Jan 30, 2023 Last Updated 4:00 PM, Jan 28, 2023

A 105 años de la Revolución Rusa / El mayor acontecimiento político del siglo XX

Escribe Adolfo Santos

En los primeros días de noviembre de 1917 (últimos días de octubre según el calendario gregoriano), un hecho político ocurrido en Rusia conmovió al mundo. Se instalaba en el poder un gobierno revolucionario y socialista, dirigido por el partido bolchevique encabezado por Lenin y Trotsky, cuya fuerza se asentaba en la movilización democrática de las masas obreras y campesinas organizadas en los soviets.  

A principios del siglo XX, Rusia era gobernada por el imperio de los zares construido por la familia Romanov tres siglos antes. Su población de 150 millones de habitantes era pobre, constituida mayoritariamente por campesinos y analfabetos. A pesar de conservar rasgos feudales, en las grandes ciudades como Petrogrado y Moscú capitalistas ingleses y franceses fueron desarrollando una industria moderna, alrededor de la cual crecieron grandes concentraciones obreras como las industrias Putilov, donde trabajaban 36.000 obreros.

En 1914, el zar Nicolás II se alió a Francia e Inglaterra en la guerra interimperialista, mandando a la muerte a millones de rusos que enfrentaban a los alemanes en inferioridad de condiciones. Esta situación, que fue desmoralizando las tropas rusas en las trincheras y provocando terribles penurias a la población en general, incentivó un movimiento creciente contra la guerra. Ese descontento se manifestaba en permanentes protestas que eran reprimidas por la policía zarista provocando muertes, heridos y encarcelados.

En febrero de 1917 una enorme movilización en Petrogrado, luego de cinco días de combates en las calles, consiguió la caída del zarismo. Escribe Trotsky en Historia de la Revolución Rusa:  “El 23 de Febrero era el Día Internacional de la Mujer […] A nadie se le había ocurrido que pudiera convertirse en el primer día de la revolución […] la Revolución de Febrero comenzó desde abajo,[...] con la particularidad de que [...] corrió a cargo del sector más oprimido y pisoteado del proletariado: las obreras del ramo textil”.

Ese gran triunfo democrático  instaló un “gobierno provisional” encabezado por el partido de la burguesía liberal, Kadetes, que había acompañado al zarismo hasta sus últimos días. El nuevo gobierno fue apoyado e integrado por partidos obreros y  campesinos, los mencheviques (el ala reformista del partido marxista social democrático fundado en 1898) y los social revolucionarios (SR) con influencia en el campesinado.

El doble poder de los soviets

Al calor de este ascenso contra la guerra y la miseria surgieron los soviets (consejos), una experiencia retomada de la revolución derrotada en 1905. Estos organismos, formados por delegados obreros, campesinos y de soldados, deliberaban y decidían sobre todos los problemas. Se convirtieron en verdaderos organismos de “doble poder”, exigiendo soluciones a un gobierno que no atendía las principales exigencias de las masas empobrecidas. Los bolcheviques encabezados por Lenin, que comenzaron siendo una absoluta minoría en los soviets, dirigidos por los mencheviques y los SR, se fueron fortaleciendo al desenmascarar a estos sectores reformistas que sostenían el gobierno burgués para, supuestamente, desarrollar una Rusia capitalista y en una etapa posterior luchar por el socialismo.

En abril Lenin regresa del exilio y presenta un programa (ver recuadro “Las Tesis de Abril”) llamando a rechazar la política de conciliación menchevique, a combatir el gobierno burgués y a delegar el poder a los soviets, única alternativa para conquistar paz, pan y tierra. Esa política desató una feroz campaña contra el líder bolchevique, que fue acusado de agente alemán por defender la paz. Este ataque se extendió a Trotsky, destacado dirigente de los soviets, que en mayo había ingresado al partido de Lenin.

Pero con esa política de exigir “paz, pan y tierra”,  los bolcheviques se fueron fortaleciendo y en los meses anteriores a la revolución se habían convertido en la mayoría entre los delegados soviéticos. Esa nueva relación de fuerzas les permitió a sus principales dirigentes, aún desde la cárcel, organizar la resistencia e impedir el intento de golpe del general Kornilov para derrotar el ascenso que acorralaba al gobierno de Kerensky.

La insurrección

El fin del gobierno burgués se produjo casi sin derramamiento de sangre, tal la fuerza de la movilización motorizada desde los soviets que fue organizada y dirigida por los bolcheviques, con Lenin y Trotsky (que dirigía el soviet de Petrogrado) a la cabeza. Fueron centenas de milicias armadas desde las fábricas y barriadas obreras y de los propios destacamentos de soldados y marinos. El último acto lo protagonizó el acorazado Aurora desde las aguas del río Neva que, con dos tiros de cañón, definió la rendición final del gobierno burgués y el abandono del Palacio de Invierno. Nacía un gobierno revolucionario y socialista dirigido por el partido bolchevique.

En su Historia de la Revolución Rusa, Trotsky concluye: “La Revolución de Octubre sentó las bases de una nueva cultura al servicio de todos, y por esa misma razón adquiere de inmediato significado Internacional. Incluso suponiendo por un momento que debido a una situación desfavorable y por circunstancias y golpes hostiles el régimen soviético fuera temporalmente derrocado, la Revolución de Octubre continuaría ejerciendo una influencia indeleble sobre todo el desarrollo futuro de la humanidad”. Trotsky tenía razón. Frente a la debacle del actual sistema capitalista imperialista, las tareas desarrolladas por la revolución de octubre y las medidas por ella aplicadas están más vigentes que nunca.

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