Sep 01, 2026 Last Updated 2:46 PM, Aug 31, 2026

Izquierda Socialista

Según las palabras de Héctor Daer en la conferencia de prensa tras la reunión del consejo directivo de la CGT, el paro general del miércoles 29 será “en reclamo de que se modifique esta aceleración de la decadencia de la economía de nuestros hogares y lograr un país que tenga inclusión para todos sus habitantes”.

Será la quinta huelga general convocada por esta central durante el gobierno de Macri. En todos los casos anteriores la burocracia cegetista no le dio continuidad a la contundencia de la medida, dejando pasar muchos meses entre una y otra, dándole así tregua al gobierno para que pueda llevar adelante su plan de ajuste. De hecho, el último paro general fue en septiembre del año pasado.

La bronca y la presión de las bases ante las medidas de ajuste y una burocracia que no hace nada obligaron ahora a la directiva de la CGT a convocar al paro, después de que no se sumara el 30 de abril y expresara que “no veía motivos para convocarlo”. Sin depositar confianza alguna en la dirección burocrática de la central, tenemos que parar masivamente. Hay que realizar asambleas en todos los lugares que se pueda, sacar pronunciamientos de cuerpos de delegados y activistas y hacer reuniones de agrupaciones opositoras. Desde el sindicalismo combativo llevaremos adelante todas estas acciones ante el paro, además de exigir su continuidad con un plan de lucha de la CGT y las CTA para derrotar el ajuste. Planteamos además la necesidad de oponer un programa de emergencia alternativo, comenzando con el aumento inmediato de salarios y jubilaciones, la prohibición de suspensiones y despidos, la ruptura con el FMI y el no pago de la deuda externa.

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La presentación del libro Sinceramente se transformó en un hecho político en sí mismo. Cristina reapareció después de varios meses de silencio. Si bien no habló de su candidatura, extendiendo el suspenso, planteó llamar a un pacto social, elogió a Trump y a la supuesta burguesía nacional en el recuerdo de la figura de Gelbard. Queremos debatir sobre todo esto con los compañeros que tienen expectativas en que el kirchnerismo es la salida.

Escribe José Castillo

Sinceramente ya se había transformado en un boom editorial en los días previos, batiendo récords de venta. Por eso había mucha expectativa en el acto de presentación en la Feria del Libro. A sala llena y con varios miles de asistentes en los alrededores mirando por pantalla gigante, Cristina hizo una de sus acostumbradas alocuciones. Comenzó diciendo “quiero que este libro les sirva a los argentinos como un instrumento de discusión, de debate”. Desde El Socialista le tomamos la palabra por anticipado, ya que hemos realizado una extensa crítica en nuestro número pasado (ver El Socialista 423, “Lo que dice y lo que no dice el libro de Cristina”).

El discurso de presentación fue tildado de “moderado” hasta por sus admiradores más fervientes. Muchos reconocieron que “les hubieran gustado más definiciones”. Ciertamente hubo sugestivos silencios. Nunca fue mencionado el FMI, ni se planteó una sola palabra sobre qué hacer con la deuda externa. Todo tiene su explicación: exactamente en el mismo momento en que Cristina hablaba en la Rural, su ex ministro de Economía Axel Kicillof daba conferencias en los Estados Unidos tratando de llevar tranquilidad al establishment económico internacional acerca de que un eventual gobierno kirchnerista cumpliría a rajatabla con los pulpos acreedores. “La palabra default no está en nuestro diccionario”, terminó afirmando Kicillof.

Pero volvamos al discurso de Cristina, y ahora a lo que sí dijo. “Nadie puede estar en contra de la unidad”, sostuvo en obvia referencia al llamado de Macri y sus 10 puntos. De ellos en particular no planteó una sola palabra. Le contrapuso sí, convocar a un “contrato social de ciudadanía responsable”. Si alguien se pregunta de qué se trata esto, la propia ex presidenta se encargó de aclararlo, poniendo como ejemplo el Pacto Social del año 1973 y la figura de José Ber Gelbard (ver nota en esta misma página). Con este planteo hizo un llamado insistente a los empresarios: “Si quieren ganar plata, tienen que hacerlo todos”, sostuvo una Cristina que nos hizo acordar una de sus viejas expresiones dirigidas también a las patronales: “En mi gobierno se la llevaron en pala”.

Otro momento “culminante” de su discurso fue cuando elogió a Donald Trump. Con la excusa de aplaudir sus políticas proteccionistas (que, digámoslo de paso, no evita que los propios trabajadores estadounidenses ganen mucho menos que hace una década y tengan peores condiciones de trabajo), Cristina se lanzó a elogiar al presidente yanqui, sin mencionar una sola palabra del rol del imperialismo en el mundo, incluyendo Latinoamérica, donde los Estados Unidos siguen amenazando con intervenir en Venezuela. Ni, por supuesto, que detrás del feroz ajuste de Macri y el FMI está el propio gobierno norteamericano como su principal impulsor.

Cristina esta vez optó por no hacer ninguna mención a la lucha por el aborto legal, seguro y gratuito. Recordemos que en su discurso inmediato anterior había planteado “la unidad de los pañuelos verdes con los celestes” en un escandaloso guiño hacia la Iglesia y los sectores antiabortistas. Esta vez optó por el silencio, marcando la línea de que es un tema del que “no hay que hablar este año”.

En síntesis, el discurso de Cristina, en sus afirmaciones y sus silencios, nos obliga a debatir con muchos compañeros de trabajo y estudio que confían en que el peronismo kirchnerista puede ser la salida al ajuste de Macri. Lamentablemente no es así: al FMI y a los acreedores todos los voceros del kirchnerismo les están garantizando, en infinidad de reuniones, que se va a cumplir con ellos. El planteo de “renegociar” con el FMI, caballito de batalla de Kicillof, es algo que incluso acepta y reconoce como lo más posible el propio Fondo. Solo que no se trata del acuerdo que permitiría desarrollar una política de “redistribución de la riqueza” o “nacional y popular”, como sostienen los kirchneristas. Por el contrario, el FMI exigirá un mayor ajuste, así como las reformas laboral y previsional, todos temas sospechosamente ausentes en el discurso de Cristina. El guiño a los empresarios y la invitación a que “ganen más plata” nos prenuncia también quiénes serán los privilegiados en un futuro gobierno K. El discurso de Cristina puede sintetizarse como el llamado a un pacto social donde la “comprensión”, la “paciencia” y el ajuste deberán, una vez más, caer sobre el bolsillo de los trabajadores. En contraposición a todo esto, desde Izquierda Socialista y el Frente de Izquierda somos claros: no hay absolutamente ninguna salida posible a esta crisis sin romper con el FMI y suspender inmediatamente los pagos de deuda externa para volcar todos esos recursos hacia un programa de emergencia que resuelva las más urgentes necesidades populares, tal como planteamos en los 10 puntos del Frente de Izquierda.

 Qué fue el Pacto Social del 73

El famoso acuerdo, tan elogiado por Cristina, se firmó el 6 de junio de 1973, a los pocos días de asumido el gobierno de Cámpora. Comprometía a los empresarios, a través de la CGE (Confederación General Económica) y a la CGT. Sus dos figuras descollantes fueron José Ber Gelbard (dirigente empresario de la CGE, pero que en ese momento ya estaba ocupando el Ministerio de Economía) y José Ignacio Rucci (secretario general de la CGT y máximo burócrata sindical de la época), aunque el pacto fue apoyado también por el resto de las entidades patronales (como la UIA o la Sociedad Rural).

En esencia el Pacto Social establecía el congelamiento de precios y salarios con el objetivo de garantizar la “inflación cero”. Claro que lo que había sucedido en los meses anteriores era que los empresarios se habían cubierto aumentando aceleradamente los precios. El pequeño aumento que se les otorgó a los trabajadores ni siquiera compensó una parte de lo perdido. De ahí en más se congelaron las negociaciones paritarias por dos años.

Lo que sucedió en la práctica fue que, sobre todo a partir de 1974, las patronales incumplieron flagrantemente el pacto: empezaron a solicitar que se les autorizara aumentos de precios y, si estos no les eran autorizados, desabastecían y los vendían más caros en el mercado negro.
La inflación creciente y la crisis del gobierno peronista de entonces terminaron provocando la renuncia de Gelbard. Los meses siguientes (fines de 1974 y primer semestre de 1975) continuaron con una devaluación del 50% y fuertes tarifazos, mientras seguían los aumentos de todos los precios, deteriorando cada vez más el salario.

Todo terminó cuando en 1975 finalmente se reanudaron las negociaciones paritarias. En medio de grandes luchas obreras, los trabajadores arrancaron aumentos significativos tratando de recuperar lo perdido. Pero el gobierno de Isabel, junto con el nuevo ministro de Economía, Celestino Rodrigo, se negó a homologar esas paritarias, mientras a la vez lanzaba un nuevo tarifazo, liberalizaba los precios, que volvieron a pegar un nuevo salto, y se producía una devaluación récord. Pasó a la historia como el “Rodrigazo”.Todo esto provocó una rebelión obrera sin precedentes en la historia previa del peronismo, que llevó a una huelga general que terminó con la renuncia de Rodrigo y de su protector, el ultraderechista ministro de Bienestar Social José López Rega.
Así terminó la historia del Pacto Social de 1973. Muy distinto, como vemos, del embellecimiento que quiere mostrar Cristina. Si alguien perdió en ese tiempo, sin duda fueron los trabajadores.

 Gelbard y la burguesía nacional

En su discurso Cristina desempolvó a un viejo personaje al que llenó de elogios: José Ber Gelbard, mostrado como el paradigma del burgués nacional y progresista. La operación no es nueva, ya había tenido incluso su libro (El burgués maldito, de María Seoane, editorial Planeta, 1998).
Las nuevas generaciones se preguntan, con razón, ¿quién fue Gelbard? Comencemos desmitificando al personaje. Se trata del ministro de Economía de Cámpora, Lastiri, Perón y los primeros meses del gobierno de Isabel, entre 1973 y 1974, que llevó adelante el citado Pacto Social.
Gelbard era un empresario que desde joven se volcó al gremialismo en las organizaciones patronales. Así fue por mucho tiempo referente máximo de la CGE (Confederación General Empresaria). Desde ese lugar, fue uno de los impulsores del “Congreso de la Productividad” en 1955, cuando el gobierno de Perón, en sus últimos meses procuraba apaciguar a las patronales opositoras tratando de flexibilizar los convenios colectivos de trabajo e introducir cláusulas de productividad.

Años después, tuvo aceitados vínculos con la dictadura de 1966-1973, en particular con el gobierno de Lanusse. Al mismo tiempo, mantenía sus simpatías con el estalinismo ya que había sido afiliado al PC en años anteriores y seguía teniendo fuertes vínculos con la Unión Soviética. Con todos estos antecedentes fue elegido por el propio Perón como su “ministro empresario” en 1973.

Como explicamos en otra nota en esta misma página, el Pacto Social no fue para nada el paraíso que ahora quiere pintarnos Cristina. Pero la remembranza de Gelbard tiene un objetivo político bien actual: embellecer a una supuesta “burguesía nacional” progresista.
Esto nos lleva a la pregunta del millón: ¿quién representa hoy a esa patronal nacional? Cristina nos da algunas claves en su libro, cuando elogia al corrupto Lázaro Báez, buscando despegarlo de las innumerables denuncias de corrupción. ¿A él se referirá como el “nuevo Gelbard?

 

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Schiaretti con el 54%, le sacó 36,3% de diferencia al segundo, que fue el candidato de Cambiemos Mario Negri (17,78%). Utilizará este triunfo para posicionarse mejor en el PJ Federal y para seguir ajustando. En medio de este aluvión de votos al peronismo, el Frente de Izquierda retrocedió pero manteniendo una banca en la Unicameral y entrando por primera vez en el Concejo Deliberante cordobés.

Escribe Joel Rojo

Macri y Cambiemos, que iban divididos en dos listas estaban derrotados antes de empezar el escrutinio. Cambiemos, que fue la estrella en la elección anterior en esta provincia, acaba de perder por paliza. Pasó de obtener el 49% en 2015 y el 48% en 2017 al 17% actual de la lista de Negri, apoyada por Vidal, Carrió y otros referentes nacionales. La UCR se presentó dividida (Negri-Mestre), mostrando su crisis al compás del desbarranque del gobierno nacional.

Cambiemos, además, perdió la intendencia de la Capital, que paso a manos del PJ. Con su nuevo nombre de “Hacemos por Córdoba” el ganador es Schiaretti, quien ante la agudización de la crisis se despegó del gobierno en el último tiempo, incluso con algunas críticas formales, pero sin dejar de ser su socio en el ajuste. Es tal la bronca contra el gobierno nacional que miles y miles dejaron de lado las críticas a Schiaretti para manifestar su repudio a Macri. Este referente del Peronismo Federal, junto a Massa y Lavagna, contó en esta elección con el apoyo del kirchnerismo. Cristina Kirchner levantó su lista para apoyar a quien le vino votando todas las leyes al gobierno nacional. Y ante la posibilidad de que sectores de su base volcaran sus votos hacia las variantes de izquierda, en la última semana, el kirchnerismo nacional y provincial salió fuertemente a respaldar la figura de Schiaretti (Alberto Fernández, Máximo Kirchner, la diputada nacional por Córdoba Gabriela Estévez y Martín Fresneda). Schiaretti utilizará este apoyo y crecimiento electoral para profundizar el ajuste, aplicar la reforma laboral y previsional con más endeudamiento y pago de la deuda externa.

Por el hecho de que no se dio un giro del electorado hacia la izquierda y por la capitalización de Schiaretti del repudio a Macri y del reconocimiento a las grandes obras que concretó en gran parte, con dinero de la nación, el Frente de Izquierda retrocedió comparado con elecciones anteriores. El FIT no logró capitalizar gran parte del voto obrero y popular de ruptura con Macri, que lamentablemente y en forma equivocada fue para el PJ. A gobernador pasamos del 4,9% en 2015 al actual 2,6%, y de 6,4% a legislador en 2015 al actual 2,99%. Ese retroceso no impidió mantener una banca a legislador (logrando 59.375 votos), conquistar por primera vez un concejal en la Capital y hacer muy buena elección a legislador en Capital, con el 4,55%, y en varios lugares del interior. De esta manera nuestra compañera de Izquierda Socialista, Noelia Agüero, compartirá la banca de legisladora con Soledad Díaz (PO) y nuestro compañero de Izquierda Socialista Alfredo Leytes (o Yamila Flores si se reglamenta la ordenanza de cupo municipal) lo hará como concejal con Laura Vilches (PTS).

A esto hay que sumar que el MST volvió a dividir el voto de izquierda. Luciana Echevarría hizo campaña centrando sus críticas en el FIT y en la figura de Liliana Olivero diciendo que hay que “renovar” a la izquierda. Si bien el MST logró una banca, retrocedió en el porcentaje de votos a legisladores en relación con 2015 (De 2,01% a 1,8%).

El FIT hizo una gran campaña entre los trabajadores, en los barrios obreros y populares y en los medios denunciando el ajuste de Macri que en la provincia aplica Schiaretti, mostrando una salida de fondo, por la ruptura con el FMI y el no pago de la deuda, aportando a la pelea que hay que dar en todo el país señalando que la salida es la izquierda.
Desde el Frente de Izquierda seguiremos en las calles, en la Legislatura y ahora en el Concejo Deliberante cordobés apoyando las luchas de los trabajadores, las mujeres y la juventud, que más temprano que tarde enfrentarán el ajuste que seguirá aplicando Schiaretti.

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El Frente de Izquierda presentó tres proyectos de ley para la construcción de nuevas escuelas públicas en el Distrito 19 , que nuclea los barrios de Soldati, Pompeya y Parque Patricios, uno de los más afectados por la falta de vacantes.

Los proyectos de autoría de la legisladora Laura Marrone (Izquierda Socialista) y coautoría de Myriam Bregman (PTS) y Gabriel Solano (PO) refieren a la construcción de una escuela en Villa Soldati, un edificio escolar destinado al Área de Educación Primaria y de Educación Inicial en Pompeya y la construcción de una primaria de gestión estatal y un natatorio, en Villa Soldati. Estos barrios son los más postergados de la ciudad y hace años los vecinos vienen reclamando por la falta de vacantes para que sus hijos puedan escolarizarse.

Al respecto, Laura Marrone declaró: “Solo en el Distrito 19 -Pompeya, Soldati, Carrillo, Bajo Flores- este año dejó en marzo más de 300 niños sin escolaridad en el nivel primario, que se suman a las casi 14.000 vacantes que faltan en toda la capital para el nivel inicial. El publicitado plan de cincuenta y cuatro nuevas escuelas no contempla la construcción de primarias en las zonas mencionadas. La falta de vacantes provoca por un lado la desescolarización de los sectores más vulnerados, pero también la migración a la escuela privada, en un año en que la educación privada recibirá más de $9.000.000 en subsidios. Estas escuelas compiten con las públicas a partir de su segregación social de matrícula, provocando un doble gasto al Estado ya que, en algunos distritos, especialmente de la zona norte, dejan escuelas públicas con poca matrícula. Con el dinero destinado cada año a subsidiar a las privadas se podrían construir 280 escuelas públicas.

Marrone agregó:“En el 2017 presentamos diez proyectos de construcción de escuelas para los niveles de inicial, primaria y media en los distritos 5, 11, 13, 19 y 21 que no fueron tratados por la Legislatura. Y la falta de vacantes, lejos de resolverse, empeora”.
Desde Izquierda Socialista en el Frente de Izquierda denunciamos la política de ajuste de PRO en educación, que ataca los derechos de los niños. Reclamamos un aumento presupuestario ya para la educación pública, sobre la base de la quita de subsidios a la educación privada y al no pago de la ilegítima y fraudulenta deuda externa.

Hace casi un mes los estudiantes nos comenzamos a organizar masivamente. ¿Qué reclamamos? Por un lado, más presupuesto para infraestructura ante escuelas que se caen a pedazos sobre nuestras cabezas. Por el otro, la reforma curricular en la educación media. La reforma impuesta por el gobierno de Gutiérrez, la ministra Storioni y con la complicidad de la conducción de ATEN Provincial (TEP) es antidemocrática ya que deja de lado a los estudiantes y a nuestras demandas.

La reforma significa más reducción de contenido, ajuste y flexibilización para los docentes, buscando convertir a la escuela en un lugar de transición para los jóvenes en lugar de ser un espacio de formación y aprendizaje para los estudiantes. Tanto los secundarios como los terciarios venimos organizándonos en asambleas, realizando marchas hacia el Consejo Provincial de Educación para exigir que se comience de una vez con las obras que les prometieron a más de veinte escuelas.

Desde Izquierda Universitaria y Papel Secundario (Izquierda Socialista e independientes) acompañamos a los estudiantes y participamos de cada convocatoria, llevando la propuesta de unidad entre los niveles por los reclamos y contra la reforma. La asamblea y la movilización son el camino para luchar y conquistar las reivindicaciones del movimiento estudiantil.

Corresponsal

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