Escribe Atilio Salusso
En qué gasta la ministra
Para aumentar las jubilaciones no hay plata, pero para reprimir sí. La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, gastó 80 millones de pesos extra para apalear la marcha del 12 de marzo frente al Congreso. Y para la compra de material represivo durante el último año, gastó más de mil millones de pesos en granadas y cartuchos similares al que hirió al fotoperiodista Pablo Grillo. Además, más de 500 millones de pesos fueron destinados para máscaras de gas, escudos y tonfas para la Policía Federal, Gendarmería, Prefectura Naval y Policía de Seguridad Aeroportuaria. No hay que olvidar que, en julio de 2024, el gobierno había comprado 5.875 gases lacrimógenos sin licitación por 992.875 dólares.
Un grupo de tareas
Patricia Bullrich y Luis Petri decidieron involucrar al Ejército en tareas de “seguridad interior” con un operativo que se llevará a cabo en Salta, al que bautizaron “Julio Argentino Roca”, en homenaje al ex presidente que asesinó y expulsó a los pueblos originarios para entregarle las tierras a la oligarquía. El operativo incluirá, además, el comando “Los Rodillas Negras”, llamado así porque sus jerarcas en la dictadura obligaban a los conscriptos a caminar arrodillados, en el Regimiento 28 del Ejército en Tartagal, donde funcionó un centro clandestino de detención y tortura. A esto le llaman “salvaguardar la soberanía en terrenos desafiantes y situaciones de amenazas a la integridad territorial”.
Al final, los pedófilos eran libertarios
El diputado libertario Germán Kiczka, en Misiones, y su hermano Sebastián fueron condenados por pedofilia, es decir, abuso sexual infantil. El primero recibió 14 años de prisión por los delitos de tenencia, facilitación y distribución de material de pornografía infantil, mientras que el segundo fue condenado a 12, a lo que se suma una acusación de abuso sexual de una adolescente de 15 años. La defensa pidió clemencia para el diputado, argumentando que “es poliadicto, padece un policonsumo”, y que Sebastián tenía con la adolescente de quince años “una relación de amigovios”.
Otra de Kueider
Al ex senador no le bastó ser encontrado in fraganti con 200 mil dólares en su mochila cruzando la frontera paraguaya, ni ser filmado cuando era funcionario del exgobernador entrerriano Gustavo Bordet contando fajos de billetes verdes. Ahora declaró “que no era plata negra”. Tampoco sería “blanca”, porque no la puede justificar, y aseguró que todo es una campaña en su contra por votar a favor de la Ley Bases del oficialismo. Recordemos que este corrupto había integrado las listas de Alberto y Cristina Fernández.
Escribe Atilio Salusso
Mario Montoto, el ex montonero ligado a Mario Firmenich, avanza en conseguir, con el ultraderechista Javier Milei y su ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, jugosos contratos para prestar el servicio de monitoreo de presos, agresores y víctimas de violencia de género con prisión domiciliaria, como principal proveedor estatal de videovigilancia.
Desde 2017, su empresa es la única que se presenta en las licitaciones del Ministerio de Justicia (ahora a cargo de Mariano Cúneo Libarona) y del Ministerio de Seguridad. La ganadora será entonces Surely S.A., compañía del propio Montoto, una firma en expansión que tiene como cara visible a un ex capitán de navío, otrora jefe de inteligencia del Ejército en Puerto Belgrano, condenado en 2012 por espionaje.
Los precios por cada tobillera, por día, se estiman en 16 dólares, dando un total de 155 millones de dólares (La Nación, 20/4). Montoto también es proveedor estatal en servicios de reconocimiento facial (algo declarado inconstitucional), presidiendo un gran negocio monopólico con la videovigilancia, las tobilleras electrónicas y el cibercrimen, de la mano de Estados Unidos e Israel. Un ajedrecista de partidas simultáneas. Un mascarón de proa del paradigma israelí en la región.
El ex montonero es presidente de la Cámara de Comercio Argentino-Israelí (CCAI), donde en noviembre del año pasado se realizó un encuentro organizado por la embajada del Estado de Israel, siendo invitado de honor Javier Milei. La CCAI cuenta entre sus integrantes con poderosos hombres de negocios, entre ellos Adrián Werthein, Marcelo Mindlin, Eduardo Elsztain y Martín Brom, siendo dicha organización la anfitriona de la visita a la Argentina, en 2017, del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu (responsable de crímenes contra el pueblo palestino), visita que repudiamos desde el Frente de Izquierda.
Logró que las provincias de San Juan y Mendoza firmaran un convenio con la empresa estatal israelí Mekorot para el manejo del agua, la misma que se la niega al pueblo palestino. Este personaje también fue uno de los promotores de los indultos otorgados por Carlos Menem en 1989, junto a los hijos de Emilio Eduardo Massera, y está vinculado a los sectores más conservadores de la Iglesia. Siempre es oficialista del gobierno de turno, vendiendo sus servicios a Carlos Menem, Néstor Kirchner, Daniel Scioli, Alberto Fernández, Mauricio Macri, Horacio Rodríguez Larreta, Axel Kicillof y ahora a Milei.
También es amigo de la ministra Bullrich desde los años ’80. No es casualidad, entonces, que hoy se quede con el nuevo contrato de las tobilleras y con tantos otros negocios turbios, de la mano de Israel y de Estados Unidos con Donald Trump. Recordatorio: cuando el gobierno te habla de “seguridad”, además de la represión, detrás hay un gran negocio capitalista.
Escribe Mariano Soria, dirigente de Izquierda Socialista/FIT Unidad
Las elecciones de Constituyentes y las PASO de Concejales dejaron mucha tela para cortar. Y más allá de los titulares de los medios para favorecer a los políticos patronales (en especial al gobernador Pullaro), los números dejaron mucha preocupación entre los gobernantes de la motosierra.
En primer lugar, la participación llegó al 55%, la más baja desde 1.983 en Santa Fe. La apatía y “el odio a los políticos patronales” se palpaba en la calle, y se manifestó el domingo 13. A eso podríamos sumar más de un 10 % de votos nulos y blancos.
En segundo lugar, el Pullaro, que encabezó la lista de Constituyentes de Unidos (UCR-PRO-PS) (y que muchos medios intentan presentar como un gran triunfador), perdió más de medio millón de votos respecto de su elección de 2.023. O sea la mitad. Incluso obtuvo mucho menos del 40% que ellos mismos pronosticaban como “aceptable”. De hecho el gobierno no tendrá mayoría propia en la próxima Convención Constituyente que reformará la Constitución Provincial para que Pullaro pueda ser reelecto.
Se suma el hecho de que su candidato a Constituyente por el Departamento Rosario perdió a manos del candidato de Milei, y sus precandidatos a Concejales de Rosario quedaron cómodamente en un tercer lugar.
Es evidente que decenas de miles de docentes, estatales y trabajadores le dieron la espalda después de un año y medio de ataques salvajes contra nuestro salario y condiciones de trabajo. Y sus propios periodistas “amigos” tuvieron que reconocer el papel que jugó Amsafe Rosario, reconocido por su importante combatividad, para enfrentar al gobierno ante tanto ajuste y quita de derechos conquistados.
En tercer lugar, Milei tampoco tiene mucho para festejar. Se jugaron con su sello de La Libertad Avanza, sin acordar con la referente anti-derechos Amalia Granata, y quedaron terceros en la elección provincial con un magro 14%, cuando su expectativa inicial era claramente más alta. Solo tuvieron más éxito apelando al periodista Juan Pedro Aleart (uno más, de los varios que son candidatos de los partidos tradicionales), su candidato a Concejal y triunfante Convencional por el Departamento Rosario.
En cuarto lugar, el peronismo llegó dividido en tres listas a la elección, siendo la encabezada por Juan Monteverde, dirigente de Ciudad Futura (partido que decía ser independiente de los grandes aparatos partidarios), la que obtuvo un mejor resultado con el segundo lugar en Constituyentes y Concejales de Rosario. Las otras dos listas obtuvieron más que flojos resultados.
Monteverde y Ciudad Futura ahora festejan una supuesta “unidad del peronismo y la izquierda”. En realidad se juntaron con lo más rancio del peronismo que se fue repudiado del gobierno en 2023, dándole un nuevo aire “progre”. Es lo opuesto a lo que debe hacer la izquierda. Preparan una nueva decepción para la clase trabajadora, y desde el FIT Unidad no dejaremos de señalar y enfrentarlo.
Por último, el FIT Unidad logró sacar más de 15 mil votos y superar el piso proscriptivo de las PASO para Concejal de Rosario, y más de 1.100 en la ciudad obrera de Villa Gobernador Gálvez, por lo que estaremos en la pelea por bancas en los Concejos Deliberantes en junio. También realizamos una importante elección provincial a Convencionales Constituyentes, pese al bloqueo mediático que sufrimos. Se abre una nueva oportunidad para el FIT Unidad, contra los partidos de la motosierra y la represión, y las variantes de centroizquierda, que cuando llegan se rinden ante los poderosos.
Escribe José Castillo, dirigente de Izquierda Socialista/FIT Unidad
Jorge Bergoglio asumió su pontificado como Francisco en 2013, en medio de una Iglesia Católica sumida en una profunda crisis y descrédito. Tras doce años de mandato, ¿cambió la Iglesia? ¿Se trató efectivamente de “el Papa de los pobres”?
Este lunes 21 falleció el primer (y hasta ahora único) Papa argentino. Millones se sienten profundamente conmovidos en nuestro país y otros tantos en el resto del mundo. Respetamos profundamente su dolor. Al mismo tiempo, a partir del hecho de que se trataba de una de las figuras políticas más influyentes del mundo, queremos hacer llegar nuestras reflexiones y balance de sus doce años de pontificado.
¿Por qué Bergoglio fue elegido Papa?
“Tuvieron que ir a buscar un Papa al fin del mundo”. Estas fueron expresiones del propio Francisco en uno de sus primeros discursos. Recordemos. Corría el año 2013. La Iglesia Católica estaba más desprestigiada que nunca. El Papa Benedicto XVI (el alemán Joseph Ratzinger, que incluso tenía denuncias de haber pertenecido a las juventudes hitlerianas) se encontraba asediado por las innumerables denuncias de pedofilia y abusos sexuales en prácticamente todas las diócesis del planeta. A eso se sumaban los escándalos financieros en el Vaticano. La iglesia venía perdiendo fieles de a millones, en especial en Latinoamérica, a manos de las Iglesias Evangélicas. Todo esto sucedía en el marco de un capitalismo imperialista sumido en medio de la crisis económica más grande de la historia, abierta en 2008 y que estaba movilizando a millones de trabajadores y sectores populares contra las políticas de ajuste. Por todo esto Ratzinger se vio obligado a renunciar, algo inédito en más de 600 años.
La designación de Francisco fue un intento de dar “un golpe de timón”. Por eso el cónclave (el grupo de cardenales electores de cada Papa) eligió a un latinoamericano, región donde viven más de la mitad de los 1.200 millones de católicos del planeta. Eran los tiempos en que aparecían fuertes los gobiernos denominados “progresistas” de la región: gobernaba Cristina Fernández en Argentina, Dilma Rousseff (sucesora de Lula) en Brasil, recién había muerto Chávez en Venezuela y Maduro comenzaba su mandato como sucesor, Evo Morales era el presidente de Bolivia y Correa el de Ecuador. El nuevo Papa buscó rápidamente mostrarse cercano a los sectores populares (“quiero una Iglesia con pastores con olor a oveja”), a los jóvenes (“hagan lío”, dijo en uno de sus Encuentros) y hasta realizó algunos guiños hacia la comunidad LGBTIQ (“quién soy yo para juzgarlos”, afirmó ante un grupo de periodistas).
La Iglesia Católica y el Vaticano no cambiaron
Muchos analistas, a partir de estos y otros gestos discursivos, empezaron a decir que se habían producido cambios importantes en el seno de la Iglesia. Creemos que no es así. La inmensa masa de los curas pedófilos o abusadores de todo tipo siguen siendo apañados por las autoridades eclesiásticas. Como mucho son “trasladados” para evitar el escándalo. La Iglesia no colabora, por el contrario, obstaculiza cualquier investigación al respecto. Las mujeres siguen teniendo vedado el acceso al sacerdocio o a cualquier cargo importante dentro de la Iglesia. Los divorciados y las disidencias sexuales continúan siendo fuertemente discriminados. Las Iglesias Católicas de todos los países siguen siendo punta de lanza militante contra los derechos más básicos de las mujeres, como la legalización del aborto legal, seguro y gratuito (de hecho, esta conquista en Argentina fue obtenida a pesar de tener en contra la campaña de todo el aparato eclesiástico) e incluso se pronuncia en contra del uso del preservativo o cualquier otro método de anticoncepción. También se opuso y se sigue oponiendo a la legalización del matrimonio igualitario. En muchos países, como la Argentina, la Iglesia Católica se aferra a los recursos económicos y a los privilegios que le dan los distintos gobiernos, negándose a la separación de la iglesia y el Estado.
Francisco no fue el Papa de los pobres
Una parte importante del desprestigio de la Iglesia proviene de que es vista como defensora y pegada a los poderosos, a los ricos, a los gobernantes más reaccionarios. El “oro del Vaticano” es apenas una de las expresiones de todo esto. Mucho más escandaloso cuando estallan crisis económicas que incrementan por miles de millones los pobres y marginados del planeta.
Jorge Bergoglio, al asumir, era consciente de esto. Sabía que la Iglesia no podía cumplir su rol histórico, de “consolar” a los pobres en la tierra, con la promesa del paraíso en el cielo, si la propia institución era vista como un reinado de privilegios y corrupción. Por eso eligió como su nombre de Papa “Francisco”, emulando a San Francisco de Asís. Toda una serie de gestos buscaban cambiar la imagen y mostrarse como lo opuesto a sus predecesores: usar zapatos usados en vez de los aristocráticos “zapatos rojos”, vivir en la relativamente menos lujosa residencia de Santa Marta en vez de en los palacios vaticanos, o incluso mostrarse como futbolero (hincha de San Lorenzo). Viajes a Lampedusa (donde se hacinaban los migrantes ilegales) o visitas a las cárceles italianas, eran también parte de esta búsqueda de cambio de imagen, de una iglesia “más cerca de los pobres”.
Sin embargo, sus planteos siempre dejaban la puerta abierta al doble discurso, a la igualación de opresores y oprimidos. Así, cuando hacía referencia al pueblo palestino o reclamaba el alto el fuego en Gaza, inmediatamente llamaba a rezar por Israel. Lo mismo sucedió las veces que se refirió a Ucrania, llamando a la paz, igualando las responsabilidades con el invasor ruso. Bajo la pantalla del diálogo, se juntó así con los líderes más reaccionarios del planeta que aprovechaban la visita para lavarse la cara. El símbolo de todo esto fue que el último visitante recibido por el Papa haya sido nada menos que el ultraderechista vicepresidente de los Estados Unidos James David Vance.
En síntesis, ninguno de los discursos o gestos simbólicos del Papa Francisco modificó el tradicional rol de la Iglesia Católica. El Vaticano continuó “consolando a los pobres” mientras se reunía y negociaba con los ricos. Cumpliendo el papel histórico que ya había definido León XIII en 1891 en la encíclica Rerum Novarum, donde ante el ascenso de las luchas obreras y la popularidad del socialismo, se pronunció contra este último y a favor de la “conciliación de clases”. El lugar de rueda de auxilio ideológico del capitalismo imperialista, de convencer a las masas de que no hay que luchar y consolarlas, proclamando la resignación con su destino.
En el caso de Francisco esto empalmó, como argentino, con su visión cercana al peronismo. Planteando una conciliación entre el capital y el trabajo que, si nunca fue viable, mucho menos lo es en este mundo sumido en la crisis más grande de la historia. Ilustremos esto con un ejemplo. Apenas asumido el gobierno peronista de Alberto y Cristina, el propio Francisco se ofreció como garante de un nuevo acuerdo con el FMI, invitando a Alberto Fernández y a su flamante ministro de Economía Martín Guzmán a reunirse con Kristalina Georgieva, a quien presentaba como la nueva y “progresista” titular de un FMI que había “cambiado” y era más receptivo a las necesidades populares. Todo terminó con el ajuste que el propio Fondo obligó a llevar adelante en nuestro país a partir de la firma del acuerdo en 2022.
A nivel mundial, la prédica de “escuchar y acercarse a los pobres” no tuvo obviamente ninguna repercusión entre los poderosos del planeta, que siguieron exigiendo que la crisis la paguen los pueblos, mientras ellos continuaban acrecentando sus fortunas multimillonarias.
En el caso argentino, con Milei la relación fue conflictiva desde el comienzo (éste lo llamó “enviado del maligno”), aunque luego Francisco lo recibió y abrazó lo que le permite ahora ahora al presidente ultraderechista argentino también buscar subirse a la ola de elogios ante su muerte.
Nosotros, desde Izquierda Socialista tenemos una posición distinta tanto a la de los elogios y definiciones de Bergoglio como el “Papa de los pobres”, que levanta el peronismo en todas sus variantes, como a los planteos reaccionarios (y también ahora oportunistas) del ultraderechismo de La Libertad Avanza. Los socialistas revolucionarios estamos firmemente convencidos que la justicia social, la dignidad para los miles de millones de pobres y marginados de este planeta e incluso el cuidado del planeta del que también llegó a hablar el Papa, sólo se logrará luchando, en vez de resignarse, ante todas y cada injusticia, peleando contra la explotación en cada lugar y, en definitiva, tirando abajo este sistema inhumano que es el capitalismo e instaurando otro, el socialismo con plena democracia para el pueblo trabajador. Creando un mundo donde todas y todos seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres.
Los socialistas respetamos todas las creencias religiosas y el derecho irrestricto de profesar cualquiera de ellas o no tener ninguna. Creemos que es algo que pertenece al ámbito privado de cada individuo y que debe estar estrictamente separado de toda intervención del Estado al respecto.
Por eso diferenciamos las distintas religiones (el cristianismo en este caso) de las iglesias que se autoproclaman sus representantes. Así, sostenemos que la Iglesia Católica, como institución, a lo largo de sus casi 2.000 años de historia, ha cumplido un rol violento y absolutamente reaccionario. Fue responsable y ejecutora de matanzas de musulmanes y judíos en la Edad Media durante las cruzadas, del genocidio de los pueblos originarios de América, de la ejecución en la hoguera de miles de mujeres, acusadas de “herejía” y brujería. La Iglesia Católica bendijo a los reyes, se opuso ferozmente a la revolución francesa, a la independencia de los pueblos latinoamericanos. Más cerca en el tiempo, Pío XII fue colaboracionista del nazismo, y la cúpula eclesiástica argentina cómplice de la dictadura genocida.
Todo esto sin olvidar que, por supuesto, en la base de la Iglesia hubo y hay curas que defendieron al pueblo trabajador, denunciaron las injusticias y se jugaron contra las dictaduras. Tales son los casos del obispo Romero, asesinado por la dictadura salvadoreña, o Angelelli y los curas palotinos, en el caso de la dictadura argentina. Sin embargo, reafirmando su rol histórico, aún estos mártires de la propia Iglesia, fueron desconocidos en su momento por la cúpula eclesiástica y hasta por el propio Papa de entonces. El propio Jorge Bergoglio, como jefe de los jesuitas argentinos, desautorizó y dejó librados a su suerte a los sacerdotes villeros Jalic y Yorio, permitiendo entonces su secuestro por los grupos de tareas de la dictadura, hecho por los que tuvo que dar cuenta incluso en uno de los juicios contra los genocidas.
José Castillo

Escribe José Castillo, dirigente de Izquierda Socialista / FIT Unidad
Finalmente, el directorio del FMI firmó el nuevo acuerdo para Argentina. Será por 20.000 millones de dólares, 15.000 de los cuáles llegarán en 2025. Se usarán para sostener al dólar y financiar la fuga de los especuladores, mientras nos dejará más deuda y un sinfín de exigencias de ajuste.
El gobierno de Milei festeja. ¡Cómo no va a festejar si ya estaba cerca de quedarse sin un dólar en las reservas! Así rifaron 5.000 millones de dólares entre enero y marzo, mientras se les abría la brecha entre un dólar oficial cerca de mil y los paralelos que se le iban arriba de 1.300. Justamente por eso en marzo hubo una ola de remarcaciones que terminó con un índice de inflación de 3,7%, pulverizando más aún los ya alicaídos salarios y jubilaciones.
Milei y su séquito festejan, hasta con cantitos de cancha. El pueblo trabajador no tiene nada que festejar. Se trata de un nuevo acuerdo con el FMI, que, como los 22 anteriores, sólo nos traerán más hambre, entrega y marginación social.
¿Cepo para quién?
Analicemos en qué se van a usar los 12.000 millones que llegan esta semana y los 3.000 restantes que completan los 15.000 millones de dólares que llegarán en 2025. El gobierno dice: “para abrir el cepo”. ¿Es que acaso al pueblo trabajador le está quedando algún resto para salir a comprar dólares? El gran problema para las y los trabajadores es que no llegan a fin de mes, no que quieran ir a comprar dólares. La apertura del cepo sí es una fiesta para los pulpos especuladores, o para las grandes empresas multinacionales, que ahora pueden fugar todas sus superganancias al exterior.
Las bandas cambiarias, léase la nueva devaluación
Por exigencia del FMI, se unificó el dólar oficial y los paralelos en un solo valor, que podrá fluctuar entre 1.000 y 1.400 pesos por dólar. De movida, como era de esperar, pasó a 1.200 desde 1.050 que era el valor oficial el viernes por la tarde. Como la mayoría de las importaciones se hacen por este dólar oficial, las consecuencias están cantadas: otro salto inflacionario en abril, y con rebote en mayo. Se viene meses con números parecidos y hasta peores a los de marzo. ¡Mientras el gobierno insiste en no homologar convenios por arriba del 1,5% mensual!
¿No aumenta la deuda? La mentira más absoluta
Increíblemente, el gobierno afirma que este acuerdo “no aumenta el endeudamiento” ya que se cancela Letras Intransferibles del Banco Central por la nueva deuda con el FMI. Es ridículo el argumento: una deuda en pesos, intra-estado (el Gobierno “le debe” teóricamente al Banco Central), es canjeada por otra en dólares, que paga más del 5% de interés anual en dólares, con el Fondo, que viene atada a un montón de exigencias.
¿En qué se va a usar la plata del Fondo?
Como ya el lector habrá empezado a sospechar, no serán fondos frescos para resolver ninguna necesidad popular, sea mejores salarios o jubilaciones, o más presupuesto para salud y educación. Los fondos entrarán derechito a las reservas del Banco Central, y sólo se podrán utilizar para que el dólar no se escape por arriba de la banda de 1.400 pesos. O sea, igualito como hizo el propio Caputo en 2018, los van a rifar vendiéndoselos baratos a sus amigos especuladores para que los fuguen, a cambio de que el dólar no se les escape mucho, por lo menos antes de las elecciones. De ahí que denunciemos que, de últimas, el FMI le está financiando la campaña a Milei.
También por supuesto, se usarán para pagar vencimientos de deuda. Con el propio FMI, ya que se corren por 48 meses los vencimientos de capital, pero hay que pagar los intereses. Y con los acreedores privados, donde primero en la fila está el vencimiento de 4.500 millones de dólares en el mes de julio.
Como siempre, el acuerdo viene atado a exigencias
Ningún acuerdo con el Fondo es gratis. Conocido el Staff Report aprobado el viernes por el directorio, ya están claras las exigencias. Profundizar el ajuste, la motosierra. El gobierno ya avisó que el superávit de este año, que se quería llevar a 1,5% del PBI, se agrandará hasta el 3%. Traducido: achicar el gasto público, seguir hambreando a las y los trabajadores del Estado, a las y los jubilados, cerrar más organismos, achicar más todavía salud y educación, hasta que “dé” ese número.
Otra exigencia que aparece explícita es acelerar las privatizaciones. Ahí, en primera fila está Aerolíneas Argentinas y el Banco Nación. También reclaman avanzar con la reforma laboral, o sea flexibilizar al extremo y quitarle todos los derechos conquistados al pueblo trabajador. Y, como no podía faltar, continuar con la reforma previsional, hambreando más aún a jubilados y jubiladas, aumentando la edad jubilatoria, eliminando regímenes especiales, como el docente, y lanzando algún sistema de privatización, parecido a las AFJP.
Por si todo esto fuera poco, el lunes 14 tuvimos la venida del secretario del Tesoro yanqui, Scott Bessent. Desde el gobierno dejaron correr el rumor de que podría llegar con más fondos frescos. Obviamente no fue así; al contrario, lo que apareció fue la exigencia de que la Argentina saliera del swap con China, o sea que profundizara más aún su alineamiento y dependencia con Estados Unidos.
¿Cuál es la salida?
Como vemos, no hay una a favor del pueblo en todas las consecuencias del acuerdo con el Fondo. No queda otra que salir a pelear con todo contra esta versión más profundizada del ajuste, que, ahora más que nunca, es de Milei y el FMI. Continuar lo que ya se venía dando con la ola de movilizaciones de febrero y marzo, y en particular con la gran marcha en apoyo a las y los jubilados del miércoles 9 y el paro del 10 de este mes, exigiendo un nuevo paro, ahora de 36 horas y un plan de lucha.
Pero por sobre todas las cosas, hay que plantear que se necesita otro programa económico, obrero y popular, que arranca justamente por romper todos los lazos políticos y económicos que nos atan al FMI y por dejar ya mismo de pagar la ilegal, fraudulenta, inmoral e ilegítima deuda externa. Así todos esos recursos, podrán ser dedicados a resolver las más urgentes necesidades populares. Sólo el Frente de Izquierda Unidad propone esa salida, que hay que imponerla tanto en la pelea en las calles como en las elecciones.