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Por Prensa UIT-CI.

26/9/2023. El territorio de Nagorno Karabaj finalmente cayó en manos de la dictadura de Azerbaiyán luego de más 30 años de reclamar por su independencia nacional. En los últimos días de septiembre el ejército de Azerbaiyán invadió y las milicias armadas de Nagorno se rendieron.

La población de Nagorno Karabaj (unos 150.000 habitantes) es mayoritariamente de origen armenio y, en 1991, se proclamó república independiente de Artsaj, con apoyo militar de Armenia y Rusia. El conflicto se originó luego de la disolución de la ex URSS.

Las potencias imperialistas, miembros de la OTAN, y el expansionismo agresivo de los regímenes capitalistas de Rusia y Turquía, usaron este conflicto para avanzar en sus proyectos de dominio de los pueblos y de sus riquezas para la explotación capitalista.

Hubo dos guerras e innumerables choques armados por la disputa de ese territorio. 

Desde la UIT-CI siempre denunciamos esta situación, nos opusimos a que se hubiera una guerra fraticida entre Armenia y Arzerbaiyán y reclamamos la solidaridad internacional de los pueblos para que respetara el derecho a la autodeterminación del pueblo de Nagorno Karabaj.

Finalmente el pueblo de Nagorno Karabaj fue derrotado por la complicidad de todas las grandes potencias imperialistas y los gobiernos capitalistas de la región, Las consecuencias las sufre el pueblo de Nagorno Karabaj, en especial los de origen armenio, con miles de desplazados y con el peligro de una limpieza étnica en ese territorio.

 

Para profundizar en el origen y génesis del conflicto reproducimos una declaración de la UIT-CI de octubre del 2020.

 


No a la guerra entre Azerbaiyán y Armenia por Nargorno Karabaj!. ¡Fuera la injerencia de los países imperialistas (la UE y EE.UU.) y de Turquía y Rusia en la región!

8/10/2020 UIT-CI. reproducida en el El Socialista, de Argentina, N° 481.

Una nueva guerra por el pequeño territorio de Nagorno-Karabaj ha estallado 27 de septiembre de 2020. Los combates armados y los bombardeos sobre Nagorno-Karabaj y su capital, no han cesado. Cientos de soldados y civiles ya han muerto en los enfrentamientos. Y puede terminar en una guerra global entre Azerbaiyán y Armenia. Las dos partes se acusan mutuamente de iniciar el conflicto.

Este conflicto es muy complejo y tiene una larga historia de disputas territoriales en la región del Cáucaso sur. La población de Nagorno Karabaj (unos 150.000 habitantes) es mayoritariamente de origen armenio y, en 1991, se proclama república independiente de Artsaj, con apoyo militar de Armenia y Rusia. Desde entonces el conflicto ha estado presente y sin solución.

Hay que tener en cuenta que el conflicto entre Armenia (2.900.000 de habitantes, mayoría armenia -cristiana) y Azerbaiyán (10.000.000 de habitantes, mayoría musulmana) por el Nagorno-Karabaj, no se limita al Nagorno-Karabaj, sino que incluye otras grandes porciones de territorio de Azerbaiyán que fueron arrebatadas por Armenia durante la guerra que culminó en 1994.

Nagorno-Karabaj no era frontera con Armenia, sino que era un enclave armenio rodeado por regiones de Azerbaiyán. Armenia lanzó una acción militar que arrasó el territorio azerbaiyano que rodeaba el Nagorno-Karabaj. Separando la región de Nahchevan azerí de Azerbaiyán y provocando matanzas, limpiezas étnicas y el éxodo de cientos de miles de azeríes (unos 600.000 viven actualmente en Azerbaiyán) y vaciando de población esos territorios y trasladando población armenia. 

La otra cara de la moneda es el régimen capitalista de Azerbaiyán que se ha negado siempre a reconocer el derecho del pueblo de Nagorno-Karajab a decidir su destino propio.

Rechazamos esta guerra que solo traerá más muertes, destrucción y miseria para sus pueblos. Mientras tanto las potencias imperialistas, miembros de la OTAN, y el expansionismo agresivo de los regímenes capitalistas de Rusia y Turquía, usan este conflicto para avanzar en sus proyectos de dominio de los pueblos y de sus riquezas para la explotación capitalista.

 ¿De dónde viene el conflicto?

El conflicto tiene su raíz en siglos de rivalidades y masacres étnicas, que tuvieron que ver con la formación y disputa de los viejos imperios capitalistas (inglés, francés, otomano, ruso).

La pequeña región de Nagorno Karabaj es una región poblada desde hace siglos mayoritariamente por una población de lengua armenia y cultura cristiana. 

Cuando surgió la Unión Soviética por la revolución socialista de 1917, se expropió a terratenientes y capitalistas hubo más de una década de convivencia pacífica entre distintas nacionalidades históricas del Cáucaso. Luego de la muerte de Lenin y con el surgimiento de la casta burocrática contrarrevolucionaria encabezada por Stalin, se volvieron a abrir heridas. Stalin, en los años 30, cedió ese pequeño territorio a Azerbaiyán, para dividir y controlar a los pueblos en beneficio de la burocracia del Kremlin. 

Al disolverse la Unión Soviética, en 1991, y restaurarse el capitalismo, resurgió con fuerza la antigua división de los pueblos, ahora subordinada directamente a los intereses de distintos sectores capitalistas e imperialistas por control de territorios y riquezas. Así tanto Armenia como Azerbaiyán se convierten en países capitalistas.

En 1991, Nagorno-Karabaj se declara independiente. Y se desata una guerra entre Azerbaiyán y Armenia, apoyada por Rusia. En 1994 termina la guerra con un alto el fuego, pero sin acuerdo. Nagorno Karabaj se independiza precariamente, ningún país del mundo reconoce esa independencia. Desde entonces se reiteran los incidentes y choques armados.

 El nuevo conflicto armado y el peligro de una nueva guerra fraticida

El conflicto de Nagorno-Karabaj siempre ha sido utilizado por los regímenes de Azerbaiyán y Armenia para desviar la atención de sus pueblos frente a la crisis política y social de sus países. Levantado la bandera de la unidad “nacional”. En medio de la nueva crisis aguda capitalista, los regímenes de Azerbaiyán y Armenia sufren cuestionamientos de sus pueblos.

El régimen de Azerbaiyán, encabezado por el islámico Ilham Aliyev, sucesor de su padre, gobierna desde hace casi 20 años. Enfrenta cuestionamientos por su represión y por la crisis social. La caída de los precios del petróleo lo afectó. El país es exportador de petróleo y gas. Tiene acuerdos especiales con Turquía, que compra sus hidrocarburos. Entre los principales inversores están las empresas británicas, rusas y turcas. Alivev ha declarado que no se detendrá hasta recuperar Nagorno-Karabaj. Cuenta con el claro el apoyo político y militar del régimen turco de Erdogan. Quien declaró abiertamente que “la lucha continuará hasta que Karabaj sea liberado de la ocupación” (Clarín, Argentina, 3/10/2020). La intervención solapada de Estados Unidos, en el conflicto, puede estar detrás del rol de Israel que lleva tiempo vendiendo armamento moderno a Azerbaiyán compró gran cantidad de armas modernas a Israel. 

Por otro lado, el actual gobierno armenio llegó al poder a partir de la insurrección popular de 2018 que terminó sacando al anterior gobierno y obligando a realizar nuevas elecciones. Armenia es gran productor y exportador de cobre y privatizó todas sus antiguas empresas estatales.

Si bien Armenia ha contado siempre con el respaldo de Putin y Rusia, el nuevo gobierno a buscado tener relaciones más cercanas con la Unión Europea (UE) y la OTAN. Por eso Rusia está dando un tibio apoyo a Armenia y no quiere romper totalmente sus vínculos con Azerbaiyán. Y a su vez Francia y la UE busca apoyar a Armenia en una nueva negociación. El imperialismo francés, donde hay una gran comunidad armenia, con su sector capitalista, tiene con Armenia vínculos especiales económicos y políticos. 

 No a la guerra entre Armenia y Azerbaiyán

Con esta guerra la clase trabajadora y los pueblos de la región nada pueden ganar, sino sólo ser más sometidos a las multinacionales 

La ONU habla de “paz” pero deja correr los enfrentamientos o la “paz” tramposa con ocupación militar de territorios, para dejar el campo libre a las multinacionales imperialistas para explotar a las y los trabajadores, falsamente divididos por odios nacionales. 

Solo habrá una verdadera paz y convivencia justa entre los pueblos si se termina con el sistema capitalista-imperialista y sus gobiernos capitalistas, y se expulsa a las multinacionales que hoy imponen sus intereses. Solo un verdadero socialismo, no el falso socialismo que gobernó la ex URSS, permitiría superar las fronteras nacionales y que los pueblos convivan en armonía, respetando sus nacionalidades y culturas, planificando sus economías en beneficio de la clase trabajadora y los sectores populares de la región del Cáucaso.

En esta perspectiva de fondo, hoy es urgente detener esta guerra entre pueblos manejados como peones de intereses capitalistas imperialistas y de los regímenes de Turquía y Rusia.

Desde la UIT-CI llamamos a todas las organizaciones políticas, sindicales o estudiantiles que se reclaman democráticas y antiimperialistas del mundo, a pronunciarse contra la guerra entre Azerbaiyán y Armenia. 

 

Fuera la injerencia política y militar de los países imperialistas (la UE y EE.UU.) en el conflicto de Nagorno- Karabaj.

Fuera el expansionismo agresivo de los regímenes capitalistas de Rusia y Turquía en la región

Alto a las masacres de la población civil.

Por el respeto a la autodeterminación del pueblo de Nagorno Karabaj. Desocupación por parte de Armenia de los territorios azerbaiyanos y derecho pleno de la población a volver a su territorio

¡No a la guerra entre Armenia y Azerbaiyán!

 

Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores-Cuarta Internacional (UIT-CI)

8 de octubre de 2020.

Por Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional

La lucha de las mujeres por decidir sobre sus cuerpos tiene que seguirse dando en las calles.

En un contexto en el que la crisis capitalista y patriarcal condena a cada vez más personas a la pobreza y violencia por los planes de ajuste de los gobiernos y los organismos imperialistas como el FMI, este 28 de septiembre las mujeres nos organizamos y movilizamos para defender nuestros derechos. 

Desde el triunfo histórico de las compañeras de Argentina que consiguieron la legalización de aborto en 2020, la marea verde sigue recorriendo América Latina. Recientemente en México se ha logrado la despenalización del aborto en todo el país, propiciando que en las dependencias públicas se brinde este servicio. El año pasado fue Colombia quien también logró este derecho. 

Sin embargo, aún falta mucho para lograr que el derecho a decidir sobre sus cuerpos se respete de manera plena para todas las mujeres. Según la Organización Mundial de la Salud al año se realizan 25 millones de abortos inseguros, de los cuales 39 mil mujeres mueren y millones son hospitalizadas por complicaciones. La mayor parte de estas muertes se concentran en países pobres de África (60%) y de Asia (30%). El aborto sigue siendo un problema de salud pública que refleja la desigualdad social en la mayoría de los países, en donde las mujeres más pobres son las más vulnerables a morir por abortos inseguros o a ser criminalizadas. 

Si bien hay logros por parte del movimiento, es constante la amenaza de que estos sean arrebatados, ya que hay una reacción de las Iglesias, las instituciones religiosas y sectores antiderechos. Gobiernos y candidatos de derecha constantemente señalan su oposición a los derechos de las mujeres y de la comunidad LGBTTIQ+, como sucedió en Estados Unidos cuando la Suprema Corte anuló el caso Roe contra Wade, que a su vez significó la anulación del derecho constitucional al aborto, el cual llevaba más de 50 años, ahora este derecho lo determinan los Estados, pero actualmente en ocho de ellos está prohibido. Esto coloca a Estados Unidos en sentido contrario a los logros alcanzados en otros países con el movimiento de la marea verde, cuando llegó a ser uno de los que estaban a la vanguardia de tener este derecho. En Argentina, Javier Milei, candidato de la ultraderecha preferente en las próximas elecciones presidenciales, amenaza con echar abajo la legalización de aborto. En la mayoría de los países de América Latina el aborto está penalizado o tiene restricciones, hay países en los que está completamente prohibido como en República Dominicana, Nicaragua, Haití y El Salvador. Incluso los gobiernos “progresistas” o del doble discurso, como el del presidente Lula en Brasil quien cambió su postura a favor del aborto para no perder el apoyo de los sectores religiosos. Similar ocurre en Venezuela, donde se fortalecen vínculos institucionales entre Estado y las iglesias, lo que ha significado un brutal retroceso en las mesas de diálogo por la despenalización del aborto que se habían alcanzado con la fuerza de la movilización. Y en Turquía, aunque el aborto es legal, de hecho, hay muchos obstáculos en los hospitales públicos. En la práctica, muchas mujeres no pueden acceder fácilmente al derecho al aborto gratuito y seguro.

No podemos confiar en que los gobiernos respetarán lo que hemos logrado con la lucha. Incluso en los países en los que se ha despenalizado el aborto, no se han destinado los recursos necesarios para que se brinden servicios universales y dignos a las mujeres y personas con capacidad de gestar, sigue siendo discriminatorio, ya que se ha permitido el lucro de este servicio a través de clínicas privadas a las que solo tienen acceso quien pueda pagarlas, descuidando el servicio público. En el Estado Español, las últimas estadísticas evidenciaban que, a pesar de más de 10 años desde la legalización del aborto, 11 provincias no habían registrado ningún caso, vulnerando derechos y provocando el desplazamiento de mujeres y personas gestantes. Y se estima que, aproximadamente, tan solo el 15% de los abortos se realizan en la sanidad pública.  Es necesario exigir a todos los gobiernos que legalicen el aborto, garantizándolo de manera gratuita, segura y universal en las clínicas y hospitales, así como proporcionar anticonceptivos gratuitos para prevenirlo, pero para ello se requiere que destinen presupuestos que fortalezca a los sistemas de salud públicos, en vez seguir destinando el pago de las deudas externas a los organismos como el FMI. 

El derecho a decidir de las mujeres y de las personas con capacidad de gestar sobre su cuerpo, sexualidad y vida implica que se brinde una educación sexual integral en todos los niveles educativos sin prejuicios sexistas. También es necesario demandar que se detenga la criminalización y se liberen a todas las mujeres presas por abortar, así como que se detenga la violencia obstétrica que estigmatiza a quienes deciden abortar. Luchamos por maternidades libres y elegidas, que no haya niñas que sean obligadas a ser madres. Para que haya maternidades plenas, exigimos a los Estados que se reconozca el trabajo reproductivo, destinando recursos para la instalación de comedores y guarderías públicas. Que las madres trabajadoras cuenten con salarios y prestaciones laborales dignas.  

En esta jornada del 28 de septiembre, Día Internacional por la Legalización del Aborto, la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional (UIT-CI), levantamos estas exigencias, pero somos conscientes que no serán plenamente cumplidas en este sistema capitalista y patriarcal. A la dominación burguesa y sus gobiernos, les ha convenido que las mujeres sigamos confinadas en el trabajo reproductivo, y que se nos oprima con el mandato patriarcal de ser madres sin importar nuestra decisión, de esa manera tiene condiciones para imponernos una mayor explotación. Por eso, consideramos que se requiere que la clase trabajadora sea la que gobierne, para que establezca servicios sanitarios y educativos públicos dignos para que todas las mujeres y personas podamos ejercer nuestra sexualidad y decidir sobre nuestro cuerpo de manera libre y plena. 

¡Legalización del aborto seguro y gratuito en el mundo! 

¡Ni una muerte más por abortos clandestinos! 

¡Libertad a todas las presas por abortar! 

¡Anticonceptivos para no abortar! 

¡Educación Sexual para decidir! 

¡Por maternidades libres y elegidas! 

¡Por mayores presupuestos a la salud y educación! 

¡Iglesias-las instituciones religiosas y Estado asuntos separados! 

 

Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional (UIT-CI)

Septiembre de 2023

Escribe Nicolás Núñez, referente de Ambiente en Lucha – Izquierda Socialista

“Era de la ebullición global”, dijo el Secretario General de las Naciones Unidas para ver si así lograba llamar un poco más la atención de lo que lo venían haciendo sus intervenciones previas hablando de “calentamiento global”. Se paró sobre el hecho concreto de que llevamos 30 días de temperaturas globales anómalas, por encima de las medias de los últimos más de 100 mil años. 

Si bien en estas semanas se han dado fenómenos climáticos extremos de todo tipo (incendios, inundaciones, tornados), según las recomendaciones de World Weather Attribution (WWA) sobre “cómo informar fenómenos meteorológicos extremos y cambio climático”, son particularmente las olas de calor los fenómenos más directamente vinculables al aumento de la temperatura global. En su último reporte, WWA precisa respecto de los fenómenos del último mes que las temperaturas en Asia (más de 52° en China) debieran ser un fenómeno de 1 cada 250 años, y los golpes de calor en EEUU y México (con una gran cantidad de fallecidos) imposibles, sino fuera por el calentamiento global. No es LA causa, pero potencia, amplifica, reitera, etcétera. Y la llegada 2023 de “El Niño” parece haberle agregado una cuota de dramatismo a todo.

La ebullición, entonces, es una ratificación de un rumbo previsto, pero cuyo advenimiento parece adelantarse bastante al momento en que venía siendo apuntado en la agenda de la historia global. Incluso, una de sus manifestaciones más catastróficas, la ralentización o colapso de corrientes oceánicas, que el IPCC (Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático) no ubicaba en los calendarios de este siglo, es ahora pronosticada por estudios (en la revista Nature) como probable entre 2025-2095. Coloquialmente: el deshielo del ártico afecta la temperatura oceánica evitando que la corriente cálida del Atlántico Norte ayude en su rol de regular el clima europeo constituyendo un freno a que las temperaturas polares desciendan al continente. De constatarse esta consecuencia del calentamiento global, paradójicamente, la resultante sería un descenso drástico, de entre 3° y 8° de la temperatura en el “viejo continente”. Si bien minoritarias en el concierto científico, las voces que alertan de estas tendencias señalan que lo que podríamos tener por delante en estas regiones es no otra cosa que “el fin de la agricultura”. El clima está roto, pero el qué tanto nos depara muchas sorpresas por delante.

De “Trinidad” en adelante

También en este julio que se fue cálido, el martes 11, el Grupo de Trabajo del Antropoceno (GTA), y a partir de los parámetros de la Comisión Estratigráfica Internacional (CEI), dio a conocer cuál es su “Global boundary Stratotype Section and Point” (también conocido como “clavo dorado” o “punta dorada”), su referencia geológica a partir de la cual dar cuenta del comienzo de una nueva era en la historia del planeta Tierra. Después de analizar una docena de posibilidades, terminaron por seleccionar el Lago Crawford en Canadá, dado que la sedimentación de sus 24 metros de profundidad permite observar las transformaciones acumuladas a lo largo del tiempo, y, a fines del GTA puntualizar lo que comenzó a suceder a mediados del siglo pasado, con lo que se conoce como “Gran Aceleración”, proceso impulsado por el capitalismo de posguerra que terminó por dañar radicalmente el metabolismo entre la humanidad y la naturaleza. Este evento terminaría por constituir el dejar atrás el “Holoceno” y su estabilidad climática, y dar lugar al “Antropoceno”, con la actividad humana como principal agente de transformaciones planetarias. La “actividad humana” diseñada por la lógica de acumulación capitalista, sumaríamos desde nuestro lugar.

Si bien muchas de las intervenciones sobre los sistema planetarios tendrían orígenes mucho tiempo atrás, y en particular desde el comienzo del despliegue de la gran industria a escala global, una de ellas sería más fácil de observar en la dispersión sincrónica planetaria de sus efectos. Y es que, si bien como nos muestra la película de Christopher Nolan, la prueba “Trinity” encabezada por Robert Oppenheimer, demostró que no se constató la hipótesis de que el estallido de una bomba atómica podría desatar una reacción en cadena imparable que destruya la totalidad de la vida sobre el planeta, – sí abrió camino -no sólo a una escalada armamentística y acciones genocidas por parte del gobierno estadounidense- sino también a una contaminación global a partir de las 500 pruebas de armas nucleares que se dieron en los años subsiguientes -tal como lo como reseñó Roberto Andrés-. Hay partículas de plutonio por todos lados, y, cómo no podía ser de otra manera, también en los sedimentos del Lago Crawford.

Los científicos de la CEI se seguirán tomando su tiempo para terminar de ver si alcanzan un veredicto favorable para dictaminar la entrada “oficial” en el Antropoceno. Mientras tanto, y sin que el calentamiento global sea la única huella antropogénica, nos seguiremos chocando, particularmente, con las consecuencias de la acumulación capitalista de 100 multinacionales, responsables del 71% de las emisiones de gases de efecto invernadero. “No podemos ganar todos: o estas industrias sobreviven o lo hacemos nosotros”, sintetizó en una columna de opinión en The Guardian el especialista George Monbiot. El punto es que vienen ganando ellas, y por goleada.

Es que, por más que el último informe del IPCC haya señalado que la explotación de la industria fósil ya desplegada sobre el planeta bastaba para superar el aumento del 1,5° respecto del comienzo de la era industrial, la infraestructura fósil no paró de ampliarse en volúmenes monstruosos. De hecho, la columna de Monbiot venía a colación de los planes del gobierno inglés de extender masivamente la explotación off shore sobre el Mar del Norte (habilitarían más de 100 nuevas licencias de exploración); Biden, desde EEUU está haciendo lo propio, con el “Proyecto Willow”, promoviendo extracción fósil en Alaska, adentrándose en el círculo polar ártico; Putin no solo tiene sus propias explotaciones en esas altitudes, sino que hace rato insiste en sustituir la circulación de mercancias vía el Canal de Suez, por rompehielos que aprovechen el deshielo para consolidar una ruta marina del norte al calor del calentamiento global. El colapso de los casquetes polares: ¿amenaza para la existencia humana u oportunidad de negocios? Elige tu propia aventura.

Plataforma petrolera de Shell en el Ártico

Sumemos, de paso, que, según reveló la semana pasada el informe semestral de la Agencia Internacional de la Energía, en 2022 y en particular motivado por el consumo de la dictadura capitalista china, se rompió el récord de quema de carbón a escala global con 8.300 millones de toneladas, un 3,3% superior respecto del año previo. Recordemos, se trata de la fuente energética más contaminante de todas las explotadas por la industria hasta el momento.

Por enésima vez, señalemos con luces de neón que no hay ninguna transición energética hacia un mundo pos-fósil en curso. Lo que tenemos por delante son políticas anárquicas de acumulación capitalista que trazan caminos que parecen bifurcarse, pero en realidad son dos caras de la misma moneda, sino dos estrategias comerciales de las mismas empresas (estatales o multinacionales): por un lado, el capitalismo verde, que utiliza la especulación del valor futuro de las energías renovables para armar burbujas especulativas y potenciar el extractivismo de “recursos estratégicos” (de esto hablaremos a continuación); por otro, la industria fósil que utiliza los anuncios de descarbonización para acelerar la extracción y venta de sus activos a cómo dé lugar, bajo amenaza de que en algunas décadas las mismas podrían ser vedadas. Señalemos, solo el pasar y sin que sea aún un tema de tanto revuelo en nuestros debates latinoamericanos, que el point de capiton, el eje nodal que retroactivamente embebe de sentido ambas estrategias, es la promesa técnica: siempre están ya por ser descubiertas formas masivas de captura de carbono que podrían dejar respirar la atmósfera, que en vez de ponerse al servicio de evitar las consecuencias más drásticas del calentamiento global, se piensan como una luz verde para legitimar seguir quemando fósiles.

Conclusión: roto el holoceno, dadas las lógicas capitalistas imperantes, hacen bien quienes viendo los 30° en Buenos Aires en agosto y lo que está pasando en el hemisferio norte se preocupan por el calor que hará en el verano. Pero, ¿estamos a tiempo y haciendo lo correcto para evitar que sea un cementerio?

Argentina: Megamineria de litio y más gasoductos, ¿justo lo que necesitábamos?

Reducido en su tratamiento mediático al triunfo inapelable del “team verano”, o bien a la conmoción por la imagen de incendios e inundaciones, o a lo sumo, vinculado a la sequía que afectó en más de USD 20mil millones las exportaciones de este año, el panorama climático global es debatido en nuestro país en las secciones de color de los diarios y noticieros y escindido de los grandes debates políticos nacionales. Ahora, ¿no debería decirnos algo que el principal acto de campaña de Sergio Massa haya sido la inauguración de un gasoducto? Evento criticado por la oposición macrista únicamente por su demora en la construcción. ¿No tienen nada que ver el panorama global y las políticas de Europa y Estados Unidos de electrificación de su planta automotriz con la reforma constitucional de Gerardo Morales y el PJ jujeño?



Quien escribe estas líneas desde ya que está lejos de subestimar la importancia del impacto de la temperatura global, por si hiciera falta decirlo. Pero sí piensa que, sumado a los efectos ya palpables del cambio climático, que se combinan con las políticas de estado locales (desmonte, destrucción de humedales, incendiar para cambiar el uso del suelo, destrucción de la tierra por monocultivo con agrotóxicos, etc.), probablemente la principal forma en que hoy el calentamiento global se inscribe en la realidad local es la que menos se debate, es decir: por cómo el imperialismo y el gobierno local transformaron “cambio climático” en una justificación para destruir nuestros territorios.

¿No es acaso la idea de que hay que utilizar la “ventana de oportunidad” que se abre en esta década y la siguiente para vender gas natural como “energía puente menos contaminante” lo que se utiliza para justificar la aceleración de la habilitación de gasoductos que expandan Vaca Muerta y la instalación de las Petroleras en el Mar Argentino? ¿La búsqueda de desplazar a las comunidades de los salares del norte del país no se intenta explicar porque hay que descarbonizar al “primer mundo”? De allí emergen las más míticas promesas de lluvias de inversiones, de luces al final del camino, de brotes verdes, en fin, de las salvaciones tantas veces anunciadas y nunca corporizadas.

Entonces, quizás no basta, cómo nos proponen algunos referentes ambientales vinculados a la agenda de este gobierno, simplemente con difundir videos de cuánto más gases de efecto invernadero generaron los países del norte global, si no que es necesario discutir la forma específica en que los gobiernos, sean de Unión por la Patria o de Juntos por el Cambio, buscan entregar nuestros territorios para garantizar la continuidad de los negocios de aquellos intereses imperiales. 

“Justicia Ambiental” no puede ser como proponen referentes como Bruno Rodriguez, que como el norte global contaminó mucho, ahora nos toca a nosotres. La ONU le advirtió hace tiempo a nuestro país que la explotación de Vaca Muerta podría consumir buena parte del presupuesto de carbono global para no exceder el 1,5°. Los diez años de explotación del régimen de fractura hidráulica han dejado un saldo tendiente a nulo de dólares en el país, y más bien uno muy frondoso de filtraciones de metano, eventos sísmicos, crisis hídrica y profundización de la desigualdad en la región. La propuesta de ahora sumarle a eso tentáculos de gasoductos que pisoteen territorios ancestrales y zonas protegidas por su biodiversidad, para instalar en el Golfo San Matías un nuevo polo petroquímico que compita con el desastre ambiental del polo de Ingenierio White, Bahía Blanca, violenta todo principio precautorio y de no regresividad en materia ambiental a los que la Argentina se comprometió en los últimos años. Acá no hace falta un triunfo de un Trump o un Bolsonaro para borrar los acuerdos firmados por gobiernos previos, simplemente el mismo peronismo borra con el codo lo que firma con la mano. Y la punta de lanza de esta estrategia extractivista suicida es la YPF S.A. que referentes que se dicen populares y “humanistas” como Juan Grabois aplauden a rabiar.


El candidato Juan Grabois hizo un acto de campaña elogiando la gestión de Pablo González al frente de YPF

En vez de agachar la cabeza ante este panorama, la enorme historia de luchas socioambientales de nuestro país podría trazar un curso distinto al descrito hasta acá, y dar una señal al mundo entero. Pero la condición de librar a nuestros territorios del extractivismo, es librarlo también del sometimiento al pago de la deuda externa, y la expoliación de sus principales resortes económicos que fueron puestos en las últimas décadas en manos privadas (mayoritariamente extranjeras). Resaltar lo socio de “socioambiental”, evitar postular un ambientalismo que se quiera parar por encima del resto de las luchas obreras y populares, aprender de las experiencias de luchas como las de Jujuy donde la lucha de las comunidades se potenció también con la lucha docente, y de triunfos como el Chubutazo en el que el accionar de la clase trabajadora jugó un rol fundamental, puede que sean algunas de las tareas del momento.

Otra, claramente debe ser mirar el proceso electoral en curso con los ojos bien abiertos ante la realidad de que existe una sola expresión política extendida en todo el país, con presencia en legislaturas, consejos deliberantes y el Congreso, pero sobre todo, en las calles junto a las luchas socioambientales y que está comprometida con sus demandas, y es el Frente de Izquierda Unidad. Particularmente, la lista que encabeza Myriam Bregman, que rechaza la continuidad de un “extractivismo bajo control obrero”.

Postdata

Por último, y para no dejar una referencia a la canción sin hacer, el calentamiento global está ahí, y por fuera del universo negacionista, se lo está padeciendo y problematizando. Pero mientras esencialmente se lo siga usando para justificar más extractivismo capitalista, la humanidad corre el riesgo de pararse ante él tal como el enunciador de “Cementerio Club”: “justo que pensaba en vos / caí muerto”.

 

 

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Compartimos distintos informes y notas de la lucha que llevan adelante las familias que se organizan en La Matanza contra la contaminación de la empresa Klaukol-Sica.

Informe en Canal 13



Informe: “Las mil tumbas de Klaukol, Espinoza y Magario en La Matanza”


Nota en https://criticaargentina.com.ar/klaukolmata6923

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