Escribe Guido Poletti
En las comisiones a las que concurrió el ministro Guzmán durante el debate en el recinto, en todos los medios de comunicación y en las calles, el Frente de Izquierda Unidad fue la única fuerza política que se jugó con todo para denunciar el acuerdo y movilizarse en su repudio.
Los discursos de las diputadas y diputados del FIT-Unidad denunciaron una y otra vez el ajuste que se viene, desarmando las mentiras de Alberto Fernández y su ministro Guzmán, el pacto entre el Frente de Todos y Juntos por el Cambio y la vergonzosa actitud del kirchnerismo, que buscaba deslindar responsabilidades mientras por lo bajo garantizaba que saliera el acuerdo.
En la calle, el Frente de Izquierda Unidad fue protagonista y convocante principal de la gran movilización que se dio a las puertas del Congreso, con decenas de miles de manifestantes a lo largo de toda la jornada, y también en las principales ciudades del interior del país. Tal como había sucedido el 11D y el 8F, la convocatoria a un gran movimiento unitario contra el Fondo hizo que estuvieran presentes el sindicalismo combativo, un gran número de movimientos sociales, los que se referencian en la autoconvocatoria contra la deuda externa y el resto de la izquierda que no es parte del FITU.
En el acto realizado a las puertas del Congreso, nuestro diputado electo por Izquierda Socialista en el FIT-Unidad fue contundente: “El Frente de Todos y Juntos por el Cambio se unen para avalar el pacto con el FMI”, denunció. “El gobierno peronista ganó las elecciones hablando contra la derecha y hoy se une al macrismo para reconocer la deuda”, para terminar afirmando: “claro que hay un camino distinto: desconocer la deuda y que esa plata vaya a salario, salud y educación”.
El Frente de Izquierda Unidad fue un gran protagonista de estas jornadas. Pero esto no termina acá, se vendrán nuevas marchas en las que nuevamente diremos presente, mientras seguimos sumando para hacer cada día más grande y masivo este gran movimiento unitario que venimos construyendo contra el FMI y el pago de la deuda.
Escribe Guido Poletti
Hugo Yasky, secretario general de la CTA y Sergio Palazzo, líder de la Asociación Bancaria, se abstuvieron en la votación. En silencio. No se les escuchó una palabra en el recinto. Ni, mucho menos, ningún atisbo de organización de los trabajadores para resistir el pacto con el Fondo y el ajuste que se viene. Toda una imagen de una burocracia sindical que, mientras busca lavarse la cara y presentarse como “progresista”, mantiene firmemente las riendas de su acuerdo con el gobierno. Mañana dirán que ellos “no votaron el acuerdo con el Fondo”. Por supuesto, no harán nada para impedir el ajuste que se viene.
El pasado jueves 10 de marzo se llevó a cabo una multitudinaria movilización mientras se votaba en la Cámara de Diputados el pacto del gobierno y la oposición patronal con el FMI. La importante manifestación fue convocada por el Frente de Izquierda Unidad, el sindicalismo combativo, el resto de la izquierda y decenas de organizaciones sociales, ambientales, estudiantiles, de derechos humanos y feministas. Hubo incidentes, represión, la detención de Oscar Santillán y el martes 15 allanamientos a locales de diversas organizaciones y el pedido de detención de Roberto Martino, perteneciente al MTR histórico.
Nuestro diputado electo Juan Carlos Giordano señaló en un comunicado: “Los incidentes del jueves pasado no tienen que ocultar la gran marcha que volvimos a protagonizar contra el pacto del gobierno y la oposición patronal con el FMI. Marcha convocada por el FIT Unidad y decenas de organizaciones. Ese día hubo distintos sectores minoritarios cuando se provocaron los incidentes, los cuales no compartimos. Y se desató la represión. Lamentablemente casi se habló más de los incidentes que del masivo repudio político al pacto con el FMI sellado entre peronistas y macristas de Juntos por el Cambio, por el cual convocamos a la marcha. Repudiamos la represión y la persecución que se desató con detenciones y terribles imputaciones penales por los que se los acusa a los detenidos.
Se acusa y detiene por asociación ilícita (delito no excarcelable), es decir, por pertenecer a determinadas organizaciones cuyo objeto sería la de “cometer delitos determinados”. Cuando la única realidad es que estas organizaciones vienen participando en las movilizaciones desde hace años.
Perseguir a un dirigente porque pertenecería a una organización señalada de “peligrosa y delictiva” es inadmisible y un claro antecedente que no puede pasar, ya que se podría extender a cualquier organización que luche, sea sindical, social, de derechos humanos, juvenil, feminista, ambiental o política. Los mismos políticos patronales y jueces que nunca condenaron la verdadera asociación ilícita que vino pactando acuerdos mafiosos con el FMI durante años, ni a sus responsables políticos, se erigen hoy en sentenciadores de quienes se manifiestan en contra. Llamamos a las distintas organizaciones a repudiar estos hechos, a exigir el cese de la persecución y la libertad de los detenidos”.

Escribe Juan Carlos Giordano, diputado nacional electo Izquierda Socialista/FIT Unidad
Máximo Kirchner votó en contra de la ley que avaló el pacto con el FMI. En la sesión no habló, y luego La Cámpora publicó una carta de quince páginas. ¿Máximo Kirchner llama a no pactar con el FMI y a repudiar los pagos de la deuda, o se reacomoda pensando en las elecciones del año que viene?
Muchos siguieron de cerca la noticia sobre qué podía hacer el hijo de la vicepresidenta en Diputados. De la carta titulada “La vuelta del FMI a la Argentina ¿Cómo llegamos hasta aquí?”, lejos de lo que se daría a pensar, se desprende claramente que Máximo Kirchner no está en contra de llegar a un acuerdo con el FMI ni propone dejar de pagar la deuda usurera. ¿Qué lo motivó entonces a un voto en contra? Veamos.
Catorce de las quince páginas del texto describen distintos hechos. Se hace una historia de la deuda desde la dictadura para acá, señala al FMI como responsable de los ajustes, cuestiona el endeudamiento de Macri diciendo que la plata fue a la fuga de capitales. Habla del mérito de que por primera vez un acuerdo con el FMI pasó por el Congreso, de que los próximos vencimientos son insostenibles, entre un largo etcétera. Todo esto, se supone, serían los fundamentos del voto en contra de Máximo Kirchner y de las y los diputados kirchneristas. Pero en la página final de la carta, cuando habla de las “conclusiones”, dice claramente “este análisis no implica en modo alguno el desconocimiento de la deuda de 44.500 millones” que contrajo Macri. Y remata: “Nuestra fuerza política puede dar testimonio de que siempre tuvo que hacerse cargo y pagar las deudas que tomaron los gobiernos de signo político e ideológico opuesto”. Nos preguntamos ¿cómo puede ser entonces que Máximo Kirchner vote en contra al mismo tiempo que dice que hay que reconocer y pagar la estafa macrista? Es parte del juego discursivo al que nos tiene acostumbrado el kirchnerismo. ¿En qué quedamos?
El Frente de Todos, y en especial el kirchnerismo, se la pasó hablando de la “herencia de Macri, de combatir a la derecha” y ahora son Máximo y Cristina quienes dicen que el brutal endeudamiento macrista se debe cargar sobre las espaldas del pueblo trabajador.
“El problema no es firmar con el FMI. Está claro que si tenemos una deuda con el Fondo Monetario Internacional tenemos que firmar un acuerdo con ese organismo. El problema es qué se firma”, agrega el texto. Máximo Kirchner vuelve a decir que la negociación debería haber sido “más dura”, pidiendo más plazos, que el FMI no cobre las sobretasas de interés y hacer las denuncias en los foros internacionales, algo que también dicen Claudio Lozano o Grabois. Y critica al ministro Guzmán por apelar a la estrategia de la “amabilidad, secretismo, confusión y desinformación en las negociaciones”. Pero ¿no estaba al tanto Máximo Kirchner de las negociaciones? ¿Se olvida ahora que fue él quien votó el cambio de movilidad jubilatoria a la baja apenas asumió el gobierno para empezar a aplicar el ajuste reclamado por el FMI? ¿Acaso no fue Máximo Kirchner quien también votó la renegociación con los fondos buitres privados que, él mismo dice, representarán pagos por la friolera de 12.000 millones de dólares por año desde 2027 al 2034, al que se le van a sumar ahora los vencimientos con el FMI que representarán 20.000 millones de dólares en cada uno de esos años?
El párrafo final de la carta también es muy revelador. Dice: “El reconocimiento de deuda obliga a abordar el tema más importante: quién va a pagar esta deuda contraída en forma tan irregular. Para ello el Estado argentino cuenta con la suficiente información para elaborar alternativas justas y equitativas que impidan descargar sobre las espaldas del pueblo argentino el peso de una deuda que sólo aprovecharon ínfimas minorías”. Esto demuestra que Máximo Kirchner no se propone luchar contra el pacto que acaban de aprobar diputadas y diputados de su partido y del macrismo, sino “buscar alternativas” para que no se aplique un ajuste, un saludo a la bandera, ya que todos sabemos y Máximo también que ya hay un ajuste en curso y vendrá otro peor con este acuerdo.
¿Cuáles son las medidas que habría que tomar según Máximo Kirchner para que no haya un ajuste? ¿Aumentar los salarios y jubilaciones? ¿Construir millones de viviendas para dar trabajo genuino? ¿Va a llamar a enfrentar el tarifazo que está preparando su gobierno? Nada de eso dice.
No hay que dejarse engañar. En definitiva, Máximo votó en contra pero sostiene que hay que pactar con el FMI y pagar la deuda aunque sea usurera, no dice nada del actual ajuste, ni postula ninguna salida de fondo. Sus críticas tratan de contener a parte de su base social descontenta, a la que le vinieron diciendo que el FMI era mala palabra y ahora ese organismo imperialista se va a quedar por varias décadas de la mano de Alberto y Cristina. Parte de ese descontento fue capitalizado en las elecciones por el FIT Unidad.
Llamamos a sus seguidores a reflexionar y a sumarse a las marchas y reclamos contra el pacto con el FMI y sus consecuencias (Máximo Kirchner nunca lo hizo en estos dos años de ajuste, ni ahora). No hay que dejarse llevar por frases tipo “el peronismo está más vigente que nunca”, como dijo Cristina en un encuentro de La Cámpora, sino fortalecer una alternativa política de los trabajadores, las mujeres y la juventud y de la unidad de la izquierda, como lo venimos haciendo desde Izquierda Socialista con el Frente de Izquierda Unidad.

Escribe Juan Carlos Giordano, diputado nacional electo Izquierda Socialista/FIT Unidad
Se viene otro 24 de marzo. Y denunciamos que la deuda argentina tuvo su origen en la nefasta y genocida última dictadura militar, como parte de un plan económico de saqueo y endeudamiento que persiste hasta nuestros días. Esta deuda no tenía registros contables cuando cayó la dictadura, y aun así fue reconocida por Alfonsín y pagada por todos los gobiernos.
La carta de La Cámpora arranca diciendo “desde el Golpe de Estado de 1976 que dio inicio a la última dictadura cívico-militar se desató un ciclo de endeudamiento en moneda extranjera sin precedentes en la historia que alcanzó un punto de inflexión escandaloso con la estatización de la deuda de los principales grupos empresarios concentrados argentinos en 1982”. Pero precisamente, al decir que el peronismo en sus distintos gobiernos se hizo cargo de todas las deudas anteriores y las pagó (ver Carta de La Cámpora ¿Qué hay detrás del voto en contra de Máximo Kirchner?), está reconociendo que pagó también la deuda contraída por Videla y Martínez de Hoz. Lo hizo en los años ´90 con el peronismo menemista, donde se remataron todas las empresas del Estado y la deuda creció al doble. Y también con el gobierno de Néstor y Cristina, aunque se lo quiera distorsionar.
En esos años la rebelión del Argentinazo impuso el no pago y ya en el año 2000 hubo un fallo del juez Ballesteros señalando que la deuda era ilegal y fraudulenta. Pero aun así, cuando asumió Néstor Kirchner en vez de seguir por esos pasos reanudó los pagos de contado al FMI, retomando el sometimiento con los usureros internacionales. La frase de Néstor Kirchner “los muertos no pagan las deudas”, que reivindica la carta, fue para reclamar que dejaran crecer al país para pagar (lo mismo que ahora dicen Alberto Fernández y Guzmán), terminando el gobierno kirchnerista en 2015 con una deuda de 200.000 millones de dólares.
En el gobierno kirchnerista de 2003 a 2015 no hubo ninguna “estrategia distinta” ni una “gran firmeza” con los usureros internacionales, como reivindica Máximo Kirchner. La “quita histórica” de parte de la deuda ante bonos que no valían nada, que tanto se reivindica, iba en línea con la estrategia de reanudar los pagos. Desde Izquierda Socialista reivindicamos el Argentinazo que impuso el no pago y dijimos que había que seguir por ese camino, desconocer los pagos, romper definitivamente con el FMI y emprender un camino liberador. El kirchnerismo hizo lo opuesto. Todo esto, el próximo 24 de marzo, las nuevas generaciones que se movilicen lo tienen que saber.