
Escribe Pilar Barbas, dirigenta de la Juventud de Izquierda Socialista y Estudiante UNA (Universidad Nacional de las Artes)
Del 3 al 9 de julio se llevó a cabo en todo el país el Encuentro Nacional de Teatro en Resistencia Activa (Entra), una iniciativa enmarcada en la lucha contra el decreto 345, que busca desmantelar el Instituto Nacional del Teatro (INT).
El organismo fue creado en 1997 por la Ley 24.800, tras años de debate y militancia. Su objetivo es fomentar la producción escénica con un enfoque federal. Cuenta con un directorio integrado por representantes de todas las provincias y es autárquico, lo que significa que son los propios teatristas quienes deciden cómo distribuir los fondos para sostener salas y proyectos en todo el territorio.
El decreto 345 apunta a disolver este esquema: elimina el consejo, le quita la autarquía y transfiere la gestión a la Secretaría de Cultura, es decir, al gobierno nacional. Se trata de un nuevo ataque en una avanzada sistemática contra la cultura pública, como ya ocurrió con el Incaa.
Frente a esto, se organizó una enorme respuesta colectiva. Más de 380 funciones a la gorra en todo el país mostraron la potencia del teatro como herramienta de expresión y acceso, y permitieron que miles de personas participaran de una experiencia artística. El teatro es identidad, memoria y resistencia. Lo fue en los momentos más oscuros de nuestra historia, y hoy vuelve a ser un lugar de encuentro y lucha.
El Entra cerró el 9 de julio con asambleas simultáneas en distintas ciudades. Allí se resolvió apoyar la movilización del 17 en defensa del Garrahan y la salud pública, y convocar una jornada federal de artistas el día que el Congreso debata la derogación del decreto. También se votó realizar una nueva edición del encuentro, esta vez ampliado a todos los sectores culturales.
La defensa del Instituto es parte de una causa más amplia: sostener y fortalecer la cultura nacional. Si logramos frenar este ataque, estaremos mejor preparados para enfrentar los que vendrán. En esa pelea estamos.
Escribe Atilio Salusso
Pastorcito milagroso
“Teníamos 100 mil pesos que se transformaron en 100 mil dólares”, dijo el pastor chaqueño Jorge Ledesma, a quien fue a bendecir Javier Milei en un evento donde los fieles pagaron entre 25 mil y 100 mil pesos. El pastor será investigado (¡andá a saber!) por lavado de dinero.
“Yo soy creyente, pero nunca se me transformaron los 300 mil pesos que cobro en dólares”, dijo un jubilado. Ledesma también tendrá que justificar el anillo de plástico de una seguidora que, según él, las fuerzas del cielo transformaron en diamante. Y el templo, emplazado en plena capital, que alberga a 15 mil personas (al mejor estilo Luna Park o Movistar Arena), y que habría costado 50 palos verdes.
Valijera x 10
Otro escándalo estalló en estos días con una tal Laura Arrieta, única pasajera que arribó en febrero de este año en un avión privado a Aeroparque con 10 valijas sin declarar ni escanear. No venían llenas de ositos de peluche, precisamente. Se sospecha que transportaban dólares para la campaña de Javier Milei o material de inteligencia ilegal para espiar y perseguir opositores.
El dueño del avión es Leonardo Scatturice, quien, junto a Arrieta, forma parte de la Conferencia Política de Acción Conservadora, que canaliza el vínculo entre Milei y Donald Trump. A esto hay que sumarle la megaestafa con la cripto-Libra y las cenas en Puerto Madero a 25 mil dólares el cubierto para financiar a los fachos libertarios. Lo que ellos llaman la “batalla cultural”.
Corte pedófila
“La Corte Suprema sobreseyó a un cura pedófilo. ‘Nos mató’, dicen las víctimas”. Ese fue el título de la terrorífica noticia publicada por Clarín el 6 de julio. El cura abusador se llama José Ilaraz, tiene 66 años y estaba condenado a 25 años de prisión por pedofilia. Pero mientras cumplía la condena, la Corte lo salvó argumentando que los delitos prescribieron.
“¿Cómo puede ser que los jueces de la Corte hayan priorizado la prescripción por encima del irreparable daño que hizo con cien menores?”, expresaron las víctimas. “Era nuestro guía, astuto, persuasivo, sigiloso, y buscaba a sus presas más vulnerables. Y nosotros éramos muy vulnerables”.
En diciembre de 2024, el papa Francisco había exonerado. Sin embargo, las víctimas sostienen: “Bergoglio se equivocó, actuó muy tarde, lo protegió hasta donde pudo y, cuando estaba acorralado, lo exoneró”.
En asambleas, los tres turnos de Molinos Río de la Plata de Esteban Echeverría rechazaron por unanimidad, que la Comisión Interna o la conducción del Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Alimentación (STIA-Filial BsAs) firmen cualquier rebaja salarial que impulse la compañía. Pérez Companc, una de las cuatro familias más ricas de la Argentina, dueña de Molinos, pidió que se firme una rebaja salarial para encontrar una solución.
Las y los trabajadores resolvieron que el sindicato interponga una acción cautelar para impedir que la empresa avance, como lo anunciara, en acuerdos individuales de rebaja salarial. Señalaron que el Grupo Pérez Companc no tiene pérdidas y recordaron que Macri le condonó una deuda de más de 70 millones de dólares, lo que equivale a once años de salarios para todos los trabajadores de la planta. En las asambleas se remarcó que ninguna empresa cierra por el costo salarial. “Nuestros salarios son los más bajos de los últimos quince años, nunca le fue tan barato el costo salarial”.
Escribe Javier Leonforte
El sábado 5 de julio ante la falta de pago del conjunto de los salarios en tiempo y forma se inició un paro total en la Línea 148 “El Halcón” que une Plaza Constitución con Florencio Varela en la zona sur del conurbano bonaerense. La medida de fuerza fue bajo el carácter de “cese de tareas”, se resolvió en una asamblea a la que bajó un gerente que en nombre de la patronal quiso dividir a los chóferes, insistiendo en que salieran a laburar y “aguanten a la empresa” lo que fue rechazado por el cuerpo de delegados y los trabajadores masivamente, que resolvieron un paro total que duró cuatro días. Desde Izquierda Socialista y nuestra corriente sindical A Luchar nos hicimos presentes con una delegación desde el mismo sábado y apoyamos la medida impulsada por un cuerpo de delegados combativo y democrático y una base de activistas que quemando neumáticos, con banderas, batucadas y choriceadas garantizó que no se moviera un solo colectivo por cuatro días. El martes 8 de julio apareció la plata y se firmó que no se descuentan los días de paro, logrando un triunfo ejemplar para toda la UTA contra el gobierno, las patronales y la burocracia sindical de Roberto Fernández que atacan permanentemente los derechos de los trabajadores. Saludamos este triunfazo de la 148 “El Halcón” donde se fortalece un cuerpo de delegados que consulta en asambleas y es referencia combativa en la pelea por una nueva dirección que tanta falta hace en el gremio de los chóferes.
Escribe Federico Novo Foti
Hace 80 años se llevó a cabo la Conferencia de Potsdam. Tras la rendición del nazismo en la Segunda Guerra Mundial, los líderes de las potencias vencedoras se reunieron para terminar de delinear un nuevo orden mundial capitalista dominado por Estados Unidos y para repartirse zonas de influencia con los burócratas que gobernaban la URSS.
Entre el 17 de julio y el 2 de agosto de 1945 se celebró la Conferencia. La localidad, cercana a Berlín (Alemania), antigua capital de la monarquía prusiana, recibió a los líderes de las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial. Ellos eran el presidente de Estados Unidos, Harry Truman (que había reemplazado al fallecido Franklin D. Roosevelt), el primer ministro británico, Winston Churchill (que sería reemplazado durante la conferencia, tras perder las elecciones, por el laborista Clement Attlee) y José Stalin de la URSS.
Desde febrero de 1943, después del triunfo soviético en la batalla de Stalingrado, el avance del Ejército Rojo sobre los ejércitos alemanes en Europa oriental se volvió arrollador. En junio de 1944 se produjo el desembarco en Normandía de las tropas inglesas, norteamericanas y de otros países capitalistas que avanzaron sobre el territorio francés ocupado por los nazis. En abril de 1945, el Ejército Rojo entró en Berlín. La derrota final del nazismo, a comienzos de mayo, quedó inmortalizada en la imagen del soldado soviético colocando la bandera roja en lo alto del edificio del Reichtag (Parlamento) alemán.
Entre tanto, los líderes de las potencias aliadas comenzaron a tejer acuerdos para delinear el orden capitalista de la posguerra. La primera conferencia se hizo en Teherán (Irán) a fines de noviembre de 1943. La conferencia de Yalta (actual Crimea, hoy invadida por Rusia) se desarrolló en febrero de 1945. La de Potsdam fue la tercera y última.
Salvar el dominio imperialista mundial
El triunfo del Ejército Rojo en Stalingrado había cambiado el curso de la guerra y provocado un inmenso ascenso de las masas europeas contra el nazismo. Entre abril y mayo de 1943 se levantó el gueto judío de la ciudad de Varsovia (Polonia). En agosto de 1944 estalló la insurrección de toda la ciudad. Se fortalecieron los maquis y partisanos, las organizaciones de la resistencia antifascista francesa e italiana. En Grecia se consolidó la guerrilla antifascista dirigida por el Partido Comunista, que comenzó a ser combatida por las tropas británicas para evitar que tomaran el poder. En Yugoslavia las fuerzas de Josip Tito avanzaron sobre los ocupantes nazis hasta dominar casi todo el territorio.
Los líderes imperialistas temieron que su dominio se viera cuestionado por el ascenso revolucionario de las masas. Así fue que pergeñaron, con la criminal colaboración de Stalin, aquellas conferencias, cuyo objetivo era frenar o aplastar la revolución socialista en Europa y en el mundo.
En Potsdam, Truman, Churchill y Stalin pactaron la “desmilitarización” y partición de Alemania. Berlín quedó dividida en cuatro zonas, con tropas de ocupación rusas, yanquis, inglesas y francesas. A pesar de la pretendida “desnazificación” del país, el objetivo era desmembrar al poderoso proletariado alemán, para no correr el riesgo de que recuperara su experiencia de organización y tradición marxista.
Asimismo, acordaron dividir Europa en “dos esferas de influencia”. La parte occidental fue reconstruida económicamente con la ayuda estadounidense (el Plan Marshall). Stalin se comprometió a que los partidos comunistas de Italia y Francia, que dirigían importantes organizaciones de la resistencia abandonaran las armas y se volcaran a la reconstrucción capitalista. Ordenó detener un proceso que se podía encaminar al triunfo de la revolución obrera y socialista en esos países. En Europa oriental, dominada por el Ejército Rojo, Stalin se comprometió a mantener el capitalismo e instalar gobiernos “de unidad nacional” con las respectivas burguesías locales, sin avanzar en su expropiación. En contrapartida, los aliados reconocieron esos territorios como parte de la influencia soviética.
A pocos días de terminada la conferencia, Estados Unidos lanzó las bombas atómicas sobre la población de Hiroshima y Nagasaki en Japón. La rendición japonesa del 15 de agosto marcó el final de la guerra.
El desorden capitalista mundial
A pesar de los pactos de finales de la guerra, de la hegemonía del imperialismo estadounidense y de la traición del estalinismo, el ascenso revolucionario de las masas continuó. Se expropió y terminó con el poder burgués en los países de Europa oriental, surgiendo nuevos estados obreros, aunque dominados por la burocracia. Se liberaron gran parte de las colonias, en especial las británicas y francesas, en Asia y África. En 1949, la revolución china encabezada por el PC y Mao Tse Tung terminó expropiando a la burguesía, constituyendo un nuevo estado obrero burocrático. En el marco del dominio mundial del capitalismo imperialista, en un tercio de la humanidad se había expropiado a la burguesía.
En 1989, la caída del muro de Berlín, símbolo de la división de Alemania, marcó el inicio de un nuevo ascenso de masas que terminaría con las dictaduras estalinistas en los países de Europa oriental y la URSS. La posterior restauración capitalista en aquel tercio de la humanidad no pudo revertir su crisis y decadencia. Por el contrario, desde 2008 atraviesa la crisis económica más grave de su historia. Se han profundizado la crisis de la hegemonía estadounidense y el desorden mundial. Avanza el fenómeno de la ultraderecha y se acelera la carrera armamentística en Europa, incluida Alemania, mientras Rusia sigue empantanada en su invasión a Ucrania por la resistencia del pueblo ucraniano.
Todo esto ha llevado al gobierno de Donald Trump a cuestionar los pactos y el orden de posguerra, e intentar una contraofensiva imperialista contrarrevolucionaria con el objetivo de reforzar la hegemonía estadounidense, derrotar las luchas de las masas, barrer sus conquistas y reforzar la explotación de la clase trabajadora.
Sin embargo, los pueblos del mundo, con lógicas desigualdades, continúan enfrentando las políticas de ajuste, saqueo y la opresión capitalista. Prueba de ello es la heroica resistencia del pueblo palestino contra el genocida Estado de Israel. La pelea sigue abierta.
Ver Correspondencia Internacional, Nº 54, abril-julio 2025 y www.uit-ci.org