
Escribe Miguel Sorans, dirigente de Izquierda Socialista, de Argentina, y la UIT-CI
La situación de Venezuela, luego de la intervención militar del ultraderechista Trump y los Estados Unidos el pasado 3 de enero, además del repudio, abre muchas dudas e interrogantes: ¿Está cerrada la situación? ¿Triunfó el plan de Trump? ¿Ya gobierna Venezuela? ¿Va a lograr robar su petróleo? ¿Se cerró un pacto con el régimen chavista, sin Maduro, para cogobernar? ¿Habrá nuevas intervenciones militares en Colombia, México o Cuba, Irán o Groenlandia? Los luchadores antiimperialistas debemos hacer un esfuerzo en responder a estos interrogantes, mientras seguimos impulsando la movilización internacional para derrotar a Trump, al imperialismo y sus planes coloniales en Venezuela y el mundo.
Se ha producido un ataque directo del imperialismo a Venezuela y América Latina, sin precedentes desde la invasión a Panamá en 1989
Desde entonces no ocurría una intervención militar criminal como ésta de Trump y es la primera que se ejecuta en Sudamérica. En diciembre de 1989 el imperialismo estadounidense invadió Panamá, dejando un tendal de muertos y secuestrando al presidente Manuel Noriega, que fue encarcelado y juzgado en los EE.UU. Si bien el ataque a Venezuela no tuvo, por ahora, la magnitud de Panamá, también es una acción militar criminal. Se han confirmado hasta ahora 100 muertos entre militares cubanos, venezolanos y civiles, y más de 100 heridos, cifras que pueden aumentar en los próximos días. Hubo un grave bombardeo a instalaciones militares y viviendas civiles. Evidentemente hay un repudio mundial de los pueblos a esta intervención, a los bombardeos y al secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa.
El propio Trump ha confirmado que la acción militar no tenía como objetivo el combate al narcotráfico, ni impulsar una apertura democrática en Venezuela. Con sus declaraciones ha dejado en claro que su eje es quedarse con el petróleo. Venezuela es el gran país petrolero de América Latina y tiene las mayores reservas de crudo del mundo, superiores a las de Arabia Saudita. Trump llegó al colmo de anunciar que pretende tener un control indefinido del país, durante meses o años. Que pretende controlar el negocio petrolero en su totalidad. En los hechos, intenta colonizar a Venezuela, convertirla en un protectorado al servicio de las multinacionales norteamericanas y del mundo.
Y en su envalentonamiento después de la acción militar en Venezuela y el secuestro de Maduro, que enarbola como un triunfo, ha retomado las amenazas de hacerse cargo de Groenlandia, región que es parte de Dinamarca, un país europeo, y también ha amenazado de intervenir en Colombia, México, Cuba e incluso Irán.
Esta agresión militar de Trump y los EE.UU. es parte de la contraofensiva global que anunció al asumir en enero de 2025. Con la cual pretende revertir la crisis de dominación de los EE.UU., que ya lleva décadas. Nunca superó su derrota militar en Vietnam de 1975. En el 2021 se tuvieron que retirar apresuradamente de Afganistán, después de 20 años de ocupación fallida de ese país. Por eso Trump cuando asumió dijo que iba a terminar con “el declive de los EE.UU.” y que empezaba una “era de oro”, buscando un nuevo “orden” mundial. Pero con sus políticas lo que está provocando es el aumento del desorden mundial y de los choques y roces inter burgueses en los EE.UU. y con el resto de los países imperialistas, incluida la Unión Europea (UE), China y Rusia. Por eso la UE, en general ha tomado distancia de la situación en Venezuela, y más aún con las amenazas de que quiere hacerse cargo de Groenlandia, eventualmente por una negociación, pero sin descartar una acción militar.
En Venezuela el objetivo de Trump es hacerse cargo del petróleo, su distribución y ganancias. Ese fue el objetivo de una reciente reunión en la Casa Blanca con varios CEO de multinacionales petroleras norteamericanas y de otros países, a las cuales instó a invertir en Venezuela. Sin embargo, esto genera roces con las propias multinacionales y los países imperialistas que pretenden manejar ellos sus negocios petroleros. Por eso en la mencionada reunión no hubo mucho entusiasmo ni se llegó a nada concreto en relación a su propuesta de que inviertan, aproximadamente unos 100 mil millones de dólares de sus bolsillos.
En ese marco, crecen los choques con Rusia a quien le están secuestrando barcos y, especialmente con China, que recibe cerca del 70% de las exportaciones petroleras de Venezuela que, de todos modos es un mínimo del 4% del petróleo que importa el gigante asiático (1). Por ello, todo el plan petrolero de Trump está puesto en duda.
La situación de Venezuela no está cerrada ni estabilizada
Es evidente que existen negociaciones con el gobierno de Delcy Rodríguez, del chavismo sin Maduro, pero aún no está asegurado que se termine cerrando un pacto de entrega del petróleo y de cogobierno con EE.UU. Por eso Trump en sus bravuconadas dijo que si Delcy Rodríquez no cumple “puede terminar peor que Maduro”. Es una amenaza muy grave. ¿Qué sería peor que el secuestro de Maduro y su esposa? ¿Es una amenaza de muerte? Y también ha dicho que no descartaba que podría hacer una segunda acción militar. Están negociando en base a estas amenazas, por eso desde la UIT-CI llamamos a seguir con la unidad de acción internacional contra la intervención militar y el secuestro de Maduro, así como contra una nueva acción militar criminal o una invasión a Venezuela, pero alertando del peligro que el gobierno chavista termine pactando con Trump.
Por todo esto creemos que la acción de Trump no es una victoria definitiva.
Indudablemente el éxito de la acción militar por el secuestro de Maduro es una demostración de fuerza del poderío militar de los EE.UU. y un golpe al pueblo venezolano y a los pueblos del mundo, pero no es definitivo. El hecho de que por ahora no se haya atrevido a invadir Venezuela e instalar un gobierno títere, y que tenga que negociar con el régimen chavista, muestra sus costados débiles.
Indudablemente el secuestro de Maduro es un hecho espectacular que provocó una equivocada euforia en millones de venezolanos en el exilio, que apoyan a la derechista y pro yanky María Corina Machado, así como en el conjunto de la derecha mundial. Entre ellos el facho Javier Milei, presidente de Argentina. Pero duró poco al ver que Trump dejó de lado la posibilidad de instalar en el gobierno al supuesto presidente electo Edmundo González y a María Corina Machado. Y que la eventual “transición”, anunciada por Trump, sería con el chavismo sin Maduro. Ese baldazo de agua fría se completó con la declaración de Trump de que no habría elecciones y que solo se podría incluir una convocatoria en una supuesta “tercera fase” que puede durar años. Tal fue la confusión que, por ahora, hasta el propio Milei se llamó a silencio.
Las contradicciones y la debilidad política de Trump se han puesto en evidencia al interior de los EE.UU. A días de la intervención militar, el Senado, con mayoría republicana, votó contra toda nueva intervención militar de los EE.UU. en el exterior. Trump se enfureció con sus senadores. Por otro lado, las encuestas señalan que el 70% de la población del país rechaza que Trump invada países y el 60% rechaza que se haga cargo del gobierno de Venezuela. Este 60% tiene mucha fuerza en la base de su famoso movimiento MAGA, porque esta base conservadora y de derecha asumió como cierta la promesa electoral de Trump de no intervenir en más guerras y conflictos en el exterior, y que el gasto no podía ser en defensa, sino que “primero estaba EE.UU.” Simultáneo con esto van creciendo las protestas y marchas en todo el país contra la intervención en Venezuela, entrelazándose con las movilizaciones por el repudio al asesinato policial de Renee Nicole Good, una norteamericana de 37 años que protestaba en Minneapolis (estado de Minnesota) contra la presencia de los agentes policiales del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), desplegados por Donald Trump en varias ciudades bajo gobierno demócrata.
Trump respaldó públicamente al agente federal involucrado en el tiroteo y responsabilizó a la mujer fallecida por el episodio. Grupos de activistas por las libertades civiles y los derechos de los migrantes han convocado a un millar de actos en todo el país para condenar el crimen y reclamar la retirada de los agentes del ICE de las calles de las ciudades donde se encuentran presentes. Las movilizaciones, bajo el lema “ICE Out For Good”, un juego de palabras con el apellido de la activista muerta, y que puede traducirse tanto como “ICE fuera para siempre” o “ICE fuera en nombre de Good”. En síntesis, Trump no las tiene todas a favor.
Las negociaciones en curso
La otra duda a responder es si ya el gobierno chavista de Venezuela es teledirigido por Trump. Este no se cansa de decir que es él quien gobierna, quien está “a cargo”, al colmo que en una red se puso como “presidente provisorio” de Venezuela. Trump no se cansa de elogiar a la presidenta interina Delcy Rodríguez, aunque tampoco deja de amenazarla. El gobierno chavista, sin Maduro, tampoco responde categóricamente y no niega que estén negociando y dispuestos a “cooperar” con Trump, como este ha afirmado.
Desde el principio se sembró la duda sobre la relación con Trump también por cómo se concretó el secuestro de Maduro y su esposa. Algunos analistas burgueses abrieron la hipótesis de que el propio régimen chavista los habría entregado como moneda de cambio. Por cómo se dio el secuestro, es lógico que se hayan abierto dudas. Pero creemos que centralmente fue una eficiente masacre del imperialismo que asesinó a 32 militares cubanos de la guardia personal de Maduro y a más de 25 militares venezolanos, usando su superioridad tecnológica y su abrumador poderío militar, que no lo podemos desconocer. Por otro lado, no es la primera vez que hacen una intervención quirúrgica de este tipo. Similar a cuando bajo el gobierno del demócrata Barak Obama capturaron y luego asesinaron a Osama Bin Laden en Pakistán (2011). Israel también hace ese tipo de intervenciones, que siempre tienen un apoyo interno en los países donde las ejecutan. En este caso es factible que se combinara, presumiblemente, con colaboradores internos chavistas comprados por la CIA y también con la debilidad de la propia defensa del ejército de Venezuela que está más dedicado a los negocios y a la represión interna que a preparase para defender el país. De hecho, EE.UU. reconoció que tenían un topo infiltrado por la CIA en el círculo cercano a Maduro, que informaba periódicamente sobre sus movimientos. El tiempo dirá que pasó realmente.
No existe hasta hoy ninguna constancia política ni un hecho que demuestre que se haya producido una división importante en la cúpula del gobierno chavista, ni en el PSUV ni en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), más allá de los lógicos elementos de crisis después de una acción como la que se produjo. Por supuesto que una división del régimen no se puede descartar a futuro. Sin embargo, hasta ahora se mantendría la unidad política de los hermanos Rodríguez (Delcy y Jorge, presidente de la Asamblea Nacional), la cúpula de las FANB, encabezada por Vladimir Padrino López, ministro de la Defensa, y Diosdado Cabello, ministro del Interior, quien controla la represión interna.
Lo que sí está ocurriendo es que por la debilidad y las propias contradicciones políticas que tiene Trump en su intento de aplicar sus políticas contrarrevolucionarias, está obligado a combinar el “garrote”, de la famosa doctrina Monroe, con elementos de negociación con el régimen chavista. Trump, muy suelto de cuerpo, anunció que está trabajando, y que su objetivo es seguir trabajando con el régimen chavista. Para ello también cuenta con la disponibilidad del chavismo, que así pone en evidencia lo que siempre denunciamos: que no es ni fue un gobierno de izquierda ni verdaderamente antiimperialista que estaba construyendo el socialismo. Siempre fue un gobierno capitalista, de conciliación de clases con doble discurso “socialista”.
Llama poderosamente la atención el giro político del ultraderechista Trump de buscar cerrar un pacto con el gobierno chavista, a quien acusaba de “dictadura narcotraficante” y “comunista”. Esto se explica por su cinismo y también porque las multinacionales petroleras, siempre presentes en el país, han estado en contra de una intervención directa militar en Venezuela, ya que prefieren la estabilidad de un régimen dictatorial, cualquiera sea su signo, a la posibilidad de una desestabilización política que ponga en riesgo sus negocios. Así lo confirmó Ali Moshiri, actualmente inversor en Vaca Muerta de Argentina, que fue durante 40 años un alto ejecutivo de Chevron, la única petrolera de EE.UU. que permaneció en Venezuela:
“Es importante que sea alguien del sistema actual, guste o no, porque esa persona tiene que equilibrar todo y tener capacidad de diálogo. Si se trae a alguien completamente nuevo, se genera un vacío de poder, y ese vacío genera inseguridad, y nadie va a invertir”. (Clarín, Argentina, 8/1/2026). Moshiri tenía buenas relaciones con Hugo Chávez. El 11 de febrero de 2010, durante el acto de entrega de una concesión (a Chevron) por 40 años en la Faja Petrolífera del Orinoco, el presidente venezolano Chávez le pidió a Alí Moshiri, representante de la transnacional, que mediara con Obama: “[Ojalá] ustedes nos ayuden a mejorar la situación y las relaciones con el gobierno de Estados Unidos […] ojalá Obama venga a la Faja del Orinoco, tráiganlo ustedes” (página 133, del libro “Por qué fracasó el chavismo?”. Autores Simón Rodríguez Porras y Miguel Sorans. Disponible en nahuelmoreno.org).
La mentira del “Socialismo del Siglo XXI”
El peligro de que se termine estabilizando un pacto político-económico entre el gobierno chavista y Trump está planteado. Así lo ha advertido correctamente el Partido Socialismo y Libertad (PSL), la sección venezolana de la UIT-CI (ver declaración del PSL, “No a un pacto con Trump”, en uit-ci.org).
Estamos hablando de un acuerdo contra el pueblo trabajador y los sectores populares venezolanos, que profundizaría la entrega del petróleo a las multinacionales y a los empresarios privados nacionales.
Esta posibilidad política, en cierta forma escandalosa, solo se explica por la definición que hemos venido haciendo desde hace más de 20 años, de que el llamado “Socialismo del siglo XXI” fue un fraude político-ideológico, para seguir manteniendo a Venezuela en los marcos del capitalismo. Es hora que los luchadores anticapitalistas del mundo compartan esta conclusión. Nunca fueron reales las definiciones que tienen y tuvieron analistas burgueses, compartidas con sectores de la izquierda reformista mundial, de que el régimen del chavismo era socialista, anticapitalista y antiimperialista. Incluso sectores de la izquierda trotskista alentaban que era muy posible que se radicalizara y avanzara al socialismo, al estilo de la Cuba de los 60.
La UIT-CI, junto a los compañeros del PSL de Venezuela, encabezados por los históricos dirigentes socialistas Orlando Chirino, José Bodas y Miguel Ángel Hernández (2), siempre dijimos que el chavismo, con Hugo Chavez y luego con Maduro, no iba a la ruptura con el capitalismo ni al socialismo. Nuestra corriente de la izquierda trotskista, fundada por Nahuel Moreno (1924-1987, ver nahuelmoreno.org), siempre fue independiente del gobierno chavista y alertó sobre los peligros que encerraba su conciliación con las multinacionales y los grandes empresarios. Siempre estuvimos acompañando las luchas del movimiento obrero y en la pelea contra la burocracia sindical chavista. Como consecuencia de nuestra posición independiente, en noviembre del 2008 sufrimos el asesinato de los dirigentes obreros Richard Gallardo, Luis Hernández y Carlos Requena, dirigentes de la Unete, central obrera del estado de Aragua. Un sicario profesional los acribilló en un local de La Encrucijada, donde se encontraban cenando luego del triunfo de una huelga en esa zona. Gallardo era presidente de la Unete-Aragua y Hernández, secretario general del sindicato de la Pepsi Cola y Carlos Requena, delegado de Prevención de la empresa Produvisa. Los tres eran integrantes de nuestra corriente sindical Corriente Clasista Unitaria Revolucionaria Autónoma (CCURA) y de nuestro partido, ahora el PSL (ver laclase.info). El caso sigue impune.
Al régimen chavista lo definimos como estalinista burgués. ¿Qué quiere decir eso? Que es un régimen capitalista y represor, con un falso discurso socialista y antiimperialista: “el Socialismo del Siglo XXI”. Es una dictadura capitalista, pero con la peculiaridad que se autodenomina “socialista”, “revolucionario”; dicen apoyar a Palestina y, a veces, hasta citan a Lenin y a Trotski, como llegó a hacer Chávez. En eso consiste nuestra caracterización del régimen como estalinista burgués, para distinguirlo de las dictaduras burguesas contrarrevolucionarias del tipo Videla o Pinochet. Nicaragua y Cuba, con sus particularidades, son también regímenes estalinistas-burgueses. Todos ellos, en especial el chavismo, ensucian el nombre del socialismo, creando una tremenda confusión sobre el movimiento de masas y su conciencia, ya que mientras usan una retórica seudo izquierdista, son gobiernos capitalistas que aplican ajustes y pactan con las transnacionales.
A tal punto se ha llegado con la confusión sobre la mentira del “Socialismo del Siglo XXI” que, lamentablemente, tanto por parte de analistas de la prensa burguesa como de izquierda, se sigue desconociendo que las multinacionales del petróleo y las grandes empresas privadas funcionaron siempre bajo el chavismo.
Es falso lo que dice Trump de que tienen que “volver las multinacionales del petróleo” a Venezuela, en realidad siempre estuvieron, nunca se fueron. Y hasta se reitera que el chavismo nacionalizó el petróleo, lo que es totalmente falso.
En 1975 fue el gobierno del socialdemócrata Carlos Andrés Pérez el que decretó la nacionalización de la industria petrolera y se creó la empresa estatal PDVSA. Se pactaron y pagaron indemnizaciones millonarias a las transnacionales, y en la ley que nacionalizaba el petróleo, en su artículo 5, se dejaba abierta la puerta al reingreso a la industria de los capitales transnacionales, mediante los llamados contratos de servicios. Lo que efectivamente ocurrió en la década del 90 con la llamada “Apertura Petrolera” del presidente Rafael Caldera.
Lo que hizo Chavez fue cambiar los acuerdos comerciales y las concesiones mediante las cuales funcionaban las transnacionales en Venezuela, incluidas las de EE.UU., por las empresas mixtas. Chávez no nacionalizó el petróleo. Así de sencillo.
El 1° de enero del 2006 se anunció el plan, bajo el pomposo nombre de Plena Soberanía Petrolera, por el cual el gobierno de Chávez abría PDVSA, la empresa estatal de petróleo, al esquema de las empresas mixtas. Por el cual las multinacionales y empresas privadas nacionales, que antes actuaban bajo el acuerdo de concesiones operativas, pasaron a ser empresas asociadas a PDVSA. La única salvedad fue que: “En el proceso de migración de las contratistas a Empresa Mixtas se previó que el Estado alcanzara como mínimo 51% de participación”. Y se reservaba hasta un 49% de las acciones al capital transnacional. Entre las primeras empresas firmantes de los acuerdos estuvieron Chevron, Repsol, Shell, BP, Total, China National Petroleum, ENI, Statoil y Petrobras. Solo dos empresas no aceptaron reconvertirse y se retiraron: las yankys Exxon Mobil y Conocco Phillips. No fueron nacionalizadas por Chávez. Se fueron. Más adelante se incorporaron a las empresas mixtas la japonesa Mitsubishi y las rusas Lukoil, Gazprom y Rosneft, así como empresas de Irán, India, Vietnam, Cuba y otros países. (Datos del libro ¿Por qué fracaso el chavismo? Simón Rodríguez Porras y Miguel Sorans. Editorial Cehus. 2018. Capitulo IX. A disposición en nahuelmoreno.org).
Esto es muy importante porque en realidad Maduro hasta el día de su secuestro seguía ofreciendo pactar con inversionistas petroleros de los EE.UU. Recordemos sus palabras en junio de 2024, teniendo a su lado al presidente de Chevron-Venezuela, dijo:“Me llamo Nicolás Maduro Moros, soy el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, hombre de palabra, hombre confiable, bienvenida su inversión en Venezuela para que trabajemos por otra relación, Estados Unidos-Venezuela» (Comunicado Prensa Presidencial, 27/6/2024, citado en revista Correspondencia Internacional N° 53, agosto 2024.Ver en uit-ci.org).
Chevron nunca se fue y hoy casi el 27% del petróleo venezolano que se exporta va a EE.UU. y se hace vía Chevron. Por eso Delcy Rodriguéz dice que no es nueva la relación con EE.UU.
Negocios y militares
Justamente el llamado Socialismo del siglo XXI fracasó, entre otras cosas, porque el chavismo pactó con las multinacionales petroleras constituir las empresas mixtas, convirtiendo a empresas que antes eran contratistas en socias del negocio petrolero con PDVSA, reteniendo dicha empresa estatal la mayoría accionaria. De esta forma las multinacionales, los nuevos empresarios petroleros y los nuevos ricos del régimen, asociados en muchos casos con sectores privados, se llevaban las grandes ganancias. Lo que posibilitó el mantenimiento del capitalismo en Venezuela, agudizando la pobreza del pueblo trabajador y de los sectores populares.
Los negociados turbios que se tejieron alrededor del negocio petrolero, fueron y son una fuente de corrupción del régimen chavista, en especial de los militares, quienes hasta hoy siguen controlando, junto a civiles, decenas de empresas en distintos sectores económicos. Precisamente es a estos sectores enriquecidos a la sombra del petróleo a los que popularmente se conoce como “boliburguesía”. Un nuevo fenómeno social creado a partir del surgimiento del chavismo con la mentira del Socialismo del siglo XXI.
Entre 1999 y 2013, bajo la presidencia de Chávez, 1.614 militares habían ocupado altos cargos en el gobierno. Su sucesor Maduro, entre 2013 y 2017, creó 14 compañías militares: Constructora y Automotores Ipsfa, Emcofanb (telecomunicaciones), TVfanb (televisora), Emiltra (transporte), Agrofanb (agrícola), Banfanb (banco), Construfanb (construcción), Cancorfanb (cantera), Fondo Negro Primero (financiera), Complejo Industria Tiuna I y II (agua, vestimenta), Camimpeg (petróleo y minería), Neumalba (neumáticos), Imprefanb (imprenta). (Datos libro idem. Capitulo VIII).
La pelea de la derecha venezolana pro yanky (María Corina Machado, Guaidó, Leopoldo López o Capriles) con el chavismo, pasa por que quieren ser ellos los que vuelvan a hegemonizar esos negocios, pactando directamente con las transnacionales y el imperialismo. Ninguno de ellos, y menos Trump, tiene el objetivo de elevar el nivel de vida de las y los trabajadores y terminar con la desigualdad social.
Desde un primer momento el PSL y su corriente sindical CCURA, han denunciado la falsedad del Socialismo del siglo XXI, en la medida que se ha mantenido la entrega del petróleo en una economía capitalista. Siempre dijeron que se iba al fracaso, y que ese fracaso agudizaría la pobreza del pueblo trabajador.
El chavismo no utilizó el potencial que podría dar la riqueza petrolera para elevar el nivel de vida de la clase trabajadora, mejorar la salud, la educación, la vivienda y la propia producción de alimentos y medicamentos, que es un déficit histórico en Venezuela.
Por eso nuestra corriente propuso otra política y levantó como consigna en ruptura con el capitalismo, que el petróleo en Venezuela debía ser 100% estatal, sin multinacionales, bajo gestión y control obrero y popular. Y que el verdadero socialismo pasaba por lograr un gobierno de las y los trabajadores que aplicara ese plan. El gobierno chavista llevó al país a una profunda crisis social y económica, la más grande de toda su historia. Provocó una abrupta caída del nivel de vida, nunca antes conocida. Hoy el salario mínimo está en menos de un dólar. Llevó a que millones de trabajadoras y trabajadores y sectores populares rompieran sus expectativas con el chavismo, y a que más de 7 millones lamentablemente abandonaran el país, y a otros, a acercarse política y electoralmente a la falsa salida de los partidos de la derecha. Y que por impotencia y odio a Maduro y su gobierno, alentaran equivocadamente la intervención imperialista. Esta es la triste realidad. Por eso, prácticamente, no ha habido movilizaciones en las calles del país repudiando la agresión militar estadounidense. Estas son las consecuencias.
Rechazamos todo pacto o acuerdo de entrega de petróleo con Trump
Nuestra corriente sigue llamando a la más amplia unidad de acción en Venezuela y en el mundo para repudiar la agresión militar de Trump y contra cualquier otro intento de agresión a Colombia u otros países. Pero lo hacemos desde la oposición de izquierda al gobierno chavista, ahora encabezado por Delcy Rodríguez. El centro es derrotar a Trump y su plan neocolonial, pero no damos apoyo ni depositamos confianza en el actual gobierno chavista.
Existe el peligro de que avancen en un pacto con Trump, lo que significaría mayor entrega del petróleo y de la riquezas minerales y naturales de Venezuela, lo que profundizaría la pobreza de las masas, provocando una agudización de la crisis social y de la entrega del país. Como así también del peligro que siga la represión. Aunque ya se anunció una liberación parcial de presos políticos siguen detenidos muchos sindicalistas petroleros y de otros sectores por luchar y por razones políticas.
Por eso desde el PSL y la UIT-CI, llamamos al pueblo trabajador y los sectores populares de Venezuela a no dejarse confundir ni tener expectativas en Trump, y rechazar cualquier pacto del gobierno con EEUU, empezando por una mayor entrega del petróleo. Nosotros creemos que la única manera de salir de la crisis social que provocó el chavismo, no pasa por seguir a los partidos de la derecha patronal hoy encabezados por María Corina Machado, y mucho menos a Trump, sino que la clase trabajadora y los sectores populares se movilicen y reclamen por sus derechos. En ese camino hay que seguir luchando por una verdadera salida de fondo que es un gobierno de las y los trabajadores. Un verdadero socialismo y no la farsa del llamado Socialismo del Siglo XXI.
En ese sentido apoyamos el programa de acción que levanta el PSL de Venezuela: “Hay que movilizarse por un aumento de salarios y pensiones de emergencia, igual a la canasta básica. ¡Basta de ajuste al pueblo trabajador! ¡Basta de bonificación salarial!; que se discutan las contrataciones colectivas; por el derecho a huelga y la libertad sindical; por la libertad plena de los presos políticos, incluso para las y los que ya han sido excarcelados, libertad para las personas apresadas en el marco de las protestas contra el fraude electoral en julio de 2024. Que se acelere la libertad de los presos anunciada por Jorge Rodríguez. Especialmente exigimos la libertad de las trabajadoras y trabajadores detenidos por luchar, por denunciar la corrupción o por razones políticas, como es el caso de más de 120 petroleros que permanecen detenidos, y que sean restituidos en sus cargos. Reenganche inmediato de los despedidos con pago de salarios caídos. Que cese la represión y la persecución ¡Levantamiento inmediato del decreto de conmoción externa! Que se abran los medios de comunicación que fueron cerrados. Plenos derechos políticos para el pueblo trabajador. Que se legalicen los partidos políticos de izquierda y democráticos. Reclamamos petróleo 100% estatal, sin empresas mixtas ni transnacionales; impuestos progresivos para todas las empresas transnacionales y grandes empresas nacionales, y que todo este dinero se destine para aumentos de salarios, para salud, educación y producción de alimentos y medicamentos” (Ver declaración completa en uit-ci.org o laclase.info).
El PSL también reclama al gobierno de Delcy Rodríguez que, en vez de negociar con Trump, convoque a una jornada internacional de lucha contra el intervencionismo, ya que solo la unidad de los pueblos de América Latina y el mundo podrán derrotar los nefastos planes del ultraderechista Trump.
Llamamos a seguir la movilización contra las agresiones intervencionistas de Trump
No está descartada una nueva acción militar de Trump en Venezuela, Latinoamérica o Groenlandia. Como venimos señalando, nada está cerrado aún en Venezuela. Trump ya ha dicho que, si el gobierno chavista no cumple, habría nuevas acciones militares. También ha amenazado a Colombia, a Cuba, a México, a Irán, y quiere quedarse con Groenlandia.
Por eso ratificamos desde la UIT-CI y el PSL el llamando a la más amplia unidad de acción para seguir la movilización en América Latina y el mundo, para repudiar la intervención militar en Venezuela, y el peligro de nuevas intervenciones. Los presidentes de Colombia, Brasil, Chile y México, han rechazado las amenazas agresivas de Trump. Hay que exigirles que pasen de las palabras a los hechos y que convoquen a una movilización continental para derrotar la agresión colonial de Trump. Cosa que hasta ahora no han hecho. Por eso lo prioritario es reclamar que las organizaciones políticas, sindicales, estudiantiles, de mujeres y disidencias, que se reclaman democráticas y antiimperialistas que convoquen en cada país a movilizaciones unitarias en las calles o frente a embajadas o consulados de los EE.UU. y coordinen una convocatoria a un día o jornada de lucha continental. Para parar y derrotar al ultraderechista Trump es necesario ir constituyendo un gran movimiento unitario latinoamericano y mundial. Salgamos a las calles a repudiar el intento de robarse el petróleo venezolano, para repudiar el secuestro de Maduro, y las amenazas de mantener el bloqueo petrolero en Venezuela. Fuera las naves yankis del Caribe. Basta de bombardeos criminales en el Pacifico y el Caribe. No a las amenazas a Colombia, Cuba, México o Groenlandia. Luchemos unidos por Fuera Trump de Venezuela y de América Latina.
12 de enero 2026
(1) China importa 11.100.000 de barriles de petróleo por día. Unos 400.000 provienen de Venezuela, (Datos U.S Energy Information Administration, 11/2/2025)
(2) Ver reportaje a Miguel Ángel Hernández en A24, canal América de Argentina.










