Feb 25, 2026 Last Updated 5:43 PM, Feb 24, 2026

Los campesinos productores de hoja de coca de Yungas de La Paz declararon bloqueos de caminos por tiempo indefinido desde el 25 de junio. Fueron fuertemente reprimidos por más de mil policías con perros. El presidente de su organización Adepcoca, Franklin Gutiérrez, está en la cárcel, sin ningún delito comprobado, desde hace diez meses. Los demás dirigentes tienen orden de captura y pasaron a la clandestinidad.

Así, 38.000 afiliados campesinos defienden el control social del comercio de hojas de coca destinadas al consumo popular (algo incluido en la ley) y exigen la libertad de sus dirigentes. Denuncian que el gobierno quiere destruir su organización para favorecer la coca ilegal del Chapare de Cochabamba, que va en un 95% a producir cocaína para el narcotráfico.

Escribe Simón Rodríguez Porras • Dirigente del Partido Socialismo y Libertad (PSL) de Venezuela y de la UIT-CI

Cercado por los fracasos en la política doméstica y las crisis internas de su gobierno, reflejadas en una altísima rotación de los altos funcionarios, con constantes contradicciones públicas entre Trump y su gabinete, el presidente yanqui ha venido empleando una política exterior de corte espectacular para ocultar sus debilidades. El caso más reciente ha sido el de sus amenazas bélicas contra Irán, llevadas al extremo con el envío de bombarderos cuya acción fue cancelada en el último momento el 20 de junio.

En 2018, adaptándose a la línea de Israel y de los sectores más agresivos de la derecha estadounidense, el gobierno de Trump rompió el acuerdo nuclear que Obama había firmado con Irán. En dicho pacto, firmado en 2015, Estados Unidos levantaba las sanciones económicas a cambio del compromiso del régimen teocrático de no superar cuotas acordadas de enriquecimiento de uranio para su programa nuclear. El restablecimiento de las sanciones por parte de Trump ha impactado sobre la economía iraní, que ya venía sufriendo el desgaste implicado por la ocupación militar de Siria al servicio de la dictadura fascista de Assad. En respuesta a las sanciones, Irán reinició el proceso de enriquecimiento de uranio y anunció que en julio superaría la cuota acordada en 2015.

La tensión aumentó con la realización de seis ataques a buques petroleros en las últimas seis semanas en el estrecho de Ormuz, uno de los puntos estratégicos de mayor interés para el imperialismo. Con apenas 33 kilómetros de ancho en su punto más estrecho, por allí transita alrededor de la quinta parte de las exportaciones mundiales de petróleo, unos 19 millones de barriles diarios procedentes de Arabia Saudita, Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos e Irán, así como gas licuado de Qatar, su principal exportador mundial. Irán niega ser responsable de los ataques.

En ese marco, el 19 de junio fue derribado por Irán un dron yanqui no tripulado de espionaje. Todo indicaría que el aparato volaba sobre aguas territoriales iraníes. Los voceros imperialistas aseguran que la acción ocurrió sobre aguas internacionales. Trump ordenó un bombardeo en retaliación y poco después, con los bombarderos ya volando, canceló el ataque. La retaliación se limitó a un ataque cibernético contra el gobierno iraní.

Trump mostró en muy poco tiempo todas sus caras: primero dijo creer que el derribo del dron no había sido deliberado, luego ordenó y canceló el ataque, posteriormente declaró que interrumpió el ataque porque le pareció desproporcionado al ser informado de que costaría 150 muertes. Más recientemente ha ofrecido por twitter prosperidad y amistad a Irán si desiste de su programa nuclear. Un evidente ofrecimiento de renegociar un acuerdo. Los gobiernos imperialistas de la Unión Europea han criticado abiertamente la unilateralidad de la política yanqui hacia Irán, llamando a la negociación.

El bluf de Trump ha evidenciado grandes diferencias con su asesor de seguridad, Bolton, y el secretario de Estado, Pompeo, que nuevamente son reflejadas en filtraciones a la prensa. Según fuentes de su gobierno, Trump dice no ser partidario de una guerra con Irán y se queja ante su círculo más cercano de que sus funcionarios quieren manipularlo para que caiga en una aventura bélica. El magnate, de convicciones racistas e imperialistas, se guía por el lema “America first” (Estados Unidos primero), argumentando que resulta muy costoso el rol de policía mundial. Entrando en un período preelectoral, una invasión no está entre sus planes. El recuerdo de Irak, el segundo Vietnam de Estados Unidos, sigue disuadiendo al imperialismo de emprender nuevas guerras de agresión. Pero no abandona sus permanentes amenazas hacia los pueblos.

El régimen iraní, por su parte, saca el máximo provecho del justo repudio que en su país y a nivel mundial generan las amenazas de Trump. Desde hace cuatro décadas esa teocracia capitalista, antiobrera y antipopular esgrime la supuesta inminencia de una agresión militar yanqui para justificar la inexistencia de libertades democráticas y la represión contra la resistencia a sus políticas de ajuste. Los revolucionarios repudiamos las amenazas militares y las sanciones económicas de Trump contra Irán, al mismo tiempo que nos solidarizamos con los trabajadores y el pueblo de Irán que padecen bajo las botas de la dictadura.

Se va delineando un patrón que evidencia la crisis de dominación política, económica y militar del imperialismo yanqui. Las amenazas de ataque nuclear a Norcorea fueron seguidas de conferencias amistosas entre Trump y Kim Jong Un. La opción de una agresión militar contra Venezuela se diluyó al fracasar el intento de golpe del 30 de abril en el que Trump y Guaidó contaban con la ruptura del alto mando militar chavista. Al igual que con Irán, en estos casos el gobierno de Trump ha usado el recurso de la amenaza militar para procurar resultados. Todo intento del imperialismo de obtener ventaja mediante el chantaje militar debe ser repudiado, no obstante está claro que hasta ahora Trump ladra pero no muerde.

Escribe Miguel Lamas

Miles de hondureños han expresado su repudio al presidente Juan Orlando Hernández (lo llaman por sus iniciales JOH) en masivas manifestaciones que mantienen paralizado al país centroamericano, de nueve millones de habitantes, desde hace dos meses.
El presidente Hernández gobierna desde 2013, forzó un cambio constitucional para hacerse reelegir y luego “ganó” las elecciones con un grosero fraude electoral con la bendición de Trump en 2017.

El motivo de las protestas son los recortes en los presupuestos de salud y educación pública. Los disturbios han dejado al menos tres muertos y más de veinte heridos, el más reciente este viernes, un chico de 17 años asesinado a balazos por los militares, un día después de que el mandatario, ante la huelga de la policía, desplegara al ejército para sofocar las manifestaciones, aunque continuaron. Se registraron bloqueos de carreteras en Tegucigalpa y otras ciudades del país. Las manifestaciones comenzaron en abril tras la aprobación de una “reestructuración” que fue denunciada por médicos y maestros, ya que abría las puertas a despidos masivos en el sector público y a la privatización de la salud y la educación. Al rechazo se unieron miles de estudiantes, convocados en redes sociales, que exigen el fin del mandato de Hernández bajo la etiqueta #FueraJOH. Los años de ajuste y saqueo han producido que miles de hondureños integren las caravanas de migrantes a Estados Unidos, escapando de la falta de empleos, la pobreza y la violencia que se vive en su nación. Por eso nos unimos al grito “¡fuera JOH!”.

 

Escribe Eduardo Ruarte

El domingo 23 de junio se llevaron a cabo elecciones municipales para alcalde de Estambul. El candidato de Erdogan, el ex primer ministro Binali Yildirim, obtuvo 45,1% de los votos contra 54% de la oposición socialdemócrata que encabeza Ekrem Imamoglu, sacando una diferencia de 10 puntos. En esta nueva elección el Partido Republicano Democrático (CHO) repite el triunfo que obtuvo en las elecciones pasadas del 31 de marzo, las cuales fueron impugnadas por Erdogan luego de haber perdido también en ciudades importantes como Izmir y Ankara, la capital turca.

Se confirma la derrota de Erdogan y su partido, AKP, en Estambul, dando fin a veinticinco años de gobierno municipal de su partido burgués islamista. Las elecciones se dan en un contexto de profundo descontento popular y repudio a las medidas del gobierno reaccionario de Erdogan, la crisis económica, el ataque a las libertades democráticas, como las restricciones a la sindicalización, y la prohibición de manifestaciones.

El Partido por la Democracia Obrera (IDP), sección turca de la UIT-CI, acompaña al pueblo trabajador y a la juventud de Estambul llamando a un voto crítico al opositor CHO para derrotar a Erdogan, sin depositar ninguna confianza ni apoyo político en esta oposición burguesa que pretende ser alternativa al gobierno reaccionario y antiobrero del AKP. En este sentido, sostiene que hace falta más que nunca luchar por las libertades democráticas y sindicales y unir a la izquierda y a los trabajadores en un frente de movilización y lucha contra el pago de la deuda externa y establecer un plan económico al servicio de la clase obrera y los sectores populares.

La brutal represión del lunes 3 de junio, con más de cien muertos y centenares de heridos graves por parte de los militares gobernantes contra un acampe popular y la huelga general que exigía un gobierno civil no logró hasta ahora aplastar la rebelión popular. Se inició una nueva huelga general y la dictadura llamó a negociar y prometió “investigar” lo sucedido el lunes 3 y elecciones en nueve meses.

Escribe Miguel Lamas

La huelga del 28 y 29 de mayo, convocada por la Asociación de Profesionales Sudaneses (SPA, por sus siglas en inglés) y varios sindicatos, tuvo una enorme fuerza. Se habla del 100% de participación de trabajadores de prensa, bancarios, choferes de micros, estibadores de los puertos del Mar Rojo, las fábricas, las telecomunicaciones, de la salud y hasta de los ministerios, aerolíneas y aeropuertos (que fueron cerrados). La huelga exigía la transferencia del poder a un gobierno civil que llame a elecciones libres. Junto con esta medida se fortaleció el acampe popular que llevaba varias semanas frente al cuartel central de las fuerzas armadas, en el centro de Jartum, la capital, con decenas de miles de personas.

Brutal represión

La acción fue previamente planificada con el objetivo de quebrar la rebelión popular. Las fuerzas especiales, de asesinos entrenados, actuaron sorpresivamente atacando a balazos y machetazos a los acampantes desarmados. Torturaron a muchos en las calles y violaron mujeres. Muchos de los asesinados fueron arrojados después al río Nilo, de donde se rescataron ya unos cuarenta cadáveres. El Comité Central de Profesionales Médicos, parte de la dirección de la huelga, informó que los asesinados superan los 110, además de centenares de heridos muy graves.

El proceso revolucionario estalló en diciembre

En diciembre de 2018 se inició una revuelta por los aumentos en el precio del pan y la electricidad que profundizaron la miseria del pueblo, pero que continuó reclamando el fin de la dictadura islámica de Omar al-Bashir, que llevaba treinta años en el poder y es responsable del genocidio de Darfur, al Este del país. La movilización masiva de trabajadores, jóvenes y mujeres (organizadas en un sindicato y otras organizaciones feministas) se mantuvo en la calle tres meses, hasta derribar el 11 de abril al dictador, que fue destituido y encarcelado por los militares. Otro general duró apenas 48 horas. Y finalmente se formó el Consejo Militar de Transición (CMT) encabezado por Abdel Fattah al Burhan y el general Muhammad Hamdan Dagolo, que se menciona como el verdadero hombre fuerte, que encabeza las Fuerzas de Intervención Rápida y fue el responsable directo del genocidio en Darfur.

Este consejo militar prometió elecciones en tres años e inició negociaciones con la Alianza de Fuerzas por la Libertad y el Cambio, que agrupa a sindicatos y partidos burgueses de oposición, que frenó las movilizaciones para la negociación, que luego se trabaron porque los militares pusieron la condición de seguir con el control mayoritario del poder durante la “transición”. Es decir “democracia” controlada por los militares. En cambio, la Alianza de Fuerzas por la Libertad y el Cambio pedía un consejo de transición compartido, pero con mayoría civil.

La rápida experiencia de la lucha desde diciembre muestra que los partidos burgueses tienden a buscar, en función de preservar el orden capitalista, un acuerdo con algún sector militar. Las demandas económicas populares ante la crisis y una real salida democrática hacen necesaria una alternativa de dirección de los trabajadores para continuar la movilización hasta derrocar a la dictadura y lograr una salida a favor de los trabajadores, la juventud y las mujeres del pueblo.

Nueva huelga general

Ante la brutal represión se produjo un cambio. Se rompieron las negociaciones y la Alianza de Fuerzas por la Libertad y el Cambio, con los sindicatos y la Asociación de Profesionales, está convocando a la “desobediencia civil” y a una huelga hasta la caída del régimen militar.

Desde la UIT-CI, sin depositar ninguna confianza política en la alianza opositora, llamamos a apoyar la convocatoria a la huelga general contra la junta militar en Sudán. Convocamos a la más amplia solidaridad internacional con la movilización y huelga general de los trabajadores y el pueblo de Sudán.

¡Viva la huelga general hasta la caída de la junta militar!


Un país muy pobre

 

Sudán es un país africano, de cultura y lengua mayoritariamente árabe, con 40 millones de habitantes. Es uno de los más pobres del mundo, con los peores índices de calidad de vida. Su deuda externa es de 163 % del PBI. Exporta oro y petróleo (a través de empresas en manos imperialistas) y algodón.

Tanto el antiguo dictador como el actual mantienen estrechas relaciones con Arabia Saudita, los Emiratos Árabes (países aliados a Estados Unidos) y con Egipto, con los que tiene estrechos lazos económicos y militares. Las Fuerzas de Intervención Rápida de Sudán actúan como mercenarios de bajo costo en la guerra de Yemen, a sueldo de Arabia Saudita, para dominar ese país en el que están perpetrando un verdadero genocidio y donde tienen licencia para robar y violar mujeres. La dictadura también tiene el apoyo de Rusia y China, que vetaron en el Consejo de seguridad de la ONU un proyecto de declaración condenando la masacre del lunes 3.

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