Aug 30, 2026 Last Updated 1:21 PM, Aug 30, 2026

Izquierda Socialista

Federico Novo Foti
 
El triunfo de la burocracia encabezada por José Stalin en la Unión Soviética en la década del veinte fue un inmenso retroceso para las y los trabajadores soviéticos y de todo el mundo. Para combatirlo, hace 88 años Trotsky impulsó la fundación de la Cuarta Internacional. La tarea de construirla sigue pendiente.

El 3 de septiembre de 1938, en una reunión que apenas duró un día, con 26 delegados que representaban a 11 secciones nacionales, se fundó la Cuarta Internacional.1 La reunión se realizó en la más absoluta clandestinidad a las afueras de París. La conferencia votó el “Programa de Transición”2, entre otros documentos.

Pese a no haber podido participar de aquella reunión, el principal inspirador de la fundación de la Cuarta Internacional fue el líder revolucionario ruso León Trotsky, quien por entonces se encontraba exiliado en México. El objetivo que había impulsado a Trotsky a fundar la nueva organización internacional era unir férreamente a los marxistas alrededor de un programa revolucionario. (ver recuadro)

El Programa de Transición, escrito por Trotsky, señala aspectos centrales de la lucha de los revolucionarios por tomar el poder e impulsar una revolución socialista mundial para liberar a la humanidad de la barbarie capitalista. Pero uno de sus logros más importante es definir lo ocurrido a mediados de los años veinte en la Unión Soviética, donde una burocracia contrarrevolucionaria encabezada por José Stalin se había apoderado del gobierno del primer estado obrero para imponer una dictadura sangrienta y políticas totalmente equivocadas en los Partidos Comunistas de la Tercera Internacional, que llevaron a las y los trabajadores de derrota en derrota. Esto es lo que resume su célebre frase: “la crisis de la humanidad es la crisis de su dirección revolucionaria”.3
 
La bancarrota de la Tercera Internacional

En marzo de 1919 se había fundado la Tercera Internacional (Comunista) en Moscú, capital de la primera revolución obrera y socialista triunfante, que se encontraba en guerra civil. Allí gobernaban los soviets democráticos de obreros y campesinos, con la conducción del Partido Bolchevique, encabezado por Vladimir Lenin y Trotsky. Ambos impulsaron la reorganización de los revolucionarios desde 1914, cuando se había producido la traición de los dirigentes de la Segunda Internacional (Socialdemócrata) en la Primera Guerra Mundial.

A comienzos de la década del veinte una oleada de revoluciones sacudió Europa, pero estas no triunfaron, dejando aislada y debilitada a la república de los soviets que había sobrevivido a la guerra civil. En esta nueva situación, a partir de 1924, comenzó un importante viraje político que evidenció el avance de la burocracia encabezada por Stalin. La nueva orientación adoptada por la dirección del Partido Comunista de la Unión Soviética promovió la concepción del “socialismo en un sólo país”: la conciliación con la burguesía y el imperialismo, la ruptura con el internacionalismo y el abandono de la lucha por la revolución socialista mundial.

 Los continuos virajes políticos del estalinismo llevaron a duros fracasos. La política de capitular a la “burguesía nacional” de la Tercera Internacional provocó la derrota histórica de la revolución china de 1925-1927. En 1933, el triunfo del nazismo fue abonado por la nefasta política divisionista del Partido Comunista alemán, que rechazó el frente único con los socialdemócratas ante el ascenso de Adolf Hitler. En 1935, el séptimo congreso de la Tercera Internacional aprobó la política equivocada de unidad permanente con la burguesía y de renuncia a la lucha por la toma del poder de los “frentes populares”.

 La fundación de la Cuarta Internacional en 1938 sería, en definitiva, el resultado de una fuerte y prolongada discusión entre quienes se oponían al estalinismo. En 1933, luego del triunfo del nazismo, Trotsky había concluido que la Tercera Internacional estaba muerta y que era necesario fundar otra organización mundial, la Cuarta. En agosto de ese mismo año se publicó la “Declaración de los Cuatro”, un llamado de la Oposición de Izquierda Internacional (los trotskistas) y otras tres organizaciones a forma una nueva internacional.5

Entre tanto la dictadura estalinista acompañó su política contrarrevolucionaria con la más implacable persecución a cualquier tipo de oposición. Trotsky, principal dirigente de la oposición al estalinismo, fue expulsado de la Unión Soviética en 1929. Los “Juicios de Moscú”, iniciados en 1936, fueron la farsa jurídica con la que el estalinismo comenzó a exterminar a la oposición dentro de la URSS. Mientras que los agentes de la policía secreta soviética (GPU) perseguían y asesinaban a los opositores en el extranjero.

 En las difíciles condiciones impuestas por la persecución estalinista, Trotsky continuó las tareas de organización clandestina dentro y fuera de la Unión Soviética. En enero de 1937 se instaló en México. Ese mismo año, en agosto, fue asesinado Erwin Wolf, secretario de Trotsky durante su exilio en Noruega. En febrero de 1938 fue asesinado León Sedov, hijo y principal colaborador de Trotsky. A dos meses de la conferencia fundacional de la Cuarta corrió la misma suerte Rudolf Klement, responsable de su preparación.     
 
Construir la dirección revolucionaria

 Bajo circunstancias tan adversas los trotskistas fundaron la Cuarta Internacional y mantuvieron consecuentemente la pelea por acabar con el capitalismo y contra la burocracia, combatiendo la política reformista y sin salida del “socialismo en un sólo país”, denunciando el totalitarismo del partido único y defendiendo la democracia obrera. Pero en agosto de 1940 Trotsky sería asesinado en México por un agente estalinista, lo que representó un duro golpe sobre la dirección revolucionaria.

 La Cuarta Internacional se fue reorganizando al concluir la Segunda Guerra Mundial. Pero a comienzos de los años cincuenta entró en una crisis y dispersión que no logró superar. Gran parte de sus dirigentes fueron cediendo a las presiones de las direcciones mayoritarias del movimiento obrero y de masas, como los mismos partidos comunistas burocráticos o los movimientos nacionalistas burgueses, como el peronismo o el frente de liberación argelino. En Latinoamérica, la corriente que fue construyendo Nahuel Moreno dio una lucha sistemática y consecuente contra las capitulaciones de los dirigentes revisionistas oportunistas, de los cuales el más conocido fue el belga Ernest Mandel.

 En 1989, la movilización revolucionaria de las masas produjo la caída de los regímenes dictatoriales de la URSS y Europa central. Pero estos triunfos no alcanzaron para retomar el camino revolucionario e internacionalista abandonado más de 60 años atrás. Hoy se continúa sufriendo el dominio capitalista en el mundo, con el avance del hambre y la pobreza de la mayoría de la población, mientras los multimillonarios se enriquecen cada vez más.  La necesidad imprescindible de una dirección revolucionaria que permita el triunfo de la revolución socialista mundial sigue pendiente. Las movilizaciones de las y los trabajadores y los pueblos oprimidos abonan el camino para lograr la dirección internacional y consecuente que encabece el triunfo de la revolución socialista. La UIT-CI suma su aporte a la gran tarea de construir la Cuarta Internacional.
 
1. Mercedes Petit. Apuntes para una historia del trotskismo (1938-1964). Ediciones El Socialista, Buenos Aires, 2005
2. León Trotsky. Programa de Transición. Ediciones El Socialista, Buenos Aires, 2007.
3. Ídem.
4. Ver El Socialista Nº 577, 21/02/2024. Disponible en www.izquierdasocialista.org.ar
5. Ver Bauer, Schwab, Schmidt y Sneevliet. “Declaración de lo cuatro” en The Militant, 23/09/1933. Disponible en www.marxists.org  

Federico Novo Foti

El dirigente trotskista argentino Nahuel Moreno defendió la importancia de la fundación de la Cuarta Internacional frente a sectores revisionistas que la rechazaban. En la Tesis VI de su “Actualización del Programa de Transición” afirmaba categóricamente que “la fundación de nuestra Internacional fue el más grande acierto de Trotsky y de nuestro movimiento mundial”, porque respondió a la necesidad de “unir férreamente a todos los marxistas revolucionarios alrededor de un programa que sintetizara todo lo aprendido por el movimiento marxista mundial desde el Manifiesto Comunista y especialmente desde la Revolución Rusa. Para defender estas conquistas del marxismo, sintetizadas en el trotskismo y su programa, del ataque contrarrevolucionario en toda la línea que llevaban a cabo el estalinismo y los otros aparatos contrarrevolucionarios. […] Defendimos así las dos más grandes conquistas de la etapa de veinte años de derrotas: la URSS y el único marxismo revolucionario existente, el trotskismo”. 

Finalmente, señalaba también que “la Cuarta Internacional tenía un objetivo ofensivo: preparar un marco y un programa común a los marxistas revolucionarios del mundo para el inevitable ascenso revolucionario que se abriría a corto plazo y que sería desviado o traicionado por todas las direcciones burocráticas y pequeño-burguesas del movimiento de masas. Sólo fundando la Cuarta Internacional se podía responder a estas necesidades defensivas y ofensivas”.1 La tarea de reconstrucción del Cuarta Internacional sigue pendiente.

1. Todas las citas corresponden a Nahuel Moreno. Actualización del Programa de Transición. (1980) Ediciones El Socialista, Buenos Aires, 2014. Disponible en nahuelmoreno.org 
Ver Correspondencia Internacional, Edición Especial, septiembre 2018. Disponible en www.uit-ci.org    

Adolfo Santos

El 4 de octubre se realizarán elecciones en Brasil. Se elegirán presidente y vice, gobernadores, senadores y diputados nacionales. 

La disputa se concentra en las dos principales fuerzas políticas, la alianza de Luiz Inácio Lula da Silva con el empresario Geraldo Alckmin y el bolsonarismo, apoyado por Donald Trump. La mayoría de las encuestas los colocan en una disputa muy ajustada, aunque con una leve ventaja para Lula.

Con la segunda población más grande de América y el segundo PBI del continente, Brasil tiene una importancia estratégica. Por eso, esta elección despierta un gran interés. Como en otros países de la región, el hartazgo con la falta de soluciones y el doble discurso de los gobiernos de la izquierda reformista, que no avanzan en medidas de fondo a favor de las masas populares, ayudaron a fortalecer salidas mesiánicas de ultraderecha. Es lo que vimos con el chavismo en Venezuela, con Evo Morales en Bolivia, con Gabriel Boric en Chile, con Gustavo Petro en Colombia e incluso con el peronismo kirchnerista en nuestro país. Los fracasos de estos gobiernos capitalistas de conciliación de clases colocaron en escena a la ultraderecha en Latinoamérica.

En Brasil no fue diferente. Para ganar elecciones y mantenerse en el poder, Lula y el PT abandonaron su programa original de gobierno de las y los trabajadores y se aliaron con sectores de la burguesía brasileña. No por casualidad, en sus primeros mandatos el vice de Lula fue José Alencar, un gran industrial textil de Minas Gerais que en aquella época pertenecía al PL, partido que hoy cobija a los Bolsonaro. También colocó como presidente del Banco Central a Henrique Meirelles, CEO mundial del BankBoston. Actualmente, su compañero de fórmula es Geraldo Alckmin, un conservador vinculado históricamente al Opus Dei, exgobernador de São Paulo por el PSDB, donde aplicó represión y duros ajustes contra la educación y la salud.

Ese abandono del PT de su programa originario provocó la ruptura de un importante sector de dirigentes y activistas que en 2004 fundaron el PSOL. La nueva organización levantó un programa clasista, antiimperialista e internacionalista. Lamentablemente, por el oportunismo electoralista de su dirección mayoritaria, terminó aliándose nuevamente al PT, sumándose a cargos políticos y ministeriales y abortando un proyecto importante para la clase trabajadora. Ese giro oportunista determinó en 2023 la salida de la Corriente Socialista de las y los Trabajadores (CST), sección de la UIT-CI. Sin embargo, corrientes que se reivindican del trotskismo, como el MES que encabeza Luciana Genro y otras, continúan siendo parte de este frente de colaboración de clases que llevará a una nueva frustración a la clase trabajadora.

Las alianzas del PT sólo le permiten repartir las migas del banquete

Después de cuatro mandatos, interrumpidos por uno de Jair Bolsonaro, Lula y el PT no revirtieron los graves problemas de las y los trabajadores, no enfrentaron al sistema financiero internacional ni provocaron un cambio estructural con la ruptura con la economía capitalista. La Corriente Socialista de las y los Trabajadores (CST), denuncia esta situación. “En medio de un escenario de gran injerencia de los Estados Unidos, Lula no responde correctamente. Hace discursos y adopta medidas mínimas, pero no enfrenta a la Casa Blanca, Trump, las Big Techs y los nazisionistas de Israel […] Mientras tanto, mantiene una política económica al servicio de las multinacionales y los empresarios, ataca el salario y disminuye la inversión pública” (Combate Socialista Nº 218).

Las alianzas electorales y los compromisos económicos con sectores de la burguesía le impiden aplicar políticas de impacto popular y lo limitan a repartir las migas del banquete. Lula y el PT hacen concesiones al agronegocio y al sistema financiero y entregan las tierras raras a empresas ligadas al gobierno de Trump. Han implementado profundos ajustes a la educación y la salud. Como en Argentina, el problema del endeudamiento popular es gravísimo y afecta a más de 80 millones de personas adultas. Avanzaron con las privatizaciones y amenazan con una nueva reforma jubilatoria en su próximo mandato. Todo al servicio de mantener un “superávit saludable”, como exige el sistema financiero.

Tierra fértil para la ultraderecha

Esto explica el crecimiento de la ultraderecha. El bolsonarismo, agente directo de Donald Trump y Benjamin Netanyahu, defensor de la dictadura, misógino y que amenaza los derechos de las y los trabajadores, disputa de igual a igual con el frente encabezado por el PT por responsabilidad del gobierno de Lula. En 40 años de democracia burguesa, ningún partido patronal o de izquierda reformista consiguió resolver los graves problemas de exclusión social. A pesar de tener el mayor PBI de América Latina, Brasil ocupa apenas el 8º lugar en distribución de renta per cápita. Una tendencia que se sigue agravando a pesar de los 15 años de gobiernos petistas.

Es cierto que Lula y Bolsonaro no son lo mismo. Uno surgió como dirigente de las huelgas del movimiento obrero contra la dictadura y el otro de las entrañas de esa misma dictadura. Sin embargo, ninguno de los dos proyectos se propone revertir la desigualdad social, ya que para eso tendrían que enfrentar los grandes intereses económicos, algo que no han hecho en sus años de gobierno. Los Bolsonaro son agentes directos del trumpismo. Aplauden cuando el gobierno yanqui aplica sanciones económicas a Brasil. Están hermanados con Javier Milei en ese cipayismo y negaron los efectos de la pandemia de Covid-19, que causó oficialmente 716 mil muertes en Brasil, el segundo país con mayor número total de fallecimientos. Por eso, como popularizó la lucha de las mujeres en 2018, decimos categóricamente #EleNão (Él no).

Las diferencias de discurso entre los principales candidatos, Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro, no pueden ocultar que ambos sectores gobernaron y gobiernan para los grandes grupos económicos y no para resolver los problemas de las masas populares. La única salida será construir una alternativa con independencia de clase, con un programa al servicio de la clase trabajadora y los sectores populares, que luche por un gobierno de las y los trabajadores.

Adolfo Santos

Se impone construir una alternativa diferente, no solo para este proceso electoral, sino también para ayudar a que surja una nueva dirección política para intervenir en las luchas y avanzar en los cambios de fondo. Una alternativa que se proponga luchar por un gobierno de las y los trabajadores y sectores populares. Hay que seguir el ejemplo de las mujeres que luchan contra el femicidio y por la criminalización de la misoginia, y hacer lo mismo para revertir las pérdidas salariales y de las jubilaciones; enfrentar los tarifazos; combatir la catástrofe ambiental y los ataques políticos y económicos del trumpismo; destinar recursos para salud y educación y no para el sistema financiero; poner fin a la represión contra el pueblo negro y las favelas y exigir cárcel a los corruptos, entre otras medidas.

Necesitamos una política que defienda la soberanía nacional, que garantice los derechos de las y los trabajadores y enfrente los intereses económicos de los poderosos. La CST, corriente hermana de Izquierda Socialista en Brasil, viene luchando por la unidad en las luchas y la construcción de un polo unitario de la izquierda independiente cimentado en un verdadero programa de izquierda, independiente de los sectores burgueses.

En ese camino, en estas elecciones la CST llama a las y los luchadores, al movimiento de mujeres, a la juventud y a los sectores populares a sumarse a esta batalla y apoyar a la izquierda independiente, votando las candidaturas presentadas por el PSTU, Hertz Dias y Vanessa Portugal para presidente y vice, y sus demás candidatos a los gobiernos de los estados, diputados y senadores. Como expresión de esa alternativa de independencia política y en defensa de un programa de izquierda, la CST integra las listas del PSTU presentando las candidaturas socialistas, revolucionarias y feministas de Bárbara Sinedino (Río de Janeiro), Lorena Fernandes (São Paulo) y Mariza Santos (Pará), quienes disputarán una banca como diputadas nacionales en sus respectivos estados.

Junto al Comité en Solidaridad con el Pueblo Palestino nos movilizamos en repudio a los dichos del Ministro de Seguridad del Estado sionista de Israel que amenaza con el asesinato sistemático de palestinas y palestinos para perpetuar el genocidio.
Exigimos ruptura de relaciones YA del gobierno de Milei con el gobierno sionista de #netanyahu. ¡Viva la lucha del pueblo palestino!

Nuestro semanario. En el que te acercamos el reflejo de las luchas del movimiento obrero, las mujeres y la juventud, además un análisis de los principales hechos de la realidad nacional e internacional.

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