ciudad de Caen en el que participaron obreros, estudiantes y agricultores que terminó con fuertes enfrentamientos. En ese escenario se gestó el Mayo Francés.
1968, la revolución se pone en marcha
En marzo, los estudiantes ocuparon la Universidad de Nanterre contra una serie de normas restrictivas y fueron desalojados por la policía. Uno de los líderes, Daniel Cohn Bendit*, dos meses después se convirtió en una de las principales figuras de los acontecimientos de mayo. En abril se volvió a ocupar Nanterre para exigir la libertad de estudiantes presos en manifestaciones contra la guerra de Vietnam. Las autoridades cerraron la universidad y procesaron a ocho cabecillas de ese movimiento.
El 3 de mayo se congregó una gran cantidad de estudiantes en la plaza de La Sorbona en solidaridad con los estudiantes presos y contra el cierre de Nanterre. Fueron duramente reprimidos por la policía. La Unión Nacional de Estudiantes y el Sindicato de Profesores llamaron a una huelga exigiendo la retirada de la policía, la libertad de los presos y la reapertura de La Sorbona, cerrada el día antes para evitar las concentraciones. El conflicto se extendió.
El 6 de mayo, después de que los “ocho de Nanterre” declararon ante el comité de disciplina de la universidad, se realizó una gigantesca manifestación en Champs Elysee. Estudiantes, en medio de un mar de banderas rojas, se enfrentaron con la policía. Los jóvenes se refugiaron en el Barrio Latino y se defendieron levantando barricadas con las rejillas de los desagües callejeros, maderas impregnadas en nafta y pilas de adoquines arrancados de las calles. La prensa burguesa atacaba el “vandalismo” de los manifestantes. Lo mismo hacía el Partido Comunista, que controlaba la CGT. A través de su diario, L’Humanité, trató a los manifestantes como “grupúsculos de provocadores”.
Pero nada detenía a los estudiantes. El 10, los enfrentamientos se extendieron por horas en el Barrio Latino, convertido en un campo de batalla. Más de 20.000 estudiantes de Nanterre, La Sorbona y de colegios secundarios, junto con jóvenes obreros, combatieron contra la policía de De Gaulle que, a pesar de su entrenamiento profesional, fue incapaz de doblegar la determinación de esos jóvenes. “La noche de las barricadas”, como se recuerda aquella jornada, terminó con cientos de heridos pero con un gobierno agonizante.
Entra en escena el movimiento obrero
La firmeza de la lucha generó un sentimiento de simpatía generalizado con los estudiantes, sobre todo entre los trabajadores. Presionada, después de un vergonzoso silencio cómplice, la CGT se vio obligada a convocar a una huelga general el 13 de mayo. La respuesta fue impresionante. Más de 10 millones de trabajadores se sumaron a la mayor huelga general de Francia y masivas manifestaciones se multiplicaron por todo el país. La unidad en la lucha de obreros y estudiantes colocó contra las cuerdas al gobierno de De Gaulle.
La Sorbona pasó a ser dirigida por un comité de ocupación. Los trabajadores de Sud Aviation (Concorde) y los de Renault ocuparon sus fábricas y la huelga se generalizó. Miles de estudiantes marcharon a los portones de las fábricas ocupadas para confraternizar con los obreros y juntos cantaron La Internacional. Pararon los controladores aéreos, los trabajadores del carbón, del transporte, del gas y la electricidad, periodistas de radio y televisión. Obreros y agricultores de Nantes controlaban la ciudad, ponían precio a las mercaderías y solo abrían los negocios autorizados por el comité de huelga. Lo que había comenzado como un conflicto en una universidad periférica se convirtió en una lucha nacional de masas evidenciando un profundo malestar y un sentimiento de cambios sociales.
La CGT y el PC francés traicionaron la insurrección
La situación generaba un vacío de poder e imponía una pregunta, ¿quién debía gobernar? La respuesta la dio la CGT, dirigida por el Partido Comunista. El 25 de mayo, viendo que todo se derrumbaba, el primer ministro Pompidou convocó a las centrales obreras y patronales y propuso una negociación. El 27, en medio de un caos generalizado, con las fábricas y universidades ocupadas, con la policía ausente y sin una autoridad capaz de imponer el orden, la CGT firmó el Acuerdo de Grenelle, donde se comprometía a levantar la huelga a cambio de algunas concesiones. No era eso lo que querían las masas insurrectas y los trabajadores rechazaron el acuerdo. Temeroso de caer en manos de la revolución, el 29 de mayo De Gaulle se subió a un helicóptero junto con su familia y se dirigió a la base militar francesa de Baden-Baden, en Alemania Federal.
La disputa por el poder estaba colocada. Sin embargo, la dirección del PC y la CGT, junto con los socialistas de Mitterrand, insistieron en aceptar el acuerdo y desmontar la huelga. Apoyados en esa actitud, las patronales exigieron la vuelta al trabajo esgrimiendo los beneficios concedidos en Grenelle. El 3 de junio Mitterrand declaró que el Estado no existía, pero propuso llamar a elecciones para resolver esa situación. Estas políticas generaron confusión y el gobierno aprovechó para aplastar los focos de resistencia. Los partidos y grupos trotskistas, maoístas y anarquistas, que estuvieron a la cabeza del movimiento, fueron ilegalizados y sus dirigentes, detenidos.
Reanimado por la ayuda de las direcciones reformistas, De Gaulle volvió al país, disolvió la Asamblea y llamó a elecciones. La falta de una dirección revolucionaria para proponer una política capaz de empalmar con los anhelos de las masas generó un reflujo momentáneo aprovechado por el gobierno, incluso para ganar esas elecciones. Sin embargo, en abril del año siguiente, después de una potente huelga general y de ser derrotado en un plebiscito donde pretendía reafirmar su autoridad, De Gaulle fue obligado a renunciar y a retirarse de la escena política. Era un coletazo del Mayo Francés que puso fin a más de dos décadas de gaullismo.
La movilización de 1968, si bien significó un gran triunfo y dejó abierta una nueva etapa en Francia, no logró el objetivo que las consignas expresaban, derrocar al gobierno e iniciar la construcción del socialismo. Sin embargo, mucho hemos aprendido de esos días. La principal enseñanza es que faltó un verdadero partido revolucionario de masas que fuera capaz de dirigir la lucha hasta el triunfo definitivo. Esa tarea continúa vigente. En cada nueva movilización tenemos que lograr que la organización revolucionaria crezca y se fortalezca al calor de la lucha.
*Daniel Cohn Bendit fue uno de los principales líderes del Mayo Francés. Anarquista en sus orígenes, terminó siendo eurodiputado del Partido Verde.