Sep 11, 2026 Last Updated 9:31 PM, Sep 10, 2026

Izquierda Socialista

Escribe Adolfo Santos

Desde muy temprano y bajo una intensa niebla, fueron llegando gremios de la CGT como camioneros, bancarios, metalúrgicos, mecánicos, navales, aceiteros, entre otros. También sectores del peronismo bonaerense. De las CTA, como estatales y docentes;  movimientos sociales, trabajadoras y trabajadores independientes, organizaciones de jubilados, el sindicalismo combativo encabezado por los Ferroviarios del Sarmiento, el Sutna y Ademys y partidos políticos de izquierda, empezaron a cubrir gran parte de la Plaza Congreso. Al mediodía, con la llegada de nuevas columnas de organizaciones sindicales, la Plaza desbordó sobre las calles laterales y se extendió hasta la Avenida 9 de Julio por Avenida de Mayo, configurando una masiva concentración.

Fue una jornada nacional de lucha que expresó el inmenso rechazo al proyecto reaccionario y entreguista del gobierno. Más y más trabajadoras y trabajadores, jóvenes, vecinos de los barrios, autoconvocados, jubiladas y jubilados siguieron acercándose durante el día y engrosando la movilización. Evidentemente la marcha iba a terminar siendo mucho más grande, cuando se sumaran los miles que llegarían cuando culminara su jornada laboral. Ese fue uno de los motivos por los que el gobierno de Milei desató la feroz represión que se dio a media tarde.

Las movilizaciones en el interior

En Neuquén, por su parte, una gran marcha unitaria que reunió a 15.000 manifestantes recorrió el centro de la ciudad, pasó frente a Casa de Gobierno y terminó sobre la ruta para hacer el acto final donde se leyeron dos documentos, uno de la Multisectorial leído por Angélica Lagunas, secretaria general de ATEN Capital; Alejandro Lopez, secretario de Ceramistas y César Parra del Polo Obrero y otro del Frente Gremial.

En Rosario también hubo una importante movilización de cerca de ocho mil personas que se concentraron frente al Monumento a la Bandera. Participaron sindicatos, junto a organizaciones sociales, y partidos de izquierda.  

También en Córdoba se realizaron dos marchas. Al mediodía una convocada por la CGT con la participación de dirigentes de sindicatos como metalúrgicos y a las 16 sectores independientes como las organizaciones de izquierda, UEPC Capital (docentes), ATE, químicos, UTS (Salud) junto a organizaciones sociales, marcharon por la ciudad pasando por la Casa de Gobierno para denunciar la complicidad de Llaryora con el proyecto de ultraderecha de Milei y el FMI y culminaron en el Patio Olmos donde hablaron referentes de las organizaciones participantes.

En medio de un paro convocado por ATE y Sutef (educación), en Río Grande (Tierra del Fuego) hubo una movilización por la mañana con la participación de trabajadores estatales y a la tarde se movilizaron la UOM, trabajadores de la educación,  docentes universitarios junto a Izquierda Socialista sectores del peronismo y el Polo Obrero. En Ushuaia se movilizaron Sutef, SOEM (municipales) y Utgra (gastronómicos).

También hubo manifestaciones de protesta contra la Ley Bases en Mendoza y San Juan entre otras capitales de provincias.
Volviendo a la Ciudad de Buenos Aires, a la noche, convocadas por las asambleas locales, decenas de barrios hicieron sonar las cacerolas.
En síntesis, fue una verdadera expresión de bronca de norte a sur del país contra la aplicación de políticas de ultraderecha que retiran derechos y entregan el patrimonio nacional.

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Escribe Adolfo Santos

Lejos de permitir el libre derecho a la manifestación,  aún cuando se trataba de una concentración tan importante, las fuerzas de seguridad bajo las órdenes de Bullrich provocaron permanentemente hostigando desde la mañana a los manifestantes. Luego, a media tarde, iniciaron una feroz represión. La Policía Federal, Gendarmería Nacional y Prefectura, comenzaron a acorralar manifestantes, golpearlos, gasearlos y a reprimirlos con carros hidrantes y balas de goma. Fue una operación calculada para acabar con una gran manifestación que se iba renovando hora a hora y se realizaba de manera pacífica.

La violencia escaló al punto que, sin mediar palabras, cinco diputados nacionales de Unión por la Patria fueron gaseados en la cara por las fuerzas represivas y debieron ser derivados al Hospital Santa Lucía para ser atendidos. Varios periodistas se quejaban de que el operativo les impedía ejercer la libre información y que era la propia policía la que acababa cortando las calles al impedir el paso de los manifestantes. Sin duda que la tentativa de impedir el trabajo de prensa está ligado a ocultar los excesos de la represión, aunque no pudieron disimular la brutalidad ejercida contra personas mayores o la ostentación de armas de fuego por parte de los agentes de Prefectura.

El escenario de guerra generado por una feroz represión fue calculado para dispersar la protesta contra la Ley Bases y demuestra el carácter reaccionario de lo que fue votado en el Senado. Montaron una provocación sobre una manifestación que se desarrollaba de forma pacífica y que terminó con una verdadera cacería humana de manifestantes por parte de la policía motorizada. Fue necesaria mucha violencia para imponer una serie de medidas que atacan profundamente los intereses de la clase trabajadora y sectores populares y que entrega el patrimonio nacional.

Son hechos gravísimos, incompatibles con el mínimo respeto a las libertades democráticas, propios de un gobierno de ultraderecha que en la tentativa de imponer un proyecto reaccionario acusa a los manifestantes de golpistas. Repudiamos a la principal responsable de esta represión, la ministra Patricia Bullrich, quien declaró: “El operativo fue perfecto, no hubo pasividad frente a una violencia inusitada”. Y luego de forma irresponsable acusó a unas ochenta organizaciones sociales, políticas y sindicales por los incidentes que organizó su propia fuerza de seguridad. Entre esas organizaciones menciona a Izquierda Socialista y demás partidos del Frente de Izquierda, ATE, Cicop, Suteba, Ctera, Sutna, Conadu, CGT, Smata, Camioneros, Federación de Aceiteros,  Conductores Navales, UOM entre otras. Repudiamos la violenta represión, rechazamos esta grotesca acusación y exigimos la inmediata libertad de todos los manifestantes detenidos durante la brutal represión.





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Escribe Atilio Salusso

Milei catalogó de “terroristas” a los manifestantes que, según su mensaje delirante, “intentaron un golpe de Estado”. Además, felicitó “a las fuerzas de seguridad por su excelente accionar”, es decir, por la brutal represión. Está claro que para este siniestro gobierno ultraderechista es “terrorista” una maestra que se moviliza contra la poda antieducativa, el médico que percibe un salario miserable en un hospital público o una jubilada que cobra la mínima, como se vio hoy con una de ellas, a quien le robaron el celular y encima vino un policía y la gaseó impunemente. También Milei tilda de terroristas a diputadas y diputados que se solidarizan con un reclamo justo.

¿Cómo puede ser que este gobierno que reivindica el genocidio y niega los 30.000 sea el mismo el que tilda a una gran movilización como “golpe de Estado”? Es una barbaridad. En todo caso, el ataque antidemocrático es el del gobierno, cuando dice que quiere destruir el Estado. O cuando compromete al pueblo argentino apoyando al gobierno sionista genocida israelí cuando asesina al pueblo palestino.

Ahora queda claro a qué se debe el fortalecimiento del aparato represivo o la compra de armas y de aviones por parte del gobierno “para combatir el terrorismo”. No se refiere a los que lavan dinero o a los narcos. Se refiere a los que luchan.

El gobierno habla de “golpe de Estado” ante una marcha pacífica que cuestiona su plan motosierra para justificar su plan represivo, mientras aplica una política salvaje llevando la pobreza 55% mientras le quita la comida a los comedores populares.

Repudiamos esta campaña sucia del gobierno y a su plan represivo. Llamamos a la más amplia unidad para enfrentar esta campaña peligrosa contra quienes reclamamos dignamente. Defendamos el derecho a la protesta, las libertades democráticas atacadas y repudiemos la criminalización contra quienes luchamos. ¡Abajo el protocolo represivo de Milei y Patricia Bullrich!

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Escribe Guillermo Sánchez Porta

Después del exitoso y masivo paro general del 9 de mayo, la CGT y las CTA dejaron el plan de lucha en el freezer. En vez de seguir el gran impulso de luchas contra el Plan motosierra de Milei, con los paros de 12 horas el 24 de enero, marchas el 8M, 24M y 23A en defensa de la educación pública, el acto del 1° de mayo y el parazo general del 9 de mayo, los dirigentes de la CGT y las CTA sólo se dedicaron a hacer declaraciones contrarias a la Ley Bases y reclamarles a los senadores peronistas que “no pueden ser tan vende patria” como para votar esa Ley Bases. También se dedicaron a negociar con el gobierno que se retiraran algunos artículos de la Ley, en vez de organizar la continuidad de la lucha para derrotarla.

No podemos poner nuestros reclamos en manos de los senadores patronales sean estos peronistas o de otros partidos.

Por eso, aunque muchos sindicatos con sus trabajadores se movilizaron masivamente contra la Ley Bases en Congreso, lo cierto es que la CGT no llamó a movilizar ni a parar y sólo lo hicieron algunos gremios. Otro podría haber sido el resultado de la votación, si la CGT y las CTA le hubieran dado continuidad al plan de lucha.

Ahora la única manera de derrotar la Ley Bases en diputados y todo el plan de ajuste, entrega y represión de Milei y el FMI, es retomar la continuidad de la lucha de la clase trabajadora y sectores populares. Concretamente, preparando la convocatoria a un nuevo paro general, está vez de 36 horas con una gran movilización.

Porque, además de los nefastos artículos que tiene la Ley Bases, el gobierno sigue con un brutal ajuste en las tarifas de gas, luz, agua y en el transporte. Con una inflación que, más allá de lo que diga Milei, sigue siendo de las más altas del mundo y se come los salarios y las jubilaciones, que ya son de pobreza e indigencia. Mientras tanto crece la miseria en más del 55%, mientras el gobierno esconde la comida y ataca a las organizaciones de desocupados. Hay más de 200 mil trabajadores despedidos, en el estado, contratados, por agencia y efectivos. Y el número crece día a día.

Por todo eso la CGT de Moyano y Daer deben dejar de hacer sólo discursos opositores y pasar de las palabras a los hechos, retomando el plan de lucha, como lo reclamamos los miles que nos organizamos en el Encuentro de sectores combativos y en lucha, el sindicalismo combativo, las asambleas barriales y la izquierda. Para derrotar todo el plan de Milei, lograr aumentos salariales y de jubilaciones, para que “no se venda la patria”, que la crisis no la paguemos los trabajadores, sino el FMI, las Multinacionales y los grandes empresarios.
Basta de dilatar la lucha, que la CGT y las CTA preparen el paro nacional activo de 36 horas.
 

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Escribe José Castillo

El presidente Javier Milei se comparó con Terminator, afirmando que está orgulloso de ser “el topo dentro del Estado” argentino. Sostuvo que está para destruirlo, porque lo odia. ¿Qué hay detrás de las palabras de Milei? ¿Qué es ese Estado que quiere destruir Milei? ¿Cuál es el que proponemos los socialistas?

“Soy el que destruye el Estado desde adentro. Es como estar infiltrado en las filas enemigas. La reforma del Estado la tiene que hacer alguien que odie el Estado, que viene del futuro para “destruir el socialismo”. Evidentemente que todas estas expresiones del presidente Javier Milei en un reportaje al medio norteamericano The Free Press pueden parecernos un delirio. Claro que no es el primero y el líder ultraderechista de La Libertad Avanza ya nos está acostumbrando a escuchar estas cosas.

Las afirmaciones de Milei ante una periodista que no sabía si le hablaba en serio y que no podía contener la risa no tienen desperdicio: “No hace falta que el mundo tenga que sufrir semejante debacle para escapar de las ideas del socialismo. Yo vengo de un futuro apocalíptico para evitarlo. Algo así como la historia de Terminator. Bueno, de hecho Schwarzenegger es libertario”.

Milei miente: ¿dónde está ese “socialismo que él quiere destruir”?

El presidente ultraderechista ve “socialismo” por todas partes. Así el problema de la Argentina sería que hace décadas está gobernada por “socialistas”. Hay “socialismo” en Europa…y hasta en los Estados Unidos de Biden. Y por supuesto, en una coincidencia notable, dice que el régimen dictatorial de Maduro es “socialismo”, y lo mismo serían las dictaduras chinas y cubana.

Pongamos las cosas en claro. En todos esos lugares hay gobiernos capitalistas. En nuestro país jamás gobernamos los socialistas. No son “socialistas” los peronistas (ni los kirchneristas ni de ningún otro sector), ni tampoco, como delira Milei, los radicales u otras fuerzas (recordemos que cuando era candidato el actual presidente llegó a tildar de “comunista” a Horacio Rodríguez Larreta). No hay socialismo en el Brasil de Lula. Tampoco en el estado español, más allá de la etiqueta del partido de Pedro Sánchez. Y los socialistas revolucionarios, que durante décadas luchamos contra el falso socialismo de Stalin en la URSS, decimos con toda la autoridad que nos da haber dado esa pelea desde la década del 20 del siglo pasado, que tampoco hay socialismo en la China, ni en Cuba, ni en la Venezuela de Maduro. Son países, en cambio, en los que gobiernan dictaduras capitalistas.

Para dejarlo en claro: socialismo no es sinónimo de más presencia del Estado. Puede haber un “enorme” estado represivo y al servicio de los negocios capitalistas. ¿Cuál es el Estado más grande del mismo y con más déficit fiscal del planeta? Sin duda, los Estados Unidos, la principal potencia del capitalismo imperialista del planeta.

¿A quién “odia” Milei?

“La reforma del Estado la tiene que hacer alguien que odie el Estado”, sostuvo el presidente en un pasaje del reportaje. De nuevo, Milei miente. No es cierto que él odia a todo lo que sea estatal por el mero hecho de serlo. Le encanta por ejemplo, el fortalecimiento del aparato represivo del Estado. Le encanta disfrazarse con uniforme, como ya lo ha hecho un par de veces. A dicho una y mil veces que el Estado sí debe entrometerse en las decisiones de los cuerpos de las mujeres, prohibiendo el aborto. O que debe aparecer en las aulas, “prohibiendo” el libre debate de ideas o la libertad de cátedra de los docentes.

Precisemos, si Milei no odia “al estado”, ¿a quién odia? Milei “odia” a las y los trabajadores, a los que perciben una jubilación, a los sectores empobrecidos y marginados. Los odia y desprecia, por  “débiles” por “no haber sido ganadores” como los empresarios, que, según el presidente ultraderechista “son auténticos benefactores de la humanidad”, como ha dicho repetidas veces. Milei no parece odiar que el Estado se entrometa cuando los trabajadores de un gremio consiguieron un aumento en un negociación paritaria, y aparece la secretaría de Trabajo (del ministerio de Capital Humano de Pettovello) y “no homologa” ese aumento, violando el “libre acuerdo” alcanzado entre las partes.

Insistimos, Milei no odia al Estado en general. Con su misoginia y homolesbotransfobia odia a las mujeres y disidencias. Milei no odia que el Estado le pague un sueldo supermillonario a su hermana, o dos sueldos a la familia de su amigo Manuel Adorni. O a los fabricantes de trolls que pululan por la Casa Rosada.Tampoco parece “odiar” que, tras el amague demagógico de hacer un par de vuelos en aviones comerciales, se la pase viajando a “visitas privadas” en Europa y Estados Unidos gastando dos millones de dólares promedio por cada uno de esos traslados. Para eso, evidentemente, no hay “motosierra”. No odia a Eurnekian, ni a Paolo Rocca de Techint, ni a Macri, ni a Galperin. Todos empresarios que se hicieron millonarios gracias a las prebendas, subsidios y privilegios que les regaló el Estado argentino.

¿Qué defendemos? ¿Qué tipo de estado queremos?

Los socialistas tenemos absolutamente claro que este Estado es capitalista y al servicio de los grandes empresarios, los banqueros y el FMI. Sabemos que ellos lo utilizan para enriquecerse, y que, a su vez, enriquecen con mil mecanismos a los políticos patronales que los sirven (desde los sueldos millonarios de los diputados, senadores, ministros, gobernadores y secretarios, hasta las coimas y la complicidad con los mismos empresarios en la corrupción). Tenemos absolutamente en claro que es el pueblo trabajador quien financia al Estado, pagando la mayoría de los impuestos (como el IVA, por ejemplo), mientras que los grandes empresarios y los ricos son jugadores y evasores seriales. Sabemos también, que más de una vez el Estado, a través de las órdenes de sus gobiernos en concreto, sólo aparece para reprimir la protesta popular.

No es ese el Estado que defendemos. Lo que apoyamos, luchamos por mantener y acrecentar, son las conquistas del pueblo trabajador: la educación pública, gratuita, laica, científica y de calidad en todos los niveles; el acceso a la salud pública; las jubilaciones y pensiones, en un sistema estatal y solidario; la existencia de empresas públicas como los ferrocarriles o Aerolíneas Argentinas, para tener comunicaciones que no se definan por si da o no ganancias llegar al lugar de destino sino por las reales necesidades de la población; YPF, para que las transnacionales no saqueen nuestras riquezas de gas y petróleo; el Banco Nación, el único que llega hasta el último rincón del país; los medios públicos de comunicación, para que no quedemos condenados a recibir información únicamente de los monopolios privados multimediáticos.

Al mismo tiempo, hay una parte del gasto público que sí, queremos destruir. Es lo que Milei, por el contrario, defiende con uñas y dientes.

Esa “parte del Estado” que nosotros queremos destruir es, aunque se invisibilice y mienta al respecto, en lo que se gasta más. ¡Ahorremos entonces, sí, en los pagos de deuda externa!, la principal partida del gasto público, dejando de pagarla. Terminemos con los subsidios a las empresas privatizadas. Bajemos los sueldos de los funcionarios, haciendo que cobren lo mismo que un trabajador especializado. Terminemos con las exenciones impositivas y privilegios a los grandes empresarios.

Mientras peleamos por todas estas medidas, decimos además que nuestra salida de fondo es construir otro Estado, obrero y socialista. ¿Por dónde empezar? Por lo básico, porque gobiernen las y los trabajadores y la izquierda, y ya no más los políticos patronales que nos vienen hundiendo y hambreando desde hace décadas. Ese gobierno, además de tomar todas las medidas que enunciamos más arriba, nacionalizará la banca y el comercio exterior, expropiará a los monopolios capitalistas, y por sobre todo, planificará democráticamente la economía, para que los recursos se apliquen a las reales necesidades populares y no a lo que dicte el mercado, que siempre elige “donde hay más ganancia”, en vez de dónde realmente hay una urgencia popular que resolver.

Ese gobierno entonces comenzará a construir ese nuevo estado, obrero y socialista, profundamente democrático, donde la salud la discutirán y decidirán las y los trabajadores de clínicas y hospitales, el transporte los ferroviarios y otros trabajadores del sector, la educación las y los docentes, y así sucesivamente, todos coordinando y debatiendo con las necesidades de cada comunidad. Un gobierno y un estado que empoderará a las mujeres y disidencias para que junto con el capitalismo caiga también la sociedad patriarcal. Un gobierno y un estado que romperá con el imperialismo, para unirse al resto de los pueblos sometidos del planeta, en la construcción de una nueva sociedad, donde podamos ser socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres. Un socialismo que ningún Terminator será capaz de destruir.

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