Jun 23, 2026 Last Updated 6:41 PM, Jun 23, 2026

Izquierda Socialista


Escribe Mónica Schlotthauer, diputada nacional por Izquierda Socialista / FIT Unidad

Mientras Máximo Kirchner y el presidente Alberto Fernández discursean contra el Fondo Monetario y el pago de la deuda externa, el propio presidente viaja a Europa con su ministro Martín Guzmán y otros funcionarios para avanzar en la firma del acuerdo con el FMI.

Lo dijo el presidente Alberto Fernández en el acto homenaje por el aniversario del fallecimiento de Néstor Kirchner: “no nos vamos a arrodillar ante el FMI”. Al mismo tiempo, La Cámpora inauguró un nuevo cantito contra el Fondo. ¿Es que acaso el gobierno del Frente de Todos está evaluando romper con el organismo y dejar de pagar la deuda externa? Nada más alejado de la realidad. Veamos los hechos.

Casi directamente después del acto, el presidente Fernández abordó el avión que lo llevó primero a Italia a la reunión del G20 y luego a la cumbre climática de Glasgow. En ambas reuniones el objetivo principal del gobierno peronista fue avanzar lo más posible en la firma del acuerdo con el FMI. Para ello concurrieron el ministro de Relaciones Exteriores Santiago Cafiero, el de Economía Martín Guzmán, incluso la delegación se vio reforzada con la presencia del secretario de Asuntos Estratégicos Gustavo Béliz. No es una novedad. En la reunión anterior, hace apenas diez días en Washington, también estuvieron presentes el jefe de Gabinete Juan Luis Manzur y el presidente del Banco Central Miguel Pesce. El presidente Fernández le dedicó un tiempo sustancial de su visita a reunirse con la titular del FMI Kristalina Georgieva. Es un secreto a voces que toda la presión diplomática de nuestro país en la declaración final del G20 fue para que se incluyera un párrafo donde se dice que el FMI “estudiaría” los niveles de las tasas de interés que se le cobran a los países deudores como la Argentina. Ni siquiera dice que hay un compromiso de bajar las tasas, a pesar de lo cual el gobierno lo presentó como un gran “triunfo” diplomático. Lo otro que se encargó de difundir la Cancillería fue el apretón de manos entre Alberto Fernández y Joe Biden, luego que el gobierno fracasara en lograr siquiera ser recibido por el presidente yanqui.

En síntesis, el gobierno de Alberto Fernández fue literalmente a ponerse de rodillas frente al establishment político y económico internacional, mendigando que, al menos, nos resten “una moneda” de la millonada que se le debe al FMI. Recordemos que es producto del préstamo tomado por el gobierno de Macri, que fue usado en su totalidad para financiar la fuga de capitales.

El gobierno del Frente de Todos, que en la campaña electoral de hace dos años arrancó diciendo que “bajo ningún concepto iba a firmar un acuerdo que implicara un ajuste”, pasó a elaborar ya el año pasado, y mucho más este, un presupuesto con reducción de déficit fiscal y partidas sociales, a la medida de las exigencias del FMI.

Este año viró desde las declaraciones del 25 de mayo de que había que suspender todos los pagos de deuda durante la pandemia, a las órdenes de Cristina de destinar el dinero enviado por el Fondo para atender la pandemia a pagar vencimientos de dicho organismo. Así se hizo con los 1.800 millones de dólares abonados en agosto, los 400 que se pagan esta semana y los nuevos 1.800 que se pagarán en diciembre.

Por supuesto, nunca pasaron de discursos los planteos de que se pagaría “a 20 años”. El FMI, siguiendo estrictamente sus estatutos, exige cancelar la deuda en diez años, comenzando a devolver el capital a partir de 2026. Pero los intereses hay que pagarlos a partir de  los seis meses posteriores a la firma del acuerdo.

Ahora hay muy serios rumores de que, para firmar el acuerdo, el Fondo estaría exigiendo avanzar con una devaluación. Y, tal como era de esperar, reaparecen los planteos de que se avance con reformas fiscales, previsionales y laborales. Traducido: hambrear a los presentes y futuros jubilados e ir a fondo con la flexibilización laboral requerida por las patronales.

No hay, entonces, ruptura posible con el Fondo. Sí, lo decimos con todas las letras: el gobierno se va a arrodillar ante el FMI. Más aún, va a contar, al hacerlo, con el apoyo de Juntos por el Cambio y también de Milei y Espert. Ahí va a desaparecer tanto “la grieta” como la “casta política”.

No te dejes engañar: los únicos que de verdad exigimos la ruptura con el FMI y el no pago de la deuda externa somos el Frente de Izquierda Unidad. De ahí saldrán los recursos para resolver las más urgentes necesidades populares. Para fortalecer esta alternativa, te pedimos que el próximo domingo 14 nos votes, para que así siga habiendo diputadas y diputados de izquierda.  

Mientras siguen las negociaciones con el Fondo van cayendo los vencimientos, que son pagados en efectivo. A los 1.800 millones de dólares abonados en agosto, se le sumaron esta semana otros 400, que ni siquiera amortizan el capital de la deuda: son intereses por atrasos en el pago. Y a esto se le sumarán otros 1.892 el 22 de diciembre. Recapitulando: 4.000 millones de dólares, 800.000 millones de pesos, casi lo mismo que todo lo que se puso este año para la pandemia. Con ese dinero se podrían pagar dos rondas enteras de IFE a nueve millones de personas por 40.000 pesos. Una demostración clarísima de lo que venimos denunciando: la prioridad al FMI por sobre las necesidades del pueblo trabajador.

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Escribe Mercedes de Mendieta, legisladora porteña y candidata a diputada nacional por Izquierda Socialista/FIT Unidad

Muchas compañeras y compañeros nos plantean sus dudas sobre las consecuencias de romper con el FMI y dejar de pagar la deuda externa. ¿Qué consecuencias nos traería?

Si seguimos pagando la deuda externa no hay futuro para el pueblo trabajador. Es una bola de nieve infernal que sigue creciendo. Más pagamos, más debemos. Las consecuencias, gobierno tras gobierno, están a la vista. En 1974 teníamos un 4% de pobreza, hoy estamos arriba del 40%. Es la foto más gráfica de las consecuencias del endeudamiento externo. A esto hay que sumarle los planes de ajuste que nos impone el FMI, justamente con el objetivo de ir pagando vencimiento tras vencimiento.

Ahora estamos otra vez a las puertas de la firma de un nuevo acuerdo con el Fondo. Como todos los que firmó la Argentina en su historia, o como absolutamente todos los que se les impusieron a los distintos países sometidos al imperialismo del mundo, sólo crearán más pobreza, marginación, desempleo, peores salarios y retroceso en la salud y la educación públicas. No hay ninguna posibilidad de un “acuerdo progresista”, aunque el gobierno de Alberto Fernández quiera vendernos este argumento.

¿Qué hacer? Desde el Frente de Izquierda Unidad somos categóricos: suspender inmediatamente todo pago de deuda externa y romper los lazos políticos y económicos que nos someten al FMI. ¡Ahí está el dinero y la independencia económica que necesitamos para lanzar un programa alternativo que atienda las más urgentes necesidades populares!

¿Qué consecuencias nos traería?

Existe una enorme y total coincidencia entre el Frente de Todos, Juntos por el Cambio y también Milei y Espert: que es imposible dejar de pagar la deuda y romper con el Fondo. Por supuesto, Juntos por el Cambio y los libertarios dicen que el pacto con el FMI nos obligaría ajustar y que eso es la salida para la economía. El Frente de Todos, con su típico doble discurso, dice que “no nos vamos a poner de rodillas con el Fondo”, afirmando que van a negociar duro para finalmente llegar a un acuerdo que no implique un ajuste. Como dijimos más arriba, eso no existe. De lo que no cabe duda es que sí pagaremos. “Siempre pagamos, somos pagadores seriales”, confesó no hace mucho la vicepresidente Cristina Fernández.

Pero, ¿y si no pagamos? ¿Y si nos vamos de la negociación y rompemos con el Fondo? Ahí de nuevo todos, peronistas, macristas y libertarios coinciden en que “nos caemos del mundo”, “vendrán las consecuencias”, “nos aislamos” y los mil y un males.

Mentira. Lo decimos tajantemente. No es cierto que no se puede dejar de pagar la deuda. Un estudio de dos economistas reconocidos a nivel internacional, Carmen Reinhort y Kenneth Rogoff, han relevado 800 casos de no pagos de deuda desde el siglo XIX hasta hoy. Hay ejemplos de todo tipo. Pero nos vamos a concentrar en uno que nos toca de cerca: en diciembre de 2001, la movilización del Argentinazo impuso el no pago de la deuda. En 2002 ese dinero que ya estaba presupuestado para entregárselo a los pulpos acreedores fue el que se utilizó para pagar dos millones de planes a quienes no tenían ningún tipo de cobertura frente a la desocupación. Y en los años siguientes, hasta que el kirchnerismo impuso volver a pagar la deuda en 2005, hubo superávit fiscal (lo que se recaudaba era más que lo que se gastaba) lo que permitió que, duras luchas mediante, se lograra recuperar un poco el salario y el empleo. Durante todo ese período, nadie “bloqueó” ni “sancionó” a nuestro país.

Por supuesto, mientras no se paga la deuda ni se arregla con el Fondo, no entran más fondos especulativos, ni aumenta el endeudamiento. Esto sólo es un problema para los que viven de las superganancias que generan esos negocios.
Lo mismo con respecto al FMI. Digamos de entrada que, cuando se creó el Fondo al final de la Segunda Guerra Mundial, la Argentina no ingresó, ni lo hizo en los diez años posteriores. Recién con el golpe gorila de 1955, la dictadura de Aramburu hizo que entráramos a ese organismo. A partir de ahí, cada acuerdo con el Fondo significó un plan de ajuste. Esto se agudizó después cuando la dictadura genocida creó la deuda externa que sufrimos aún hoy. Todos los acuerdos posteriores con el FMI obligaron a feroces ajustes con el objetivo de pagar los vencimientos de dicha deuda, que siguió creciendo hasta el infinito.

La propuesta del FIT Unidad es posible y necesaria

En síntesis, cualquier consecuencia que pueda surgir del no pago de la deuda o de la ruptura con el FMI, perjudicará mucho más a los pulpos acreedores que al pueblo trabajador. Incluso, en el caso que el establishment internacional y el imperialismo amenacen con alguna sanción, desde nuestro país  le opondremos el llamado a la conformación de un Club de deudores latinoamericanos, ya que el flagelo de la deuda nos afecta a todos de conjunto. Si nuestras riquezas, en vez de ser saqueadas, se utilizan para atender las necesidades conjuntas de nuestros pueblos, tendremos recursos de sobra para resolver las urgentes necesidades de salario, trabajo, salud, educación y vivienda que tenemos pendientes. Esta es la propuesta que postulamos desde el Frente de Izquierda Unidad. Te invitamos a fortalecerla con tu voto.


Escribe Pablo Almeida, legislador porteño por Izquierda Socialista/FIT Unidad y delegado general ATE Ministerio de Economía

Desde Izquierda Socialista siempre afirmamos que en Juntos por el Cambio no conviven “halcones” y “palomas”. Todos juntos van contra la clase obrera. Queda muy claro con las propuestas de reforma laboral y eliminación de indemnizaciones que impulsan todos sus candidatos.

No puede ser de otra manera, los que piden otra oportunidad ya gobernaron y hundieron a trabajadores y a sectores populares en la miseria. Macri aumentó más de 1.000% las tarifas, saqueó las jubilaciones e hizo que más de 2.300.000 trabajadores paguen impuesto a las ganancias.

En plena campaña de las PASO Manes, “lo nuevo” de Juntos por el Cambio, decía: “No soy político, vengo a plantear el conocimiento y no a alimentar la novela de la política”.  Hoy, imperturbable, repite: “Yo creo que hay que hacer una reforma laboral, en un mundo post pandemia vamos a tener que discutir uno de los grandes temas como el trabajo”. Coincide plenamente con Rodríguez Larreta, Diego Santilli y María Eugenia Vidal.

Por su parte, el senador Martín Lousteau ya presentó un proyecto de ley que elimina las indemnizaciones, pretende que el despido sea gratuito para las patronales. Su iniciativa propone la creación de un Fondo Nacional de Cese Laboral, financiado por los propios trabajadores con un aporte mensual del 12% del salario durante el primer año y el 8% los siguientes.

En la misma línea están Elisa Carrió y el economista liberal Martín Tetaz, que acompaña a María Eugenia Vidal como segundo candidato en la lista de la CABA.

De aprobarse estas medidas, no se crearán más empleos como ellos afirman sino que, por el contrario, habrá más desocupación y pobreza. Será más fácil despedir y por lo tanto bajar el salario. Es mentira que intentan salvar a la pequeña y mediana empresa. Quieren meter más ajuste a los trabajadores y sectores populares para continuar beneficiando al gran capital y a las multinacionales.

En la Ciudad de Buenos Aires los distintos gobiernos de PRO y sus aliados desde hace catorce años vienen favoreciendo los negociados de grandes empresarios inmobiliarios, haciendo una ciudad cada vez más desigual y expulsiva. Crecen las torres de lujo en desmedro del espacio público y la especulación inmobiliaria hace subir los alquileres a valores impagables para el pueblo trabajador.

A las y los trabajadores estatales, docentes y de la salud se los condena cada año a salarios de hambre y una precarización laboral super extendida.
Si votás a Juntos por el Cambio para repudiar al peronismo kirchnerista te equivocás, y si le das el voto al peronismo para que no se fortalezcan los macristas de Juntos también. Por poner solo un ejemplo, el candidato a primer legislador del Frente de Todos es Alejandro Amor, dirigente burocrático del Sutecba (municipales), gremio cómplice del ajuste de Macri y Rodríguez Larreta en la Ciudad.

Luego del 14 de noviembre, los partidos patronales se sentarán a discutir el acuerdo de pago al FMI. Todos ellos, el peronismo en todas sus variantes, Juntos por el Cambio, Milei y Espert, acordarán un nuevo saqueo al pueblo trabajador. Solo una fuerza se opondrá y llamará a enfrentarlo: el FIT Unidad. Es por esto que el único voto útil es a la izquierda que se une, la que pone sus bancas al servicio de las demandas obreras y populares.


Escribe José Castillo, candidato a diputado nacional CABA, por Izquierda Socialista / FIT Unidad

“La libertad avanza” o “Avanza libertad” son los nombres de las listas de Javier Milei en CABA y José Luis Espert en la provincia de Buenos Aires, respectivamente. Si ingresan al Congreso van a conformar un bloque común, o al menos un interbloque de ultraderecha, profundamente antiobrero.

¿De qué se trata la “libertad” que promueven? Simple y esencialmente de quitarle todos y cada uno de los derechos a los trabajadores. Es la libertad de los empresarios para poder despedir a gusto, arbitrariamente, sin pagar ninguna indemnización. De no reconocerle al trabajador nada, ni vacaciones, ni obra social, ni aportes jubilatorios. Espert lo dejó entrever en el debate en TN: es la generalización de la superexplotación que hoy viven las chicas y chicos que pedalean todo el día para Pedidos Ya o empresas de aplicaciones similares. Milei lo dijo con todas las letras cuando declaró a Menem como el “mejor presidente de la historia” o cuando intercambió elogios nada menos que con Domingo Cavallo. Para los más jóvenes que no lo vivieron: el ministro de Economía que estatizó la deuda externa privada durante la dictadura (¡sí, leiste bien: el “privatista” estatizó y le endilgó a todos los argentinos, las deudas privadas que habían tomado las grandes empresas locales y extranjeras durante el gobierno genocida!); el que luego entregó todo, privatizando todo el patrimonio, como ministro de Menem, llevando por primera vez la desocupación a dos dígitos; y, como frutilla del postre, el que rebajó los sueldos a estatales y jubilados para pagar la deuda en 2001, y luego se quiso apropió de los ahorros del pueblo trabajador con el corralito, para terminar renunciando en medio del Argentinazo de diciembre de ese año.

Los liberales no son recién llegados a la política. Ahora se presentan como “libertarios”, pero son los herederos de los Alsogaray, Martínez de Hoz, Roberto y Juan Alemann, los funcionarios civiles de todas las dictaduras militares desde 1955 en adelante. Por eso no es casualidad que quien secunda a Milei en la lista de diputados en CABA sea nada menos que Victoria Villarroel, abogada defensora de  genocidas. O que el propio Milei, que despotrica de los que “viven de la política”, no haya tenido ningún problema en ser asesor del genocida Domingo Bussi.

Es que eso es lo que mejor expresa su posicionamiento ideológico: por algo Milei y Espert forman parte del agrupamiento internacional llamado Plataforma de Madrid, junto con los ultraderechistas españoles de Vox, Bolsonaro, Keiko Fujimori y el candidato pinochetista chileno José Antonio Kast.

No hay tema en el que Milei y Espert no hayan expresado la posición más reaccionaria que se pueda tener. Se pronunciaron contra el aborto y llevan en sus listas a reconocidos militantes celestes. Espert propuso abiertamente eliminar la ESI en las escuelas. Son racistas y anti-pueblos originarios: Espert llegó a decir el pasado 12 de octubre que él festeja “el Día de la Raza” y no el de la diversidad cultural. Niegan el cambio climático. Promueven y agitan un discurso macartista, “antizurdo”, y sus militantes se divierten atacando con pintura locales del FIT Unidad. Sus expresiones misóginas, homofóbicas y de insultos a todos los que no piensan como ellos se siguen sumando día a día. Milei hasta se anima a recitar en sus cierres de discurso frases de Benito Mussolini. No son “antisistema”, son de ultraderecha.

No es cierto, sin embargo, que Milei y Espert van a quedar “solos” votando contra todos. Más de una vez los veremos aportando a sumarle votos a Juntos por el Cambio. Incluso coquetean con alguna fórmula conjunta para 2023 (se habla de Patricia Bullrich-Milei). Y, también, ya podemos anticipar que apenas asuman participarán de una votación “conjunta” con el Frente de Todos y Juntos por el Cambio: a favor del acuerdo con el FMI.

Por todo esto, no te confundas, Milei y Espert no tienen nada para aportar al pueblo trabajador o a la juventud. Son el espejo en nuestro país de Bolsonaro o Trump. Tu justificada bronca contra los políticos tradicionales, sus promesas no cumplidas, el ajuste permanente, el saqueo a nuestras riquezas y la corrupción, te invitamos a canalizarla votando a quiénes presentan de verdad una alternativa que atiende las necesidades populares más urgentes: el Frente de Izquierda Unidad.

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Artículos de Iván Ponce

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