Mar 01, 2026 Last Updated 3:51 PM, Feb 28, 2026

Escribe Adolfo Santos

La designación de Kamala Harris en la fórmula presidencial puede haber generado expectativas en el movimiento de mujeres por ser la primera vez en la historia que se elige a una negra como vicepresidenta de Estados Unidos. Sin embargo, su curriculum está lejos de ser feminista y progresista. Los demócratas necesitaban alguien con su perfil para ampliar sus votos entre minorías étnicas, las mujeres y los negros. Muchos dudaban de su elección, sobre todo por el duro enfrentamiento que había protagonizado durante las primarias, cuando en uno de esos debates Harris colocó a Biden en apuros. Ella, de madre india y padre jamaiquino, le recordó que había sido “esa pequeña niña negra que sufrió por la segregación en las escuelas públicas y que aunque no creía que él (Biden) fuera racista, le había dolido su apoyo a senadores de esa época que apoyaban la división racial”.

Kamala, veintiún años más joven que Biden, se ha convertido en la primera mujer vicepresidente de los Estados Unidos, y además, negra. Ex procuradora general de California, está en su primer mandato como senadora, cargo al que accedió en 2017. Si bien desde su banca realizó críticas a las políticas trumpistas, al candidatearse sus posiciones comenzaron a ser colocadas bajo la lupa. Los sectores más progresistas la criticaron por no dar respuestas claras a problemas importantes como los ataques de Trump a la salud. Ya nominada candidata, comenzó a caminar en el filo de la cornisa para no incomodar a moderados ni a progresistas, pero no lo logró con ninguno de los dos.

Sus posiciones dubitativas en relación con temas como la reforma policial, el combate a las drogas o las condenas equivocadas, que han tomado fuerza con motivo de la lucha antirracista, le han causado críticas de sectores progresistas del Partido Demócrata. Salió a la luz que ella se abstuvo de tomar posición frente a un proyecto de ley que determinaba “investigaciones independientes” en casos que envuelvan “uso de fuerza letal” por parte de la policía, siendo que en los Estados Unidos la policía mata personas de comunidades negras y latinas de forma desproporcionada. Con todo, durante la campaña se tuvo que reacomodar y defender la prisión de los policías que mataron a Breonna Taylor, mujer negra asesinada por la policía en su casa, y reivindicar uno de los símbolos de las protestas, #BlackLivesMatter (Las Vidas Negras Importan).

El origen indio y jamaiquino no cambia el carácter de clase de esta abogada, egresada de Harvard. Ella también es parte del establishment político del Partido Demócrata, si no fuese así no habría sido elegida a ocupar el segundo cargo en importancia del principal país imperialista del mundo. Kamala Harris, cambiando de opinión según las circunstancias, ha demostrado que le resulta fácil acomodarse a las necesidades de su partido, representante de los banqueros de Wall Street y del país imperialista que representa. Como vimos con Obama, el color de la piel de Kamala Harris no cambia el carácter burgués imperialista de la fórmula triunfante.

 

 

¡Luchemos por una salida independiente ante la crisis y por un gobierno de los trabajadores!

En las alturas del descompuesto régimen político, el Congreso ha vacado al gobierno de Vizcarra. De esta manera, AP, SP, PP y APP, los partidos del régimen, cambiaron oportunistamente su posición, rompiendo coyunturalmente el Pacto Perú que negociaron con Vizcarra, sacándolo del gobierno con el único objetivo de negociar mejor y sin intermediarios sus intereses patronales para repartirse el botín que, con la reactivación económica neoliberal, les roban a los trabajadores formales, informales y a los pueblos. Desde el Partido de los Trabajadores Uníos y nuestro compañero Enrique Fernández, votamos a favor de la vacancia desde una perspectiva independiente, de la clase trabajadora y anticapitalista: Vizcarra se debía ir por corrupto, pero también por explotador y por ser, junto a la Confiep, el responsable de los salarios y las pensiones de hambre, de los siete millones de despidos y del salvataje a los grandes empresarios. Llamamos a los trabajadores a no dejarse estafar por ninguna de las dos facciones en pugna. No defender a Vizcarra ni confiar en Merino y su nuevo gabinete. Los trabajadores y los pueblos debemos ganar las calles contra el actual gobierno de Merino que, gracias a la Constitución heredada del fujimorismo, se queda ahora con el poder para usarlo contra el pueblo trabajador siguiendo la detonada cadena de mando del Estado capitalista. Los trabajadores y el pueblo debemos movilizarnos para conquistar las medidas urgentes para salir de la crisis, no para cuidar a Vizcarra o a Merino, ni esperar algo bueno de la estafa electoral 2021. Necesitamos poner en pie la unidad de las luchas y luchadores por un inmediato aumento de salarios y jubilaciones sin AFP, para anular los decretos de urgencia 14 y 16, para terminar con la suspensión perfecta de labores, prohibir los despidos y suspensiones, repartir las horas de trabajo e incorporar a los miles de desocupados e informales al trabajo formal, terminar con los CAS y la tercerización. Exigimos un inmediato aumento de presupuesto para la salud y la educación no menor a 8% del PBI, terminar con la especulación de la salud privada que hace negocios con más de 30.000 muertos por Covid-19. ¡Por una salud y educación 100% pública, laica, gratuita y de calidad! Rechazamos la política neoliberal de Vizcarra y la de Merino, que representa la continuidad, y exigimos plata para empleo, salud, educación y que se termine con los subsidios a los grandes empresarios que se llevaron más de S./130.000 millones de soles en los últimos diez años mientras el pueblo vive en la pobreza y la informalidad. ¡Este modelo no va más! Luchemos por una asamblea constituyente libre y soberana sin restricciones que garantice la participación de todas las organizaciones obreras, sociales, populares, campesinas, de las mujeres y la juventud para terminar con la Constitución del ’93, que solo privilegia a los ricos, sostiene la explotación y permite el pasamanos del gobierno en manos de los poderosos. Luchemos en las calles por un gobierno de los que nunca gobernaron, por un gobierno de las y los trabajadores y el pueblo para que la crisis la paguen los capitalistas, no los trabajadores. ¡Abajo el ajuste neoliberal de Vizcarra, la Confiep y Merino contra el pueblo trabajador! ¡Luchemos en las calles por salario, jubilaciones y para terminar con los despidos y las suspensiones! ¡Más plata para empleo, salud y educación, no para los capitalistas! ¡Asamblea constituyente libre y soberana! ¡Por un gobierno de los trabajadores y los pueblos!

Partido de los Trabajadores - Uníos, 10/11/2020

¡Construyamos el Partido de los Trabajadores-Uníos!

Desde hace más de veinte años nuestra corriente, Alternativa Socialista, trató denodadamente de construirse como una alternativa socialista revolucionaria en Ayacucho. Hemos hecho nuestra experiencia, desde un pequeño grupo fundacional, que apenas “cabía en un sillón”, como decía Lenin, hasta un grupo de vanguardia de compañeros fieles a la causa de Marx, Lenin, Trotsky y Moreno. ¿Trotskismo en Ayacucho?, sí compañeros, desde el bastión histórico del maoísmo y del estalinismo, en un combate a muerte contra el frentepopulismo, el reformismo y el socialismo del siglo XXI. Por nuestra corriente han pasado innumerables compañeros, retirados porque fueron ganados a la vida y porque no les ofrecimos comodidades ni puestos estatales, a partir de acondicionarnos al facilismo de apostar por cualquier proyecto burgués o de izquierda reformista, solo les ofrecimos socialismo, sacrificio y entrega concentrada en la clase trabajadora y sus aspiraciones.

Desde nuestros inicios hasta ahora hemos demostrado coherencia programática y política, luchando siempre y en donde sea por nuestros postulados, a pesar de estar en minoría, recibir insultos y otras diatribas. En la universidad, Frente de Defensa, sindicatos y lugares donde nos ha tocado intervenir, lo hemos hecho siempre con honestidad y moral revolucionaria, entregando lo mejor a nuestra clase y pueblo.

Hoy, que los partidos burgueses y reformistas de toda laya no tienen ninguna respuesta al problema económico, político y social del pueblo trabajador, ahondando la crisis del capitalismo neoliberal y su régimen democrático burgués decadente, ha llegado la hora de unificar nuestros esfuerzos con otros compañeros que tienen el mismo programa, la mismas lecturas políticas sobre la realidad y que ofrecen construir un referente nacional e internacional, fiel a las enseñanzas del marxismo leninismo y con el objetivo de impulsar el gobierno de los trabajadores, que no es más ni menos el socialismo, con democracia obrera, que será forjada por los propios trabajadores, con un programa de recuperación de nuestra soberanía, combate a muerte contra el imperialismo y el capitalismo y sus depredaciones, luchando contra la burguesía, ya sea nacional e internacional, vividora de la fuerza de trabajo ajena.

Es en este contexto que Alternativa Socialista-Ayacucho desde hoy pasará a unificarse para ser parte del Partido de los Trabajadores-Uníos, con su referente internacional, la UIT (Unidad Internacional de los Trabajadores) en el objetivo estratégico de reconstruir la IV Internacional, para lo cual llamamos a los trabajadores ayacuchanos y peruanos en general a venir a construir una herramienta política de los ellos mismos, de los trabajadores. Llamamos a los campesinos, a las amas de casa que día a día trabajan, a los maestros, a la juventud estudiosa, a la mujer combativa, a compartir nuestro proyecto, a discutir nuestro programa, en suma, a militar con nosotros.

¡Por un gobierno de los trabajadores!

¡Hasta el socialismo… siempre!                                                      

Comisión política Alternativa Socialista-Ayacucho

#PartidoDeLosTrabajadores-Uníos

 

¡Donald Trump fue derrotado!

  • Mar 01, 2026
  • Publicado en La Web

Desde la UIT-CI compartimos el festejo de las y los trabajadores, el movimiento antirracista y la mayoría del pueblo estadounidense, así como en otros países.

El sábado 7 de noviembre se confirmó que el presidente yanqui Donald Trump perdió las elecciones, aunque él sigue diciendo que le hicieron fraude. Esto se da en medio de la pandemia y en la crisis más grave del capitalismo mundial.

Desde la UIT-CI compartimos el festejo de los trabajadores, el movimiento antirracista, el movimiento de mujeres, el movimiento ambientalista y la mayoría del pueblo estadounidense, así como en otros países. Salió derrotado el presidente y multimillonario derechista, imperialista, racista y misógeno, que negó el coronavirus, desmanteló el sistema de salud, defendió la policía asesina de George Floyd y somete a los pueblos del mundo con sus planes de saqueo a favor de grandes transnacionales y banqueros. Trump era el presidente del capitalismo imperialista que solo ofrece hambre, desigualdad social y es una amenaza para el planeta con la destrucción ambiental, llegando al extremo de negar el cambio climático producido por el uso irracional de recursos que hacen las transnacionales y los gobiernos capitalistas.

Que festejemos la derrota de Trump no implica apoyar o tener ninguna expectativa en Joe Biden, quien ganó en nombre del otro partido patronal imperialista como lo es el Partido Demócrata. Biden fue el vicepresidente del gobierno de Obama no solo no solucionó ningún problema de los trabajadores, los afrodescendientes o el pueblo pobre, sino que ante la crisis capitalista de 2008 salvó a los bancos y multinacionales e impulsó también los planes de hambre en el resto del mundo.

Por eso la clase trabajadora y los pueblos del mundo no deben depositar ninguna esperanza en Biden, pero sí en las y los trabajadores, en el movimiento antirracista y de mujeres en lucha de Estados Unidos que enfrentaron a Trump en las calles.

La derrota electoral de Trump es también una gran derrota política para toda la ultraderecha mundial, para los Salvini, Le Pen, Bolsonaro, los Orban de Hungría, el partido Vox del estado español, los neonazis de Alemania o de Aurora Dorada de Grecia.

La derrota de Trump es la expresión electoral de la rebelión antirracista por el crimen de George Floyd y la crisis del Covid19

Muy pocas veces un presidente de los Estados Unidos no ha sido reelecto. En los últimos 100 años solo cuatro no se pudieron reelegir. Trump quedará en la historia como el quinto.

La participación electoral fue la mayor en la historia, en un país donde el voto no es obligatorio y, hay que inscribirse, y se aplican toda clase de maniobras para suprimir votantes en las distintas legislaciones de los estados. La participación llegó al 66% de los inscriptos (155 millones). También fue récord el voto por correo que llegó a 100 millones, pese a todos los intentos de Trump por disuadirlo y entorpecerlo.

Millones fueron a votar para sacarse de encima a Trump por el odio a su racismo, a la represión policial y a su negación del Covid 19. La derrota de Trump se explica porque antes estuvo la rebelión antirracista que se desató, a fines de mayo, por el crimen policial de George Floyd. Fue una rebelión nacional. Con movilizaciones callejeras, convocadas por el movimiento Black Lives Matter (Las vidas de las personas negras importan), en todas las grandes ciudades y que llegó a movilizar más de 20 millones de personas superando las movilizaciones contra la guerra de Vietnam. El gobierno se dividió, no pudo sacar a las tropas a las calles. El jefe Pentágono, Mark Esper, y el jefe de las FFAA no estuvieron de acuerdo. Trump quedó entonces muy debilitado. Se puso en evidencia una crisis política. Ahora Trump “despidió” a Mark Esper por su cuenta de Twitter.

La rebelión antirracista se combinó con el desastre del tratamiento que dio Trump al Covid19. Su negacionismo llevó al descontrol de la pandemia y que Estados Unidos sea el primer país de contagiados (10 millones) y muertos (240 mil) por el Covid19.

Una extrema polarización de la sociedad estadounidense a favor y contra Trump

El resultado electoral expresó la extrema polarización política y social que existe en el país. Y todas las contradicciones de la sociedad estadounidense.

Millones se volcaron para votar contra Trump dándole el triunfo a Biden. Pero también ha sorprendido a muchos que millones se volcaron a darle el voto a Trump.

Aunque Biden no logra un triunfo contundente, como habían previsto las encuestas, consigue el también récord de 74 millones de votos para la fórmula del Partido Demócrata. 9 millones más que lo logrado por Hillary Clinton en las elecciones del 2016. Pero Trump no dejó de hacer una buena elección llegando a 70 millones superando en 8 millones su elección de 2016.

Biden capitalizó el descontento popular y social contra Trump. De hecho, no hizo campaña enfatizando su programa sino sobre todo “para salir de Trump”. Logró tener una diferencia en el voto popular de 4 millones por sobre Trump. Sin embargo, por el sistema de votación indirecto de elección, a Biden le costó llegar a superar los 270 electores (estaría logrando 294) que se necesita para triunfar en el Colegio Electoral. Un sistema antidemocrático que da electores por cada estado, sin proporcionalidad. El que gana se lleva todos los electores, en cada estado. Por eso en 2016, Trump ganó la presidencia aunque Hillary Clinton había obtenido 3 millones de votos más que el republicano. Bush también ganó en 2000 con menos votos que el demócrata Gore.

El resultado echó por tierra las maniobras de Trump para desconocer el resultado electoral alegando fraude y recurriendo a la justicia y a la movilización de su base para bloquear el conteo de votos, en ambos sentidos sus intentos fracasaron.

Trump pierde pero se consolida como el líder de una extensa franja social ultraconservadora, reaccionaria y racista

Muchos, en Estados Unidos y el mundo, se preguntan como un personaje tan reaccionario y repudiable como Trump pudo lograr 70 millones de votos y ganar la elección en estados importantes, con gran parte de población latina y negra, como Texas y Florida.

El voto a Trump pone de manifiesto la extrema polarización social que existe en los Estados Unidos. Que no tiene punto de comparación con otros países. Trump se apoya en millones de personas de la tradicional base social de racistas, de neofascistas, de grupos de odio de supremacistas blancos, milicias armadas de la derecha, de xenofobia visceral; odio a feministas, ambientalistas como también de una base popular de granjeros de las zonas rurales donde predomina el fundamentalismo evangélico. Pero también de una franja de trabajadores blancos del viejo cordón industrial en decadencia por la crisis capitalista. No hablamos de la totalidad o mayoría de los obreros los industriales, que tradicionalmente votan a los demócratas. Pero existe esa franja de trabajadores marginados y desencantados con el sistema que en su desesperación dan el voto a un personaje como Trump.

Esta polarización ha crecido con la crisis social combinada con la rebelión antirracista, el crecimiento del movimiento obrero, de mujeres o contra el cambio climático, Millones creen en el discurso locoide de que Biden puede “llevar al socialismo”, que se “va a Cuba y Venezuela” y que Biden es parte de la “ultraizquierda” que va a “destruir” los Estados Unidos. A mayor crisis social, crisis económica y luchas populares, mayor crecimiento del polo racista y fascistizante.

También muchos analistas se sorprendieron con un leve crecimiento de votos de Trump en sectores de población latina y negra. Cosa que es cierta. Pero siempre los republicanos han tenido votos en la franja latina y negra. Por ejemplo: “En 1984, el 37 por ciento de los latinos votaron por el republicano Ronald Reagan; el 40 por ciento votó por George W. Bush, también republicano, en 2004” (Isvett Verde, The New York Times, 6 de noviembre de 2020). Muchos votos latinos y de población negra a Trump se dieron por el desencanto que provocó el gobierno de Obama. Pero la esencia de ese leve aumento se explica por el histórico aumento de votantes. Por eso crecieron los votantes latinos y negros tanto para Trump como para Biden. Pero el 87 % de las y los electores negros votaron contra Trump, siendo un voto decisivo para su derrota (datos Reuters 4/11). Y, pese al voto cubano de derecha en Florida, a nivel nacional dos tercios del voto latino fue contra Trump.

En síntesis, Trump perdió, pero consolida su base social y va a intentar quedar como alternativa para las elecciones del 2024. El “trumpismo” no deja de ser una expresión de la crisis del Partido Republicano. Trump llegó a presidente por la falta de figuras de peso luego del fracaso de George Bush (hijo), el mismo que ya expresó sus diferencias con Trump enviando un saludo de reconocimiento a Biden.

Un cambio de mando del imperialismo yanqui en medio de su crisis global

El cambio de jefe imperialista también fue festejado en las alturas. La derrota de Trump fue bien recibida por sus competidores y aliados de las grandes potencias capitalistas como la Unión Europea (UE), Reino Unido, el Vaticano o Canadá. Biden fue, rápidamente, felicitado por Angela Merkel, Emmanuel Macron, Pedro Sánchez y el Papa, entre otros. Rusia y China guardan silencio, por ahora. Todos ellos esperan un mejor trato y una apertura de nuevas negociaciones. en medio de la profundización de la crisis económica mundial.

El triunfo de Biden y los demócratas no solucionarán la crisis global que sufre el sistema capitalista-imperialista. Se vive una de las más graves crisis de la historia del capitalismo combinada con la pandemia del coronavirus, sin solución a la vista aún. Trump no hizo más que meter leña al fuego de la crisis con sus “guerras económicas” y sus políticas de ajuste mundial. Con Biden es previsible un cambio en donde vuelva a primar la negociación, tanto con sus pares de las potencias capitalistas como con los gobiernos de las semi colonias. Volverá la vieja combinación imperialista de “zanahoria con garrote”.

Pero no hay posibilidades de que Biden supere la crisis política global capitalista. Además, está inmerso en la propia crisis política y social de su país. Que todavía tendrá otros capítulos con el intento de Trump de seguir desconociendo el resultado electoral y posiblemente con mayoría republicana en el Senado. Crisis política que, probablemente, se seguirá expresando durante el gobierno Biden-Harris.

Lo seguro es que Biden no representa ningún cambio positivo para la clase trabajadora y los sectores populares de los Estados Unidos y del mundo. Biden y el gobierno imperialista del Partido Demócrata, va gobernar en nombre de las multinacionales, el capital financiero y el FMI. Al comienzo de su gobierno (asume el 20 de enero) adoptaría algunas medidas cosméticas como quizás adherir al limitado Acuerdo de Paris del cambio climático o volver a la Organización Mundial de la salud (OMS), de donde se retiró Trump. Pero el centro de la política de Biden será seguir, con “rostro humano”, tratando de descargar la crisis sobre las y los trabajadores, con nuevos planes de ajuste y hambre impuestos por las multinacionales y el FMI.

La unidad de los trabajadores, las trabajadoras y los pobres del mundo será la poderosa herramienta para seguir enfrentando al imperialismo yanqui, a sus gobiernos aliados y a sus planes de recortes y ajustes. En la perspectiva de lograr gobiernos de la clase trabajadora que abran el camino del cambio de fondo de terminar con el capitalismo y avanzar hacia un verdadero socialismo.

Desde la UIT-CI llamamos al pueblo trabajador estadounidense, al movimiento de la mujer, al movimiento antirracista, ambientalista, a seguir movilizado por sus urgentes reclamos ante el nuevo gobierno y a formar una nueva alternativa política independiente. Hay que ofrecerle una alternativa a las y los miles que salieron en todo el país a festejar la derrota de Trump. Una alternativa al bipartidismo capitalista-imperialista. Un nuevo partido o movimiento de izquierda unitario e independiente que represente verdaderamente los intereses de la clase trabajadora, la juventud y el movimiento antirracista.

Unidad Internacional de las y los Trabajadores-Cuarta Internacional (UIT-CI)

10 de noviembre de 2020

Nuestra posición ante las elecciones presidenciales en los Estados Unidos

Por Socialist Core-Núcleo Socialista (UIT-CI)

Las próximas elecciones presidenciales en los Estados Unidos tendrán lugar en un momento crucial de la historia. El sistema económico capitalista se enfrenta actualmente a una de sus peores crisis. La crisis ecológica de nuestro planeta ha ido de mal en peor, ya que el capitalismo resulta incompatible con la sostenibilidad social o ambiental. La pandemia Covid-19 está teniendo un impacto masivo en los pobres y los millones de marginados que tienen un acceso limitado a la atención de la salud, están perdiendo sus empleos y están expuestos a los mayores riesgos. La crisis de la salud lleva años gestándose y, como resultado de la respuesta tan deficiente del gobierno a la pandemia, más de 8,7 millones de personas se han infectado y 225.000 han muerto en los Estados Unidos.

La elección de Donald Trump en 2016 fue un punto de inflexión en la política estadounidense, ya que reflejó un proceso de creciente polarización. Envalentonó a la derecha y a los fascistas, pero no impidió el contraataque de la clase trabajadora y las comunidades negra, latina e inmigrante. El movimiento Black Lives Matter y millones de personas respondieron al brutal asesinato de George Floyd con el mayor movimiento de masas desde la década de 1960. Un amplio movimiento desafió el racismo y la brutalidad policial a pesar de la represión, exigiendo que se desfinanciara a la policía y cárcel para los policías asesinos.

Tanto el movimiento Black Lives Matter, como el feminista, señalan el camino a seguir. También muestran la necesidad de construir una organización política que encarne esas luchas, así como las de la clase trabajadora, que a pesar de los obstáculos que interpone la burocracia sindical ha participado en cientos de huelgas este año, muchas de ellas en solidaridad con el BLM. La rebelión antirracista debilitó la apuesta de Trump por la reelección.

Una reelección de Trump seguiría siendo una amenaza para los trabajadores de este país, envalentonando a los supremacistas blancos y a la extrema derecha, dando continuidad a los ataques contra los derechos democráticos. La mayoría de la gente en los Estados Unidos quiere poner fin a la presidencia de Trump, que ha sido especialmente beneficiosa para las multinacionales. Al igual que esa mayoría, reconocemos que el presidente Trump se ha apoyado en el racismo para sembrar divisiones en la sociedad y marginar aún más a los afroamericanos y a los inmigrantes. Trump y sus aliados ultraconservadores también han impulsado políticas antiaborto, lo que supone un revés para los derechos reproductivos de las mujeres. Nosotros también queremos derrotar a Trump y su derechismo populista. Pero creemos que sustituir a un político reaccionario recalcitrante por un político como Joe Biden no es la solución. Como socialistas revolucionarios somos transparentes y advertimos a la gente que Joe Biden no permitirá avances significativos contra la explotación capitalista, el racismo y todas las formas de opresión, ya que representa al Partido Demócrata, el otro partido capitalista. De hecho, los demócratas han fracasado a la hora de ejercer una oposición coherente a la presidencia de Trump. La verdadera oposición ha venido de las masas movilizadas en las calles y ahí es donde una alternativa política real está en forma embrionaria.

Como Trump ha prometido no ceder si pierde las elecciones, llamamos a los trabajadores que exijan a sus sindicatos planes de huelga si hay algún intento de fraude por parte del gobierno y que todos los activistas se preparen para salir a las calles. Algunos sindicatos, por ejemplo en Seattle, se están pronunciando en este sentido, e incluso están considerando la posibilidad de una huelga general, lo cual es muy positivo, pero es su responsabilidad ir más allá de las palabras y organizarse. En los Estados Unidos, los dos partidos del capitalismo, el republicano y el demócrata respectivamente, siguen sirviendo a los intereses de los ricos y en el mundo practican políticas imperialistas. Tal como están las cosas, para la clase trabajadora las elecciones presidenciales de los Estados Unidos no ofrecen ninguna alternativa política para atender sus necesidades cotidianas. Por ejemplo, desde el comienzo de la pandemia, los activistas de la vivienda en todo el país han exigido la cancelación del alquiler. Pero la demanda de cancelar el alquiler para las personas que perdieron sus trabajos e ingresos durante la pandemia ha enfrentado la resistencia, tanto del presidente Trump como de los demócratas. Si hay una moratoria de desalojo vigente es por la presión desde abajo.

El sistema electoral de los Estados Unidos está diseñado para evitar que las fuerzas políticas emergentes que representan los intereses de la clase trabajadora logren representación en el Congreso y en el Senado, ya que no hay representación proporcional y se impone una hegemonía bipartidista. La elección presidencial de segundo grado, a través del colegio electoral, viola el principio de “una persona, un voto”. Además, hay prácticas de supresión de votantes utilizadas por los republicanos dirigidas específicamente contra los afroamericanos, nativos americanos y otras comunidades oprimidas. Necesitamos luchar para poner fin a estas características antidemocráticas del sistema electoral de los Estados Unidos.

Vivimos en un país rico que tiene suficientes recursos para proporcionar servicios básicos como la vivienda y la atención sanitaria gratuita y universal para todos, así como el acceso a la educación pública gratuita en todos los niveles. Para lograr un verdadero cambio económico y social, que ponga las necesidades de la clase trabajadora, la juventud, los sectores populares y marginados por encima de las ganancias y para acabar con el racismo y la represión, es necesario luchar por un gobierno de la clase trabajadora. En esa perspectiva debemos situar todas nuestras actuales luchas democráticas y sociales, destacando la necesidad de organizar y luchar en las calles, más allá del ámbito electoral, y organizarnos en una nueva alternativa política, un nuevo partido o movimiento de izquierda independiente que represente verdaderamente los intereses de la clase trabajadora, la juventud y el movimiento antirracista. Un paso importante en esa dirección sería un frente unido de la izquierda socialista. La unidad en la acción y la realización de los debates necesarios ayudarían a construir esa alternativa política para las millones de personas que se han movilizado este año y lo seguirán haciendo en el futuro contra la austeridad, la pérdida de puestos de trabajo, por el derecho a la salud, contra el racismo y en defensa de los derechos democráticos. Entendemos y respetamos que millones de votantes usarán la boleta de Biden-Harris a regañadientes como un voto contra Trump. Por nuestra parte, no votaremos por Trump ni por Biden, llamamos a un voto crítico para cualquiera de los candidatos presidenciales de la izquierda independiente. También apoyamos el voto para los candidatos de la izquierda independiente a nivel local.

Más allá de quién gane las elecciones, la lucha continuará.

Socialist Core-Núcleo Socialista (UIT-CI)

Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores-Cuarta Internacional

www.uit-ci.org

Nueva York,

28 de octubre de 2020

 

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