
Escribe José Castillo
Mientras Mieli veta aumentos a jubilados y discapacidad y sigue aplicando la motosierra al pueblo trabajador, continúa repartiendo plata para los ricos: al FMI, a los monopolios agroexportadores y ahora, millonadas a los bancos.
El slogan favorito del gobierno ultraderechista de Javier Milei es “No hay plata”. Lo viene usando como excusa desde el mismo día que asumió. Así, pulverizó salarios y jubilaciones, cerró organismos públicos, echó decenas de miles de trabajadoras y trabajadores, desfinanció la ciencia y la técnica al extremo y paralizó la obra pública. En las últimas semanas volvió otra vez contra las y los jubilados, la universidad pública y le agregó las discapacidades.
Sin embargo, la excusa de “no hay plata” no corre cuando se trata de favorecer a los ricos y las grandes empresas. Primero en la lista, por supuesto, están los pulpos acreedores de la deuda externa. Tanto los buitres privados como el propio FMI, jamás se vieron “ajustados”. Ni un centavo se les dejó de pagar ni se atrasó un minuto ningún vencimiento. Para ellos siempre hubo prioridad.
Luego vienen los grandes empresarios. Para dejar de cobrar miles de millones en impuestos no es problema la “prioridad en el superávit fiscal”. Ahí está el RIGI y los proyectos aprobados al servicio del saqueo de nuestras riquezas. Tampoco hubo ningún inconveniente en reducir las retenciones, al servicio de agrandar las ganancias de los grandes monopolios agroexportadores.
Pero ahora a esto se ha agregado un negocio que ya existía, y para el que tampoco había límites ni ajustes, pero que ahora ya toma ribetes de escándalo: la bicicleta financiera y las “súper-tasas” de interés que se le ofrecen a especuladores financieros y bancos.
Bicicleta financiera al infinito
El negocio venía de largo tiempo atrás, con los bancos haciendo un negocio redondo. Le prestaban al Estado, por medio de letras capitalizables (Lebac) u otros instrumentos financieros, recibiendo a cambio una montaña en concepto de intereses. El gobierno de Milei, desesperado porque no se vayan pesos a la compra de dólares, cada vez que estas letras vencían, ofrecía a los bancos renovarlas por un nuevo período, acumulando así intereses sobre intereses. Un negocio redondo para los banqueros, que sin mover un dedo, en vez de prestar ese dinero, automáticamente se lo pasaban al gobierno. Así aumentaba la bola de nieve de intereses que, mes a mes, Milei y Luis Caputo le reconocían como “capitalizados” a los bancos, aumentando astronómicamente la deuda.
Se había llegado al escándalo que lo que mensualmente el gobierno le reconocía a los bancos como intereses era un monto similar a todo lo que se pagaba en el mismo período en concepto de jubilaciones y pensiones (4,6 billones de pesos).
Pero desde mediados de julio se desató la fiesta. Los bancos empezaron a exigir más y más por la renovación de letras. El chantaje fue que, en caso contrario, exigirían esos pesos y los volcarían a la compra de dólares. Como no hay reservas, el gobierno no podría evitar que el tipo de cambio se fuera a las nubes, arruinándo la estabilidad ficticia (y la supuesta baja de la inflación) justamente en medio del período electoral.
¿Qué viene haciendo el ministro de Economía Caputo, el supuesto “Messi” de las finanzas? Al no poder “domar” a los bancos, le ofrece nuevas letras con tasas de interés astronómicas, de entre 50 a 70% anual. Así, en el último mes, los intereses que se les capitalizaron a las entidades financieras sumaron 17,8 billones de pesos: ¡más de cuatro veces todo el dinero que se usa para pagar a las jubiladas y jubilados en un mes!
Se trata de un escandaloso negocio al servicio de los especuladores. Todo para que siga el llamado “carry trade”, el negocio de acumular millonadas en pesos, mientras el dólar se mantiene artificialmente quieto. Todo terminará, como siempre, cuando los mismo especuladores entiendan que “ya es suficiente” y ahí huyan al dólar, provocando su devaluación.
Estas tasas por las nubes no sólo son un negocio para los buitres financieros. Tienen también consecuencias terribles para el pueblo trabajador, el pequeño comerciante o el que vive de changas. Las tasas de interés de los préstamos también suben, en línea con las otras. Así, hoy financiar una tarjeta de crédito, la realidad de millones que no llegan a pagar el total mensual porque la usan para comprar comida, implica una tasa de interés del 210%. Una persona que hace changas y que le pagan con un cheque diferido y va al banco a “descontarlo” para recibir el efectivo, paga una tasa de 70%. El costo de girar en descubierto, una práctica habitual del pequeño comerciante, subió al 80%. Con todo esto, no llama la atención que la morosidad de los préstamos, que ya estaba en el 2%, ahora suba al 5%.
El pueblo trabajador ya estaba hundido en salarios y jubilaciones. Ahora también se lo hunde en el crédito. Del otro lado, están los que hacen negocios especulativos fabulosos. Esa es la realidad de para quién “no hay plata” y para quién sí. Por eso desde Izquierda Socialista y el Frente de Izquierda Unidad insistimos en que la única salida es cortar de raíz todo esto, dejando de pagar la deuda externa, rompiendo con el FMI y acabando con la especulación financiera, nacionalizando la banca y el comercio exterior. Para que todos estos millones de pesos y dólares que hoy engrosan los bolsillos de los ricos vayan, de una vez por todas, a resolver las más acuciantes necesidades populares.










