Presentación
Esta edición especial está dedicada a responder a las dudas de miles y miles de luchadoras y luchadores, que en Latinoamérica y el mundo, quieren saber que pasa en Cuba. ¿Cuáles son las causas de su crisis social y de su decadencia ¿Dónde quedaron las conquistas de la revolución socialista de los tiempos del Che, en los 60 del siglo XX?
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El artículo central, De la Sierra Maestra al pacto con las multinacionales, fue escrito para incluirlo en la segunda edición digital del libro CUBA 11J Perspectivas contrahegemónicas de las protestas sociales, coordinado por Alexander Hall Lujardo, quien es integrante de la izquierda crítica cubana y activista afrocubano por el socialismo democrático.
Las protestas masivas del 2021, en La Habana y en todo Cuba, marcaron un antes y un después en la Isla. El gobierno de Díaz-Canel, como siempre, adjudicó las protestas a “los contrarrevolucionarios de Miami” con el objetivo de “destruir la revolución”. La realidad es que se trataron de protestas genuinas por justos reclamos por la falta de comida, luz y agua. El bloqueo de EE.UU. afecta, pero no es la causa central de la crisis social cubana. La causa central es la restauración capitalista que ha llevado a una brutal caída del nivel de vida del pueblo cubano. El bloqueo se ha ido debilitando y limitándose a empresas norteamericanas. Desde hace más de 30 años la mayor parte de los países del mundo han ido estableciendo relaciones comerciales y diplomáticas con Cuba y alientan los negocios de sus empresas en la Isla. Empezando por Canadá, la Unión Europea, Reino Unido, Israel, India, Indonesia, Singapur, China, Brasil, Argentina, Chile, México, entre otros.
En Cuba ya no existe ningún socialismo. Se trata de un régimen represivo que, al estilo de China, gobierna para los nuevos ricos y sus alianzas con las multinacionales. En Cuba crece la bronca y el desencanto en el pueblo. Desde la UIT-CI somos solidarios con el pueblo cubano y sus luchas. En el camino de terminar con el régimen de partido único y lograr un verdadero socialismo con democracia para el pueblo trabajador, que retome las banderas del “Che” y de los primeros años de Cuba socialista.
Escribe Atakan Citfci – dirigente del Partido de la Democracia Obrera, sección de la UIT-CI en Turquía
5/12/2024. El 27 de noviembre, la Operación Disuasión de la Agresión, lanzada por una coalición militar liderada por HTS (Heyet Tahrir el Şam – Organización para la Liberación del Levante), creó una nueva situación que alteró los equilibrios existentes en Siria. Poco después del inicio de la operación, la coalición militar tomó el control de toda la provincia de Idlib, así como de gran parte de la provincia de Alepo, incluido su centro urbano. Hasta el 3 de diciembre, al contabilizar ciudades, pueblos, aldeas y bases militares, la coalición había tomado el control de más de 200 asentamientos previamente bajo dominio del régimen. Paralelamente, con la Operación Amanecer de la Libertad, liderada por fuerzas militares afiliadas al SMO (Ejército Nacional Sirio) bajo el patrocinio de Turquía, las YPG (Unidades de Protección Popular) se retiraron de la región de Tel Rifat. Además, se registraron enfrentamientos militares entre las YPG, que forman parte de las SDF (Fuerzas Democráticas Sirias), y las fuerzas del régimen en la región de Deir ez-Zor, donde las SDF continúan su avance militar.
Esta nueva situación en Siria ocurre en un contexto marcado por la Operación Tormenta de Al-Aqsa, lanzada hace aproximadamente 14 meses por una coalición militar liderada por Hamas, y el subsiguiente genocidio perpetrado por el estado sionista en Gaza, la profundización de la anexión en Cisjordania y el aumento de la agresión militar en la región, particularmente hacia Líbano e Irán. Paralelamente a la propaganda difundida por el régimen de Assad, Rusia, Irán y sus aliados, amplios sectores de la izquierda han interpretado estos acontecimientos como una nueva agresión orquestada en secreto por Israel y Estados Unidos.
Los acontecimientos de la última semana en Siria representan, sin duda, un punto de inflexión importante, y la velocidad vertiginosa de los acontecimientos ha generado un panorama difícil de interpretar para muchos activistas y militantes. Sin embargo, sectores de la izquierda que analizan el proceso desde una perspectiva del “campismo” del estalinismo o culturalista han recurrido una vez más a glorificar al régimen de Assad y al «eje de resistencia» idealizado en su imaginario.
En su famoso artículo sobre la revolución de 1905, Lenin tituló su análisis «Nuevas fuerzas y nuevas tareas». Desde el inicio de la revuelta popular en Siria el 15 de marzo de 2011, como parte de las revoluciones de África del Norte y Medio Oriente, ha pasado un tiempo considerable. En particular, los últimos años han estado marcados por un proceso en el que el mapa de Siria parecía estar «congelado». Los recientes acontecimientos no solo han terminado con este proceso «congelado», sino que también han creado una «nueva» situación mientras que las tareas siguen manteniendo su carácter «viejo». En este artículo, intentaremos resumir las líneas principales de una política revolucionaria e internacionalista desde una perspectiva que aborda la situación actual como el resultado de «13 años y medio + 1 semana», en lugar de como una «sorpresa de la última semana».
¿Dinámicas «externas» o «internas»?
El régimen, con la ayuda masiva de Irán, Hezbolá y Rusia, logró recuperar en cinco años las áreas que había perdido, incluida la ciudad de Alepo. Por tanto, el hecho de que la oposición militar haya duplicado su control territorial en solo seis días es, a primera vista, un desarrollo difícil de entender. Este resultado es, sin duda, el producto de una combinación de dinámicas externas e internas.
En primer lugar, la debilidad reciente de los principales aliados del régimen es el desarrollo más evidente. El gobierno de Putin está lidiando con las consecuencias de su fallida anexión de Ucrania. El régimen de los mulás en Irán, sacudido por el levantamiento revolucionario de 2022, enfrenta la agresión israelí en su propio territorio. Hezbolá, que combate la agresión israelí, ya no está en condiciones de ofrecer a Assad el apoyo paramilitar que proporcionaba anteriormente. Sin la asistencia militar y material de estos aliados, el régimen nunca habría podido salir victorioso de la guerra civil.
¿Es este ataque obra de Estados Unidos e Israel? Pronto abordaremos la relación del régimen con el imperialismo y el sionismo. Por ahora, basta con señalar lo siguiente: ni Estados Unidos ni Israel han apoyado jamás el derrocamiento del régimen de Assad ni la instauración de un régimen democrático en su lugar. En cambio, siempre han preferido la existencia de un régimen de Assad debilitado como garantía para su propia seguridad. El proceso vivido desde 2011 está lleno de innumerables datos que respaldan esta afirmación.
¿Está Turquía detrás de estas operaciones? Hasta hace poco, Erdoğan había reiterado en numerosas ocasiones su interés por reunirse con Assad. ¿Ha dado un giro estratégico y permitido estas operaciones militares? A pesar de las declaraciones del gobierno en sentido contrario, considerando que las unidades que componen el SMO (Ejército Nacional Sirio) están bajo el patrocinio de Turquía y los vínculos implícitos del gobierno con HTŞ (Heyet Tahrir el Şam), sin duda, esta posibilidad es plausible. Mientras los trolls del régimen promueven esta imagen en las redes sociales, el principal beneficiado de este cambio parece ser el gobierno de Erdoğan. Sin embargo, la experiencia de los últimos años ha demostrado claramente que no existe una cadena de mando directa entre el gobierno turco y estas fuerzas. Por otro lado, que el debilitado régimen autocratica dentro y fuera de Turquía lidere una aventura tan arriesgada podría interpretarse como una sobreestimación de su capacidad real.
El principal actor que no se menciona en todas estas evaluaciones es, precisamente, el propio pueblo sirio. A pesar de haber sufrido una devastación extrema durante los últimos 13 años, y aunque muchos quieran olvidarlo, ¡el pueblo sirio sigue existiendo! Esta realidad sigue siendo el único factor que puede explicar los recientes acontecimientos: el rechazo mayoritario del pueblo sirio hacia el régimen de Assad y el nivel extremo de descomposición al que ha llegado el régimen. La dinámica fundamental detrás de las extraordinarias pérdidas del régimen está definida precisamente por la fórmula «13 años y medio + 1 semana».
La operación militar contra el régimen está liderada por una coalición política reaccionaria que abarca desde islamistas radicales hasta nacionalistas. Este liderazgo es una manifestación de la degeneración de la revolución por parte de un frente internacional contrarrevolucionario. Sin embargo, ninguna organización militar o política actúa en el vacío; siempre se forma dentro de la sociedad en la que opera. Los recientes acontecimientos que han trastocado el mapa de Siria solo pueden entenderse desde este enfoque: por un lado, el colapso de un régimen descompuesto que ha perdido su base social y que solo ha podido mantenerse con el apoyo militar de fuerzas externas; por otro, el avance militar de una coalición política que, con todas sus características reaccionarias, refleja de manera distorsionada la legítima demanda del pueblo por el derrocamiento de la dictadura. Este énfasis en las «dinámicas internas» vuelve a poner sobre la mesa el régimen de Assad y sus características fundamentales como parte esencial de esta dinámica.
¿Es el régimen de Assad antiimperialista y antisionista?
En los comunicados y declaraciones de amplios sectores de la izquierda sobre los recientes acontecimientos en Siria, se ha recurrido repetidamente a calificativos como «pandillas», «yihadistas» o «terroristas», sin abordar directamente la naturaleza del régimen de Assad. En algunos casos, incluso se ha afirmado que el régimen de Assad constituye el «gobierno legítimo» de Siria. Sin embargo, la «legitimidad» de Bashar al-Assad como presidente de Siria proviene únicamente del hecho de ser hijo de Hafez al-Assad, quien llegó al poder mediante un golpe militar en 1970.
La revolución de 2011, que popularizó el eslogan «¡El pueblo quiere la caída del régimen!», sacudió los cimientos de esa supuesta legitimidad. El régimen sobrevivió a la revuelta convirtiéndola en una sangrienta guerra civil, con consecuencias devastadoras: más de 500.000 muertos, más de 10 millones de desplazados internos y más de 5 millones de refugiados en el extranjero.
A lo largo de más de seis décadas en el poder, el partido Baaz y la dinastía Assad han mantenido relaciones ambiguas con el imperialismo y el estado sionista. Para ilustrarlo, basta con señalar algunos hechos recientes. A pesar de la presencia de tropas estadounidenses en su territorio y de los continuos ataques aéreos de Israel, el régimen sirio no ha tomado ninguna acción militar contra estos actores. En cambio, ha centrado sus esfuerzos en operaciones constantes contra Idlib, donde, en los últimos años, han muerto entre 30 y 200 civiles cada mes.
¿Es el régimen de Assad secular y amigo del pueblo kurdo?
El régimen baazista ha utilizado históricamente las divisiones sectarias para facilitar la opresión de las clases trabajadoras y ha sido un enemigo acérrimo del pueblo kurdo. Hasta el inicio de la revolución en 2011, unos 400.000 kurdos en el norte de Siria no tenían documentos de identidad, ya que el régimen de Assad les había negado la ciudadanía. La relación pragmática que estableció con el PYD (Partido de la Unión Democrática) fue una concesión temporal para mantenerse en el poder. Incluso en sus momentos más débiles, el régimen de Assad se negó sistemáticamente a reconocer formalmente el estatus del pueblo kurdo.
Aunque el régimen de Assad se presenta como una estructura secular frente al islamismo radical, utilizó las divisiones sectarias como herramienta de control. Durante la revolución, mientras llenaba las cárceles con activistas que exigían libertad, liberó a futuros líderes de organizaciones islamistas radicales como Al-Nusra y el Estado Islámico. Además, evitó enfrentarse directamente al Estado Islámico y cooperó con este en la eliminación de la oposición democrática y laica.
Los clichés y simplificaciones engañan: La realidad es contradictoria y revolucionaria
Volviendo al punto inicial: los recientes acontecimientos en Siria solo pueden entenderse mediante la fórmula «13 años y medio + 1 semana». La «nueva» situación en Siria resalta nuevamente la «vieja» tarea: hacer realidad la demanda de libertad del pueblo sirio mediante el derrocamiento del régimen de Assad y la expulsión de sus partidarios del país. Sin embargo, esta legítima aspiración no puede ser realizada por HTŞ ni por otras fuerzas reaccionarias. Por tanto, sigue siendo crucial asegurar la mayor unidad posible entre las fuerzas opositoras y el pueblo kurdo, así como reconstruir las organizaciones populares en las áreas liberadas del régimen, tal como sucedió con las antiguas comités de coordinación locales. Este esfuerzo es vital para avanzar hacia una verdadera emancipación del pueblo sirio.
Escribe Ezequiel Peressini, dirigente de Izquierda Socialista, sección de la UIT-CI en Argentina
5/12/2024. El pasado martes 3 de diciembre, el gobierno ultraderechista de Yoon Suk Yeol, declaró la Ley marcial bajo el supuesto de proteger al país de las “fuerzas comunistas y los aliados de Corea del Norte” y que “la Asamblea Nacional se ha convertido en un monstruo”. En realidad, el gobierno buscó controlar a la oposición socialdemócrata y liberal y al conjunto del parlamento, que bloqueaba las leyes y designaciones del gobiernos, impugnaba designaciones de funcionarios y exigía se investigara la esposa del presidente por presunta corrupción. Todo esto se desarrolló en medio de reclamos sindicales y populares, como una huelga de médicos que ya lleva más de un año reclamando contra la injusta reforma en el sistema de salud. También se destacó en julio de 2024 la gran huelga de los trabajadores de Samsung y sus llamativas movilizaciones por aumento de salario y el derecho a la sindicalización. Con la ley marcial, el gobierno buscó prohibir todas las actividades políticas, las reuniones civiles y las “noticias falsas”, en lo que denominó un intento de salvar al país de las “fuerzas pro norcoreanas” y “anti estatales”.
Pero, su intentona golpista terminó en una derrota para el gobierno y fue un disparo en sus pies. Apenas 6 horas después de declarada la Ley Marcial, la Asamblea Nacional reunida en un parlamento rodeado por militares, votó levantar la medida. Ahora, en medio de huelgas y movilizaciones, el herido gobierno de Yoon Suk Yeol, pende de un hilo y pierde el sostén de su propio partido, sus ex aliados y hasta el imperialismo norteamericano desconoce la medida golpista impulsada por el presidente.
Yoon Suk Yeol. Catapultado y hundido por la crisis política
Yoon Suk Yeol, del Partido del Poder Popular (PPP), está en el poder desde las últimas elecciones presidenciales realizadas en el 2022, las que ganó por el estrecho margen de 247 mil votos (el 0,73%) en una elección donde participaron 34 millones de votantes, siendo las elecciones más reñida de la historia. En las últimas elecciones legislativas desarrolladas en abril de 2024, luego de las negociaciones parlamentarias y el retroceso del PPP, la oposición patronal de centro izquierda y liberal logró controlar la mayoría de la Asamblea Nacional, llevando la polarización política al extremo.
Yoon Suk Yeol es un reivindicador sistemático de las dictaduras militares como un motor para el desarrollo económico, es un excéntrico mesiánico, anti feminista, conservador y al igual que otros ultraderechistas como Javier Milei en Argentina, y se postula como campeón de la lucha contra el supuesto “comunismo” y cuestiona los derechos de la mujer y el derecho al aborto. En su campaña electoral prometió abolir el Ministerio de Igualdad de Género de Corea del Sur.
La figura de Yoon Suk Yeol surgió al calor de la crisis política y la inestabilidad. Desde 1999 fue parte de la Fiscalía Nacional y en 2019 fue designado por el entonces gobernante Partido Democrático (socialdemócrata) como Fiscal General. Desde su ubicación impulsó las investigaciones contra la ex presidenta, Park Geun-hye, quien fue destituida por acusaciones de corrupción en 2016 luego de fuertes manifestaciones. La ex presidenta fue encarcelada y luego indultada por el gobierno de Moon Jae-in, del actual partido opositor Partido Democrático de Corea del Sur, quien perdió las elecciones en el año 2022 con el actual gobierno conservador por no mejorar las condiciones de vida de millones de trabajadores.
La Ley Marcial: ¿el principio del fin de Yoon Suk Yeol?
La Ley Marcial fue declarada en la televisión el martes 3 de diciembre por la noche y declaró a la oposición como “fuerzas anti estatales pro norcoreanas sinvergüenzas que están saqueando la libertad y la felicidad de nuestros ciudadanos”.
La Ley Marcial del gobierno fue tomada como una declaración de guerra por el conjunto de las organizaciones políticas y sindicales. La mayoría de la clase trabajadora y los sectores populares rechazaron la medida. Las fuerzas armadas, escasamente movilizadas y muy divididas, no lograron impedir el funcionamiento del parlamento ni las incipientes concentraciones en repudio al gobierno.
El experimento golpista del gobierno fracasó por carecer de base social dentro de su partido, de la oposición política, ni entre los militares. Los parlamentarios lograron ingresar a la Asamblea Nacional saltando paredes y cercos y ayudados por la movilización que en las puertas del parlamento desafiaba a las fuerzas armadas. 190 diputados lograron ingresar y aprobaron la inmediata nulidad de la Ley Marcial por considerarla inconstitucional, ya que Corea del Sur no está en Guerra, ni en situaciones similares a las guerras.
La desesperación del presidente, quien en un brusco giro represivo y autoritario buscó compensar su debilidad política con la movilización de las fuerzas armadas, fracasó. Su intentona se le volvió en contra y a seis horas de haber anunciado la declaración de la Ley Marcial, la tuvo que levantar.
El fracaso político del presidente Yoon Suk Yeol abrió la puerta a una profundización de la crisis política y su gobierno pende de un hilo mientras transcurre un verdadero éxodo masivo en el que decenas de funcionarios abandonan su gobierno y su partido. Según el diario local Korea Herald, todos los colaboradores de Yoon, incluido el jefe de gabinete Chung, el director de política nacional Sung Tae-yoon y el asesor de seguridad nacional Shin Won-sik, así como 11 secretarios de alto rango, ofrecieron renunciar a sus puestos. Sin embargo, el partido gobernante se negaría a aprobar la destitución de Yoon e insiste en que el presidente debe abandonar su partido. En una declaración separada, el Secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, se alejó del presidente golpista desconociendo la medida tomada por el gobierno y resaltó que: «Reafirmamos nuestro apoyo al pueblo de Corea y a la alianza entre Estados Unidos y la República de Corea basada en los principios compartidos de democracia y estado de derecho» .
El ridículo de la medida tomada quedó de manifiesto en las palabras de renuncia del ex Ministro de Defensa, quien pidió disculpas por la medida tomada y se hizo responsable de la situación y de “haber asesorado mal” al presidente.
La crisis política y la debilidad del presidente han llevado a que la Asamblea Nacional presentara seis proyectos para destituir a Yoon Suk Yeol. Estos proyectos serán discutidos en los próximos días, en medio de huelgas y movilizaciones y será resuelta por el tribunal constitucional una vez que se resuelva la designación de sus miembros faltantes y se espera que el Primer Ministro sea quien asuma el poder.
A pesar de la mayoría opositora en el parlamento, existen fervientes negociaciones para conquistar los 200 votos a favor sobre los 300 diputados. En este escenario, el Partido Democrático y sus aliados, se preparan para ser el recambio y capitalizar la crisis de gobierno.
La clase trabajadora entra en escena para derribar al gobierno
En medio de esta crisis brutal, la clase obrera y los trabajadores entran en escena. La Confederación Coreana de Sindicatos, la mayor organización sindical de Corea del Sur, declaró el miércoles 4 una huelga general indefinida, exigiendo la dimisión inmediata del presidente y se convocó a una «protesta masiva» en la plaza Gwanghwamun, en el centro de la capital, Seúl. En un comunicado, la Confederación que agrupa a más de un millón de trabajadores, afirmó que: «El presidente ha revelado su dictadura antidemocrática al recurrir a esta medida inconstitucional y extrema. Esto marca el fin de su régimen. Nosotros, junto con el pueblo de esta nación, no nos quedaremos de brazos cruzados«.
La crisis política que se vive en Corea del Sur demuestra que los gobiernos de ultraderecha no resuelven los grandes problemas sociales que sufren los trabajadores y los sectores populares, sino más bien, los empeoran. Los bajos salarios, la precarización y la grave crisis habitacional que golpea particularmente a la juventud, se vio reflejada drásticamente en la galardonada y taquillera película Parásitos o la popular serie Juegos del Calamar, siendo la ficción un inevitable reflejo de la cruda realidad coreana. Según Sarah A. Son, profesora de estudios coreanos en la Universidad de Sheffield, cuando esta serie fue estrenada en 2021, la deuda de los hogares en Corea del Sur, con 51,7 millones de habitantes, superaba el 100% de su PIB, el más alto de Asia. El 20% de los que más ganan en el país tiene un patrimonio neto 166 veces mayor que el del 20% con menores ingresos, una disparidad que se ha incrementado en un 50% desde 2017.
En este escenario la clase trabajadora, los sectores populares y la juventud se organiza en busca una salida a la crisis económica y social que impone el capitalismo y los gobiernos. La pelea por salarios y pensiones dignos, una vivienda digna y condiciones de trabajo seguras y estables, junto a la defensa de los derechos democráticos, son el motor de las luchas en curso. Derrotar al gobierno y conquistar la caída de Yoon Suk Yeol es tarea fundamental del conjunto de la clase trabajadora. En esta tarea merecen toda la solidaridad internacional con su lucha, en una nueva lección de cómo enfrentar a los nuevos gobiernos de ultraderecha que ajustan al pueblo trabajador y atacan las libertades democráticas.
Escribe Kaan Gündeş, dirigente del Partido de la Democracia Obrera (IDP) de Turquía, sección de la UIT-CI
4/12/2024. La opinión pública y los medios de comunicación pequeñoburgueses del mundo están conmocionados. Están buscando el supuesto «secreto» de cómo Donald Trump y su programa reaccionario ganaron las elecciones estadounidenses, con los clichés de los liberales como excusa. Ahora es el momento de escribir artículos sobre el auge del «populismo», la inclinación «natural» de los «blancos pobres» a la política de derechas, el «carisma» de Trump, las «tácticas electorales» equivocadas de Kamala Harris, cómo Rusia «interfirió» en las elecciones.
Pero estos clichés no pueden explicar la derrota de los demócratas. Casi todas las empresas de sondeos se equivocaron por un margen de error grande, y Trump ganó por más de un 3%. Trump ganó a la mayoría de los hombres jóvenes. Entre los votantes primerizos, Trump ganó por un 9% a Harris (en 2020, Trump perdió frente a Biden por un 30% en el mismo grupo sociológico). Trump ganó a la mayoría de los hispanos en Pensilvania, a los jóvenes en Michigan y a los hombres hispanos en Carolina del Norte. Dobló su voto negro en Wisconsin. En el bastión demócrata de Nueva York, el margen se redujo del 25% en 2020 a alrededor del 15% en estas elecciones (el margen más bajo entre demócratas y republicanos en esa ciudad desde 1988).
Los republicanos ganaron estados críticos como Virginia Occidental, Montana, Ohio, Pensilvania y Nevada, obteniendo el control absoluto del Senado. La Cámara de Representantes también está en manos republicanas, aunque por escaso margen.
Parece que las políticas de agresión imperialista, asalto a los derechos laborales, destrucción ecológica, complicidad en el genocidio e identitario liberal hipócrita del Partido Demócrata han preparado todas las condiciones para el triunfo del reaccionarismo que Trump representa. Trump no es el único responsable de su victoria: Esta victoria es también una expresión de cómo el reformismo liberal crea una ruina social propicia para el crecimiento del fascismo.
La «democracia burguesa» más antidemocrática del mundo
Wyoming, con una población de 580.000 habitantes, y California, con una población de 39,5 millones, tienen la misma representación en el Senado de EE. UU. En resumen, un voto de Wyoming equivale a 68 votos de California. Esta aritmética apunta simplemente a la siguiente realidad política: En la «democracia burguesa» estadounidense, ni siquiera se aplica el principio de «una persona, un voto».
El sistema electoral estadounidense mantiene la representación de las ciudades y los centros industriales en niveles extremadamente bajos, mientras que la representación de las zonas rurales se muestra varias veces mayor de lo que es en realidad. La razón principal de este método antidemocrático es garantizar que las orientaciones políticas de los trabajadores urbanos y de la clase obrera industrial se reflejen lo menos posible en las urnas.
Según el Cook Political Report, con sede en Washington, solo 43 de los 435 escaños de la Cámara de Representantes en estas elecciones pudieron cambiar entre partidos mediante elecciones porque el sistema electoral no permitía que los demás escaños cambiaran de manos. En las elecciones de 2016, el Partido Demócrata obtuvo 12 escaños en el Congreso con 51 millones de votos, mientras que el Partido Republicano obtuvo 22 escaños con 41 millones de votos.
La aristocracia financiera estadounidense ha establecido un régimen dictatorial sobre el sistema político, similar al que estableció sobre los recursos económicos y las relaciones de producción. En estas elecciones, 150 multimillonarios hicieron una «donación» total de 2.000 millones de dólares para las elecciones. Del mismo modo, se observa que el importe de las actividades de lobby de diversos grupos de capital se acerca a los 1.000 millones de dólares. Esto representa la mayor cantidad gastada por las clases capitalistas para las elecciones en la historia de EE. UU hasta la fecha.
La venganza triunfante de Palestina
Con los demócratas liderados por Kamala Harris perdiendo las elecciones y la desintegración de la coalición liberal-socialdemócrata en Alemania, ahora es posible decir lo siguiente: Desde la Inundación de Al-Aqsa el 7 de octubre de 2023, ningún gobierno o partido burgués que haya sido socio directo del Genocidio de Gaza en términos militares y económicos ha sido capaz de superar con éxito las elecciones y las pruebas a las que se ha presentado. Erdoğan en Turquía, el Partido Conservador en Inglaterra, Macron en Francia y los demócratas en EE.UU. han sido derrotados en las elecciones a las que se han presentado. El gobierno del sionista Scholz, socio del genocidio de Gaza en Alemania, se ha hundido. En todas estas elecciones, la cuestión de la lucha de Palestina por la libertad y ser socio del Genocidio de Gaza fue uno de los debates actuales entre los partidos.
En el distrito de South Dearborn de Michigan, que cuenta con una densa población árabe-musulmana, Biden obtuvo una aplastante victoria por un margen del 88% sobre su oponente en las elecciones de 2020. Harris perdió este distrito frente a Trump en estas elecciones. Una de las respuestas más contundentes a la defensa de Harris de continuar con los envíos de armas a Israel fue esta impactante derrota del Partido Demócrata.
La clase trabajadora ha abandonado al Partido Demócrata
En las elecciones presidenciales de 2020, en las que competían Biden y Trump, el 54% de los que ganaban menos de 30.000 dólares al año votaron a Biden y el 46% a Trump. De los que ganan entre 30.000 y 50.000 dólares al año, el 56% votó a Biden y el 43% a Trump, y de los que ganan entre 50.000 y 100.000 dólares al año, el 57% votó a Biden y el 42% a Trump. Debido a la influencia de las burocracias sindicales controladas por el aparato del Partido Demócrata, la clase trabajadora tenía falsas expectativas democráticas y económicas a favor de Biden durante las elecciones de 2020.
En las elecciones presidenciales de 2024, en las que compitieron Harris y Trump, este panorama se invirtió. Entre los que ganan entre 30.000 y 50.000 dólares al año, el 53% votó a Trump y el 45% a Harris, mientras que entre los que ganan entre 50.000 y 100.000 dólares al año, el 51% votó a Trump y el 46% a Harris. El voto al Partido Demócrata cayó un 4% entre los que ganan menos de 30.000 dólares al año. Entre los que ganan más de 100.000 dólares al año, el voto del Partido Demócrata aumentó un 10%.
El brutal asalto económico de Biden a la clase trabajadora ha provocado un desplome de los índices de voto al Partido Demócrata en los barrios obreros y los centros industriales. Fall River, Massachusetts, es un distrito que los demócratas han ganado desde 1924 y en estas elecciones Trump ganó este distrito de clase trabajadora por un 3%. En otro centro industrial, el condado de Hidalgo, Texas, Biden ganó por un 17% en 2020.Pero en 2024, Trump venció a su oponente por 16% en ese distrito. Trump ganó por un 2% en el condado de San Joaquín, California, y por un 11% en el condado de Mahoning, Ohio (ambos distritos son de clase trabajadora).
Durante las elecciones de 2020, las encuestas mostraron que el 16% del país estaba experimentando «dificultades económicas severas» y el 39% estaba experimentando «dificultades económicas moderadas.» Biden recibió votos del 69% y el 59% de esos grupos, respectivamente. Sin embargo, en las elecciones de 2024, los que dijeron estar experimentando «dificultades económicas severas» subieron al 22% y los que dijeron estar experimentando «dificultades económicas moderadas» subieron al 53%. Trump recibió los votos del 74% y el 51% de esos grupos, respectivamente.
Razones de la derrota del Partido Demócrata: Prohibición de huelgas, genocidio, tutela de Wall Street
El Partido Demócrata creó las condiciones sociales detrás de su vergonzosa derrota.
En diciembre de 2022, la Casa Blanca dirigida por Biden prohibió una huelga ferroviaria en la que participaban 115.000 trabajadores. Biden organizó la imposición de un convenio colectivo a los trabajadores que los sindicatos rechazaron porque no incluía días de vacaciones pagadas. Bajo la administración Biden, la participación de los trabajadores en la renta nacional ha caído a su nivel más bajo en la historia de Estados Unidos. En 2021, los salarios debían aumentar al menos un 4,7% a nivel nacional debido a la elevada inflación, pero cayeron un 2,4%. Ese mismo año, los beneficios de las empresas del S&P 500 aumentaron un 17,6% y los salarios de los CEO, un 18,2%. General Motors vendió menos vehículos en 2021 y 2022 que, en 2019, pero sus beneficios aumentaron un 50% en ambos años. Biden, que anunció durante su campaña de 2022 que lucharía por volver a legalizar el aborto, que Trump prohibió, se ha negado a arrendar tierras federales a proveedores de abortos y a derogar la ley antiabortista Comstock. En junio de 2023, Biden hizo la siguiente declaración: “Soy un católico devoto. No me gusta mucho el aborto”. Bajo el gobierno de Biden, el precio de los alimentos más básicos ha seguido subiendo debido a la inflación. Las papas se han encarecido un 65%, la carne un 50%, los alimentos infantiles un 45%, el agua un 41%, el pollo un 40%, el pan un 40% y los pañales un 38%.
El racismo institucionalizado ha seguido intensificándose bajo el mandato de Biden. Hoy, la renta media anual de una familia blanca es de 188.000 dólares, mientras que la renta media anual de una familia negra es de 24.000 dólares. Esta brecha en la distribución de los ingresos entre blancos y negros es un crudo reflejo de la naturaleza racista del capitalismo estadounidense, que se construyó sobre la mano de obra esclava negra.
Si bien era difícil ser propietario de una vivienda en las condiciones normales del capitalismo estadounidense, se ha vuelto casi imposible bajo la administración Biden. El tipo de interés fijo a 30 años ha alcanzado el 8%, el tipo más alto desde 2000.
Las políticas medioambientales de Biden han provocado un aumento de la destrucción ecológica en todo Estados Unidos. Según un estudio publicado por Lancet, solo en 2021 se perdieron 2.500 millones de horas de trabajo debido a un clima inusualmente caluroso. La sequía que ha abrasado el suroeste de Estados Unidos sigue agravándose. Tormentas, inundaciones e incendios forestales han causado la muerte de cientos de pobres y trabajadores urbanos, mientras que cientos de miles de trabajadores han perdido sus hogares y ahorros. El desastre del tren en Palestina Oriental en febrero de 2023 fue la máxima expresión de las políticas de destrucción ecológica de la administración Biden. Las políticas de Biden de apoyo a los patrones de la minería, la construcción, la energía, la bioquímica y la agricultura han sido eficaces para aumentar los fenómenos meteorológicos extremos y profundizar su poder destructivo.
¿Ganó Trump? ¿Está el fascismo en el poder en Estados Unidos?
Vemos que Trump, que recibió 74,2 millones de votos en las elecciones de 2020, recibió 77,1 millones de votos en estas elecciones, es decir, en realidad no aumentó sus votos a nivel cualitativo. Sin embargo, parece que la clase obrera, las clases trabajadoras, los negros, las mujeres, los jóvenes y los pobres urbanos han castigado duramente la política de saqueo liberal del Partido Demócrata en casa y su línea de «genocidio democrático» en el extranjero. Después de todo, el Partido Demócrata, que recibió 81,3 millones de votos en las elecciones de 2020, perdió más de 6,5 millones de votos y recibió 74,8 millones de votos en estas elecciones. La política hipócrita y colaboracionista del Partido Demócrata hacia el trumpismo aumentó el porcentaje de votos de Trump del 46,8% en 2020 al 49,9% en estas elecciones. En definitiva, Trump no ganó, pero el reformismo liberal representado en el Partido Demócrata sufrió una dura derrota.
Las encuestas realizadas a los electores tras el proceso de votación muestran que los votos otorgados a Trump no lo fueron por su programa antidemocrático, su misoginia y sus políticas económicas nacionalistas destinadas a profundizar la explotación laboral. Según estos sondeos, el 84% de los votantes apoya la ampliación de la seguridad social sanitaria, el 82% la imposición de un impuesto sobre el patrimonio a los ricos, el 75% frenar la subida del precio de los alquileres, el 70% construir viviendas sociales para los pobres, el 61% aumentar el salario mínimo a 17 dólares la hora, el 64% condonar toda la deuda médica, el 59% eliminar las tasas universitarias y el 57% eliminar las barreras legales a la afiliación sindical.
Estas demandas, que cuentan con el apoyo masivo de las clases trabajadoras, anuncian el surgimiento de importantes luchas sociales y políticas bajo el régimen de Trump. La única manera de derrotar al gobierno anti obrero, anti derechos de las mujeres, reaccionario y capitalista de Trump es a través de la lucha de las clases trabajadoras que se movilizarán en torno a estas demandas en masa, no el Partido Demócrata. El primer mandato de Trump en el poder fue sacudido por movilizaciones masivas de mujeres, huelgas combativas y el levantamiento por el asesinato de George Floyd. A menos que estas luchas sociales sean aplastadas, Trump no tendrá ninguna posibilidad de establecer un régimen fascista en EE.UU. Por lo tanto, es políticamente incorrecto decir que el fascismo ha llegado a los EE.UU. con la victoria electoral de Trump, porque los que dicen esto también están diciendo que el movimiento obrero, el movimiento de las mujeres y el movimiento antirracista han sido derrotados. Sin embargo, estos movimientos no han sido derrotados; por el contrario, se están fortaleciendo, como se puede ver en la continua organización de huelgas masivas por parte del movimiento de clase. Sin embargo, todos estos hechos no pueden ser una excusa para subestimar la amenaza que representa Trump.
Por la construcción de un movimiento obrero de masas socialista contra el gobierno de Trump
Trump actúa como representante de una poderosa oligarquía imperialista y de la élite política estadounidense. Durante la carrera electoral, Trump recibió grandes «donaciones» de las familias capitalistas más ricas. Mellón, Uihlein, Adelson, Griffin y Yass son solo algunas de estas familias oligarcas. El multimillonario tecnológico Elon Musk participó directamente en la campaña de Trump. Otro oligarca, Jeff Bezos, negociaba con Trump la continuidad de los subsidios estatales que recibiría su empresa en 2025, mientras declaraba su «neutralidad» a través del periódico Washington Post, de su propiedad. Peter Thiel y Larry Ellison también se han unido al grupo de ultrarricos alineados detrás de Trump.
En el próximo período, la superestructura política estadounidense corre el riesgo de sufrir una reacción política. Estos oligarcas abogan por la reorganización de la sociedad y la política estadounidenses sobre una base reaccionaria, paralela a sus privilegios económicos. El principal objetivo del gobierno de Trump será profundizar los intereses económicos de los banqueros, la aristocracia de Wall Street, los oligarcas de la energía y la tecnología, y realizar cambios arquitectónicos despóticos en la superestructura política estadounidense de acuerdo con estos intereses económicos. Para lograr este objetivo, Trump tiene que librar una guerra mortal contra la clase obrera.
Trump ya había declarado esto durante su campaña electoral. En sus polémicas con sus hermanos burgueses del Partido Demócrata, dijo a menudo las siguientes palabras: “En lugar de la amenaza de Rusia y China, me gustaría llamar la atención sobre lo siguiente. El verdadero enemigo está dentro: los lunáticos de izquierdas». Trump ha señalado repetidamente que la verdadera amenaza para el imperialismo estadounidense no está fuera, sino dentro. Por enemigo interior, Trump se refiere sin duda al movimiento obrero estadounidense, especialmente al movimiento obrero político. Debemos recordar que, así como las clases imperialistas estadounidenses son el bastón de mando de la contrarrevolución mundial, el proletariado industrial estadounidense es la vanguardia y el centro de la revolución mundial.
En este contexto, la defensa del movimiento obrero estadounidense contra el gobierno de Trump y la reacción política oligárquica no es solo un deber internacionalista, sino también nacional. Por eso abogamos por la construcción de un partido de trabajadores independiente, cuyo primer núcleo surgirá de la unión de movimientos sindicales independientes y de izquierda. Este será un paso de gigante en la construcción de la dirección socialista revolucionaria del movimiento obrero estadounidense.
Escribe Prensa UIT-CI
4/12/2024. Casi cien mil trabajadores y trabajadoras de la gigantesca empresa automotriz han declarado la huelga nacional inédita. Desde el lunes 2 de diciembre, se realizan importantes paros de dos horas por turno para rechazar el ajuste patronal con el que buscan recortar un 10% el salario, despedir trabajadores y cerrar algunas plantas industriales por primera vez en su historia. Esta es la primera gran huelga nacional de gran envergadura que sacude a VW desde la posguerra.
La ciudad de Wolfsburgo, es el epicentro del conflicto. En esta ciudad más de 60.000 personas trabajan de manera directa y más de 30.000 en forma indirecta. ¡La mayoría de sus 128.000 habitantes! Allí se vivió la huelga y también grandes movilizaciones y actos callejeros de los huelguistas y del sindicato IG Metal (sindicato de trabajadores metalúrgicos). Las medidas de fuerza ya comenzaron a paralizar la producción de unidades, entre ellas el auto emblema de la marca, el VW Golf, que se comenzó a fabricar en 1974 en dicha ciudad.
En la ciudad de Zwickau, al este de Alemania, donde en 1904 se instaló la primera planta de la marca, cientos de trabajadores salieron a la calle en las dos horas de huelga mientras gritaban a viva voz “¡Estamos hartos!”. Y no es para menos, la planta de esa ciudad fue la primera en producir un 100% de autos eléctricos en el 2020. Cuatro años después, los planes empresariales fracasaron y la caída de las ventas de autos eléctricos cercana al 70% hicieron caer un 64% las ganancias empresariales en el tercer trimestre del año y buscan ahora que sean los trabajadores quienes paguen la crisis.
La huelga de dos horas por turno, junto a las movilizaciones, son las primeras medidas. El negociador de IG Metal adelantó que “Si es necesario, este será uno de los conflictos más duros que Volkswagen haya visto nunca”. En el mismo sentido se manifestó el encargado de las negociaciones en Wolfsburg: “Cualquiera que ignore a los trabajadores está jugando con fuego, ¡y nosotros sabemos cómo convertir las chispas en llamas!”. En perspectiva, el conflicto parece comenzar recientemente y estar lejos de resolverse en las próximas negociaciones, más bien todo lo contrario.
La crisis de VW es parte de la crisis económica mundial. La locomotora de la “economía europea” se encuentra gravemente dañada y sumergida en una grave recesión que afecta también a otras automotrices europeas. Esta grave crisis también tiene su impacto político haciendo colapsar al gobierno de Olaf Scholz, quien se vio obligado a adelantar las elecciones para febrero de este año. Esta combinación de crisis económica, política y social configuran una “tormenta perfecta” que hacen estallar los periodos de “paz laboral”. Ante esta situación los trabajadores de Alemania y el conjunto de Europa buscan una salida, en la que la huelga, la movilización y la independencia política de las y los que luchan, serán decisivas para triunfar contra los gobiernos, los grandes capitalistas y sus planes de ajuste.