Jun 20, 2026 Last Updated 11:41 AM, Jun 20, 2026

Izquierda Socialista

Escribe Federico Novo Foti

El 30 de abril de 1975 el gobierno de Vietnam del Sur, sostenido por el imperialismo estadounidense, se rindió ante las heroicas tropas de las guerrillas del Vietcong, apoyadas por Vietnam del Norte. Por primera vez en toda su historia los yanquis sufrían una derrota militar que los marcó desde entonces.

Era la mañana del 29 de abril de 1975 cuando los funcionarios, civiles y marines apostados en la embajada de Estados Unidos en Saigón (Vietnam del Sur) entraron en pánico. La comunicación que habían recibido les ordenaba la evacuación inmediata. Helicópteros HH-53 y CH-53 los llevarían hasta los buques ubicados en el Golfo de Tonkin. Pero miles de colaboracionistas vietnamitas rodearon la embajada intentando saltar sus muros para ser evacuados. La caótica huida no pudo completarse hasta el día siguiente, el 30 de abril, cuando el último de los helicópteros despegó de la terraza de la embajada norteamericana, dejando una imagen para la historia. Los Estados Unidos, la principal potencia imperialista y su ejército invencible, huyeron de Saigón derrotados por el pueblo vietnamita, terminando con treinta años de injerencia norteamericana y ocho años de guerra de ocupación.

Un país dominado, saqueado y dividido

Desde mediados del siglo XIX el imperialismo francés había comenzado a dominar parte de la península de Indochina (actuales Vietnam, Laos y Camboya), en el sudeste asiático. Multinacionales francesas saquearon las minas de carbón, estaño y zinc de la región. También tenían el dominio de los cultivos tropicales: arroz, algodón, caña de azúcar, tabaco, té y café, y crearon plantaciones de heveas (árboles del caucho) para obtener caucho para la fabricación de neumáticos, explotando a la población local (80% campesinos pobres).
Tras el periodo de ocupación japonesa, durante la Segunda Guerra Mundial, el imperialismo francés retomó su dominio en la región con apoyo estadounidense. Pero en octubre de 1954 las tropas francesas huyeron derrotadas por la heroica resistencia del pueblo vietnamita, tras la batalla de Dien Bien Phu y la entrada de las tropas rebeldes a Hanoi (principal ciudad del norte).1 El imperialismo debió reconocer el triunfo vietnamita pero partió el país en dos. Vietnam del Norte liberado, con capital en Hanoi, se convirtió en lo que los trotskistas denominamos un estado obrero burocrático, bajo el mando de Ho Chi Minh y el partido comunista (ver recuadro). Vietnam del Sur, con capital en Saigón, quedó bajo el dominio de la odiada dictadura de Ngo Dinh Diem, cuyo principal sostén fueron los Estados Unidos.

La guerra de Vietnam

La resistencia popular a la dictadura de Diem en el sur fue creciendo y fortaleciendo una guerrilla de masas, el Vietcong (Comunistas de Vietnam-Frente de Liberación Nacional/FLN), que contaba con el apoyo de Vietnam del Norte. Desde 1964, ante la incapacidad del ejército local de sostener al gobierno títere, el presidente Lyndon B. Johnson pasó del envío de asesores y ayuda militar a los bombardeos y la intervención directa de las tropas estadounidenses. Durante ocho años, el ejército yanqui desarrolló masacres cotidianas contra el pueblo vietnamita, con ataques aéreos con armas químicas, como el devastador napalm, que buscaban arrasar la selva y provocaron terribles vejaciones entre la población civil. Durante la guerra Estados Unidos llegó a enviar más de medio millón de soldados, tuvo cerca de 50 mil muertos y gastó más de 150 mil millones de dólares.
Por su parte, las burocracias china y soviética sólo ayudaban “con cuentagotas”, sin involucrarse en forma contundente en apoyo al pueblo vietnamita. En 1965, la delegación del PC cubano hizo en el 23º Congreso del PCUS una propuesta fundamental: exigió a las conducciones de los partidos comunistas de la URSS y China que declararan a Vietnam como parte inviolable de sus propios territorios para derrotar la invasión. El Che hizo su llamado: “crear dos, tres... muchos Vietnam”.2 Los burócratas hicieron oídos sordos.

Un triunfo histórico

Las masas vietnamitas comenzaron a inclinar la balanza a su favor con la “Ofensiva del Tet”, iniciada el 30 de enero de 1968, con levantamientos y ataques en más de cien pueblos y ciudades del sur. La acción coincidió con el ascenso de las movilizaciones en todo el mundo, especialmente con el “Mayo Francés”, y la extensión de la solidaridad con el pueblo vietnamita entre la juventud estudiantil y los luchadores de Europa y América.

Desde el comienzo de la guerra, en Estados Unidos había surgido un movimiento contra la invasión a Vietnam, que se fortaleció cuando la prensa mundial comenzó a exponer las atrocidades cometidas por el bando norteamericano. Millones se fueron sumando al reclamo de “traigan los soldados a casa ahora”, mientras la represión interna comenzaba a dejar centenares de presos, heridos e incluso muertos. Pero las protestas pacifistas no se detuvieron y se repitieron en Washington y cientos de ciudades en todo el país. En la vida política norteamericana, en las universidades, la prensa y en la industria musical y cinematográfica se instaló cotidianamente el tema de Vietnam. El cantante de country Johnny Cash sorpresivamente cambió de postura y desairó al presidente Richard Nixon en la Casa Blanca, tras su viaje a Vietnam en 1971. La actriz Jane Fonda tuvo la valentía de visitar durante quince días Vietnam del Norte en 1972. El veterano de guerra Ron Kovic, que había quedado paralítico, se sumó al repudio a la invasión y se convirtió en un emblema del movimiento.3

En enero de 1973, el gobierno yanqui y su títere en Saigón, Nguyen Van Thieu, tuvieron que firmar unos “acuerdos de paz” que incluían la retirada norteamericana y un consejo (que involucraba al Vietcong) para convocar elecciones. A pesar de que la suerte de los dictadores del sur y sus amos imperialistas ya estaba echada, por la crisis en Estados Unidos y la ofensiva militar del Vietcong, intentaron no cumplir los acuerdos. Pero desde comienzos de 1975 el avance del FLN fue arrollador y casi no tuvo respuesta por parte del gobierno de Saigón y sus tropas. El 30 de abril, el fugaz presidente del sur, Duong Van Minh, ordenó a los restos de su ejército suspender las hostilidades y se rindió, transfiriendo el poder a un gobierno del FLN. Los últimos ocupantes norteamericanos huyeron en desbandada.

El pueblo vietnamita triunfó, derrotó a Estados Unidos, la más grande potencia militar. Su triunfo se explica por la tremenda capacidad de lucha de las masas vietnamitas, demostrada en años de heroica resistencia. También, por la extendida solidaridad mundial que jugó un papel decisivo para apoyarlas en el triunfo, especialmente en los Estados Unidos. El pueblo vietnamita demostró que se podía vencer al monstruo imperialista. El “síndrome de Vietnam” llevó a Estados Unidos a buscar negociaciones y abstenerse de invadir países durante varios años. Cuando reincidió, como en el caso Irak y Afganistán, las masas retomaron aquellos caminos de lucha, propinándole nuevas derrotas, debilitando su rol de “gendarme” mundial


1. Ver El Socialista Nº 591, 2/9/2024. Disponible en www.izquierdasocialista.org.ar
2. Ernesto “Che” Guevara. “Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental”, 16/04/1967. Disponible en www.marxists.org
3. Ver “Nixon y el hombre de negro” (2018) de Sara Dosa y Barbara Kopple. En 1974, Ron Kovic escribió su autobiografía bajo el título “Nacido el 4 de julio”, publicado en 1976 y llevado al cine en 1989 por Oliver Stone.

Escribe Federico Novo Foti

La combatividad de las masas vietnamitas, junto a la solidaridad mundial, logró vencer al imperialismo. Pero pese al heroico triunfo, quedó planteado con toda agudeza el problema las inconsecuencias de su dirigencia en la lucha por el socialismo. En 1954, tras la expropiación de la burguesía y terratenientes, Ho Chi Minh había creado en Vietnam del Norte un estado obrero burocrático. Un régimen totalitario de partido único a imagen y semejanza de los regímenes de la URSS y China. En 1975, el Partido Socialista de los Trabajadores (PST), orientado por Nahuel Moreno, al tiempo que reconocía el inmenso triunfo revolucionario sobre la ocupación yanqui, señalaba el carácter burocrático e inconsecuente de la dirección comunista: “El proceso que conduce a una revolución socialista es complejo y difícil. Exige un encadenamiento de medidas que avancen desde las reivindicaciones democráticas y antiimperialistas hasta la expropiación de todos los explotadores y la planificación integral de la economía colectivizada. Y ese proceso deberá ser garantizado por la dirección y el control de las masas organizadas democráticamente, bajo la conducción de la clase obrera. Nada indica que la dirección de la masas indochinas se oriente en esa perspectiva”.1 La consolidación de un estado obrero burocrático tras la unificación de Vietnam y su negativa de poner aquel triunfo al servicio de la revolución socialista mundial, expuso los límites de la dirección comunista vietnamita. Límites que quedaron aún más en evidencia cuando ésta acompañó el curso restauracionista de la burocracia china, abriendo las puertas al retorno del capitalismo. La tarea de construir una dirección socialista revolucionaria consecuente sigue vigente.

1. Ver Avanzada Socialista Nº 146, 10/5/1975 en nahuelmoreno.org

 


Escribe Miguel Lamas, dirigente de la UIT (CI)

En las últimas semanas, enormes movilizaciones populares salieron a las calles en 1200 ciudades contra las políticas del presidente Donald Trump y su ministro, el multimillonario explotador más rico del mundo, Elon Musk. Es la creciente resistencia popular contra este gobierno que asumió lanzando decretos para bajar salarios, agudizar la precarización laboral, la falta de vivienda, la represión, la persecución a migrantes y eliminar derechos.

Los primeros decretos de Trump quitaron el seguro médico de millones de pobres en Estados Unidos, muchos de los cuales viven en la calle o no tienen trabajo, cosa que los puede llevar a la muerte. Anularon el presupuesto de los programas sociales de la diversidad sexual, el cupo trans dentro de las fuerzas armadas y los programas de la transición energética para bajar la contaminación ambiental.

El ministro Musk llegó a decir a las y los trabajadores que la jornada laboral en Estados Unidos, tendría que ser de 60 horas por semana y 12 horas diarias. ¡Una barbaridad! Pretende aplicar las normas de China, donde Musk tiene la empresa Tesla de autos eléctricos con 20 mil trabajadores casi esclavos, que incluso duermen en la fábrica para “no perder tiempo en viajes”.

Contradicciones en el gobierno y la burguesía yanqui

Pero a Trump no todo le está saliendo como quiere. Decretó, por ejemplo, quitar la ciudadanía de los nacidos en Estados Unidos, hijos de inmigrantes. Pero ese decreto no se puede aplicar porque un juez lo bloqueó y fiscales de 22 estados del país están haciendo la misma demanda por estar en contra de la Constitución que garantiza ciudadanía para los nacidos en Estados Unidos.

El ataque a los inmigrantes, anunciando la expulsión masiva, también fue rechazado incluso por sectores burgueses. En primer lugar, porque millones de migrantes, en especial los indocumentados (que llevan años de trabajo en Estados Unidos), son parte importante de la explotación patronal norteamericana. Se calcula que el 20 % de los trabajadores de la construcción y el 40% en la agricultura son migrantes ilegales.

En California, por ejemplo, existe una industria enorme que abarca 400 variedades de cultivos, desde los campos de hortalizas del sur hasta los viñedos del norte, y mueve miles de millones de dólares anuales con “migrantes ilegales”, indocumentados, que tienen salarios más bajos. Las patronales han dicho “si dejamos de tener a ese millón y medio de personas se hunde la producción y se hunden nuestras ganancias y nuestras empresas”.

También hubo disputas en el propio gobierno. Musk quería despedir a miles de empleados públicos de todos los ministerios, pero acabó enfrentado a otros ministros que se negaron a acatar la medida.

Crecen las protestas

Las deportaciones masivas y primeros decretos firmados por Trump a días de asumir el gobierno, generaron una primera ola de movilizaciones el 5 de febrero de la población migrante, contra las políticas de deportaciones y criminalizaciones. Esta movilización, y otras, surgieron luego de la conformación de una nueva organización gestada a fines del 2024, denominada 50501 (“50 protestas en 50 estados en un día”).

El 7 de marzo, miles de académicos, estudiantes, médicos, ingenieros y políticos salieron a las calles en Nueva York, Washington, Boston, Chicago, Wisconsin, entre otras ciudades para expresar su descontento con lo que consideran un ataque sin precedentes contra la ciencia.
La protesta más importante se produjo el 5 de abril. Se realizaron 1.200 movilizaciones en todo el país, contra las reformas de Trump y Musk bajo la consigna “Hands off” (“Manos fuera”). Miles de personas participaron en protestas convocadas en 1200 de ciudades y municipios de Estados Unidos, como Washington y Nueva York, en contra de los recortes y otras políticas del presidente.

Eventos similares contra Trump y su política internacional se llevaron a cabo también en otros países como Canadá, Reino Unido, Francia, Alemania, México y Portugal.

En estas grandes marchas en Estados Unidos se inscribieron unas 150 organizaciones y grupos de activistas. Entre las organizaciones que asistieron están el Sindicato Internacional de Empleados de Servicios, que representa a unos dos millones de empleados: la organización ecologista Greenpeace y Human Rights Campaign, el mayor grupo de defensa de las minorías sexuales en Estados Unidos. También participaron los grupos pro palestinos, que se oponen al genocidio del sionismo en Gaza y a la represión de Trump contra las protestas en los campus universitarios.
El 19 de abril se repitieron más de 80 protestas en capitolios estatales, juzgados y ayuntamientos en varios estados, como parte de las manifestaciones “50501”, condenando las deportaciones sin el debido proceso, el desmantelamiento de agencias federales y amenazas a la educación superior. Además, la jornada de protestas también incluyó la recolección de alimentos y donaciones, ofreciendo apoyo a los más afectados por las políticas del gobierno.

La perspectiva es que continúen y aumenten las movilizaciones del movimiento obrero, de la juventud, de las mujeres, disidencias y de otros sectores populares contra la expulsión de migrantes, los despidos y los ataques a los derechos democráticos. Ese es el camino que desde la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional proponemos para derrotar el plan reaccionario del ultraderechista Donald Trump.

 

Escribe Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional

Enes Karakaş, nuestro compañero miembro del Partido de la Democracia Obrera de Turquía (IDP), sección de la UIT-CI, y estudiante de la Universidad Boğaziç ha sido liberado el miércoles 16 de abril. Luego de estar veinte días detenido en las cárceles de Erdogan, la movilización que exige la libertad de todas y todos los detenidos ha dado sus primeros frutos con la liberación de Enes y otras personas detenidas.

El Gobierno autoritario de Erdogan y su justicia al servicio de los represores ha encarcelado y perseguido a cientos de personas durante las grandes movilizaciones que rechazaban el encarcelamiento de dirigentes opositores, la brutal represión policial y la intervención política de municipios y universidades.

En las puertas de la cárcel, a minutos de recuperar su libertad y rodeado de sus compañeras y compañeros de lucha, Enes manifestó: “¡Hola a todas y todos! Hoy ha terminado mi encarcelamiento debido a la lucha por los derechos democráticos en Turquía. Fuimos arrestados 308 estudiantes por participar en esta lucha. Muchos de nuestras compañeras y compañeros ya habían sido liberados. Hoy me han liberado a mí también. Aún hay compañeros detenidos. Exigimos su liberación inmediata. Jamás renunciaremos a esta lucha. He salido en libertad y continuaré la lucha desde donde la dejé.

¡No permitiremos el régimen represivo que busca intervenir desde las universidades hasta los municipios!”

Desde la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional (UIT-CI) saludamos a las y los dirigentes, personalidades y compañeras y compañeros que fueron parte activa de la campaña internacional que realizamos exigiendo su libertad. ¡Seguiremos movilizados hasta conquistar la libertad a todas y todos los detenidos! ¡Viva la lucha de los trabajadores, la juventud y el pueblo de Turquía contra la represión de Erogan!

16/4/2025

PRESENTACIÓN

En esta coyuntura internacional hay varias palabras que se repiten en todos los medios y en las declaraciones de políticos o analistas burgueses. Entre ellas estupor, terremoto, Armagedon, hecatombe, temblor, incertidumbre. Caos es quizás la más usada. Hasta fue tapa de The Economist con fotos de Trump de fondo.

Todo eso se está produciendo en el mundo por las políticas del ultraderechista Donald Trump. El presidente de los EE.UU. pateo el tablero del capitalismo. Está rompiendo todos los acuerdos políticos y económicos que regían, mal o bien, desde el fin de la segunda guerra mundial, en 1945. El colmo del caos es la “guerra arancelaria” planetaria, que ha desconcertado a sus propios aliados de las multinacionales, de Wall Street o del FMI. Tan caótica e imprevisible es el accionar de Trump que el lector puede encontrar que muchas de las cosas que aquí se dicen ya cambiaron.

Esta edición de Correspondencia Internacional tiene una larga sección dedicada al significado de fondo de este caos o hecatombe del capitalismo. Retomamos las definiciones de la edición especial del mes de abril de 2024, donde se socializaban las conclusiones del Octavo Congreso Mundial de la (UIT-CI) realizado en diciembre de 2023. En ese congreso definimos que vivimos la crisis capitalista más grave de su historia.

Hoy esto se está poniendo cada vez más en evidencia. Los grandes capitalistas y los banqueros, sus gobiernos, están aterrados por la masa de dinero que han perdido. Pero las consecuencias de este caos lo van a sufrir la clase trabajadora y los pueblos explotados del mundo. A quienes les van a querer cobrar sus desastres.

Por eso para los socialistas revolucionarios lo importante es apoyar y alentar las movilizaciones de masas, las huelgas obreras y las rebeliones para derrotar los planes de saqueo, explotación y colonización del ultraderechista Trump. Y esto ya ha empezado con las huelgas generales de Grecia y Argentina, con las protestas en Panamá o las mil doscientas movilizaciones que se produjeron en más de 50 ciudades de los EE.UU. Este es camino para derrotar a los Trump, Elon Musk, Meloni o Milei.

Nuestro semanario. En el que te acercamos el reflejo de las luchas del movimiento obrero, las mujeres y la juventud, además un análisis de los principales hechos de la realidad nacional e internacional.

Es una herramienta fundamental para fortalecer a Izquierda Socialista y al Frente de Izquierda.

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