Jun 10, 2026 Last Updated 2:58 PM, Jun 9, 2026

Escribe Miguel Sorans, dirigente de Izquierda Socialista y la UIT-CI

En medio de la pandemia mundial por el Covid-19 pudo haber quedado como una noticia perdida el incidente violento que se produjo entre militares de India y China en la zona fronteriza del territorio en disputa de Cachemira.

El enfrentamiento armado habría dejado cerca de cuarenta bajas entre muertos y heridos de ambas partes. Lo increíble es que fue una pelea con “palos con clavos y alambres de púa, piedras y cañas de bambú con clavos convertidas en armas de guerra. (…) Pero no hubo un solo tiro. Sencillamente porque no les está permitido (…) Los medios indios dicen que los soldados participaron de combates cuerpo a cuerpo hasta morir” (Clarín, Argentina, 18/6/2020).

Así se enfrentaron las dos potencias nucleares en el valle de Galwan, a los pies del Himalaya, en la conflictiva Cachemira.  ¿Cuándo nació este conflicto? La cuestión arranca con la independencia de India del Reino Unido en 1947. El triunfo independentista fue un gran logro. Pero la antigua colonia quedó dividida en dos países: India y Pakistán, con mayoría musulmana. El proceso dirigido por el nacionalismo burgués hindú del Partido del Congreso ( Mahatma Gandhi y Pandit Nehru) y de la Liga Musulmana aceptó la división que impulsó el imperio británico. De esta manera el imperialismo, en su derrota, pudo manipular esas diferencias en su favor. Una división artificial hizo que hasta hoy siguieran los conflictos y que se mantuviera el atraso y la pobreza en la región. A partir de esos enfrentamientos quedó la región de Cachemira, de mayoría musulmana, como una zona en disputa dividida en tres partes: la controlada por India, la que está bajo el gobierno de Islamabad (Pakistán) y una pequeña región al nordeste que pertenece a China.

A su vez, en Cachemira existe un gran movimiento popular que exige su independencia, reclamo y derecho a la autodeterminación que los socialistas revolucionarios apoyamos. Como también repudiamos todos los manejos del imperialismo, en especial de los Estados Unidos, que incentiva estos conflictos. Así como los manejos de los gobiernos burgueses de India, Pakistán y China. No hay nada de progresivo en estos choques.

Pero este insólito incidente de pelea militar muestra a qué extremos puede llegar el sistema capitalista imperialista y los peligros que encierran para la humanidad. Dos potencias capitalistas nucleares, como India y China, protagonizan un choque militar rayano con la barbarie. Militares con palos con clavos y piedras se matan por un territorio perdido en el Himalaya. Podrá no llegarse hoy a una guerra nuclear. Pero no se pueden descartar dos guerras posibles, entre India y China o India y Pakistán. Tres países con armas nucleares. Cualquier chispa podría provocarla con el beneplácito del imperialismo.

En medio del coronavirus y de la miseria creciente los gobiernos de India y China están preocupados por una disputa en Cachemira. China está construyendo rutas en la zona para incentivar su relación con Pakistán y avanzar con el proyecto comercial de la Ruta de la Seda. Se trata de los dos países más poblados del mundo. China cuenta con 1.400 millones de habitantes. India posee 1.300 millones. Pakistán, el tercero en discordia, tiene cerca de 200 millones.

El gobierno de India, del derechista nacionalista Narendra Modi, está en dificultades por la miseria creciente y el peligro del avance de Covid-19. En los últimos dos años se produjeron varias huelgas de más de 100 millones de trabajadores. India tiene más de 300 millones de personas bajo pobreza extrema, según datos de la FAO. Millones defecan al aire libre, desconocen lo que es un inodoro, con lo que esto significa para la salud. Pakistán cuenta con 60 millones de habitantes en situación de pobreza extrema. En estas condiciones de miseria ambos países y sus gobiernos invirtieron miles de millones de dólares en su carrera armamentista. “La carrera nuclear de Pakistán e India puede llevarles a tener entre 400 y 500 armas nucleares para el año 2025. El conflicto abierto entre ambos países amenaza constantemente con provocar un enfrentamiento nuclear de consecuencias imprevisibles y devastadoras. Si algún día uno de los dos territorios abre la veda se esperan más de 100 millones de muertes instantáneamente” (La Vanguardia, 9/10/2019). Ya ambos países poseen aviones con armas nucleares con un alcance que va de 2.100 a 2.500 kilómetros, Por una guerra, un incidente militar o un accidente nuclear, la vida de millones estaría en riesgo. Como lo están también por las armas nucleares que dispone el imperialismo. La clase trabajadora y la juventud de India, Pakistán y China deben luchar contra sus gobiernos para evitar una posible guerra fratricida, por el derecho a la autodeterminación del pueblo de Cachemira y contra el hambre y la explotación capitalista. Pero los hechos de la “guerra a palos y piedras” muestran que, junto con la miseria creciente, la crisis del Covid-19 y la destrucción ambiental, está planteado luchar por el fin del sistema capitalista imperialista logrando gobiernos de las y los trabajadores que inicien la construcción del socialismo en el mundo.

 

Escribe Miguel Lamas, dirigente de la UIT-CI

Trump esperaba una fiesta de simpatizantes en el acto por su candidatura, que desafiarían al coronavirus en un estadio colmado con 19.000 personas, su máxima capacidad, en Tulsa, Oklahoma. La propaganda republicana decía que tenían un millón de pedidos de entradas. Pero resultó un fiasco total, con 6.500 participantes. Es decir, un estadio semivacío con solo un tercio de su capacidad ocupada.

Se dijo que el fracaso fue culpa de adolescentes anti-Trump que solicitaron entradas para después no ir. También los dirigentes de la campaña le echaron la culpa a los “medios de comunicación falsos” que infunden temor por el coronavirus.

Sin embargo, ese temor, obviamente justificado, no pudo impedir que hace dos semanas se volcaran a las calles millones de personas para repudiar a Trump.

Vale recordar que el mandatario dijo, y se supone que sus simpatizantes le creen, que era una “gripecita”, y que luego llamó a inyectarse lavandina para no tener coronavirus… No se sabe si por efecto de la lavandina o porque ya no le creen mucho, esta vez sus simpatizantes le fallaron feo.

Esa política de Trump dejó a los Estados Unidos como el peor país del mundo en coronavirus, con 2,5 millones de infectados y más de 120.000 muertos. También es uno de los peores y el más caro en la atención médica a su población trabajadora y pobre. Y está hundido en un desastre social sin precedentes con más de cuarenta millones de despedidos.

Por si esto fuera poco, la enorme movilización antirracista desencadenada por el asesinato de George Floyd a manos de la policía, que Trump llamó a reprimir con las fuerzas armadas (algo repudiado hasta por su ministro de Defensa) fue el otro enorme golpe que recibió.

El Partido Republicano de Trump trata de recuperar terreno electoral para intentar ganar la reelección apelando a los sectores más atrasados cultural y políticamente, que son los que se creen todas las estupideces del presidente. Pero evidentemente no les está dando resultado.

Trump también denunció por intento de fraude a los demócratas, el otro gran partido imperialista, en las futuras elecciones. Joe Biden, el candidato demócrata, devolvió la gentileza acusando a Trump de intentar un fraude y que no va a querer irse de la presidencia.

Los demócratas, ahora con el centroderechista Joe Biden como candidato (después de la renuncia en la interna del “izquierdista” Sanders) ganan puntos solo criticando las tonteras discursivas de Trump. Pero apoyaron en el Congreso su política de ayuda masiva a las grandes empresas en lugar de una asistencia sostenida a los pobres y trabajadores despedidos.

Se hace cada día más necesario que los millones de jóvenes, trabajadores y afroamericanos que se levantaron contra el racismo y el desastre social se unan en un movimiento de izquierda independiente de ambos partidos de la patronal imperialista yanqui.

Escribe Miguel Lamas, dirigente de la UIT-CI

Trabajadores petroleros de PDV Marina se concentraron el 15 de junio en el portón principal del muelle de Guaraguao. Luis Díaz, miembro del sindicato de base y dirigente de C-Cura, expresó: “Reclamamos por el incumplimiento de la convención colectiva, por el derecho a organizarse sindicalmente y también estamos aquí en pie de lucha por la liberación de nuestro compañero Bartolo Guerra, el cual fue detenido arbitrariamente el 6 de mayo por reclamar nuestros derechos laborales y denunciar hechos de corrupción”.

Por su parte, trabajadoras y trabajadores de empresas estatales y privadas de Guayana protestaron el martes 16 y el jueves 18 en Puerto Ordaz. Le exigieron al gobierno de Nicolás Maduro un salario que cubra la canasta básica, el cumplimiento de los contratos colectivos, la suspensión de los despidos y de la represión a los miembros de la clase trabajadora que luchan por sus derechos. Las acciones en Guayana sumaron a trabajadoras y trabajadores de Sidor, Vencemos, Orinoco Iron, Masisa, Venalum, Bauxilum, Alcasa, Ferrominera y del sector universitario.

 

En junio de 2020 se estrenó el documental “Hugo Blanco, Rio Profundo”, donde se relata la lucha de los campesinos del Cusco enmarcada en la vida de Hugo Blanco Galdos, un líder socialista que fue dirigente del trotskismo peruano. En la década del 60 fue parte de la organización y la resistencia de los campesinos contra el abuso de los terratenientes, el servilismo de la policía y el desprecio de la aristocracia contra los indígenas y campesinos.

Durante la década del 60, Hugo Blanco, o Hugucha, se transformó rápidamente en dirigente de los nuevos y pujantes sindicatos campesinos que eran motor de una tremenda rebelión campesina en lucha por la reforma agraria y otros derechos vulnerados. El levantamiento campesino y popular no tendría marcha atrás cuando un terrateniente de la hacienda Qayara, al no encontrar a un dirigente campesino usó el arma del policía que lo acompañaba para disparar contra un niño de 12 años que se negaba a dar la ubicación del dirigente. Este inaceptable hecho, que se suma a la sistemática represión de los Gamonales y la policía en toda La convención y Lares, la asamblea de varios sindicatos campesinos acordó encargar a Hugo Blanco a ir a la comisaría junto a otros campesinos para presentar la denuncia, acción que terminaría en un enfrentamiento con la policía y la consecuente rebelión campesina que -de hecho- inicio el proceso de reforma agraria, una reivindicación por derecho a la tierra y por dejar atrás la opresión latifundista.

La significancia de este hecho histórico, calumniado por la derecha reaccionaria y ocultado por la izquierda estalinista, ha sido poco estudiado en nuestro país. El documental, aunque con varias limitaciones políticas, nos invita hacer una reflexión nacional que, los sectores de la derecha más cavernaria, los altos mandos militares, representantes del peor autoritarismo que azoto al país y rancios representantes del Opus Dei, le niegan al pueblo peruano, atacando a dicho documental, acusando falsamente a Hugo Blanco de terrorista y asesino.
Rechazamos tajantemente esas acusaciones que han sido descartadas por la historia y las luchas del pueblo peruano. Rechazamos este nuevo ataque de la misma manera que en 1963 rechazamos la sentencia de un Tribunal Militar que condenó con la pena de muerte a Hugo Blanco. Intento que fue derrotado luego de una enorme campaña de solidaridad internacional que obligó al Estado burgués a cambiar la pena por 25 años de prisión, luego, en la década del 70, se logra su definitiva amnistía, pero al negarse apoyar a la dictadura militar fue expulsado del país.
Con el declive de la dictadura militar, Hugo Blanco vuelve al país como la figura de izquierda socialista más importante del país, siendo el más votado en la Asamblea Constituyente de 1979 y ocupando un escaño como diputado en el Congreso de la Republica (1980-1985) y representante de los trabajadores, campesinos e indígenas junto a nuestro compañero Enrique Fernández Chacón.

Las experiencias de lucha, la creación de los sindicatos campesinos, la enorme rebelión campesina y la trayectoria de Hugo Blanco ha dejado una gran enseñanza para las presentes y futuras generación, y son inspiración para las organizaciones sindicales, sociales y políticas en la pelea por un mundo mejor sin opresión ni explotación. Defendemos ese legado histórico por considerarlo parte de la imborrable identidad de la lucha del pueblo peruano por sus derechos y lo asumimos como propio.

Desde UNIOS, en el Frente Amplio, y la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional (UIT-CI) llamamos a las organizaciones democráticas, sociales y políticas de Perú y el mundo a rechazar toda censura contra el documental recientemente estrenado, a garantizar la libre expresión democrática de sus autoras y autores como así también a condenar como falsas, maliciosas y absurdas las acusaciones vertidas contra el líder del movimiento campesino y a desplegar la mayor solidaridad y respaldo a Hugo Blanco y la lucha campesina.
Jorge Corzo y Taylor Rojas, por UNIOS en el Frente Amplio de Perú.

Miguel Sorans y Silvia Santos, dirigentes de la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores-Cuarta Internacional (UIT-CI)
Miguel Lamas y Simón Rodríguez Porras, del consejo de redacción de revista Correspondencia Internacional.

Argentina: Juan Carlos Giordano, diputado nacional electo de Izquierda Socialista (IS) en el Frente de Izquierda y los Trabajadores-Unidad (FIT) de Provincia de Buenos Aires; Mónica Schotthauer, delegada ferroviaria ramal Sarmiento y diputada nacional electa de IS/FIT; Liliana Olivero, ex Diputada por Córdoba de IS/FIT; Laura Marrone, ex legisladora de Buenos Aires IS-FIT,

Bolivia: Humberto Balderrama, miembro de ARTP y de la Dirección Nacional del Partido de los Trabajadores

Brasil: Joao Batista Araujo “Baba”, concejal de Rio de Janeiro por CST-PSOL, Michel Tunes, dirigente de la Corriente Socialista de los Trabajadores (CST) en el PSOL.

Chile: Ranier Rios y Jonathan Ríos, dirigentes de MST (Movimiento Socialista de los Trabajadores)

Estado español: Josep Lluis del Alcázar, delegado sindical de enseñanza pública y dirigente de Lucha Internacionalista (LI) y M. Esther del Alcázar, delegada sindical de enseñanza pública, dirigente de LI

Panamá: Priscilla Vásquez, dirigente nacional de los trabajadores del Seguro Social de Panamá; Virgilio Arauz, dirigente de Propuesta Socialista

México: Enrique Gómez y Francisco Retama, dirigentes del Movimiento al Socialismo (MAS)

Turquía:; Oktay Çelik, presidente del Partido de la Democracia Obrera (IDP); Atakan Çiftçi, delegado del Sindicato de los trabajadores de educación y de ciencia; Gorkem Duru, dirigente de IDP.

Venezuela: Orlando Chirino y Miguel Ángel Hernández, dirigentes del Partido Socialismo y Libertad (PSL). José Bodas, Secretario General de la Federación de Trabajadores Petroleros (FUTPV)

República Dominicana: Henry Morel, periodista y militante del MST

Ver más en www.uit-ci.org

Brasil se está convirtiendo en “campeón mundial” del coronavirus. Según epidemiólogos, superaría pronto a los Estados Unidos. Este fin de semana pasó los 830.000 contagiados y 43.000 muertos. Este desastre es producto directo de la política del gobierno de Bolsonaro de negar la existencia de la pandemia y oponerse a hacer la cuarentena.

Ante este atentado a la vida, en las últimas semanas las hinchadas de fútbol, la juventud negra y los movimientos antifascistas realizaron protestas callejeras en repudio al gobierno de Bolsonaro y a la violencia policial en las favelas.

A continuación publicamos un extracto del editorial de Combate Socialista del 9 de junio, periódico digital de la Corriente Socialista de los Trabajadores (CST/PSOL), sección oficial de la UIT-CI.

La juventud negra se levanta para no morir “de virus, de bala o de hambre”, como lo expresan en las favelas de Río de Janeiro. Las protestas son porque en los barrios periféricos no hay saneamiento básico y los niños son asesinados por la Policía Militar. Las hinchadas de fútbol antifascistas decidieron decir basta a los actos de la extrema derecha, que pide una nueva dictadura militar y el fin de las medidas de aislamiento social.

Ampliar la movilización es el camino para salvar vidas del pueblo

Desde marzo los gobernantes saben que es necesario garantizar el aislamiento social. Pero hasta ahora el presidente Bolsonaro niega la existencia de la pandemia y esconde los datos de la contaminación y de los muertos (las cifras oficiales son menores que las reales). Los gobernadores y prefectos (intendentes municipales) comenzaron a suspender las pocas medidas de aislamiento social que había en los estados y ciudades en pleno crecimiento de los contagios de Covid-19 en el país. Los empresarios mantuvieron en funcionamiento locales de trabajo de sectores no esenciales. Y en los esenciales, como salud y limpieza, faltan los elementos de bioseguridad. O sea, las autoridades y los empresarios no hacen nada para salvar las vidas del pueblo trabajador y se niegan a garantizar medidas sanitarias básicas que recomiendan científicos y médicos.

Es necesario ampliar la movilización de protesta incorporando todas las reivindicaciones populares. Solo así seremos escuchados. En medio de la actual pandemia tenemos que respetar el distanciamiento físico de las manifestaciones y dejar en las casas a los que son del grupo de riesgo para que hagan solidaridad virtual.

Un ejemplo que demuestra que las manifestaciones logran resultados es que el Supremo Tribunal Federal tuvo que ordenar el fin de las operaciones policiales en las favelas, lo que es positivo (aunque no podamos confiar en la Justicia).

Unificar con la clase trabajadora

Las manifestaciones, que se van a repetir en las próximas semanas, muestran el camino para la clase trabajadora. Hoy la amplísima mayoría de los trabajadores no pueden realizar la cuarentena porque son obligados por los patrones o por las autoridades públicas a continuar en servicios no esenciales. En muchos casos, la continuidad del servicio ocurre en medio de la imposición de reducción salarial o de suspensión de contratos. Tenemos que organizar reuniones y movilizaciones para conquistar medidas de bioseguridad (…) exigir testeos masivos de Covid-19 y contra toda reducción salarial o violación de contratos.

En la protesta de São Gonçalo (Río de Janeiro), la juventud cantaba “la favela organizó, el estudiante junto con el trabajador”, mostrando esa necesaria unidad. El sindicato del Metro de San Pablo convocó a la protesta antifascista y antirracista del domingo 7 de junio. En Río de Janeiro, el Sintuff (trabajadores de la Universidad Federal Fluminense) ayuda a organizar la unidad de los foros de lucha de Niterói. Son ejemplos que necesitamos ampliar ya mismo para enfrentar la represión lanzada sobre la juventud que está protestando en las calles en este momento.

Las direcciones de la CUT, CTB, UNE y UBES deben convocar a las protestas

Hasta ahora las direcciones de las mayores centrales, principalmente la CUT (Central Única de Trabajadores) y la CTB (Central Brasileña de Trabajadores), no convocaron a sus bases para las manifestaciones y no jugaron su peso en este movimiento. En el sindicato del Metro (subte), los representantes de esas centrales votaron contra la convocatoria a los actos. Y lo peor es que esas direcciones sindicales aceptan que les quiten los derechos laborales a muchos sectores. Lo mismo ocurre con la cúpula de la UNE (Unión Nacional Estudiantil) y UBES (Unión Brasileña de Estudiantes Secundarios), que se han negado a convocar de verdad a las protestas de los domingos (…) Es fundamental exigir en cada sindicato, entidad estudiantil, movimiento social que las mayores centrales y organizaciones convoquen las protestas, con toda su fuerza y por todos los medios posibles. Tenemos que exigir que la CUT y la UNE convoquen a una jornada nacional de lucha, paralizando las actividades no esenciales.

Además de la lucha unificada necesitamos un frente de izquierda y socialista

El PDT (Partido Demócrata Laborista), el PSB (Partido Socialista Brasileño), y la REDE (Red de Sostenibilidad, partido ecologista), orientaron a sus afiliados a no ir a las protestas. Las direcciones del PT (Partido de los Trabajadores) y del PCdoB (Partido Comunista de Brasil) no divulgan los actos y no convocan a sus afiliados, se limitaron a decir burocráticamente que “apoyan”. El gobernador Camilo Santana, del PT del estado de Ceará, ordenó reprimir a los manifestantes. Es evidente que con esas direcciones no podemos vencer los actuales desafíos. Esos partidos de oposición deberían convocar a sus afiliados poniendo a sus parlamentarios al frente de los actos de protesta para evitar la represión a los manifestantes.

Lamentablemente, la dirección mayoritaria del PSOL se colocó en ese mismo campo y no se postula como alternativa de izquierda en la organización de las luchas en la calle. Algunos dirigentes del sector mayoritario del partido participaron en algunas protestas, pero sin una convocatoria colectiva y organizada a la militancia. Aún estamos a tiempo para cambiar ese rumbo. Para eso necesitamos construir una alternativa con sectores de izquierda, como el PCB (Partido Comunista Brasileño), la UP y el PSTU (Partido Socialista de los Trabajadores Unificado). Un frente de izquierda que defienda las manifestaciones y muestre que es posible resolver los problemas populares y hacer que la crisis la paguen los millonarios, los banqueros, las multinacionales y el agronegocio.

Continuar en las calles y organizar nuestro movimiento

En el plano inmediato, nuestra tarea es unirnos en las calles contra Bolsonaro y Mourão, en defensa de las vidas negras, por la cuarentena general inmediata. Para garantizar que se suspenda el pago de la deuda a los banqueros y se apliquen impuestos a las grandes fortunas destinando recursos a la salud pública y a la renta básica para los desocupados.

Por eso, cada movimiento y cada organización debe seguir el ejemplo de las hinchadas de fútbol y de los movimientos negros, tomando el impulso de las luchas internacionales. La unidad de las hinchadas, el movimiento negro y el Frente Pueblo Sin Miedo y sectores de izquierda del domingo 7 de junio fue muy positiva.

Es necesario que continúen convocando manifestaciones semanales los domingos y que las organizaciones sindicales, populares y estudiantiles planifiquen una jornada nacional con paralización de las actividades de la clase trabajadora.

Debemos organizarnos en nuestros sindicatos, universidades, oposiciones sindicales y luchar por la construcción de los actos, impulsar plenarios y foros de lucha que ayuden a organizar la unidad de las protestas en curso.

La reunión de la Secretaría Ejecutiva de la CSP-Conlutas (ala minoritaria combativa dirigida por organizaciones de izquierda) del 4 de junio aprobó el apoyo a las movilizaciones, y la corriente sindical Combate propuso la necesidad de que la central convoque a los actos. Seguiremos luchando para que esa sea la política de CSP-Conlutas.




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