Escriben UIT-CI, LIT-CI y RCTI
28/12/2025. El gobierno de Estados Unidos que preside el ultraderechista Donald Trump, avanza en su ofensiva belicista e injerencista en el Caribe, y en particular contra Venezuela.
En diciembre ha declarado un bloqueo absoluto a los petroleros que entren o salgan del país, después de haber secuestrado arbitrariamente varios buques provenientes de este país, apropiándose de toneladas de petróleo venezolano. Eso después de haber perpetrado casi tres decenas de ataques contra embarcaciones en el mar Caribe y el Pacífico, dejando un saldo de una centena de muertos, con el falso argumento del “combate al narcotráfico”.
Esto representa algo extremadamente grave para un país sumamente dependiente de los ingresos por exportaciones petroleras.
Junto con eso Trump está preparando una intervención militar de Venezuela para sacar a Maduro e imponer un gobierno de ultraderecha. Para eso ha estacionado una gigantesca flota naval de guerra en el Caribe. Sea por vía de la invasión, un ataque aéreo o por la asfixia económica, el objetivo es el mismo: imponer un gobierno títere en el país.
Los argumentos de la “guerra contra las drogas” son sólo un pretexto para la maniobra imperialista. El historial de las intervenciones yanquis muestra que su política no tiene la menor intención de combatir el narcotráfico. Por el contrario, las agencias federales de EE. UU. han colaborado con los carteles narcotraficantes en México y Colombia, y sus intervenciones no han servido para parar el tráfico, sino para reorganizarlo bajo control yanqui. El indulto de Trump a Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras que cumplía una pena de 45 años de prisión en EUA por narcotráfico, muestra la farsa.
El recién publicado documento sobre Estrategia de Seguridad Nacional del gobierno Trump explicita su objetivo de tener gobiernos títeres en Latinamérica. Ya no bastan gobiernos pró imperialistas, que apliquen planes neoliberales y abran la economía a las multinacionales. Quieren gobiernos de ultraderecha, completamente sometidos a Trump. Para eso, hacen inclusive presiones económicas y políticas para influenciar en las elecciones. Están avanzando con Milei, Kast, Bukele, Asfura y quieren más con el uribismo en Colombia.
Como parte de eso, Trump ha rechazado la propuesta de Maduro de entregar todo el petróleo y los minerales del país a cambio de quedarse en el poder, como ha reseñado el New York Times. Trump quiere imponer, de la forma que sea, a María Corina Machado, como un gobierno títere. Sin embargo, Trump no tiene todo a favor. Más del 70 por ciento de las y los estadounidenses se oponen al plan de invasión y agresión a Venezuela.
Esa postura del gobierno de EUA tiene enorme gravedad ya que afectará a los trabajadores en Venezuela; a los venezolanos residentes en otros países y los pueblos de Latinoamérica como un todo. Hace décadas que no se produce una agresión militar o una invasión directa de EUA en el continente.
Por eso llamamos a una amplia campaña unitaria con todos aquellos que están contra la imposición del imperialismo sobre Venezuela y Latinoamérica. Hasta este momento no hay aún una movilización antiimperialista contra la intervención de Trump a la altura de la magnitud de la amenaza existente. Es muy importante y urgente revertir eso y avanzar en la unidad de acción ante la gravedad de los hechos.
Ninguna confianza en Maduro
Pelear contra Trump y su intervencionismo no significa, bajo ningún concepto, dar algún tipo de apoyo político a Maduro. Su gobierno no tiene nada de antiimperialista y menos aún de socialista. De hecho, hasta el día de hoy la transnacional estadounidense Chevron sigue operando en Venezuela y es la principal explotadora y exportadora de petróleo venezolano. Es una dictadura capitalista que gobierna aplicando un ajuste contra el pueblo trabajador, un gobierno de doble discurso y falso socialismo.
El salario de los trabajadores venezolanos ha sido pulverizado por la inflación. Hoy el sueldo mínimo equivale a menos de un dólar por mes. Los derechos laborales y sindicales han sido conculcados como parte de la política ajustadora pro patronal y antiobrera de Maduro. Los servicios básicos se encuentran en el más completo deterioro como consecuencia de todo esto.
Las sanciones imperialistas y ahora está ofensiva belicista e injerencista no hacen más que agravar está situación, deteriorándose aún más las ya dramáticas condiciones de vida del pueblo trabajador.
Por eso, estaremos en la primera fila del combate contra la intervención de Trump en Venezuela, pero sin dar apoyo político, ni depositar confianza en Maduro.
Hagamos una fuerte y unitaria campaña antiimperialista
Rechazamos las declaraciones de Donald Trump, reclamando «le sean devueltos a los Estados Unidos todo el petróleo, las tierras y demás activos que les robaron”, como sí estos recursos alguna vez hubiesen sido suyos. Lo cierto es que quién históricamente ha venido saqueando los recursos energéticos, petroliferos, minerales, tierras y demás ha sido el imperialismo norteamericano, en connivencia con los gobiernos de turno venezolanos, tanto los del puntofijismo, como los chavistas y más aún el actual de Maduro. Lo que Trump pretende, en su disputa interimperialista en el continente, es reforzar y reasegurar este saqueo, con un gobierno títere, como el de María Corina Machado y el sector burgués que esta representa.
El gobierno de Maduro, por su parte con su política ajustadora y represiva no hace más que facilitar una eventual intervención al aumentar el repudio hacia su régimen dentro de la población trabajadora.
En tal sentido, consideramos que el enfrentamiento consecuente al imperialismo pasa por unificar a los trabajadores y al pueblo venezolano para exigir al gobierno de Maduro un programa que parta de exigir la defensa de las libertades democráticas, la liberación de los presos políticos que repudien la agresión imperialista; exigir que se aumente el salario mínimo mensual y las pensiones al nivel de la canasta básica; se restituyan los derechos laborales, contractuales y sindicales cercenados, se pare la represión a las organizaciones de los trabajadores; se otorguen derechos políticos a los partidos de izquierda como el PCV, PPT, Marea Socialista, el PSL, entre otros; cese de la entrega de los recursos del Arco Minero del Orinoco (AMO) y la Faja Petrolífera del Orinoco (FPO), y el rechazo a la injerencia imperialista y sus amenazas de intervención.
Es preciso que desde las organizaciones del movimiento obrero y de masas impulsemos la más amplia unidad de acción para rechazar y enfrentar las agresiones militares, los bombardeos criminales en el mar Caribe y el Pacifico, el bloqueo petrolero, todas estas acciones de guerra, así como una eventual intervención militar. En cualquier enfrentamiento entre las fuerzas armadas de EE. UU. y Venezuela, los trabajadores y las organizaciones populares deben abogar por la victoria militar de esta última y la derrota del imperialismo yanqui.
En los Estados Unidos identificamos como estos ataques imperialistas están directamente ligados a los ataques del gobierno de Trump contra la clase trabajadora norteamericana, e igualmente con el largo historial de intervenciones de EE. UU. contra América Latina y la clase trabajadora en general, y alentamos la movilización de masas para frenarlo totalmente, incluyendo la anulación sin pago de todas las deudas neocoloniales que controla EE. UU.
Los gobiernos latinoamericanos que dicen oponerse a la intervención de Trump deben convocar a movilizar, cosa que hasta ahora no hacen. ¡Que Lula, Petro, Sheinbaum -que dicen rechazar la intervención de Trump- convoquen a jornadas de movilización y ayuden directamente Venezuela a evadir las sanciones, ayudando a exportar e importar bienes y brindándole apoyo militar contra la agresión yanqui.
El llamado es a los trabajadores y los pueblos de Estados Unidos y Latinoamérica a unificarnos y movilizarnos contra las acciones que viene llevando a cabo el imperialismo norteamericano en el continente, las cuales deben ser denunciadas como lo que son, acciones de guerra, contra todos los pueblos de este continente en general y contra el venezolano en particular
¡Total y categórico rechazo al bloqueo naval contra Venezuela y su petróleo venezolano!
¡No al robo del petróleo venezolano y el secuestro de buques de transporte del mismo!
¡Abajo las sanciones imperialistas contra Venezuela!
¡Basta de bombardeos y asesinatos en el Caribe y el Pacífico!
¡No a la invasión de Venezuela!
¡Ninguna confianza en Maduro!
¡Armas para los trabajadores! ¡Amplias libertades para movilizar contra el imperialismo! ¡Suspensión del pago de deudas, de contratos entreguistas de los recursos del Orinoco!
¡Todo el rechazo a las acciones de guerra de Donald Trump en el Continente!
¡Que Lula, Petro, Sheinbaum -que dicen rechazar la intervención de Trump- ayuden directamente a Venezuela a repeler militarmente estas acciones!
¡Fuera Trump y el imperialismo norteamericano de América Latina y el Caribe!
Liga Internacional de los Trabajadores – Cuarta Internacional (LIT-CI, www.litci.org)
Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional (UIT-CI, www.uit-ci.org)
Corriente Comunista Revolucionaria Internacional (CCRI, www.thecommunists.net)
28 de diciembre de 2025
Escribe José Castillo, dirigente de Izquierda Socialista/FIT Unidad
Finalmente, el gobierno ultraderechista de Milei logró hacer aprobar la ley de presupuesto para el año 2026. Se trata de toda una hoja de ruta de super-ajuste, que le da continuidad a la motosierra de los dos años anteriores. La aprobación de esta ley, exigencia del FMI, fue posible gracias al apoyo que obtuvo el gobierno de La Libertad Avanza por parte de PRO, radicales, partidos provinciales y también de los votos aportados antes por diputados, y ahora senadores, vinculados a gobernadores peronistas.
Luego de la victoria en las elecciones de octubre, y del acelerado proceso de “transfuguismo” (diputados y senadores votados por otras fuerzas políticas, sea el peronismo, el radicalismo o el PRO) que “se pasaron” directamente a La Libertad Avanza, Milei y su mesa chica creía que iba a lograr con trámite exprés aprobar todo el paquete de ajuste y reformas estructurales, incluyendo, nada más y nada menos, la reforma previsional.
Sin embargo, tuvo un traspié en la votación del presupuesto en Diputados que los obligó a recalcular. No lograron en la votación en particular en dicha Cámara hacer pasar la anulación de las leyes de financiamiento universitario y de emergencia en discapacidad. Una mezcla de miedo al repudio de los legisladores al volver a sus provincias, y compromisos no cumplidos del toma y daca de compra de votos, hizo que ese capítulo de la ley fuera rechazado. A esto tenemos que sumarle que en ese momento se realizaba la marcha contra la reforma laboral de la CGT y las CTA a Plaza de Mayo (en las que también participó el sindicalismo combativo y la izquierda con una columna independiente), que se replicó masivamente en todas las provincias.
Todo esto generó un pequeño triunfo para el pueblo trabajador, “Luchar sirve” fue el mensaje. El gobierno “que se llevaba todo por delante” tuvo que poner el pie en el freno y anunciar que trasladaba a febrero el tratamiento de la reforma laboral. Con respecto al presupuesto, tras el amague de Milei de “vetar todo”, volvieron sobre sus pasos y prefirieron aprobarlo tal como salió aprobado de Diputados (o sea sin las derogaciones de la ley universitaria y de discapacidad).
¿Qué es y porqué se aprobó este presupuesto?
Seamos claros. Por más que se haya sacado ese capítulo, sigue tratándose de un proyecto de super-ajuste, un salto en calidad en relación a la motosierra, un presupuesto que sólo trae más hambre, miseria y marginación social con el único y explícito objetivo de cumplir con los compromisos con el FMI y los pulpos acreedores. Un presupuesto que, además, autoriza al gobierno a seguir aumentando el endeudamiento en 20.000 millones de dólares.
El gobierno se decidió por hacerlo aprobar, tras sus dudas acerca si convenía directamente vetar y estar otro año más actuando discrecionalmente (sin presupuesto), porque así se lo exigieron explícitamente el FMI, el gobierno de los Estados Unidos y los mismos pulpos acreedores (hubo una explícita declaración al respecto del J.P. Morgan). Era la hoja de ruta que materializaba que se iba a cumplir, en base al hambre de los argentinos, con todos y cada una de las exigencias del imperialismo yanqui y los acreedores externos.
Mucho se habló previamente de que la versión aprobada en Diputados (y que se votaba en el Senado) tenía ciertos artículos “invotables” incluso para aquellos partidos patronales que acompañaban “en general” la aprobación exigida por La Libertad Avanza. En particular, se hablaba del artículo 30, por el que se derogaba partes de la leyes de Financiamiento Educativo, de Educación Nacional, de financiamiento del sistema nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación y de Educación Técnica Profesional y del artículo 12, que atentaba contra el financiamiento universitario. Un ataque en toda la línea a la educación pública y al sistema de ciencia y técnica. Pero funcionó la compra de votos, una vez más, más escandalosamente que nunca. La Libertad Avanza tiene en Senadores 20 bancas (21 si sumamos al tránsfuga de Luis Juez, con quien integran un interbloque). Sin embargo, se pudo ver, tanto en la votación en general como en particular, que el cartel marcaba repetidamente “45” o “46”. Los senadores de los gobernadores peronistas como el catamarqueño Jalil o el tucumano Jaldo, o Sáenz, el antiguo amigo de Massa, gobernador de Salta, más algunos de otras provincias (Jujuy), se sumaron a radicales, el PRO y legisladores de partidos provinciales. Todos revolcados en el mismo lodo, dándole el presupuesto de ajuste y la gobernabilidad que requería el ultraderechista Milei. La sonrisa de oreja a oreja de la impresentable nueva senadora (y ex ministra represora Patricia Bullrich), lo decía todo.
Fue el último hecho político del año. El pueblo trabajador asistió con indiferencia a esta votación vergonzosa. Algunos llegaron a escuchar preocupados la amenaza navideña del presidente Milei: “ajustense los cinturones”, prometiendo más ajuste, despidos y recortes. La inmensa mayoría estuvo ocupada tratando de poder comprar, con salarios y jubilaciones pulverizadas, algo para la mesa de las fiestas. Miles ya no saben lo que es el aguinaldo, otros tanto, que sí lo cobran, lo tuvieron que usar íntegramente para pagar deudas. Están los que no saben si van a tener trabajo el año que viene. Los que se tienen que pasar las fiestas trabajando para alguna plataforma y así conseguir alguna moneda.
El 2026 será, sin dudas, un año de luchas. Por el salario, contra los despidos, enfrentando los nuevos ajustes. Dando una fortísima pelea contra lo que se viene, la reforma laboral en primer lugar. Por eso, sigue siendo fundamental exigir a la CGT y las CTA que rompan con el inmovilismo o las declaraciones testimoniales, llamando a un paro general y un plan de lucha contra la motosierra de Milei, el FMI, el imperialismo yanqui y los gobernadores cómplices. Es lo que venimos sosteniendo tanto desde el sindicalismo combativo como desde Izquierda Socialista y el Frente de Izquierda Unidad.
Escribe Trabalhadores Unidos, sección de la UIT-CI en Portugal
22/12/2025. Como ocurre con prácticamente todas las grandes luchas sociales, la Huelga General fue seguida inmediatamente por una guerra de cifras. Por un lado, el gobierno y los representantes de la patronal se apresuraron a minimizar el impacto de la huelga, con el ministro Leitão Amaro sugiriendo que la huelga podría haber tenido un 0% de participación; por otro, las federaciones sindicales decidieron inflar la magnitud de la huelga, afirmando que había 3 millones de huelguistas. Las cifras no cuadran para ninguno de los dos bandos, y no es casualidad. Las cifras aquí son menos un reflejo fiel de la realidad y más un arma política en una disputa sobre el significado de la huelga.
Pero incluso descartando exageraciones y manipulaciones, hay un hecho innegable: la Huelga General tuvo un impacto real y significativo. Afectó a sectores estratégicos de la economía, causó pérdidas sustanciales y visibilizó, aunque de forma desigual, la fuerza social de la clase trabajadora. Esto cobra mayor relevancia al ocurrir en un contexto caracterizado por una débil organización de base, la ausencia de asambleas masivas en los centros de trabajo y una preparación muy limitada para la movilización activa.
Ante el anuncio de la huelga, el gobierno intentó intervenir políticamente para desmovilizarla y fragmentarla. Lo hizo mediante maniobras de última hora, como la vaga promesa de un salario mínimo de 1600 euros con vigencia indefinida, o la afirmación de que la anunciada reforma laboral no tendría efecto en el sector público, en un claro intento de apartar de la lucha a uno de los batallones más numerosos y combativos de la clase trabajadora. Estas operaciones no pretendían atender las reivindicaciones, sino reducir el alcance político de la huelga y debilitar su legitimidad social.
Es en este contexto —en medio del choque de narrativas, el impacto objetivo de la huelga y las maniobras del gobierno— que se hace necesaria una evaluación política seria de la Huelga General. No para ajustar cuentas estadísticas, sino para comprender lo que esta lucha reveló sobre el equilibrio de poder, las limitaciones existentes y, sobre todo, los desafíos que se plantean para la continuación de la lucha.
La huelga general se hizo sentir, tanto en el sector público como en el privado
Contrariamente a lo que el gobierno intentó imponer en la narrativa pública, la Huelga General estuvo lejos de ser insignificante. A pesar de las declaraciones que buscaban reducir la huelga a una acción residual, hablando de una minoría aislada en un país que supuestamente funcionaba con normalidad, la realidad del 11 de diciembre fue muy distinta: servicios interrumpidos, sectores paralizados y pérdidas económicas significativas demuestran que la huelga tuvo una expresión social concreta y un alcance innegable.
Como era de esperar, el impacto fue especialmente visible en el sector público, donde la influencia de la organización sindical es mayor y el temor a represalias por parte de los superiores es generalmente menor. Trenes cancelados, cientos de vuelos cancelados, hospitales operando con servicios mínimos y escuelas cerradas de norte a sur del país dejaron claro que una parte significativa de los trabajadores respondió a la convocatoria de huelga. Estas cifras por sí solas desmantelan el intento del gobierno de presentar la jornada como una jornada de normalidad sin incidentes.
Pero el elemento políticamente más relevante de esta Huelga General fue el nivel de participación en el sector privado, superior al habitual en movilizaciones de este tipo. En un contexto marcado por la precariedad, la fragmentación y la fuerte presión patronal, muchos trabajadores decidieron paralizar sus labores. La explicación es sencilla: el paquete de cambios a la legislación laboral, presentado como una reforma «técnica», se percibe cada vez más como lo que realmente es: un ataque directo a los derechos, los salarios y las condiciones laborales, con consecuencias especialmente duras para quienes trabajan en el sector privado.
Esta percepción se tradujo en una participación significativa no solo en los sectores más organizados de la industria, sino también en áreas marcadas por la precariedad y la alta rotación de personal, como los centros de llamadas o la distribución. El hecho de que la huelga se sintiera en estos sectores revela un descontento acumulado , a menudo vinculado a problemas muy específicos en el ámbito laboral: horarios irregulares, bajos salarios, empleo inestable, acoso laboral y ritmos de trabajo insostenibles.
Según el indicador diario de actividad económica del Banco de Portugal, la actividad económica en Portugal cayó un 8% el día de la Huelga General, convirtiendo el 11 de diciembre en la segunda mayor caída económica de todo el año. Solo el día del apagón registró un impacto mayor, con una caída del 14,7%. Estas cifras refutan directamente las declaraciones del ministro Leitão Amaro, quien calificó la huelga de «insignificante». La economía no se detuvo por casualidad: se detuvo porque miles de trabajadores se declararon en huelga.
Estos datos son fundamentales para cualquier evaluación seria de la Huelga General. Incluso con una preparación limitada, sin una fuerte dinámica de organización de base y bajo la intensa presión política del gobierno para desmovilizarse, la huelga logró expresar una verdadera reserva de lucha entre los trabajadores. Una reserva que no desaparece al día siguiente del paro y que demuestra, en la base del movimiento sindical, la capacidad de continuar la lucha contra la ofensiva gubernamental.
Las artimañas del Gobierno y la derecha para desactivar la lucha
Tras esta reacción inicial, marcada por un intento de minimizar el impacto de la Huelga General, el gobierno ajustó rápidamente su discurso. A la negación le siguió una apertura controlada a la «negociación», designando inmediatamente a la UGT ( Unión General de Trabajadores) como interlocutor privilegiado. Este cambio no es una señal de retroceso político, sino parte integral de la estrategia del ejecutivo para aprobar la reforma laboral y neutralizar la protesta social.
Como han destacado varios comentaristas, incluido Marques Mendes , en el contexto de su candidatura presidencial, la UGT ha funcionado históricamente como el principal interlocutor del gobierno en el diálogo social, a pesar de presentarse como representante de los intereses de los trabajadores. Controlada por figuras vinculadas a los partidos PS y PSD , la UGT desempeña un papel central en la legitimación de acuerdos que permiten ataques a los derechos laborales, a la vez que contribuye a desmovilizar la lucha.
Desde el principio, el gobierno y la patronal supieron que una reforma laboral de esta magnitud no quedaría sin respuesta. El cálculo es simple: presentar un paquete profundo e integral, admitir que algunas medidas deberán eliminarse y asegurar que las esenciales —la desregulación laboral, el debilitamiento de la negociación colectiva y el aumento de la precariedad laboral— sigan adelante. No es casualidad que, en la fase inicial, las críticas se centraran casi exclusivamente en los cambios en los derechos parentales, preparando el terreno para una posible concesión drástica que permitiera salvar el resto del paquete.
En este momento, el gobierno evalúa exactamente cuánto debe ceder para que la UGT (Unión General de Trabajadores) pueda firmar un acuerdo y cumplir su función política: presentar el resultado como un «posible equilibrio» y ayudar a frenar la continuación de la lucha. La inclusión de algunas medidas específicas que pueden presentarse como favorables a los trabajadores, en medio de un mar de ataques, encaja en la misma lógica de legitimación y confusión.
A la derecha del gobierno, el papel es complementario. André Ventura y Cotrim de Figueiredo afirman repetidamente que el paquete también tiene aspectos «positivos», apoyando la lógica de que no debe rechazarse en su totalidad y que simplemente limar algunas asperezas bastará para su aprobación. Esta narrativa no es casual: sirve para convertir el debate en una discusión técnica, fragmentando a la oposición y creando las condiciones para que la reforma avance con pequeños ajustes.
Pero este es precisamente el punto central. Este paquete laboral no se trata de una corrección ni de una negociación parcial. Es un ataque integral a los derechos de la clase trabajadora y, como tal, debe ser derrotado en su totalidad. La postura del gobierno, la derecha parlamentaria y sus aliados en el diálogo social confirma que la ofensiva continúa y que solo la continuación de la lucha puede detenerla.
Debemos seguir luchando para derrotar el paquete laboral
La Huelga General demuestra la voluntad de lucha , incluso en el sector privado, donde la movilización suele ser más difícil. Al mismo tiempo, ha quedado igualmente claro que el gobierno y la derecha no han cedido en su ofensiva: simplemente intentan reorganizar su estrategia para salir adelante, combinando negociaciones controladas, concesiones quirúrgicas y maniobras de desmovilización. De esta confluencia de factores, surge una conclusión inevitable: es necesario seguir luchando y empezar a prepararse para la próxima jornada de acción ya.
Esta continuidad no puede basarse en la repetición mecánica de formas vacías de lucha. Requiere, ante todo, un esfuerzo consciente para mejorar la organización de base. Sesiones informativas en los centros de trabajo, asambleas democráticas que involucren a los trabajadores en la discusión del paquete laboral y las respuestas, y la coordinación entre sectores y empresas: todo esto es esencial para transformar el descontento existente en una fuerza organizada capaz de enfrentarse al gobierno y a la patronal.
Es en este contexto que resulta necesario criticar la convocatoria de la CGTP a una manifestación para el 13 de enero. El problema no reside en la idea de continuar la lucha —que no solo es correcta sino necesaria—, sino en el método elegido. Convocar una manifestación un martes a las dos de la tarde, sin una huelga asociada, garantiza desde el principio una protesta reducida, con media docena de dirigentes sindicales y poca o nula participación real de los trabajadores. Este tipo de iniciativa no fortalece la lucha; al contrario, la conduce a un callejón sin salida , transmitiendo una imagen de aislamiento y agotamiento en un momento en que es necesario ganar confianza y ampliar la movilización.
No es necesario esperar a la reunión entre el gobierno y la UGT, prevista para el 7 de enero, para comprender lo que está en juego. Independientemente del resultado de estas negociaciones, el objetivo del ejecutivo sigue siendo el mismo: aprobar los puntos esenciales del paquete laboral. La respuesta de la clase trabajadora no puede depender de este calendario ni de las maniobras del diálogo social. El reto es otro: preparar luchas a la altura del ataque, con métodos que fortalezcan la participación, la unidad y la confianza de los trabajadores. Solo así será posible detener la ofensiva en curso y avanzar hacia la derrota total del paquete laboral. Los Trabajadores Unidos reafirman su compromiso con este camino para transformar la voluntad de lucha en una fuerza organizada, consciente y capaz de vencer. Es en este esfuerzo colectivo en el que seguiremos comprometidos.
¡Únete a nosotros!
Escribe Noelia Agüero, legisladora de Córdoba por Izquierda Socialista FITU
Demostrando, una vez más, que es cómplice de Milei y que también aplica la motosierra en la provincia, Llaryora declaró la emergencia previsional por cinco años, prorrogable por otros cinco más para poder disponer discrecionalmente de los fondos de la Caja de Jubilaciones Provincial. Volvió a meterles la mano en el bolsillo a los trabajadores activos y pasivos. En medio de una maraña de números y porcentajes que nadie logra entender aún, impone descuentos diferenciados, que más altos o más bajos, son descuentos al fin, o sea, son rebaja salarial.
Lo concreto es que quieren hacerle pagar a los trabajadores el déficit de la Caja de Jubilaciones que por más de 30 años han mantenido intervenida los radicales y los peronistas, -que ya llevan 27 años en el poder- sin jamás dar explicaciones ni publicar balances.
Una Caja a cuyos fondos le han metido mano cada vez que necesitaron tapar los agujeros negros de la economía, fundamentalmente los pagos de la enorme deuda externa provincial. Las y los trabajadores no deben perderse detrás del farrago de mentiras con que tratan de hacerles creer que son los responsables del déficit porque tienen jubilaciones demasiado altas o porque no han aportado lo suficiente.
El déficit de la Caja tiene causas absolutamente claras: La utilización discrecional y fraudulenta de los fondos por parte de los sucesivos gobiernos, que por algo la mantienen intervenida. La rebaja de los aportes patronales y la enorme cantidad de trabajadores monotributistas y precarizados que tiene el estado provincial, y que por lo tanto no aportan a la Caja. Y también la millonaria deuda de la nación. Además incorporaron decena de miles de jubilaciones que deberían ser pagadas por Rentas Generales y no por la Caja, como por ejemplo la policía provincial.
Durante décadas, los gobiernos radicales y peronistas, con la Caja intervenida y mediante leyes o decretos han ido rebajando salarios y jubilaciones. Ellos son los únicos responsables del déficit actual.
Ahora, ante esta realidad, cabe preguntarse: ¿Que han hecho los dirigentes sindicales de los gremios afectados? Y la respuesta es: aunque con tácticas diferentes, lo concreto es que: ¡Dejaron pasar todas las rebajas jubilatorias! ¿Por qué? Porque nunca enfrentaron consecuentemente al gobierno, con paros y planes de lucha verdaderos y discutidos con la base, que siempre estuvo dispuesta a pelear. Se dedicaron a hacer que luchaban pero todos divididos, o a juntar firmas o confiaron en la justicia corrupta de Córdoba. Y ahora están repitiendo la historia, con la misma política. Algunos, no todos, hacen discursos encendidos contra Llaryora o contra Milei, pero tienen terror de llamar asambleas para que sea la base la que decida que hacer y entonces mienten diciendo que “la gente” no quiere pelear.
Solo el Plenario del Sindicalismo Combativo de Córdoba ha venido llamando a ganar las calles hasta derrotar este verdadero robo. El ataque de Llaryora es parte del plan motosierra de Milei, de la reforma laboral, previsional y penal que se vienen. Es una declaración de guerra contra las y los trabajadores y solo la podremos frenar, contraponiéndole nuestro poder, con la huelga general y planes de lucha consecuentes discutidos por la base. Para ganar hay que seguir el ejemplo del Hospital Garrahan que aplicando el método de discutir y resolver todo en asambleas democráticas y tras un plan de lucha con paros y movilizaciones de más de dos meses, consiguió un triunfo contundente
Por la derogación del robo jubilatorio de Llaryora exijámosles a las CGT y las CTAs paro provincial y plan de lucha. Por aumento de salarios y jubilaciones ya! y el pase a planta permanente de todos los estatales precarizados. Basta de intervención a la Caja, que la administren y gestionen los trabajadores pasivos y activos!
Escribe Juan Carlos Giordano
Diputado nacional electo por Izquierda Socialista/FIT Unidad
Luego de la marcha de la CGT, el gobierno pasó el tratamiento del proyecto de la Reforma Laboral para febrero del año que viene. Se logró un primer paso que alienta la lucha y la movilización. Lo quería votar de manera exprés antes de fin de año en la Cámara de Senadores. Pero esa política no le viene dando frutos. El 17/12, si bien se aprobó el Presupuesto 2026, el gobierno tuvo una dura derrota política al caérsele el capítulo que disponía eliminar las leyes de emergencia para las personas con discapacidad y el financiamiento universitario. Ahora vuelve a sufrir otro traspié.
La propia Patricia Bullrich, titular de la Comisión de Trabajo del Senado, anunció que si bien pueden sacar el dictamen de la reforma en los próximos días, el tratamiento pasa para el año que viene. También se pasó el tratamiento de la Ley de Glaciares para más adelante. Una muestra de que a este gobierno ultraderechista se lo puede frenar y derrotar a pesar de que ganó las elecciones.
La marcha de la CGT a Plaza de Mayo fue importante, con nutridas columnas de distintos gremios que se dieron cita desde el mediodía (a pesar del calor agobiante), el sindicalismo combativo y la izquierda, y sectores políticos del peronismo, con Kicillof y La Cámpora, entre otros. También hubo réplicas en las principales ciudades del país.
Los tres dirigentes del actual triunvirato de la CGT hicieron uso de la palabra, repudiando la reforma laboral como regresiva y antiobrera. Tanto Octavio Arguello como Jorge Sola señalaron que esta marcha “es el primer paso del plan de lucha que, si no nos escuchan, va a terminar en un paro general”. Sin embargo, ante la plaza colmada, no llamaron a hacer asambleas en los lugares de trabajo ni plenarios de delegados para impulsar la campaña contra la reforma. Ni le pusieron fecha al paro para cuando se trate la ley. Fue Jerónimo quien dijo que van a dar la pelea en los distintos frentes, en el “legislativo, judicial y en el gremial”. Es decir, la CGT va a seguir cifrando esperanzas en un diálogo con las y los diputados y senadores, en apelar a la justicia y recién fijar una posible medida de fuerza. Pero si en esos ámbitos se pueden lograr algunos pasos favorables, será por la lucha y la movilización, no confiando en ningún político patronal ni juez. Sabiendo que el objetivo central pasa por derrotar la ley.
Es por eso que el sindicalismo combativo fue claro en la marcha de hoy. Encabezado por Rubén “Pollo” Sobrero junto a la izquierda, con importantes columnas de la Unión Ferroviaria Oeste, Ademys, el Sutna, el Garrahan y distintos sectores, ingresó por Diagonal Norte al grito de “paro, paro, paro, paro general” y “con una marcha, no va a alcanzar, nos hace falta una huelga general”. Ese es el camino. Columna de la cual participaron las y los diputados del Frente de Izquierda Unidad, entre ellos Mónica Schlotthauer, Juan Carlos Giordano y Mercedes de Mendieta de Izquierda Socialista, Myriam Bregman y Del Caño del PTS y Romina Del Plá y Néstor Pitrola del Partido Obrero.
Llamamos a mantener la guardia en alto, a impulsar asambleas, plenarios de delegados con mandato y resoluciones en los lugares de trabajo contra la reforma laboral esclavista. El camino pasa por derrotarla con lucha, movilización, un paro y plan de lucha nacional. Este primer paso que se ha dado hoy, haciendo retroceder al gobierno en su plan original, muestra que luchar sirve.